lunes, 31 de mayo de 2010

LA VISITACIÓN


Terminamos el mes de mayo, el mes de María. Sin duda habremos hecho algunas romerías a algún santuario mariano o a la imagen de la Virgen de nuestra parroquia. Las romerías (aunque algunos pedantillos defienden que sólo son a Roma), son una estupenda y piadosa costumbre. Salir de casa, de nuestros lugares habituales y de nuestros recorridos diarios, para rezar, para visitar, para contemplar y, como no, para descansar. cada día defiendo más la necesidad de descansar en Dios. Pero para descansar hay que cansarse.“En aquellos días, Maria se puso en camino y fue aprisa a la montaña, a un pueblo de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel.”

Contemplar hoy la vida de María es contemplar a la mujer que pone en acto en cada momento la gracia de Dios que recibe. La gracia de Dios no es acumulable, no podemos guardarla en baterías para otra ocasión. Cuando Dios nos pide algo hay que hacerlo y nos dará la gracia para cumplirlo. Pero eso es ahora, en este momento, no es mañana, ni pasado ni al otro.

La Virgen podía haber puesto mil excusas, haber buscado cien pretextos, pero no, hace lo que Dios le pide sin rechistar, con prontitud y alegría. Y eso que Dios no le ordena: “Vete a casa de Isabel”, el ángel simplemente le indica la situación de su prima y marcha corriendo a ayudarla. Intuyó que era allí donde Dios la quería en allí en ese instante, y se fue.

Y la Virgen no se pone a hablar de sus cosas, su alma sólo puede alabar a Dios por lo que estaba haciendo por ella. Sin duda María estaría cansada del viaje, pero ella sabe descansar en Dios. «No temas, Sión, no desfallezcan tus manos. El Señor, tu Dios, en medio de ti, es un guerrero que salva. Él se goza y se complace en ti, te ama y se alegra con júbilo como en día de fiesta.» El Señor se alegra por nosotros, en Él está nuestro descanso y nada tenemos que temer. Es cierto que nos faltarán las fuerzas, que emprenderemos tareas que parece que nos superan, que casi nos arrastraremos por el peso que llevamos encima.

Pero tenemos a un Dios grande que carga con la gran parte de nuestros trabajos. Nuestra fortaleza es prestada y participamos, con nuestras débiles fuerzas, en los trabajos del Evangelio.Cada vez que veo al Santo Padre, que podía haberse ido a su casita de Alemania a tomar sopitas y buen vino, y ves su figura menuda y de aspecto quebradizo me pregunto: ¿Cómo hará para llevar el peso de la Iglesia? Pero en seguida me doy cuenta que el peso lo lleva Cristo. No le quito ni un ápice de mérito al Papa, pero crece mi admiración por nuestro Dios.Que al terminar este mayo la Virgen nos conceda de su Hijo la fortaleza para vivir toda nuestra vida haciendo lo que Dios quiere. Ah, y si no has hecho una romería hoy es un día estupendo.

Comentario a la liturgia del día de www.archimadrid.es

domingo, 30 de mayo de 2010

SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD-JORNADA PRO ORANTIBUS


Fidelidad asegurada
Al contemplar la obra que ha salido de las manos del Señor, no podemos sino bendecirle y saltar de gozo, porque ha estado grande. El Padre Dios ha montado, por pura misericordia, una historia de Salvación en la que los beneficiarios somos nosotros. El Padre se revela en su Hijo Jesucristo y, por medio de Él, nos reconcilia consigo perdonándonos los pecados y haciéndonos hijos también. La belleza de la historia de la Salvación se percibe en el amor derrochado; le hemos costado muy caro a Dios, que ha permitido la muerte de su Hijo Jesús, que acampó en medio de nosotros, haciéndose uno de tantos y enseñándonos a amar de verdad. En el texto del Evangelio de hoy, Jesucristo nos promete el Espíritu Santo a todos los que crean en Él con una tarea muy concreta, pero intensa y rica en matices: se trata del Espíritu que nos guiará a la Verdad plena; nos comunicará lo que pertenece al corazón de Dios; Cristo mismo envía el Espíritu para que permanezca en los discípulos y así den testimonio (véase Jn 14, 16-17); el Espíritu glorificará a Jesús, que lo comunica para que no les falten ni la fortaleza, ni el coraje a los evangelizadores.

Con el don del Espíritu se nos asegura una misión profética. La acción mesiánica y profética del Espíritu, desde el Antiguo Testamento, no es sólo realidad presente, sino es promesa escatológica y don universal. Se anuncia que quien tenga el Espíritu tiene asegurada la fidelidad y que el Don del Espíritu es universal, para todo hombre de cualquier raza y condición.

Necesitamos conocer el testimonio de las columnas de la Iglesia, porque hoy precisamos de certezas. San Pablo invita a los creyentes a seguir bajo la acción del Espíritu para verse libres de las apetencias de la carne, de la ley, y vivir con los criterios de Dios.

Pablo tiene muy claro que antes de ser prisionero de sus enemigos, prefiere serlo del Espíritu, serle dócil aunque tenga que perder su libertad de acción. Para el Apóstol, ni la pérdida de libertad, ni el sacrificio de la propia vida es comparable con la fidelidad a los planes de Dios, que vivir o morir no importa, que lo que importa es la gloria de Cristo. Esto se lo ha regalado el Espíritu.Acordaos en este día de la Santísima Trinidad de las Hermanas de los monasterios de clausura y dad gracias a Dios por cada una de ellas, porque se han ofrecido a Dios por nosotros, rezan por todos y alaban al Señor siempre; sus rostros los preside una perenne alegría y son el honor de la Iglesia y un torrente de gracias celestiales.
+ José Manuel Lorca Planes

obispo de Cartagena y A.A. de Teruel y Albarracín

Jornada Pro Orantibus

sábado, 29 de mayo de 2010

CANNES PREMIA CINE DE TEMÁTICA CATÓLICA


El filme "De Dioses y Hombres", del director francés Xavier Beauvois, obtuvo el último fin de semana el "Grand Prix" del Festival de Cannes, el segundo más alto galardón del evento cinematográfico. La cinta narra el martirio de un grupo de monjes cistercienses en la década del ’90.
"De Dioses y Hombres" cuenta la historia real de ocho monjes cistercienses tomados como rehenes y asesinados por fundamentalistas islámicos en 1996.
Según explica Religión en Libertad, "aunque se les pide a los monjes que regresen a su Francia natal, el grupo se negó y optó por permanecer en la conflictiva región de las montañas de Argelia, a sabiendas de que serían martirizados".
La película fue galardonada el domingo con el "Grand Prix" (gran premio) de honor, que es el segundo más alto galardón del festival.


Kate Muir, una crítica de cine de «Times Online», con sede en Londres, calificó a la película como la «más intensamente apasionada» de Cannes, y según ella, durante la premier de la película el público «lloró».
En su reseña del 19 de mayo, Muir opina sobre la representación que hace Beauvois de los monjes que llevaban una vida contemplativa al servicio de los pobres en las montañas del Atlas.
En la película, los monjes construyen fuertes amistades con sus comunidades vecinas y viven en relativa paz hasta que empieza el conflicto entre el gobierno local y los grupos extremistas. Pese a que todos los involucrados aconsejan a los monjes abandonar el lugar, cada uno decide quedarse y es finalmente secuestrado y asesinado por los fundamentalistas.
«La profunda humanidad de los monjes, su respeto por el Islam y su generosidad hacia los vecinos de su aldea constituyen el motivo de nuestra elección», declaró el jurado del festival que ha otorgado el premio.
«Esta película de gran valor artístico saca provecho de un notable grupo de actores y sigue el ritmo diario de trabajo y la liturgia», destacó.
Los monjes cistercienses tienen una página web muy completa, en la que hemos encontrado también más información sobre la vida de estos siete mártires en Argelia



Pinchando aquí podrás ver el 2º trailer

viernes, 28 de mayo de 2010

LA CRUZ Y EL ICONO DE LA JMJ EN TOLEDO




La Cruz de los jóvenes fue entregada por Juan Pablo II en la Jornada Mundial de la Juventud de 1984 con las siguientes palabras: “Llevadla por el mundo como signo del amor del Señor Jesús a la humanidad y anunciad a todos que sólo en Cristo muerto y resucitado hay salvación y redención”. Desde entonces, esta cruz de 3,8 metros de altura y el icono de la Virgen María (entregado en 2003) han recorrido todo el mundo.
Ahora se encuentran en España, con motivo de la
próxima Jornada Mundial de la Juventud que tendrá lugar en Madrid en 2011.



Esta noche llega a Toledo, junto con el Icono de María, madre de los jóvenes.

A las 22.00 la recibiremos en la Puerta del Cambrón.

A continuación irá en procesión desde S. Juan de los Reyes, a la Catedral primada donde tendrá lugar una Vigilia de Oración ante ella.
Para todos los que hemos participado en algunas de esas Jornadas Mundiales, será una ocasión preciosa de elevar nuestra acción de gracias a Dios por el don de haber sido bendecidos con el regalo del encuentro, en nuestra juventud, con Jesucristo.


miércoles, 26 de mayo de 2010

LA CARTA DE UN MISIONERO AL NEW YORK TIMES


El misionero salesiano uruguayo Martín Lasarte, un misionero que vive hace 20 años en Angola, se define a sí mismo en una carta al The New York Times como «un simple sacerdote católico» que se siente «feliz y orgulloso» de su vocación.

El diario norteamericano, que lideró la campaña contra la Iglesia y el Papa por los casos de pedofilia cometidos por algunos clérigos, aún no ha respondido.

En ella Lasarte explica la labor silenciosa en favor de los más desfavorecidos de la mayoría de los sacerdotes de la Iglesia católica que, sin embargo, «no es noticia».

La carta
«Me da un grande dolor que personas que deberían de ser señales del amor de Dios hayan sido un puñal en la vida de inocentes. No hay palabra que justifique tales actos. No hay duda que la Iglesia no puede estar sino del lado de los débiles, de los más indefensos. Por lo tanto todas las medidas que sean tomadas para la protección, prevención de la dignidad de los niños serán siempre una prioridad absoluta»,
afirma el misionero en su carta.

