domingo, 4 de octubre de 2015

D. JOSÉ RIVERA

El Papa Francisco ha firmado el decreto por el que se reconocen las virtudes heroicas de José Rivera, sacerdote diocesano de Toledo. Ya sólo se necesitaría aprobar alguno de los milagros que se le atribuyen y se han presentado en la Congregación de la Causa de los Santos para poder beatificarlo. 

José Rivera fue formador y director espiritual de muchos sacerdotes en Toledo, algunos de los cuales son hoy obispos en activo en España. También destacó por su servicio material y espiritual a los pobres.

José Rivera Ramírez nació en Toledo el 17 de diciembre de 1925. Era el último de cuatro hermanos. Su hermano Antonio era conocido como «el Ángel del Alcázar», porque murió con fama de santidad el 20 de noviembre de 1936, a consecuencia de las heridas recibidas en el Alcázar de Toledo durante la Guerra Civil.

José ingresó en el Seminario de Comillas (Santander) donde estudió humanidades y filosofía (1943-1948), pasando a Salamanca para estudiar la teología (1948-1953). Fue ordenado sacerdote en Toledo el 4 de abril de 1953. 

Formador de sacerdotes
Fue director espiritual en los Seminarios de El Salvador e Hispanoamericano (OCSHA) de Salamanca (1957-1963), de Toledo (1965-1970), de Palencia (1970-1975) y de nuevo en Toledo (1975-1991, muerte). Profesor de Gracia-Virtudes y Teología Espiritual en Palencia y en Toledo.


El padre José Rivera con algunos de sus alumnos y discípulos... algunos de estos jóvenes hoy son obispos
Se le reconoce una intensa vida de oración, mortificación y estudio, y fue director espiritual de personas muy diversas. Varios de sus escritos personales han sido publicados posteriormente por la Fundación José Rivera (jose-rivera.org). Con el sacerdote José María Iraburu, publicó varias obras de espiritualidad, entre las que destacaEspiritualidad Católica (CETE, Madrid 1982). También con Iraburu, dos matrimonios y una virgen consagrada, fue en 1988 cofundador de la Fundación GRATIS DATE(www.gratisdate.org, web donde pueden descargarse algunas de sus obras).

El 13 de marzo de 1991, tras un infarto cardiaco, recibió la unción de enfermos, falleciendo el 25 de marzo de 1991. Su cadáver, donado por él a la Facultad de Medicina de Madrid, donde permaneció intacto, fue devuelto a petición del cardenal arzobispo de Toledo, Marcelo González Martín, y enterrado el 24 de marzo de 1994 en la capilla del Seminario Mayor diocesano de Santa Leocadia para adultos, situado en la Iglesia de San Bartolomé, en Toledo, a donde acuden muchos devotos para pedir gracias y favores por su intercesión.

Proceso de canonización
Por iniciativa del arzobispo de Toledo, Mons. Francisco Álvarez Martínez, se inició su proceso de canonización el 21 de noviembre de 1998, cuya fase diocesana fue clausurada el 21 de diciembre del 2000. Es promotora de la causa en Roma la archidiócesis de Toledo.

En el 50 aniversario de su ordenación sacerdotal, se celebraron en Toledo unas Jornadas de estudio sobre el siervo de Dios, bajo la presidencia del cardenal arzobispo Antonio Cañizares Llovera.

viernes, 25 de septiembre de 2015

¿DE VERDAD ESCUCHAMOS A DIOS?

domingo, 13 de septiembre de 2015

DOMINGO XXIV DEL TIEMPO ORDINARIO

Lectura del santo evangelio según san Marcos (8,27-35):

En aquel tiempo, Jesús y sus discípulos se dirigieron a las aldeas de Cesarea de Felipe; por el camino, preguntó a sus díscípulos: «¿Quién dice la gente que soy yo?»
Ellos le contestaron: «Unos, Juan Bautista; otros, Elías; y otros, uno de los profetas.»
Él les preguntó: «Y vosotros, ¿quién decís que soy?»
Pedro le contestó: «Tú eres el Mesías.»
Él les prohibió terminantemente decirselo a nadie. Y empezó a instruirlos: «El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, tiene que ser condenado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar a los tres días.» Se lo explicaba con toda claridad. 
Entonces Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo. Jesús se volvió y, de cara a los discípulos, increpó a Pedro: «¡Quítate de mi vista, Satanás! ¡Tú piensas como los hombres, no como Dios!»
Después llamó a la gente y a sus discípulos, y les dijo: «El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Mirad, el que quiera salvar su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»


Palabra del Señor


Y vosotros ¿quién decís que soy?
La Iglesia responde a esta pregunta de Jesús confesando que Él es el Señor, Hijo Único de Dios nacido del Padre antes de todos los siglos, no una criatura sino Dios de Dios, Luz de Luz, Dios verdadero de Dios verdadero, consubstancial con el Padre por quien todo fue hecho.
Esta confesión sonaba y sigue sonando a blasfemia a los oídos de muchos. Precisamente Jesús fue rechazado por las autoridades de Israel y condenado a muerte porque, siendo hombre, se hacía igual a Dios. Sus milagros y su doctrina lo habían acreditado como un gran profeta pero de ahí a hacerse igual a Dios hay un abismo.
Entonces Jesús toma el camino de la Cruz e invita a sus discípulos a seguirlo por ese camino. San Pedro protesta: ¿cómo va a permitir el Dios benigno y justo, el Dios compasivo que guarda a los sencillos, que su Unigénito sufra una muerte tan horrible?  San Pedro piensa como las autoridades de Israel y como muchos, incluso hoy, que Dios no puede permitir la muerte del inocente. Piensan así porque consideran que la vida, esta vida, es todo el bien del hombre. Pueden entender que un criminal muera en la cruz pero si un inocente muriera así eso sería un escándalo, una acusación contra el mismo Dios.
«Mirad, el que quiera sal­var su vida la perderá; pero el que pierda su vida por mí y por el Evangelio la salvará.»
Jesús corrige esa visión demasiado humana de las cosas. Esta vida -por mucho que nos esforcemos en cuidarla y conservarla- se acabará. Solamente hay un modo de salvarla: seguir a Jesús por ese camino de la Cruz en el que Dios parece haber abandonado al hombre y confiar en Dios, benigno y justo, que resucitó a Jesús de entre los muertos.
Cientos de miles de hombres, mujeres y niños han seguido y siguen a Jesús por el camino de la Cruz cuando, teniendo que elegir entre vivir sin Jesús o morir por Él y por el Evangelio, han abrazado la Cruz.
Pero hay pequeñas elecciones en la vida diaria que ponen a prueba nuestra fe. ¿Iré a Misa o me quedaré en casita viendo la tele? ¿Diré la verdad o mentiré para ahorrarme un disgusto? ¿Usaré mi tiempo y mi dinero pensando solamente en mí o, generosamente, pensando en los demás? No hay que esperar a que se presente la ocasión del martirio -que probablemente nunca llegará- para empezar a seguir a Jesús como Santa María.
Javier Vicens Hualde
Párroco de S. Miguel de Salinas

