domingo, 20 de abril de 2014

VERDADERAMENTE HA RESUCITADO



Feliz Pascua de Resurrección: Jesús ha resucitado y ha vencido al pecado.
Hoy lo celebramos con gozo y alegría que se prolongarán durante la cincuentena pascual.
Compartimos hoy la homilía que el Papa Francisco dirigió ayer a todos en la Vigilia Pascual.

El Evangelio de la resurrección de Jesucristo comienza con el ir de las mujeres hacia el sepulcro, temprano en la mañana del día después del sábado. Se dirigen a la tumba, para honrar el cuerpo del Señor, pero la encuentran abierta y vacía. Un ángel poderoso les dice: «Vosotras no temáis», y les manda llevar la noticia a los discípulos: «Ha resucitado de entre los muertos y va por delante de vosotros a Galilea» . Las mujeres se marcharon a toda prisa y, durante el camino, Jesús les salió al encuentro y les dijo: «No temáis: id a comunicar a mis hermanos que vayan a Galilea; allí me verán». No tengais miedo, no temais, no temais. Es la voz que anima a abrir el corazón para recibir este anuncia porque después de la muerte del Maestro, los discípulos se habían dispersado; su fe se deshizo, todo parecía que había terminado, derrumbadas las certezas, muertas las esperanzas. Pero entonces, aquel anuncio de las mujeres, aunque increíble, se presentó como un rayo de luz en la oscuridad. La noticia se difundió: Jesús ha resucitado, como había dicho... Y también el mandato de ir a Galilea; las mujeres lo habían oído por dos veces, primero del ángel, después de Jesús mismo: «Que vayan a Galilea; allí me verán». No temáis e id a Galilea. Galilea es el lugar de la primera llamada, donde todo empezó. Volver al lugar  de la primera llamada. Volver allí, volver al lugar de la primera llamada. Jesús pasó por la orilla del lago, mientras los pescadores estaban arreglando las redes. Los llamó, y ellos lo dejaron todo y lo siguieron.

  
Volver a Galilea quiere decir releer todo a partir de la cruz y de la victoria. Sin miedo, no temais. Releer todo: la predicación, los milagros, la nueva comunidad, los entusiasmos y las defecciones, hasta la traición; releer todo a partir del final, que es un nuevo comienzo, de este acto supremo de amor.
También para cada uno de nosotros hay una «Galilea» en el comienzo del camino con Jesús. «Ir a Galilea» tiene un significado bonito, significa para nosotros redescubrir nuestro bautismo como fuente viva, sacar energías nuevas de la raíz de nuestra fe y de nuestra experiencia cristiana. Volver a Galilea significa sobre todo volver allí, a ese punto incandescente en que la gracia de Dios me tocó al comienzo del camino. Con esta chispa puedo encender el fuego para el hoy, para cada día, y llevar calor y luz a mis hermanos y hermanas. Con esta chispa se enciende una alegría humilde, una alegría que no ofende el dolor y la desesperación, una alegría buena y serena.
En la vida del cristiano, después del bautismo, hay otra Galilea, hay también una «Galilea» más existencial: la experiencia del encuentro personal con Jesucristo, que me ha llamado a seguirlo y participar en su misión. En este sentido, volver a Galilea significa custodiar en el corazón la memoria viva de esta llamada, cuando Jesús pasó por mi camino, me miró con misericordia, me pidió de seguirlo; ir a Galilea significa recuperar la memoria de aquel momento en el que sus ojos se cruzaron con los míos, el momento en que me hizo sentir que me amaba.
Hoy, en esta noche, cada uno de nosotros puede preguntarse: ¿Cuál es mi Galilea? Hacer memoria, ir atrás ¿Dónde está mi Galilea? ¿La recuerdo? ¿La he olvidado? Búscala y la encontrarás, allí te espera el Señor. He andado por caminos y senderos que me la han hecho olvidar. Señor, ayúdame: dime cuál es mi Galilea; sabes, yo quiero volver allí para encontrarte y dejarme abrazar por tu misericordia. No tener miedo, no temer. Volved a Galilea.
El evangelio de Pascua es claro: es necesario volver allí, para ver a Jesús resucitado, y convertirse en testigos de su resurrección. No es un volver atrás, no es una nostalgia. Es volver al primer amor, para recibir el fuego que Jesús ha encendido en el mundo, y llevarlo a todos, a todos los extremos de la tierra.
«Galilea de los gentiles»: horizonte del Resucitado, horizonte de la Iglesia; deseo intenso de encuentro... ¡Pongámonos en camino!