No es noticia...transportar niños por campos minados
Sin embargo, añade el misionero, «es curiosa la poca noticia y desinterés por miles y miles de sacerdotes que se consuman por millones de niños, por los adolescentes y los más desfavorecidos en los cuatro ángulos del mundo».

«Pienso que a vuestro medio de información no le interese que yo haya tenido que transportar por caminos minados en 2002 a muchos niños desnutridos desde Cangumbe a Lwena (Angola) pues ni el gobierno se disponía y las ONG no estaban autorizadas; que haya tenido que enterrar decenas de pequeños fallecidos entre los desplazados de guerra y retornados; que le hayamos salvado la vida a miles de personas en Moxico mediante el único puesto médico en 90.000 kilómetros cuadrados, así como con la distribución de alimentos y semillas; que hayamos dado la oportunidad de educación en estos 10 años y escuelas a más de 110.000 niños...», subraya.

«No es de interés -añade- que con otros sacerdotes hayamos tenido que socorrer la crisis humanitaria de cerca de 15.000 personas en los acuartelamientos de la guerrilla, después de su rendición, porque no llegaban las alimentos del Gobierno y la ONU».

Seguidamente el salesiano relata una serie de acciones realizadas, muchas veces arriesgando la propia vida, por compañeros suyos que reciben ninguna atención de los medios.

80 años y confortando a los deseperados...tampoco
«No es noticia que un sacerdote de 75 años, el padre Roberto, por las noches recorra las ciudad de Luanda curando a los chicos de la calle, llevándolos a una casa de acogida, para que desintoxiquen de la gasolina, que alfabetice cientos de presos; que otros sacerdotes, como el padre Stefano, tengan casas de pasaje para los chicos que son golpeados, maltratados y hasta violentados y buscan un refugio. Tampoco que Frei Maiato con sus 80 años pase casa por casa confortando a los enfermos y deseperados».

60.000 sacerdotes que lo dejan todo...no importa
«No es noticia que más de 60.000 de los 400.000 sacerdotes, religiosos hayan dejado su tierra, su familia para servir sus hermanos en leproserías, hospitales, campos de refugiados, orfanatos para niños acusados de hechiceros o huérfanos de padres que fallecieron con sida, en escuelas para los más pobres, en centros de formación profesional, en centros de atención a seropositivos… o sobre todo en parroquias y misiones dando motivaciones a la gente para vivir y amar».

Asesinados...tampoco
«No es noticia -dice- que mi amigo, el padre Marcos Aurelio, por salvar a unos jóvenes durante la guerra en Angola, los haya transportado de Kalulo a Dondo y volviendo a su misión haya sido ametrallado en el camino; que el hermano Francisco, con cinco señoras catequistas, por ir a ayudar a las áreas rurales más recónditas hayan muerto en un accidente en la carretera; que decenas de misioneros en Angola hayan muerto por falta de socorro sanitario, por una simple malaria; que otros hayan saltado por los aires , a causa de una mina, visitando a su gente. En el cementerio de Kalulo están las tumbas de los primeros sacerdotes que llegaron a la región... Ninguno pasa de los 40 años».

Más adelante apunta que para ciertos medios «no es noticia acompañar la vida de un sacerdote "normal" en su día a día, en sus dificultades y alegrías consumiendo sin ruido su vida a favor de la comunidad que sirve».

«La verdad es que no procuramos ser noticia, sino simplemente llevar la Buena Noticia, esa noticia que sin ruido comenzó en la noche de Pascua. Hace más ruido un árbol que cae que un bosque que crece», subraya.

Ni héroe ni neurótico...simplemente un hombre
«No pretendo hacer una apología de la Iglesia y de los sacerdotes -añade-. El sacerdote no es ni un héroe ni un neurótico. Es un simple hombre, que con su humanidad busca seguir a Jesús y servir sus hermanos. Hay miserias, pobrezas y fragilidades como en cada ser humano; y también belleza y bondad como en cada criatura…».

«Insistir en forma obsesionada y persecutoria en un tema perdiendo la visión de conjunto crea verdaderamente caricaturas ofensivas del sacerdocio católico en las que me siento ofendido», afirma.

Y concluye: «Sólo le pido amigo periodista, busque la Verdad, el Bien y la Belleza. Eso lo hará noble en su profesión».

Fuente: "Religión en libertad"

martes, 25 de mayo de 2010

CONGRESO EUCARÍSTICO NACIONAL EN TOLEDO


Del 27 al 30 de Mayo, se va a celebrar en Toledo el Congreso Eucarístico Nacional.

Hay muchas actividades previstas y una página web donde consultar horarios, materiales para preparar la asistencia, catequesis, etc. Encontrarás toda esta información AQUÍ


Oración Congreso Eucarístico Nacional 2010

Señor, Padre Santo,que nos has preparado el alimento de la Eucaristía;envíanos la fuerza del Espíritu que nos haga capaces de subir al Monte Santo donde podamos entrar en comunión con tu Hijo.
Haz que la Iglesia guste siempre este alimento sustancial;danos hambre de Jesucristo:hambre de su Palabray hambre del Sacramentode su Presencia permanente.
Que los fieles, saciados con este alimentoy guiados por el Espíritu Santoconstruyan animosos su Reino

mientras esperan la vida eterna y preparan su venida en majestad.
Concédenos un futuro asentado en tu Eucaristía,bendice a tus sacerdotes y haz que nuestra Iglesia sea rica en esperanza;llama a muchos jóvenes al sacerdocio,a la vida consagrada y al matrimonio cristiano,para que todos podamos experimentarel fruto de la redención.
Que la Virgen María,Madre bendita de nosotros pecadores,nos ayude a valorar la Carne y Sangre de Jesúsque ella misma tuvo en sus entrañas.
Que toda la Iglesia,contemplando el tesoroque también ella lleva en su interior,pueda presentar al mundo a Jesucristo como alimento y bebida de vida eterna.
Amén.

lunes, 24 de mayo de 2010

CATECISMO


I La catequesis sobre la Creación
282 La catequesis sobre la Creación reviste una importancia capital. Se refiere a los fundamentos mismos de la vida humana y cristiana: explicita la respuesta de la fe cristiana a la pregunta básica que los hombres de todos los tiempos se han formulado: "¿De dónde venimos?" "¿A dónde vamos?" "¿Cuál es nuestro origen?" "¿Cuál es nuestro fin?" "¿De dónde viene y a dónde va todo lo que existe?" Las dos cuestiones, la del origen y la del fin, son inseparables. Son decisivas para el sentido y la orientación de nuestra vida y nuestro obrar.


283 La cuestión sobre los orígenes del mundo y del hombre es objeto de numerosas investigaciones científicas que han enriquecido magníficamente nuestros conocimientos sobre la edad y las dimensiones del cosmos, el devenir de las formas vivientes, la aparición del hombre. Estos descubrimientos nos invitan a admirar más la grandeza del Creador, a darle gracias por todas sus obras y por la inteligencia y la sabiduría que da a los sabios e investigadores. Con Salomón, estos pueden decir: "Fue él quien me concedió el conocimiento verdadero de cuanto existe, quien me dio a conocer la estructura del mundo y las propiedades de los elementos...porque la que todo lo hizo, la Sabiduría, me lo enseñó" (Sb 7,17-21).


284 El gran interés que despiertan a estas investigaciones está fuertemente estimulado por una cuestión de otro orden, y que supera el dominio propio de las ciencias naturales. No se trata sólo de saber cuándo y cómo ha surgido materialmente el cosmos, ni cuando apareció el hombre, sino más bien de descubrir cuál es el sentido de tal origen: si está gobernado por el azar, un destino ciego, una necesidad anónima, o bien por un Ser transcendente, inteligente y bueno, llamado Dios. Y si el mundo procede de la sabiduría y de la bondad de Dios, ¿por qué existe el mal? ¿de dónde viene? ¿quién es responsable de él? ¿dónde está la posibilidad de liberarse del mal?


285 Desde sus comienzos, la fe cristiana se ha visto confrontada a respuestas distintas de las suyas sobre la cuestión de los orígenes. Así, en las religiones y culturas antiguas encontramos numerosos mitos referentes a los orígenes. Algunos filósofos han dicho que todo es Dios, que el mundo es Dios, o que el devenir del mundo es el devenir de Dios (panteísmo); otros han dicho que el mundo es una emanación necesaria de Dios, que brota de esta fuente y retorna a ella ; otros han afirmado incluso la existencia de dos principios eternos, el Bien y el Mal, la Luz y las Tinieblas, en lucha permanente (dualismo, maniqueísmo); según algunas de estas concepciones, el mundo (al menos el mundo material) sería malo, producto de una caída, y por tanto que se ha de rechazar y superar (gnosis); otros admiten que el mundo ha sido hecho por Dios, pero a la manera de un relojero que, una vez hecho, lo habría abandonado a él mismo (deísmo); otros, finalmente, no aceptan ningún origen transcendente del mundo, sino que ven en él el puro juego de una materia que ha existido siempre (materialismo). Todas estas tentativas dan testimonio de la permanencia y de la universalidad de la cuestión de los orígenes. Esta búsqueda es inherente al hombre

domingo, 23 de mayo de 2010

SOLEMNIDAD DE PENTECOSTES


El amor, en cuatro tiempos

¡Cuánto me gustaría que recibiéramos las palabras del Evangelio con un corazón bien dispuesto! Se expone, en cuatro tiempos, dónde está la explicación de nuestras respuestas a Dios en fidelidad, el paso de los miedos y temores de los discípulos a la seguridad y paz interior. Es de tanta belleza y de tanta fuerza en su contenido, que necesariamente lo debe conocer el hombre moderno, para evitar caer en el engaño de su autosuficiencia.
La situación concreta de los discípulos, descrita en la primera línea, tiene mucha actualidad: era de noche, los discípulos en una casa con las puertas cerradas y con miedo... ¡Menudo panorama! La pregunta que vendría ahora podría resultar incómoda, porque deberíamos revisar cómo estamos los cristianos ante el mundo y ver si es el miedo o las puertas cerradas lo que nos paraliza, si hemos caído en el engaño de creer que somos los responsables de todos los males del mundo, como se propicia en los medios de comunicación, para no salir a anunciar a Jesús.