sábado, 5 de septiembre de 2015

¿HAS PENSADO COMO DIOS GUÍA TU VIDA?

Desgraciadamente muchas veces nos perdemos por los muchos caminos de este mundo, porque por orgullo o por obstinación, insistimos en caminar por donde queremos y no por el camino que Dios quiere que sigamos. El camino de Dios puede no ser el más fácil, o el más corto, pero con certeza, Él nos lleva por los caminos más acertados. Cómo es desagradable en un viaje largo equivocarse de camino. Increíble, cómo el lugar deseado nunca parece llegar.

Nuestra vida en la fe también es así. Si no nos dejamos guiar por Dios, nos equivocamos de camino, y nos atrasamos en alcanzar lo que tanto deseamos: la verdadera felicidad.

Es mucho más fácil rezar con el salmista el salmo 23:
“Yahveh es mi pastor, nada me falta.
Por prados de fresca hierba me apacienta. Hacia las aguas de reposo me conduce,
y conforta mi alma; me guía por senderos de justicia, en gracia de su nombre.
Aunque pase por valle tenebroso, ningún mal temeré, porque tú vas conmigo; tu vara y tu cayado, ellos me sosiegan.
Tú preparas ante mí una mesa frente a mis adversarios; unges con óleo mi cabeza, rebosante está mi copa.

Sí, dicha y gracia me acompañarán todos los días de mi vida; mi morada será la casa de Yahveh a lo largo de los días”.

Sin embargo, parece que no es tan fácil de vivir. ¿Será que estamos dejando que Dios nos guíe? ¿Qué voz hemos escuchado? ¿La voz de nuestro egoísmo, la voz del mundo o la voz de nuestro pastor?

Jesús dijo: “Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas y las mías me conocen a mí,
como me conoce el Padre y yo conozco a mi Padre y doy mi vida por las ovejas” (Jn 10,14-15).

Para seguir al Pastor son necesarias dos cosas: escuchar su voz y confiar, abandonarse a sus cuidados.

Para escuchar a Dios es necesario tener intimidad con Él. ¿Será que hemos buscado estar con el Señor? ¿Con qué frecuencia? ¿Cómo está nuestra vida de oración? ¿Nuestros oídos y corazón están atentos a sus llamados?

Para abandonarse es necesario creer en esto: Dios nos conduce en nuestro caminar hacia Él. Es él mismo quien realiza en nosotros la santificación; no tenemos poder para guiar nuestra santificación. Sólo Dios sabe el camino que tenemos que recorrer para llegar a ella; y Él nos lleva por ese camino cuando nos abandonamos confiados en sus manos.

Está en nosotros entregarnos dócilmente en sus manos como el barro en las manos del alfarero, como ovejas en los brazos del pastor, como el niño que es llevado por el padre, tomado de su mano, sin preguntar qué esta haciendo con nosotros. Eso es abandonarse en Dios. Nosotros no sabemos lo que necesitamos, mucho menos cuál es el camino mejor a seguir, sólo Él sabe por qué nos creó y tejió cada fibra de nuestro ser en el vientre materno, como dice el Salmo 139.

El padre Joseph Schrijvers, autor de un libro fabuloso llamado: “El don de sí”, insiste en esto: “Vivir cada instante el don de sí, es un acto de amor a Jesús en cada momento, acogiendo sin preguntar, lo que el Artista divino está haciendo”.

Necesitamos aprender a abandonarnos en los brazos del Padre cada día. Es un ejercicio de fe.

Podemos comparar el abandonarse en Dios con lo que Miguel Ángel hacía con un bloque de piedra. Él decía a sus alumnos, al enseñarles a trabajar con la escultura: “Ahí dentro hay un ángel, vamos a sacarlo. Vamos a quitar con el cincel, cariñosamente, lo que sobra”. Y el mármol necesita quedarse quieto y aceptar todos los golpes del Artista. Es la obra de Dios en nosotros. Sólo un corazón que ama a Dios entiende y acepta todo eso.

