martes, 31 de enero de 2012

¡¡CUMPLEAÑOS FELIZ!!

ESTAMOS DE ANIVERSARIO: TRES AÑOS DE BLOG CON 1076 ENTRADAS, 76 SEGUIDORES Y 150.850 VISITAS.
ESTA CASA SIGUE ABIERTA POR PURA GRACIA DE DIOS.
¡¡A ÉL SEA LA GLORIA!!.
GRACIAS A TODOS LOS QUE CADA DÍA OS ASOMÁIS A ESTE RINCÓN. GRACIAS A LOS BLOGS AMIGOS, GRACIAS POR VUESTRA ORACIÓN, POR VUESTRO APOYO. GRACIAS POR SER PARTE DE ESTA FAMILIA EN ESTA PEQUEÑA CASA, Y EN ESTA GRAN CASA QUE ES LA IGLESIA.

lunes, 30 de enero de 2012

SOBRE EL PERDÓN

El etarra le metió varios tiros en el cuerpo y corrió a un teléfono público para llamar a su familia: "Ya estás muerto", le dijo el asesino a una de las hijas de Jesús Mari Pedrosa. Era el 4 de junio de 2000. Los siguientes días se repitieron las macabras llamadas al domicilio del asesinado: "Jesús Mari, hijo de puta".

Jesús Mari Pedrosa, de 57 años, era edil del PP en el Ayuntamiento de Durango (Vizcaya), además de militante del sindicato nacionalista ELA.
"Llevaba 13 años de concejal cuando le mataron -cuenta su viuda-. Los primeros años todo iba más o menos bien o así me parecía a mí. Él nunca trasladó a casa si tenía alguna preocupación al respecto y la política no era tema de conversación entre nosotros. Desde siempre había tratado con cualquier persona independientemente de su ideología o signo político. Tenía un talante abierto y eso hacía que participase en uno u otro sitio (Korrika, apoyo al euskera...) o entrase a tomar algo o pasar un rato tanto en el batzoki como en cualquier otro local. Creo que era muy confiado, pues para él todos eran amigos...".

Los niños del colegio también intimidaban..."Entre dos a tres años antes de matarle empezaron las amenazas en la calle y seguido el acoso de manera más directa. Empezaron a venir a casa un día sí y otro también. Cuando había manifestaciones terminaban debajo de casa, o venían expresamente a leernos pasquines y dejarnos mensajes. Venían con velas que dejaban encendidas, pancartas que dejaban colgadas. Muñecos poniendo frases como “zu ez zarz errugabea” (tú no eres inocente). Los chavales del instituto, que está en frente de casa, nos venían durante el recreo con las pancartas de los presos o nos empapelaban desde el portal hasta la puerta de la vivienda. Cosas increíbles de que estuviesen sucediendo en la realidad".

Pintadas amenazantes en las paredesCuenta Mari Carmen Hernández, la viuda de Jesús Mari Pedrosa, la tristeza con la que vivían en la familia por ese clima de persecución a la que estaban sometidos. "El miedo aparece y va dejando huella hasta el punto de necesitar ayuda profesional. Una de mis hijas lo estaba pasando muy mal. Yo solía pensar `no puede ser real que nos esté pasando esto´y me preguntaba cosas como ¿Hasta dónde se pude intimidar a la persona? ¿Por qué permanecen sin borrar las pintadas?... Ir por la calle, sobre todo la zona del casco viejo, y ver su nombre en medio de una diana o poniendo frases como `tú serás el próximo´. Sentía una angustia terrible. Encima te sientes mal por la gente que va contigo, por la gente con la que te cruzas. Es como si llevases encima un sentimiento de culpa".

Con el asesinado de su marido cara a caraMari Carmen aceptó entrar en un programa impulsado por Instituciones Penitenciarias y el Gobierno vasco de reconciliación con las víctimas. Todos aquellos etarras que se sienten arrepentidos por sus crímenes tienen la necesidad vital de pedir perdón, cara a cara, con la familia de sus víctimas, y es la Administración quién concierta, si todas las partes están conformes, una cita resrvada.

Mari Carmen recibió esa llamada de Instituciones Penintenciarias y fue al encuentro con el asesino de su marido. Cuenta que nada más verle se abrazó al etarra y, éste se sintió completamente desarmado. Lugo vino el diálogo: "Me sorprendió lo joven que era -señala Mari Carmen al diario El Mundo-. Como una de mis hijas. Le conté mi triste historia, él me contó la suya... Me preguntó por cómo lo habíamos vivido. Le dije que en mi cabeza no entraba cómo se podía asesinar. Me contestó que en aquel entonces era un objeto... Nunca había estado con una víctima", narra.

"Le pregunté por qué se sentaba frente a mí. Me dijo que quería pedir perdón, mostró un profundo arrepentimiento. Me habló de que algún día tendría que contárselo a sus hijos, que no podía dormir. Le pareció increíble que no fuera dura con él".

"Gracias a mi fe no siento odio""A mí lo que me mueve es mi fe. Soy muy devota del Sagrado Corazón de Jesús. Pensé: ´Ese chico ha sido muy malo. Si ahora quiere ser bueno, le tengo que ayudar´. Le dije: ´Con esa carita, nadie diría que tienes el haber que tienes´. Gracias a mi fe, el odio no está en mí. Puedo haber sentido rabia, impotencia, puedo haberme hecho preguntas sin respuesta... Pero odiar, no".

"Mi lucha ha sido y es día a día muy fuerte en lo referente a alcanzar una paz espiritual, porque la rabia sale sin querer y las preguntas ahí están, sin respuesta".

"Cada día me pregunto si soy capaz de perdonar""Cada día, cuando hago mi examen de conciencia me pregunto si soy capaz de perdonar. Es muy difícil perdonar (sobre todo sin que te lo pidan), pero me es necesario hacerlo. El perdón no es una obligación, no es el olvido, no es una expresión de superioridad moral ni es una renuncia al derecho. El perdón es un acto liberador. Perdonar es ir más allá de la justicia. Esforzarnos en plantear el perdón, en proponerlo y hablar de él es invitar a ser cada vez más persona".
Publicado en ReL

domingo, 29 de enero de 2012

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO

EVANGELIO

En aquel tiempo, se hallaba Jesús en Cafarnaúm y el sábado fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: “¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quien eres: el Santo de Dios”.
Jesús le ordenó:
“¡Cállate y sal de él!”
El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: “¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen”. Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea.


El espíritu inmundo salió de él

«Entonces un hombre poseído por un espíritu inmundo se puso a gritar: “¿Qué tenemos nosotros contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a destruirnos? Sé quién eres tú: el Santo de Dios”. Jesús, entonces, le conminó diciendo: “Cállate y sal de él”. Y agitándose violentamente el espíritu inmundo dio un fuerte grito y salió de él». ¿Qué pensar de este episodio narrado en el evangelio de este domingo y de muchos otros sucesos análogos presentes en el Evangelio? ¿Existen aún los «espíritus inmundos»? ¿Existe el demonio?

Cuando se habla de la creencia en el demonio, debemos distinguir dos niveles: el nivel de las creencias populares y el nivel intelectual (literatura, filosofía y teología). En el nivel popular, o de costumbres, nuestra situación actual no es muy distinta de la de la Edad Media, o de los siglos XIV-XVI, tristemente famosos por la importancia otorgada a los fenómenos diabólicos. Ya no hay, es verdad, procesos de inquisición, hogueras para endemoniados, caza de brujas y cosas por el estilo; pero las prácticas que tienen en el centro al demonio están aún más difundidas que entonces, y no sólo entre las clases pobres y populares. Se ha transformado en un fenómeno social (¡y comercial!) de proporciones vastísimas. Es más, se diría que cuanto más se procura expulsar al demonio por la puerta, tanto más vuelve a entrar por la ventana; cuánto más es excluido por la fe, tanto más arrecia en la superstición.

Muy diferentes están las cosas en el nivel intelectual y cultural. Aquí reina ya el silencio más absoluto sobre el demonio. El enemigo ya no existe. El autor de la desmitificación, R. Bultmann, escribió : «No se puede usar la luz eléctrica y la radio, no se puede recurrir en caso de enfermedad a medios médicos y clínicos y a la vez creer en el mundo de los espíritus».

Creo que uno de los motivos por los que muchos encuentran difícil creer en el demonio es porque se le busca en los libros, mientras que al demonio no le interesan los libros, sino las almas, y no se le encuentra frecuentando los institutos universitarios, las bibliotecas y las academias, sino, precisamente, a las almas. Pablo VI reafirmó con fuerza la doctrina bíblica y tradicional en torno a este «agente oscuro y enemigo que es el demonio». Escribió, entre otras cosas: «El mal ya no es sólo una deficiencia, sino una eficiencia, un ser vivo, espiritual, pervertido y pervertidor. Terrible realidad. Misteriosa y espantosa».

También en este campo, sin embargo, la crisis no ha pasado en vano y sin traer incluso frutos positivos. En el pasado a menudo se ha exagerado al hablar del demonio, se le ha visto donde no estaba, se han cometido muchas ofensas e injusticias con el pretexto de combatirle; es necesaria mucha discreción y prudencia para no caer precisamente en el juego del enemigo. Ver al demonio por todas partes no es menos desviador que no verle por ninguna. Decía Agustín: «Cuando es acusado, el diablo se goza. Es más, quiere que le acuses, acepta gustosamente toda tu recriminación, ¡si esto sirve para disuadirte de hacer tu confesión!».