El segundo tiempo es esperanzador, Jesús toma la iniciativa y sale a nuestro encuentro: «Entró Jesús, se puso en medio y les dijo: Paz a vosotros»; les muestra las manos y el costado, haciéndoles ver las marcas de la Pasión, y ellos se llenaron de alegría. Este momento es sobrecogedor, fue el Señor Quien les abrió la mente, les inundó con su gracia y les dio la fe, porque le reconocieron en los signos de la entrega, ¡qué experiencia!

En el tercer tiempo los confirma en su Paz y los envía a llevarla a todos. «La palabra Shalom -decía el Papa Benedicto XVI- no es un simple saludo; es mucho más: es el don de la paz prometida y conquistada por Jesús al precio de su sangre; es el fruto de su victoria en la lucha contra el espíritu del mal. Así pues, es una paz no como la da el mundo, sino como sólo Dios puede darla».

Encontramos aquí otra clave para la responsabilidad, como miembros de la Iglesia: la de ser esencialmente signos e instrumentos de la paz de Dios para todos los pueblos a través de la predicación, de la caridad y de la misericordia.

El cuarto tiempo es especial, Jesús exhaló su aliento sobre los apóstoles y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Sopló sobre ellos, manifestando que les regala el Don del Espíritu; y el Espíritu de Dios, donde entra, expulsa el miedo; su amor infinito no nos abandonará. La reconciliación es otro gran regalo, ofrecido a través de la Iglesia, hombres y mujeres reconciliados y convertidos, testigos del amor y la Paz de Cristo.
+ José Manuel Lorca Planes

obispo de Cartagena y A.A. de Teruel y Albarracín

sábado, 22 de mayo de 2010

"ORGANIZACIÓN"



Ayer, cuando me dirigía a la sacristía por el oscuro -y largo- pasillo que conduce hasta ella, me sobresaltó una sombra que venía hacia mí y, más aún, la voz que, con toda claridad, me decía: He visto a su santo Fundador en Madrid.
Era sor Fancisca que venía del invernadero donde había estado charlando con sus plantitas como cada mañana.
Sor Francisca me explicó que había estado en Madrid y que había visto la imagen del Fundador del Opus Dei en la catedral de la Almundena.
San Josemaría dijo alguna vez -o escribió-, al parecer, que el Opus Dei es una orgenización desorganizada. No sé qué pudo querer decir con eso pero entiendo que, siendo necesaria, la organización no basta para alcanzar la unidad y que, sin unidad, la organización solo sirve para complicarse hasta el infinito.
Ciertamente, la unión hace la fuerza. El problema está en como alcanzar la unión. Porque la más profunda unión, la verdadera unidad entre las personas es fruto de la caridad y la caridad es don de Dios.
Jesús no rezó por la orgnización de la Iglesia sino por su unidad. Y no dijo a San Pedro: Pedro, ¿eres más organizado que éstos? Organiza a mis ovejas. Sabía Jesús que nuestras organizaciones no pueden salvarnos, que necesitamos un pastor que cuide de nosotros.
Todo su empeño fue el del Buen Pastor, o el del Buen Samaritano que se inclina ante nuestras miserias y ante nuestras heridas y ante nuestros pecados para lavarlas, para curarlas, para purificarnos. Y esto es lo que necesitamos: dejarnos cuidar por el Buen Pastor.
Por eso quiso dejarnos, no una organización, sino una Iglesia. Por eso no fundó su Iglesia sobre un despacho sino sobre una Cruz, y sobre una Roca desnuda. Por eso la Iglesia vive de la Eucaristía -sacramento de unidad y de caridad- y, por eso, la mejor imagen de la Iglesia es Santa María: no una organización, sino una Madre; no una oficina sino un Hogar... y unas manos amables.

Javier Vicens y Hualde, sacerdote.

Publicado en su blog

viernes, 21 de mayo de 2010

PREPARANDO PENTECOSTÉS


“El Espíritu Santo viene a despertar la vida que hay en nosotros, que ha perdido fuerzas en el agotamiento cotidiano.

Muchos hoy anhelan fuerza y vida verdadera. Tienen la impresión de que aquello que viven no corresponde a la vida real. Dios creó el Universo a través del Espíritu, y desea recrearnos a nosotros. Al respirar. En cada inspiración, podemos pensar que Dios nos renueva constantemente a través del aliento de su Espíritu.
El Espíritu Santo desea encender una luz para nuestros sentidos.
El Espíritu Santo es el amor que irriga nuestro corazón.
El Espíritu Santo a parece descrito en la Biblia como
aliento, respiración y tormenta.
Confía en que el Espíritu Santo tendrá en ti la misma fuerza que tiene el viento, que puede movilizarte hacia una nueva vida”.
Anselm Grün

jueves, 20 de mayo de 2010

¡VEN ESPÍRITU SANTO!

Para muchos cristianos actuales, como pasaba en tiempos de S. Pablo, el Espíritu Santo sigue siendo “el gran desconocido”. Y esto a pesar del movimiento pentecostal, de las comunidades carismáticas y neocatecumenales, que han acercado a muchos bautizados a esta realidad de la vida cristiana.

El Espíritu Santo es persona divina. Verdad que niegan los testigos de Jehová, para quienes sólo es “la fuerza activa de Dios”, negándole los demás atributos divinos, idénticos al Padre y al Hijo.

Según el libro de los Hechos descendió sobre la Iglesia el día de Pentecostés .Su activa presencia se muestra -según había prometido Jesús- de forma sorprendente a través de los acontecimientos relatados, de forma que pudo denominarse a este libro del N.T. “El evangelio del Espíritu Santo”.

Sabemos que los artistas de todos los tiempos han representado al Espíritu Santo en forma de paloma o de lenguas de fuego, símbolos tomados de las sagradas Escrituras. Él siempre ha permanecido en la Iglesia de Cristo , vivificándola y santificándola con sus siete dones produciendo abundantes y maravillosos frutos de santidad a lo largo de veinte siglos.

Nunca ha faltado su asistencia de modo especial al Vicario de Cristo en la tierra ,para que pueda guiar a sus hermanos en la verdad revelada ,sin error hasta el final de los siglos.

A menudo -y no sólo el día de Pentecostés-deberíamos todos los bautizados invocar al Espíritu Santo que llevamos dentro de nosotros.¡Ven Espíritu Santo, ilumina nuestras mentes, abrasa nuestros corazones, transforma nuestras vidas y sobre todo renueva la faz de la Tierra¡

Miguel Rivilla

miércoles, 19 de mayo de 2010

BIG BOSS


Tim es un bebé abandonado por su madre, un niño maltratado por su padre, un adolescente violado en las calles de París. Su objetivo: “matar a mi padre a puñetazos”. Su odio y su coraza contra el dolor, le convierten en campeón nacional de boxeo y en líder de una banda que siembra el caos. Pero en la cima del éxito, el rencor le asfixia. Sólo respira el día en que descubre el amor de Dios Padre, el “Big Boss”.
Hay un libro conteniendo toda la historia de Tim contada por él mismo:

"MÁS FUERTE QUE EL ODIO. Cómo escapar de un destino fatal y convertirse en un hombre feliz a pesar d ela desgracia", editorial GEDISA 2009


TIM GUÈNARD from infinitomasuno.org on Vimeo.

martes, 18 de mayo de 2010

TESTIMONIO VOCACIONAL DE UN OBISPO



El que un obispo se «eche a la piscina» y cuente detalles de algo tan «privado» como su testimonio vocacional no es de todos los días. Con motivo del año sacerdotal, el obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla nos cuenta cómo aquel tímido joven de diecisiete años -huía de contestar el teléfono para no dar cara a un desconocido- un buen día le firmó un «cheque en blanco» a Dios para que Él le pusiera la cantidad. ¡Y vaya qué sumas le está pidiendo…hasta lo «inimaginable»! En este testimonio relata el rol fundamental que ha desempeñado su entorno familiar, siempre cálido y creyente, -le ha pedido a su madre que viva con él- la importancia de su trabajo pastoral en una prisión, la importancia del seminario en su discernimiento y formación, la centralidad de la Eucaristía en su vida y su amor a la Virgen María.«Otro te ceñirá, y te llevará adonde no... imaginabas»
Empiezo por reconocer que nunca me habían pedido un testimonio vocacional escrito. No sé muy bien el porqué, pero es un hecho que los obispos, generalmente, solemos reservar el género escrito para reflexiones «magisteriales»: la enseñanza de la fe, las invitaciones a participar en la vida de la Iglesia, los discernimientos morales sobre cuestiones de actualidad, etc.

Sin embargo, en el contexto de la sobremesa o tertulia de muchos encuentros de Pastoral Juvenil, he recibido con frecuencia esta misma invitación a dar un testimonio personal: «¿Podría compartir con nosotros la historia de su vocación?». Es verdad que el ponerlo por escrito, da un poco más de «respeto» (y quizás también de pereza)... pero no dudo de que merece la pena hacerlo, porque creo firmemente que Dios nos ha puesto a los unos en el camino de los otros. En realidad, nuestra historia personal no es tan «nuestra», como solemos suponer; no es «propiedad privada». Por ello, cada vez que me han solicitado mi testimonio vocacional, no he dudado en «tirarme a la piscina», venciendo la primera reacción de rubor y timidez, que todos tenemos.

Quizás os haya podido llamar la atención el título elegido («Otro te ceñirá, y te llevará adonde no... imaginabas»). Parto de un pasaje evangélico, que me resulta particularmente conmovedor... El Evangelio de San Juan nos narra cómo tras la pesca milagrosa y el encuentro con el Resucitado, Jesús le formula a Pedro, por tres veces, la misma pregunta: «¿Me amas?». Tras escuchar sus respuestas, también por triplicado, Jesús le encomienda una tarea que comprometerá toda su vida: «Apacienta mis ovejas». Confieso que siempre me he estremecido al leer las palabras que siguen a esta encomienda: «En verdad, en verdad te digo: cuando eras joven, tú mismo te ceñías, e ibas adonde querías; pero cuando llegues a viejo, extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde tú no quieras» (Jn 21, 18).

