miércoles, 1 de octubre de 2014

EL QUE JUZGA SE EQUIVOCA


Escuchando las charlas u homilías del Papa Francisco en Santa Marta se me asemeja al viejo párroco de aldea o al antiguo capellán de las monjas vecinas, esas que tocan las campanas todos los días a las siete de la mañana y porque no las dejan antes. Yo he sido durante años ambas cosas, si cambiamos aldea por barrio de Madrid, que, en el fondo es lo mismo. Los que van a Misa a diario se parecen mucho en todos los sitios.

            La forma de hablar y los temas son como muy caseros. Muy directos. Destilan una sabiduría a prueba de críticas y murmuraciones. ¿Qué le importan a un capellán de ochenta años las críticas y el pensar de los demás? Para eso están los jóvenes que son muy sentidos y que necesitan crecer y afirmarse pero el viejo capellán qué más va a crecer. En el caso del Papa menos aún porque es un santo y sabe muy bien que nadie le ha ayudado para llegar a donde está. Es más, ni siquiera él se pudo ayudar. Tiene la máxima sabiduría que consiste en saber que todo es gracia.

            El que juzga siempre se equivoca, dijo el papa en Santa Marta el 23 de junio de 2014. Tiene experiencia de ello. Además, continúa, terminará por ser juzgado en la misma medida. Y lo mejor de todo es que el juzgado será defendido por Jesús y el Espíritu Santo.

            Dios le ha dado el juicio a Jesucristo porque es el único que ha muerto por nosotros. Jesús nos juzgará desde su propio amor y misericordia, no va a tener nada en cuenta tus opiniones sobre los demás, no piensa para nada igual que tú. Ese vecino a quien tú no puedes soportar, a Jesús le cae muy bien. ¿Has muerto tú por alguien? ¿Quién te crees que eres? Si juzgas eres usurpador de un puesto que no te pertenece. El Papa insistió en el tema desde el evangelio de ese día que hablaba de la paja y la viga en los ojos. Jesús sabe que todos tenemos una inclinación malsana y persistente de criticar a los demás. Por eso nos dice: ¿Por qué miras la paja en el ojo de tu hermano y no ves la viga que hay en el tuyo? ¿Cómo puedes decir a tu hermano: “Hermano deja que te saque la paja de tu ojo”, tú que no ves la viga que hay en el tuyo? Hipócrita, saca primero la viga del tuyo y después verás claro para sacar la paja del ojo de tu hermano (Lc  6, 41-42).

            El juzgador se defiende diciendo que tiene razón y que está en la verdad en lo que dice. Puede ser pero lo hace sin amor.  Cuando ames a otro como a ti mismo júzgalo todo lo que quieras porque no le harás daño. Tu juicio estará lleno de misericordia y compasión. Si lo haces desde ti, desde tu razón, desde tus cálculos, intereses o heridas esparces una mala simiente. Siembras inquietud y desamor aunque tengas razón. Desunes. Actúas en directo contra el amor y la comunidad, no reconcilias.

            Seguro que estás en algún grupillo y si no pronto lo formarás. Esos grupos que hay en todos los sitios, también en parroquias o comunidades. Hay comunidades con tantos grupúsculos que se han apropiado de todo y si llega uno nuevo no sabe dónde colocarse. Están todas las sillas ocupadas o reservadas. Jesús te dirá a su tiempo: “Quise ir contigo pero no encontré acogida, estaba todo ocupado. No me dejaste sitio”.