Se entiende por lo tanto la prudencia de la Iglesia al desalentar la práctica indiscriminada del exorcismo por parte de personas que no han recibido ningún mandato para ejercer este ministerio. Nuestras ciudades pululan de personas que hacen del exorcismo una de las muchas prácticas de pago y se jactan de quitar «hechizos, mal de ojo, mala suerte, negatividades malignas sobre personas, casas, empresas, actividades comerciales». Sorprende que en una sociedad como la nuestra, tan atenta a los fraudes comerciales y dispuesta a denunciar casos de exaltado crédito y abusos en el ejercicio de la profesión, se encuentre a muchas personas dispuestas a beber patrañas como éstas.

Antes aún de que Jesús dijera algo aquel día en la sinagoga de Cafarnaúm, el espíritu inmundo se sintió desalojado y obligado a salir al descubierto. Era la «santidad» de Jesús que aparecía «insostenible» para el espíritu inmundo. El cristiano que vive en gracia y es templo del Espíritu Santo, lleva en sí un poco de esta santidad de Cristo, y es precisamente ésta la que opera, en los ambientes donde vive, un silencioso y eficaz exorcismo.


P. Raniero Cantalamessa

viernes, 27 de enero de 2012

DIOS TE DICE

Son sólo dos minutos:

jueves, 26 de enero de 2012

TIMOTEO Y TITO

Hoy celebramos la memoria de Timoteo y de Tito. Ambos fueron evangelizados por san Pablo y después obispos de Éfeso y Creta, respectivamente. El Apóstol, en las cartas que dirige a cada uno de ellos, les da el tratamiento de hijos. Es así porque san Pablo sentía profundamente la acción de colaborar a engendrar nuevos miembros a la Iglesia. Participaba con el gozo de un padre en cada nueva conversión, porque su alegría residía en que cada vez fueran más los que se incorporaran a la Iglesia de Cristo. Por eso en muchas ocasiones trata a sus destinatarios como hijos y se siente padre de los que ha acompañado para que nacieran a la fe.

Pero más allá de la relación personal que mantuvo san Pablo con sus discípulos, en la fiesta de hoy nos podemos fijar en la cadena de testimonios que constituye la Iglesia. Esta no se fundamenta en la mera amistad ni simplemente en la transmisión de una doctrina. Hay algo mucho más importante. Se trata de la comunicación de la gracia. Dios ha querido que fuera a través de los que él eligió, los Apóstoles, y después mediante los que estos designaran, que su salvación fuera llegando hasta nosotros. No se trata, por tanto, simplemente, de que unos anuncien la noticia a otros, sino de ser introducidos en la obra de salvación que Dios realiza en el mundo. Por eso, por ejemplo, le dice san Pablo a Tito: “verdadero hijo mío en la fe que compartimos”. Porque si bien fue evangelizado por Pablo, sin embargo la fe que ambos tienen les ha venido dado por otro. Y eso san Pablo lo ha comunicado mediante los sacramentos. Si por la predicación despertó el interés por Dios, fue mediante la acción sacramental que se infundió la gracia.

Cuando recordamos a estos gigantes de la historia de la Iglesia, que pusieron los fundamentos de las primeras comunidades cristianas, no podemos dejar de dar gracias a Dios. Ciertamente se trata de talentos singulares. En el caso de Pablo estamos ante una personalidad excepcional. Pero más allá de los talentos de cada uno de ellos se nos muestra el poder misericordioso de Dios, que hace avanzar su designio de salvación valiéndose de hombres como nosotros.

Por otra parte en las cartas de san Pablo hay otra constante. Por una parte desea a sus destinatarios que Dios les llene de dones. Insiste mucho en la gracia y la paz de Dios. Por otra parte siempre señala que reza por ellos y los tiene presentes en sus oraciones. Así nos enseña que también nosotros hemos de desear siempre que nuestros pastores, el Papa, los obispos y sacerdotes, gocen también de la amistad con Dios, que vivan en íntima unión con Él. Y al mismo tiempo hemos de tenerlos presentes en nuestras oraciones. San Pablo, en la relación que mantiene con estos dos colaboradores suyos nos muestra como el amor a la Iglesia conlleva un amor verdadero a todos sus miembros y, singularmente, a los pastores. Estos han recibido una misión muy particular de Dios y con nuestras oraciones les ayudamos a que la puedan cumplir con fidelidad.

Archimadrid

miércoles, 25 de enero de 2012

FIESTA DE LA CONVERSION DE SAN PABLO

El fariseo de Tarso sufrió una profunda evolución en diferentes campos de su existencia. Sin embargo, la base y principio de la trasformación de Saulo fue su noción de Dios.
Para que llegara a confesar que ese Jesús a quien perseguía a muerte era su vida, lo primero que cambia en el aplicado discípulo de Gamaliel, es la imagen del Dios de sus antepasados, al Dios revelado por Jesús y por el Espíritu Santo.
Vamos a quedar fascinados cómo, aunque es el mismo Dios del Sinaí, tenía escondida la carta más bella de su misterio que ni Sabios del Antiguo Testamento pudieron concebir ni Profetas lograron imaginar.
También será un análisis para desafiarnos si nuestro Dios se parece más al Dios de Saulo, discípulo de Moisés, o al Dios que el Espíritu Santo le reveló en el camino de Damasco.



A. DEL DIOS DEL ANTIGUO TESTAMENTO AL DIOS REVELADO POR JESÚS

La imagen que el fariseo de Tarso tenía de Dios, estaba basada en la tradición de Israel y de sus antepasados (Hech 24, 12):
El Dios poderoso de la creación, pero que expulsa a Adán y a Eva del paraíso y al mismo tiempo promete la victoria sobre el mal.
El Dios que envía un diluvio a los pecadores.
El Dios de Abraham, que toma la iniciativa.
El Dios de Jacob, que escoge a quien quiere.
El Dios de José, que rescata al oprimido.
El Dios de Moisés:
YHWH, cuyo nombre es impronunciable y su misterio es sobrecogedor.
Que libera a su pueblo, hace una alianza con él y le da la Ley, pero que desata su ira contra quienes lo han sustituido por un becerro de oro.
Que se revela en el monte humeante con temblor de tierra y fuego.
Que es rico en amor y misericordia, pero también castiga el pecado de los padres en los hijos, hasta la tercera y cuarta generación.
El Dios que perdona a David su adulterio con Betzabé, pero no deja impune su pecado.
El Dios de los Profetas:
Isaías: Santo y Goel.
Amós: Justo que reclama justicia también.
Jeremías: Novio y esposo que ama con amor eterno.
Ezequiel: Capaz de dar vida a los huesos secos.
Jonás: Dios que quiere la conversión de los paganos.
Nahum: El Dios de la venganza.
El Dios de los padres de Saulo es el tres veces Santo, que no permite impureza alguna de parte de los hombres. Por eso, se tiene constante necesidad de auto purificarse con abluciones y sacrificios.
Sin embargo, la síntesis del perfil del Dios de Israel la encontramos en el Shemá hebreo:
Shemá, Ysrael, Adonai Elohenu Adonai Ejad.
Escucha, Israel, (El) Señor Dios nuestro (es) Señor Uno.

Tanto el Dios de los Patriarcas y Profetas, como el Dios de la historia, es Uno. No hay otro Dios fuera de Él. Éste es el principio que distingue a Israel de los pueblos politeístas.
Israel se sentía orgulloso de su Dios. No había otro como Él en toda la tierra.
Un niño regresó muy contento de la escuela porque había obtenido las mejores notas de toda su vida. La mamá lo felicitó y le ofreció un premio:- En la alacena hay una cesta con muchos dulces y chocolates; toma todos los que le quepan en la mano. El niño fue, pero regresó, objetando:- No, mamá. Yo no los quiero agarrar.- Pero, hijo, te gustan tanto los chocolates que no entiendo por qué no quieres.- Mejor tómalos tú por mí, mamá.La mamá lo miró sospechando algo detrás de la negativa, y preguntó curiosa:- ¿Por qué quieres que los agarre yo?- Porque tú tienes la mano más grande, mamá.- Porque yo tengo la mano más grande, repitió en voz baja la madre, dibujando una sonrisa en sus labios.
A partir de Damasco donde el perseguidor y pecador es alcanzado por Cristo, da un paso adelante. Saulo va a descubrir que la mano de Dios es mayor de lo que él se imaginaba. Tuvo misericordia de él y lo llamó para anunciar el evangelio de la gracia. Sin negar ninguno de los matices del arco iris del Antiguo Testamento, Jesús presenta un color inédito que no estaba considerado en el pasado: Dios es Abbá.
El Dios de Jesús es un buen pastor que deja 99 ovejas en el desierto para ir a buscar la oveja perdida. Tiene corazón de mujer para gastar más dinero que lo que valía la moneda encontrada. Pero, especialmente, es padre amoroso que abraza, besa y prepara una fiesta a su hijo cuando regresa a la casa.
No busca a los justos, sino a los pecadores. No apedrea a una adúltera ni condena las injusticias de Zaqueo, sino que se hospeda en su casa.
Si el Antiguo Testamento se refirió en 14 ocasiones a Dios como padre (Ab), sólo Jesús osa nombrarlo “papá, papi” (Abbá).
Jesús se atrevió a relacionarse con el Dios santo y trascendente, poderoso y misterioso como su propio papá. Así lo llamaba, no por falta de respeto, sino por exceso de confianza. Además, así enseñó a sus discípulos a dirigirse al Dios del Sinaí. Sin dejar de ser santo, santo, santo, ¡es Papá! Sin negar su poder ni su justicia o misterio, ¡es Papá!
Si es un Papá, se trata de un papá cariñoso y amoroso, que quiere que sus herederos san felices y hace una fiesta a la que son convidados todos sus hijos.