Si he tenido el atrevimiento de cambiar en el título de este artículo la última palabra del versículo («querer» por «imaginar»), es porque soy consciente de que nuestra imaginación nos suele jugar algunas malas pasadas, por aquello de la tendencia tan marcada que arrastramos a pretender controlarlo todo, según nuestros propios criterios y modos...

La historia de mi vocación nace en un terreno muy propicio, por el que no me cansaré de dar gracias a Dios: una familia profundamente cristiana. Cada vez soy más consciente del gran privilegio que he tenido por haber crecido en una familia humilde, austera, trabajadora, emocionalmente equilibrada, profundamente creyente... (Hoy es el día en que sigo gozando de ese privilegio, máxime en este momento en que mi madre ha venido a vivir conmigo).

Desde mi perspectiva actual, voy comprendiendo que una de las dificultades principales en las que el Señor tuvo que abrirse paso conmigo, fue el vencimiento de la timidez. Es obvio que la vocación sacerdotal no es incompatible con la timidez y la inseguridad, pero no es menos cierto que la llamada de Dios requiere nuestra determinación de romper con todas nuestras «ataduras».

Recuerdo que allá por los once o doce años, cuando sonaba el teléfono, me escapaba a otra habitación, porque me costaba mucho hablar con un desconocido. Recuerdo también la paciencia y la contundencia con la que mi madre me reprendía: «Pero, ¿qué va a ser de ti el día de mañana? ¡Tienes que plantar cara a la vida!». (No os podéis hacer ni idea de cómo me acuerdo de aquellos apuros, ahora que con tanta frecuencia me toca «dar la cara», especialmente en los medios de comunicación).

El caso es que el Señor tenía su propia estrategia, y se sirvió de un instrumento muy sencillo y eficaz para ayudarme a crecer: la vida pastoral de la Iglesia. En el colegio religioso en el que realizaba mis estudios, regentado por los Hermanos del Sagrado Corazón, nos ofrecieron participar en una reunión semanal, los sábados por la mañana, para profundizar en la liturgia dominical, además de realizar anualmente los ejercicios espirituales. Al mismo tiempo, compaginábamos esta formación espiritual con el apostolado entre los más necesitados, dentro de las llamadas Conferencias de San Vicente de Paúl. Recuerdo como un avance muy importante en mi vida, la visita que semanalmente realizábamos a la prisión de Martutene, donde proyectábamos películas a los presos e incluso teníamos tertulias con ellos.

Eran años muy difíciles (1975-78), y no era fácil definirse ante los compañeros de curso y de colegio. El capellán del centro nos invitó a quienes habíamos asistido a una tanda de ejercicios espirituales (éramos un pequeñísimo grupo, comparado con los que habían declinado la invitación), a pasar por el resto de las clases para dar testimonio de lo vivido... No sé muy bien cómo, ¡¡pero lo hice...!!

Llegó el curso de COU (el actual 2º de Bachillerato), en el que -en aquel tiempo mucho más que ahora- se decantaban las opciones vocacionales. Yo ya estaba inclinado hacia unos estudios universitarios. Nunca me había planteado la posibilidad del sacerdocio, como vocación de vida. Era algo que no entraba en mi horizonte, por lo menos de una forma consciente.

Asistí a los Ejercicios Espirituales organizados por el colegio en aquel último curso. Recuerdo haberlos disfrutado, pero sin sentirme interpelado interiormente por la meditación vocacional que el predicador nos dirigió. Como colofón de aquel encuentro, el sacerdote presidió una Eucaristía en la que nos invitó a que escribiésemos nuestros compromisos de ejercicios, y a que los quemásemos en un brasero que fue colocado delante del altar. Llegado el momento del ofertorio, nos repartieron papel y bolígrafo; y me acuerdo, como si fuese hoy mismo, de que yo miraba cómo todos escribían, mientras a mí no se me ocurría qué poner. Al verme ya el último en entregar el papel, me brotó espontáneamente la idea de firmarlo en blanco, pidiéndole al Señor que Él mismo lo rellenase. ¡Tal fue mi ofrenda en aquella Eucaristía!

El caso es que el papel se debió de quemar enseguida, y supongo que el humo subió muy rápido al cielo... Aquella misma noche, por primera vez en mi vida, con una contundencia extraordinaria, me asaltó la idea de que el Señor me podía estar pidiendo dejar mis planes para seguirle... Era la víspera de mi cumpleaños. Y doy gracias a Dios, porque desde aquellos diecisiete años que cumplía entonces, hasta mis actuales cuarenta y ocho, no he dudado nunca de su llamada.

Víctima de la inexperiencia, uno cuando descubre su vocación, tiende a pensar que ya ha llegado al conocimiento pleno de la voluntad de Dios sobre su vida. Ingenuamente, piensa que ya ha terminado su discernimiento, cuando en realidad, no ha hecho más que empezar...

La experiencia del Seminario fue riquísima para mí... Me llevé una inmensa y gratísima sorpresa. De hecho, todavía hoy sigo diciendo a quien tenga la paciencia de escucharme, que aquéllos fueron los «años de oro» de mi vida. La relación entre los seminaristas era verdaderamente enriquecedora y estimulante. Al mismo tiempo, tuve grandes modelos sacerdotales cerca de mí, y todo ello fue haciendo que, de un modo natural, fuera familiarizándome con lo que en el futuro, habría de ser el ministerio sacerdotal que la Iglesia me iba a confiar... A partir de los modelos que te han rodeado, imaginas tu sacerdocio de una determinada forma, pero luego... ¡¡todo es distinto!! Nos empeñamos en ser como Fulanito o Menganito, pero el Señor quiere que sólo le miremos a Él, y que así vayamos descubriendo ese camino concreto que Él quiere que recorramos a lo largo de nuestra vida. Los referentes que nos rodean son muy importantes, pero lo único definitivo es la voluntad de Dios, que nos es mostrada poco a poco, a su debido momento...

Echando la vista atrás, veo algunos pequeños ejemplos de cómo esto se ha ido cumpliendo en mi vida: Jamás había imaginado que el Señor me pudiese tener reservado el trabajo pastoral con los jóvenes heroinómanos. Y, sin embargo, en la que fue mi parroquia de Zumárraga, durante muchos años, aquélla fue una de las ocupaciones a la que más tiempo tuve que dedicar... Jamás había supuesto que yo tuviese capacidad de liderar la construcción de un complejo parroquial, pero llegó un día en que me sorprendí a mí mismo, viéndome metido «hasta el cuello» en esa tarea... Jamás hubiese pensado que yo tuviera algo que aportar en los medios de comunicación, y ¡quién me iba a decir a mí que terminaría con el micrófono de Radio María en una mano y tecleando en el ordenador con la otra...! Y, ¿qué diré del momento presente? ¡Jamás se me hubiera pasado por la cabeza que la Iglesia pudiera llamarme algún día al ministerio episcopal!... Siempre supuse equivocadamente que los obispos estarían sostenidos por unos talentos personales excepcionales... Y ahora comprendo que las cosas son mucho más sencillas de como las imaginamos...

Pero hay otro aspecto que es fundamental para entender esta historia en clave de continuidad y de unidad interior. Es verdad que los escenarios pastorales del ministerio sacerdotal pueden cambiar mucho a lo largo de la vida; sin embargo, hay un hilo conductor que me ha permitido vivir en cada momento la misma experiencia de identificación con Cristo, de una manera profunda. Me refiero especialmente a la celebración de la Eucaristía, a la administración del perdón de los pecados, a la predicación de la Palabra... Es algo que configura tanto el alma de un sacerdote, que estoy seguro de que me resultaría igualmente familiar la vivencia del sacerdocio en otras circunstancias totalmente distintas a las que la vida me ha conducido... En este Año Jubilar Sacerdotal quiero dar testimonio de que el sentido de nuestra vida no es otro que la plena identificación con Cristo Sacerdote, Esposo de la Iglesia y Buen Pastor del rebaño. Todo lo demás -las circunstancias, el cómo, el dónde y el cuándo- es ya secundario...

Por encima de todo, creo que la clave de toda vocación está en esa especie de «cheque en blanco» que cada uno le tenemos que firmar a Dios. Nosotros nos empeñamos a veces, en rellenar ese cheque con todo tipo de detalles, para posteriormente pedir a Dios que lo firme. Ponemos la cantidad, la fecha, el lugar... y luego esperamos que Dios ponga su sello de aceptación de nuestros planes. Pero las cosas son exactamente al revés: Dios se encargará de escribir la cantidad, las fechas y los lugares; mientras que de nosotros espera que lo firmemos por adelantado, e incondicionalmente...

La historia de nuestra vida consiste en una lucha por la adecuación de nuestras «expectativas» a los «designios» de Dios. Uno de los errores principales que dificultan este proceso, suele ser el de la desconfianza hacia nuestra Madre Iglesia. Con el paso de los años, he ido comprendiendo que si bien es cierto que la vocación nace de Dios, no lo es menos que sólo la podemos llegar a conocer a través de las llamadas y de las indicaciones de la Iglesia. De lo contrario, nunca acabaremos de diferenciar entre lo que es voluntad de Dios, y lo que son nuestras ocurrencias personales.

Releo las anteriores líneas antes de concluir este escrito testimonial, y me digo a mí mismo que no puedo volver a caer en el error de pensar que, en el momento presente, ya haya concluido la historia de mi vocación. Una vez más, el Señor vuelve a decirme aquello de «Otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras»... Y yo vuelvo a decirle al Señor que no sé lo que querrá en el futuro, pero que sólo quiero querer lo que Él quiera... Y a Santa María le pido que me alcance la gracia de que esta última frase que he pronunciado, sea algo más que un broche hermoso para un artículo.