sábado, 19 de abril de 2014

EL DESCENSO DEL SEÑOR A LA REGION DE LOS MUERTOS

¿Qué es lo que pasa? Un gran silencio se cierne hoy sobre la tierra; un gran silencio y una gran soledad. Un gran silencio, porque el Rey está durmiendo; la tierra está temerosa Y no se atreve a moverse, porque el Dios hecho hombre se ha dormido Y ha despertado a los que dormían desde hace siglos. El Dios hecho hombre ha muerto y ha puesto en movimiento a la región de los muertos.
En primer lugar, va a buscar a nuestro primer padre, como a la oveja perdida. Quiere visitar a los que yacen sumergidos en las tinieblas y en las sombras de la muerte; Dios y su Hijo van a liberar de los dolores de la muerte a Adán, que está cautivo, y a Eva, que está cautiva con él.
El Señor hace su entrada donde están ellos, llevando en sus manos el arma victoriosa de la cruz. Al verlo, Adán, nuestro primer padre, golpeándose el pecho de estupor, exclama, dirigiéndose a todos: «Mi Señor está con todos vosotros.» Y responde Cristo a Adán: «y con tu espíritu.» Y, tomándolo de la mano, lo levanta, diciéndole: «Despierta, tú que duermes, Y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo.
Yo soy tu Dios, que por ti me hice hijo tuyo, por ti y por todos estos que habían de nacer de ti; digo, ahora, y ordeno a todos los que estaban en cadenas: “Salid”, y a los que estaban en tinieblas: “Sed iluminados”, Y a los que estaban adormilados: “Levantaos.”
Yo te lo mando: Despierta, tú que duermes; porque yo no te he creado para que estuvieras preso en la región de los muertos. Levántate de entre los muertos; yo soy la vida de los que han muerto. Levántate, obra de mis manos; levántate, mi efigie, tú que has sido creado a imagen mía. Levántate, salgamos de aquí; porque tú en mí y yo en ti somos una sola cosa.
Por ti, yo, tu Dios, me he hecho hijo tuyo; por ti, siendo Señor, asumí tu misma apariencia de esclavo; por ti, yo, que estoy por encima de los cielos, vine a la tierra, y aun bajo tierra; por ti, hombre, vine a ser como hombre sin fuerzas, abandonado entre los muertos; por ti, que fuiste expulsado del huerto paradisíaco, fui entregado a los judíos en un huerto y sepultado en un huerto.
Mira los salivazos de mi rostro, que recibí, por ti, para restituirte el primitivo aliento de vida que inspiré en tu rostro. Mira las bofetadas de mis mejillas, que soporté para reformar a imagen mía tu aspecto deteriorado. Mira los azotes de mi espalda, que recibí para quitarte de la espalda el peso de tus pecados. Mira mis manos, fuertemente sujetas con clavos en el árbol de la cruz, por ti, que en otro tiempo extendiste funestamente una de tus manos hacia el árbol prohibido.
Me dormí en la cruz, y la lanza penetró en mi costado, por ti, de cuyo costado salió Eva, mientras dormías allá en el paraíso. Mi costado ha curado el dolor del tuyo. Mi sueño te sacará del sueño de la muerte. Mi lanza ha reprimido la espada de fuego que se alzaba contra ti.
Levántate, vayámonos de aquí. El enemigo te hizo salir del paraíso; yo, en cambio, te coloco no ya en el paraíso, sino en el trono celestial. Te prohibí comer del simbólico árbol de la vida; mas he aquí que yo, que soy la vida, estoy unido a ti. Puse a los ángeles a tu servicio, para que te guardaran; ahora hago que te adoren en calidad de Dios.
Tienes preparado un trono de querubines, están dispuestos los mensajeros, construido el tálamo, preparado el banquete, adornados los eternos tabernáculos y mansiones, a tu disposición el tesoro de todos los bienes, y preparado desde toda la eternidad el reino de los cielos.»

