sábado, 16 de agosto de 2014

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo
según san Mateo
15, 21-28

Jesús partió de Genesaret y se retiró al país de Tiro y de Sidón. Entonces una mujer cananea, que procedía de esa región, comenzó a gritar: «¡Señor, Hijo de David, ten piedad de mí! Mi hija está terriblemente atormentada por un demonio». Pero El no le respondió nada.
Sus discípulos se acercaron y le pidieron: «Señor, atiéndela, porque nos persigue con sus gritos».
Jesús respondió: «Yo he sido enviado solamente a las ovejas perdidas del pueblo de Israel».
Pero la mujer fue a postrarse ante Él y le dijo: «¡Señor, socórreme!»
Jesús le dijo: «No está bien tomar el pan de los hijos, para tirárselo a los cachorros».
Ella respondió: «¡Y sin embargo, Señor, los cachorros comen las migas que caen de la mesa de sus dueños!»
Entonces Jesús le dijo: «Mujer, ¡qué grande es tu fe! ¡Que se cumpla tu deseo!» y en ese momento su hija quedó sana.

Palabra del Señor.

Viniendo de Madrid hace una semana el coche me dejó tirado en la autopista, cerca de Tarancón. Me puse mi chaleco reflectante y mi sombrero blanco y, después de colocar el triangulito me refugié detrás del quitamiedos. Justo en ese momento salieron de su madriguera, a mis pies, dos conejos asustados que me asustaron un poco.
Cuando Jesús fue a la región de Tiro y Sidón -el Líbano actual según los sabios- los discípulos no podían sospechar que allí una mujer extranjera daría una memorable lección de fe.
En la Evangelii gaudium el Papa ha recordado la necesidad de llevar por todas partes la alegría del evangelio sin timideces ni pesimismos. Cada cierto tiempo se oye decir que el Evangelio ya no tiene nada que aportar al hombre de hoy; que ya no es posible creer ese anuncio ni participar de esa alegría. Y podemos acabar creyendo ese mal augurio, acomplejándonos y sintiendo la tentación de ocultarnos. Pero el Papa visita Corea del Sur y nos enteramos de que hay allí una Iglesia llena de vida y de que es el país en el que se bautiza más gente; cien mil adultos al año. La Iglesia ha aprendido de Jesús que no hay barreras para el Espíritu Santo.
Jesús fue a la región de Tiro y Sidón para dejarse encontrar por una mujer que sufría mucho y para liberar a su hija del poder del diablo. Quizá esta sea la primera enseñanza para nosotros. En todas partes hay personas que están preparadas, bien dispuestas para acoger el Evangelio. Y en todas partes hay personas necesitadas del consuelo y de la alegría del Evangelio. Donde menos se espera, salta la liebre. Hace falta que nosotros nos dejemos encontrar por esas personas, que no nos escondamos ni ocultemos la luz del Evangelio.
Se ve que aquella mujer cananea conocía las profecías de Israel porque llamó a Jesús “Hijo de David”. Y se ve que era muy humilde porque se postró ante Él para hacer su petición. Y cuando Jesús le dijo No es bueno echar a los perros el pan de los hijos, no se sintió ofendida; reconoció que no podía exigir nada y que debía hacer el papel del perrito que se conforma con las migajas que caen de la mesa.
Una lección de fe y de humildad para nosotros que hemos sido invitados a la mesa como hijos, por la Misericordia  de Dios. Y nos la da una mujer cananea y paganilla. El Amable Espíritu Santo hace que la liebre salte donde menos se espera.
Javier Vicens Hualde
Párroco de S. Miguel de Salinas

viernes, 15 de agosto de 2014

LA ASUNCIÓN DE MARÍA A LOS CIELOS

El Papa Francisco visita Corea del Sur. Elevemos nuestras oraciones por los frutos de este viaje.



En días como hoy, quisiera yo escribir palabras que hiciesen arder el folio… Pero el folio es “virtual”, y si arde el ordenador no podría escribir nada más. En todo caso, es difícil, muy difícil, hacer pasar a través de estos pequeños dedos el fuego que abrasa las entrañas. Cuando haya terminado de escribir, y lea las pobres palabras que han quedado colgadas del monitor, sé que me sentiré frustrado. Volveré a repetirme que estoy solo, solo con esta mezcla de consuelo y desconsuelo que me hace vivir como si llevase una bomba adherida al alma.