Es curioso cómo hasta en la gramática acostumbramos a usar el término “abandonarse” como verbo reflexivo, es decir, cuando el sujeto practica y recibe una acción. No es común abandonarse a sí mismo. Sin embargo, en la andadura de la fe, el lenguaje es diferente. La gramática de Dios es otra. Para hacer la voluntad de Dios, y no perdernos en el camino, es necesario abandonarnos a nosotros mismos para confiar única y exclusivamente en las manos de Dios que es Padre, es Pastor. Eso exige de nosotros actitudes de fe, confianza, humildad y perseverancia, para que frente a las muchas adversidades que enfrentamos en la vida, no languidezcamos, al contrario, que podamos sentir la verdadera paz de quien realmente cree que Dios está cuidándolo todo. Pues un buen pastor, jamás dejaría que se perdiera su oveja.
Fuente: aleteia.org

domingo, 23 de agosto de 2015

DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO

En aquel tiempo, muchos discípulos de Jesús, al oírlo, dijeron: «Este modo de hablar es duro, ¿quién puede hacerle caso?»
Adivinando Jesús que sus discípulos lo criticaban, les dijo: «¿Esto os hace vacilar?, ¿y si vierais al Hijo del hombre subir a donde estaba antes? El espíritu es quien da vida; la carne no sirve de nada. Las palabras que os he dicho son espíritu y vida. Y con todo, algunos de vosotros no creen.»
Pues Jesús sabía desde el principio quiénes no creían y quién lo iba a entregar. Y dijo: «Por eso os he dicho que nadie puede venir a mí, si el Padre no se lo concede.» Desde entonces, muchos discípulos suyos se echaron atrás y no volvieron a ir con él.
Entonces Jesús les dijo a los Doce: «¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: «Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»

Palabra del Señor



Las mujeres, que se sometan a sus maridos como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la Iglesia; él, que es el salvador del cuerpo. Pues como la Iglesia se somete a Cristo, así también las mujeres a sus maridos en todo.
Cuando una chica oye esto y frunce el ceño y piensa “¡machismo!” o     cuando un chico lo oye y piensa “muy bien dicho, las mujeres tienen que obedecernos”, es señal de que ni ella ni él han entendido a San Pablo. Es señal de que se han liado.
La Sagrada Escritura solamente puede entenderse a la luz del mismo Espíritu que la inspiró y una cosa está clara: el Espíritu Santo ni es machista ni es feminista. Al machista le dice el Espíritu Santo que no sabe amar porque quiere mandar, que no se líe. A la feminista le dice que no sabe amar porque no quiere obedecer, que no se líe. Y, a todos, nos dice que obedezcamos a Jesús que se ha ofrecido por nosotros en la Cruz y nos ha mostrado un amor digno de fe. No es tan difícil de entender si uno no se lía con eso del machismo y del feminismo.
El matrimonio que Dios inventó no es el infierno que encadena para toda la eternidad a un machista que quiere -lógicamente- mandar y ser servido y a una feminista que -lógicamente- no quiere obedecer ni servir. Eso no es el matrimonio, eso es el infierno.
El matrimonio que Dios inventó es el Cielo que unirá para toda la eternidad a Cristo -obediente y enamorado- con su Esposa, la Iglesia -obediente y enamorada-.
Comulgar con el Cuerpo y la Sangre de Cristo es empezar a celebrar en esta vida -a la luz de la fe- esa locura del Amor de Dios ante la que se rindió -obediente y enamorada- Santa María.
Javier Vicens
Párroco de S. Miguel de Salinas

lunes, 17 de agosto de 2015

MAS TESTIMONIOS DEL ENCUENTRO EUROPEO DE JÓVENES


BUSCA MENOS Y DÉJATE ENCONTRAR POR ÉL


Miles de jóvenes nos hemos reunido estos días en Ávila, todos unidos por un mismo motivo, la Fe. Han sido unos días muy intensos. Sin embargo la primera sensación no siempre es positiva. Hubo momentos en los que llegaba a cuestionarme el sentido de dormir y comer en el suelo, de las duchas rápidas, de los largos paseos bajo un calor sofocante, etc. Estas incomodidades nos preocupaban a más de una, pero a medida que nos acercábamos a Ávila, podíamos descubrir un sentido a todo ello: la SENCILLEZ. En realidad no necesitábamos nada más para acercarnos a Santa Teresa y a Dios, como ella decía: NADA TE TURBE, NADA TE ESPANTE, QUIEN A DIOS TIENE, NADA LE FALTA, palabras que cobraron sentido cada vez con más fuerza.






Desde el día 3 hasta el día 9 hemos recibido grandes regalos de Su parte. La alegría de llegar a la ciudad, cantando, bailando e incluso gritando, para que todo el mundo supiese que habíamos llegado, es uno de esos recuerdos que llevaré conmigo. Es increíble cómo un grupo de personas a las que no conoces se convierten en tu familia en tan sólo unos días. Inolvidables momentos en los que nos convertimos en apoyos morales e incluso físicos (literalmente), en los que se puede llegar al corazón necesitado de Dios de algunas personas y en los que se ve la fragilidad del ser humano. Sin olvidar las charlas entre compañeros, sacerdotes, diáconos y seminaristas. Se nos ha regalado la ocasión de  compartir cada una de las emociones del camino a través de las catequesis, las oraciones, las misas, los paseos y las vigilias. Conmueve recordar las palabras de las personas que compartieron su testimonio y las  de Mons. Xavier Novell, que bajo un solemne silencio nos instó a dejarnos amar por Cristo, a ser AMIGOS FUERTES DE DIOS, permaneciendo “enchufados a Él porque mi amor no tiene competidores”.


Ha terminado una semana intensa, en la que hemos vivido de todo. Desde un primer momento el principal objetivo fue el de abrir el corazón y encontrarme con el Señor. Durante estos días me dejé encontrar por Él, y vaya si lo hizo. Ahora toca alimentar esa amistad fuerte a través del WHATS estando en LÍNEA, por supuesto como dijo Santa Teresa, y nos enseñó una compañera de peregrinación: “AUNQUE ME CANSE, AUNQUE NO PUEDA, AUNQUE REVIENTE, AUNQUE MUERA.

