viernes, 31 de diciembre de 2010

ORACIÓN PARA FINALIZAR E INICIAR UN AÑO

Oración de fin y principio de año

Señor, Dios, dueño del tiempo y de la eternidad,
tuyo es el hoy y el mañana, el pasado y el futuro.
Al terminar este año quiero darte gracias
por todo aquello que recibí de TI.
Gracias por la vida y el amor, por las flores,
el aire y el sol, por la alegría y el dolor, por cuanto
fue posible y por lo que no pudo ser.
Te ofrezco cuanto hice en este año, el trabajo que
pude realizar, las cosas que pasaron por mis manos
y lo que con ellas pude construir.
Te presento a las personas que a lo largo de estos meses amé,
las amistades nuevas y las que perdí,
los más cercanos a mí y los que estén más lejos,
los que me dieron su mano y también aquellos que me la retiraron,
a los que pude ayudar, con los que compartí la vida, el trabajo, el dolor y la alegría.
Pero también, Señor hoy quiero pedirte perdón,
perdón por el tiempo perdido, por el dinero mal gastado,
por la palabra inútil y el amor desperdiciado.
Perdón por las obras vacías y por el trabajo mal hecho,
y perdón por vivir sin entusiasmo.


También por la oración que poco a poco fui aplazando
y que hasta ahora vengo a presentarte.
Por todos mis olvidos, descuidos y silencios nuevamente te pido perdón.
En los próximos días iniciaremos un nuevo año
y detengo mi vida ante el nuevo calendario aun sin estrenar
y te presento estos días que sólo TÚ sabes si llegaré a vivirlos.
Hoy te pido para mí y todos los que quiero la paz y la alegría,
la fuerza y la prudencia, la claridad y la sabiduría.
Quiero vivir cada día con optimismo y bondad
llevando a todas partes un corazón lleno de comprensión y paz.

Cierra Tú mis oídos a toda falsedad y mis labios
a palabras mentirosas, egoístas, mordaces o hirientes.
Abre en cambio mi ser a todo lo que es bueno
que mi espíritu se llene sólo de bendiciones y las derrame a mi paso.


Cólmame de bondad y de alegría para que,
cuantos conviven conmigo o se acerquen a mí
encuentren en mi vida un poquito de TI.
Danos un año feliz y enséñanos a repartir felicidad . Amén

Desde esta casa, os deseamos un feliz y venturoso año nuevo.










jueves, 30 de diciembre de 2010

DIOS SALVÓ MI MATRIMONIO

Dios salvó mi matrimonio desde la Iglesia



Nadie se casa para divorciarse. Por eso, cuando llegan las dificultades, los matrimonios no quieren tirar la toalla a la primera. Por desgracia, muchos no saben a quién acudir y caen en el Si no eres feliz, rompe tu matrimonio. La Iglesia sabe que fidelidad y felicidad van de la mano, y, además de promover una cultura de la familia, con actos como el del 2 de enero, pone al alcance de todos la ayuda necesaria ante las crisis. El testimonio de las familias muestra cómo han salvado su proyecto de vida gracias a Dios y a la Iglesia
Hace unos meses, un sacerdote de Madrid mostraba, a un grupo de novios que hacían un cursillo prematrimonial, un ejemplo de las situaciones de crisis en el matrimonio: Cogeos de la mano, dijo a una pareja. Ahora, soltaos. Y el futuro matrimonio quedó separado: Esto ocurre si sólo os apoyáis el uno en el otro y vienen problemas. Después, dijo a la pareja: Cogeos otra vez de la mano, y dadme la que os queda libre, como si se la dieseis a Dios, a la Iglesia. Se agarraron los tres. Ahora, soltaos. ¿Quién os mantiene unidos? dijo. La respuesta era evidente.


Una gran tragedia


Por desgracia, cuando llegan las turbulencias, muchos matrimonios optan por el primer caso. Seguro que el lector puede poner rostro a estas cifras: en España, cada cuatro minutos, se rompe un matrimonio. Con datos del Consejo General del Poder Judicial, en el primer semestre de 2010, casi 68.000 parejas se divorciaron. Si el segundo semestre termina igual, haga cálculos: 136.000 matrimonios fracasarán, o sea, 272.000 cónyuges. Si añadimos suegros, hijos, hermanos y amigos, varios millones de españoles tienen cerca la prueba de que cada matrimonio que se rompe es una herida en el corazón de la persona, cuya cicatriz duele a pesar de los años. Porque, por más que el divorcio sea frecuente, nadie se casa para separarse.


¿A quién acudir?


El problema es que muchos matrimonios descubren sus problemas y no saben cómo reencauzar su relación, ni encuentran respuesta a sus preguntas. Entonces, consejos (a veces de personas divorciadas) como No tienes por qué cargar con los fallos de tu pareja; o El amor se acaba; o Tienes que mirar por ti, suplantan a las promesas de fidelidad y se opta por el camino más rápido hacia la infelicidad.


Pero, como nadie quiere tirar la toalla a la primera, la Iglesia sale en ayuda de las familias para que sean fieles a su vocación, a su deseo de ser felices para siempre, a no resignarse sin luchar. Y lo hace de dos maneras: creando cultura de la familia, con actos como la Fiesta de la Familia, del próximo 2 de enero; y poniendo al alcance de las parejas una ayuda profesional para salir fortalecidos de las crisis, a través de los Centros de Orientación Familiar (COF). A estos centros acuden parejas creyentes con dificultades, pero también matrimonios alejados de la Iglesia, con amigos o familiares católicos que se lo recomiendan. Porque, hoy por hoy, la Iglesia es una de las pocas instituciones que apuestan decididamente por la familia.


Puedes seguir leyendo en el artículo publicado en ALFA Y OMEGA
En nuestra diócesis, existen CENTROS DE ORIENTACIÓN FAMILIAR.
Puedes obtener más datos en la página oficial del SECRETARIADO DE FAMILIA Y VIDA DE NUESTRA DIÓCESIS

miércoles, 29 de diciembre de 2010

¿QUÉ ESPERA DIOS DE TI?

No gran cosa, si consideramos que de todos nosotros, espera al menos un mínimo, otra cosa es que tú aspires a sacar nota. Ante todo hay que saber y ser siempre plenamente consciente de que el Señor, tiene una verdadera obsesión porque todos nos salvemos, porque todos retornemos a nuestro origen que es Él mismo. El Señor, nos ha creado a todos y cada uno de nosotros, como criaturas singularísimas, aunque seamos miles de millones de personas, pues para Él nada hay imposible, al ser en Él y tener todo en Él un sentido ilimitado. Por ello Él nos ama con ese carácter singular con que por amor nos ha creado y desea fervientemente que superemos la prueba de amor para lo que aquí nos encontramos.



Una cualidad esencial del amor es la libertad, sin libertad no existe amor, nadie puede amar por razón de una orden o decreto recibido, el amor se desarrolla en la libertad, si no media la libertad no puede existir auténtico amor. Y este principio funciona por igual y es así, tanto en el orden humano terrenal, como en el espiritual. Si Dios nos hubiese creado sin libertad, posiblemente por no decir ciertamente jamás hubiésemos pecado, pero Dios se hubiese quedado sin enterarse, quien era el que le amaba y de quien no le amaba.


Los ángeles también son criaturas creadas por Dios, y creadas todos ellos en libertad, ellos fueron creadas libres, y hubo una serie de ellos, posiblemente millones, que mal usando de la libertad recibida y al grito de non serviam no serviremos, capitaneados por lucifer, se rebelaron frente al Señor que era su Creador. Es indudable que el que otorga libertad, corre un riesgo. Humanamente los padre que tienen hijos a medida que estos van creciendo, se van liberando de la tutela de sus padres y donde no había problemas estos empiezan a aparecer, aunque no siempre y por igual con todos sus hijos, pues los hay diferentes, igual que nosotros somos diferentes en amor al Señor.

Creado el hombre en libertad y puesto sobre la tierra para sopesar su amor al Señor, Él nos da una regla muy simple para que saquemos la prueba adelante, y es que le amemos a Él sobre todo y ante todo y eso simplemente es lo que espera de cada uno de nosotros. ¿Y cómo se demuestra que uno, está dispuesto a amar al Señor? Muy sencillamente, cumpliendo sus mandamientos, los cuales no suponen ninguna carga impuesta por Dios, pues Él nos ha dotado de una ley natural, que nos dice si nuestros actos se acomodan a lo que desea nuestro Creador, o no se acomodan. Y cuando ejecutamos algún acto contrario a esa ley natural, sentimos en nuestro interior un desasosiego e inquietud, que se conoce con el nombre de remordimiento. No existe ningún precepto de los mandamientos de la ley de Dios que esté en contraposición con la ley natural, pues ambas leyes son producto de la voluntad divina.