Siento consuelo porque soy carne, amo la carne, y no sé manifestar ni recibir el cariño por un camino distinto del que ha tendido ante mí esta carne bendita. No sé amar a la Virgen sin amar sus labios, sus mejillas, sus manos, sus pies, y su sonrisa. Y al considerar el misterio de su Asunción al Cielo en cuerpo y alma me siento muy aliviado: esos labios, esas mejillas, esas manos, esos pies y esa sonrisa están a salvo en la eternidad. Nadie puede arrebatármelas: ni las deteriorará el paso del tiempo, ni las consumirá la muerte, ni las surcará con su arado la tristeza. María, mi Madre, en cuerpo y alma, vive, eternamente joven y eternamente hermosa, en el Cielo. Allí me está esperando, y allí la imagino… Sé que en el Paraíso no hay dolor, pero ¿disparataré si digo que la imagino sonriendo -¡sonriendo, sí, con sus labios de carne gloriosa!- mientras clava sus ojos -¿de qué color son?- en mi pequeño rostro? ¿Será delirio decir que imagino lágrimas de ternura entre sus párpados mientras contempla cómo este pequeñín pasa por el mundo haciendo el ridículo y amando a Dios? También me consuela, y mucho, el saber que seguiré sus pasos, y el soñar con el ansiado día en que esta pobre carne de muerte se revista de gloria, y estas mejillas cansadas puedan recibir el beso de sus labios… Entonces la abrazaré, y lloraré sobre sus hombros lágrimas de fuego.
Siento un enorme desconsuelo porque Ella está allí mientras yo estoy aquí… ¡Qué terrible distancia para la carne, la que separa el Cielo de la Tierra! Sé que María está, ahora mismo, más cerca de mí que las personas a quienes veo apenas levanto la vista.

Lo sé, lo creo, y por eso lo escribo… Pero el saberlo no trae consuelo a mis ojos, ni a mis labios, ni a mis manos, que han de seguir crucificadas en el hambre porque no ven a Aquélla a quien aman. No me tengáis esto en cuenta, pero cuando pienso que, después de la muerte, y si Dios en su misericordia quiere otorgarme la Vida Eterna, aún reposará mi cuerpo en el sepulcro en espera del último día mientras mi alma descansa en la gloria… Cuando pienso eso, hasta el Cielo se me hace duro. Es un disparate; sé que el Cielo no puede ser sino dicha, pero, visto desde aquí, no sé cómo se las ingeniará el Señor para hacerme feliz sin mis manos, sin mis labios, y sin que mis ojos de carne se alegren con la contemplación de la hermosura de Cristo y de María.
Basta. Os resumiré, en una palabra, el modo en que en la tierra celebraré esta fiesta del Cielo: impaciencia.


Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org

miércoles, 13 de agosto de 2014

EL ADULTERIO Y LA CONCUPISCENCIA DE LA MIRADA



1. Quiero concluir hoy el análisis de las palabras que pronunció Cristo, en el sermón de la montaña, sobre el «adulterio» y sobre la «concupiscencia», y en particular del último miembro del enunciado, en el que se define específicamente a la «concupiscencia de la mirada», como «adulterio cometido en el corazón».

Ya hemos constatado anteriormente que dichas palabras se entienden ordinariamente como deseo de la mujer del otro (es decir, según el espíritu del noveno mandamiento del decálogo). Pero parece que esta interpretación -más restrictiva- puede y debe ser ampliada a la luz del contexto global. Parece que la valoración moral de la concupiscencia (del «mirar para desear») a la que Cristo llama «adulterio cometido en el corazón», depende, sobre todo, de la misma dignidad personal del hombre y de la mujer; lo que vale tanto para aquellos que no están unidos en matrimonio, como -y quizá más aún- para los que son marido y mujer.