            No sabemos hasta dónde se extiende la misericordia de Dios. El texto de 2Co 5, 19, que cita Francisco, nos habla de que es amplísima: Porque en Cristo estaba Dios reconciliando al mundo consigo, no tomando en cuenta las trasgresiones de los hombres, sino poniendo en nosotros la palabra de la reconciliación. Somos pues embajadores de Cristo. Embajadores en orden a la reconciliación. ¡Mira que si al morir nos encontramos en el cielo con Judas, Nerón, Lenin, Stalin, Hitler, Bin Laden o el que ha robado todo el patrimonio de tu familia! Fueron lo que fueron, les tocó representar un papel en esta vida para la gloria de Dios y para llevar hasta el extremo la calidad de su misericordia y de su inmensa sabiduría. ¿Somos quién nosotros para juzgarlos?
            Hoy está muy de moda hablar de las víctimas, de las víctimas de la historia, de los que han sido atropellados en su inocencia y han sido llevados incluso a una muerte injustísima. ¿Podrá alguno quejarse de ser víctima al lado de Jesucristo? El victimismo es un pecado por su falta de fe y su incapacidad de ver las cosas de este mundo desde la resurrección. El tema de la víctima en la historia es  interesante porque engloba a Jesús como la principal de todas las víctimas, lo que no podemos hacer es darle al victimismo de Cristo otras intenciones distintas de las que él le dio. Dice el Papa: Jesús delante de su Padre nunca acusa, al contrario, defiende. Su Espíritu también viene a defendernos. Si tengo estos defensores, ¿quién es mi acusador? Mucho se tendrá que tentar la ropa para acusarme.
            Una de las aberraciones más envenenadas que ha surgido en occidente en los últimos siglos ha sido la de juzgar a Dios. El Papa no habla de ella pero es una de las formas de juicio más perniciosas de lo que llamamos modernidad. Como me decía un amigo dominico, jamás en el Congo se le ocurre ni se le ha ocurrido a nadie a lo largo de toda la historia juzgar a Dios. En Europa ha nacido por la prepotencia que se le ha concedido a la razón humana la cual, a la vez que ha creado una civilización, ha hundido otra con todos sus principios y valores. En otras épocas, como en el Congo, nadie se atrevió a juzgar a Dios.  Podía haber gente libertina, que no creyera en Dios, que renegara de él, pero juzgarle por los sucesos, los acontecimientos de la vida o las catástrofes del mundo no entraba en la cabeza de nadie. Para eso se necesita una pérdida de inocencia muy grande.
            Para poder hacer esto hay que haber perdido el temor de Dios que es el principio de la sabiduría. Mi hermana en los años de cáncer que tuvo siempre conservó hasta la muerte, a pesar de su edad joven aún, el temor de Dios. Se sentía confortada porque jamás se le ocurrió preguntar a Dios ¿por qué? ¿por qué a mí? No obstante, como hija de su tiempo, le entraron muchas veces ganas de hacerlo pero una gracia especial la mantuvo limpia. Hoy muchos caen en este pecado. Se enfadan con Dios, le piden cuentas, le insultan y le tachan de malo e injusto porque se ha muerto su hijo y por menos aún. Yo sé que en la mayoría de los casos se hace desde la cultura reinante y con poca malicia metafísica, mas el enfriamiento y las consecuencias abren una puerta para el endurecimiento y para ser duramente tentados.
            El temor de Dios no es un miedo sino un don. El que lo conserva en estos tiempos es un elegido. Una antigua conocida, con frecuentes adulterios como decía ella, tenía que soportar las burlas de su compañero de pecado que le decía: “Allá tú si tienes esas aprensiones. Yo me quedo muy bien porque no creo en nada”. Ella se sentía muy mal en el pecado. Sin embargo me decía: “No quiero por nada del mundo perder este sentimiento de culpa. Si yo algún día no me sintiera en pecado sabría que estaba radicalmente perdida y abandonada”. Su temor de Dios, muy santo en este caso y muy de arriba, la libró de su situación porque ya hace tiempo que todo terminó.
            Yo también he tenido cáncer muchos años. Nunca se me ha ocurrido juzgar a Dios por ello.  Preferiría, para defenderme, si mi fe no llegara a ello, morir de una honda depresión que juzgar a Dios. Dios no castiga ni nos envía ningún mal ni enfermedad. Estos tienen sus causas biológicas que se pueden estudiar y, de hecho, miles de científicos lo están haciendo. Dios nos ha enviado a su Hijo Jesucristo como palabra de consuelo para superar los males de este mundo. Gracias a Dios, se me ha regalado suficiente sabiduría para que en vez de juzgar a Dios me adhiera a Jesucristo. Con ello he encontrado un amor y me he librado de la degradación de un juicio. No obstante, mi futuro todavía no se ha terminado y, dada mi debilidad total, pido para que jamás pierda ni otras fuerzas me arrebaten el santo temor de Dios. Este temor, que es don y no miedo, es el mayor regalo y la máxima virtud que se puede tener sobre todo en estos tiempos. El que juzga, termina el Papa, es un imitador de Satanás que va  diciendo por ahí que no amemos a nadie porque todos son muy malos. Utiliza tu misma razón e incluso tu mediocridad para convencerte de que no eres un santo pero si una persona normal y que si juzgas es porque hay mucha gente rara, incómoda y mala.