Revista «Misión Joven»

lunes, 17 de mayo de 2010

CATECISMO


EL CREADOR

279 "En el principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1). Con estas palabras solemnes comienza la Sagrada Escritura. El Símbolo de la fe las recoge confesando a Dios Padre Todopoderoso como "el Creador del cielo y de la tierra", "del universo visible e invisible". Hablaremos, pues, primero del Creador, luego de su creación, finalmente de la caída del pecado de la que Jesucristo, el Hijo de Dios, vino a levantarnos.

280 La creación es el fundamento de "todos los designios salvíficos de Dios", "el comienzo de la historia de la salvación" (DCG 51), que culmina en Cristo. Inversamente, el Misterio de Cristo es la luz decisiva sobre el Misterio de la creación; revela el fin en vista del cual, "al principio, Dios creó el cielo y la tierra" (Gn 1,1): desde el principio Dios preveía la gloria de la nueva creación en Cristo (cf. Rom 8,18-23).

281 Por esto, las lecturas de la Noche Pascual, celebración de la creación nueva en Cristo, comienzan con el relato de la creación; de igual modo, en la liturgia bizantina, el relato de la creación constituye siempre la primera lectura de las vigilias de las grandes fiestas del Señor. Según el testimonio de los antiguos, la instrucción de los catecúmenos para el bautismo sigue el mismo camino (cf. Aeteria, pereg. 46; S. Agustín, catech. 3,5).

domingo, 16 de mayo de 2010

ASCENSIÓN DEL SEÑOR


Volvieron con gran alegría
Escuchando de labios del Señor la invitación constante al amor como estilo de vida, vamos agotando las semanas de Pascua. Jesús ha ascendido a los cielos, sus discípulos le han visto desaparecer entre las nubes, pero no les queda tristeza: Volvieron a Jerusalén con gran alegría, con una impactante experiencia: que el Maestro ha vencido la muerte y que en Él se han cumplido las Escrituras; que ya hay motivo para la esperanza y razones para comprometerse.

Los apóstoles conocían las maneras de actuar el Señor, las enseñanzas y la Palabra que predicó; les era notorio lo vivido cerca del Maestro, la exquisita obediencia al Padre, su auténtica y constante oración; también sabían de persecuciones, de su admirable humildad; habían sido testigos de los acontecimientos de dolor y muerte en cruz y, sobre todo, podían certificar que lo han visto resucitado. Sin embargo, comienzan tiempos nuevos; serán ellos los que deban abrir nuevos surcos.

El Señor ya les había advertido acerca de lo que les espera, les adelanta los acontecimientos para que no se atemoricen: «Cuando el Espíritu Santo descienda sobre vosotros, recibiréis fuerza para ser mis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaría y hasta los confines del mundo». Les está diciendo que no teman, que lo que les va a suceder será obra de Dios, no de ellos, aunque ellos serán los primeros en sorprenderse de las maravillas que hará Dios a través de sus personas. Las primeras comunidades cristianas han nacido de la fe en Cristo Jesús, a Quien se reconoce como el Mesías, el Señor exaltado. La fe de estas comunidades se deja notar por las distintas manifestaciones que dan de cara al exterior: en la predicación, en el testimonio de vida, en la persecución... Un peligro que nos acecha, y no nos damos cuenta, es el que denunció el mismo evangelista san Lucas, al constatar un cierto cansancio de la comunidad cristiana, el cruzarse de brazos, bien por el largo recorrido que llevaba, o bien por haber tenido que soportar tantas dificultades, con el riesgo de caer en la monotonía, en la rutina o en la inconstancia.

El peligro es real, muchos están desmotivados y arrastrados por las influencias del mundo y de la sociedad hacia las tranquilas orillas de la comodidad, y justificándose en que no tenemos arreglo. Es necesario despertar, y el mismo mensaje evangélico, del que somos portadores, nos da seguridad, garantía y confianza, nos hace ver la verdad: Jesucristo es el único Salvador, a pesar de que en los medios de comunicación te propongan muchos salvadores. Afrontemos el hoy de cada día con paciencia (Lc 8, 15; 21,19) y con perseverancia (Hechos 1, 14; 6, 4; 2, 42.46); todavía es tiempo de conversión (Hechos 2, 27.38; 17, 30). Se trata de saber que, por medio de las tribulaciones, se llega al reino de Dios (Hechos 14, 22); y de estar vigilantes, para no caer en la tentación. Dios os bendiga.


+ José Manuel Lorca Planes

obispo de Cartagena y AA de Teruel y Albarracín

sábado, 15 de mayo de 2010

MADRE NUESTRA


El punto de partida de la devoción a María no puede ser más modesto: su prima santa Isabel, protagonista del primer canto de alabanza a la Virgen, bendecía a María mientras el niño daba saltos en su seno: «Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre; ¿cómo es posible que la Madre del Señor venga a visitarme?»

Desde entonces y hasta hoy, el amor a la Virgen se ha sucedido, generación tras generación. De hecho, durante siglos, muchos cristianos han vivido su comunión de fe, sostenidos por el amor a María. Así lo subrayaba el Papa Juan Pablo II, en su Visita de 1982 a la Virgen del Pilar, en Zaragoza: «El amor mariano ha sido en vuestra historia fermento de catolicidad», y definió las tierras de España como Tierra de María.

No hace falta rebuscar mucho para ver ejemplos concretos de este amor mariano que caracteriza a nuestro país: ¿qué pueblo o ciudad no tiene una Virgen, bajo una advocación concreta, que es el corazón de todos los lugareños? En este mes que vivimos, las romerías se suceden a lo largo y ancho de España, en celebraciones que unen a todos los vecinos en torno a ella.

Pero es importante no confundir el amor a María con la tradición, o con una celebración vacía de contenido y llena de diversión.Por otro lado, ¿qué parroquia no tiene, antes de la celebración de la Misa, los sempiternos fieles que, cada día, acuden a rezar el Rosario? Gracias a ellos, muchas almas habrán ido directas al cielo, además de crear escuela: ahora, los jóvenes han cogido el testigo del Rosario y hasta se reúnen en torno a un video de Internet que fomenta su rezo, además de ponerse camisetas en las que se puede leer: Yo también rezo el Rosario.

El movimiento de Cursillos de Cristiandad, realidad eclesial floreciente en la Iglesia, también se ha unido a la importancia del rezo del Santo Rosario: cada vez que se celebra un nuevo Cursillo, los miembros del movimiento se unen en una cadena fraterna de oración del Rosario, para pedir por los frutos de esos días, para que el corazón y los oídos de las personas que se acercan hasta allí, se abran de par en par.

No es la única realidad de la Iglesia formada en torno a María: todos los nuevos carismas beben de su inspiración, sitúan a la Virgen en el centro de su espiritualidad: Schoenstatt nace al calor de una Alianza de amor con María en una pequeña capilla alemana. Algunos Focolares, de Chiara Lubich, también conocidos como Obra de María, viven en ciudadelas llamadas Mariápolis -ciudad de María-, modelos de ciudad basados en el ejemplo de la Madre de Dios. O los seminarios diocesanos misioneros Redemptoris Mater del Camino Neocatecumenal, que toman su nombre de la encíclica, de 1987, de Juan Pablo II sobre el papel de la Virgen María, que no es otro que el modelo en el que Cristo se inspiró para crear la Iglesia.El presente y el futuro de España están, como ya dijo Juan Pablo II, en las manos y el corazón de la Virgen María.
Cristina Sánchez en Alfa y Omega

viernes, 14 de mayo de 2010

ESTA PELI HAY QUE VERLA


El próximo 4 de junio se estrenará en salas de cine de España la película LA ÚLTIMA CIMA, un largometraje documental sobre Pablo Domínguez, sacerdote madrileño que falleció en febrero de 2009 en un accidente, al descender la cima del Moncayo. Tenía 42 años.
No es fácil encontrar hoy, en los medios de comunicación, modelos de buenos sacerdotes. En cambio, abunda la información, exhaustiva y detallada, sobre sacerdotes que dan ejemplo de mal comportamiento. Sabemos casi todo sobre ellos, gracias al trabajo de muchos periodistas, guionistas y directores.

LA ÚLTIMA CIMA muestra un tipo de sacerdote del que nadie habla: los sacerdotes generosos, alegres, serviciales, humildes… Sacerdotes anónimos que sirven a Dios, sirviendo a los demás. Pablo es, nada más y nada menos, que un buen cura.

LA ÚLTIMA CIMA ha sido exhibida en pases privados, en España y Estados Unidos, conmoviendo a todo tipo de espectadores, creyentes y no creyentes. Su estreno en España será el próximo 4 de junio.
SINOPSIS
Pablo, sacerdote, sabía que iba a morir joven y deseaba hacerlo en la montaña. Entregó su vida a Dios… y Dios aceptó la oferta. Ahora dicen que está vivo.
Pablo era conocido y querido por un número incalculable de personas, que han dejado constancia de ello después de su muerte.
LA ÚLTIMA CIMA muestra la huella profunda que puede dejar un buen sacerdote, en las personas con las que se cruza. Y provoca en el espectador un pregunta comprometedora: ¿también yo podría vivir así?



EL PAPA CONSAGRA A LOS SACERDOTES DEL MUNDO

Este miércoles el Papa Benedicto XVI consagró al Corazón Inmaculado de María a todos los sacerdotes del mundo.