2. El análisis, que hasta ahora hemos hecho del enunciado de Mt 5, 27-28 «Habéis oído que fue dicho. No adulterarás. Pero yo os digo que todo el que mira a una mujer deseándola, ya adulteró con ella en su corazón», indica la necesidad de ampliar y, sobre todo, de profundizar la interpretación presentada anteriormente, respecto al sentido ético que contiene este enunciado. Nos detenemos en la situación descrita por el Maestro, situación en la que aquel que «comete adulterio en el corazón», mediante un acto interior de concupiscencia (expresado por la mirada), es el hombre. Resulta significativo que Cristo, al hablar del objeto de este acto, no subraya que es «la mujer del otro», o la mujer que no es la propia esposa, sino que dice genéricamente: la mujer. El adulterio cometido «en el corazón no se circunscribe a los límites de la relación interpersonal, que permiten individuar el adulterio cometido «en el cuerpo». No son estos límites los que deciden exclusiva y esencialmente el adulterio cometido «en el corazón», sino la naturaleza misma de la concupiscencia, expresada en este caso a través de la mirada, esto es, por el hecho de que el hombre -del que, a modo de ejemplo, habla Cristo- «mira para desear». El adulterio «en el corazón» se comete no solo porque el hombre «mira» de ese modo a la mujer que no es su esposa, sino precisamente porque mira así a una mujer. Incluso si mirase de este modo a la mujer que es su esposa, cometería el mismo adulterio «en el corazón».

3. Esta interpretación parece considerar, de modo más amplio, lo que en el conjunto de los presentes análisis se ha dicho sobre la concupiscencia, y en primer lugar sobre la concupiscencia de la carne, como elemento permanente del estado pecaminoso del hombre (status naturæ lapsæ). La concupiscencia que, como acto interior, nace de esta base (como hemos tratado de indicar en el análisis precedente), cambia la intencionalidad misma del existir de la mujer «para» el hombre, reduciendo la riqueza de la perenne llamada a la comunión de las personas, la riqueza del profundo atractivo de la masculinidad y de la feminidad, a la mera satisfacción de la «necesidad» sexual del cuerpo (a la que parece unirse más de cerca el concepto de «instinto»). Una reducción tal hace, sí, que la persona (en este caso, la mujer) se convierta para la otra persona (para el hombre) sobre todo en objeto de la satisfacción potencial de la propia «necesidad» sexual. Así se deforma ese recíproco «para», que pierde su carácter de comunión de las personas en favor de la función utilitaria. El hombre que «mira» de este modo, como escribe Mt 5, 27-28, «se sirve» de la mujer, de su feminidad, para saciar el propio «instinto». Aunque no lo haga con un acto exterior, ya en su interior ha asumido esta actitud, decidiendo así interiormente respecto a una determinada mujer. En esto precisamente consiste el adulterio «cometido en el corazón». Este adulterio «en el corazón» puede cometerlo también el hombre con relación a su propia mujer, si la trata solamente como objeto de satisfacción del instinto.

4. No es posible llegar a la segunda interpretación de las palabras de Mt 5, 27-28, si nos limitamos a la interpretación puramente psicológica de la concupiscencia, sin tener en cuenta lo que constituye su específico carácter teológico, es decir, la relación orgánica entre la concupiscencia (como acto) y la concupiscencia de la carne, como, por decirlo así, disposición permanente que deriva del estado pecaminoso del hombre. Parece que la interpretación puramente psicológica (o sea, «sexológica») de la «concupiscencia», no constituye una base suficiente para comprender el relativo texto del sermón de la montaña. En cambio, si nos referimos a la interpretación teológica -sin infravalorar lo que en la primera interpretación (la psicológica) permanece inmutable- ella, esto es, la segunda interpretación (la teológica) se nos presenta como más completa. En efecto, gracias a ella, resulta mas claro también el significado ético de enunciado-clave del sermón de la montaña, el que nos da la adecuada dimensión del ethos del Evangelio.

5. Al delinear esta dimensión, Cristo permanece fiel a la ley: «No penséis que he venido a abrogar la ley y los profetas no he venido a abrogarla, sino a consumarla» (Mt 5, 17) En consecuencia, demuestra cuanta necesidad tenemos de descender en profundidad, cuánto necesitamos descubrir a fondo las interioridades del corazón humano, a fin de que este corazón pueda llegar a ser un lugar de «cumplimiento» de la ley. El enunciado de Mt 5, 27-28, que hace manifiesta la perspectiva interior del adulterio cometido «en el corazón» -y en esta perspectiva señala los caminos justos para cumplir el mandamiento: «no adulterarás»-, es un argumento singular de ello. Este enunciado (Mt 5, 27-28), efectivamente, se refiere a la esfera en la que se trata de modo particular de la «pureza del corazón» (cf. Mt 5, 8) (expresión que en la Biblia -como es sabido- tiene un significado amplio). También en otro lugar tendremos ocasión de considerar cómo el mandamiento «no adulterarás» -el cual, en cuanto al modo en que se expresa y en cuanto al contenido, es una prohibición unívoca y severa (como el mandamiento «no desearás la mujer de tu prójimo» Ex 20, 17)- se cumple precisamente mediante la «pureza de corazón». Dan testimonio indirectamente de la severidad y fuerza de la prohibición las palabras siguientes del texto del sermón de la montaña, en las que Cristo habla figurativamente de «sacar el ojo» y de «cortar la mano», cuando estos miembros fuesen causa de pecado (cf. Mt 5, 29-30). Hemos constatado anteriormente que la legislación del Antiguo Testamento, aun cuando abundaba en castigos marcados por la severidad, sin embargo, no contribuía «a dar cumplimiento a la ley», porque su casuística estaba contramarcada por múltiples compromisos con la concupiscencia de la carne. En cambio, Cristo enseña que el mandamiento se cumple a través de la «pureza de corazón», de la cual no participa el hombre sino a precio de firmeza en relación con todo lo que tiene su origen en la concupiscencia de la carne. Adquiere la «pureza de corazón» quien sabe elegir coherentemente a su «corazón»: a su «corazón» y a su «cuerpo».