De una antigua Homilía sobre el santo y grandioso Sábado
(PG 43, 439. 451. 462-463)

jueves, 17 de abril de 2014

JUEVES SANTO: EUCARISTÍA, SACERDOCIO, AMOR FRATERNO



Hoy nos reuniremos a las cinco de la tarde para celebrar juntos la Cena del Señor. En acción de gracias por el don de la Eucaristía, el Sacerdocio y el mandato del  Amor que Jesús nos dejó en esta tarde de Pasión.


“Y lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, un bastón en la mano; y os lo comeréis a toda prisa”. Era una cena nerviosa. Fuera de la casa, arreciaba la muerte, y había que estar dispuestos a salir en cuanto hubiera pasado. Año tras año, los israelitas comieron apresuradamente su cordero, esperando que, de un momento a otro, se presentase la Pascua verdadera.
Sin embargo, la última Pascua fue de todo menos rápida. Debía haberlo sido, porque así estaba preceptuado, pero aquella noche, como la primera, la muerte arreciaba fuera de la casa, y un Hombre se marchaba con ella dejando atrás a sus amigos.

Esta vez, el Primogénito cuya vida segaría el ángel exterminador iba a ser Él… ¡Y no encontraba la forma de arrancarse de los suyos!
¡Dios mío! ¡Nunca fue Jesús más débil! ¡Si parece un niño diciendo a su padre “ya voy, ya voy”, y alargando a la vez la despedida, extendiendo la mano y tocando a sus amigos hasta casi arrancarse los dedos para no marcharse! Quien hoy no se conmueva, o no sabe leer, o no sabe llorar.
Comienza la cena, la última Pascua, y Jesús cae por tierra y se abraza a los pies de los Doce; los limpia y los besa. Podía haberles besado en el rostro, podía haber abrazado sus cuerpos… Pero un Profeta tiene su propio lenguaje, y con su gesto expresa un Amor rendido que jamás hubiera comunicado un abrazo. Luego toma el pan y el vino, y tocándolos los hace estremecer, y se arranca el alma, el Cuerpo y la Sangre para quedarse escondido en ellos… No quiere salir, no quiere salir… Y se esconde después en las manos de los apóstoles, manos sacerdotales que son las del propio Cristo, oculto para no marcharse… Yo tengo a Cristo tiritando en mis manos, porque no quiere separarse de los hombres, y soy tan necio que no vivo en un temblor.

Y acaba la cena, pero no quiere irse… Y habla, y habla… Tres capítulos enteros del evangelio de Juan arden en la sobremesa. Acaba el primero, el 14, y hay que marcharse. ¡Un último esfuerzo, que la noche arrecia!: “Levantaos, vámonos de aquí!”… Pero, ya de pie, junto a la puerta se detiene. El Omnipotente no puede, no sabe separarse de los suyos y aún se resiste y sigue hablando. Quisiera congelar la despedida y abrasa dos capítulos más. Nunca le escuché, hasta ese momento, una declaración de Amor explícita; nadie tan pudoroso como Él. Pero, esa noche… Esa noche era la última, y hasta su pudor Jesús depuso para quemar una página de mi evangelio: “Como el Padre me amó, así os he amado yo” (Jn 15, 9)… Hay que irse, Dios mío; hay que irse… Y levanta los ojos al cielo pidiendo fuerzas, aún de pie junto al umbral, y abrasa otro capítulo de Juan: el 17… Y se adentra en la noche.
Y seguirá tiritando en Getsemaní, y se agarrará a las ramas de los olivos, y… ¡Madre mía! ¿Y seguiré yo, Virgen Santa, tan frío mientras Jesús tirita?

Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org

miércoles, 16 de abril de 2014

MIERCOLES SANTO


Hoy a las 21:00 tenemos celebración penitencial en nuestra Parroquia.
Juntos nos preparamos a celebrar los misterios de nuestra Salvación y nos reconciliamos con Dios y con nuestros hermanos.
Te dejamos AQUÍ un examen de conciencia que puede ayudarte a preparar este hermoso momento de la reconciliación.


“Mi Señor me ha dado una lengua de iniciado, para saber decir al abatido una palabra de aliento”. Hay muchas maneras de dirigirse a Dios. Una de ellas es, por supuesto, desde el sentimiento. Sin embargo, los sentimientos son un instrumento de doble filo. Por un lado, muestran algo realmente humano de la persona que los emplea. Pero, por otro lado, existe el peligro de que nos esclavicen, es decir, de que dejen de depender de nosotros, para convertirse en tiranos de nuestras pasiones. Cuando, por ejemplo, alguien pone sus fuerzas en algo que, aun siendo aparentemente contrario a algo placentero (como sacrificarse personalmente en beneficio de otro), supone un bien superior, entonces los sentimientos tienen su auténtico sentido: servir con generosidad a un fin verdaderamente bueno.

“¿Qué estáis dispuestos a darme, si os lo entrego?” El ejemplo de Judas, en cambio, es el de estar arrebatado por sentimientos de envidia y avaricia. Es capaz de entregar a aquel que sólo le ha demostrado amor y compasión, simplemente porque se ha dejado dominar por un bien (si acaso pudiéramos hablar como tal), verdaderamente inferior: la codicia. Se ha convertido en esclavo de sus pasiones, dejando a un lado la verdad, para caer en la mentira de lo aparente y superficial… hasta el punto de llevar a su “amigo” a la traición y la muerte.
Pues bien, independientemente de lo que puedan opinar algunos sociólogos, la religiosidad popular está realmente cargada de sentimientos que llevan a la gente a ejercer algo auténticamente bueno. Ven en esas imágenes, acompasadas por el silencio y la admiración, el sufrimiento de un Dios que ha entregado su vida por ellos. No es algo postizo o fanático, sino que es un lenguaje que, trascendiendo lo puramente humano, nos lleva a identificarnos en lo mismo: nuestra absoluta necesidad de lo divino.

Me duele ver tanta mentira e hipocresía en aquellos que, en nombre de la objetividad y de lo ecuánime, dicen encontrarse por encima de ese sentimentalismo barato que supone dejarse arrobar por la imagen de un Cristo llagado, o una Virgen dolorida.
A veces, da la impresión de que el ser humano ha perdido el referente de sí mismo. Si no lo volvemos a encontrar en el misterio de la Pasión y Muerte de Jesús… ¿quién te dará las respuestas a tanta inquietud y desasosiego que llevas dentro? Así pues, no tengas vergüenza de volcar tus sentimientos en tanto amor entregado… aunque sea a través de esa imagen de madera. Cristo se abrazó a una en forma de Cruz.

Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org

martes, 15 de abril de 2014

MARTES SANTO

EJERCICIOS ESPIRITUALES EN RADIO MARÍA
Durante esta Semana Santa, Radio María les ofrece otra tanda de ejercicios espirituales, esta vez de forma intensiva.
Está dirigida por el P. Francisco Javier Fernández Perea y tiene lugar: Lunes, Martes y Miércoles Santo en cuatro momentos, a las 12:30 horas, a las 15, 18 y 23 h. Además, el Sábado Santo emitimos otra de estas meditaciones a las 16 horas, y el Domingo de Pascua a las 16 y 18 h.