B. EXPERIENCIA DE PABLO, GRACIAS AL ESPÍRITU SANTO
Saulo recibe en Damasco el Espíritu Santo, quien le descubre que el Dios de Israel es Abbá, Papá, papacito, que tiene su mano tan grande, que sobrepasa lo imaginable (Ef 3, 20).
El Espíritu Santo le ha revelado que Dios es Papá con quien puede tener una relación afectuosa de confianza. Los pecadores ya no tienen que esconderse detrás de los árboles del paraíso. Una fiesta los está esperando a su regreso a la casa paterna.
El fariseo de Tarso estaba orgulloso de ese Dios de los dioses, que no hizo cosa semejante con ninguna otra nación, pero ahora se siente favorecido por el amor tierno, gratuito y paternal del Dios de Jesús. En vez de admirador y temeroso de su justicia, debe estar agradecido del amor divino.
No recibimos un espíritu de esclavos.
Pues no recibiste un espíritu de esclavos para recaer en el temor; antes bien, recibiste un espíritu de hijos adoptivos que nos hace exclamar, ¡Abbá, Padre!El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios.Y, si hijos, también herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo, ya que sufrimos con él, para ser también con él glorificados. Rom 8, 15-17.
El discípulo de Gamaliel se aventura a abandonarse en la mano, la mano grande, del amor de Dios. Por eso, extasiado, proclama:
Me amó y se entregó por mí: Gal 2, 20.





C. APLICACIÓN A NUESTRA VIDA




La experiencia vivida por Saulo debe ser extensiva a todos nosotros: Ese Dios nos ha amado sin medida en el Amado; o sea, con el mismo amor que ama a su Hijo único (Ef 1, 6). Y porque su mano es más grande, nos ha bendecido con toda clase de bendiciones en los cielos y en la tierra... sólo hay que dejar que Él las agarre con la mano.
No es fácil dejarse amar por Dios, con ese amor gratuito e incondicional. Pensamos que no lo merecemos, creemos que puede ser sólo ilusión. Suponemos que nuestro pecado es obstáculo para ser amados. Too good to be true: Demasiado bueno para ser verdad.
Pero allí no termina. Si Dios fuera simplemente Padre, nosotros seríamos sólo sus hijos; pero si es Papá, entonces nosotros somos hijitos, con una lógica consecuencia: También somos herederos, herederos de Dios y coherederos de Cristo.
El Dios del Antiguo Testamento es todopoderoso, creador, justo y libertador que no consiente con el pecado. El Dios de Jesús es todo cariñoso, porque es papito, y tiene la mano muy grande, especialmente con los pecadores.
Saulo ha cambiado su antigua visión del Dios del Sinaí, por el perfil de un Dios que nos ama “con grande amor”, porque tiene su mano muy, pero muy grande.
Ahora comenzamos a entender por qué Pablo afirma: “Cristo es mi vida”. Ambos se funden en unidad indisoluble y por eso no puede sino repetir agradecido: “Mi vida es Cristo”, porque el Espíritu Santo le ha revelado el verdadero rostro de Dios, que es Papá.
Si el Dios del Sinaí es Uno (Ejad), el Dios de Jesús es Papá (Abbá). Sí, es el mismo Dios de los antepasados, pero tiene la mano más grande: o mejor dicho, el corazón más grande.
El corazón más grande para amar.El corazón más grande para abrazar.El corazón más grande para enviar a su Hijo a los pecadores.El corazón más grande para comprender la fragilidad del ser humano.
Es el mismo Dios del Antiguo Testamento, sí, pero su grandeza y su poder son su paternidad. Su identidad y naturaleza son ser Papá de sus hijitos.
Dios tiene la mano más grande de lo que Saulo se había imaginado; y con su mano le ha regalado al mismo Jesús y con él la herencia.
¡Qué bueno que Dios tiene la mano más grande!
José H. Prado Flores

REFLEXIÓN

¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Cómo lo permite Dios? ¿Qué hice para merecer este castigo? ¿Qué será de mi futuro? Son preguntas hirientes que brotan con frecuencia en medio del sufrimiento.
Con el salmista (Sal 30) gritamos:

Piedad, Señor, que estoy en peligro:
se consumen de dolor mis ojos,
mi garganta y mis entrañas.


Le damos vueltas con la cabeza y no entendemos nada. Es simplemente incomprensible. Toda la sensibilidad se retuerce y a veces se rebela. No es para menos. "No lo entiendo, Señor, no tiene ningún sentido, no me entra en la cabeza."

A ti, Señor, me acojo:
no quede yo nunca defraudado;
Tú, que eres justo, ponme a salvo,
inclina tu oído hacia mí;
ven aprisa a librarme,
sé la roca de mi refugio,
un baluarte donde me salve
.

Las cosas no me cuadran

Lo que estás viviendo te parece que no encaja con el concepto del Dios bueno y justo del que has oído hablar tantas veces. Viene la tentación de la desesperanza y hasta la fe se ve amenazada.

Pero apenas puedes levantar la mirada, ves el universo: su belleza, el orden, la perfección, el detalle, la grandeza, la abundancia… y no es difícil concluir que lo hizo y lo conserva un Padre bueno que vela por sus hijos.

Ves tu vida: el mero hecho de existir cuando podrías no haber sido, tu capacidad de amar, tu familia, tu bautismo, tu educación, tus amigos… y tantas cosas buenas y bellas de tu persona y de tu historia. Aunque no es que todo sea perfecto, su belleza y gratuidad desvelan el rostro amable de un Dios que cobija a sus criaturas.

La Providencia Divina

Esa es la Providencia. No se puede probar con argumentos, hay que experimentarla. A veces se nubla u oscurece, más cuando se está en medio de la batalla; son momentos, sucesos o circunstancias particulares, pero cuando se ve en perspectiva todo adquiere sentido. Y a veces se requieren décadas para tener suficiente perspectiva. Es como estar perdido en medio de un laberinto y luego ser capaz de verlo desde lo alto y encontrarle sentido.

La historia de José, hijo de Jacob, es elocuente: pasó una historia de odio, envidia, mentira, ingratitud, sensualidad… para que llegara a cumplirse el designio de Dios sobre su pueblo. Vale la pena recordarlo. Sus hermanos primero se burlaron de él, después le odiaron y le rechazaron, planearon su muerte, por fin lo arrojaron a un pozo, lo vendieron como esclavo a los primeros extranjeros, unos egipcios, que pasaron por ahí e informaron a su padre que había muerto. La esposa del faraón lo tentó, luego mintió y lo acusó injustamente. José acabó en la cárcel del faraón. ¿Podría haber imaginado lo que iba a suceder después? El caso es que Dios le concedió el cargo administrativo más alto en el reino; tuvo la oportunidad de perdonar a sus hermanos, de volver a abrazar a su padre, de ofrecer a su familia y a las familias de todos sus hermanos una nueva tierra, un nuevo pueblo, una nación donde salvar sus vidas en un momento de tremenda hambre y carestía. El pueblo de Israel creció y se consolidó en Egipto.

Incendios que dan vida

Hace unos meses me invitaron a dar un taller de oración en Calgary. Tuvimos el curso en un lugar montañoso con zonas inmensas de bosque. Mientras iba por carretera pasamos por un bosque amplísimo que se había incendiado, sólo se veían troncos caídos y cenizas. Mi reacción natural fue decir: "¡Qué desastre!" Poco después apareció un gran cartel que decía: "Incendios que dan vida". El fuego forma parte del sistema de regeneración de un bosque. Cantidad de semillas permanecen encerradas en las piñas hasta que el calor de un incendio las libera. Las cenizas fertilizan el campo. Gracias a incendios de hace 30 años tenemos ahora bosques espléndidos.

Es necesario ver el conjunto en perspectiva. La oración es el mirador.

Cuando el sufrimiento y el misterio se hacen presentes en la propia vida, tenemos en las manos un momento privilegiado para hacer oración. No necesariamente se encuentran respuestas; más aún, rara vez se encuentran explicaciones lógicas a lo que sucede, pero es tiempo fecundo para crecer en el conocimiento personal, para reconocer los propios límites, dejarse interpelar por Dios que nos llama a la conversión y anclar la vida en una confianza inquebrantable en la providencia de Dios.

La historia es como un río que lleva su curso; en el camino encuentra tropiezos y remolinos, pero sigue su curso. Y el Plan de Dios se cumplirá. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo. (Jn 16,33)

Yo confío en ti, Señor,
te digo: tú eres mi Dios.
En tus manos están mis azares (...);
qué bondad tan grande, Señor,
reservas para tus fieles,
y concedes a los que a ti se acogen.


Cuando Dios permite que suframos sus hijos, nos ofrece una oportunidad de purificación y, sobre todo, de alguna manera nos dice: "No busques más razones, me tienes a mí como respuesta".

Yo decía en mi ansiedad:
me has arrojado de tu vista;
pero tú escuchaste mi voz suplicante
cuando yo te gritaba
.

Tu oración la escucha el mismo Dios que vio en la cruz a su único Hijo, Jesucristo: el crucificado que redimió a la humanidad.

La presencia infalible de Dios Padre y el ejemplo silencioso de Cristo crucificado se manifiestan a la hora de la prueba como una nueva epifanía del amor personal de Dios en tu vida. No hay manera de demostrarlo, pero quizá es una experiencia que habrás vivido más de alguna vez. Cuando abres la puerta de la fe, Él te ayuda a encajar el golpe, a recuperar la paz y a experimentar con más fuerza aún su paternidad.