6. El mandamiento no adulterarás» encuentra su justa motivación en la indisolubilidad del matrimonio, en el que el hombre y la mujer, en virtud del originario designio del Creador, se unen de modo que «los dos se convierten en una sola carne» (cf. Gén 2, 24) El adulterio contrasta, por su esencia, con esta unidad, en el sentido de que esta unidad corresponde a la dignidad de las personas. Cristo no solo confirma este significado esencial ético del mandamiento, sino que tiende a consolidarlo en la misma profundidad de la persona humana. La nueva dimensión del ethos está unida siempre con la revelación de esa profundidad, que se llama «corazón» y con su liberación de la «concupiscencia», de modo que en ese corazón pueda resplandecer más plenamente el hombre: varón y mujer, en toda la verdad del recíproco «para». Liberado de la constricción y de la disminución del espíritu que lleva consigo la concupiscencia de la carne, el ser humano: varón y mujer, se encuentra recíprocamente en la libertad del don que es la condición de toda convivencia en la verdad, y, en particular, en la libertad del recíproco donarse, puesto que ambos, marido y mujer, deben formar la unidad sacramental querida por el mismo Creador, como dice el Génesis 2, 24.

7. Como es evidente, la exigencia, que en el sermón de la montaña propone Cristo a todos sus oyentes actuales y potenciales, pertenece al espacio interior en que el hombre -precisamente el que le escucha- debe descubrir de nuevo la plenitud perdida de su humanidad y quererla recuperar. Esa plenitud en la relación recíproca de las personas: del hombre y de la mujer, el Maestro la reivindica en Mt 5, 27-28, pensando sobre todo en la indisolubilidad del matrimonio, pero también en toda otra forma de convivencia de los hombres y de las mujeres, de esa convivencia que constituye la pura y sencilla trama de la existencia. La vida humana, por su naturaleza, es «coeducativa», y su dignidad, su equilibrio dependen, en cada momento de la historia y en cada punto de longitud y latitud geográfica, de «quién» será ella para el, y él para ella.

Las palabras que Cristo pronunció es el sermón de la montaña tienen indudablemente este alcance universal y a la vez profundo. Sólo así pueden ser entendidas en la boca de Aquel, que hasta el fondo «conocía lo que en el hombre había» (Jn 2, 25), y que, al mismo tiempo, llevaba en sí el misterio de la «redención del cuerpo», como dirá San Pablo. ¿Debemos temer la severidad de estas palabras, o más bien, tener confianza en su contenido salvífico, en su potencia?

En todo caso, el análisis realizado de las palabras pronunciadas por Cristo en el sermón de la montaña abre el camino a ulteriores reflexiones indispensables para tener plena conciencia del hombre «histórico», y sobre todo del hombre contemporáneo: de su conciencia y de su «corazón».

San Juan Pablo II

 

martes, 12 de agosto de 2014

¿POR QUÉ ES MALO HABLAR MAL DEL PRÓJIMO?

Me preguntan: Padre, salgo mucho con mis amigas y con mucha frecuencia caemos en hablar mal del prójimo ¿Es eso un pecado? ¿Qué me recomienda para ello, cómo puedo mejorar esto?
 