Laura Fernández


"En tiempos recios, amigos fuertes de Dios" con estas palabras de Santa Teresa comenzaban nuestros días en el Encuentro Europeo de Jóvenes. Días en los que hemos podido disfrutar de la grandeza del Señor, compartir nuestra fe junto a millones de personas, que al igual que tú se sentían movidas hasta allí por una razón: Jesucristo. Hemos tenido momentos de diversión, conciertos, talleres, catequesis, Eucaristía, etc, pero en definitiva han sido momentos en los que poco a poco hemos ido conociendo la figura de una gran Santa como es Teresa de Jesús.
Ella, durante estos días nos ha ido enseñando cuanto nos Ama el Señor. Una de las frases que decía era "Solo el Amor da valor a todas las cosas" y cuanta razón llevaba, pues recordando esta frase me venia a la mente que ha sido el Amor el que ha dado valor a nuestras vidas, el Amor de Jesús en la Cruz ha sido el causante de que cada uno tengamos un valor precioso a sus ojos.
Estos días no se podrían describir con palabras, pues han sido días en los que el Señor ha actuado en nuestro corazón y a mi me ha ayudado a confiar plenamente en la voluntad del Padre. Pero si me tengo que quedar con algún momento, fue la vigilia. Ese momento en el que los 6000 jóvenes en silencio, contemplaban al Señor en la custodia fue algo precioso, y estoy segura que a cada uno de nosotros nos hablo personalmente y sobre todo, nos volvió a  amar hasta el extremo.
Y como no, estos días hemos tenido a la mejor intercesora que podemos tener como es nuestra Madre Inmaculada. Ella ha sido la que nos ha dado las fuerzas necesarias, junto a Santa Teresa, para llegar a contemplar al Señor y mirando la Cruz me daba cuanta de que todo se me hacia poco como decía S. Teresa, pues el Señor había estado grande con nosotros y no me canso de darle las gracias por cada cosa, cada gesto, cada detalle, cada persona que nos ha ido regalando en estos días.
En definitiva, ha sido una gran experiencia en la cual hemos tenido a la mejor maestra de oración que podíamos tener, y es que cada uno tenemos un camino, un camino escrito por el Señor y Él debe ser el único que escriba a fuego en el libro de nuestra vida...porque a cada dificultad o en cada situación solo podemos decir una cosa: SOLO DIOS BASTA.
Natalia García de Blas

domingo, 16 de agosto de 2015

DOMINGO XX DEL TIEMPO ORDINARIO

Después de la multiplicación de los panes Jesús empieza a hablar de un pan distinto. Para empezar -dice- es “pan del cielo”. No es el pan que hacen los hombres con su trabajo sino el pan que Dios nos da y que nosotros solamente podemos pedir.
Los judíos habían oído hablar del maná, pero Jesús dice que no está hablando del maná. Vuestros padres -les dice- comieron del maná y murieron “el que come este pan vivirá para siempre”.
A esa promesa de Jesús responde la fe con una oración: “Danos siempre  de ese pan”. Y entonces Jesús dice:  “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo”.
Muchas veces Jesús hablaba como los poetas, con comparaciones y metáforas. Al decir “Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo” ¿estaba hablando así? ¿Era solamente una metáfora?
Para que sus oyentes no crean que está hablando en sentido figurado, para que comprendan que Él es en sentido propio y real ese alimento que da vida eterna, dice claramente: “Os aseguro que si no coméis la carne del Hijo del hom­bre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna, y yo lo resu­citaré en el último día”.
Ya no cabe entender sus palabras como comparaciones. Solamente cabe preguntarse “¿Cómo puede éste darnos a comer su carne?”. Aunque sería mejor aprender de Santa María que ante el misterio de la Encarnación no duda sino que pregunta desde la fe: “¿Cómo será esto?”.
Jesús había dicho: “Si el grano de trigo no cae a tierra y muere queda infecundo, pero si muere da mucho fruto”. Ahora dice que su carne y su sangre van a ser ofrecidas en sacrificio y que el fruto de su sacrificio será una carne y una sangre capaces de dar vida eterna a quienes la reciban con fe como alimento.
Solamente quienes creen en la palabra de Jesús pueden celebrar y -hasta cierto punto- entender la Santa Misa como lo que realmente es: la renovación incruenta del sacrificio de Cristo en el Calvario cuyo fruto es la Eucaristía.
Y después de celebrar la Santa Misa solo queda alabar la Sabiduría y la bondad de Dios que nos ha llamado y nos ha admitido  su mesa como hijos y bendecir a Santa María que se dejó llenar por el Espíritu Santo y vivió cantando -maravillosamente- para Dios.
Javier Vicens
Párroco de S. Miguel de Salinas

sábado, 15 de agosto de 2015

LA ASUNCIÓN

San Juan vio el Cielo y el infierno. En el Cielo vió el Arca de la Alianza: una mujer bellísima vestida de luz y a punto de dar a luz. En el infierno vio al diablo: un dragón con siete cabezas -que no le sirven para pensar sino para adornarse con diademas- y con una cola enorme que usa para apagar las estrellas.
¿Qué puede hacer una mujer tan bella y tan delicada frente a un diablo tan estúpido y violento que quiere devorar el Niño que va a nacer?
Pues esa mujer va a aplastar las siete cabezas del diablo cantando para Dios que derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes.
Lo demás lo hará Dios poniendo a cada uno en su sitio: al diablo en el infierno y a Santa María y a sus hijos -con su Niño- en lo más alto del Cielo.
Es para estar contentos y para felicitar a esa Señora cuya humildad atrae la mirada y la misericordia de Dios sobre todos nosotros.
Javier Vicens
Párroco de S. Miguel de Salinas

jueves, 13 de agosto de 2015

COSAS QUE TIENES QUE EMPEZAR A HACER

1. Empieza a pasar más tiempo con las personas correctas
 
Estas son las personas que te gustan, que te quieren y aprecian, y que te impulsan a mejorar de forma saludable y estimulante. Son esas personas que te hacen sentir más vivo, y no sólo aceptan quien eres ahora, sino que también están de acuerdo con quien quieres ser, incondicionalmente.
 
2. Empieza a enfrentar tus problemas con valentía
 
No son tus problemas lo que te definen, sino cómo reaccionas y te recuperas de ellos. Los problemas no desaparecen si no actúas. Haz lo que puedas, cuando puedas y reconoce lo que haces Es cuestión de dar pasos de bebé en la dirección correcta, centímetro a centímetro. Estos centímetros cuentan, y suman metros y kilómetros a largo plazo.
 