Y por si fuera poco, el Señor nos ha proporcionado una serie de regalos, conocidos con el nombre de “dones y gracias divinas”, para perfeccionar nuestro amor a Él. Estas dádivas divinas las tenemos continuamente a nuestra disposición, por medio de unos canales de distribución que llevan el nombre de “Sacramentos”. Ellos son siete y su uso cuanto más frecuente, más nos intensifican el aumento del amor al Señor, que es para lo que aquí abajo nos encontramos.


Pero mucho, muchísimo, espera de ti, si es que decides entregarte a Él y tratar de complacerle, siendo uno de sus elegidos. Dicho en términos estudiantiles, si es que aspiras a sacar nota. Si esto es así, prepárate, porqué tal como ya expliqué en una glosa anterior, Dios te dilacerá sin compasión alguna, y tú lo más seguro que ocurra, es que estés encantado con que Él te desgarre, te destroce y te triture, sobre todo, tu orgullo y tu vanidad, y te haga bajar de ese pedestal en que consciente o inconscientemente te has subido, para que los demás te admiren las que tú crees que son tus cualidades, cualidades, estas que en tu vida interior de relación de tu alma con el Señor, no te valen para nada, pues solo hay una cualidad humana que estime el Señor en nosotros y es la Humildad, que la escribo con mayúscula, para poner más énfasis en su tremenda importancia, ella esta virtud, es la antítesis de la soberbia que es el vicio más aborrecido por el Señor, y el orgullo que la soberbia nos genera en nosotros mismos. Hay en la vida del hombre dos binomios que son: amor con su antítesis que es el odio y orgullo con su antítesis que es la humildad. Los dos binomios juegan un importantísimo papel en la vida del hombre, pero no es el caso ocuparnos ahora y aquí de este tema.


Entregarse a Dios del todo, es una aventura muy peligrosa, porque Dios es un Ser insaciable, ilimitadamente insaciable, y uno ha de estar dispuesto a dar todo y muchos más de lo que inicialmente pudiéramos considerar como, lo que significa dar todo. Él no te quiere compartirte a ti, ni con nada ni con nadie, Él lo quiere todo, necesita todo tu amor, porque nunca olvides que también Él, te lo da todo a ti. Para entregarnos a Dios, hemos de tener siempre presente que la fuente de nuestro amor, solo es Dios. Amamos porque solo de Él, nace el impulso que motiva nuestra naturaleza y nuestro ser. Sin el apoyo de Él, sin el deseo que Él tiene de que existamos, seríamos parte de la “nada”, es decir, no existiríamos. Él nos sacó a todos y cada uno de nosotros, precisamente de la no existencia, es decir, de la “nada”.

La entrega a Dios ha de ser siempre total, sin reparo alguno. El Señor así lo pide siempre. En el Evangelio de San Mateo, podemos leer; "Otro discípulo le dijo: Señor, permíteme ir primero a sepultar a mi padre; pero Jesús le respondió: Sígueme y deja a los muertos sepultar a sus muertos”. (Mt 8,21-22). Nuestra naturaleza humana nos pide, que nos resistamos, y que si hemos de aceptar la entrega, al menos que nos reservemos algo para nosotros, que no nos entreguemos en plenitud. Nosotros tratamos siempre de reservarnos muchos afectos, deseos, proyectos esperanzas, pretensiones, cosas a las que no renunciamos, impidiéndonos así llegar a esa perfecta desnudez del alma, que es imprescindible para tener a Dios, si se quiere ir a la completa posesión de Dios, dentro de lo que, podemos llegar a poseer a Dios, dada nuestra naturaleza de seres limitados, hemos de ser absolutos en nuestra incondicional entrega a Él. Y no pensemos que cuando uno se lanza y decide ir adelante esto va a costar mucho, no cuesta, es como bajar corriendo por una cuesta empinada, a medida que bajamos vamos más deprisa y con menos esfuerzo a la vea que aumenta el goce de ganar velocidad, sin apenas esfuerzo.


Todo lo que pide Dios, cuando decidimos ir a entregarnos a Él, es que pongamos nuestra fe y nuestra esperanza en Él, que le amemos con todo nuestro corazón, que renunciemos a nuestra propia fuerza y nuestros necios planes por humildad y abandono; Él hará el resto. El ejemplo más admirable de absoluta entrega a Dios, lo tenemos en Nuestra Madre celestial, la cual vivió, en Él, por Él, y para Él, a lo largo de toda su vida, en una creciente entrega a Dios Padre, suya y de todo lo que ella más quería: Su Hijo Jesús.



Mi más cordial saludo lector y el deseo de que Dios te bendiga
Juan del  Carmelo

martes, 28 de diciembre de 2010

EN EL DÍA DE LOS SANTOS INOCENTES

"Ponlo: así de feliz soy"
Rita, con su hija Fabiola, el verano pasado
Tenemos este testimonio a favor de la vida, y recordamos a tantos inocentes a los que se les ha privado del don de la vida.

«Si tú saliste adelante...»

El abandono, la hipoteca, el despido y la pasividad de los servicios sociales la llevaron hasta el quirófano de un centro abortista. Pero, allí, algo la empujó a escapar.

Salió adelante con la ayuda de la Fundación Red Madre. Hoy, su empeño es que otras madres con problemas tengan la misma ayuda. Es voluntaria, porque la risa de Fabiola le demuestra, cada día, que vale la pena

«Pónlo: Así de feliz soy».


Doña Rita Sánchez lo tenía todo en contra cuando descubrió que estaba embarazada. «Mi pareja me dijo que entonces no era buen momento para tenerlo. Intenté presionarlo diciéndole que lo iba a tener, para ver si era verdad que estaba dispuesto a dejarme, y él se fue de casa. Me vi con otro niño a mi cargo, Kevin, de 10 años; con una hipoteca a la que no podía hacer frente yo sola, y sin trabajo, porque me despidieron». A pesar de todo, ella se seguía resistiendo. «Fui a los servicios sociales y les planteé mi situación, buscando ayuda. Me dijeron que, en España, no existe ninguna ayuda para madres embarazadas, pero que me podían pagar el aborto en una clínica privada».


En el centro Dátor, de Madrid, primero le dieron cita para los análisis y una ecografía. «La señora no me quiso enseñar a mi hijo. Le pregunté si era cierto que tenía ya brazos, manos, y un corazoncito que latía. Estaba ya de 12 semanas, pero me dijo que era sólo un montón de células. Nadie me informó de nada, y me citaron para otro día», que se le ha quedado grabado en la memoria. «Había -recuerda- un pasillo largo, largo, blanco, y, al fondo, un baño con un vestidor para cambiarse. Iba asustada, y, a mi izquierda, vi en camillas a las chicas a las que ya les habían hecho el aborto, todas llorando. Le pregunté a la enfermera qué les pasaba, y me dijo: No pasa nada, es el efecto de la anestesia. No mires, toma la bata y cámbiate».


Al llegar al quirófano, «vi al médico, alto y rubio, y todos los aparatos, y comencé a revivir otro aborto que había tenido antes. Se me revolvió todo. Él empezó a darme conversación sobre la República Dominicana, mi país, para que me relajara. Pero algo pasó dentro de mí y sentí que no podía hacerlo. Le dije que necesitaba ir al baño, cogí la ropa, me la puse corriendo y me escapé».


Una búsqueda en Internet le permitió encontrar a Red Madre, una de las entidades que ofrecen a las mujeres embarazadas esa ayuda que le habían dicho que no existía. «No habían pasado dos horas, cuando ya estaban en mi casa dos voluntarias». Desde entonces, «nunca me sentí sola, siempre estuvieron conmigo. Me ayudaron con todo el equipamiento del bebé, con la hipoteca, a encontrar el empleo que tengo hoy... También me dieron mucho apoyo y ayuda psicológica». Salió adelante, y, tras un embarazo de algo riesgo que la obligó a estar en casa y rechazar los trabajos que le ofrecían, nació Fabiola, que ya tiene dos años. «Cada vez que la veo reír, todo compensa. Mi vida ha cambiado mucho, en positivo. Ponlo: Así de feliz soy» pide a esta redactora, mientras muestra la foto que ilustra esta página.


Siempre pendientes


Cuando la niña cumplió un año, decidió convertirse ella misma en voluntaria, «para ayudar a otras mamás en la misma situación que yo. Quería devolver lo que habían hecho por mí». Empezó echando una mano en la sede de la Fundación, donde siempre vienen bien manos para actualizar fichas, clasificar la ropa y los alimentos, etc. Hoy, es una de las cinco personas que, en Red Madre de Madrid, tratan con las mujeres en riesgo de aborto. Explica: «Siempre hay chicas que necesitan hablar con alguien, que están confundidas y solas. Llegan sobre todo por el boca a boca. Hay que aprender a hablar con ellas y que confíen en ti, porque tardan en creerse lo que les ofreces. Lo más importante es que sientan mucha seguridad de lo que le estás diciendo. A mí, me la dio que vinieran enseguida, y que siempre estuvieran pendientes de mí. El haber pasado yo por ello me ayuda mucho, porque les puedo dar mi testimonio. Alguna me ha dicho: Si tú saliste adelante con todo lo que tenías en contra...»


