lunes, 30 de abril de 2012

NUESTRA HISTORIA


En esta ocasión vemos como se contratan a cuatro músicos para que animaran todas las fiestas religiosas que se celebraban en nuestro pueblo, ya que estos días, la gente se marchaba a otros pueblos y las procesiones se quedaban prácticamente vacías.



1588. Junio.- El cabildo de la Cofradía del Santísimo Sacramento acuerda se haga fiesta y procesión para el Corpus, pues “… la gente se va del pueblo este día a otras partes donde se hace fiesta y en la procesión el Santísimo no va acompañado por quedar poca gente en el  pueblo …”.

Quizás fuera por eso por lo que el 6 de Junio cuatro vecinos de Sonseca comparecieron ante el escribano, el párroco, el mayordomo de la fábrica de la Iglesia, los alcaldes ordinarios, y los de la Cofradía del Ssmo. Sacramento, el mayordomo de la Cofradía de la Candelaria, y los de la Vera Cruz, y se comprometieron a tañer o tocar para los cultos divinos, “…las músicas que serán de chirimías que acostumbran a tañer de triple y tenor, e contralto y bajo de sacabuche…”, por el tiempo de dos años que comenzarían el día del Corpus de este mismo año. Y lo harían conforme a las siguientes cláusulas:

Deberían tocar las vísperas de la Natividad y segundas vísperas hasta la misa mayor de San Juan. El día de la Epifanía con sus vísperas, misa y procesión, e igual el de la Purificación, Anunciación y Resurrección, el de la Ascensión, la Pascua del Espíritu Santo, San Juan de Mayo, Corpus Cristi, San Juan Bautista, Ntra. Señora de Agosto, y Sta. Maria de Septiembre. También para recibir a las procesiones que llegaban, de la Estrella y de Arisgotas el día de San Marcos de cada año. También tocarían en la fiesta de “…la invención de la Cruz…”

Por todo ello se les pagarían 20.000 maravedis por cada año, correspondiendo 8.000 a la fábrica de la Iglesia, otros 8.000 a la Cofradía del Santísimo Sacramento, 3.000 a la Cofradía de la Candelaria, y 1.000 a la de la Vera Cruz. La pena que sufrirían si no cumplían el contrato seria de 2.000 mrs. Salvo que tuvieran que salir a tocar fuera con permiso del párroco y de los alcaldes del Concejo.

Podríamos decir que estos cuatro músicos fueron la primera banda del pueblo.

           

sábado, 28 de abril de 2012

DOMINGO IV DE PASCUA, DOMINGO DEL BUEN PASTOR

Evangelio

En aquel tiempo dijo Jesús a los fariseos:
«Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da la vida por las ovejas; el asalariado, que no es pastor ni dueño de las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye; y el lobo las roba y las dispersa; y es que a un asalariado no le importan las ovejas.
Yo soy el Buen Pastor, que conozco a las mías, y las mías me conocen, igual que el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; yo doy mi vida por las ovejas.
Tengo, además, otras ovejas que no son de este redil; también a ésas las tengo que traer, y escucharán mi voz, y habrá un solo rebaño y un solo Pastor.
Por esto me ama el Padre: porque yo entrego mi vida para poder recuperarla. Nadie me la quita, sino que yo la entrego libremente. Tengo poder para entregarla y tengo poder para recuperarla: este mandato he recibido de mi Padre».

Juan 10, 11-18
 
De tanto en tanto, hoy escuchamos las quejas de personas de buena voluntad que no pueden entender cómo Dios permanece impasible ante las guerras, ante la violencia, ante la injusticia, ante la opresión de los más débiles; no entienden por qué Dios no lleva a cabo una intervención directa y contundente premiando a los buenos y castigando a los malos. Hay personas que, sin duda, organizarían el mundo y la vida de otra manera. La respuesta suele ir en dos direcciones: por un lado, Dios nos ha creado libres, y respeta nuestra libertad. En segundo lugar, Dios nos ha enviado a su Hijo, Jesucristo, que ha venido a salvarnos y nos enseña a vivir como hijos de Dios y hermanos que han de formar la familia de la Iglesia.
No es menor el contraste que se da entre el designio amoroso de Dios y la respuesta del ser humano, que puede ser de acogida o de rechazo, según el uso que haga de su libertad. La existencia humana es como un éxodo, un camino a través del cual se experimentan gozos y esperanzas, amor y paz; y también la miseria, el dolor, la enfermedad, la soledad, la angustia. Y, en este caminar, constatamos que el sujeto posmoderno está cada vez más fragmentado, como un náufrago perdido en el océano de un mundo en cambio continuo, desconcertado porque padece una gran orfandad de las referencias necesarias que jalonan el crecimiento de las personas.
Pero, en esta situación, el Señor sale al encuentro del hombre, con sus grandezas y sus miserias, con sus aspiraciones y su necesidad de sentido, con su desarraigo y sus problemas, con sus pecados y su deseo de salvación. Jesucristo es el Buen Pastor que da su vida por las ovejas, que las conoce, que las conduce, que las congrega. Él es el Pastor verdadero. Sólo Él conoce a sus ovejas y ellas le conocen, conoce a sus ovejas, una por una, en su situación concreta; las llama por su nombre, y ellas reconocen su voz y le siguen. Un conocimiento que libera y que suscita la confianza, que penetra hasta el fondo del corazón.
Las guía y conduce por caminos seguros, yendo delante para prevenir los peligros, para defenderlas del lobo, o del salteador. Las conduce a verdes praderas, donde encuentran alimento, seguridad, vida en abundancia. Las conduce a la unidad. Pero no sólo conoce y conduce, sino que da la vida por las ovejas, entrega su vida por la redención de todos los hombres. El testimonio supremo y la prueba mayor de Cristo como Buen Pastor es el dar la vida en la cruz por la salvación del mundo. Esta cruz y este sacrificio son el signo que distingue radicalmente al Buen Pastor de quien sólo es mercenario. Por eso, con absoluta seguridad y confianza, podemos decir en toda situación, también en la noche oscura: El Señor es mi pastor, nada me falta.
+ José Ángel Saiz Meneses
obispo de Tarrasa