3. Empieza a ser honrado, sobre todo contigo mismo
 
Sé honrado sobre lo que está bien, así como esto sobre lo que hay que cambiar. Sé honrado sobre lo que quieres alcanzar y quién quieres llegar a ser. Sé honrado con todos los aspectos de tu vida, siempre. Porque tu eres la única persona con la que siempre puedes contar. Busca la verdad en tu alma, para que realmente sepas quién eres. Cuando hagas así, comprenderás mejor dónde estás ahora y cómo llegaste aquí, y estarás mejor preparado para saber adónde quieres ir y cómo llegar allí.
 
4. Empieza a hacer de tu propia felicidad una prioridad
 
Tus necesidades importan. Si no te valoras, no te cuidas y no te defiendes, te estás saboteando. Recuerda, es posible cuidar de tus necesidades y al mismo tiempo, cuidar de las personas que están a tu alrededor. Y cuando tus necesidades estén atendidas, probablemente serás mucho más capaz de ayudar a los que necesitan.
 
5. Empieza a ser tu mismo, genuina y orgullosamente
 
Intentar ser otra persona es desperdiciar la persona que eres. Sé tu mismo. Abraza a la persona que hay en ti, que tiene ideas, fuerza y belleza como nadie. Sé la persona que sabes que eres – la mejor versión de ti – a tu manera. Por encima de todo, sé fiel a ti mismo, y si de corazón no quieres hacer algo, no lo hagas.
 
6. Empieza a prestar atención y a vivir el presente
 
El ahora es un milagro. Ahora es el único momento que tienes garantizado. Ahora es la vida. Entonces deja de pensar en cómo las cosas mejorarán en el futuro, o lo que no hiciste en el pasado. Aprende a vivir “aquí y ahora” y a experimentar lo que sucede. Aprecia el mundo por la belleza que posee en este momento.
 
7. Empieza a valorar las lecciones que tus equivocaciones enseñan
 
Está bien cometer errores. Los errores son los grados del progreso. Si no te equivocas de vez en cuando, es que no te estás esforzando lo suficiente y no estás aprendiendo. Asume riesgos, tropieza, cae, y, en seguida, levántate e inténtalo de nuevo. Date cuenta de que te estás esforzando, aprendiendo, creciendo y mejorando. Las conquistas significativas se logran casi invariablemente realizadas al final de un largo camino de fracasos. Uno de los “errores” que temes podría ser el mayor logro de tu vida.
 
8. Empieza a ser más amable contigo mismo
 
Si tuvieras un amigo que hablara contigo de la misma forma como, a veces, tu te hablas a ti mismo, ¿cuánto tiempo permitirías que esa persona fuese tu amiga? La manera como te tratas a ti mismo establece el patrón para los demás. Si no te quieres a ti mismo, nadie más lo hará.
 
9. Empieza a disfrutar de lo que ya tienes
 
El problema de muchos de nosotros es que pensamos que vamos ser felices cuando alcanzamos cierto nivel en la vida – un nivel que otros tienen – tu jefe con el escritorio de la esquina, el amigo de tu amigo con su mansión en la playa, etc. Por desgracia, puede llevar algún tiempo antes de que llegues allí, y cuando llegues tendrás seguramente un nuevo objetivo en la cabeza. Acabarás gastando toda tu vida intentando lograr algo nuevo, sin nunca parar para apreciar lo que tienes ahora. Entonces, quédate en silencio todas las mañanas y aprecia dónde estás y lo que tienes.


10. Empieza a crear tu propia felicidad

Si estas a la espera de alguien que te haga feliz, estás perdiendo el tiempo. Sonríe porque puedes. Escoge la felicidad. Sé el cambio que quieres ver en el mundo. Sé feliz con quien estás ahora, y deja que tu positividad inspire tu día a día. La felicidad se encuentra a menudo cuando y donde decides procurarla. Si procuras ser feliz dentro de las oportunidades que tienes, acabarás por encontrarla. Pero si constantemente procuras otra cosa, por desgracia, también la encontrarás.

11. Empieza a dar una oportunidad a tus ideas y sueños

En la vida, no se trata tanto de tener una oportunidad, sino de arriesgar. Nunca estarás seguro al 100% de que funcionará, pero puedes estar seguro al 100% de que si no lo haces no funcionará. ¡La mayoría de las veces sólo necesitas dar un paso adelante! Y no importa el resultado, siempre acaba como debería. Tu éxito estará en haber aprendido: siempre ganas.

12. Empieza a creer que estás preparado para tu próxima etapa

¡Estas preparado! Piensa eso. Tienes todo lo que necesitas ahora para dar el próximo paso adelante, puedes ser pequeño, pero debes ser realista. Abraza las oportunidades que surgen en tu camino, y acepta los desafíos – son regalos que te ayudarán a crecer.

13. Empieza nuevas relaciones por buenas razones

Entra en nuevas relaciones con personas confiables, honradas, que reflejen la persona que eres y la que quieres ser. Escoge amigos que estés orgulloso de conocer, personas que admiras y que te muestren amor y respeto – personas que retribuyan tu bondad y tu compromiso. Y presta atención a lo que hacen, porque las acciones de una persona son mucho más importantes que sus palabras o que los demás dicen de ellas.

14. Empieza a dar una oportunidad a las personas que conoces

Parece desagradable, pero no puedes mantener todos los amigos que tenías. Las personas y sus prioridades cambian. Algunas relaciones desaparecen, otras crecen. Aprecia la posibilidad de nuevas relaciones cuando naturalmente te distancias de las que ya no funcionan. Confía en tu juicio. Abraza nuevas relaciones, sabiendo que estás entrando en territorio desconocido. Estate dispuesto a aprender, estate dispuesto al desafío y estate dispuesto a encontrar a alguien que cambie tu vida para siempre.