María Martínez López en Alfa y Omega

lunes, 27 de diciembre de 2010

HABLANDO DE FAMILIA...

domingo, 26 de diciembre de 2010

FIESTA DE LA SAGRADA FAMILIA

Evangelio



En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba junto a Dios, y el Verbo era Dios. Éste estaba en el principio junto a Dios. Por medio de él se hizo todo, y sin él no se hizo nada de cuanto se ha hecho. En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres. Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió. Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: éste venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él. No era él la luz, sino el que daba testimonio de la luz. El Verbo era la luz verdadera, que alumbra a todo hombre, viniendo al mundo. En el mundo estaba; el mundo se hizo por medio de él, y el mundo no lo conoció. Vino a su casa, y los suyos no lo recibieron. Pero a cuantos lo recibieron, les dio poder de ser hijos de Dios, a los que creen en su nombre. Éstos no han nacido de sangre, ni de deseo de carne, ni de deseo de varón, sino que han nacido de Dios. Y el Verbo se hizo carne y habita entre nosotros, y hemos contemplado su gloria: gloria como del Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad. Juan da testimonio de él y grita diciendo: «Éste es de quien dije: El que viene detrás de mí se ha puesto delante de mí, porque existía antes que yo». Pues de su plenitud todos hemos recibido, gracia tras gracia. Porque la ley se dio por medio de Moisés, la gracia y la verdad nos han llegado por medio de Jesucristo. A Dios nadie lo ha visto jamás: Dios unigénito, que está en el seno del Padre, es quien lo ha dado a conocer.

El domingo después de Navidad se celebra la festividad de la Sagrada Familia de Jesús, María y José. En la segunda lectura san Pablo dice: «Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor. Maridos, amad a vuestras mujeres, y no seáis ásperos con ellas. Hijos, obedeced en todo a vuestros padres, porque esto es grato a Dios en el Señor. Padres, no exasperéis a vuestros hijos, no sea que se vuelvan apocados». En este texto se presentan las dos relaciones fundamentales que, juntas, constituyen la familia: la relación esposa-esposo y la relación padres-hijos.


De las dos relaciones la más importante es la primera, la relación de pareja, porque de ella depende en gran parte la segunda, la de los hijos. Leyendo con perspectiva moderna aquellas palabras de Pablo, de inmediato salta a la vista una dificultad. Pablo recomienda al marido que «ame» a la mujer (y esto está bien), pero después recomienda a la mujer que sea «sumisa» al marido, y esto, en una sociedad fuertemente (y justamente) consciente de la igualdad de sexos, parece inaceptable.


Sobre este punto san Pablo está, al menos en parte, condicionado por la mentalidad de su tiempo. Con todo, la solución no es eliminar de las relaciones entre marido y mujer la palabra «sumisión», sino en todo caso hacerla recíproca, como recíproco debe ser también el amor. En otras palabras: no sólo el marido debe amar a la mujer, sino que también la mujer al marido; no sólo la mujer debe ser sumisa al marido, sino también el marido a la mujer. La sumisión no es sino un aspecto y una exigencia del amor. Para quien ama, someterse al objeto del propio amor no humilla, sino que le hace feliz. Someterse significa, en este caso, no decidir solo; saber a veces renunciar al propio punto de vista. En resumen, recordar que se ha pasado a ser «cónyuges», o sea, literalmente, personas que están bajo «el mismo yugo» libremente acogido.


La Biblia plantea una relación estrecha entre ser creados «a imagen de Dios» y el hecho de ser «hombre y mujer» (v. Gn 1,27). La semejanza consiste en esto. Dios es único y solo, pero no es solitario. El amor exige comunión, intercambio interpersonal, requiere que haya un «yo» y un «tú». Por eso el Dios cristiano es uno y trino. En Él coexisten unidad y distinción: unidad de naturaleza, de voluntad, de intención, y distinción de características y de personas. Precisamente en esto la pareja humana es imagen de Dios. La familia humana es reflejo de la Trinidad. Marido y mujer son, en efecto, una sola carne, un solo corazón, una sola alma, aún en la diversidad de sexo y de personalidad. Los esposos están uno ante otro como un «yo» y un «tú», y están frente a todo el resto del mundo, empezando por los propios hijos, como un «nosotros», como si se tratara de una sola persona, pero ya no singular, sino plural. «Nosotros», o sea, «tu madre y yo», «tu padre y yo». Así habló María a Jesús, después de encontrarle en el templo.


Sabemos bien que éste es el ideal y que, como en todas las cosas, la realidad es con frecuencia bastante diferente, más humilde y más compleja, a veces incluso trágica. Pero estamos tan bombardeados de casos de fracasos que a lo mejor, por una vez, no está mal volver a proponer el ideal de la pareja, primero en el plano sencillamente natural y humano, y después en el cristiano. ¡Ay de llegar a avergonzarse de los ideales en nombre de un malentendido realismo! El final de una sociedad, en este caso, estaría marcado. Los jóvenes tiene derecho a que se les transmitan, por parte de los mayores, ideales, y no sólo escepticismo y cinismo. Nada tiene la fuerza de atracción que posee el ideal.
P. Raniero Cantalamessa

sábado, 25 de diciembre de 2010

YA ES NAVIDAD

Una antigua costumbre prevé para la fiesta de Navidad tres misas, llamadas respectivamente «de medianoche», «de la aurora» y «del día». En cada una, a través de las lecturas que varían, se presenta un aspecto distinto del misterio de forma que se tenga de él una visión por así decirlo tridimensional. El evangelio de la Misa de medianoche se concentra en el evento, en el hecho histórico. Se describe con una desconcertante sencillez, sin ostentación alguna. Tres o cuatro líneas de palabras humildes y corrientes para describir el acontecimiento, en absoluto, más importante en la historia del mundo: la llegada de Dios a la tierra.



La tarea de mostrar el significado y el alcance de este acontecimiento lo confía, el evangelista, al canto que los ángeles entonan después de haber dado el anuncio a los pastores: «Gloria a Dios en lo alto del cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor». En el pasado esta última expresión se traducía de manera distinta: «Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad». Con este significado la expresión entró en el canto del «Gloria» y se hizo habitual en el lenguaje cristiano. Tras el Concilio Vaticano II se suele indicar con ella a todos los hombres honestos, que buscan la verdad y el bien común, sean o no creyentes.


Pero se trata de una interpretación inexacta y por ello actualmente en desuso. En el texto bíblico original se trata de los hombres a los que ama Dios, que son objeto de la buena voluntad divina, no que ellos tengan buena voluntad. De este modo, el anuncio resulta todavía más consolador. Si la paz se otorgara a los hombres por su buena voluntad, entonces se limitaría a pocos, a los que la merecen; pero como se otorga por la buena voluntad de Dios, por gracia, se ofrece a todos. La Navidad no apela a la buena voluntad de los hombres, sino que es anuncio luminoso de la buena voluntad de Dios hacia los hombres.


La palabra clave para entender el sentido de la proclamación angélica es por lo tanto la última, la que habla del «querer», del «amor» de Dios hacia los hombres, como fuente y origen de todo lo que Dios ha comenzado a realizar en Navidad. Nos ha predestinado a ser sus hijos adoptivos «según el beneplácito de su voluntad», escribe el Apóstol; nos ha dado a conocer el misterio de su querer, según cuanto había establecido «en su benevolencia» (Ef 1,5.9). Navidad es la suprema epifanía de aquello que la Escritura llama la filantropía de Dios, o sea, su amor por los hombres: «Se ha manifestado la bondad de Dios y su amor por los hombres» (Tito 3, 4).


Sólo después de haber contemplado la «buena voluntad» de Dios hacia nosotros podemos ocuparnos también de la «buena voluntad» de los hombres: de nuestra respuesta al misterio de la Navidad. Esta buena voluntad se debe expresar mediante la imitación de la acción de Dios. Imitar el misterio que celebramos significa abandonar todo pensamiento de hacer justicia solos, todo recuerdo de ofensas recibidas, suprimir del corazón todo resentimiento aún justo, y ello respecto a todos. No admitir voluntariamente ningún pensamiento hostil contra nadie; ni contra los cercanos ni contra los lejanos, ni contra los débiles ni contra los fuertes, ni contra los pequeños ni contra los grandes de la tierra, ni contra criatura alguna que existe en el mundo. Y esto para honrar la Navidad del Señor, porque Dios no ha guardado rencor, no ha mirado la ofensa recibida, no ha esperado a que otro diera el primer paso hacia Él. Si esto no es posible siempre, durante todo el año, por lo menos hagámoslo en tiempo de Navidad. Así ésta será de verdad la fiesta de la bondad.


P. Raniero Cantalamessa

viernes, 24 de diciembre de 2010

¿POR QUÉ LA NAVIDAD?

Érase una vez un hombre que no creía en Dios. No tenía reparos en decir lo que pensaba de la religión y de las festividades religiosas, como la Navidad.