viernes, 27 de abril de 2012

ALMA EL MUSICAL, EN ALFA Y OMEGA


¡¡Este musical tiene ALMA!! Enhorabuena chicos, especialmente a nuestros sonsecanos en Alma: Mario, Arturo, Ana Belén, Mari Paz y Mario Pinilla.

Musical

Levántate y recupera tu alma


El musical Alma nació de un grupo de jóvenes de la diócesis de Toledo, animados por el director del Secretariado de Juventud, Raúl Tinajero, para los Días en las diócesis de la JMJ 2011. Lo montaron desde su amor a Cristo y a la Iglesia, y hoy pretenden, con él, difundir el Evangelio por toda España. Narra la historia de cuatro amigos, del grupo Adonai (Señor, en hebreo). Aitor, Manu, Lidia y Ángela, cada uno con una personalidad bien definida, luchan por el grupo y su amistad, y, sobre todo, por no perder su identidad cristiana. Ensayan en el local de Salvador, un pintor que, mientras realiza sus cuadros, los observa y anima a seguir adelante, pero siempre con una advertencia: «No olvidéis vuestra esencia. No olvidéis quiénes sois y de dónde venís».
Pero sus vidas cambiarán radicalmente con la llegada de Damián, productor musical y manager del grupo, que les invita a alcanzar el éxito y la fama, siempre que cambien el estilo del grupo y modifiquen las letras de sus canciones. A partir de este momento, cada uno sigue su camino, seducidos por la fama, el éxito, el poder y el dinero, y esto les lleva a olvidarse de sus principios y valores y a sufrir las consecuencias.
Alma cuenta con un elenco de 70 personas, entre actores, músicos, bailarines, coro, atrezzo, escenógrafos, luz y sonido. Todos aficionados, lo cual le da mayor mérito y valor al espectáculo. Es totalmente original: su música (con estilos tan variados como rock, soul, cabaret y pop), y sus letras, coreografía y guión. Y el beneficio económico es para Cáritas.
En Alma todo está muy estudiado y nada se deja a la improvisación. Su historia es envolvente, impactante, atrayente, emotiva y muy actual, pues los temas que aborda ocurren en la vida real a millones de jóvenes. A ello hay que añadir que estos jóvenes no se conforman con la actuación, sino que realizan una labor de evangelización previa: visitan los colegios y las casas del lugar adonde lo van a representar, para animar a todos a que vayan a verlo, dejando siempre muy claro que lo hacen por Él y para Él.
Alma es un canto a la esperanza, a la misericordia, al arrepentimiento y al perdón infinito de Dios, que acoge a sus hijos, como en la parábola del Hijo pródigo. Hay que ir a verlo con los ojos y oídos muy abiertos, pero sobre todo con el corazón, para dejarse empampar por la fuerza de este musical y su mensaje. ¡No deja indiferente!
Más información: http://www.almaelmusical.com

María Pazos Carretero

miércoles, 25 de abril de 2012

S. MARCOS EVANGELISTA

Hoy fiesta de S. Marcos:

Marcos, ¿el joven cubierto solo por la sábana, el compañero de Pablo y de Pedro?, tuvo la idea genial de escribir un relato sobre Jesús. Un librito en el que quería presentar, utilizando una palabra que Pablo emplea para referirse a su predicación sobre Jesucristo, muerto y resucitado por nosotros y para nuestra salvación, mi evangelio, como dice con frecuencia, presentándonos la vida de Jesús, mas no, simplemente, como una biografía, sino como un relato unitario cargado de intención.

Comienzo del evangelio de Jesús, el Cristo, Hijo de Dios. El pilar en donde se asienta el relato de la Buena Noticia, para terminar, en un segundo pilar sobre el que se ha ido construyendo el Evangelio entero, la confesión del centurión cuando ve a Jesús muerto en la cruz. Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios. Abriéndonos así al relato de la resurrección.

