jueves, 23 de abril de 2015

MAKI: LA SONRISA DE UN ANGEL

Macarena Márquez, "Maki", es una niña española que lleva años luchando contra una grave enfermedad que ataca al cerebro, la encefalitis de Rasmussen. 

Su familia ha dado testimonio de su alegría, paciencia, fe y esperanza, que se ven probadas por duras intervenciones quirúrgicas que pueden durar hasta 12 horas y tienen riesgos importantes y secuelas, con crisis, ataques epilépticos y otros momentos duros.

La niña ha afrontado todo con buen humor y apoyada por una ola de oración de muchas personas que han seguido su historia, a través del libro “Maki, la sonrisa de un ángel”, escrito por su madre Carmina Coloma Miró, y también a través de una cuenta de Twitter (https://twitter.com/pormacarena) que va desgranando sus éxitos frente a la enfermedad, éxitos que a veces asombran a los médicos, por ejemplo al conseguir volver a caminar. Esta cuenta de Twitter es un alimento espiritual que pone a rezar a muchas personas.



Maki, vestida de princesa en abril de 2014

Ahora, la familia ha publicado un emocionante vídeo de 9 minutos describiendo esta vida a la vez pequeña y grande que le ha tocado vivir a Maki. Son historias que repiten una tónica de esperanza y alegría ante la adversidad, una esperanza que nace de la sonrisa de la niña.



Un ejemplo de lo que viven los que acompañan a Maki lo escribe su tía Null García en su blog personal: «Cuando todos a su alrededor estábamos con un nudo en la garganta porque le estaba dando una crisis grande, ella aguantaba, y cuando terminaba, se ponía a bailar. No ha derramado ni una sola lágrima y todos a su alrededor hemos llorado como niños (bueno, como no todos los niños). Cuando estaba un poco mejor (aunque caminase mal y estuviese medicadísima) quería jugar al escondite, correr por el jardín del hospital y hacía bromas sin parar. En la última fase de la enfermedad las crisis han sido continuas, pero temblándole constantemente la mejilla ella te cogía la cara y te daba besitos sin parar. Ayer fuimos a verla por última vez antes de la operación, y mientras yo estaba muy nerviosa por cómo iba a salir, ella bromeaba haciendo como que me quitaba la nariz y se la comía. Luego me la devolvía, eso sí. Y me preguntaba qué personaje me pedía en la peli de dibujos que estaba viendo. Y hoy, entraba al quirófano abrazada a su osito Lulú con una sonrisa en la cara. Estaba contenta porque la iban a curar».



Maki, tras una de sus peligrosas operaciones

En el libro destaca una escena especial. Escribe la madre: “un día en misa y al llegar la consagración, Maki seguía algo con la mirada fija de un sitio a otro, como viendo algo sobre el altar, y comenzó a decir: ‘¡Te quiero! ¡Te quiero! ¡Te quiero!’. Yo al verla le pregunté: -‘¿Qué ves, cariño?’. Y Maki contestó con toda normalidad: ‘¡A Jesús, mami!’.

El libro puede adquirirse aquí: el dinero se destina íntegramente al Hospital la Paz para adquirir medios audiovisuales para niños enfermos.

lunes, 20 de abril de 2015

LA VANIDAD: UNA NUBE INTENTANDO TAPAR EL SOL

Damos gracias a Dios por la peregrinación parroquial a Avila. El Señor nos regaló un día precioso de convivencia y de alegría, descubriendo un poco más a Santa Teresa de Jesús.
Compartiremos en los próximos días algún testimonio de lo que hemos vivido en este día tan especial para nuestra Parroquia.

Detengo mis pasos y me quedo mirando al mar, a Jesús junto al mar. Sí, mirando su mar. A veces pienso que no aprovecho el tiempo que Dios me regala. Que se me desdibujan entre los dedos los afanes por tocar el cielo.
 
Como si torpemente quisiera retener la vida que se me regala. Como un derecho. O como un don que pudiera disfrutar siempre en presente. Siempre y cuando me guste pero en presente.
 
El deseo obsesivo de mi alma por querer controlar las cosas. Las teclas del ordenador que responden siempre a mis órdenes. Sin escuchar a Dios. Sin comprender que las teclas de la vida obedecen suavemente a los dedos de Dios, siguiendo el rumbo que ellos dictan.
 
Quiero aprender a escuchar la voz de Dios. Decía el Padre José Kentenich: “Mantendré el núcleo de mi voluntad en un movimiento continuo orientado a decirle en todo momento ‘sí’ a Dios y a solazarme en la grandeza divina. ¡Cuán a menudo giramos en torno a nosotros mismos y dejamos crecer más y más nuestros deseos egoístas!”[1].
 