Piénsalo un poco. En tu propio sufrimiento, al cabo de los años, ¿has experimentado de alguna manera la mano Providente de Dios? Si no es así, convérsalo con Él.

Fuente Catholic.net


martes, 24 de enero de 2012

LIBRO RECOMENDADO

Fabrice Hadjadj, Tenga usted éxito en su muerte. Traducción de Sebastián Montiel. Nuevo Inicio.
En 2009 publicó La fe de los demonios, juzgado por Juan Manuel de Prada como "el mejor libro de teología divulgativa que se ha escrito en décadas".

Hablamos de Fabrice Hadjadj (Nanterre, 1971), un pensador francés de origen judío y criado por unos padres de ideología maoísta, que en 1998 se convirtió al catolicismo y desde entonces ha producido obras todas ellas de calado y profundidad, y que suponen ya una corriente propia dentro de la reflexión cristiana en estos inicios del siglo XXI. Es profesor de Filosofía y de Literatura y colaborador en el diario Le Figaro.

La editorial Nuevo Inicio, de Granada, un audaz proyecto del arzobispo Javier Martínez, está introduciendo su obra en España. Además de la citada, en 2010 publicó La profundidad de los sexos, un ensayo sobre el sentido moral profundo de la somaticidad y de la diferenciación sexual y las riquezas que esconde más allá de la trivialización relativista.

Y a finales de 2011 ha llegado Tenga usted éxito en su muerte. Anti-método para vivir, donde se confirma la capacidad de Hadjadj para afrontar los temás más comprometidos sin respeto alguno a las ideas ambientes, y con total respeto, sin embargo, a la sabiduría perenne de la religión.

La muerte como liberación
La idea central de esta última obra es conocida para la espiritualidad cristiana: el apego a los bienes de este mundo (materiales, pero también inmateriales, como la fama o el poder) hace más difícil el único momento cierto que sabemos ha de llegarnos alguna vez. La muerte, claro está.

 

En ese sentido, la obsesión por el triunfo en la vida no hace sino abocarnos a un fracaso en el tránsito a la vida de verdad. Hadjadj lo expresa sin ambages: "No hay fracaso más amargo que cuando la muerte viene a sorprendernos habiendo tenido éxito en el mundo". Y formula su paradoja: "Merece la pena preguntarse si no será mejor, en lugar de tener éxito, intentar ser pobre y desgraciado: la muerte llegaría entonces como una liberación".

Se trata, por supuesto, de una provocación intelectual al lector, pero recoge una inquietud que ya expresó San Agustín: "Hay cosas que Dios niega por clemencia y cosas que concede por cólera". Y a veces somos muy infelices cuando conseguimos saciar todos nuestros apetitos, porque entonces cualquier carencia mínima nos contraría.

Incluso la muerte, que es para el organismo vivo el máximo mal, puede ser en esa perspectiva un bien: "Por amarga que sea, se convierte en la última misericordia. Nos arranca la máscara, nos revela la falsedad en la que nos arrellanamos, nos tiende una última mano para que no nos hundamos del todo en la mentira y la frivolidad".

La alegría de la fe
Pero estas páginas de Hadjadj son todo lo contrario que sombrías o tétricas. Proclaman la alegría de saber vivir relativizando la vida, para encarar con la mejor disposición posible la puerta a lo absoluto que es el adiós a esta tierra: "La búsqueda de la felicidad es una búsqueda de la buena muerte".

Y la pregunta a la que nos responde este libro es la siguiente: "¿Qué tengo que hacer para morir bien? ¿Qué muerte debo preferir y qué existencia debo llevar en consecuencia?".

A partir de ahí, nos encontramos con el habitual recorrido de Hadjadj por el Antiguo y el Nuevo Testamento, por los hitos fundamentales de la cultura occidental, por personajes y situaciones de nuestros días. Cada uno de ellos es una palanca para hacernos pensar, y él sabe cómo pulsarlas todas.

De tal forma que Tenga usted éxito en su muerte no es (empezando por el título, con irónico sonsonete publicitario) un libro de espiritualidad, pero sí una refutación espiritual de las ideas más equivocadas de nuestra época, y una propuesta alegre de sus contrarias, todas radicadas y enmarcadas por la fe en Cristo Jesús.

Palabras que no pasarán
En otros tiempos, San Alfonso María de Ligorio podía escribir su Preparación para la muerte y se le daban las gracias. Hoy, alguno considerará el de Hadjadj casi una ofensa, un insulto a la "soberbia de la vida" que censura San Juan en su epístola (1 Jn 2, 16) pero que constituye el meollo de nuestra cultura antropocéntrica.

Da igual. Esas quejas son tan caducas como las hojas de otoño, mientras que las palabras contenidas en esta obra son tan eternas como el cielo cuyas puertas quieren abrirnos.
Publicado en ReL

lunes, 23 de enero de 2012

COMENTARIO A LA LITURGIA DEL DÍA

Antiguamente muchas propiedades se conocían con el nombre del dueño. Aún quedan restos de aquella época en que las propiedades iban unidas a una persona. Sucedía también con las empresas, que se denominaban según el apellido del fundador o del propietario. Nuestra alma debería ser la casa de Dios. Jesucristo es el divino huésped que busca alojamiento en nuestro interior. Cuando Él está con nosotros podemos hablar de vida interior; si Él falta sólo encontramos vacío o algo peor. Dice el Pseudo Macario: “¡Hay de aquella casa en que fatalmente el maestro está ausente, en que el Señor está lejos! Está deteriorada, caída en ruinas, llena de manchas y de desorden. Ella se convierte, según la palabra de un profeta, en guarida de serpientes y de demonios”.

En mi infancia solía veranear en un pueblo, cada año más deshabitado y, sin embargo, para mi pequeña mente lleno de atractivos. Conforme se iban los aldeanos aumentaba mi interés porque eran más las casas abandonadas que iniciaban su proceso de derrumbe y se convertían en lugar privilegiado para los juegos. No hay pueblo de España en que alguna casa abandonada no se haya convertido, en la mente de los niños, en lugar habitado por fantasmas. Si donde no hay un hombre se derrumba el edificio, cuando falta Dios se estropea el alma.

En el Evangelio de hoy leemos como sus adversarios acusan a Jesús de expulsar demonios por arte de Belzebú. Jesús les responde señalando que si los demonios son expulsados es porque actúa en el nombre de Dios, porque “¿cómo va a echar Satanás a Satanás?”. Eso es evidente y sólo una cerrazón muy obtusa puede entender lo contrario. Son los prejuicios y la búsqueda de motivos para no creer. Sucedía entonces y sigue pasando ahora. Pero añade aún otra enseñanza que interpreto así.

Jesús expulsa demonios, es decir, libera al hombre de la esclavitud del pecado. Eso podían constatarlo hace dos mil años y continúa sucediendo por la acción de la Iglesia. Pero si eso no se reconoce, es más, si se niega entonces la situación de aquellas personas pasa a ser peor. Al no reconocer a quien los ha liberado, abren sus puertas para que el mal y el demonio vuelvan a apoderarse de sus almas. Es terrorífico observar como personas que han servido al Señor y experimentado su gracia por soberbia o abandono acaban siendo enconados enemigos suyos. Pasa por no querer estar con Jesús. Entonces, en vez de recoger se desparrama.

Al ser llamados a la vida de la gracia se nos invita a algo más que a una simple restauración de nuestro interior. Se nos llama a vivir en amistad con Jesucristo. En esa amistad consiste la vida cristiana, teniendo en cuenta que somos llevados a ella por la acción de la gracia. Si se abandona a Jesús, y nos quedamos con nuestras solas fuerzas, fácilmente caemos más bajo de donde habíamos sido rescatados. Y negar el poder de Cristo y ser pertinaces en el mal equivale a resistirse a la gracia del Espíritu Santo y, mientras se persiste en esa situación, no podemos ser personados.

Que la Virgen María, que levó a Jesús en su seno y lo concibió por la fe en el corazón, nos ayude a conservar una digna morada en nuestra alma para nuestro Salvador.

domingo, 22 de enero de 2012

VEN POR TÍ MISMO

lA IDEA SE LE OCURRIÓ A UN PÁRROCO DE QUEBEC.

"Cuando naciste,
tus padres te trajeron aquí.Cuando os casasteis,
vinisteis aquí.Cuando sean tus funerales,
tu familia te traerá aquí.De vez en cuando,
podrías venir aquípor ti mismo".