 La utilización de la palabra evangelio en la primera línea de este librito que marca una manera propia de relatar ha creado todo un género literario. Porque cuando alguien se adentra en su lectura con parsimonia, se queda en los puros pasmos de lo bien que está construido, como lo estarán, igualmente, los otros tres Evangelios canónicos. Deja perplejo que alguien de tan pocas luces literarias, al menos vistas las cosas de primeras y sin cuidado, construya un relato tan complejo en el enorme cuidado que él ha puesto en su pequeño escrito, de modo que podemos leerlo y leerlo una y otra vez, y cada una nos deja ver diversos lados del cuidadoso prisma que son sus páginas. Buscando siempre hacernos creer en el Hijo de Dios, cuya vida y obras, que el evangelista entreteje con tal primor, constituyen una Buena Noticia para nosotros.

 La Buena Noticia de nuestra salvación, de que Dios está con nosotros, de que por la fe en Cristo estamos salvados. De modo que ha construido un libro para que creamos con plena comprensión en quien ya creemos, en Cristo Jesús. Porque el Evangelio no es tanto una vida de Jesús para quienes no han oído nunca hablar de él, sino el anuncio de la Buena Noticia que ya hemos recibido, pues nosotros hemos pronunciado ya las palabras del centurión ante Jesús muerto en la cruz. Porque ahora nosotros somos enviados al mundo entero para proclamar esa Buena Noticia que vivíamos ya, pero Marcos ha tenido la idea genial de ponérnoslo en un relato orientado de comienzo a fin en el Hijo de Dios, el Cristo, muerto y resucitado.

 Para ello, ha recogido lo que sabía de Jesús, lo que había oído de Pablo, de Pedro, de los demás apóstoles y discípulos de Jesús, los que habían caminado con él desde el principio, y lo ha dejado como relato de una Buena Noticia para todos, no solo para nosotros, sino para todos. Por eso, el Evangelio mismo, es decir, el librito que, tras Marcos, llamamos Evangelio, nos sirve para dar espesor a nuestra fe y nos empuja a proclamarla con asombrosa alegría a toda la creación. El que crea y se bautice, se salvará; el que se resista a creer será condenado. Marcos, tras Pablo y en unión con los demás autores del NT, pone ante nosotros en forma de relato genial lo que nos ayudará a entender en toda su profundidad la Buena Noticia, para, de esta manera, atender al mandato de Cristo de ir por todo el mundo proclamándolo y entregando el Evangelio

martes, 24 de abril de 2012

WEB CAM EN LUGARES MUY ESPECIALES DEL CATOLICISMO

Puedes hacer una visita virtual a lugares muy significativos para los católicos:

domingo, 22 de abril de 2012

DE "AL SALIR DE CLASE" AL CONFESIONARIO



Antonio Cuadri se acercó al padre Esteban Munilla, de Radio María, y le dijo: «yo quiero hacer algo con Radio María, no sé, algo audiovisual». El responsable de la emisora pensó que aquel hombre era simplemente un aficionado con inquietudes…hasta que revisó su currículum: ¡creador y guionista de la serie «Al salir de clase», director de «Las noticias del guiñol», de «Lo+Plus», «Desesperado Club Social», varios capítulos de «Cuéntame», cuatro premios Ondas, Cuadri se salió con la suya y el lunes por la noche presenta en el Cine Callao, en una sala a rebosar y con la presencia de unos 20 obispos un emotivo cortometraje llamado «Hay mucha gente buena», que después podrá descargarse por internet.
«Me volví a confesar hace un año. Hacía unos 15 que no lo hacía. Para mí fue necesario y gratificante», explica a LA RAZÓN. «Hace meses me reencontré con un amigo, Patricio Gómez, al que llevaba 20 años sin ver. Era un hombre formado en el materialismo dialéctico marxista, pero en Costa Rica se zambulló en la fe. Me hizo reflexionar. Me invitó a participar en la JMJ, a colaborar con Radio María». Cuando Benedicto XVI, en El Escorial, habló de «el eclipse de la fe» que vive Occidente, me pareció muy profundo: «un eclipse es una zona de oscuridad que termina tarde o temprano».

Antiguo alumno claretiano, nunca dejó su oración de las noches, ni siquiera cuando estuvo más alejado de la Iglesia. «Creo en la oración, que es un regalo, un don, como la fe. Rezo pidiendo luz, gracia, poder distinguir lo que cambiar de lo que no, pidiendo valor, y paz, para concentrarme allí donde puedo intervenir. En lo espiritual soy bastante “free-lance”, pero los del equipo de “Hay mucha gente buena” me apoyan, me acompañan, me quieren mucho y se lo agradezco», admite.