Junto a miles de feligreses, el Papa rezó el acto de consagración en adoración al Santísimo Sacramento, acompañado de presbíteros, religiosos y consagrados reunidos en la iglesia de la Santísima Trinidad del santuario de la Virgen de Fátima.Aquí la oración de consagración:

Madre Inmaculada, en este lugar de gracia, convocados por el amor de tu Hijo Jesús,Sumo y Eterno Sacerdote, nosotros,hijos en el Hijo y sacerdotes suyos,nos consagramos a tu Corazón materno,para cumplir fielmente la voluntad del Padre.
Somos conscientes de que, sin Jesús,no podemos hacer nada (cfr. Jn 15,5)y de que, sólo por Él, con Él y en Él,seremos instrumentos de salvación para el mundo. Esposa del Espíritu Santo,alcánzanos el don inestimablede la transformación en Cristo.Por la misma potencia del Espíritu que,extendiendo su sombra sobre Ti,te hizo Madre del Salvador,ayúdanos para que Cristo, tu Hijo,nazca también en nosotros

jueves, 13 de mayo de 2010

NUESTRA SEÑORA DE FÁTIMA



En 1917, en el momento de las apariciones, Fátima era una ciudad desconocida de 2.500 habitantes, situada a 800 metros de altura y a 130 kilómetros al norte de Lisboa, casi en el centro de Portugal. Hoy Fátima es famosa en todo el mundo y su santuario lo visitan innumerables devotos. Allí, la Virgen se manifestó a niños de corta edad: Lucía, de diez años, Francisco, su primo, de nueve años, un jovencito tranquilo y reflexivo, y Jacinta, hermana menor de Francisco, muy vivaz y afectuosa.


Tres niños campesinos muy normales, que no sabían ni leer ni escribir, acostumbrados a llevar a pastar a las ovejas todos los días. Niños buenos, equilibrados, serenos, valientes, con familias atentas y premurosas.Los tres habían recibido en casa una primera instrucción religiosa, pero sólo Lucía había hecho ya la primera comunión.Las apariciones estuvieron precedidas por un "preludio angélico": un episodio amable, ciertamente destinado a preparar a los pequeños para lo que vendría.Lucía misma, en el libro Lucia racconta Fátima (Editrice Queriniana, Brescia 1977 y 1987) relató el orden de los hechos, que al comienzo sólo la tuvieron a ella como testigo.


Era la primavera de 1915, dos años antes de las apariciones, y Lucía estaba en el campo junto a tres amigas. Y esta fue la primera manifestación del ángel:Sería más o menos mediodía, cuando estábamos tomando la merienda. Luego, invité a mis compañeras a recitar conmigo el rosario, cosa que aceptaron gustosas. Habíamos apenas comenzado, cuando vimos ante nosotros, como suspendida en el aire, sobre el bosque, una figura, como una estatua de nieve, que los rayos del sol hacían un poco transparente. "¿Qué es eso?", preguntaron mis compañeras, un poco atemorizadas. "No lo sé". Continuamos nuestra oración, siempre con los ojos fijos en aquella figura, que desapareció justo cuando terminábamos (ibíd., p. 45).


Toda la historia de las APARICIONES en Catholic.net

miércoles, 12 de mayo de 2010

EL PAPA VIAJA A PORTUGAL



DECLARACIONES EN EL AVIÓN Y PRIMER DISCURSO
Durante el vuelo ha comentado a los periodistas que es realmente terrible el sufrimiento que padece la Iglesia, no tanto por los ataques que vienen de fuera, sino por los pecados que provienen de dentro de la propia Iglesia. Y se ha referido al tercer secreto de Fátima como un llamamiento eterno válido siempre a la conversión, a la oración y la penitencia.

Durante el vuelo hacia Portugal, el Papa ha respondido a algunas preguntas de los periodistas que le acompañaban. Una de las preguntas se ha referido al significado actual de las apariciones de Fátima y si en el tercer secreto es posible enmarcar el sufrimiento de la Iglesia de hoy a causa de los pecados de los abusos sexuales a menores.
El tercer secreto de Fátima
Refiriéndose al tercer secreto de Fátima, Benedicto XVI ha subrayado que en la visión se habla claramente de la necesidad de una pasión de la Iglesia. Pero para el Pontífice la importancia del mensaje, la respuesta de Fátima, no radica en situaciones particulares, sino que la respuesta fundamental es «la conversión permanente, penitencia, oración, y las tres virtudes cardinales: fe, esperanza, caridad».
Los ataques al Papa y a la Iglesia
«En cuanto a las novedades que hoy podemos descubrir en este mensaje, encontramos que los ataques al Papa y a la Iglesia no sólo vienen del exterior, sino que el pecado existe en la Iglesia. Esto siempre se ha sabido, pero hoy lo vemos de una forma terrible: que la persecución más grande a la Iglesia no procede de enemigos externos, sino que nace del pecado en la Iglesia. Y por lo tanto, la Iglesia tiene una profunda necesidad de reaprender la penitencia, aceptar la purificación, aprender el perdón pero también la necesidad de justicia. El perdón no sustituye la justicia», ha añadido.También ha enviado un telegrama de saludo al Rey reiterando su afecto y cercanía al pueblo español, animando a la convivencia pacífica y a la solidaridad.

Primer discurso
«La Iglesia está abierta a colaborar con quien no margina ni reduce al ámbito privado la consideración esencial del sentido humano de la vida». Con estas palabras, pronunciadas nada más llegar al aeropuerto de Portela (Lisboa), inauguró hoy el Papa Benedicto XVI su visita apostólica a Portugal.

Tras la llegada del avión papal, a las 11 de la mañana (hora local), el Papa fue recibido por el presidente de la República, Aníbal Cavaco Silva, por el patriarca de Lisboa, cardenal José Policarpo, y por otras autoridades eclesiales y civiles, informa Zenit.

En un palco preparado para la ocasión, y tras el saludo del presidente Cavaco Silva, el Papa pronunció un breve discurso en el que aludió a la concepción de laicidad positiva, y a la importancia del reconocimiento de la libertad religiosa en la vida pública.

La relación con Dios, explicó a los presentes, «es constitutiva del ser humano: éste ha sido creado y ordenado hacia Dios, busca la verdad en su propia estructura cognoscitiva, tiende hacia el bien en su esfera volitiva, y es atraído por la belleza en la dimensión estética».

«No se trata de un enfrentamiento ético entre un sistema laico y un sistema religioso, sino más bien de una cuestión de sentido a la que se confía la propia libertad», aclaró Benedicto XVI.

En este sentido, aludió a la constitución de la República Portuguesa, acontecimiento que celebra este año su centenario, y que estableció formalmente la separación entre la Iglesia y el Estado en este país.

«El giro republicano, que se produjo hace cien años en Portugal, abrió, en la distinción entre Iglesia y Estado, un nuevo espacio de libertad para la Iglesia, al que los dos concordatos de 1940 y de 2004 habrían dado forma, en ámbitos culturales y perspectivas eclesiales demasiado marcadas por rápidos cambios».

Es verdad que esta separación, reconoció el Papa, provocó «sufrimientos causados por las transformaciones», pero afirmó que en general fueron «afrontados con coraje».

«Vivir en la pluralidad de sistemas de valores y de cuadros éticos requiere un viaje al centro del propio yo y al núcleo del cristianismo para reforzar la calidad del testimonio hasta la santidad, encontrar caminos de misión hasta la radicalidad del martirio», añadió.

Un peregrino de Fátima
El Papa subrayó que su visita que hoy comienza al país luso «bajo el signo de la esperanza, quiere ser una propuesta de sabiduría y de misión».
«Vengo como peregrino de la Virgen de Fátima, investido de lo Alto en la misión de confirmar a mis hermanos que avanzan en su peregrinación hacia el Cielo», afirmó Benedicto XVI.
En este sentido, subrayó que la aparición de la Virgen en esta pequeña localidad fue «un designio amoroso de Dios; no depende del Papa, ni de cualquier otra autoridad eclesial».

«No fue la Iglesia quien impuso Fátima, sino que fue Fátima la que se impuso a la Iglesia», exclamó.

En aquel acontecimiento el Cielo se abrió «precisamente sobre Portugal, como una ventana de esperanza que Dios abre cuando el hombre le cierra la puerta, para recomponer, en el seno de la familia humana, los vínculos de la solidaridad fraterna que se apoyan sobre el reconocimiento recíproco del mismo y único Padre».

«La Virgen María vino del Cielo para recordarnos verdades del Evangelio que constituyen para la humanidad, fría de amor y sin esperanza en la salvación, fuente de esperanza», una esperanza que se basa en la relación «vertical y trascendente» del hombre con Dios.

El Papa Benedicto XVI concluyó su discurso confiando a Portugal «a la Virgen de Fátima, imagen sublime del amor de Dios que abraza a todos como hijos».

Raíces cristianas
Por su parte, el Presidente Cavaco Silva, en su discurso de bienvenida, afirmó que la separación entre la Iglesia y el Estado en Portugal «convive con las marcas profundas de la herencia cristiana presente en la cultura, en el patrimonio y, por encima de todo, en los valores humanistas».

Portugal «reconoce el papel de la Iglesia católica y respeta y apoya el servicio inestimable que presta a la sociedad», subrayó.