Publicado en ReL

sábado, 21 de enero de 2012

DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio
 
Después que Juan fue entregado, Jesús se marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios; decía:
«Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio».
Pasando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés, el hermano de Simón, echando las redes en el mar, pues eran pescadores. Jesús les dijo:
«Venid en pos de mí y os haré pescadores de hombres».
Inmediatamente dejaron las redes y lo siguieron.
Un poco más adelante vio a Santiago, el del Zebedeo, y a su hermano Juan, que estaban en la barca repasando las redes. A continuación los llamó, dejaron a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros y se marcharon en pos de él.
Mc 1, 14-20
 
Jesús da comienzo a su actividad de proclamación del Evangelio y también empieza a crear un grupo de discípulos que serán llamados y enviados a continuar su misión. Con Él ha llegado el reino de Dios, en su persona se inaugura, Él trae la salvación al ser humano. La condición indispensable para entrar a formar parte del Reino, para recibir la salvación de Dios, es la conversión, convertirse y creer. La conversión es un cambio radical que se produce en la persona como consecuencia del encuentro con Cristo. No consiste en esforzarse un poco más de lo habitual en la práctica de la vida cristiana, ni tampoco en realizar algunos sacrificios con la finalidad de moderar el temperamento. No es cuestión de perder un poco menos de tiempo en la televisión, o en Internet, ni significa aumentar ligeramente la oración, o los donativos a los necesitados. Eso puede quedarse al final en meros retoques de fachada, arreglos de imagen del todo insuficientes. La conversión consiste en afrontar y llevar a término, con decisión, la reforma total del edificio, la reforma profunda de la vida.
Hay que empezar venciendo una tentación inicial, la de pensar que se trata de una utopía inalcanzable, un imposible. En realidad, no es tan difícil, y consiste más en dejarse cambiar el corazón por el Señor que en esforzarse por cambiar, desde una actitud voluntarista. Cambiar la ruta, la meta de la vida, para que el eje vertebrador sea Cristo, para que Él sea el centro al que subordinamos todos los demás valores: familia, trabajo, aficiones, etc. Un cambio radical de mentalidad y de corazón. Este cambio llega porque Cristo nos fascina, nos atrae, nos enamora. Cristo sale al encuentro de todo ser humano y se presenta como Camino, Verdad y Vida, para saciar su sed de felicidad, para llenar de sentido su existencia. Por eso, hemos de propiciar el encuentro profundo con Cristo, la experiencia de fe que revolucionará la vida y la comprometerá hasta el fondo, la vivencia transformadora a partir de la cual se inicia una relación de intimidad con Él y una vida radicalmente nueva. La vocación de los cuatro primeros discípulos es un ejemplo de la respuesta del hombre que se convierte a Dios.
El que llama es Dios. Toda vocación es un don de Dios y se fundamenta en la elección gratuita y precedente de parte del Padre. Y toda vocación cristiana siempre tiene lugar en la Iglesia y mediante ella. Esto se manifiesta, de un modo particular, en aquellos a los que Cristo invita a dejarlo todo para seguirle compartiendo vida y misión. La vocación al sacerdocio ministerial comienza por un encuentro con el Señor, que llama a dejarlo todo y seguirle, que quiere que su llamamiento se prolongue en una vida de amistad con Él y de misión que compromete toda la existencia. Como Simón, Andrés, Santiago y Juan.
 
+ José Ángel Saiz Meneses
obispo de Tarrasa

viernes, 20 de enero de 2012

UNA INTELIGENCIA CREADORA

Recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida y el ADN muestran la existencia de una “inteligencia creadora”, afirma ahora Antony Flew
Considerado hasta 2004 el filósofo ateo más férreo e influyente del mundo, Antony Flew acepta ahora la existencia de Dios. En su libro Hay un Dios: Como el ateo más notorio del mundo cambia de parecer, Flew explica el porqué de ese cambio: recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida y el ADN revelan la existencia de una “inteligencia creadora”, asegura.
Según informaba el pasado 16 de abril Aceprensa, durante más de cinco décadas, este filósofo inglés fue uno de los más vehementes ateos del mundo. Escribió libros y, con audiencias multitudinarias, debatió con conocidos pensadores creyentes, entre otros con el célebre apologista cristiano C. S. Lewis.
Sin embargo, en el que celebró en la Universidad de Nueva York en 2004, los asistentes quedaron sorprendidos cuando Flew anunció que para entonces ya aceptaba la existencia de Dios y que se sentía especialmente impresionado por el testimonio del cristianismo.
En su libro, cuyo título original es There is a God. How the world’s most notorious atheist changes his mind (Nueva York: Harper One, 2007), Flew no sólo desarrolla sus propios argumentos sobre la existencia de Dios, sino que argumenta frente a los puntos de vista de importantes científicos y filósofos acerca de la cuestión de Dios.
Su investigación le llevó a examinar, entre otros, los trabajos críticos David Hume al principio de causalidad y los argumentos de importantes científicos como Richard Dawkins, Paul Davies y Stephen Hawking. Otro de los pensamientos sobre Dios que tomó como referencia fue el de Albert Einstein, ya que, lejos de lo que afirman ateos como Dawkins, Einstein fue claramente creyente.

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jueves, 19 de enero de 2012

ALÉGRATE, EL SEÑOR ESTÁ CONTIGO

El pasado 18 de Diciembre Carlos, Miguel y Pedro eran ordenados presbíteros en la Catedral Primada por D. Braulio Rodríguez.
La homilía era un canto a la alegría al saber que Dios no nos abandona nunca y eso, siempre es actual, aunque ahora ya no estemos en Adviento.
La reproducimos a continuación:


Mi saludo más cordial, hermanos, en este día que, como un estupendo aguinaldo, la Iglesia diocesana se enriquece con tres nuevos presbíteros y tres nuevos diáconos. ¡Dios sea bendito! Sé que tengo la dicha de ordenar presbíteros en unas proporciones razonables, pero siempre pienso también en la Iglesia universal y, sobre todo, en la persona misma del sacerdote ordenado, para que sienta siempre la alegría inmensa de ser sacerdote de Jesucristo, por Él mimado y servirle a Él con nuestra vida pequeña y grande a la vez. Felicidades, hermanos ordenandos, presbíteros y diáconos. Felicidades al Seminario y a la familia religiosa a la que pertenece uno de los diáconos; felicidades a vuestros padres y familiares, y también a las parroquias donde vivisteis la fe antes de ser seminaristas; también a las que ya ahora servís. Vuestra vida se llena de sentido cuando aparecen las personas concretas a las que vais a ayudar.

Es este un domingo hermosísimo de Adviento; el cuarto, centrado en la Virgen Madre. No puedo olvidar que en un domingo IV fui ordenado Obispo va a hacer ya 24 años. La primera palabra que quisiera meditar con vosotros, querido ordenandos, es el saludo del ángel a María: Xaire, “Te saludo, María”. Esa es una traducción, pero el original griego es más bien “alégrate”, “regocíjate”. Lo cual es sorprendente: ¿Por qué no dijo el ángel al entrar en casa de María: “shalom” y saludó con el saludo de los griegos? No sabría dar una respuesta convincente. Pero lo que es seguro es que los griegos que leyeron el evangelio de Lucas 40 años después sintieron que el Evangelio se abría también al mundo de los pueblos, no sólo al pueblo judío, aunque también. Sí, porque las palabras del ángel son la repetición de la promesa profética del libro del profeta Sofonías: “alégrate, hija de Sión; el Señor está contigo y viene a morar dentro de ti” (Sf 3,14). Tenemos, pues, la seguridad de que la Virgen en seguida comprendió que eran las palabras del profeta. Lo que hace reflexionar a María, sin embargo, es que esas palabras, dirigidas a todo Israel, se dirigen de un modo particular a Ella, y que con ellas el Señor tiene una intención especial para Ella; que está llamada a ser la verdadera morada de Dios, una morad no hecha de piedras, sino de carne viva, de un corazón vivo. Acostumbraos, queridos ordenandos, a sentir que Dios no se dirige a ti en general, te ama concretamente, a ti; acostúmbrate a enseñar esto a los niños, jóvenes, matrimonios, adultos: Dios nos habla personalmente por Cristo.

“Alégrate”, “regocíjate” es propiamente la primera palabra que resuena en el Nuevo Testamento, porque el anuncio hecho a Zacarías sobre el nacimiento del Bautista resuena en el umbral de ambos Testamentos, y sólo con este diálogo, que el ángel entabla con María, comienza realmente el NT. Pero, como veis, la primera palabra es una invitación a la alegría. Es un “Evangelio”, una “buena nueva” que nos trae alegría. Porque Dios no está lejos de nosotros, ni es desconocido, enigmático, tal vez peligroso. Dios está cerca de nosotros, tan cerca que se hace niño, y podemos tratar de “tú” a este Dios. Sobre todo el mundo griego percibió, como digo, esta novedad; sintió profundamente esta alegría, porque para ellos no era claro que existiera un Dios bueno, o un Dios malo, o simplemente un Dios. La religión de entonces les hablaba de muchas divinidades; por eso, se sentían rodeados por divinidades muy distintas entre sí, opuestas unas a otras, de modo que debían temer que, si hacían algo a favor de una divinidad, la otra podía ofenderse o vengarse. Así, vivían en un mundo de miedo, sin saber nunca cómo salvarse de esas fuerzas opuestas entre sí. Era un mundo de miedo, un mundo oscuro.

Y ahora escuchan decir: “Alégrate, esos demonios no son nada; hay un Dios verdadero, y este Dios verdadero es bueno, nos ama, nos conoce, está con nosotros hasta el punto de que se ha hecho carne”. Esta es la gran alegría que anuncia el cristianismo, que tenéis que anunciar vosotros, los que vais a ser ordenados hoy. Sería triste que a nosotros, los católicos, no nos sorprendiera esta noticia, que no la percibiéramos como alegría liberadora. Porque si miramos al mundo de hoy, donde en tantos ámbitos Dios está ausente, debemos constatar que también está dominado por los miedos, por las incertidumbres: ¿es un bien ser hombre, o no?, ¿es un bien vivir, o no?, ¿es realmente un bien existir?, ¿o tal vez todo es negativo? En realidad, mucha gente vive en un mundo oscuro, y en muchas ocasiones necesitan anestesias para poder vivir. Vemos ahora como la palabra: “Alégrate, porque Dios está contigo, está nosotros”, es una palabra que abre realmente a un tiempo nuevo. Os pido, hermanos, que con un acto de fe acojamos de nuevo y comprendamos en lo más íntimo del corazón esta palabra liberadora: “alégrate”. Pero esta alegría que hemos recibido no podemos guardarla sólo para nosotros. Esto os lo digo ante todo a vosotros, los ordenandos. La alegría se debe compartir siempre. Una alegría se debe comunicar. María corrió inmediatamente a comunicar su alegría a su prima Isabel. Así se ha convertido en la gran Consoladora, en nuestra Madre, que comunica alegría. Confianza, bondad, y nos invita a distribuir también nosotros la alegría. Esta ha de ser nuestro compromiso: llevar la alegría a los demás, en especial, la alegría más profunda, la alegría de haber conocido a Dios en Cristo. Este es un buen regalo de Navidad y no lo a veces costosos regalos que requieren tiempo y mucho dinero y, en ocasiones, nada consiguen.