«A la gente que se hace preguntas, en búsqueda espiritual, yo les diría, con cierto humor negro, que tengamos la humildad de imaginar dónde acabamos todos: ¡en el cementerio! Tengamos la valentía de preguntarnos si creemos de verdad que ahí acaba todo, si no habrá algo, que no es materia, que no se pudre, que perdura», asegura, si bien a renglón seguido, señala: «Pensemos además si nuestro rumbo, nuestras decisiones, las podemos tomar solos o si necesitamos un itinerario, unas instrucciones. Yo creo en Dios, y quiero hacer las cosas bien, y quitar todo lo que sobra. La Biblia y el Evangelio tienen claves que inspiran a la sociedad, pero además el Espíritu te puede hablar a ti, personalmente, a través de la Biblia. En nuestros pensamientos a menudo hay muchos falsos ídolos»,

Contar historias
«Hay mucha gente buena» es el magazín de los viernes de Radio María. «Decidí contar algunas de sus historias en un corto de 18 minutos. Es una historia en clave de comedia, humor, sobre una lucha contra reloj, sobre tantos voluntarios en esta radio tan especial. ¡Es que su entrega desde el principio me impactó! En el vídeo han colaborado unas 200 personas, incluyendo profesionales del mundo audiovisual o televisivo como Felipe Simón, Javi Jiménez, Fernando Ortí, James Muñoz y otros muchos». Puede verse en el web Haymuchagentebuena.es.

Publicado en La Razón

sábado, 21 de abril de 2012

DOMINGO III DE PASCUA

Evangelio

En aquel tiempo contaron los discípulos de Emaús lo que les había pasado por el camino y cómo habían reconocido a Jesús al partir el pan. Estaban hablando de estas cosas, cuando Él se presentó en medio de ellos y les dice: «Paz a vosotros».
Pero ellos, aterrorizados y llenos de miedo, creían ver un espíritu. Y Él les dijo: «¿Por qué os alarmáis?; ¿por qué surgen dudas en vuestro corazón? Mirad mis manos y mis pies: soy yo en persona. Palpadme y daos cuenta de que un espíritu no tiene carne y huesos, como veis que yo tengo». Dicho esto, les mostró las manos y los pies. Pero como no acababan de creer por la alegría, y seguían atónitos, les dijo: «¿Tenéis ahí algo de comer?» Ellos le ofrecieron un trozo de pez asado. Él lo tomó y comió delante de ellos. Y les dijo: «Esto es lo que os dije mientras estaba con vosotros: que era necesario que se cumpliera todo lo escrito en la ley de Moisés y en los Profetas y Salmos acerca de mí».
Entonces les abrió el entendimiento para comprender las Escrituras. Y les dijo: «Así está escrito: el Mesías padecerá, resucitará de entre los muertos al tercer día, y en su nombre se proclamará la conversión para el perdón de los pecados a todos los pueblos, comenzando por Jerusalén. Vosotros sois testigos de esto».

Lucas 24, 35-48
 
Los discípulos de Emaús, después de su encuentro con el Resucitado, vuelven a Jerusalén a compartir su vivencia con los once y demás compañeros. Todavía están hablando, cuando de nuevo se hace presente Jesús en medio de ellos. Esta aparición repentina produce miedo en un principio, una reacción que tiene su lógica aunque nos pueda parecer extraño. Era una experiencia demasiado fuerte para quienes le habían visto padecer, morir y ser sepultado no muchas horas antes ¡Cuántas ilusiones, cuántas expectativas mesiánicas se habían derrumbado por el fracaso de la cruz! De ahí que, llenos de miedo e inseguridad, creen que se trata de un fantasma.
En primer lugar, Jesús les ofrece pruebas físicas de su identidad, pruebas que evidencian su naturaleza corporal, aunque esté glorificada: «Mirad mis manos y mis pies..., palpadme y daos cuenta de que un fantasma no tiene carne y huesos como veis que yo tengo». Jesús insiste en que miren, en que palpen, e incluso come delante de ellos. Ellos, gradualmente, pasan de la incredulidad a la fe, y acaban por reconocer que efectivamente es Jesús de Nazaret, el Maestro, que ha resucitado. San Lucas nos transmite la certeza de que el Señor ha resucitado y ésa es la certeza fundamental del hecho cristiano.
Seguidamente, les abre el entendimiento para que puedan comprender las Escrituras. Les ayuda a entender los acontecimientos de la historia de la salvación a la luz de la Pascua, como etapas de un proceso que culmina en Cristo Jesús. A partir de ahora, los apóstoles comenzarán a entender el misterio de la redención, el misterio de Jesucristo, y podrán ser sus testigos ante todos los hombres. Ahora corresponde a los Apóstoles predicar la conversión y el perdón de los pecados, anunciar la Buena Nueva de la salvación, dar testimonio de lo que han experimentado, de lo que han oído, de lo que han contemplado con sus ojos, de lo que tocaron con sus manos acerca de la Palabra de vida.
Cristo resucitado está presente en medio de su Iglesia y ahora nosotros somos sus testigos en la sociedad del siglo XXI. El Señor nos envía a anunciar la Buena Nueva a nuestros contemporáneos con una misión evangelizadora que ha de producir una renovación profunda, una transformación de cada persona y de toda la Humanidad, porque Cristo ha venido para hacer nuevas todas las cosas. Presentes en medio del mundo, haciendo camino con los hombres y las mujeres de nuestro tiempo, compartiendo los trabajos y las dificultades, superando la impaciencia y los desánimos, dando razón de nuestra esperanza, siendo portadores de alegría, de aquella alegría genuina que provoca la experiencia del encuentro con Jesucristo resucitado.
+ José Ángel Saiz Meneses
obispo de Tarrasa