Su mujer, en cambio, era creyente y criaba a sus hijos en la fe en Dios y en Jesucristo, a pesar de los comentarios desdeñosos de su marido.
Una Nochebuena en que estaba nevando, la esposa se disponía a llevar a los hijos al oficio navideño de la parroquia de la localidad agrícola donde vivían. Le pidió al marido que los acompañara, pero él se negó.
-¡Qué tonterías! -arguyó-. ¿Por qué Dios se iba a rebajar a descender a la Tierra adoptando la forma de hombre? ¡Qué ridiculez!


Los niños y la esposa se marcharon y él se quedó en casa.
Un rato después, los vientos empezaron a soplar con mayor intensidad y se desató una ventisca. Observando por la ventana, todo lo que aquel hombre veía era una cegadora tormenta de nieve. Y decidió relajarse sentado ante la chimenea.
Al cabo de un rato, oyó un gran golpe; algo había golpeado la ventana. Luego, oyó un segundo golpe fuerte. Miró hacia afuera, pero no logró ver a más de unos pocos metros de distancia. Cuando empezó a amainar la nevada, se aventuró a salir para averiguar qué había golpeado la ventana. En un campo cercano descubrió una bandada de gansos salvajes. Por lo visto iban camino al sur para pasar allí el invierno, y se vieron sorprendidos por la tormenta de nieve y no pudieron seguir. Perdidos, terminaron en aquella finca sin alimento ni abrigo. Daban aletazos y volaban bajo en círculos por el campo, cegados por la borrasca, sin seguir un rumbo fijo. El agricultor dedujo que un par de aquellas aves habían chocado con su ventana.


Sintió lástima de los gansos y quiso ayudarlos.


-Sería ideal que se quedaran en el granero -pensó-. Ahí estarán al abrigo y a salvo durante la noche mientras pasa la tormenta.


Dirigiéndose al establo, abrió las puertas de par en par. Luego, observó y aguardó, con la esperanza de que las aves advirtieran que estaba abierto y entraran. Los gansos, no obstante, se limitaron a revolotear dando vueltas. No parecía que se hubieran dado cuenta siquiera de la existencia del granero y de lo que podría significar en sus circunstancias. El hombre intentó llamar la atención de las aves, pero solo consiguió asustarlas y que se alejaran más.


Entró a la casa y salió con algo de pan. Lo fue partiendo en pedazos y dejando un rastro hasta el establo. Sin embargo, los gansos no entendieron.
El hombre empezó a sentir frustración. Corrió tras ellos tratando de ahuyentarlos en dirección al granero. Lo único que consiguió fue asustarlos más y que se dispersaran en todas direcciones menos hacia el granero. Por mucho que lo intentara, no conseguía que entraran al granero, donde estarían abrigados y seguros.
-¿Por qué no me seguirán? -exclamó- ¿Es que no se dan cuenta de que ese es el único sitio donde podrán sobrevivir a la nevada?


Reflexionando por unos instantes, cayó en la cuenta de que las aves no seguirían a un ser humano.
-Si yo fuera uno de ellos, entonces sí que podría salvarlos -dijo pensando en voz alta.


Seguidamente, se le ocurrió una idea. Entró al establo, agarró un ganso doméstico de su propiedad y lo llevó en brazos, paseándolo entre sus congéneres salvajes. A continuación, lo soltó. Su ganso voló entre los demás y se fue directamente al interior del establo. Una por una, las otras aves lo siguieron hasta que todas estuvieron a salvo.


El campesino se quedó en silencio por un momento, mientras las palabras que había pronunciado hacía unos instantes aún le resonaban en la cabeza:


-Si yo fuera uno de ellos, ¡entonces sí que podría salvarlos!
Reflexionó luego en lo que le había dicho a su mujer aquel día:


-¿Por qué iba Dios a querer ser como nosotros? ¡Qué ridiculez!
De pronto, todo empezó a cobrar sentido. Entendió que eso era precisamente lo que había hecho Dios. Diríase que nosotros éramos como aquellos gansos: estábamos ciegos, perdidos y a punto de perecer. Dios hizo que Su Hijo se volviera como nosotros a fin de indicarnos el camino y, por consiguiente, salvarnos. El agricultor llegó a la conclusión de que ese había sido ni más ni menos el objeto de la Natividad.


Cuando amainaron los vientos y cesó la cegadora nevada, su alma quedó en quietud y meditó en tan maravillosa idea. De pronto comprendió el sentido de la Navidad y por qué había venido Cristo a la Tierra. Junto con aquella tormenta pasajera, se disiparon años de incredulidad. Hincándose de rodillas en la nieve, elevó su primera plegaria: "¡Gracias, Señor, por venir en forma humana a sacarme de la tormenta!"


La Parroquia, nos invita a todos hoy al pregón de Navidad y a las tradicionales migas.
Será a las 14:00 en la plaza de la Virgen.
A las 12.00 de la noche, nos reuniremos en la Parroquia, para ser los primeros en adorar al Niño Dios en la Misa del Gallo.
Feliz Navidad

jueves, 23 de diciembre de 2010

"LO QUE HICISTÉIS CON UNO DE ESTOS PEQUEÑOS...

CARITAS SONSECA LLEVA MÁS DE 20 AÑOS REALIZANDO LA CAMPAÑA DE NAVIDAD


Durante más de 20 años Cáritas parroquial de Sonseca viene realizando todos los sábados anteriores a Nochebuena la ya tradicional campaña de recogida de alimentos y donativos. En este año 2010, pese a las inclemencias del tiempo, más de 80 personas distribuidas en grupos llamaron a las puertas de las casas de la localidad, personas de todas las edades, niños, jóvenes, adultos y personas mayores, una fiel representación de la vida de la parroquia.


Con el rezo del Ángelus y la presencia de los sacerdotes de la parroquia en la ermita de la Virgen de los Remedios se realizó el acto de envío. En concreto fueron 9 grupos de personas y al frente de cada uno un responsable que dirige y guía al resto de los voluntarios por las calles del sector encomendado del pueblo. Una vez terminada la cuestación todos los grupos van llegando al almacén de Cáritas donde con gran entusiasmo se van colocando los víveres en las estanterías y se va haciendo entrega del dinero recogido. Días más tarde uno de los miembros de grupo de Cáritas realiza una labor encomiable de clasificación de víveres por producto y fecha de caducidad.


En esta campaña se han recogido 2.500 kilos de alimentos, 300 litros de aceite y leche, 1.000 latas y botes de conservas y más de 5.000 euros en donativos.


Todos estos alimentos recogidos sirven para atender las necesidades que durante el año van surgiendo; por ejemplo, durante este año se han entregado casi 700 bolsas de alimentos y más de 300 litros de leche.


Por otro lado, con los donativos recibidos de los socios, los colaboradores, las instituciones y colectas se mantiene el albergue, atendido por voluntarios, que han dado hospedaje y cena a casi 300 transeúntes. También se ayuda, en coordinación con los servicios sociales de Ayuntamiento a familias necesitadas en el pago del alquiler, luz, agua y ropa. Por último una de las partidas más importantes de gastos son las ayudas al exterior: Haití, Pakistán…


Pedimos al Señor que no olvidemos que Él está presente en los más necesitados. “Lo que hicisteis con uno de estos pequeños conmigo lo hicisteis” (Mt 25, 40)


Grupo Parroquial Cáritas Sonseca

miércoles, 22 de diciembre de 2010

...Y DIOS ME RESPONDIÓ

Joni y su esposo con Juan Pablo II
A veces podríamos pensar que la felicidad empieza allí donde termina el sufrimiento. Y así postergamos para un mañana que probablemente nunca llegará nuestra decisión de amar y ser felices. Pero Joni Seith, una joven judía conversa al catolicismo, ha descubierto esa paradoja de la vida cristiana: el valor salvífico y redentor del dolor, y su sufrimiento, una penosa enfermedad degenerativa del sistema óseo, se ha convertido para ella una "gracia" que testimonia al mundo entero.



Buscar a Cristo con los cinco sentidos


Nacida en una familia en la que el judaísmo era más cultural que religioso, de pequeña participaba con agrado de las diversas tradiciones hebreas. Sin embargo, entrada a la adolescencia, lleva una vida "bastante mundana" pues, "¿Quién necesita la religión o a Dios?".
Unas extrañas pesadillas, su desencanto de la vida que llevaba, la depresión unidas al testimonio de fe y paz con el que su abuela dejó este mundo hacen que Joni se fuera "de compras por las iglesias” de diferentes denominaciones para encontrarse con el Mesías.