Hay otra palabra también importante en el anuncio del ángel: “No temas, María”. En realidad había motivo para temer, porque llevar ahora el peso del mundo sobre sí, ser la madre del Rey universal, ser la Madre del Hijo de Dio, constituía un gran peso, un peso muy superior a las fuerzas de un ser humano. Por eso el ángel dice a María: “No temas”. Sí, tú llevas a Dios, pero Dios te lleva a ti. No temas. También a vosotros, enseguida presbíteros y diáconos, va dirigida esta palabra. En María penetró hasta el fondo de su corazón, y ¡la recordó tantas veces! Cuando Simeón le dice: “Este hijo tuyo será signo de contradicción… y un espada te traspasará el corazón”. En la vida de Jesús constantemente se desencadenarán contradicciones en torno a Él: “Está loco”; “tiene un demonio”; “es comilón y bebedor”. Y María escucha siempre en estas ocasiones; “No temas”. Lo escuchó, sobre todo, en el encuentro con su Hijo camino del Calvario, y luego al pie de la cruz, cuando parece que todo está acabado. Ella escucha una y otra vez: “No temas”. Y así, con entereza, está al lado de su Hijo que agoniza y, sostenida por la fe, va hacia la Resurrección, hacia Pentecostés, hacia la fundación de la nueva familia de la Iglesia.

Ya hemos destacado que nuestro mundo actual es un mundo de miedos: miedo a la miseria y a la pobreza, miedo a las enfermedades y a los sufrimientos, miedos a la soledad y sobre todo a la muerte. Y un miedo terrible a hacer esfuerzos, a cambiar la mentalidad de nuestros niños y jóvenes, mimados en excesos, aburridos si no tienen artilugios, cosas para divertirse. Vosotros, queridos ordenandos, tenéis que decir a muchos que Cristo nos anuncia: “No temas, yo estoy siempre contigo”. Podemos caer, pero al final caemos en las manos de Dios, y las manos de Dios son buenas manos. Y una tercera palabra, con la que responde María al ángel: “He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Dice “sí” a la voluntad grande de Dios, una voluntad aparentemente demasiado grande para un ser humano, pero anticipa la tercera invocación del Padre nuestro: “Hágase tu voluntad”. ¿Es posible que vosotros digáis “sí” con vuestra vida de servicio total a los demás? Hoy se piensa que no, que cada uno se resuelva sus problemas, sin gratuidad, todo remunerado.

María dice “sí” a Dios, entra dentro de su voluntad, inserta toda su existencia en la voluntad de Dios, y así abre la puerta del mundo a Dios, la puerta que Adán y Eva habían cerrado. María nos invita a decir también nosotros ese “sí”, que a veces resulta tan difícil, pero no siempre. Hay que ser valientes, porque la voluntad de Dios es buena. Al inicio puede parecer un peso insoportable, pero en realidad la voluntad de Dios no es un peso; nos alas para volar muy alto. Atrevámonos, pues, a abrir a Dios la puerta de nuestra vida, las puertas de este mundo. Queremos pedirle a Dios, por la intercesión de María, la Consoladora, que os dé valentía a vosotros, los que hoy asumís esta tarea de ser en la Iglesia presbíteros y diáconos, pero también los que recibís la gracia del sacramento de Cristo, la fuerza del Espíritu Santo.


X Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo

Primado de España

miércoles, 18 de enero de 2012

OCHO DÍAS PARA ORAR...


... por la UNIDAD DE LOS CRISTIANOS: "Que todos sean uno para que el mundo crea"

Tradicionalmente, la Semana de oración por la unidad de los cristianos se celebra del 18 al 25 de enero. Estas fechas fueron propuestas en 1908 por Paul Watson para cubrir el periodo entre la fiesta de san Pedro y la de san Pablo.

Son unos días de súplica a la Santísima Trinidad pidiendo el pleno cumplimiento de las palabras del Señor en la Última Cena: “Padre Santo, guarda en tu nombre a aquellos que me has dado, para que sean uno como nosotros” (Juan 17,11). La oración de Cristo alcanza también a quienes nunca se han contado entre sus seguidores. Dice Jesús: Tengo otras ovejas que no son de este redil, a ésas también es necesario que las traiga, y oirán mi voz y formarán un solo rebaño con un solo pastor (Juan 10, 16).

En el Octavario por la Unión de los Cristianos pedimos por nuestros hermanos separados; hemos de buscar lo que nos une, pero no podemos ceder en cuestiones de fe y moral. Junto a la unidad inquebrantable en lo esencial, la Iglesia promueve la legítima variedad en todo lo que Dios ha dejado a la libre iniciativa de los hombres. Por eso, fomentar la unidad supone al mismo tiempo respetar la multiplicidad, que es también demostración de la riqueza de la Iglesia.

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martes, 17 de enero de 2012

EL SECRETO DE LOS REYES

En 1960, el rey Balduino I de Bélgica estaba soltero y sin compromiso. Los esfuerzos de su madrastra por buscarle novia no dieron resultado. Monseñor Suenens, entonces obispo auxiliar de Bruselas, le aconsejó que pidiera la ayuda de la Virgen en el santuario de Lourdes. Le sorprendió la respuesta del monarca: acababa de pasar toda la noche en oración ante la gruta de las apariciones, confiándole a la Virgen la solución del problema de su matrimonio. El rey quería una esposa que compartiera su fe. Suenens le sugirió entonces que se pusiera en contacto con una mujer irlandesa a la que había conocido en Lourdes. Se llamaba Verónica O´Brien y era promotora de la Legión de María. Balduino, en una entrevista que duró cinco horas, le confió a Verónica su preocupación por acertar en la elección de su esposa. Ella le invitó a buscar la solución en la católica España.
Verónica partió en secreto para Madrid. Un amigo aconsejó a Verónica entrevistarse con la directora de una prestigiosa escuela femenina de la ciudad, que le acompañó a visitar a una de sus antiguas alumnas; su nombre era Fabiola de Mora y Aragón.

Estímulo para amar a Dios

Tras conocer la gestión realizada, el rey pidió a Verónica que invitara a Fabiola a pasar unos días en Bruselas. Por fin, accedió a realizar el viaje, y se encontró en secreto con Balduino en la casa de Verónica. Antes de iniciarse el noviazgo, Fabiola acudió a Lourdes para confiar a la Virgen su decisión última. Unas semanas después, regresaría al santuario acompañada de Balduino. El 6 de junio de 1960, se vieron en Lourdes a las siete de la tarde. El rey relataría más tarde: «Después de una rápida presentación, nos adentramos los dos por un camino solitario. Durante cerca de tres horas intercambiamos nuestras impresiones sobre la situación. En pocos minutos, la amistad creció con la ayuda de Nuestra Señora para que, antes de separarnos el día 10, pudiéramos decirnos un Sí el uno al otro».

Los días 7 y 8 volvieron a verse en la cripta, oyeron misa juntos y continuaron la conversación iniciada el primer día. Balduino confesará: «Lo que más me atrae de ella es su humildad, su confianza en la Santísima Virgen y su transparencia. Sé que será para mí un gran estímulo para amar a Dios cada día más». Finalmente, el 15 de septiembre contraen matrimonio en Bruselas.

Un corazón más libre

Entre 1961 y 1963, la reina sufre tres abortos. Ante 700 niños a los que recibe en el castillo de Laeken, Balduino afirma: «Nos hemos preguntado por el sentido de este sufrimiento; poco a poco hemos ido comprendiendo que nuestro corazón estaba así más libre para amar a todos los niños, absolutamente a todos».

En libro biográfico que escribió el cardenal Suenens, le pregunta a Balduino por el secreto de su matrimonio: «No hay que buscarlo lejos; reside en la profundidad de la vida espiritual. Dicho de otro modo, en la unión con Dios, vivida en cristiano, día a día, y traducida en gestos cotidianos de servicio a los demás».

Balduino renunció a sus funciones como Jefe de Estado, durante 44 horas, entre el 3 y el 5 de abril de 1990, al oponerse a la ley de despenalización del aborto, y evitar tener que sancionarla. Obró así porque esa ley atentaba contra el derecho a la vida y chocaba con sus creencias católicas. Corrió el riesgo de que el Parlamento no aprobase su regreso al poder.

Olvido de sí mismo

Balduino amaba a Fabiola no por amor de Dios, sino con el amor de Dios: «Casi todos los días veo en mi vida signos palpables del amor de Dios. Fabiola ha sido y sigue siendo uno de los más destacados. Algunas veces me he preguntado si todo esto no era demasiado maravilloso para ser verdad».