En este sentido, recordó que «en otros tiempos, dando una contribución preciosa a la expansión de la fe cristiana, abrimos al mundo al diálogo universal. Una actitud particularmente adecuada en un tiempo en el que, quizás más que nunca, se reclama un entendimiento entre el discurso de la razón y el discurso de la fe».

martes, 11 de mayo de 2010

PUBLICIDAD

De este modo tan original se "publicitó" a Dios en Singapur. La campaña fué todo un éxito.


lunes, 10 de mayo de 2010

CATECISMO


El misterio de la aparente impotencia de Dios
272 La fe en Dios Padre Todopoderoso puede ser puesta a prueba por la experiencia del mal y del sufrimiento. A veces Dios puede parecer ausente e incapaz de impedir el mal. Ahora bien, Dios Padre ha revelado su omnipotencia de la manera más misteriosa en el anonadamiento voluntario y en la Resurrección de su Hijo, por los cuales ha vencido el mal. Así, Cristo crucificado es "poder de Dios y sabiduría de Dios. Porque la necedad divina es más sabia que la sabiduría de los hombres, y la debilidad divina, más fuerte que la fuerza de los hombres" (1 Co 2, 24-25). En la Resurrección y en la exaltación de Cristo es donde el Padre "desplegó el vigor de su fuerza" y manifestó "la soberana grandeza de su poder para con nosotros, los creyentes" (Ef 1,19-22).
273 Sólo la fe puede adherir a las vías misteriosas de la omnipotencia de Dios. Esta fe se gloría de sus debilidades con el fin de atraer sobre sí el poder de Cristo (cf. 2 Co 12,9; Flp 4,13). De esta fe, la Virgen María es el modelo supremo: ella creyó que "nada es imposible para Dios" (Lc 1,37) y pudo proclamar las grandezas del Señor: "el Poderoso ha hecho en mi favor maravillas, Santo es su nombre" (Lc1,49).
274 "Nada es, pues, más propio para afianzar nuestra Fe y nuestra Esperanza que la convicción profundamente arraigada en nuestras almas de que nada es imposible para Dios. Porque todo lo que (el Credo) propondrá luego a nuestra fe, las cosas más grandes, las más incomprensibles, así como las más elevadas por encima de las leyes ordinarias de la naturaleza, en la medida en que nuestra razón tenga la idea de la omnipotencia divina, las admitirá fácilmente y sin vacilación alguna" (Catech. R. 1,2,13).

sábado, 8 de mayo de 2010

REZAR EL ROSARIO



¿Por qué el Santo Padre invita a los cristianos a rezar el Rosario cada día?
Por muchas razones. Lo hace sobre todo él y da ejemplo a todos. Me acuerdo que justo al comienzo de su pontificado en octubre de 1978 ya recomendaba a todos esta oración que él definía «mi oración preferida».
Lo propone hoy, tras la Carta Apostólica sobre el Rosario del mes de octubre de 2002 [«Rosarium Virginis Mariae». Ndr], porque ha querido dar un impulso en el modo de rezar el Rosario en comunión con María, contemplando y viviendo los misterios de Jesús, y elevando la oración llamada «vocal» al rango de oración contemplativa.
¿Qué tiene el Rosario que difiera de otras oraciones y por qué es tan importante dirigir las propias súplicas a María?
El Rosario, como consta de su origen progresivo y organización, es como una oración sencilla e intensa que hace memoria de los misterios de nuestra redención.
El núcleo de la contemplación es ofrecido por la progresiva meditación de los misterios de Cristo y de María: gozosos (Encarnación e infancia), luminosos (vida pública), dolorosos (Pasión y muerte), gloriosos (Resurrección y glorificación de Cristo y de María). Se trata del núcleo esencial de nuestra fe y del misterio de Cristo
La contemplación se lleva a cabo con el apoyo de las oraciones del «Padre Nuestro», «Ave María», «Gloria al Padre».
Todo con un ritmo contemplativo que asimila los misterios para depositarlos en el corazón y revivirlos.
Pero no todas las oraciones son súplicas a María. El «Padre Nuestro» nos pone en contacto con el Padre, por Cristo y en el Espíritu. La primera parte del «Ave María» tiene un carácter invocador y contemplativo del misterio de la Virgen María, Madre del Señor, y concluye con la memoria del nombre y de la persona de Jesús.
Verdadera súplica es sólo la segunda parte del «Ave María», dirigida a la Virgen María, Mare de Dios, por nosotros pecadores y en la perspectiva de la salvación eterna. El «Gloria al Padre» nos vuelve a llevar a la Trinidad, fuente y cumbre de nuestra vida y de nuestra oración.
Muchos se lamentan del estrés de una vida en la que se dispone de poco tiempo para orar. ¿Cómo rezar el Rosario?
La oración del Rosario es sencilla. No requiere un lugar particular, ni un libro, tampoco una pausa silenciosa. Lo podemos rezar en cualquier sitio, por la calle, en el coche, en el transporte público, paseando. Pide sólo un poco de atención de la mente y del corazón. Sale también al encuentro del estrés, porque es una oración que da paz al corazón y a la mente, y nos permite, añadiendo una intención a cada misterio, como hacía el beato Juan XXIII, entrar en comunión con todos e interceder con María para la salvación de todos.
Además del Rosario, el Santo Padre está indicando a los creyentes que presten mucha atención a la Eucaristía. ¿Qué vínculo existe entre la oración a María y la Eucaristía?
En la celebración eucarística vivimos todo el misterio de Cristo en el núcleo fundamental que es el memorial de su muerte y resurrección en forma sacramental y eminentemente eclesial.
En el Rosario prolongamos personalmente o en grupo la meditación, la contemplación y la comunión con el Señor a través de cada uno de los misterios de Cristo y de María, desde la Anunciación hasta la Coronación de la Virgen María, pasando por todo el camino evangélico de Cristo y de su Madre. El Rosario nos prepara para la Eucaristía y prolonga en la contemplación la comunión con Cristo y con María.
Sobre la devoción al Rosario de J.Pablo II

viernes, 7 de mayo de 2010

LA BELLEZA DE LA IGLESIA




La belleza de la Iglesia

El pasado sábado asistí en Pamplona, en la parroquia de San Nicolás a la ordenación de un grupo de 17 diáconos pertenecientes a diócesis de varios países, todos ellos formándose en un Seminario Internacional llamado Bidasoa, sito en aquella hermosa ciudad. Presidía la ceremonia el Arzobispo local, don Francisco Pérez, que no podía ocultar su alegría por la ordenación de un grupo tan nutrido de jóvenes, concretamente el día antes del domingo del Buen Pastor, en el que se celebra el día de oración por las vocaciones y también de las vocaciones nativas.

Hermosa homilía, no leída, sino brotando del corazón de este gran pastor que es don Francisco. Palabras llenas de entusiasmo y amor, entre las que me impresionaron mucho las que dedicó a la belleza de la Iglesia. Ni pretendo ni podría repetir lo que dijo él, pero la idea era más o menos un cántico de alabanza a Dios por la belleza de nuestra madre la Iglesia, que se manifiesta, entre otras cosas en la autodonación de estos 17 jóvenes a Dios, para el bien de los demás, especialmente de los pobres y los necesitados. A su vez, don Francisco invitaba a los ordenandos a vivir de tal modo que manifestasen a todos la belleza de la Iglesia.
Y todo esto me llamó la atención porque parece que se nos había olvidado dicho modo de hablar. Acostumbrados últimamente por desgracia a escuchar y hablar sobre escándalos, crímenes, la suciedad en la Iglesia, la Iglesia herida por los pecados de sus miembros, etc. etc., todo ello real y dramático, hemos oído poco sobre la belleza de la Iglesia. ¿Será que por ocuparnos de las pocas manzanas podridas nos hayamos olvidado de las muchas que están sanas?

Pues sí, la Iglesia es bella, tremendamente hermosa, como esposa de Cristo que es, amada por El con amor infinito. Precisamente llevado por el hastío de las críticas hacia ella, he vuelto a leer la “Meditación sobre la Iglesia” del Cardenal De Lubac, libro magnífico donde los haya. De todo lo que se podría citar del libro (no hay palabras para recomendar su lectura), destaco una frase que me ha llamado la atención: “No pensemos, como los donatistas, que hay un grupo de «perfectos» o de santos predestinados. La Iglesia es, en este mundo, y continuará siendo hasta el fin, una comunidad compleja: trigo mezclado con paja, arca que contiene animales puros e impuros, barco repleto de malos pasajeros que siempre parece que lo van a arrastrar al naufragio".

Si aceptamos esto, nos ponemos en disposición de entender la belleza de la Iglesia. El que piense en una comunidad de puros, impecables, perfectos o algo similar, que nunca ha existido ni va a existir, ni tiene porqué existir, vivirá perpetuamente escandalizado y nunca entenderá nada.

Como hay quien ha expresado todo esto mejor que yo, prefiero citarlo. Se trata del padre Cantalamessa, el predicador de la Casa Pontificia, que en un viernes santo de hace unos años trató del tema en su prédica y dijo, entre otras cosas: “Como no logras alcanzar la inocencia por ti mismo, se la exiges a la Iglesia, mientras que Dios ha decidido manifestar su gloria y su omnipotencia precisamente a través de la tremenda debilidad e imperfección de los hombres, incluidos los "hombres de Iglesia", y con ella ha moldeado a su esposa, que es maravillosa justamente porque exalta su misericordia. El Hijo de Dios vino a este mundo y, como buen carpintero que había llegado a ser en la escuela de José, recogió los trocitos de madera en peor estado y más nudosos que encontró y con ellos se construyó una barca que resiste a la mar desde hace dos mil años.” Después cuenta que a uno de los Reformadores que le echaba en cara el que siguiese en la Iglesia católica a pesar de su "corrupción", Erasmo de Rotterdam le contestó un día: "Soporto a esta Iglesia, con la esperanza de que se haga mejor, dado que ella se ve obligada a soportarme a mí, con la esperanza de que yo me haga mejor".

Si nos ponemos en esta onda, empezamos a entender la belleza de la Iglesia: Aparte de ser la esposa de Cristo y su cuerpo místico, lo cual la hace hermosa de tejas para arriba, de tejas para abajo encontramos su atractivo en ser una madre paciente, que soporta los defectos de sus hijos con la esperanza de que se hagan mejores. No les repudia (casos contados, por causas gravísimas), ni se escandaliza de ellos, sino que les da la oportunidad de la conversión, del cambio, sin quitarle por supuesto nada a la ley civil o penal, que tiene que hacer su función pues los cristianos somos también ciudadanos del mundo. Madre paciente que anima a los buenos a hacerse mejores y a los malos les exhorta al cambio.

Pero, aparte de todo esto, ¿Olvidaremos todo el bien que hace la Iglesia en el mundo? Hoy mismo hablaba con una feligresa de mi parroquia, Pilar, cuya hermana es misionera de las de la Madre Teresa, Vive en Calcuta, ve a su familia solamente cada diez años, dirige un leprosario con 600 leprosos y, literalmente, da su vida cada día por los demás. Otra feligresa ha tenido hasta hace poco a su hija como misionera seglar (con la carrera de medicina acabada) en Venezuela, cuidando de los niños pobres. Otro tiene un grupo de amigos que van los sábados a visitar y ayudar a enfermos de sida. Otra feligresa se dedica por las mañanas a alfabetizar a gitanas. Y una multitud más (incontable) de misioneros, de educadores, catequistas, los que trabajan con ancianos, con niños, con enfermos, con adictos, con parados, con inmigrantes, con los excluidos de la sociedad, en el mundo de la cultura, padres de familia, consagrados, religiosos contemplativos, y una lista que no acabaría nunca. Si dejásemos que unos cuantos casos escandalosos nos impidiesen ver el bien que hace la Iglesia cada día en el mundo entero no tendríamos perdón.