15. Empieza a competir contra una versión anterior de ti mismo

Inspírate en los demás, aprecia a los demás, aprende con los demás, pero sepas que competir con los demás es perder el tiempo. Estás en competición con una persona, una sólo – tu mismo. Estás compitiendo para ser lo mejor que puedas. Tu objetivo es romper tus propios records.

16. Empieza a apoyar la victoria de los demás

Empieza a darte cuenta de lo que te gusta de los demás, y díselo. Apreciar lo que hay de increíble en las personas a tu alrededor sólo lleva a lugares, buenos, productivos, gratificantes y pacíficos. Alégrate por los que están mejorando. Apoya sus victorias. Agradece abiertamente las bendiciones que ellos reciben. Lo que va vuelve, y más pronto o más tarde, las personas a las que apoyas te apoyarán.

martes, 11 de agosto de 2015

TESTIMONIOS ENCUENTRO EUROPEO DE JOVENES

La alegría de ver a Dios
Acaba una semana trepidante en lo físico, pero sobre todo en lo espiritual. Concluye una aventura, una experiencia, una hazaña, una andanza, un acontecimiento… pero sin duda la palabra que mejor lo define, es REGALO.
Y es que un regalo, el poder pasar una semana entera con 300 jóvenes de la diócesis, con 6000 de toda Europa y algunos países del mundo y disfrutar de un maravilloso programa con ellos.
El vivir la alegría de ver a Dios en detalles, en sonrisas, en gestos, en miradas. Jóvenes que un sábado noche están sentados en un suelo, no cómodo, pero fijos en una custodia donde se encuentra el rey del amor, ese amigo que nunca falla, como decía Santa Teresa de Ávila, SOLO DIOS y con un silencio sepulcral, de esos de los que infunde respeto, aún se me pone el vello de punta al recordar ese momento.
Hemos andado, cantado, reído, disfrutado, rezado, ha habido tiempo de baño en un pantano, incluso nos hemos emocionado; pero sin duda, lo hemos visto a Él.
Describir lo vivido no es fácil, las experiencias de este tipo necesitan un armario muy singular para ser guardadas; solamente el corazón puede atesorarlas.
Créanme, que es imposible describir la alegría y el respeto de esos jóvenes, la forma de vivir su fe y convivir entre todos, esos cánticos por las calles y ese “buen rollo” entre diócesis, eso solo quienes lo hemos vivido sabemos de qué estamos hablando.
Durante estos días, me viene a la cabeza el salmo 125; y es que así ha sido “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”, porque decir que ha estado grande es poco y el decir que estamos alegres se queda corto también, ya que la experiencia de Iglesia joven y alegre que hemos podido ver ha sido inmensa; pero sin duda lo realmente “difícil”, es llevarnos esta experiencia al día a día, que todo el mundo vea en nosotros esa alegría que hemos recibido.
Sin duda una experiencia maravillosa, que deja huella en los corazones y que sin duda será un impulso para nuestro día a día en nuestras diferentes realidades.
Mario G.


ENCUENTO EUROPEO DE JÓVENES (EEJ) ÁVILA 2015.
EN TIEMPOS RECIOS, AMIGOS FUERTES DE DIOS.

            Si algo puedo decir de esta experiencia es que CRISTO TE AMA. Desde el lunes 3 que salimos rumbo Sotillo de Adrada hasta la misa del día 9 en Ávila, lo único que se manifestaba era detalles de ese gran amor. Comenzamos con buen pie con una maravillosa vigilia en Sotillo. El martes emprendíamos el camino hacia El Barraco, para llegar finalmente el miércoles a Ávila. Esos dos días que compartimos los 308 jóvenes toledanos fueron una preparación para todo lo que nos esperaba durante los días del encuentro, con el lema “En tiempos recios, amigos fuertes de Dios” y como referente a Santa Teresa de Jesús. La llegada a la muralla de Ávila fue una fiesta, miles de jóvenes procedentes de diversos lugares nos encontramos ante el escenario donde fuimos acogidos. Los siguientes días continuaron entre catequesis, talleres, visita a lugares por los que Santa Teresa vivió, conciertos, tiempo de oración,… Concluyendo con la vigilia el sábado por la noche y la misa de acción de gracias del domingo.
            
No era mi primer encuentro europeo, y el día antes de partir surgen las dudas: para qué repetir, qué sentido tiene volver a algo así, dormir en el suelo con una esterilla, duchas a las tantas con agua fría, pasar tantísimo calor durante el día, caminar y caminar,… La respuesta sólo se encuentra una vez estás allí, y es muy sencilla, la amistad hay que cultivarla, Dios tiene una historia de amor con cada uno, a pesar de ser 6000 personas, Él nos habla de forma individual a cada uno. A su vez ha sido un encuentro de Iglesia, una Iglesia joven, con ilusión, llena de ganas de revindicarse en estos tiempos que al igual que los que vivió Santa Teresa, son tiempos recios, sin caer en relativismos sino reafirmarse en nuestros valores. Para esto es muy importante la compañía de aquellos que nos guían, acompañan y aconsejan, los sacerdotes. Me quedo con unas palabras de uno de ellos: “Para tratar con Cristo hay que volver a ser un niña, aunque ante el mundo te endurezcas, nunca ante Él”.
           
Como no va a llegar todo esto a mi corazón si tenemos de guía a Santa Teresa, que después de 500 años sigue tan vigente como el día en que escribió sus libros, muy recomendable su lectura. Si con algo me quedo es con esa búsqueda persistente de Dios, Santa Teresa no vio a Dios el día que entró en el Carmelo, pasarían años hasta que tuviera una experiencia de Dios real, que la impulsó a reformar su orden.
            Todo bajo el amparo de la patrona de España y de la juventud española la Santísima Virgen Inmaculada. Los jóvenes españoles recibíamos la nueva imagen hiperrealista de la Inmaculada joven (cuadro de sor Isabel Guerra). Como santa Teresa se puso a sus pies y le pidió que fuera su madre, así me encomendé ante esta nueva imagen.
           