El 14 de diciembre de 1990, tras 30 años de matrimonio, la reina expresó sus sentimientos en un mensaje radiotelevisado: «Os diré simplemente que fueron años de felicidad, debidos por una parte a la amabilidad de mi marido, a sus atenciones, a un constante olvido de sí mismo que no faltó jamás. Ese olvido de sí a favor del otro es, de verdad, la clave de un matrimonio feliz. Pues amor y alegría es todo uno, lo cual no excluye el sufrimiento. El compartir las mismas pruebas consolida el amor».
Publicado en Alfa y Omega

lunes, 16 de enero de 2012

HOMBRES DE DIOS

Y entre ellos, algunas caras conocidas.
Oramos hoy  por nuestros sacerdotes y seminaristas.

domingo, 15 de enero de 2012

D. MARCELO

Recibí, hace unas semanas, copia de una carta, hermosa y rica en contenido, que nuestro querido don Pablo Barrachina escribió a un sacerdote de Alicante, en octubre de 1964. En uno de los párrafos, dice: «Hace unos días, el señor obispo de Astorga, mi buen amigo don Marcelo González, en una de las mejores intervenciones de los españoles, habló de instituciones post-conciliares, que habrían de ser para el clero diocesano e interdiocesano lo que fueron los Seminarios tridentinos para los seminaristas. Sin citar el nombre de Casas sacerdotales, que, por ser palabra española, no hubieran entendido, estuvo hablando de ellas los diez minutos. Parece que estaba hablando de nuestra Casa sacerdotal. Y con los mismos pensamientos que tantas veces hemos comentado. ¡La gocé lo indecible y hasta me emocioné...! Gracias a Dios. La Asamblea siguió su exposición con el aliento inhibido».
Qué forma tan oportuna de recordar, con esta carta, aquí y en otras partes, a don Marcelo González Martín. En ese momento, don Marcelo era obispo de Astorga. Más tarde, fue arzobispo de Barcelona y, finalmente, cardenal arzobispo de Toledo. En las tres diócesis, lo mismo que antes en la suya de Valladolid, celebraba el día 16 de enero su santo y su cumpleaños. Somos muchos los que, en esa fecha, lo recordamos con cariño y con gratitud. Y, a primera hora de la mañana, repetimos: ¡Felicidades, don Marcelo!
La mencionada carta de don Pablo trae a mi memoria otra intervención conciliar suya -no menos oportuna y enriquecedora-, valorada igualmente por quienes la oyeron o comentaron fuera del aula conciliar. Se recoge, con leves matices de redacción, en este párrafo de la Constitución dogmática sobre la Iglesia, Lumen gentium, 13: «De aquí se derivan, finalmente, entre las diversas partes de la Iglesia, unos vínculos de íntima comunión en lo que respecta a riquezas espirituales, obreros apostólicos y ayudas temporales. Los miembros del pueblo de Dios son llamados a una comunicación de bienes, y las siguientes palabras del Apóstol pueden aplicarse a cada una de las Iglesias: El don que cada uno ha recibido, póngalo al servicio de los otros, como buenos administradores de la multiforme gracia de Dios».
Una brújula segura
Una y otra intervención en el aula conciliar no sólo rememoran, sino que hacen presente a este Padre conciliar, cuya memoria quiere ser oración y recuerdo, ruego y gratitud. Por esta razón que nuestro querido Papa Benedicto XVI aduce, en su Carta apostólica Porta fidei:
 
«Con el Concilio se nos ha ofrecido una brújula segura para orientarnos en el camino del siglo que comienza -citaba aquí a su predecesor el Beato Juan Pablo II-. Yo también deseo confirmar con fuerza lo que dije a propósito del Concilio pocos meses después de mi elección como sucesor de Pedro: Si lo leemos y acogemos guiados por una hermenéutica correcta, puede ser y llegar a ser cada vez más una fuerza para la renovación siempre necesaria de la Iglesia».
La renovación de la Iglesia, explica a renglón seguido el Santo Padre, pasa también a través del testimonio ofrecido por la vida de los creyentes... De los creyentes de ayer, hoy y mañana. Por el testimonio de vida cada vez más creíble.
Don Marcelo es, para todos los que le conocimos, una inspiración certera en la interpretación del Concilio que pide el Papa. Próximos a los cincuenta años de aquel acontecimiento de gracia, somos invitados como los cristianos de los primeros tiempos, con las palabras de la Carta a los Hebreos, a mirar a «aquellos guías nuestros que nos anunciaron la Palabra de Dios, a contemplar el desenlace de su vida e imitar su fe». Y lo que vemos al contemplar su vida es la magnanimidad y la lucidez del pastor que ama mucho a su pueblo. Con espíritu apostólico, recogió la inspiración del testamento de Pablo a los ancianos de Éfeso: «Tened cuidado de vosotros y de todo el rebaño sobre el que el Espíritu Santo os ha puesto como guardianes para pastorear la Iglesia de Dios». Seguía así la tradición tridentina, que no ignoraba que la renovación de la Iglesia comienza por la renovación de los pastores. Ésa era su intuición al comparar las Casas sacerdotales a los Seminarios conciliares.
Al fijarnos en la vida de don Marcelo, en este 16 de enero con sabor a Concilio, reconocemos en él al Padre conciliar, que ejerció su magisterio en comunión con sus hermanos y con el sucesor de Pedro. Y se nos viene a la cabeza aquella sentencia del libro del Eclesiástico: en la Asamblea le pide que hable, «derramará como lluvia sabias palabras». Y, viendo el desenlace de su vida, resulta fácil reconocer en ella la actualización de unas palabras bíblicas llenas de esperanza: «Lo que el Señor quiere prosperó por su mano».
Éste es nuestro gozo: saber que, siguiendo su ejemplo, podremos en este tiempo, como él hizo en el suyo, acercarnos a los hombres de esta época -como nos pide el Papa en su última Carta- para seguir abriendo ante ellos la puerta de la fe.
 
+ Rafael Palmero Ramos
Obispo de Orihuela-Alicante para Alfa y Omega

sábado, 14 de enero de 2012

DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio
En aquel tiempo, estaba Juan con dos de sus discípulos y, fijándose en Jesús que pasaba, dice:
«Éste es el Cordero de Dios».
Los dos discípulos oyeron sus palabras y siguieron a Jesús. Jesús se volvió y, al ver que lo seguían, les pregunta:
«¿Qué buscáis?»
Ellos le contestaron: «Rabí (que significa Maestro), ¿dónde vives?»
Él les dijo: «Venid y veréis».
Entonces fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él aquel día; era como la hora décima.
Andrés, hermano de Simón Pedro, era uno de los dos que oyeron a Juan y siguieron a Jesús; encuentra primero a su hermano Simón y le dice:
«Hemos encontrado al Mesías (que significa Cristo)».
Y lo llevó a Jesús. Jesús se le quedó mirando y le dijo:
«Tú eres Simón, el hijo de Juan; tú te llamarás Cefas (que se traduce: Pedro)».
Juan 1, 35-42
Andrés y Juan eran dos idealistas llenos de inquietudes, que buscaban el reino de Dios. Por eso habían ido hasta la ribera del Jordán y seguían a Juan Bautista. Pero, aquella tarde, iba a suceder algo que cambiaría radicalmente sus vidas. Cuando el Bautista les señala al Mesías, inmediatamente siguen sus pasos. Y el Señor, como siempre, toma la iniciativa en el encuentro. «¿Qué buscáis?», les dirá, suscitando aquel diálogo que dio lugar a la aventura de Juan, de Andrés, de Simón y de los otros apóstoles. Andrés y Juan buscaban la felicidad, una vida colmada de sentido, un ideal que les llenara el corazón; en el fondo, buscaban a Dios.
Esta búsqueda, tan común en el ser humano, se ha expresado a lo largo de la Historia y se sigue expresando en la actualidad de las más variadas formas. Ellos seguramente sienten curiosidad por conocer a Jesús, pero lo que les interesa sobre todo es plantearle sus inquietudes personales, las preguntas fundamentales de su vida. Por eso le preguntan que dónde vive, a lo que Él responde: «Venid y lo veréis».
Ellos fueron con Jesús, vieron donde vivía y se quedaron con Él aquel día. Cuando el evangelista san Juan habla de ver, no significa la visión material que percibe el exterior de las cosas. Se refiere a una experiencia personal, que engloba el entendimiento y el corazón, el meollo de la persona. Y se quedaron con Él, permanecieron con Él aquel día. Fue aquel un encuentro que cambió enteramente sus vidas, hasta el punto que recordarán para siempre el lugar y la hora.
Así comienza la vida cristiana, después de un encuentro personal con Él.
El Papa Benedicto XVI, en la introducción de su encíclica Dios es amor, lo resume magistralmente: «No se empieza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva».
Cristo sale al encuentro de todo ser humano para presentarse como Camino, Verdad y Vida, para saciar su sed de felicidad, para llenar de sentido su existencia. Y este encuentro con Él, esta nueva existencia vivida con intensidad y con pasión, suscita un estilo evangelizador, testimonial, convencido y convincente, que dimana de este principio elemental: quien ha encontrado a Cristo no puede reservarse esa alegría y ese tesoro para sí mismo. Sería egoísta no compartir el hallazgo, y, además, es psicológicamente imposible no comunicar una alegría tan grande que ha transformado la vida de una persona. El gozo del encuentro con el tesoro que cambia la vida nos impulsa a compartirlo con los demás. Así lo expresa Jesús en el Evangelio.
+ José Ángel Saiz Meneses
obispo de Tarrasa

jueves, 12 de enero de 2012

LA VIRGEN EN TIEMPOS DE CRISIS

Se lo hemos "pillado" a D. Javier en su ¿Estás contento?, que a su vez lo trae de la web del Santuario de Torreciudad. Seguro que con el sentido del humor, y la fe de Leopoldo Abadía, además de pasar un buen rato, vamos a aprender muchas cosas interesantes:

Conferencia de Leopoldo Abadía en Barbastro from Santuario de Torreciudad on Vimeo.

miércoles, 11 de enero de 2012

¿QUIERES REZAR?