Obviamente, todo esto no es una excusa para minimizar lo malo que pueda haber entre los miembros de la Iglesia, intenta ser por el contrario un acto de justicia hacia todos aquellos -la inmensa mayoría de los creyentes- que probablemente de modo anónimo, sin duda gratuitamente, sin pedir nada a cambio y sin que les den las gracias, dan su vida cada día por amor. Por amor a Dios y a nuestra hermosa madre, que a la vez es pueblo y familia, la Iglesia.


Alberto Royo Megía

jueves, 6 de mayo de 2010

S. JUAN ANTE PORTAM LATINAM



Hoy es la fiesta del titular de nuestra Parroquia. Celebramos el martirio de S. Juan ante la puerta latina de Roma
Ni la historia ni la hagiografía han estado acertadas al transmitirnos la efigie física y moral del apóstol San Juan. Nos han legado de él una imagen tierna y cromática, un santo imberbe, casi feminoide, cuando, en realidad, fue un carácter vigoroso y fuerte.Aceptamos con facilidad que los demás apóstoles fuesen duros, podríamos decir que hasta broncos. La obra pedagógica de Jesús sólo penosamente logró limarlos, debiendo confiar al Espíritu la tarea de hacer de aquellos galileos ásperos unos instrumentos aptos para el apostolado. Pero con San Juan hacemos una excepción.


Indefectiblemente le damos el calificativo del "discípulo amado", el que tuvo la dicha suprema de recostar su cabeza sobre el pecho del Señor en la última cena, y ya no pensamos en más, creyendo haber agotado su biografía y su psicología. De esta forma nos quedamos a la mitad del camino, no atisbando más que uno de los aspectos de su personalidad polifacética.


A Juan hay que asociarle con su hermano Santiago. juntos forman ambos un excelente binomio, son los "hijos del Zebedeo", los pescadores ribereños del Tiberíades, hechos a las faenas rudas de la pesca, a las tormentas del lago y a la exaltación religiosa.Los hijos del Zebedeo tenían la conciencia de su propio valor. Su categoría social les colocaba en una situación desahogada, como patronos de una embarcación, con un negocio próspero, que consentía tener criados y todo. Trabajaban, sí, pero también mandaban, y además tenían ambiciones.


El Maestro conoció primero a Juan, que era discípulo del Bautista y esperaba confiadamente la "redención de Israel". Con mucha fe, con mucho ardor, pero con ideas un tanto confusas. Porque la predicación del Bautista, rígido y austero como un esenio, cubierto con una piel de camello y alimentándose de langostas y miel silvestre, arrebataba el entusiasmo de los aldeanos que rodeaban el Jordán. Ellos captaban con avidez sus palabras, mas lo único que percibían con claridad era que "el reino de Dios estaba próximo".

Puedes seguir leyendo AQUÍ

miércoles, 5 de mayo de 2010

"A EL LE CAEN BIEN LOS PECADORES"


Es actor, guionista y director de cine y televisión, triple actividad que resume en un título: contador de historias. Y añade: que merezcan la pena ser contadas. Eso hacen en Infinito + 1, la productora que dirige. Ultiman el lanzamiento de La última cima, un largometraje sobre la vida y muerte del sacerdote Pablo Domínguez (los que han visto la cinta dicen que sanará corazones). Y trabajan en Conversos, documental con testimonios de personas que estuvieron lejos de Dios y ahora le tutean, con total confianza.

-La confianza en Él ¿es necesaria?
-¿Un coche necesita gasolina para andar? Si va cuesta abajo, no. Ahora, como le toque subir una cuesta… El combustible es Cristo. O mejor: la medicina, que llega a nosotros a través de los sacramentos.

-Si Cristo es el médico, ¿qué es la Iglesia?
-Un hospital enorme lleno de gente herida, enferma. Algunos pacientes tienen buen aspecto, pero es por la medicina. El día que dejen de tomarla…

-No es la metáfora más atractiva.
-Es Cristo quien dice que ha venido a buscar a los enfermos, no a los sanos. Quien entre en la Iglesia esperando encontrar un parque de atracciones lleno de gente estupenda se llevará un chasco.

-Lo decía por las salas de operaciones.
-Pero Dios no te va a operar si no quieres. Jamás te obligará a quererle. Es capaz de separar las aguas del mar Rojo, pero no abrirá las puertas de tu corazón si no se lo permites. Es el misterio de la libertad. Esto se comprende bien cuando se es padre.

-Usted lo es de tres hijas.
-¿Y qué espero de ellas? ¿Que me obedezcan? No, que me amen. Si cumplen mis órdenes pero no me aman, nada tengo. Sólo me cabría suplicarles amor, como un mendigo. Lo mismo Dios con nosotros.

-Abrirle el corazón ¿cuesta?
-A veces basta un “no sé si estás ahí” para que entre de lleno. Es como un embalse rebosante de agua: se abre una fisura en el hormigón y todo queda inundado.

-¿Hay corazones de hormigón?
-Ahí tenemos el de san Pablo, de quien las Escrituras dicen que “respiraba amenazas de muerte contra los discípulos del Señor”. Y va Dios y lo convierte en su apóstol. Suena a herejía, pero a Él le caen bien los pecadores. Es maravilloso.

-¿Por qué?
-Porque significa que su mensaje es para todo quisque, incluso para los que le odian. Por eso el Evangelio hay que contarlo como una historia de amor.

-¿Y se cuenta así?
-A veces nos portamos como al que le toca la lotería y, en vez de alegrarse, empieza a pensar en que tiene que ir al banco a ingresar el dinero, y en que al director de la sucursal le huele el aliento, y en que Hacienda se va a llevar la mitad, y en que la gente le va a decir que invite a algo…

-Conclusión.
-Pasamos de complicarnos la vida, preferimos quedarnos como estamos y convertimos el Evangelio en una mala noticia.

-En su trabajo se ha propuesto lo contrario.
-Es curioso, pensaba que los trabajos relacionados con la fe no interesaban a nadie. Hasta que me encargaron un documental sobre mártires e hice un doble descubrimiento.

-¿Cuál?
-Que la ignorancia me hizo decir que estos temas no son interesantes y que tenía complejos a la hora de hablar de mi fe.

-¿En qué consistían?
-En presentar la fe como algo para gente afortunada. O sea, para nosotros, sí; para los no creyentes, no. Hasta que descubres que es un regalo para todos.

-Entonces…
-Se acaban los respetos humanos, te entran ganas de contárselo a todo el mundo. Es como si a alguien a quien quieres le encanta el dulce y tú tienes un pastel enorme. ¿Vas a dejar de ofrecerle un pedazo?

-Habrá que envolverlo bien.
-El público al que queremos llegar lo forman, principalmente, personas que jamás han oído una versión amable de la fe. Fíjese, conmigo trabaja gente que no practica. Pues bien, si no entienden algo, se quita.

De Alba Digital

martes, 4 de mayo de 2010

¡¡GRACIAS!!

Este es el mejor título que se nos ocurría para esta entrada.
En este mes de Mayo sacerdotal, presentamos a nuestra Madre la Santísima Virgen, a todos sus hijos sacerdotes.

lunes, 3 de mayo de 2010

CATECISMO


EL TODOPODEROSO
268 De todos los atributos divinos, sólo la omnipotencia de Dios es nombrada en el Símbolo: confesarla tiene un gran alcance para nuestra vida. Creemos que es esa omnipotencia universal, porque Dios, que ha creado todo (cf. Gn 1,1; Jn 1,3), rige todo y lo puede todo; es amorosa, porque Dios es nuestro Padre (cf. Mt 6,9); es misteriosa, porque sólo la fe puede descubrirla cuando "se manifiesta en la debilidad" (2 Co 12,9; cf. 1 Co 1,18).
"Todo lo que El quiere, lo hace" (Sal 115,3)
269 Las Sagradas Escrituras confiesan con frecuencia el poder universal de Dios. Es llamado "el Poderoso de Jacob" (Gn 49,24; Is 1,24, etc.), "el Señor de los ejércitos", "el Fuerte, el Valeroso" (Sal 24,8-10). Si Dios es Todopoderoso "en el cielo y en la tierra" (Sal 135,6), es porque él los ha hecho. Por tanto, nada ale es imposible (cf. Jr 32,17; Lc 1,37) y dispone a su voluntad de su obra (cf. Jr 27,5); es el Señor del universo, cuyo orden ha establecido, que le permanece enteramente sometido y disponible; es el Señor de la historia: gobierna los corazones y los acontecimientos según su voluntad (cf. Est 4,17b; Pr 21,1; Tb 13,2): "El actuar con inmenso poder siempre está en tu mano. ¿Quién podrá resistir la fuerza de tu brazo?" (Sb 11,21).
"Te compadeces de todos porque lo puedes todo" (Sb 11,23)
270 Dios es el Padre todopoderoso. Su paternidad y su poder se esclarecen mutuamente. Muestra, en efecto, su omnipotencia paternal por la manera como cuida de nuestras necesidades (cf. Mt 6,32); por la adopción filial que nos da ("Yo seré para vosotros padre, y vosotros seréis para mí hijos e hijas, dice el Señor todopoderoso": 2 Co 6,18); finalmente, por su misericordia infinita, pues muestra su poder en el más alto grado perdonando libremente los pecados.
271 La omnipotencia divina no es en modo alguno arbitraria: "En Dios el poder y la esencia, la voluntad y la inteligencia, la sabiduría y la justicia son una sola cosa, de suerte que nada puede haber en el poder divino que no pueda estar en la justa voluntad de Dios o en su sabia inteligencia" (S. Tomás de A., s.th. 1,25,5, ad 1).