En la vigilia cuando se adoro al Santísimo Sacramento, las 6000 personas quedamos en silencio total, hasta los coches que pasaban cerca parecieron silenciarse. En ese silencio sepulcral alguien en la calle blasfemó, no quiero dejar de admirarme como CRISTO NOS AMA tanto que responde con el silencio, por ello pido a todo aquel que lea estas palabras rece un Padre Nuestro para que todo el mundo descubra ese AMOR. Acabo con una frase de un testimonio de un matrimonio en la vigilia “El tiempo infinito de Dios y el tiempo finito de los hombres coincide en el AHORA MISMO”. Y al tiempo que Dios quiera veremos los frutos de este encuentro, que no dudo que serán muchos. 

Laura D.

lunes, 10 de agosto de 2015

HOMILIA DE D. XAVIER NOVELL EN LA VIGILIA DEL #EEJ2015

“En tiempos recios, amigos fuertes de Dios”
“No estamos huecos por dentro” 
Algunas veces te ha sucedido que un buen amigo te dice: – Te puedo contar un secreto? Puedo confiar en ti? Y tú, medio movido por la curiosidad, medio tocado por su confianza, le respondes: – Cuenta, soy todo oídos, no dudes, que no te defraudare!
Esto no te sucede ni con cualquiera ni en cualquier parte. Esto te pasa porque mereces confianza, porque siempre has estado a su lado, porque te has acordado de ponerle un wats en el momento oportuno, porque les has echado una mano en la preparación de ese examen, porque has estado presente en su sufrimiento y su alegría.
Esto no sucede en el barullo de la salida del instituto o de la universidad, tampoco cuando sales de fiesta con toda la cuadrilla. Esto sucede ese día que tienes una larga charla con él, después de pasear, de tomar algo sin prisas.
DSC_0221Esta noche, Jesús quiere confiarte un secreto, como hizo esa noche antes de su pasión. Des de hace días, junto con este gran puñado de amigos suyos, el Señor te ha lavado los pies, en el sacramento de la confesión, te ha sentado a su mesa, en la eucaristía de cada día, te ha hablado largamente, en las catequesis, todo exactamente como hizo con sus primeros doce esa noche tan mágica como la de hoy. Y ahora estás aquí, no como alguien perdido en la multitud, sinó como un amigo confidente, atento, lleno de curiosidad y conmovido por su confianza.
Escucha como te repite: “Como el Padre me ha amado, así os he amado yo, permaneced en mi amor”. Des de antes que nacieses te he amado y ha sido tanto mi amor que he querido que llegases a la vida. Tanto he deseado poderte amar de un modo personal que no he dudado en arriesgarme. Me he arriesgado haciéndote nacer y crecer donde y como has nacido y crecido. Aunque pienses que no he elegido bien, que nada ha sido fácil para ti, aunque pienses que he jugado contigo, créeme, nunca, nunca jamás he jugado contigo. Te amo demasiado. Y si me apuras, quizá sí que una vez he jugado contigo. Mírame, muy llagado, esa vez jugué, esa vez me la jugué por ti!
Cuando tuve esta confidencia con mis primeros amigos, les expliqué cuanto les amaba con una imagen: la de la viña y los sarmientos. Ellos eran todos de campo y me entendían. Cuando se lo conté a mi amiga teresa, lo hice a través de la imagen de un castillo, porque ella era castellana, hija de estas murallas. A ti, como podría explicarte cuanto y como te amo. A ti, que eres de la generación del smartphone. Tu que a través de este sorprendente aparato, haces todo – te relacionas, estudias, te desplazas, miras tus series favoritas, hasta me rezas -. Tu que estos días has perseguido un enchufe como un loco. Tu que cuando llegas a un lugar, lo primero que miras es si tienes wifi. Mira tu eres como el móbil y yo como tu fuente de energía y cobertura. Tú, sin mi, no puedes hacer nada, eres un trasto inteligente pero inútil. Tú, sin mi, te apagas. Tú, sin mí, no llegas, te quedas muy corto. Tú, sin mi amor, te agotas y no das para más.
Vigilia 8 agosto #EEJ2015
Vigilia 8 agosto #EEJ2015
Ahora, en breve, me voy hacer presente ante tí. Voy a irradiar mi amor ante ti, voy a cubrirte con millones de megas de amor. Enchúfate conmigo. Pilla mi cobertura y no irás tras otras nunca jamás. Mi amor no tiene competidores.
Mons. Xavier Novell, obispo responsable del departamento de juventud de la Conferencia Episcopal Española.

domingo, 9 de agosto de 2015

XIX DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


Evangelio según San Juan 6,41-51. 
Los judíos murmuraban de él, porque había dicho: "Yo soy el pan bajado del cielo".
Y decían: "¿Acaso este no es Jesús, el hijo de José? Nosotros conocemos a su padre y a su madre. ¿Cómo puede decir ahora: 'Yo he bajado del cielo'?"
Jesús tomó la palabr
a y les dijo: "No murmuren entre ustedes. 
Nadie puede venir a mí, si no lo atrae el Padre que me envió; y yo lo resucitaré en el último día.
Está escrito en el libro de los Profetas: Todos serán instruidos por Dios. Todo el que oyó al Padre y recibe su enseñanza, viene a mí.
Nadie ha visto nunca al Padre, sino el que viene de Dios: sólo él ha visto al Padre.
Les aseguro que el que cree, tiene Vida eterna.
Yo soy el pan de Vida.
Sus padres, en el desierto, comieron el maná y murieron.
Pero este es el pan que desciende del cielo, para que aquel que lo coma no muera.
Yo soy el pan vivo bajado del cielo. El que coma de este pan vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo". 