Sumergirme suavemente en sus manos llenas de misericordia. El sol intenta salir entre las nubes muy torpemente. A ratos parece lograr su meta e ilumina. Pero súbitamente se cansa y se oscurece el día. Como la vida misma.
 
¿Por qué me afano a veces tanto en querer controlar las nubes? Vanidad de vanidades. No acabo de comprender que el fin de la vida no es coleccionar palmadas, recoger en bolsas cientos de halagos, acumular agradecimientos.
 
El halago debilita, escuché el otro día. Tal vez tengan razón. Mucho halago nos debilita, nos despista. La adulación es el medio más mezquino para quitar poder al que lo tiene o servirse de su poder mientras lo tenga.
 
Cuando uno busca su yo, satisfacer el ansia del ego por estar en primer plano, todo halago es poco. Siempre queremos más. Nunca es bastante. Más reconocimiento, más gloria.
 
La vida tiene sus etapas. Hoy estamos aquí y mañana en otra parte. Y los días se suceden. Sólo queda marcado como en un surco en la tierra todo el amor que sembramos.Lo demás son nubes pasajeras que luchan inútilmente por tapar el sol.
 

jueves, 16 de abril de 2015

CATEQUESIS DEL PAPA: VARÓN Y MUJER

En la audiencia general de este miércoles 14 de abril, el papa Francisco profundizó el tema del hombre y la mujer como gran don que Dios dio a la humanidad. A continuación el texto completo.
«¡Queridos hermanos y hermanas, buenos días! La catequesis de hoy está dedicado a un tema central: el gran don que Dios dio a la humanidad con la creación del hombre y de la mujer y con el sacramento del matrimonio. Esta catequesis y la próxima se refiere a la diferencia y a la complementariedad entre el hombre y la mujer, que están en la cumbre de la creación divina; los próximas dos serán sobre el tema del matrimonio.
Iniciamos con un breve comentario a la primera narración sobre la creación, en el libro del Génesis. Aquí leemos que Dios, después de haber creado el universo y a todos los seres vivientes, creó su obra maestra, o sea el ser humano, que hizo a su propia imagen: “A imagen de Dios los creó: varón y mujer los creó”. (Gen 1,27). Así dice el libro del Génesis.
Como todos sabemos, la diferencia sexual está presente en tantas formas de vida, en la amplia escala de los vivientes. Aunque solamente en el hombre y la mujer esta lleva en sí la imagen y semejanza de Dios: ¡el texto bíblico lo repite nada menos que tres veces en dos estrofas (26-27)!
El hombre y la mujer son creados a imagen y semejanza de Dios. Esto nos dice que no solamente el hombre en sí es a imagen de Dios, no solamente la mujer tomada en sí es a imagen de Dios, pero también el hombre y la mujer como pareja, lo son a imagen y semejanza de Dios. La diferencia entre hombre y mujer no es contraposición, o la subordinación, pero para la comunión y la generación, siempre a imagen y semejanza de Dios.
La experiencia nos enseña: para conocerse bien y crecer armónicamente el ser humano tiene necesidad de la reciprocidad entre hombre y mujer. Cuando esto no sucede, se ven las consecuencias. Estamos hechos para escucharnos y ayudarnos mutuamente. Podemos decir que sin en enriquecimiento recíproco en esta relación --en el pensamiento y en la acción, en los afectos y en el trabajo, y también en la fe-- los dos no pueden ni siquiera entender hasta el fondo qué significa ser hombre y mujer.
La cultura moderna y contemporánea ha abierto nuevos espacios, nuevas libertados y nuevas profundidades para enriquecer la comprensión de esta diferencia. Pero ha introducido también muchas dudas y mucho escepticismo.