Hablar mal del prójimo es un defecto muy dañino, porque manifiesta poco respeto por el otro y hace poco confiable a quien tiene este mal hábito; el que se acostumbra hablar mal del otro, también podrá hablar mal de ti en algún momento, porque quizás ya es un hábito adquirido y en muchos casos, como mencionas, no es fácil de erradicar.
 
Como ves, es un defecto que no sólo debes de cambiar porque es pecado sino porque daña las relaciones humanas, y tampoco ayuda a forjar amistades sinceras.
 
Ahora veamos que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica sobre esto. Dentro de los pecados que atentan contra el octavo mandamiento encontramos los juicios temerarios, la calumnia y la maledicencia. A veces con ligereza se utiliza el don de la palabra, y se hace mucho daño con ella. Así lo explica el Catecismo:
 
Juicio temerario, consiste en admitir, incluso tácitamente, como verdadero, sin tener para ello fundamento suficiente, un defecto moral en el prójimo.
 
Maledicencia, Consiste en manifestar los defectos y las faltas de otros a personas que los ignoran, sin una razón objetivamente válida.
 
La calumnia, consiste en dañar la reputación del prójimo afirmando cosas falsas o dando ocasión a juicios falsos respecto del mismo, mediante palabras contrarias a la verdad.
 
Creo que no son pocas las veces en que con ligereza se atribuyen males morales a otros sin tener la seguridad de si es así; Quizás basándose en suposiciones, impresiones subjetivas, o comentarios escuchados, se lanzan afirmaciones que dejan entrever una duda sobre la buena honra del otro. Incluso algunas veces tácitamente, con un gesto se puede dejar abierta la puerta a que se ponga en duda la buena fama y reputación de una persona. ¡Cuánto daño se puede hacer con esto! Y ni que decir de la calumnia donde se levanta un juicio falso con el único objetivo de hacerle daño a alguien. Es muy doloroso ver como al levantar falsos testimonios se daña la honra de las personas, cosa que después es muy difícil limpiar. Mi papá, para corregirnos frente a este defecto, cuando éramos chicos, siempre nos contaba la conocida historia de una persona que va donde el sacerdote a decirle que ha hablado mal de otro en una reunión y el padre le dice:
 
Haga lo siguiente: tráigame una gallina pero quiero que durante el camino la vaya desplumando. La persona hizo caso y cuando llegó donde el sacerdote, este le dijo: Ahora vaya, por favor y recoja todas las plumas. La persona le respondió: Padre esto es imposible. Bueno, lo mismo sucede cuando usted habla mal de alguien, algunas cosas podrá recoger, pero muchas otras no.
 
Por lo tanto pongamos siempre atención a nuestras palabras. Para avanzar en este dominio de la palabra, podrías preguntarte, antes de hablar: ¿Esto que voy a contar de tal persona, sería capaz de decirlo enfrente de ella? Luego preguntarte ¿cuál es el objetivo de lo que voy a decir? ¿Ayudar? Porque si mi objetivo es ayudar a que la persona cambie, pues es a esa persona es a quien tengo que buscar, para hacer una corrección fraterna, con amor y sin hacer juicios. ¿el día que yo cometa un error, me gustaría estar en boca de todo el mundo? Creo que siempre es bueno seguir aquello que Jesús enseñó, Trata a los demás como te gustaría que te traten a ti.
 
También te recomiendo pedirle a Dios ayuda para crecer en el dominio de la palabra. Y por último no juzgar, no estar mirando la paja en el ojo ajeno; termino recomendándote que leas el capitulo 3 de la carta del apóstol Santiago. Aquí una breve cita:
 
Animales salvajes y pájaros, reptiles y peces de toda clase, han sido y son dominados por el hombre. Por el contrario, nadie puede dominar la lengua, que es un flagelo siempre activo y lleno de veneno mortal. Con ella bendecimos al Señor, nuestro Padre, y con ella maldecimos a los hombres, hechos a imagen de Dios. De la misma boca salen la bendición y la maldición. Pero no debe ser así, hermanos. (St 3,5-10)
 
P. Enrique Granados en www.aleteia.org

domingo, 10 de agosto de 2014

EL HOMBRE QUE CAMINABA SOBRE LAS AGUAS

Jesús tiene la virtud desvelar la expresividad de lo creado. Ante sus ojos, todas las criaturas hablan de Dios y hablan del hombre. En esta clave debemos leer los milagros: no eran una forma “sobrenatural” de salir del paso ante dificultades “naturales”, sino parábolas en acción; contienen tal carga expresiva que las palabras humanas jamás serían capaces de llevar hasta nosotros tanta riqueza sin reventar por el camino. Vemos hoy a Jesús caminando sobre las aguas, y a Simón naufragando tras haber dado unos tímidos pasos en su busca. No estamos recordando que existió un hombre capaz de pasear sobre una tormenta. Estamos contemplando cómo las aguas, la noche, los vientos, la tormenta, Pedro y el Señor pronuncian una maravillosa homilía… Estamos oyendo hablar de Dios.