P. Chus Villarroel O.P.

lunes, 29 de septiembre de 2014

TESTIMONIO: P. CHRISTOPHER HARTLEY SARTORIUS

Testimonio del P. Christopher Hartley:  un verdadero TESTIGO de JESUS RESUCITADO



domingo, 28 de septiembre de 2014

DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO

En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
Ante todo hay que considerar Quién es el que habla y a quienes habla. Y el que habla es el Hijo Unigénito de Dios que siempre fue obedientísimo. Su Padre lo envió al mundo a trabajar y Él dijo “sí Padre” y luego hizo de su vida un Sí alegre. Y es ese Hijo obediente el que habla a los sacerdotes y a los ancianos del pueblo. No habla aquí a las prostitutas ni a los terroristas ni a los atracadores de gasolineras sino a los sumos sacerdotes y a los ancianos. O sea que es Dios quien está hablando a la gente respetable por medio de su Hijo.
-¿Qué os parece?
Aquí hay que considerar la amabilidad del Hijo de Dios que no viene a decir “Yo sé lo que vosotros no sabéis” sino que pregunta amablemente “¿Que os parece”.
Un hombre tenía dos hijos.
Sabemos por la Tradición que el hombre del que aquí se habla representa a Dios y que los dos hijos nos representan a todos.
Se acercó al primero
Aquí hay que entender que es Dios quien se acerca a nosotros y que lo hace como Padre. Porque el padre es antes que los hijos y obra antes que los hijos. Y así Dios es antes que nosotros y sale a nuestro encuentro y se acerca a nosotros.
y le dijo: “Hijo, ve hoy a trabajar en la viña”.
Como ya se dijo el domingo pasado, la viña es el mundo que Dios ha creado y que hoy tenemos que trabajar nosotros. Importa subrayar aquí el “hoy” -que es el tiempo de nuestra vida- y el trabajo que es la vocación de los hijos de Dios.
Él le contestó: “No quiero.” Pero después recapacitó y fue.
Esta es la respuesta que, como se verá luego, dieron las prostitutas, los atracadores de gasolineras, los terroristas, los pederastas y otros muchos que, después de escuchar la predicación de los profetas se convirtieron. Porque la conversión está indicada en ese “recapacitar” y en ese “ir”.
Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: “Voy, señor.” Pero no fue.
Aquí -como se verá luego- están representados todos los que, siendo personas respetables, no hicieron caso de la predicación de Juan que llamaba a todos al arrepentimiento y a la conversión para recibir el Evangelio.
¿Quién de los dos hizo lo que quería el padre?
Aquí hay que recordar que es el Hijo obedientísimo de Dios quien pregunta amablemente a la gente respetable.
Contestaron:
-El primero.
Aquí se ve que la gente respetable puede contestar acertadamente a esas preguntas simples que serán materia de examen en el Juicio Final.
Jesús les dijo:
-Os aseguro que los publicanos y las prostitutas os llevan la delantera en el camino del reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia, y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no recapacitasteis ni le creísteis.
Aquí se nos llama a todos a la conversión y se ve que la respetabilidad sin penitencia es una máscara que no engaña a Dios. Y no hay que entender aquí que esa gente respetable entrará en el Reino de los Cielos sin conversión sino que entrarán en el Reino de los Cielos siguiendo el ejemplo de las prostitutas y de los atracadores de gasolineras arrepentidos o no entrarán. Precisamente porque no hicieron caso de la llamada a la conversión que hizo Juan solamente se les da otra oportunidad: seguir a las prostitutas y a los publicanos arrepentidos.
En fin que en el “hoy” de nuestra vida estamos llamados a trabajar en la viña -que es el mundo que Dios ha creado- no como esclavos sino como hijos de Dios en Cristo que, siendo de condición divina, tomó la condición de esclavo para enseñarnos a trabajar como hijos aunque seamos prostitutas o gente respetable.
Javier Vicens
Párroco de S. Miguel de Salinas

martes, 23 de septiembre de 2014

CRISTIANOS MURCIÉLAGOS

Este título es del Papa Francisco. El viernes 9 de mayo de este año 14 lo acuñó en la homilía matinal en Santa Marta. Viene a decirnos con esa originalidad y desparpajo que le caracterizan que a muchos cristianos no les gusta la luz como a los murciélagos. Estos pequeños mamíferos voladores se pasan el día suspendidos en ristra en los desvanes e iglesias viejas o en la oscuridad de minas, cuevas u oquedades de árboles. Les hace daño la luz. Colgados de una pata se asemejan a los chorizos que pendientes de un varal se secan al humo en la vieja y oscura cocina del pueblo. Al anochecer se descuelgan y salen volando en busca de los insectos que les sirven de alimento.