Por ejemplo me pregunto si la así llamada teoría de género no sea también expresión de una frustración y de una resignación, que tiene en vista borrar la diferencia sexual porque no sabe más confrontarse con ella. Sí, corremos el riesgo de hacer un paso hacia atrás. La remoción de la diferencia de hecho, es el problema, no la solución. Para resolver su problema de relaciones, el hombre y la mujer tienen en cambio que hablarse más, escucharse más, conocerse más, quererse más. Tiene que tratarse con respeto y cooperar con amistad. Con estas bases humanas, sostenidas por la gracia de Dios, es posible proyectar la unión matrimonial y familiar para toda la vida.
La relación matrimonial y familiar es una cosa seria, y lo es para todos, no solamente para los creyentes. Querría exhortar a los intelectuales a no disertar sobre el tema, como si fuera secundario para el empeño en favor de una sociedad más libre y más justa.
Dios ha confiado a la tierra la alianza del hombre y de la mujer: su fracaso vuelve árido el mundo de los afectos y oscurece el cielo de la esperanza. Los señales son ya preocupantes y los vemos. Querría indicar, entre muchos, dos puntos que creo deban empeñarnos con más urgencia.
El primero. Es indudable que debemos hacer mucho más a favor de la mujer, si queremos dar más fuerza a la reciprocidad entre hombres y mujeres. Es necesario de hecho, que la mujer no solamente sea más escuchada, sino que su voz tenga un peso real, un prestigio reconocido en la sociedad y en la iglesia.
El modo mismo con el cual Jesús ha considerado a las mujeres -el evangelio lo indica así- era un contexto menos favorable del nuestro, porque en esos tiempos la mujer era puesta en segundo lugar. Pero Jesús la considera de una manera que da una luz potente que ilumina un camino que lleva lejos, del cual hemos recorrido solamente un tramo. Aún no hemos entendido en profundidad cuales son las cosas que nos puede dar el genio femenino de la mujer en la sociedad. Tal vez haya que ver las cosas con otros ojos para que se complemente el pensamiento de los hombres. Es un camino que es necesario recorrer con más creatividad y más audacia.
Una segunda reflexión se refiere al tema del hombre y de la mujer creados a imagen y semejanza de Dios. Me pregunto si la crisis de confianza colectiva en Dios, que nos hace tanto mal, y nos hace enfermar volviéndonos resignados delante de la incredulidad y del cinismo, no esté conectada a la crisis de alianza entre el hombre y la mujer. De hecho la narración bíblica con el gran cuadro simbólico sobre el paraíso terrenal y el pecado original, nos dice justamente que la comunión con Dios se refleja en la comunión de la pareja humana y que la pérdida de la confianza en el Padre celeste genera división y conflicto entre el hombre y la mujer.
De aquí se ve la gran responsabilidad de la Iglesia y de todos los creyentes, y sobretodo de las familias creyentes, para descubrir la belleza del plan creador que pone la imagen de Dios, también en la alianza entre el hombre y la mujer. La tierra se llena de armonía y de confianza cuando la alianza ente el hombre y la mujer se vive en el bien. Y si el hombre y la mujer la buscan juntos entre ellos y con Dios, sin dudas la encuentran. Jesús nos anima explícitamente al testimonio de esta belleza, que es la imagen de Dios. Gracias».
(Texto traducido desde el audio por ZENIT)