"Finalmente entré en una iglesia católica para ver lo que tenía que ofrecer. Llegué durante su celebración y de inmediato me sentí cómoda. Entonces sucedió algo que cambió mi vida para siempre. Campanas sonaron y el celebrante tomó en sus manos un círculo blanco. Mientras mantenía el misterioso disco en alto para que todos lo vieran, mis ojos se abrieron. Vi la Verdad por primera vez. "¡Señor mío y Dios mío!" proclamé con todo mi ser, y lloraba. Estaba en casa. Inmediatamente fui a ver a mis padres y les dije que me convertía al catolicismo".
Tras recibir el bautismo y contraer matrimonio que la bendijo con cuatro hijos, Joni comienza a experimentar la crudeza de su enfermedad. "La endometriosis se hizo tan debilitante que tuvieron que hacerme una histerectomía completa a la edad de treinta y dos años. Allí los doctores descubrieron que mi densidad ósea era la de una mujer de ochenta años de edad. A partir de ese momento, mi cuerpo parecía desmoronarse".


La perspectiva de llevar una vida marcada por el sufrimiento era algo que Joni no aceptaba. Y el padecimeinto comenzó a agravarse. "Fui diagnosticada con fibromialgia". Pese a la terapia "me encontré sin siquiera poder levantarme del sofá.


Posteriormente, los médicos le diagnosticaron una rara enfermedad genética del tejido conectivo llamada síndrome de Ehlers Danlos. El músculo y los tejidos conectivos unidos a la base de su columna vertebral se habían soltado de los huesos de la espalda inferior.

La Gracia vino


"Todo lo que podía hacer era rezar. Y Dios me respondió. Mientras estaba acostada en el sofá, sentí desesperación. Pero Dios me permitió ver la desesperación a través de los ojos de una persona con fe. Aprendí en un instante lo que la fe era, y la fe en Dios hace la diferencia en la vida de las personas.


"La Gracia vino. La gracia de creer en Aquel que me amó más que nadie me amaba. La gracia de aceptar que mi enfermedad se permanecería hasta que Él creyera que estaba lista para sanarme. La gracia de confiar en Él, que sabía mejor que nadie cómo quería usarme para su bien. Y Él me regaba con su paz. Con este nuevo conocimiento acepté mi deterioro de salud. A pesar de que la enfermedad causó estragos en mi cuerpo, no robó mi paz. El dolor no disminuyó pero ahora tenía la oportunidad de llevarlo mejor. Dios me enseñó "qué ofrecer". Había escuchado la expresión, pero ahora Él quería que yo la viviera".

Camisetas con mensajes católicos


Así, y a pesar de que estaba destinada a estar postrada en un sofá, Joni se sintió que podría pintar camisetas con mensajes católicos desde el sofá. Su fe, su esfuerzo y el apoyo de su esposo y de unos amigos hicieron que naciera su hoy próspero negocio.
Mientras tanto, su salud siguió disminuyendo. Ahora tenía la densidad ósea de una mujer de noventa años. Su pie se rompió mientras salía de la iglesia. Se rompió el esternón mientras estaba durmiendo. "Había confiado en Dios antes, pero ahora había llegado el momento de confiar realmente en Él".
Posteriormente se dedicó a escribir un libro sobre la vida de los santos para niños. "¡Él no iba a dejar que perdiera la cabeza como estaba perdiendo mi cuerpo! Cuanto peor me sentía, más me inspiraba lo que iba a dibujar y escribir. Dios me dio el regalo de mis obras de arte y nuestro negocio de camisetas para mantenerme cuerda".

Las "muertes misericordiosas", robo de una bendición


La experiencia de Joni la lleva a rechazar la eutanasia. "A través de estos desafíos, Dios me dio una conciencia de lo que las llamadas "muertes misericordiosas" están robando a los enfermos y a los ancianos. La mentalidad de la "cultura de la muerte" está tratando de romper la relación íntima con Jesucristo, del sacrificio de amor que Él espera de aquellos que sufren. Este mundo quiere robar nuestra paz, nuestra alegría y la unión de nuestros sufrimientos con Él. Este mundo quiere robar nuestra oportunidad de amar como Jesús ama".

"Pero gracias a Dios, Jesús me guardó de que el mundo me robe esa bendición. Él me enseñó lo que significa "qué ofrecer". Todo lo que necesitamos hacer es pedirle que derrame su gracia sobre nuestros hermanos y hermanas para ofrecer nuestro dolor y enfermedades, nuestras decepciones así como nuestras alegrías por el bien de los demás. Dios nos ama tanto que Él nos quiere introducir en el sacrificio amoroso de su cruz, el instrumento de su amor y gracia, su paz y vida en nosotros -el misterio de su Sacratísimo Corazón. Es una gran lección que aprender".
Testimonio completo



martes, 21 de diciembre de 2010

¿PASADO?¿FUTURO?...¡¡PRESENTE!!

Hay quienes viven encadenados a un fracaso o a una herida que se diría que nunca deja de supurar. Son personas que se amargan hoy porque hace veinte años no les quiso su madre, o no pudieron estudiar lo que querían, o su novio les traicionó, o perdieron injustamente su trabajo, o lo que sea. No han perdonado ni se han perdonado ese viejo dolor, y están ahí, dándole vueltas a su amargura, torturándose con sus errores y sus rencores. Como dice Martín Descalzo, parecen estatuas de sal que no logran vivir el presente de tanto mirar hacia atrás.

Hay otros que también viven centrados en el pasado, pero estos no por amargura sino por añoranza. No me refiero a los que somos un poco nostálgicos y nos gusta tener presentes nuestra historia y nuestras raíces, sino a esas personas que no les gusta el presente pero tampoco tienen el valor necesario para mejorarlo y, por eso, dedican sus pocas energías a lamentarse y a suspirar por otros tiempos pasados, supuestamente mejores. No se dan cuenta de que el mundo ha empeorado en algunas cosas pero también ha mejorado en otras, y que no puede decirse que cualquiera tiempo pasado fue mejor, y deberían pensarse si quizá piensan así más por su mala memoria que por su buena percepción de la realidad. A lo mejor el mundo no ha empeorado, sino que son ellos los que han envejecido y ahora son otros los que llevan la voz cantante. Además, el presente que tenemos es en buena medida resultado del pasado que ellos hicieron. Y el pasado está condenado a ser cada vez más pasado, y los que viven en él, con él se irán a pique. El pasado es útil en la medida que ilumina el presente y alimenta el futuro, en la medida en que deja de ser pasado y se convierte en acicate para el presente y no en estéril añoranza.
Los que viven encadenados al pasado suelen estar también intimidados por el futuro. Ha sido este un error más propio de la ancianidad, pero con frecuencia se ve en personas jóvenes y es realmente desolador. Es un miedo que paraliza y consume a las personas, como esas arañas que primero anestesian e inmovilizan a sus víctimas para luego devorarlas poco a poco.
Otros viven condicionados por el futuro, porque aplazan todo lo que les cuesta. No se atreven a eludirlo directamente y, por eso, recurren casi inconscientemente a retrasar todo lo que se les pone un poco cuesta arriba. No se sienten con ánimos y enseguida lo dejan para otro momento, que con frecuencia luego nunca llega. No se dan cuenta de que desanimarse es huir del esfuerzo, y eso inicialmente es muy cómodo pero a la larga es derrengador. Su vida es una continua estrategia de repliegue y aplazamiento. Al primer escollo, piensan en dejarlo para esta tarde, o para esta noche, o para el fin de semana. Cualquier proyecto o aspiración un poco costosa enseguida queda para el mes que viene, o para las vacaciones, o para el año que viene, con la excusa de que seguro que tendré más tiempo y más libertad porque empiezo la carrera, o la acabo, o me caso, o lo que sea. Luego va llegando todo eso y hay nuevas demoras, nuevas claudicaciones, y hay que esperar de nuevo, quizá a que los hijos sean mayores y ya no necesiten tantos cuidados, o a la jubilación, y así sucesivamente hasta que ya se encuentran sin energías y al final comprenden que dejar las cosas para más adelante es casi siempre una estrategia sumamente engañosa.
De manera semejante a como algunos consumen marihuana o cocaína para eludir por un tiempo la realidad de la vida, así se fugan al pasado o al futuro aquellos que no tienen el valor de tomar con fuerza las riendas del presente. No se dan cuenta de que es preciso hacer hoy lo que tenemos que hacer hoy, y que hay que buscar la felicidad en acometer el presente con un poco de coraje.


Alfonso Agulló

lunes, 20 de diciembre de 2010

EL PAPA NOS PROPONE A S. JOSÉ COMO MODELO PARA VIVIR ESTA NAVIDAD

Es cuarto domingo de Adviento y el Ángelus del Papa se ha centrado en una de las tres figuras del Misterio que se celebra la semana que viene.