No conviene estar en un lugar donde abunden porque ni siquiera en la noche tienen demasiada estabilidad y su radar no es capaz de evitar que a veces te rocen la cabeza o la cara si estás echado. Además son de la raza de los vampiros y aunque el murciélago común que habita en nuestros lares no sorbe sangre humana, tampoco engendra confianza. Si les pones un cigarrillo lo chupan con ansia. Tengo recuerdos, de pequeño, cómo durmiendo en el campo con las vacas, sus vuelos me hacían entrar en el chozo por su machacona insistencia de volar en torno a mí. No obstante, es una especie protegida porque ayuda a librar las plantaciones de plagas de insectos. Pues bien, este animalejo nocturno y bastante asquerosito, es el que el Papa utiliza para caracterizar la actitud de ciertos cristianos.

            En efecto, no a todos los cristianos les gusta la luz. Pone como ejemplo a los apóstoles en Lucas 24, 36-51. Aquel día había ambiente de resurrección; algunos ya habían visto al Señor. Mientras se comentaba el tema estaban muy contentos pero cuando Jesús se les apareció a ellos, se turbaron, perdieron la paz, y no fue bien recibido. Les saludó con la paz, pero no fueron capaces de asumir la alegría. Pensaban que les sacaba de la realidad y por ello, preferían mantener las distancias.

            Hay cristianos que tienen sus comportamientos y pautas muy enraizados. No quieren aventuras. No necesitan a Jesús presente. Les da lo mismo que esté o no esté porque ellos van a obrar como creen que deben de obrar. No quieren un contacto vivo y real. Su vida cristiana no es un diálogo real con Jesucristo. Tal actitud, dicen, me sacaría de mi mismo y me llenaría de una alegría sospechosa.  

            El Papa  profundiza un poco más y dice: “En realidad estos apóstoles y estos cristianos que huyen de la luz han sido derrotados por el misterio de la cruz”. Es el miedo, no quieren oír hablar de la muerte. Son capaces de matarse a sí mismos pero no de morir; la muerte es una derrota insufrible. Yo diría: no quieren la resurrección y la gratuidad. Prefieren ser sí mismos. Por eso hablan mucho de Dios pero muy poco de Jesucristo. A Dios se le domestica con unas cuantas leyes y tradiciones sacralizadas; a Jesucristo, no, porque resucita. No queremos la alegría de la resurrección, ni convertirnos ni ser una criatura nueva. Estamos a gusto, como los murciélagos, colgados en la oscuridad del desván, a salvo de cualquier aventura.

            Esta actitud es un peligro muy grave para todos los que quieren vivir un cristianismo comprometido. La palabra compromiso les confunde.  Los cristianos murciélagos viven su compromiso con las obras, hay que cambiar el mundo, hay que cumplir los mandamientos, hay que instalar la justicia entre nosotros. Todo desde sí mismos, desde sus ideas o ideales, reduciendo su religión a poco más que a filantropías humanas, sin enfrentarse nunca con la resurrección de Jesucristo, con el cambio de vida que esto conlleva, sin entregar su corazón ni un ápice de su vida. Les rechina la palabra gratuidad porque intuyen que si se dejan, van a ser llevados fuera de sí mismos a la alegría de la resurrección que aborrecen.

            Pasan la vida proponiendo cuestiones teóricas, como la samaritana: ¿Dónde hay que adorar? Sin permitir que nadie toque su vida privada o la vida de sus maridos. Por eso yo pienso que la resurrección no es el centro del cristianismo como dicen ahora la mayoría de los teólogos. Teóricamente hablando puede ser que sí, pero en la realidad, en la práctica no es así porque todo se puede quedar en la teoría lejos de la vida cotidiana. ¿Ha resucitado Jesucristo? Pues muy bien, dice el murciélago, me encanta la noticia pero que permanezca allá, en la otra vida, en la nueva creación, dejándonos a nosotros cumplir en esta con nuestros deberes.