martes, 14 de abril de 2015

"ESPERÁBAMOS LO PEOR, PERO DIOS TENÍA OTROS PLANES"

Un 23 de marzo, nació la hija de Sonia y Rony Morales. Así lo decidieron, aunque debieron enfrentar agresión y presiones para que abortaran al bebé. Sólo cinco meses antes del nacimiento, la pareja se enteró que su hija tenía defectos congénitos que se consideraban fatales. Y de acuerdo a los médicos, la mejor opción para esa hija por nacer era poner fin a su vida a través del aborto.
Ángela –tal cual lo informó Life News en septiembre de 2014- tenía anencefalia, una de las anomalías del tubo neural más comunes. Son defectos congénitos que afectan el tejido que crece en el cerebro y a la médula espinal. La anencefalia ocurre a comienzos del desarrollo de un feto y se presenta cuando la porción superior del tubo neural no logra cerrarse. El por qué sucede esto no se sabe. Las posibles causas incluyen toxinas ambientales y baja ingesta de ácido fólico por parte de la madre durante el embarazo. La anencefalia se presenta en alrededor de 1 de cada 10,000 nacimientos). Trágicamente, los pocos bebés con anencefalia que en el mundo escapan al aborto no suelen vivir mucho tiempo. Pero no siempre es así.
Cuando Sonia supo lo que la bebé padecía, no sólo hubo de sobrellevar su dolor, sino además luchar por defender la vida de su hija. "Nos dijeron que tenía defectos congénitos fatales, que eran incompatibles para la vida ya que los bebés con su defecto de nacimiento a veces nacen muertos o mueren poco después de nacer. ¡No le daban oportunidad alguna! Tuvimos tres ecografías que confirmaron el diagnóstico. Ellos usaron la palabra 'terminar', pero para nosotros era aborto y significaba matar a nuestra hija".
La pareja se negó y decidieron nombrar a su hija Ángela, porque significa, dicen, mensajera de Dios. "Ella sería nuestro ángel -dice Sonia-nuestra Ángela. Pensábamos que ella partiría al cielo de inmediato, al nacer".
“Dios tenía otros planes”
Pero la niña ha permanecido con su familia más allá de todo pronóstico y el 23 de marzo pasado cumplió ya un año fuera del vientre de Sonia, su mamá, quien comparte desde revista People su dicha: "Cada día es un verdadero regalo. Ella sabe lo mucho que es amada".
Si bien pesa sólo 16 libras (7,26 kilogramos) la pequeña muestra progresos constantes. Ella puede levantar la cabeza y reconoce la voz de su madre, al padre, hermana y abuelos. “Cuando digo su nombre, patea y sonríe”,cuenta Sonia.
La hermana mayor, Elizabeth, ahora de seis años, también interviene en el diálogo y cuenta que ella cambia los pañales de su hermanita. "Sé que nunca podría caminar –reflexiona la niña-,pero yo voy a ayudarla a que lo intente".
Aunque los Morales no saben si Ángela podrá hablar ni siquiera si llegará a su segundo cumpleaños, se esfuerzan por asegurarse de que ella vive cada día amada y con dignidad. "La discapacidad no aleja a las personas de la vida", dice Sonia. "La llevamos a que palpe la nieve, los árboles, las flores y que sienta cuán agradable es, porque ella no puede ver".
Esta familia en Rhode Island (EEUU), agradece la vida inesperada de la pequeña con anencefalia porque también ha traído una evolución positiva para ellos. "Ángela nos ha hecho mejores personas. Se supondría que ella es incapaz de contribuir a la sociedad, pero la verdad es que nos está enseñando a ser más compasivos y amorosos", confidencia la madre."Estábamos preparados para lo peor, pero Dios tenía otros planes".

lunes, 13 de abril de 2015

ES TIEMPO DE CURAR HERIDAS

Ayer la Hna. María Paz, hacía su profesión simple en el Monasterio de S. José de las MM Carmelitas Descalzas en Talavera. Damos gracias a Dios por esta vocación nacida a la vida de Dios en nuestra Parroquia y la encomendamos para que siga en fidelidad la llamada que ha recibido.

Este sábado se ha hecho pública la bula Misericordiae vultus, por la que el Papa Francisco convoca el Año de la Misericordia, que inaugurará en diciembre. «Tal vez por mucho tiempo», reconoce el Pontífice, «nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia». Éste va a ser un año para hablar el mundo con el lenguaje universal de la caridad. «¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención»

«Hay momentos en los que de un modo mucho más intenso estamos llamados a tener la mirada fija en la misericordia para poder ser también nosotros mismos signo eficaz del obrar del Padre. Es por esto que he anunciado un Jubileo Extraordinario de la Misericordia como tiempo propicio para la Iglesia, para que haga más fuerte y eficaz el testimonio de los creyentes», escribe el Papa en la bulaMisericordiae vultus, publicada este sábado, para justificar la razón de esta convocatoria.
Tras las lectura en la tarde del sábado de algunos párrafos del documento, a cargo del Regente de la Casa Pontificia, monseñor Leonardo Sapienza, Francisco celebró en la basílica de San Pedro las primeras Vísperas del Domingo de la Divina Misericordia.
El Año Santo se abrirá el 8 de diciembre de 2015, solemnidad de la Inmaculada Concepción, con la apertura de la Puerta Santa de la basílica vaticana. Al siguiente domingo, se abrirán las puertas santas de las demás basílicas romanas. Francisco establece además que, en cada diócesis, se abra ese domingo «en la catedral» o bien «en una iglesia de significado especial» «una idéntica Puerta de la Misericordia», cuando no en más lugares. «El Jubileo, por tanto, será celebrado en Roma así como en las Iglesias particulares como signo visible de la comunión de toda la Iglesia».
El Año jubilar concluirá en la solemnidad litúrgica de Jesucristo Rey del Universo, el 20 de noviembre de 2016.