viernes, 20 de abril de 2012

ACOGER A LOS DEMÁS COMO SON


"La grandeza de la humanidad está determinada esencialmente por su relación con el sufrimiento y con el que sufre (…). Una sociedad que no logra aceptar a los que sufren y no es capaz de contribuir mediante la compasión a que el sufrimiento sea compartido y sobrellevado también interiormente, es una sociedad cruel e inhumana" (Spe salvi, 38).
Remedios Falaguera ConoZe.com

«La calidad de una sociedad y de una civilización –nos recordaba Juan Pablo II en 1981, Año internacional de los minusválidos–, se mide por el respeto que manifiesta hacia los más débiles de sus miembros». De hecho, las personas que pasan por nuestro lado en sillas de ruedas, los ciegos que cruzan la calle acompañados por un bastón o los sordomudos que emiten sonidos guturales a modo de saludo, siempre tienen algo que enseñarnos. Desde la naturalidad con la que aceptan sus carencias, mediante su espíritu de superación, su paciencia, su buen humor, sus ganas de vivir, de estudiar, de divertirse, de amar y ser amado, nos dan toda una lección de vida, en la que descubrimos que «el grado de salud física o mental no añade ni quieta nada a la dignidad de la persona; más aún, el sufrimiento puede darle derechos especiales en nuestra relación con ella», como solía decir Juan Pablo II.
O como nos recordó Benedicto XVI a su paso por la Fundación Instituto San José el 20 de agosto en Madrid: « nuestra sociedad, en la que demasiado a menudo se pone en duda la dignidad inestimable de la vida, de cada vida, os necesita: vosotros contribuís decididamente a edificar la civilización del amor. Más aún, sois protagonistas de esta civilización. Y como hijos de la Iglesia ofrecéis al Señor vuestras vidas, con sus penas y sus alegrías, colaborando con Él y entrando «a formar parte de algún modo del tesoro de compasión que necesita el género humano» (Spe salvi, 40) …vosotros sois también testigos del bien inmenso que constituye la vida de estos jóvenes para quien está a su lado y para la humanidad entera. De manera misteriosa pero muy real, su presencia suscita en nuestros corazones, frecuentemente endurecidos, una ternura que nos abre a la salvación. Ciertamente, la vida de estos jóvenes cambia el corazón de los hombres y, por ello, estamos agradecidos al Señor por haberlos conocido».
No olvidemos que todo ser humano creado por Dios merece la vida y el respeto de todos. Es más, asumir su discapacidad con normalidad, aceptarles, protegerles e integrarles en la vida familiar, social y laboral es una deuda de Amor para con nuestros hermanos. Y eso es bueno, muy bueno, para todos y cada uno de nosotros.
Por ello, y con permiso de su protagonista, Antonio Villuendas, el joven que tuvo el privilegio de saludar al Santo Padre durante su visita al Instituto San José en representación de todos sus amigos que le acompañaban, os dejo sus palabras. Toda una lección magistral de Amor y aceptación alegre y valiente del querer de Dios.
Querido Santo Padre:
Me llamo Antonio, tengo 20 años y estudio arquitectura. Aunque tengo el honor de dirigirme a su Santidad, represento también a otras discapacidades, visual, intelectual…mi caso es este:
Yo nací con un problema que al principio les pareció a todos insuperable, nací sordo y al borde de la muerte. Gracias al amor que sintieron por mí, aun sabiendo que podía ser un obstáculo para sus vidas, siguieron adelante. Esto nos ha ayudado a superarnos, a no rendirnos nunca. He descubierto que esto es de lo que son capaces de hacer unos padres hacia su hijo para sacarlo adelante, cuando el amor que sienten hacia él es insuperable.
El hecho de tener una discapacidad nos ayuda a conocernos mejor, a ser mejores y sobre todo a entender los problemas de los demás. No nos sentimos igual que los demás, nos sentimos apartados, solos, diferentes. Pero hay algo que me llama mucho en mi interior, creo que eso es amor, que me ayuda a entender que no estoy solo. Mamá siempre me ha dicho que si yo no estuviera sordo no sería como soy. La soledad que siento en mi interior en algunos momentos me desanima. Gracias a Dios me siento muy integrado por la amistad de mis compañeros y familiares y es lo que me ha ayudado a superar los momentos más difíciles.
En nombre de mis compañeros agradezco a los familiares la entrega para ayudarnos a superar las dificultades, a los amigos por conseguir que nos integremos, sintiéndonos como uno más. Doy gracias a Dios por darnos las virtudes y la fortaleza necesaria para salir adelante. La Virgen María, a la que fui consagrado al nacer, nos indica el camino para acoger a los demás como son y construir juntos el reino de Dios.
Gracias Santo Padre por estar hoy con nosotros y ser tan cercano. Querido Santo Padre, gracias por que su presencia nos indica cual es el camino a seguir y este es Jesucristo, un amigo que te sostiene a lo largo del camino