«Hombre justo, fiel a la ley de Dios, dispuesto a cumplir su santa voluntad»: así describe Benedicto XVI al esposo de la Virgen María y padre putativo de Jesucristo, que «entra en el misterio de la Encarnación» porque, avisado por el ángel de la naturaleza virginal de la concepción que se ha obrado en su esposa, «sus ojos ven en ella la obra de Dios» y se sabe «seguro de estar haciendo lo justo».
Y al poner el nombre de Jesús al niño hijo del Espíritu Santo, San José «se sitúa entre el número de los servidores humildes y fieles, similar a los ángeles y a los profestas, similar a los mártires y a los apóstoles... Es testigo de la virginidad de María y de la acción gratuita de Dios, y custodio de la vida terrena del Mesías».
Pero Benedicto XVI, tras estos elogios al maestro del Maestro en este mundo, señala dos razones particulares por las que debe convertirse en nuestro modelo, al perfilarse en él ese «hombre nuevo» del Evangelio, caracterizado por dos virtudes: primera, «mira con confianza y coraje al futuro»; segunda, «no sigue su propio proyecto, sino que se confía totalmente a la infinita misericordia de quien cumple las profecías y abre el tiempo de la salvación».
Antes de confiar a San José, «patrono universal de la Iglesia», la labor de sus pastores (obispos y sacerdotes), Benedicto XVI fija pues las dos grandes lecciones de la vida de San José para los cristianos de hoy: contemplar con valentía los tiempos que vienen, y entregarse a la voluntad de Dios para nosotros, más que a nuestros propios y limitados designios.
Religión en Libertad

sábado, 18 de diciembre de 2010

NUESTRA SEÑORA DE LA ESPERANZA Y LA LITURGIA DEL DOMINGO IV DE ADVIENTO

Esperar al Señor que ha de venir es el tema principal del santo tiempo de Adviento que precede a la gran fiesta de Navidad. La liturgia de este período está llena de deseos de la venida del Salvador y recoge los sentimientos de expectación, que empezaron en el momento mismo de la caída de nuestros primeros padres. En aquella ocasión Dios anunció la venida de un Salvador. La humanidad estuvo desde entonces pendiente de esta promesa y adquiere este tema tal importancia que la concreción religiosa del pueblo de Israel se reduce en uno de sus puntos principales a esta espera del Señor. Esperaban los patriarcas, los profetas, los reyes y los justos, todas las almas buenas del Antiguo Testamento. De este ambiente de expectación toma la Iglesia las expresiones anhelantes, vivas y adecuadas para la preparación del misterio de la "nueva Natividad" del salvador Jesús.

En el punto culminante de esta expectación se halla la Santísima Virgen María. Todas aquellas esperanzas culminan en Ella, la que fue elegida entre todas las mujeres para formar en su seno el verdadero Hijo de Dios.
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Evangelio
El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera:


La madre de Jesús estaba desposada con José, y antes de vivir juntos resultó que ella esperaba un hijo, por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era bueno y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero apenas había tomado esta resolución se le apareció en sueños un ángel del Señor, que le dijo:


«José hijo de David, no temas llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de los pecados».


Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el profeta: «Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa Dios con nosotros)».


Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.


Mateo 1, 18-24


Hay algo que une las tres lecturas de este domingo: en cada una se habla de un nacimiento: «He aquí que una Virgen está encinta y va a dar a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel, Dios-con-nosotros» (I lectura); «Jesucristo... nacido de la estirpe de David, según la carne» (II lectura); «El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera...» (Evangelio). ¡Podríamos llamarlo «domingo de los nacimientos»!



Es inevitable plantearse inmediatamente la pregunta: ¿por qué nacen tan pocos niños en Italia y en otros países occidentales? El principal motivo de la escasez de nacimientos no es de tipo económico. Los nacimientos deberían aumentar a medida que se camina hacia las franjas más elevadas de la sociedad, o según se va del Sur al Norte del mundo, y en cambio sabemos que ocurre exactamente lo contrario.


El motivo es más profundo: es la falta de esperanza, con lo que implica: confianza en el futuro, impulso vital, creatividad, poesía y alegría de vivir. Si casarse es siempre un acto de fe, traer al mundo un hijo es siempre una acto de esperanza. Nada se hace en el mundo sin esperanza. Necesitamos de la esperanza como del aire para respirar. Cuando una persona está a punto de desmayarse, se grita a quienes están cerca: «¡Dadle aire!». Lo mismo se debería hacer con quién está a punto de dejarse ir, de rendirse ante la vida: «¡Dadle un motivo de esperanza!». Cuando en una situación humana renace la esperanza, todo parece distinto, aunque nada, de hecho, haya cambiado. La esperanza es una fuerza primordial. Literalmente hace milagros.


El Evangelio tiene algo esencial que ofrecer a nuestra gente, en este momento de la historia: la Esperanza con mayúsculas, virtud teologal, o sea, que tiene por autor y garante a Dios mismo. La esperanzas terrenas (casa, trabajo, salud, el éxito de los hijos...), aunque se realicen, inexorablemente desilusionan si no hay algo más profundo que las sustente y las eleve. Miremos lo que sucede con la tela de araña; es una obra de arte, perfecta en su simetría, elasticidad, funcionalidad, tensa desde todos los puntos por hilos que tiran de ella horizontalmente. Se sujeta en el centro por un hilo desde arriba, el hilo que la araña ha tejido descendiendo. Si uno desprende uno de los filamentos laterales, la araña sale, lo repara rápidamente y vuelve a su sitio. Pero si se rompe ese hilo de lo alto, todo se distiende. La araña sabe que no hay nada que hacer y se aleja. La Esperanza teologal es el hilo de lo alto en nuestra vida, lo que sustenta toda la trama de nuestras esperanzas.


En este momento en que sentimos tan fuerte la necesidad de esperanza, la fiesta de Navidad puede representar la ocasión para una inversión de marcha. Recordemos lo que dijo un día Jesús: «Quien recibe a un niño en mi nombre, a mí me recibe». Esto vale para quien acoge a un niño pobre y abandonado, para quien adopta o alimenta a un niño del Tercer Mundo; pero vale sobre todo para los padres cristianos que, amándose, en fe esperanza, se abren a una nueva vida. Muchas parejas que, cuando se anunció el embarazo, se han visto por un momento llenas de confusión, estoy seguro de que sentirán que pueden hacer propias las palabras de la profecía navideña de Isaías: «¡Acrecentaste el gozo, hiciste grande la alegría, porque un niño nos ha nacido, un hijo se nos ha dado!».
P. Raniero Cantalamessa

viernes, 17 de diciembre de 2010

LOS TRES SECRETOS DE LA VIRGEN

El Adviento nos introduce ya en Belén, en estos días en los que colocamos los "nacimientos" con tanta ilusión como ternura, recordando, celebrando y viviendo aquella primera Navidad de la tierra. Durante el Adviento la Palabra de Dios ha ido avivando nuestra esperanza en la venida del Salvador. Y como en la primera comunidad cristiana el deseo se hace oración: "¡Ven, Señor!". El pasado y el presente nos abren al futuro. El evangelio nos invita a contemplar a María, la joven doncella de Nazaret, que dice un "sí" definitivo y radical a los planes de Dios. En la persona de María se cumple la profecía formulada por Isaías ocho siglos antes: "La Virgen concebirá en su seno y dará a luz un hijo, que se llamará Dios con nosotros". También José, el justo, da su consentimiento y se apresta para preparar la casa donde habite el Salvador. En la humildad de su respuesta, se convierten en modelo para todos los que proclamamos la encarnación de Dios y preparamos hoy su venida.
En vísperas ya de la Navidad, podríamos recordar los "tres secretos o claves" de la Virgen: primero, una palabra; segundo, un encuentro; tercero, un gesto sacrificado.


Primero, una palabra: "Hágase", un "sí" rotundo a la voluntad de Dios, a los planes de Dios, enseñándonos así el camino de la santidad. El mundo se ha edificado sobre cuatro "Hágase": el de la creación: "Hágase la luz"; el de la Encarnación: "Hágase en mi, según tu Palabra"; el de la redención: "Padre, no se haga mi voluntad sino la tuya"; el de la santificación: "Hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo".


Segundo, un encuentro: una vez que ha sido "tocada" por Dios, María se pone en camino para visitar a su prima Isabel, enseñándonos que el amor de Dios hemos de derramarlo en los demás, en un prójimo anhelante de testimonio. María se marcha a Ain Karin, donde acompañará a Isabel, le ayudará en las tareas del hogar, y proclamará el hermoso Canto del Magnificat.


Tercero, un gesto sacrificado: María, acompañando a su Hijo al pie de la cruz, nos enseña que las obras deben cristalizar en hechos, y nuestras palabras y buenas intenciones en realidades. Como nos decía el Papa Benedicto XVI, el pasado 8 de diciembre, en la plaza de España, en Roma: "María nos consuela y nos comunica el amor de Dios: No temas, hijo, Dios te quiere; te ama personalmente; pensó en ti antes de que vinieras al mundo y te llamó a la existencia para colmarte de amor y de vida; y por eso, ha salido a tu encuentro, se ha hecho como tú".