En la estela del Concilio

Francisco ha escogido la fecha del 8 de diciembre por su significado mariano, pero también por ser el 50 aniversario de la clausura del Concilio. «La Iglesia siente la necesidad de  mantener vivo este evento», que fue «un verdadero soplo del Espíritu». La Iglesia comprendió «la exigencia de hablar de Dios a los hombres de su tiempo en un modo más comprensible. Derrumbadas las murallas que por mucho tiempo  habían recluido la Iglesia en una ciudadela privilegiada, había llegado el tiempo de anunciar el Evangelio de un modo nuevo. Una nueva etapa en la evangelización de siempre. Un nuevo compromiso para todos los cristianos de testimoniar con mayor entusiasmo y convicción la propia fe». Con el lenguaje, en primer lugar, de la misericordia.
El Papa alude a unas palabras de san Juan XXXIII en la apertura del Concilio: «En nuestro tiempo –decía el Papa Roncalli–, la Esposa de Cristo prefiere usar la medicina de la misericordia y no empuñar las armas de la severidad… La Iglesia católica, al elevar por medio de este Concilio Ecuménico la antorcha de la verdad católica, quiere mostrarse madre amable de todos, benigna, paciente, llena de misericordia y de bondad para con los hijos separados de ella».
Años después, en la clausura del Concilio –recuerda el Papa Bergoglio–, Pablo VI decía: «Queremos más bien notar cómo la religión de nuestro Concilio ha sido principalmente la caridad… La antigua historia del samaritano ha sido la pauta de la espiritualidad del Concilio… Una corriente de afecto y admiración se ha volcado del Concilio hacia el mundo moderno. Ha reprobado los errores, sí, porque lo exige, no menos la caridad que la verdad, pero, para las personas, sólo invitación, respeto y amor. El Concilio ha enviado al mundo contemporáneo en lugar de deprimentes diagnósticos, remedios alentadores, en vez de funestos presagios, mensajes de esperanza: sus valores no sólo han sido respetados sino honrados, sostenidos sus incesantes esfuerzos, sus aspiraciones, purificadas y bendecidas … Otra cosa debemos destacar aún: toda esta riqueza doctrinal se vuelca en una única dirección: servir al hombre. Al hombre en todas sus condiciones, en todas sus debilidades, en todas sus necesidades».


«¡Cuántas heridas sellan la carde de muchos que no tienen voz!»

Francisco afirma que «la misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia –añade– pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo». «Tal vez por mucho tiempo nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. Por una parte, la tentación de pretender siempre y solamente justicia ha hecho olvidar que ella es el primer paso, necesario e indispensable; la Iglesia no obstante necesita ir más lejos para alcanzar una meta más alta y más significativa».
«La primera verdad de la Iglesia –resalta la bula papal– es el amor de Cristo. De este amor, que llega hasta el perdón y al don de sí, la Iglesia se hace sierva y mediadora ante los hombres. Por tanto, donde la Iglesia esté presente, allí debe ser evidente la misericordia del Padre. En nuestras parroquias, en las comunidades, en las asociaciones y movimientos, en fin, dondequiera que haya cristianos, cualquiera debería poder encontrar un oasis de misericordia».
«En este Año Santo –pide el Papa–, podremos realizar la experiencia de abrir el corazón a cuantos viven en las más contradictorias periferias existenciales, que con frecuencia el mundo moderno dramáticamente crea. ¡Cuántas situaciones de precariedad y sufrimiento existen en el mundo hoy! Cuántas heridas sellan la carne de muchos que no tienen voz porque su grito se ha debilitado y silenciado a causa de la indiferencia de los pueblos ricos. En este Jubileo la Iglesia será llamada a curar aún más estas heridas, a aliviarlas con el óleo de la consolación, a vendarlas con la misericordia y a curarlas con la solidaridad y la debida atención».
«Es mi vivo deseo –afirma Francisco– que el pueblo cristiano reflexione durante el Jubileo sobre las obras de misericordia corporales y espirituales. Será un modo para despertar nuestra conciencia, muchas veces aletargada ante el drama de la pobreza, y para entrar todavía más en el corazón del Evangelio, donde los pobres son los privilegiados de la misericordia divina».