Puedes escucharlos en su emisora o a través de su web. Pincha AQUÍ

Adentrados en el tiempo sagrado de la Semana Santa, uno tiene la impresión de que la consideración de los misterios de Dios necesitan un ritmo bien distinto a lo que estamos acostumbrados: “Estaba yo en el vientre, y el Señor me llamó; en las entrañas maternas, y pronunció mi nombre”. Ni volvemos atrás, ni miramos al futuro… 

Dios nos observa desde un eterno presente, y quiere que nos incorporemos a esa consideración divina de su presencia en la creación. Por eso, la Semana Santa es un tiempo privilegiado para ello. El anonadamiento de Dios hace “saltarse” las reglas de lo medible, para transformar cada una de las pasiones de los hombres (sus sufrimientos, lamentos, dolores…) en su propia Pasión. Y no lo hace de manera anónima o abstracta, sino que reconoce el nombre y apellidos de cada uno de los que hizo a su imagen y semejanza. De hecho, la figura de las “entrañas maternas”, se escapa a cualquier idealización o antropomorfismo que podamos tener de Dios… Él, va más allá. Mientras que los seres humanos nos dejamos llevar, al fin y al cabo, por tantos afectos que nos atan a las cosas y a las personas, el amor de Dios deslumbra y atraviesa esos afectos para ir al núcleo del alma: su entrega, sin condiciones ni restricciones.

Una madre es capaz de estar en el lecho del dolor de un hijo enfermo y que sufre. Dios, en cambio, “se hace” dolor. Una madre es capaz de dar la vida por el hijo condenado. Dios, en cambio, “se hace” condenar, a la vez que entrega su vida. ¿No es esto llevar la libertad hasta las últimas consecuencias? Muchos, durante estos días, mirarán a otro lado al ver a ese Cristo flagelado y vilipendiado; pero ésos ignorantes, olvidan que también Dios, no sólo los ama a ellos también, sino que “se hace” sufrimiento en esos corazones amargados; porque, quizás, ni amaron, ni fueron tratados con ternura.

“Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar”. ¡Sí!, ése somos tú y yo. Y no se trata de una mera metáfora. Más allá de cualquier sentimiento de culpabilidad, se encuentra la realidad del pecado. Podemos pensar que nuestra vida está, si acaso, impregnada de “pecadillos”… ¡vamos!, “lo que todo el mundo”. Pero hay un pecado que cuesta realmente reconocer, y que sumergido en lo hondo de nuestra soberbia, nos impide ver las cosas tal y como son en realidad. Ese pecado no es otro, sino pensar que a Dios poco le debemos, y que son nuestros méritos los que nos salvan. Sin embargo, la maternidad de Dios conoce nuestra debilidad y nuestra arrogancia… ¿Por qué, si no, sólo María permaneció junto a la Cruz de su Hijo? Ella es la llena de gracia y, por tanto, atravesada por la infinitud del amor de Dios, supo permanecer junto al Amor.

“Adonde yo voy no me puedes acompañar ahora, me acompañarás más tarde”. La arrogancia de Pedro le llevó negar al Señor en tres ocasiones. La nuestra, quizás se multiplique por mil. Pero, ahora, lo importante es respetar el “tiempo” de Dios, y lo que sólo puede realizar Él. Él que no sólo es digno de admiración, sino de contemplación y adoración. Ya vendrá la cruz que a cada uno nos corresponde; esas cruces que nos acompañan cotidianamente, y que despreciamos, en tantas ocasiones, porque creemos no ser merecedores de ellas (el insulto recibido, las prisas que nos agobian, el mirar a otra parte cuando nos piden ayuda…).
¡Sí!, llega la “hora” de Dios… dejémonos, por tanto, empapar de su eterna ternura y, como una madre… más que una madre, hundamos nuestro rostro en las llagas del amor, infinitamente misericordioso, de Cristo crucificado.


lunes, 14 de abril de 2014

LUNES SANTO

Debo de confesar que la película de Mel Gibson, “La Pasión de Cristo”, es de lo mejor que he visto en los últimos años. No se trata ahora de salir “en plan” apologeta contra los detractores de la película, ni analizar la calidad, si sus efectos especiales, ni la dureza de algunas escenas…. Simplemente, es una película que ayuda a rezar.