ANTONIO GIL para ReL

jueves, 16 de diciembre de 2010

SEGUIMOS PREPARANDO EL CORAZÓN

Hoy, cuando vemos que en nuestra vida no sabemos qué hemos de esperar, cuando a veces perdemos la ilusión porque no nos atrevemos a mirar más allá de nuestras deficiencias, cuando estamos alegres por ser fieles a Jesucristo y, a la vez, inquietos o lánguidos por no saborear los frutos de nuestra misión apostólica, el Señor quiere que nos preguntemos como Juan Bautista: «¿Debemos esperar a otro?» (Lc 7,20).

Está claro, el Señor es “listo”, y quiere aprovechar esta incertidumbre —por cierto, de lo más normal— para que hagamos examen de toda nuestra vida, veamos nuestras deficiencias, nuestros esfuerzos, nuestras enfermedades... y, así, nos reafirmemos en nuestra fe y multipliquemos “infinitamente” nuestra esperanza.
El Señor no tiene límites a la hora de cumplir su misión: «Los ciegos ven, los cojos andan, los leprosos quedan limpios...» (Lc 7,22). ¿Dónde tengo puesta mi esperanza? ¿Dónde tengo situada mi alegría? Porque la esperanza está íntimamente relacionada con la alegría interior. El cristiano, como es natural, ha de vivir como una persona normal de la calle, pero siempre con los ojos puestos en Cristo, que no falla nunca. Un cristiano no puede vivir su vida al margen de la de Cristo y de su Evangelio. Centremos nuestra mirada en Él, que todo lo puede, absolutamente todo, y no pongamos límites a nuestra esperanza. «En Él encontrarás mucho más de lo que puedes desear o pedir» (San Juan de la Cruz).
La liturgia no es un “juego sagrado”, y la Iglesia nos da este tiempo de Adviento porque quiere que cada creyente reanime en Cristo la virtud de la esperanza en su vida. Frecuentemente, la perdemos porque confiamos demasiado en nuestras fuerzas y no queremos reconocernos “enfermos”, necesitados de la mano sanadora del Señor. Pero así ha de ser, y como Él nos conoce y sabe que todos estamos hechos de la misma “pasta”, nos ofrece su mano salvadora. —Gracias, Señor, por sacarme del barro y llenarme de esperanza el corazón.







miércoles, 15 de diciembre de 2010

ESTO ES ADVIENTO

Un sencillo vídeo que nos recuerda algunas actitudes para vivir el Adviento

martes, 14 de diciembre de 2010

MADRID, CAPITAL EUROPEA DE LA FAMILIA

Bajo el lema "La familia cristiana, esperanza para Europa", la misa tendrá lugar el próximo día 2 de enero y contará con una conexión directa con el Vaticano para rezar el Ángelus y escuchar un mensaje especial del papa Benedicto XVI.

En conferencia de prensa, el responsable de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, el obispo Juan Antonio Reig, ha explicado que se trata de una ceremonia de celebración de la familia cristiana y de "reafirmación" de su importancia como estructura que aporta fortaleza y cohesión a la sociedad.
Además ha planteado que la celebración debe servir para que las familias "espabilen" y tomen conciencia de su propia fuerza y de que una sociedad civil organizada y activa tiene el potencial de cambiar las leyes y la sociedad.
Organizada por el Arzobispado de Madrid, la celebración reunirá "entre 500.000 y un millón" de personas, según sus cálculos, y estará sufragada en buena medida por la colecta que se realice en el transcurso de la misa y por un sistema de envío de SMS con el que ya el año pasado se recaudaron 82.000 euros.
"El objetivo es que lo sostengamos nosotros, que no haya instituciones que lo sostengan" económicamente, ha asegurado la secretaria general de la Provincia Eclesiástica de Madrid y responsable de la organización del evento, la religiosa María Rosa de la Cierva.
Según De la Cierva, el evento costará este año "la mitad que el año pasado", cuando supuestamente costó 6.000 euros, sin contar con la aportación "en especie" del Ayuntamiento de Madrid, quien cede el uso de la Plaza y organiza un dispositivo de seguridad especial.
El acto comenzará a las 10.00 horas con el saludo de cardenales y obispos de distintos países europeos, que acuden acompañados por muchos de sus fieles, y alternará rezos, villancicos testimonios de familias.
Entre los testimonios personales, la Iglesia espera contar con el del seleccionador nacional, Vicente del Bosque, y con el de la presidenta de Manos Unidas, Myriam García Abrisqueta. "El objetivo es que nos vean alegres y que nos vean rezar", ha subrayado De la Cierva.

La Razón

lunes, 13 de diciembre de 2010

CIENTÍFICOS HABLAN DE DIOS

Johannes Kepler (1571-1630), astrónomo: “Dios es grande, grande es su poder, infinita su sabiduría. Alábenle cielos y tierra, sol, luna y estrellas con su propio lenguaje. ¡Mi Señor y mi Creador! La magnificencia de tus obras quisiera yo anunciarla a los hombres en la medida en que mi limitada inteligencia puede comprenderla”.


Nicolás Copérnico (1473-1543), astrónomo: “¿Quién que vive en íntimo contacto con el orden más consumado y la sabiduría divina, no se sentirá estimulado a las aspiraciones más sublimes? ¿Quién no adorará al Arquitecto de todas estas cosas?”.

Isaac Newton (1643-1727), fundador de la física teórica clásica: “Lo que sabemos es una gota, lo que ignoramos un inmenso océano. La admirable disposición y armonía del universo, no ha podido sino salir del plan de un Ser omnisciente y omnipotente”.

Carlos Linneo (1707-1778), fundador de la botánica sistemática: “He visto pasar de cerca la Dios eterno, infinito, omnisciente y omnipotente y me he postrado de hinojos en adoración”.
Alessandro Volta (1745-1827), descubrió las nociones básicas de la electricidad: “Yo confieso la fe santa, apostólica, católica y romana. Doy gracias a Dios que me ha concedido esta fe, en la que tengo el firme propósito de vivir y de morir”.

André-Marie Ampere (1775-1836), descubrió la ley fundamental de la corriente eléctrica: “¡Cuán grande es Dios, y nuestra ciencia una nonada!”.


Augustin Louis Cauchy (1789-1857), insigne matemático: “Soy cristiano, o sea, creo en la divinidad de Cristo, como todos los grandes astrónomos, todos los grandes matemáticos del pasado”.

Carl Friedrich Gauss (1777-1855), uno de los más grandes matemáticos y científicos alemanes: “Cuando suene nuestra última hora, será grande e inefable nuestro gozo al ver a quien en todo nuestro quehacer solo hemos podido vislumbrar”.

Justus von Liebig (1803-1873), célebre químico: “La grandeza e infinita sabiduría del Creador la reconocerá solo el que se esfuerce por extraer sus ideas del gran libro que llamamos la naturaleza”.


Robert Mayer (1814-1878), científico naturalista (Ley de la conservación de la energía): “Acabo mi vida con una convicción que brota de lo más hondo de mi corazón: la verdadera ciencia y la verdadera filosofía no pueden ser otra cosa que una propedéutica de la religión cristiana”.

Pietro Angelo Secchi (1803-1895), célebre astrónomo: “De contemplar el cielo a Dios hay un trecho corto”.
Charles Darwin (1809-1882), naturalista (Teoría de la Evolución): “Jamás he negado la existencia de Dios. Pienso que la teoría de la evolución es totalmente compatible con la fe en Dios. El argumento máximo de la existencia de Dios me parece la imposibilidad de demostrar y comprender que el universo inmenso, sublime sobre toda medida, y el hombre hayan sido frutos del azar”.

Thomas Alva Edison (1847-1931), el inventor más fecundo, 1200 patentes: “Mi máximo respeto y mi máxima admiración a todos los ingenieros, especialmente al mayor de todos ellos: Dios”.

K. L. Schleich (1859-1922), célebre cirujano: “Me hice creyente a mi manera por el microscopio y la observación de la naturaleza, y quiero, en cuanto está a mi alcance, contribuir a la plena concordia entre la ciencia y la religión”.


Guglielmo Marconi (1874-1937), inventor de la telegrafía sin hilos, premio Nobel en 1909:“Lo declaro con orgullo: soy creyente. Creo en el poder de la oración, y creo, no solo como católico, sino también como científico”.

Robert Andrews Millikan (1868-1953), físico, premio Nobel en 1923: “Puedo de mi parte aseverar con toda decisión que la negación de la fe carece de toda base científica. A mi juicio jamás se encontrará una verdadera contradicción entre la fe y la ciencia”.


Arthur Stanley Eddington (1882-1946), astrónomo: “Ninguno de los inventores del ateísmo fue naturalista. Todos ellos fueron filósofos muy mediocres”.

Albert Einstein (1879-1955), fundador de la física contemporánea, premio Nobel en 1921 (Teoría de la Relatividad): “Todo aquel que está seriamente comprometido con el cultivo de la ciencia, llega a convencerse de que en todas las leyes del universo está manifiesto un espíritu infinitamente superior al hombre, y ante el cual, nosotros con nuestros poderes debemos sentirnos humildes”.