jueves, 19 de abril de 2012

ANECDOTAS DEL PADRE PÍO DE PIELTRECCINA

Padre Pío Anécdotas

¡Cuida por dónde caminas!
Un hombre fue a San Giovanni Rotondo para conocer al Padre Pío pero era tal la cantidad de gente que había que tuvo que volverse sin ni siquiera poder verlo. Mientras se alejaba del convento sintió el maravilloso perfume que emanaba de los estigmas del padre y se sintió reconfortado.
Unos meses después, mientras caminaba por una zona montañosa, sintió nuevamente el mismo perfume. Se paró y quedó extasiado por unos momentos inhalando el exquisito olor. Cuando volvió en sí, se dio cuenta que estaba al borde de un precipicio y que si no hubiera sido por el perfume del padre hubiera seguido caminando... Decidió ir inmediatamente a San Giovanni Rotondo a agradecer al Padre Pío. Cuando llegó al convento, el Padre Pío, el cual jamás lo había visto, le gritó sonriendo:- “¡Hijo mío! ¡Cuida por dónde caminas!”.
Debajo del colchón

Una señora sufría de tan terribles jaquecas que decidió poner una foto del Padre Pío debajo de su almohada con la esperanza de que el dolor desaparecería. Después de varias semanas el dolor de cabeza persistía y entonces su temperamento italiano la hizo exclamar fuera de sí: -“Pues mira Padre Pío, como no has querido quitarme la jaqueca te pondré debajo del colchón como castigo”. Dicho y hecho. Enfadada puso la fotografía del padre debajo de su colchón.
A los pocos meses fue a San Giovanni Rotondo a confesarse con el padre. Apenas se arrodilló frente al confesionario, el padre la miró fijamente y cerró la puertecilla del confesionario con un soberano golpe. La señora quedó petrificada pues no esperaba semejante reacción y no pudo articular palabra. A los pocos minutos se abrió nuevamente la puertecilla del confesionario y el padre le dijo sonriente: “No te gustó ¿verdad? ¡Pues a mí tampoco me gustó que me pusieras debajo del colchón!”.

Los consejos del Padre Pío

Un sacerdote argentino había oído hablar tanto sobre los consejos del Padre Pío que decidió viajar desde su país a Italia con el único objeto de que el padre le diera alguna recomendación útil para su vida espiritual. Llegó a Italia, se confesó con el padre y se tuvo que volver sin que el padre le diera ningún consejo. El padre le dio la absolución, lo bendijo y eso fue todo. Llegó a la Argentina tan desilusionado que se desahogaba contando el episodio a todo el mundo. “No entiendo por qué el padre no me dijo nada”, decía, “¡y yo que viajé desde la Argentina sólo para eso!” “-El Padre Pío lee las consciencias y sabía que yo había ido con la esperanza de que me diera alguna recomendación”, etc, etc. Así se quejaba una y otra vez hasta que sus fieles le empezaron a preguntar: “Padre, ¿está seguro que el padre Pío no le dijo nada?¿no habrá hecho algún gesto, algo fuera de lo común??”. Entonces el sacerdote se puso a pensar y finalmente se acordó que el Padre Pío sí había hecho algo un poco extraño. “-Me dio la bendición final haciendo la señal de la cruz sumamente despacio, tan despacio que yo pensé: ¿es que no va a acabar nunca?”, contó a sus fieles. “¡He ahí el consejo!”, le dijeron, “usted la hace tan rápido cuando nos bendice que más que una cruz parece un garabato”. El sacerdote quedó contentísimo con esta forma tan original de aconsejar que tenía el Padre Pío.

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miércoles, 18 de abril de 2012

LOS DEFECTOS DE JESÚS

del libro Testigos de Esperanza de F.X. Nguyen van Thuan, obispo vietnamita que fue encarcelado 13 años durante el régimen comunista en su país:


En la prisión mis compañeros que no son católicos, quieren comprender «las razones de mi esperanza». Me preguntan amistosamente y con buena intención: «¿Por qué lo ha abandonado usted todo: familia, poder, riquezas, para seguir a Jesús? ¡Debe de haber un motivo muy especial! ». Por su parte, mis carceleros me preguntan: «¿Existe Dios verdaderamente? ¿Jesús? ¿Es una superstición? ¿Es una invención de la clase opresora?». Así pues, hay que dar explicaciones de manera comprensible, no con la terminología escolástica, sino con las palabras sencillas del Evangelio.