Año de conversión

El Año Jubilar es también un año fuerte para la conversión. Que «la palabra del perdón pueda llegar a todos y la llamada a experimentar la misericordia no deje a ninguno indiferente», pide Francisco. «Mi invitación a la conversión se dirige con mayor insistencia a aquellas personas que se encuentran lejanas de la gracia de Dios debido a  su conducta de vida. Pienso en modo particular a los hombres y mujeres que pertenecen a algún grupo criminal, cualquiera que éste sea. Por vuestro bien, os pido cambiar de vida. Os lo pido en el nombre del Hijo de Dios que si bien combate el pecado nunca rechaza a ningún pecador».
«La misma llamada llegue también a todas las personas promotoras o cómplices de corrupción. Esta llaga putrefacta de la sociedad es un grave pecado que grita hacia el cielo pues mina desde sus fundamentos la vida personal y social. La corrupción impide mirar el futuro con esperanza porque con su prepotencia y avidez destruye los proyectos de los débiles y oprime a los más pobres. Es un mal que se anida en gestos cotidianos para expandirse luego en escándalos públicos».
«¡Este es el tiempo oportuno para cambiar de vida! –clama Francisco–. Este es el tiempo para dejarse tocar el corazón. Delante a tantos crímenes cometidos, escuchad el llanto de todas las personas depredadas por vosotros de la vida, de la familia, de los afectos y de la dignidad. Seguir como estáis es sólo fuente de arrogancia, de ilusión y de tristeza. La verdadera vida es algo bien distinto de lo que ahora pensáis. El Papa os tiende la mano. Está dispuesto a escucharos. Basta solamente que acojáis la llamada a la conversión y os sometáis a la justicia mientras la Iglesia os ofrece misericordia».


Misericordia, un idioma universal

Francisco recuerda también la importancia de la misericordia, no sólo para tender puentes a los no creyentes, sino también a las demás religiones. «La misericordia posee un valor que sobrepasa los confines de la Iglesia. Ella nos relaciona con el judaísmo y el Islam, que la consideran uno de los atributos más calificativos de Dios. Este Año Jubilar vivido en la misericordia pueda favorecer el encuentro con estas religiones y con las otras nobles tradiciones religiosas; nos haga más abiertos al diálogo para conocerlas y comprendernos mejor; elimine toda forma de cerrazón y desprecio, y aleje cualquier forma de violencia y de discriminación».
«La Iglesia –concluye el documento– siente la urgencia de anunciar la misericordia de Dios. Su vida es auténtica y creíble cuando con convicción hace de la misericordia su anuncio. Ella sabe que la primera tarea, sobre todo en un momento como el nuestro, lleno de grandes esperanzas y fuertes contradicciones, es la de introducir a todos en el misterio de la misericordia de Dios, contemplando el rostro de Cristo. La Iglesia está llamada a ser el primer testigo veraz de la misericordia, profesándola y viviéndola como el centro de la Revelación de Jesucristo. Desde el corazón de la Trinidad, desde la intimidad más profunda del misterio de Dios, brota y corre sin parar el gran río de la misericordia. Esta fuente nunca podrá agotarse, sin importar cuántos sean los que a ella se acerquen. Cada vez que alguien tendrá necesidad podrá venir a ella, porque la misericordia de Dios no tiene fin. Es tan insondable es la profundidad del misterio que encierra, tan inagotable la riqueza que de ella proviene».


R.B.
Alfa y Omega

jueves, 9 de abril de 2015

CATEQUESIS DEL PAPA SOBRE LA FAMILIA: LOS NIÑOS

Texto completo de la catequesis:

Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!

En las catequesis sobre la familia completamos hoy la reflexión sobre los niños, que son el fruto más bello de la bendición que el Creador ha dado al hombre y a la mujer. Ya hemos hablado del gran don que son los niños, hoy lamentablemente debemos hablar de las “historias de pasión” que viven muchos de ellos.

Tantos niños desde el inicio son rechazados, abandonados, les roban su infancia y su futuro. Alguien osa decir, casi para justificarse, que ha sido un error hacerlos venir al mundo. ¡Esto es vergonzoso! ¡No descarguemos sobre los niños nuestras culpas, por favor! Los niños no son jamás “un error”.

Su hambre no es un error, como no lo es su pobreza, su fragilidad, su abandono, tantos niños abandonados por las calles; y no lo es tampoco su ignorancia o su incapacidad, tantos niños que no saben qué es una escuela, y no lo es tampoco todo esto.

A lo sumo, estos son motivos para amarlos más, con mayor generosidad. ¿A qué sirven solemnes declaraciones de los derechos del hombre y de los derechos del niño si luego punimos a los niños por los errores de los adultos?

Aquellos que tienen el deber de gobernar, de educar, pero, diría, todos los adultos, somos responsables de los niños y de hacer cada uno lo que pueda para cambiar esta situación.

Me refiero a la pasión de los niños. Cada niño marginado, abandonado, que vive en la calle mendigando y con todo tipo de expediente, sin escuela, sin cuidados médicos es un grito que llega a Dios y que acusa el sistema que nosotros adultos hemos construido.

Y lamentablemente, estos niños son presa de los delincuentes, que los explotan para indignos tráficos y comercios, o adiestrándolos para la guerra y la violencia.