Existe una gran filmografía acerca de la vida de Nuestro Señor, desde muchos aspectos, sobre todo, teniendo en cuenta la visión del director o el productor. Pero en esta versión del cineasta australiano, se percibe una gran fidelidad a la narración evangélica, y cómo los distintos personajes (destacaría, de manera especial, el papel de María, la madre de Jesús), entran de lleno en cada una de las situaciones vividas en la Pasión, no sólo con credibilidad, sino con una entrega que roza el amor de lo que representan.

Uno de los asesores religiosos de Mel Gibson, el padre Tomas, nos contaba que el director había pedido construir una Capilla de campaña, para que así, durante los días del rodaje del film, se pudiera celebrar la Eucaristía, y rezar. Nos contaba este sacerdote, que en una ocasión, entró en dicha capilla, y se encontró con la siguiente escena: de rodillas, frente al Sagrario, estaban Mel Gibson y Jim Caviezel (el actor que representa a Cristo), y que éste último se encontraba con todo el maquillaje puesto (por lo visto eran necesarias cerca de ocho horas diarias para hacerlo) para la escena de la flagelación. Y lo que le impresionó al padre Tomas, es que ambos estaban rezando el rosario en voz alta. Desde luego, es una buena manera de prepararse para trabajar en una película de estas dimensiones. Una vez más, y ya termino con lo de la película, las palabras del Señor son evidentes: “Por sus frutos los reconoceréis”.

“¿Por qué no se ha vendido este perfume por trescientos denarios para dárselos a los pobres?” Volvemos al original: el relato de los Evangelios. San Juan, es uno de los evangelistas que con más delicadeza va presentando la Pasión de Nuestro Señor. María unge los pies de Jesús con nardo, y nos la imaginamos con un cariño y dedicación que, verdaderamente, nos conmueve. Por otro lado, observamos a aquellos que se escandalizan por semejante derroche, pero son incapaces de advertir quién es su destinatario. Hoy día, es de suma importancia recuperar los detalles de cariño y respeto ante lo sagrado. Ya decía el profeta Isaías: “Sed santos los que tocáis las cosas santas”. Una genuflexión bien hecha ante el santísimo, una oración vocal realizada sin prisas y con atención. Y, sobre todo, las cosas que atañen al cuerpo y la sangre de Cristo: cálices, patenas, ornamentos, etc. Todo contribuye, de la misma manera que María, la hermana de Lázaro, trató los pies de Jesús enjugándolos con sus propios cabellos, a reverenciar y adorar lo que más queremos en este mundo.
Tener a nuestro alcance la entera humanidad y divinidad de Cristo, no sólo es un privilegio, es el mayor de los tesoros que, de manera especial los sacerdotes, tenemos en nuestras manos… y cualquier cuidado es poco. Porque el amor no anda con “remilgos”: procura darlo todo.

Comentario a la liturgia del día en www.archimadri.org

sábado, 12 de abril de 2014

CONCIERTO-PREGÓN DE SEMANA SANTA

Fué el pasado 4 de Abril en nuestra Parroquia: Banda Municipal de Sonseca y Coral Polifónica Contrastes. La presentación corrió a cargo de nuestro párroco D. José Talavera. Pudimos disfrutar de un precioso anuncio de la Pascua, a través del arte de la música, en el marco maravilloso de nuestro templo parroquial y de su magnífico retablo.

Os dejamos con el vídeo correspondiente a la parte del concierto en la que intervienen Coral y Banda.