            Pienso que el cristianismo se vive y se entiende desde el día de Pentecostés porque ese día hay un cambio de vida. La resurrección acontece fuera de uno mientras que pentecostés es algo vital, experimental, sucede de improviso, te cambia por dentro, te hace una criatura nueva. Viene de improviso y te sorprende pero no vendrá a nadie que no quiera tenerlo. La teología racional necesita una idea, la experimental necesita una experiencia o vivencia. Cuando acaece en ti esta experiencia dejas de ser murciélago y te entran deseos de luz, de resurrección, de crecimiento y de vida nueva. Desde ese momento es superado el escándalo de la cruz y conoces el designio y la elección que existe en haber sido elegido para vivirla. Sales de la caverna de Platón y entras en la luz del día que estaba ahí pero que carecías de ojos para verla.
            La resurrección no convierte, no cambia los planes ni la vida de nadie. Sigues viviendo de las expectativas humanas. Los mismos apóstoles camino de la Ascensión le dicen a Jesús: ¿Es ahora cuando vas a establecer el reino de Israel? ¡Qué decepción la de Jesús! ¡Con lo que le había costado llegar a la resurrección! Los amigos del Resucitado seguían pensando en categorías políticas. Ni un atisbo de sobrenaturalidad. Totalmente murciélagos. Pensaban, claro está, que la resurrección de Jesús se parecía a la de Lázaro o a la del hijo de la viuda de Naín.

            Estaban hablando de estas cosas cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: La paz con vosotros (Lc 24, 36).
            Sobresaltados y asustados creían ver un fantasma. Él les dijo: ¿Por qué os turbáis y por qué se suscitan dudas en vuestro corazón? Y como siguiesen maravillados les dijo ¿tenéis algo de comer?

            Los que quisieron comprender la resurrección se asustaron y confundieron a Cristo con un fantasma. Los que en su sencillez la recibieron como un don dejaron de ser murciélagos y quedaron iluminados como la Magdalena y Pedro, que ya había sido humillado en su bravura y autosuficiencia. Los demás necesitaron algo más. Jesús en su buena fe les pidió algo para comer como prueba de que no era un fantasma. Le dieron un trozo cutre de pescado y lo comió delante de ellos. Sin embargo, no fue suficiente con esa prueba. El escándalo de la cruz seguía pudiendo con ellos. Jesús, entró hasta el fondo de su incredulidad abriéndoles los ojos para que saliesen de su caverna  y entendiesen las Escrituras. Les dijo:

            Acordaos de las palabras que os decía cuando estaba entre vosotros: “Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, los Profetas y en los Salmos acerca de mí”.
            Y entonces abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras.
            El misterio de Jesús es bellísimo porque ningún hombre en cuanto tal es capaz de dejar de ser murciélago a no ser que le sean abiertos los ojos y pueda comprender las Escrituras. Ese día es Pentecostés para esas personas. No sólo reciben al Espíritu Santo sino que comprenden que sin la luz que viene de él, jamás podrán entrar en la presencia de Jesús, en su amor, en su corazón. Para que yo ame a Jesús, al hombre Jesús, para que yo acepte su resurrección y entre en su alegría, necesito el Espíritu de Dios que él me regala. Si Jesús me abre los ojos con la luz de su Espíritu, que es el de Dios, el que procede del Padre y del Hijo, entonces estoy preparado y apto para la fiesta y para disfrutar de la resurrección.  