Pero también en los países llamados ricos tantos niños viven dramas que los marcan duramente, a causa de la crisis de la familia, de los vacíos educativos y de condiciones de vida a veces deshumanas.  En todo caso son infancias violadas en el cuerpo y en el alma.

¡Pero a ninguno de estos niños el Padre que está en los cielos lo ha olvidado! ¡Ninguna de sus lágrimas está perdida! Como tampoco se debe perder nuestra responsabilidad, la responsabilidad social de las personas, de cada uno de nosotros y de los Países.

Una vez Jesús reprochó a sus discípulos porque alejaban a los niños que los padres le llevaban, para que los bendijera. Es conmovedora la narración evangélica: “Le trajeron entonces a unos niños para que les impusiera las manos y orara sobre ellos. Los discípulos los reprendieron, pero Jesús les dijo: ‘Dejen a los niños, y no les impidan que vengan a mí, porque el Reino de los Cielos pertenece a los que son como ellos. Y después de haberles impuesto las manos, se fue de allí” (Mt 19,13-5).

¡Qué bella esta confianza de los padres y esta respuesta de Jesús! ¡Cómo quisiera que esta página se transformara en la historia normal de todos los niños!

Es verdad que gracias a Dios los niños con graves dificultades encuentran  muy a menudo padres extraordinarios, dispuestos a todo sacrificio y a toda generosidad. ¡Pero a estos padres no no habría que dejarles solos! Deberíamos acompañar su fatiga, pero también ofrecerles momentos de alegría compartida y de alegría despreocupada, para que no estén ocupados sólo por la rutina terapéutica.

Cuando se trata de los niños, en todo caso, no se debería escuchar aquellas fórmulas de defensa legal de oficio, tipo: “después de todo, nosotros no somos un ente de beneficencia” o también “en el propio privado, cada uno es libre de hacer lo que quiere”; o también: “lo sentimos, no podemos hacer nada”. Estas palabras no sirven cuando se trata de los niños.

Demasiado a menudo sobre los niños recaen los efectos de vidas desgastadas por un trabajo precario y mal pagado, por horarios insostenibles, por transportes ineficientes….Pero los niños pagan también el precio de uniones inmaduras y de separaciones irresponsables, son las primeras víctimas; sufren los resultados de la cultura de los derechos subjetivos exasperados, y se transforman luego en los hijos más precoces.

A menudo absorben violencia que no están en condiciones de “digerir” y bajo los ojos de los grandes están obligados a acostumbrarse a la degradación.

También en esta época nuestra, como en el pasado, la Iglesia pone su maternidad al servicio de los niños y de sus familias. A los padres y a los hijos de este nuestro mundo lleva la bendición de Dios, la ternura materna, el reproche firme y la condena decidida. Hermanos y hermanas, piénsenlo bien: ¡Con los niños no se juega!

Piensen en que cosa sería una sociedad que decidiera, de una vez por todas, establecer este principio: “es verdad que no somos perfectos y que cometemos muchos errores. Pero cuando se trata de los niños que vienen al mundo, ningún sacrificio de los adultos será juzgado demasiado costoso o demasiado grande, con tal de evitar que un niño piense que es un error, que no vale nada y que es abandonado a las heridas de la vida y a la prepotencia de los hombres”.

¡Qué bella sería una sociedad así! Yo digo que a esta sociedad se le perdonaría mucho, de sus innumerables errores. Mucho, de verdad.

El Señor juzga nuestra vida escuchando aquello que le refieren los ángeles de los niños que “ven siempre el rostro del Padre que está en los cielos” (cfr. Mt 18,10). Preguntémonos siempre: ¿Qué le contarían a Dios de nosotros estos “ángeles de los niños”?
 

lunes, 6 de abril de 2015

BAUTISMO DE ADULTOS: "EN REALIDAD SIEMPRE HE LLEVADO LA FE"

La historia de David es la de tantos niños de ayer y de hoy, cuyos padres consideran la fe como un asunto personal y privado: "Ya decidirá el niño cuando sea mayor si se quiere bautizar o no", dijeron. Y hoy, con 36 años, ya ha decidido: "Quiero estar cerca de Dios". Para ello, la Iglesia le ha ofrecido las aguas del Bautismo, de manos de don Carlos Osoro, arzobispo de Madrid, en la Vigilia Pascual.

En realidad, su búsqueda empezó hace mucho tiempo, cuando tenía sólo diez años, y su abuela le regaló una pequeña cruz: "A mis abuelos les dolió mucho que mis padres no me bautizaran, quizá por eso mi abuela me regaló esta cruz que pasó algunos años olvidada en un cajón". 