El agua es la vida terrena. Todos hemos zarpado desde una orilla y, mientras vivimos, cruzamos un lago en busca de la orilla opuesta, en la que atracaremos algún día. La noche es la condición del hombre en este mundo. Navegamos sin saber bien hacia dónde. En algunos momentos, la noche es tan espesa que apenas si distinguimos los pocos metros de camino que hay ante nosotros. Quien diga que mañana seguirá navegando se arriesga a mentir, porque quizá mañana, o dentro de unas horas, tú o yo hayamos alcanzado esa orilla que la noche nos oculta. En cuanto a la tormenta… La conocemos demasiado bien. ¿Cuántas veces has tenido la sensación de no hacer pie?
¿Cuántas veces has temido que la vida te tragase, como traga el mar encrespado a las pequeñas barquitas de remos? Los problemas, los dolores, las angustias… ¿No te han puesto nunca un nudo en la garganta?


… Y Jesús. Es Jesús Resucitado quien ahora camina por encima de las aguas. La tormenta sigue rugiendo, pero Él está allí… Camina sobre el furioso lago, como en la Cruz caminó sobre el dolor y sobre la muerte… Pero, a Él, ni el dolor ni la muerte se lo tragan. Está vivo por los siglos. Si Él calmase la tormenta, como le has pedido, todo sería “demasiado fácil”. Sin embargo, caminar en paz sobre los vientos… ¿Serás tú capaz, como Él, de caminar en paz sobre ese mar de dolores sin que la tormenta cese? ¿Serás capaz de ser feliz hoy, sin que a tu alrededor cambien las cosas, en lugar de hipotecar tu felicidad esperando a que la situación se arregle? ¿Podrás acercarte al Señor caminando serenamente sobre las aguas?
“Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse”…

 Mientras Simón tiene los ojos fijos en Jesús, camina sobre las aguas con paz. Pero cuando, desconfiado, mira hacia abajo y clava su mirada en la tormenta, se hunde. ¿Dónde tienes puesta la mirada? Mientras bajo tus pies rugen las olas, ¿cuál es tu oración? ¿Cansas al Señor diciéndole “¡Qué mal va todo!”, o te extasías ante su presencia, sabiendo que Él está contigo, y dices “¡Qué bueno eres, Jesús!”? He ahí el secreto para caminar sobre las aguas. ¿Dónde crees que tenía puesta su mirada la Virgen, cuando fue capaz de mantenerse en pie sobre el Calvario?

Comentario a la liturgia del día de www.archimadrid.org

miércoles, 6 de agosto de 2014

COSAS QUE ESTÁN PASANDO


“En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz.” ¿Para qué se transfigura Cristo? ¿Quería presumir delante de sus amigos? ¿Estaba harto de hacer de pobre? ¿Estaba dando un respiro a su divinidad por lo pesada que es la humanidad? ¿Quería más protagonismo?. Esas serían nuestras razones. Pero Jesucristo confía en los hombres, Él los creó con un fin bien concreto y, a pesar de nuestras tonterías, no deja de apostar por el hombre, de darnos su Gracia.

La tradición de la Iglesia es también dogma de fe. No deja de ser curioso que teniendo las imágenes triunfales de Cristo transfigurado y de Cristo resucitado, presidan nuestras Iglesias, casas y cuellos la imagen de Cristo resucitado. Un cuerpo destrozado, martirizado, humillado y despreciado. Jesús toma sobre sí todas las miserias de la humanidad, cada dolor, cada disgusto, cada decepción, cada herida, cada muerte, cada pecado. Y, a la vez, hoy nos muestra a lo que estamos llamados a ser. A pesar de las cosas que están pasando estamos llamados a vivir según Cristo. Las situaciones de cada tiempo pueden parecer el fracaso de Dios, pero no deja de ser el fracaso de muchos hombres,… Dios ya ha triunfado: “ Su dominio es eterno y no pasa, su reino no tendrá fin.”