Chus Villarroel para ReL

lunes, 22 de septiembre de 2014

EL PAPA EN ALBANIA: CON LOS CRISTIANOS PERSEGUIDOS

Entre lágrimas, el Papa Francisco estrechó en un fuerte abrazo al sacerdote Ernest Simoni, de 84 años, uno de los últimos sobrevivientes de la terrible persecución comunista en Albania, quien fue encarcelado en condiciones inhumanas y se libró de una condena a muerte por su fidelidad a la Iglesia y al Sucesor de Pedro.
Durante su visita a Tirana, el Papa Francisco sostuvo un encuentro en la Catedral de San Pablo con los sacerdotes, religiosos, religiosas, seminaristas y movimientos laicales, donde escuchó con atención el testimonio del Padre Simoni.
El presbítero relató que en diciembre de 1944 comenzó en Albania un régimen comunista ateo que trató de eliminar la fe y el clero con “arrestos, torturas y asesinatos de sacerdotes y laicos por siete años seguidos, derramando la sangre de los fieles algunos de los cuales antes de ser fusilados gritaban: Viva Cristo Rey”.
En el año 1952, las autoridades comunistas reunieron a los sacerdotes que sobrevivieron y les ofrecieron vivir en libertad a cambio de distanciarse del Papa y el Vaticano, una intención que nunca aceptaron.
Relató que antes de ordenarse sacerdote estudió con los franciscanos por 10 años desde 1938 hasta 1948, y cuando sus superiores fueron fusilados por los comunistas siguió sus estudios clandestinamente.
“Pasaron dos años terribles y el 7 de abril de 1956 fui ordenado sacerdote, el día después de Pascua y en la Fiesta de la Divina Misericordia celebré mi PrimeraMisa”.
El 24 de diciembre de 1963 al concluir la Misa de Vísperas de Navidad, cuatro oficiales le presentaron el decreto de arresto y fusilamiento, fue esposado y detenido. En el interrogatorio le dijeron que sería ahorcado como un enemigo porque dijo al pueblo “que moriremos todos por Cristo de ser necesario”.
Las torturas lo dejaron en muy mal estado. “El Señor quiso que continuara viviendo”. Entre los cargos que le imputaron figuraba celebrar una Misa por el alma del Presidente John F. Kennedy asesinado un mes antes de su arresto, y que celebró por una indicación del Papa Pablo VI a todos los sacerdotes del mundo.
“La Divina Providencia ha querido que mi condena a muerte no fuese llevado a cabo enseguida. En la sala trajeron a otro prisionero, un querido amigo mío, con el propósito de espiarme, el empezó a hablar mal contra el partido”, recordó.
“Yo de todos modos respondía que Cristo nos había enseñado a amar a los enemigos y a perdonarlos y que nosotros debíamos empeñarnos en el bien del pueblo. Esas palabras mías llegaron a los oídos del dictador que al cabo de algunos días me liberó de la condena a muerte”, explicó el P. Simone.
Los comunistas cambiaron su condena a muerte por 28 años de trabajos forzados. “He trabajado en los canales de aguas negras y durante el periodo de prisión he celebrado la Misa, he confesado y distribuido la comunión a escondidas”, relató.
El sacerdote fue liberado solo cuando cayó el régimen comunista y empezó la libertad religiosa. “El Señor me ha ayudado a servir tantos pueblos y ha reconciliar a muchas personas alejando el odio y al diablo de los corazones de los hombres”, aseguró.
“Santidad seguro de poder expresar la intención de los presentes le ruego por la intersección de la Santísima madre de Cristo, el Señor le de vida, salud y fuerza en la guía del gran rebaño que es la Iglesia de Cristo, Amén”, concluyó antes de estrechar al Papa en un abrazo que hizo llorar al Pontífice y a los presentes.
Para seguir el viaje del Papa a Albania,:https://www.aciprensa.com/albania2014/

martes, 16 de septiembre de 2014

"JESUS ERA UN CHIFLADO O ERA DIOS" BONO, CANTANTE DE U2



 Entrevista a Bono: “Jesús era un chiflado o era Dios. No hay más posibilidades”. "La idea de que el curso de la civilización ha cambiado, que se ha vuelto al revés, debido a un chiflado… para mí, eso sí que es difícil de creer’”

 Antes de empezar reafirmo aquí todo lo que dije en la introducción de mi post sobre la conversión de Mark Wahlberg. La síntesis sería esta: nuestro modelo es Jesucristo y caminos ejemplares hacia Él los podemos encontrar en los santos, punto. Si hablamos sobre la conversión de personas famosas de ningún modo los queremos colocar como modelos de vida cristiana. Los seres humanos que aún peregrinamos en este mundo, especialmente los artistas y los jóvenes ricos de Hollywood, no tenemos el cielo comprado así que antes de poner a Bono o a Wahlberg en un altar, recomiendo rezar mucho por ellos, para que su fe cristiana se fortalezca y puedan iluminar sus respectivos ambientes. 

 Dicho esto la entrevista que hemos publicado es muy interesante. Bono afronta con mucha lucidez el hecho de que su fe cristiana no se basa ni puede basarse en meros sentimientos sino en una persona y un hecho: Jesucristo de Nazareth y su Resurrección entre los muertos. El artista crítica directamente a todas las personas que creen en Cristo pero lo disfrazan de profeta o líder político despojándolo de todo carácter divino. Para Bono, y para todo católico pensante, es Jesús mismo quien no permite hacer una reducción de esta naturaleza porque Él se proclamaba Mesías, Hijo de Dios, Aquel que es uno con el Padre.