"Con dieciséis años, la descubrí de nuevo, y desde entonces la he llevado colgada al cuello. Yo, en realidad, siempre he llevado la fe por dentro, aunque no fuera a misaSiempre he rezado, a mi manera, sobre todo cuando tenía problemas. Siempre me he reconocido como cristiano, aun sin estar bautizado. Era algo que yo sentía y que he llevado dentro siempre". explica.

Era, aunque él no fuera plenamente consciente, un Bautismo de deseo, preparación del sacramento que acaba de recibir.

Dios me protege

David reconoce sin dudar que "siempre me he sentido acompañado por Dios en estos años", pero destaca dos momentos en especial. Uno, un accidente de coche, precisamente en la localidad burgalesa de Milagros: "aunque perdí el control del vehículo, durante aquellos segundos me sentí totalmente tranquilo, con mucha paz; cuando todo acabó le di un beso a la cruz: vi que Dios estaba conmigo y me protegía".

El otro también está relacionado con un accidente de coche, en Argentina –de donde procede su novia Mariana, -su pareja desde hace 10 años–, y que acabó con la vida de su cuñada.

"Mariana, al perder a su hermana, tuvo una crisis de fe, se preguntaba: ¿Dónde está Dios? ¿Por qué ha permitido esto? Y, aunque era católica, estuvo varios años sin ir a misa. 


Poco a poco, ya en España, se acercó de nuevo al Señor en la parroquia Virgen de los Llanos, en Madrid, acompañada del padre Jesús, y yo poco a poco empecé a sumarme a ese proceso, aacompañarla a misa, aunque ninguno de los dos podíamos comulgar…".

Así, David comenzó un catecumenado en la parroquia, guiado por Pepe seminarista de primer curso: "Es un grupo muy bonito; los domingos, después de misa, nos reunimos y hablamos de temas de fe, leemos la Palabra de Dios… Lo más emotivo ha sido los ritos previos y los escrutinios realizados delante de toda la parroquia.Dios está siempre conmigo", repite sin cesar.

Durante este tiempo, " he conocido un Cristo muy cercano, que me entiende, que me perdona, que me da paz y me guía, que me aleja del pecado y me ayuda en la tentación. Es todo amor y paz. Yo no lo conocía bien, pero ahora veo que lo que importa de verdad no es el trabajo, ni el dinero, ni los problemas. Dios está ahí", repite una vez más.

Asimismo, su testimonio rompe con lo que alrededor de él se decía: "Desde fuera, se ve a la Iglesia como algo lejano, incluso con los realmente necesitados, una Iglesia con el lujo de las catedrales, el ¿por qué ese dinero no se usa en otras cosas?…, pero poco a poco él también ha conocido todo lo que hace la Iglesia, lo que hacen los misioneros, los sacerdotes, las parroquias, los catequistas, Cáritas…

"¡Pero que mezquinos somos al poner etiquetas! ¡Qué paciencia tiene Dios con nosotros! Tenemos que agradecer mucho a la Iglesia: el poder recibir, y también la oportunidad de poder dar. Tienes que estar dentro para entenderlo".

Ahora, los fieles de la parroquia que les conocen "nos ven muy felices porque dentro de poco nos vamos a bautizar, y nos felicitan"
Matrimonio, castidad y penitencia

Desde que comenzaron su acercamiento más profundo a la parroquia, David y Mariana se dieron cuenta de que su situación como pareja les hacía sentirse lejos de la Iglesia y de su comunión; por eso, se van a casar en breve y, "cuando nos casemos, va a ser muy bonito".

Hasta el día de la boda van a estar muy en comunión con la Iglesia y su párroco, Óscar García, que los guía, viviendo estos meses "como un tiempo de penitencia, para que ambos podamos pedirle perdón por estos años en los que hemos vivido alejados de Él. No queremos un todo junto: Bautismo-Confirmación-Eucaristía-Matrimonio…, para salir al paso y ya está. Queremos estar más cerca de Dios. Es una oportunidad para unirse más en su Amor".

"Los cristianos, cuando se casan, tienen que vivir una vinculación con Dios muy precisa. Nosotros queremos sentir la comunión con Dios de una manera especial, que Dios esté feliz y orgulloso de nosotros", afirma.

"No nos casamos porque toca -asegura-, sino que ambos queremos vivir la alegría de estar reconciliados con Cristo, de vivir nuestro matrimonio como Cristo quiere. Todo eso es más grande y da más alegría que el tema de la carne".

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