Max Plank (1858-1947), fundador de la física cuántica, premio Nobel en 1918: “Nada pues nos lo impide, y el impulso de nuestro conocimiento lo exige… relacionar mutuamente el orden del universo y el Dios de la religión. Dios está para el creyente en el principio de sus discursos, para el físico, en el término de los mismos”.

Erwin Schrödinger (1887-1961), creador de la mecánica ondulatoria, premio Nobel en 1933: “La obra maestra más fina es la hecha por Dios, según los principios de la mecánica cuántica…”.

Howard Hathaway Aiken (1900-1973), matemático e ingeniero: “La moderna física me enseña que la naturaleza no es capaz de ordenarse a sí misma. El universo supone una enorme masa de orden. Por eso requiere una “Causa Primera” grande, que no está sometida a la segunda ley de la transformación de la energía y que por lo mismo, es Sobrenatural”.

Wernher von Braun (1912-1977), ingeniero aeroespacial: “Por encima de todo está la gloria de Dios, que creó el gran universo, que el hombre y la ciencia van escudriñando e investigando día tras día en profunda adoración”.


Charles Hard Townes (1915-), físico, premio Nobel de Física en 1964: “Como religioso, siento la presencia e intervención de un ser Creador que va más allá de mi mismo, pero que siempre está cercano… la inteligencia tuvo algo que ver con la creación de las leyes del universo”.
Allan Sandage (1926-), astrónomo, calculó la velocidad de expansión del universo y la edad del mismo por la observación de estrellas distantes: “Era casi un ateo prácticamente en la niñez. La ciencia fue la que me llevó a la conclusión de que el mundo es mucho más complejo de lo que podemos explicar. El misterio de la existencia solo puedo explicármelo mediante lo Sobrenatural”.


Louis Pasteur (1822-1895), químico: “Un joven universitario viajaba en el mismo asiento del transporte con un venerable anciano que iba rezando su rosario. El joven se atrevió a decirle: “Por qué en vez de rezar el rosario no se dedica a aprender e instruirse un poco más? Yo le puedo enviar algún libro para que se instruya” El anciano le dijo: “Le agradecería que me enviara el libro a esta dirección” y le entregó su tarjeta. En la tarjeta decía: Louis Pasteur, instituto de Ciencias de París. El universitario se quedó avergonzado. Había pretendido darle consejos al más famoso sabio de su tiempo, el inventor de las vacunas, estimado en todo el mundo y devoto del rosario”.











domingo, 12 de diciembre de 2010

VERBUM DEI IV

 
PRIMERA PARTE VERBUM DEI


« En el principio ya existía la Palabra, y la Palabra estaba junto a Dios, y la Palabra era Dios...
y la Palabra se hizo carne » ( Jn 1,1.14)


EL DIOS QUE HABLA


Dios en diálogo
6. La novedad de la revelación bíblica consiste en que Dios se da a conocer en el diálogo que desea
tener con nosotros.14 La Constitución dogmática Dei Verbum había expresado esta realidad reconociendo
que « Dios invisible, movido de amor, habla a los hombres como amigos, trata con ellos
para invitarlos y recibirlos en su compañía ».15 Sin embargo, para comprender en su profundidad
el mensaje del Prólogo de san Juan no podemos quedarnos en la constatación de que Dios se nos
comunica amorosamente. En realidad, el Verbo de Dios, por quien « se hizo todo » ( Jn 1,3) y que
se « hizo carne » ( Jn 1,14), es el mismo que existía « in principio » ( Jn 1,1). Aunque se puede advertir aquí una alusión al comienzo del libro del Génesis (cf. Gn 1,1), en realidad nos encontramos ante un principio de carácter absoluto en el que se nos narra la vida íntima de Dios. El Prólogo de Juan nos sitúa ante el hecho de que el Logos existe realmente desde siempre y que, desde siempre, él mismo  I.  Así pues, no ha habido nunca en Dios un tiempo en el que no existiera el Logos. El Verbo ya existía antes de la creación. Por tanto, en el corazón de la vida divina está la comunión, el don absoluto. « Dios es amor » (1 Jn 4,16), dice el mismo Apóstol en otro lugar, indicando « la imagen cristiana de Dios y también la consiguiente imagen del hombre y de su camino ».16 Dios se nos da a conocer como misterio de amor infi nito en el que el Padre expresa desde la eternidad su Palabra en el Espíritu Santo. Por eso, el Verbo, que desde el principio está junto a Dios y es Dios, nos revela al mismo Dios en el diálogo de amor de las Personas divinas y nos invita a participar en él. Así pues, creados a imagen y semejanza de Dios amor, sólo podemos comprendernos a nosotros mismos en la acogida del Verbo y en la docilidad a la obra del Espíritu Santo. El enigma de la condición humana se esclarece defi nitivamente a la luz de la revelación realizada por el Verbo divino.

sábado, 11 de diciembre de 2010

PREPRANDO LA LITURGIA DEL III DOMINGO DE ADVIENTO: DOMINGO DE GOZO

Evangelio

En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras de Cristo, le mandó a preguntar por medio de dos de sus discípulos:
«¿Eres tú el que ha de venir, o tenemos que esperar a otro?»
Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan:
«¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis, a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: Yo envío mi mensajero delante de ti para que prepare el camino ante ti. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan el Bautista, aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».


Mateo 11, 2-11
 
Comencemos, en nuestra reflexión, por la frase con la que Jesús, en el Evangelio, tranquiliza a los discípulos de Juan el Bautista acerca del propio mesianismo: «Se anuncia a los pobres la Buena Nueva». El Evangelio es un mensaje de gozo: esto proclama la liturgia del tercer domingo de Adviento, que, por las palabras de Pablo en la antífona de ingreso, ha tomado el nombre de domingo «Gaudete», «estad siempre alegres», o sea, domingo de la alegría: «Que el desierto y el sequedal se alegren... Se alegrarán con gozo y alegría... en cabeza, alegría perpetua; siguiéndolos, gozo y alegría. Pena y aflicción se alejarán».



Todos quieren ser felices. Si pudiéramos representar visiblemente a toda la humanidad, en su movimiento más profundo, veríamos una inmensa multitud erguirse en torno a un árbol frutal sobre la punta de los pies y tender desesperadamente las manos, en el esfuerzo de tomar un fruto que en cambio se escapa. La felicidad, dijo Dante, es ese dulce fruto que el hombre busca entre las ramas de la vida.


Pero si todos buscamos la felicidad, ¿por qué tan pocos son verdaderamente felices y hasta los que lo son permanecen así por tiempo tan escaso? Creo que la razón principal es que, en la escalada a la cumbre de la felicidad, erramos de vertiente; elegimos la que no lleva a la cima. La revelación dice: «Dios es amor»; el hombre ha creído que puede dar la vuelta a la frase y decir: «¡El amor es Dios!» (la afirmación es de Feuerbach). La revelación dice: «Dios es felicidad»; el hombre invierte de nuevo el orden y dice: «¡La felicidad es Dios!». ¿Y qué sucede así? No conocemos en la tierra la felicidad en estado puro, como no conocemos el amor absoluto; conocemos sólo fragmentos de felicidad que se reducen con frecuencia a ebriedades pasajeras de los sentidos. Cuando por eso decimos: «¡La felicidad es Dios!», divinizamos nuestras pequeñas experiencias; llamamos «Dios» a la obra de nuestras manos o de nuestra mente. Hacemos, de la felicidad, un ídolo. Esto explica por qué quien busca a Dios encuentra siempre la alegría, mientras que quien busca la alegría no siempre encuentra a Dios. El hombre se reduce a buscar la felicidad en razón de cantidad: siguiendo placeres y emociones cada vez más intensos, o añadiendo placer a placer. Como el drogadicto que necesita dosis cada vez mayores para lograr el mismo grado de placer.


Sólo Dios es feliz y hace felices. Por eso un salmo exhorta: «Ten tu alegría en el Señor, y escuchará lo que pida tu corazón» (Sal 37,4). Con Él también los gozos de la vida presente conservan su dulce sabor y no se transforman en angustias. No sólo los gozos espirituales, sino toda alegría humana honesta: la alegría de ver crecer a los propios hijos, del trabajo felizmente llevado a término, de la amistad, de la salud recuperada, de la creatividad, del arte, del esparcimiento en contacto con la naturaleza. Sólo Dios ha podido arrancar de los labios de un santo el grito: «Basta, Señor, de alegría; ¡mi corazón ya no puede contener más!». En Dios se encuentra todo lo que el hombre acostumbra a asociar a la palabra felicidad e infinitamente más, pues «ni ojo vio, ni oído oyó, ni al corazón del hombre llegó, lo que Dios preparó para los que le aman» (1 Co 2,9).


Es hora de empezar a proclamar con más valor la «Buena Nueva» de que Dios es felicidad, que la felicidad -no el sufrimiento, la privación, la cruz-- tendrá la última palabra. Que el sufrimiento sirve sólo para quitar el obstáculo a la alegría, para dilatar el alma, para que un día pueda acoger la mayor medida posible.

P. Raniero Cantalamessa