Primer defecto: Jesús no tiene buena memoria En la cruz, durante su agonía, Jesús oyó la voz del ladrón a su derecha: «Jesús, acuérdate de mí cuando vengas con tu Reino» (Lc 23, 42). Si hubiera sido yo, le habría contestado: «No te olvidaré, pero tus crímenes tienen que ser expiados, al menos, con 20 años de purgatorio». Sin embargo Jesús le responde: «Te aseguro que hoy estarás conmigo en el paraíso» (Lc 23, 43). Él olvida todos los pecados de aquel hombre. Algo análogo sucede con la pecadora que derramó perfume en sus pies: Jesús no le pregunta nada sobre su pasado escandaloso, sino que dice simplemente: «Quedan perdonados sus muchos pecados, porque ha mostrado mucho amor» (Lc 7, 47). La parábola del hijo pródigo nos cuenta que éste, de vuelta a la casa paterna, prepara en su corazón lo que dirá: «Padre, pequé contra el cielo y ante ti. Ya no merezco ser llamado hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros» (Lc 15, 1819). Pero cuando el padre lo ve llegar de lejos, ya lo ha olvidado todo; corre a su encuentro, lo abraza, no le deja tiempo para pronunciar su discurso, y dice a los siervos, que están desconcertados: «Traed el mejor vestido y vestidle, ponedle un anillo en la mano y unas sandalias en los pies. Traed el novillo cebado, matadlo, y comamos y celebremos una fiesta, porque este hijo mío había muerto y ha vuelto a la vida; se había perdido y ha sido hallado» (Lc 15, 22-24). Jesús no tiene una memoria como la mía; no sólo perdona, y perdona a todos, sino que incluso olvida que ha perdonado.



Segundo defecto: Jesús no sabe matemáticas Si Jesús hubiera hecho un examen de matemáticas, quizá lo hubieran suspendido. Lo demuestra la parábola de la oveja perdida. Un pastor tenía cien ovejas. Una de ellas se descarría, y él, inmediatamente, va a buscarla dejando las otras noventa y nueve en el redil. Cuando la encuentra, carga a la pobre criatura sobre sus hombros (cf. Lc 15, 47). Para Jesús, uno equivale a noventa y nueve, ¡y quizá incluso más! ¿Quién aceptaría esto? Pero su misericordia se extiende de generación en generación... Cuando se trata de salvar una oveja descarriada, Jesús no se deja desanimar por ningún riesgo, por ningún esfuerzo. ¡Contemplemos sus acciones llenas de compasión cuando se sienta junto al pozo de Jacob y dialoga con la samaritana, o bien cuando quiere detenerse en casa de Zaqueo! ¡Qué sencillez sin cálculo, qué amor por los pecadores!


tercer defecto: Jesús no sabe de lógica Una mujer que tiene diez dracmas pierde una. Entonces enciende la lámpara para buscarla. Cuando la encuentra, llama a sus vecinas y les dice: «Alegraos conmigo, porque he hallado la dracma que había perdido» (cf. Lc 15, 89). ¡Es realmente ilógico molestar a sus amigas sólo por una dracma! ¡Y luego hacer una fiesta para celebrar el hallazgo! Y además, al invitar a sus amigas ¡gasta más de una dracma! Ni diez dracmas serían suficientes para cubrir los gastos... Aquí podemos decir de verdad, con las palabras de Pascal, que «el corazón tiene sus razones, que la razón no conoce» Jesús, como conclusión de aquella parábola, desvela la extraña lógica de su corazón: «Os digo que, del mismo modo, hay alegría entre los ángeles de Dios por un solo pecador que se convierta» (Lc 15, 10).

Cuarto defecto: Jesús es un aventurero El responsable de publicidad de una compañía o el que se presenta como candidato a las elecciones prepara un programa detallado, con muchas promesas. Nada semejante en Jesús. Su propaganda, si se juzga con ojos humanos, está destinada al fracaso. Él promete a quien lo sigue procesos y persecuciones. A sus discípulos, que lo han dejado todo por él, no les asegura ni la comida ni el alojamiento, sino sólo compartir su mismo modo de vida. A un escriba deseoso de unirse a los suyos, le responde: «Las zorras tienen guaridas, y las aves del cielo nidos; pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza» (Mt 8, 20). El pasaje evangélico de las bienaventuranzas, verdadero «autorretrato» de Jesús, aventurero del amor del Padre y de los hermanos, es de principio a fin una paradoja, aunque estemos acostumbrados a escucharlo: «Bienaventurados los pobres de espíritu..., bienaventurados los que lloran..., bienaventurados los perseguidos por... la justicia..., bienaventurados seréis cuando os injurien y os persigan y digan con mentira toda clase de mal contra vosotros por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en los cielos» (Mt 5, 312). Pero los discípulos confiaban en aquel aventurero. Desde hace dos mil años y hasta el fin del mundo no se agota el grupo de los que han seguido a Jesús. Basta mirar a los santos de todos los tiempos. Muchos de ellos forman parte de aquella bendita asociación de aventureros. ¡Sin dirección, sin teléfono, sin fax...!