«¡Levántate, come!, que el camino es superior a tus fuerzas.»
Estas palabras del ángel a Elías se dirigen hoy a cada uno de nosotros. Porque el camino -aunque no estemos tan cansados, tan deprimidos y tan tristes como Elías- también es superior a nuestras fuerzas. Sí: también nosotros necesitamos levantarnos y comer el Pan del Cielo para ponernos en camino hacia el Cielo.
El ángel del Señor acampa
en torno a sus fieles y los protege.
A Elías lo perseguía la reina Jezabel. A nosotros nos persiguen los enemigos del alma: el mundo, el demonio y la carne. La diferencia es que Elías sabía que Jezabel era mala, por eso huía de ella. En cambio nosotros a veces, como el mundo nos trata bien, al diablo no lo vemos y la carne nos pide cosas apetecibles, nos echamos a dormir confiadamente. Y si alguien nos despierta y nos dice que nos levantemos para ir a Misa hasta es posible que nos enfurruñemos un poco pensando que es un aguafiestas. Pero no es un aguafiestas sino un ángel del Señor.
Hermanos: No pongáis triste al Espíritu Santo de Dios con que él os ha marcado para el día de la liberación final. Desterrad de vosotros la amargura, la ira, los enfados e insultos y toda la maldad. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos, y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros a Dios como oblación y víctima de suave olor.
Ya se ve que el camino es superior a nuestras fuerzas. Es posible que algunos digan: “ya hemos desterrado de nosotros la amargura, la ira, los enfados y toda maldad”. Pues felicidades. Si de verdad han desterrado los enfados no se enfadarán cuando el ángel los despierte de nuevo para decirles que aún tienen que caminar siendo buenos, comprensivos, perdonando, imitando a Dios y viviendo en el amor como Cristo, que se entregó por nosotros.
Yo soy el pan vivo que ha bajado del cielo; el que coma de este pan vivirá para siempre. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo.
En la Eucaristía Jesús se nos da como viático, como Pan para recorrer ese camino que es superior a nuestras fuerzas. Con el salmista bendecimos al Señor cuyo ángel acampa entre nosotros. Y lo que no pudo hacer el salmista -que no conoció a Santa María- podemos hacerlo nosotros diciendo: “Bendita tú eres entre todas las mujeres y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús”.
D. Javier Vicens Hualde
Párroco de S. Miguel de Salinas

martes, 28 de julio de 2015

RIETE UN POCO DE TUS AGOBIOS

Estos días algunos adolescentes de nuestra Parroquia, están en Anaz (Cantabria), disfrutando de el tercer campamento parroquial.
Los presentamos en nuestra oración para que reciban con el corazón muy abierto, todas las gracias que el Señor quiere derramar.

Muchas veces despierta en mí la compasión el dolor de los hombres, su hambre, su soledad. El ver perdidos a tantos. Tanta angustia, tanto dolor. ¿Qué hago?
No se puede ser sacerdote, ni cristiano, ni hombre siquiera, sin esa compasión. Cuando uno no tiene esa compasión en la vida, cuando el dolor del pobre no despierta un amor más hondo, sino sólo desprecio, quiere decir que no hemos sido tocados por Dios en lo más profundo.
Debe haber entonces un problema en nuestro corazón. Estaremos demasiado heridos, o demasiado endurecidos por la vida. Si no se despierta la compasión, tal vez quiere decir que todavía no somos como Jesús.
Tenemos un corazón de piedra. Puede que hablemos de Dios, grandes discursos y homilías, pero no tengamos dentro su amor, enraizado, hundido en el alma, grabado a fuego.
Jesús se conmovía con todos, especialmente con los más débiles. Y se ponía en camino, se acercaba. Curaba, tocaba, bendecía. Hoy se conmueve al ver a tantos hombres con hambre. Otras veces se conmueve con la enfermedad o con el pecado.
Siempre se conmueven sus entrañas. ¿Y las mías también se conmueven? A veces me siento frágil e impotente.

Quiero tocar el cielo con las manos y atraer a la tierra todo el amor escondido en el corazón de Dios. Me gustaría descargarlo como una lluvia inmensa que llenara tantos pozos vacíos de amor. Me gustaría.

Me compadezco. Sufro con el que sufre. Me siento tan impotente para aliviar el dolor de tantas personas que padecen. No alcanza con mi pan. Miro a Jesús. Veo sus manos bendiciendo. Quiero que multiplique mi pan. Que valga mi vida para muchos.
Pero también quiere Jesús que tenga compasión de mí mismo. Paciencia con mi debilidad. Quiere que me mire y no me condene. Que observe mi vida con paz y alegría. Que me ría de mis agobios y descanse. Que disfrute de lo que tengo sin amargarme por lo que se me escapa.
Quiere que tenga compasión de mí, pero no esa autocompasión que leía el otro día: “Teresa me cuenta que tiene una amiga que se compadece de sí misma, se da pena, se cree una pobrecita y por tanto se trata como a una pobrecita. Emprende su vida cada día dándose pena e invierte en sí misma como una pusilánime. La rentabilidad que recoge es la de una estima baja, pobre y penosa, inseguridad, intranquilidad y pesimismo” [1]< Esa compasión no nos hace falta. Es una compasión que nos enferma. Dios no quiere que nos tomemos tan en serio. Quiere que no nos demos mucha importancia. Que nos riamos de nuestros agobios.
Decía el Padre José Kentenich: “No darme importancia por mi trabajo. Tampoco debo darme importancia por mis debilidades. No debo darme importancia por mis miserias, por mis limitaciones. No debo hacer de ello mucho caudal. Debo considerarlo con naturalidad. Cualesquiera que fuesen los pecados que haya cometido en mi vida. No darme importancia[2].
Mirar mi vida con sencillez. Como las personas sencillas. Que no me tome demasiado en serio. Que no me agobie con la pobreza de mi vidaCompasión con los hombres. Compasión conmigo mismo.
Que me quiera en mi pobreza y acepte mi pequeñez como camino de vida. Con la sencillez de los niños. Que sonríen con la vida. Que se alegran con lo que tienen.
P. Carlos Padilla