Si lees esta entrada en tu lugar de trabajo, en la universidad, el instituto, en casa... interrumpe por unos minutos tus ocupaciones, pensamientos, preocupaciones, y dirige tu corazón a Dios.
Quizás te pueda ayudar esta propuesta. Encuéntrala AQUÍ

martes, 10 de enero de 2012

PENSAMIENTOS SANADORES

Si Dios confía en ti y cree que puedes ser transformado y crecer en santidad… ¿por qué tú no le crees?

Es que algunos cargan con una sensación de desconfianza en sí mismos, que proviene de las palabras negativas que pudieron haberle dicho durante la niñez.

Deja que el Señor sane tu memoria auditiva de frases dañinas que, alguna vez, alguien te dijo, tales como:

“No sirves para nada”, “Eres de lo peor”, “Nunca vas a cambiar”.

Ten presente que nuestro Dios es especialista en cambios. Si lo dudas, lee los Evangelios y te encontrarás con hombres y mujeres a los que Él eligió y que, en un principio, parecían no tener esperanzas de cambio.

Sin embargo, el poder del Espíritu Santo fue transformando sus vidas día a día.

Lo mismo hizo a lo largo de la historia con grandes pecadores.

Entonces, ¿por qué dudas que también puede hacerlo contigo y con quienes amas?

Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía. Juan 1, 50
 
P. Gustavo Jamut

lunes, 9 de enero de 2012

VOCACIONES POR EL MUNDO: EL MATRIMONIO CRISTIANO

sábado, 7 de enero de 2012

EL BAUTISMO DEL SEÑOR

Evangelio
En aquel tiempo proclamaba Juan: «Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».
Y sucedió que, por aquellos días, llegó Jesús desde Nazaret de Galilea y fue bautizado por Juan en el Jordán.
Apenas salió del agua, vio rasgarse los cielos y al Espíritu que bajaba hacia Él como una paloma. Se oyó una voz desde los cielos:
«Tú eres mi Hijo amado, en ti me complazco».
Marcos 1, 7-11
 
La fiesta del Bautismo del Señor cierra el ciclo de Navidad e inaugura la primera semana del Tiempo ordinario. El relato de san Marcos nos presenta a Jesús, que llega desde Nazaret de Galilea para recibir el bautismo de conversión que administraba Juan en el Jordán. De esta manera, termina la etapa de vida oculta y se inaugura su misión a Israel. A través de este gesto, se hace solidario con los pecadores, aunque Él no necesita purificación alguna. Y durante el bautismo se produce una teofanía, una manifestación de Dios: Vio rasgarse los cielos y al Espíritu Santo que bajaba hacia Él. Jesús es ungido por el Espíritu Santo y proclamado Hijo de Dios por la voz del Padre desde el cielo. A partir de aquí, es acreditado como el Mesías esperado y comienza su vida pública.
La expresión rasgarse los cielos es una imagen simbólica, una manera bíblica de decir que Dios va a entrar en comunicación con el hombre, que se unen el cielo y la tierra; es un signo de intercomunicación con Dios que se realiza en Cristo, porque en su persona se establece la comunicación definitiva entre Dios y el ser humano. El Bautismo del Señor significa que el Hijo eterno de Dios asume la realidad de nuestra carne para manifestársenos, y nosotros estamos llamados a dejarnos transformar internamente a su imagen. En esta fiesta deberíamos reflexionar sobre nuestra realidad de bautizados y recordar nuestro compromiso bautismal, con todas sus consecuencias. La vida cristiana comienza en el sacramento del Bautismo. Por el Bautismo somos constituidos hijos del Padre, miembros de Cristo, templos del Espíritu Santo. Por el Bautismo somos incorporados al pueblo de Dios y hechos partícipes de la misión del Señor. El cristiano recibe en el Bautismo una vocación a la santidad y a la misión, una llamada a vivir plenamente su condición de hijo de Dios y a ser testigo de Jesucristo en el mundo.
La santidad es el desarrollo pleno de nuestra personalidad de hijos de Dios. Es gracia de Dios, don suyo, vida nueva que nos ofrece continuamente para poder llegar a esa meta de perfección. La respuesta ha de ser de confianza, de deseo, de colaboración, de correspondencia generosa, desde nuestra libertad. La misión evangelizadora tiene que propiciar una renovación profunda, una auténtica transformación de cada persona y de toda la Humanidad, porque Cristo ha venido para hacer nuevas todas las cosas. ¡Ojalá que nuestro testimonio llegue a rasgar, a vencer las dificultades y prejuicios, y, transmitiendo la alegría y la belleza de la vida cristiana, ayude a los demás a encontrarse con Dios!
 
+ Josep Àngel Saiz Meneses
obispo de Tarrasa

viernes, 6 de enero de 2012

MAGOS


Ahora llamamos magos a los prestidigitadores -que son gente admirable- a los echadores de cartas y a otros embaucadores. Pero los Magos de los que nos habla el Evangelio -siendo admirables- no eran prestidigitadores y no es posible compararlos con algo que exista hoy en día sino, quizá, con los más sencillos y audaces científicos y, concretamente, con los más sencillos y audaces astrónomos que son aquellos que, cuanto más observan las estrellas, más se pasman y no aquellos otros que -habiendo observado las estrellas- ya no hacen sino observar sus ombligos y exhibirlos para pasmo del mundo.
Para empezar resulta admirable que unos persas -o lo que fueran- de hace dos mil años conocieran las profecías de Israel o, por lo menos, tuvieran noticias de ellas. Más admirable aún es que se las tomasen en serio hasta el punto de creerlas inspiradas por el mismo Dios que hizo las estrellas.
 
No eran gente simplona ni apocada ni perezosa. Tampoco lo sabían todo. De hecho estaban muy confundidos y se proponían hacer una cosa que a cualquiera de nosotros nos parecería comprensible -y hasta científica- pero poco elegante: se proponían ir a Judea para postrarse ante el rey de los judíos. Por decirlo de un modo más abrupto, se proponían adular a un hombre y ganarse su amistad mostrándose obsequiosos con él. Esto que hoy nos parece feo -aunque comprensible y científico- es lo que se proponían aquellos magos:
-¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido?
Buscaban al rey de los judíos y -como es natural- se presentaron en Jerusalén. Debió sorprenderles un poquito que los vecinos de Jerusalén no tuvieran noticia del nacimiento de un rey.
-Es que hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo.
 
Por entonces reinaba allí Herodes el Grande y era dificilísimo encontrar un solo vecino de Jerusalén a quien Herodes le pareciera adorable o grande aunque muy pocos se atrevían a decir lo que pensaban del rey y de sus delirios de grandeza.
Sea de ello lo que fuere el caso es que el rey Herodes se enteró. Y cuando se enteró se sobresaltó. Y solo entonces, cuando el rey Herodes se sobresaltó, todo Jerusalén se sobresaltó con él. Da la impresión de que nadie se tomó en serio a aquellos magos hasta que Herodes se sobresaltó y convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país -no es raro que hubiera más de un letrado, pero resulta difícil entender que hubiera en el país más de un sumo pontífice salvo que el título se hubiera devaluado bastante- y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías.
¿Levantó sospechas este repentino interés de Herodes por las Escrituras? ¿Fue, precisamente, ese repentino interés por las Escrituras lo que hizo que todo el mundo se alarmase? No tendría nada de raro: esa especie de teología apresurada suele tener un gran impacto mediático.
Los teólogos apresurados al servicio de Herodes debían fiarse muchísimo de él:
-En Belén de Judá -se apresuraron a decir- porque así lo ha escrito el Profeta.
Entonces Herodes -que quería tener información, pero no deseaba compartirla- llamó en secreto a los magos. No sospechaba Herodes que los magos iban a filtrar todos sus secretos en un evangelio que inspiraría más tarde a los de WikiLeaks. Al final todo se sabe. A los magos no les extrañó el secretismo de Herodes o, si les extrañó, no le dieron importancia. Debieron pensar que Herodes hablaba en serio cuando les dijo: cuando encontréis al niño, "avisadme para ir yo también a adorarlo".
Unos los tomaban por locos, otros por tontos. Herodes quería usarlos. Ellos se pusieron en camino y se pusieron muy contentos porque la estrella volvió a guiarlos hasta el lugar exacto en el que se encontraba el niño. Era una casa. El niño estaba con su madre en una casa. Y ellos entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre y, cayendo de rodillas, lo adoraron -como habían previsto-. Después -como habían previsto- abrieron sus cofres y le ofrecieron regalos: oro incienso y mirra.
Por muy persa que sea, uno no puede dejar de madurar cuando le pasan estas cosas. Aquellos magos habían madurado tanto que merecieron recibir en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes. Y debemos pasmarnos ante la grandeza de esos magos que podían haber hecho caso omiso del oráculo. Podían haber vuelto a Herodes, pero entendieron que no estaba bien adorar a un niño para traicionarlo acto seguido. Así que se marcharon a su tierra por otro camino. Y, aunque el evangelio no lo dice, lo digo yo: cuando llegaron a su tierra les costó horrores convencer a sus amigos de que eran los mismos que habían partido hacia Jerusalén para adorar al rey de los judíos. Parecían más jóvenes, contaban cosas increíbles y estaban muy contentos.
 
Javier Vicens Hualde (sacerdote) del blog ¿Estás contento?