 En el fondo existen dos modos sensatos de comprender a Jesús: o era el Hijo de Dios o era un loco. Nadie se escandalice. Tratar de colocar a Cristo en los términos medios del revolucionario, político, o filósofo socrático, no es cosa sino de personas que jamás han abierto los Evangelios. En el libro entrevista Bono on Bono de Michka Assayas, el cantante de U2 reafirma este punto: “Verás, la respuesta laica a la historia del Cristo siempre dice algo así: ‘Era un gran profeta, obviamente un tipo muy interesante, tenía mucho que decir, en la línea de otros profetas, sean Elías, Mahoma, Buda o Confucio’. Pero la realidad es que Cristo no te permite decir esto. No te deja salir por ahí. Cristo dice: ‘no me llaméis maestro, ni estoy diciendo soy un profeta, sino soy el Mesías’. ‘Yo soy Dios encarnado’”. Y la gente dice: ‘por Dios, intenta ser sólo un profeta. Un profeta es algo aceptable. Sólo eres un poco excéntrico ¡Si ya estaba Juan el Bautista, que comía hierbas y saltamontes! Pero por favor, no digas esa palabra con la M…’ Pero Cristo responde: ‘Lo siento, soy de verdad el Mesías’. Así que lo que te queda es, o Cristo era quien decía que era –el Mesías– o era un completo chiflado, (que) se puso una tira en la frente que decía ‘rey de los judíos’ y subió a la cruz buscando el martirio… No bromeo, Michka. La idea de que el curso de la civilización ha cambiado, que se ha vuelto al revés, debido a un chiflado… para mí, eso sí que es difícil de creer"

 Por último, otro elemento de la fe cristiana de Bono que quiero rescatar es la autenticidad. En un mundo donde los artistas católicos creen que para alcanzar la cumbre del éxito tienen que ocultar su fe o por lo menos exponerla en modo relativistico, muy personal y con 17 circunloquios para no ofender a los fans… alguien que ha alcanzado la cumbre del éxito -varias veces- les demuestra que esto no es así. Que no tienen que renunciar a sus principios ni a su fe porque en el fondo están renunciando a ellos mismos, a su riqueza y a la identidad que los hace ser únicos. Ojalá todos los artistas católicos tuviera el coraje de hablar tan claramente sobre Cristo en público: A diferencia de las leyes del Karma donde todo lo que hagas debes pagarlo, Dios vino a la tierra y murió para pagar todos nuestros errores. Al creer esto estaremos aceptando que Dios nos regala la salvación. Esto es lo que se denomina la Gracia del Señor y Jesucristo fue el único que lo hizo

lunes, 15 de septiembre de 2014

DIOS DA A LOS ESPOSOS UN ANTÍDOTO: CRISTO

En la Fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, y por primera vez desde el inicio de su Pontificado, el Papa Francisco celebró la Santa Misa con el rito del matrimonio, a las 9.00 en la Basílica de San Pedro. 

Se trató de un momento de gran intensidad para las veinte parejas de novios que fueron elegidos para decir su “sí” ante el Santo Padre.

En su homilía, el Obispo de Roma recordó que el matrimonio “es símbolo de la vida, de la vida real”, y afirmó que no es una “novela”, sino que es el sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia, “un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía”.

El Santo Padre dirigió asimismo su pensamiento a las parejas de esposos que “se sienten extenuadas del camino” de la vida conyugal y familiar; en el que el cansancio del camino se convierte en agotamiento interior; y donde pierden el gusto del Matrimonio, porque ya no encuentran en el Sacramento la fuente de agua, por lo que la vida cotidiana se hace pesada, “da náusea”.
Homilía completa:


La prima Lectura nos habla del camino del pueblo en el desierto. Pensemos en aquella gente en marcha, siguiendo a Moisés; eran sobre todo familias: padres, madres, hijos, abuelos; hombres y mujeres de todas las edades, muchos niños, con los ancianos que avanzaban con dificultad... Este pueblo nos lleva a pensar en la Iglesia en camino por el desierto del mundo actual, nos lleva a pensar en el Pueblo de Dios, compuesto en su mayor parte por familias.
Y nos hace pensar también en las familias, nuestras familias, en camino por los derroteros de la vida, por las vicisitudes de cada día... Es incalculable la fuerza, la carga de humanidad que hay en una familia: la ayuda mutua, la educación de los hijos, las relaciones que maduran a medida que crecen las personas, las alegrías y las dificultades compartidas... En efecto, las familias son el primer lugar en que nos formamos como personas y, al mismo tiempo, son los “adobes” para la construcción de la sociedad.
Volvamos al texto bíblico. En un momento dado, «el pueblo estaba extenuado del camino». Estaban cansados, no tenían agua y comían sólo “maná”, un alimento milagroso, dado por Dios, pero que, en aquel momento de crisis, les parecía demasiado poco. Y entonces se quejaron y protestaron contra Dios y contra Moisés: “¿Por qué nos habéis sacado...?”. Es la tentación de volver atrás, de abandonar el camino.
Esto me lleva a pensar en las parejas de esposos que “se sienten extenuadas del camino”, del camino de la vida conyugal y familiar. El cansancio del camino se convierte en agotamiento interior; pierden el gusto del Matrimonio, no encuentran ya en el Sacramento la fuente de agua. La vida cotidiana se hace pesada, y muchas veces “da náusea”.
En ese momento de desorientación –dice la Biblia–, llegaron serpientes venenosas que mordían a la gente, y muchos murieron. Esto provocó el arrepentimiento del pueblo, que pidió perdón a Moisés y le suplicó que rogase al Señor que apartase las serpientes. Moisés rezó al Señor y Él dio el remedio: una serpiente de bronce sobre un estandarte; quien la mire, quedará sano del veneno mortal de las serpientes.
¿Qué significa este símbolo? Dios no acaba con las serpientes, sino que da un “antídoto”: mediante esa serpiente de bronce, hecha por Moisés, Dios comunica su fuerza de curación, fuerza de curación que es su misericordia, más fuerte que el veneno del tentador.
Jesús, como hemos escuchado en el Evangelio, se identificó con este símbolo: el Padre, por amor, lo ha “entregado” a Él, el Hijo Unigénito, a los hombres para que tengan vida; y este amor inmenso del Padre lleva al Hijo, a Jesús, a hacerse hombre, a hacerse siervo, a morir por nosotros y a morir en una cruz; por eso el Padre lo ha resucitado y le ha dado poder sobre todo el universo. Así se expresa el himno de la Carta de San Pablo a los Filipenses. Quien confía en Jesús crucificado recibe la misericordia de Dios que cura del veneno mortal del pecado.
El remedio que Dios da al pueblo vale también, especialmente, para los esposos que, “extenuados del camino”, sienten la tentación del desánimo, de la infidelidad, de mirar atrás, del abandono... También a ellos Dios Padre les entrega a su Hijo Jesús, no para condenarlos, sino para salvarlos: si confían en Él, los cura con el amor misericordioso que brota de su Cruz, con la fuerza de una gracia que regenera y encauza de nuevo la vida conyugal y familiar.
El amor de Jesús, que ha bendecido y consagrado la unión de los esposos, es capaz de mantener su amor y de renovarlo cuando humanamente se pierde, se hiere, se agota. El amor de Cristo puede devolver a los esposos la alegría de caminar juntos; porque eso es el matrimonio: un camino en común de un hombre y una mujer, en el que el hombre tiene la misión de ayudar a su mujer a ser mejor mujer, y la mujer tiene la misión de ayudar a su marido a ser mejor hombre. Ésta es vuestra misión entre vosotros. “Te amo, y por eso te hago mejor mujer”; “te amo, y por eso te hago mejor hombre”. Es la reciprocidad de la diferencia. No es un camino llano, sin problemas, no, no sería humano. Es un viaje comprometido, a veces difícil, a veces complicado, pero así es la vida. Y en el marco de esta teología que nos ofrece la Palabra de Dios sobre el pueblo que camina, también sobre las familias en camino, sobre los esposos en camino, un pequeño consejo. Es normal que los esposos discutan. Es normal. Siempre se ha hecho. Pero os doy un consejo: que vuestras jornadas jamás terminen sin hacer las paces. Jamás. Basta un pequeño gesto. Y de este modo se sigue caminando. El matrimonio es símbolo de la vida, de la vida real, no es una “novela”. Es sacramento del amor de Cristo y de la Iglesia, un amor que encuentra en la Cruz su prueba y su garantía. Os deseo, a todos vosotros, un hermoso camino: un camino fecundo; que el amor crezca. Deseo que seáis felices. No faltarán las cruces, no faltarán. Pero el Señor estará allí para ayudaros a avanzar. Que el Señor os bendiga.