Podríamos llenar el mundo de pesimistas, pero Dios cuenta con los que no salen en los periódicos. Hay miles y miles de buenas personas que, de forma a veces muy velada y otras de forma muy patente, escuchan la palabra del Hijo de Dios y la ponen en práctica. No presumen, no se dan a conocer y -para los listillos de este mundo-, pueden parecer crucificados, pero están salvando el mundo por su fidelidad a Dios.
La Virgen es como el espejo donde se refleja Cristo transfigurado, en ella aprendemos que a pesar de las cosas que pasan Dios sigue guardando al mundo.

Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org

martes, 5 de agosto de 2014

20 RAZONES PARA NO USAR ANTICONCEPTIVOS

Recordamos también en nuestras intenciones de oración, al grupo de jóvenes del Arciprestazgo que están participando en la peregrinación a Lourdes. 


Un grupo de jóvenes católicas se han lanzado a responder a las 22 jóvenes (y no tan jóvenes) empleadas de BuzzFeed que participaron en este post para dar razones de porqué usan métodos anticonceptivos. Me ha parecido un excelente material para sopesar las distintas posiciones y generar un sano dialogo entorno a los métodos, motivaciones e ideas que están detrás de la planificación familiar. El post de respuesta fue publicado también en Buzzfeed pero no oficialmente, sino a través de la posibilidad que da la página a sus usuarios de hacer sus propias publicaciones: aquí la respuesta. 
En este post pueden encontrar más información sobre los anticonceptivos y en este otroalgunas reflexiones sobre las familias numerosas. Fuente: catholic-link
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“PORQUE PUEDO EVITAR EL EMBARAZO SIN TENER QUE ENVENENAR MI CUERPO”
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“PORQUE EL CÁNCER DE SENO, EL CÁNCER CERVICAL Y LA INFERTILIDAD NO VALEN LA PENA”
“PORQUE TENER BEBES ES MÁS “COOL” QUE TENER MASCOTAS”
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“PORQUE LOS NIÑOS NO SON UN INCONVENIENTE. ¡SON UN REGALO!”
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“PORQUE YO NO TENGO QUE RENUNCIAR A MI CONDICIÓN DE MUJER PARA SER UNA FEMINISTA”
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“PORQUE ME PUEDO CONTROLAR”
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“PORQUE USARLOS HACE QUE LOS HOMBRES USEN A LAS MUJERES SIN TEMER POR LAS CONSECUENCIAS”
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“PORQUE USARLOS ENFRENTA LOS SÍNTOMAS Y NO EL PROBLEMA”
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“NO QUIERO PONER ALGO ARTIFICIAL EN MI CUERPO PARA DETENER QUE ALGO NATURAL OCURRA”
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“PORQUE EL SEXO ES MÁS QUE SÓLO DIVERSIÓN. ¡PRODUCE LA VIDA!”
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“SEXO = TODO. ES LA DONACIÓN INTEGRAL DE UNO MISMO”
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“PORQUE LA FERTILIDAD NO ES UNA CONDICIÓN QUE DEBE SER CORREGIDA”
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“PORQUE QUIERO UN CUERPO SALUDABLE, NATURAL Y ORGÁNICO”
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“PORQUE SOY RESPONSABLE Y TOMO DECISIONES INTELIGENTES, ACEPTANDO LAS CONSECUENCIAS DE MIS ACTOS”
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“PORQUE MI CUERPO ES UN DON PARA MI FUTURO ESPOSO Y ESE DON INCLUYE MI MATERNIDAD”
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“PORQUE TODO VALE LA PENA”
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“PORQUE A PESAR DE QUE LOS CALAMBRES Y EL ACNÉ SON UN FASTIDIO, FORMAN PARTE DEL HECHO DE SER MUJER”
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“PORQUE NADIE PUEDE DECIR QUE ESTÁ PREPARADO PARA TENER HIJOS ANTES DE TENERLOS. ELLOS SON LO MEJOR, LO MÁS EMOCIONANTE Y LO MÁS PLENO QUE ME HA PASADO EN LA VIDA”
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“PORQUE TENGO QUISTES EN LO OVARIOS Y LA PÍLDORA ME AYUDA MENOS QUE LAS ALTERNATIVAS NATURALES… PERO LAS COMPAÑIAS DE FARMACEUTICAS NO SON DICEN ESTO PORQUE QUIEREN HACER DINERO”

Sobre Mauricio Artieda