Quinto defecto: Jesús no entiende ni de finanzas ni de economía Recordemos la parábola de los obreros de la viña: «El Reino de los Cielos es semejante a un propietario que salió a primera hora de la mañana a contratar obreros para su viña. Salió luego hacia las nueve y hacia mediodía y hacia las tres y hacia las cinco.., y los envió a sus viña». Al atardecer, empezando por los últimos y acabando por los primeros, pagó un denario a cada uno (cf. Mt 20, 116). Si Jesús fuera nombrado administrador de una comunidad o director de empresa, esas instituciones quebrarían e irían a la bancarrota: ¿cómo es posible pagar a quien empieza a trabajar a las cinco de la tarde un salario igual al de quien trabaja desde el alba? ¿Se trata de un despiste, o Jesús ha hecho mal las cuentas? ¡No! Lo hace a propósito, porque -explica-: «¿Es que no puedo hacer con lo mío lo que quiero? ¿O va a ser tu ojo malo porque yo soy bueno?». Y nosotros hemos creído en el amor Pero preguntémonos: ¿por qué Jesús tiene estos defectos? Porque es Amor (cf. 1 Jn 4, 16). El amor auténtico no razona, no mide, no levanta barreras, no calcula, no recuerda las ofensas y no pone condiciones. Jesús actúa siempre por amor. Del hogar de la Trinidad él nos ha traído un amor grande, infinito, divino, un amor que llega -como dicen los Padres- a la locura y pone en crisis nuestras medidas humanas. Cuando medito sobre este amor mi corazón se llena de felicidad y de paz. Espero que al final de mi vida el Señor me reciba como al más pequeño de los trabajadores de su viña, y yo cantaré su misericordia por toda la eternidad, perennemente admirado de las maravillas que él reserva a sus elegidos. Me alegraré de ver a Jesús con sus «defectos», que son, gracias a Dios, incorregibles.

martes, 17 de abril de 2012

DARÉ VIDA A TUS DÍAS

Impresionante testimonio de fe.

lunes, 16 de abril de 2012

NUESTRA HISTORIA


En este artículo vemos como la construcción  del retablo de la iglesia de San Juan Evangelista por fin llega a su fin.


1587.-  25 de Junio. Viendo que la obra del retablo se ha ido concluyendo, se acuerda que la Iglesia se limpiase y se aderezase y previendo que para asentar el retablo que en gran parte aun estaba en el suelo, se iba a hacer mucho ruido y golpes en la Iglesia, se pidió licencia al vicario de Toledo para que el Santísimo Sacramento se pasase a la iglesia de la Vera Cruz, adonde se llevó en procesión el día 26, quedando en la custodia antigua del primer retablo. Luego se empezó a limpiar la iglesia y a juntarse andamios muy grandes y suntuosos y se comenzó a asentar, por parte del sonsecano Mateo Hernández, cosa que se concluyo el sábado 18 de Julio.

Al día siguiente el domingo 19, “…habiéndose aderezado las calles, lo mejor que fue posible en dicho lugar, con muchos recibimientos y actos triunfales entre las 8 y las 9 de la mañana, con una grande y solemne procesión y con pompa y gran reverencia e mucha devoción, se paso el Santísimo Sacramento de la dicha iglesia de la Santa Vera Cruz a la dicha iglesia del Señor San Juan… “, acompañado del párroco, su teniente, el mayordomo de la fabrica, tres clérigos presbíteros de Sonseca, y “…otros muchos frailes y religiosos que hubo a la sazón en dicho lugar que eran forasteros, y con mucha música de voces y menestriles y danzas con sumo contento y alegría, y se puso en la custodia del altar mayor donde estaba el nuevo retablo, y luego se comenzó a decir la misa mayor…”, y acabado el ofertorio el párroco hizo una larga homilía acerca de la importancia , desde muy antiguo, del culto a las imágenes y agradecía grandemente al pueblo de Sonseca el gran esfuerzo que todos habían puesto en la realización del retablo, que había costado 7000 ducados.

            Sigue explicando el escribano que luego por la tarde, “… queriendo mas regocijar esta fiesta se hicieron autos y representaciones en la plaza, y llegada la noche salieron muchos jinetes a caballo y con lumbres y luminarias corrieron todo el pueblo hasta la medianoche, dando gracias  y alabanzas a Dios nuestro Señor por haberles dejado ver acabada una obra tan Santa y digna de memoria…” , y especialmente en unos años tan estériles como estos en los que la fanega de trigo llegó a valer “…treinta reales y a tres ducados…”. Todo lo cual que va dicho relató y firmó el escribano Pablo Álvarez.


Antonio Gallego Peces.
Extraído de Anales de Sonseca de Francisco Gil Gallego

domingo, 15 de abril de 2012

DOMINGO II DE PASCUA, FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

Evangelio

Al anochecer de aquel día, el primero de la semana, estaban los discípulos en una casa con las puertas cerradas, por miedo a los judíos. Y en esto entró Jesús, se puso en medio y les dijo: «Paz a vosotros». Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió: «Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo». Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo: «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos». Tomás, uno de los Doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Y los otros discípulos le decían: «Hemos visto al Señor». Pero él les contestó: «Si no veo en sus manos la señal de los clavos, si no meto el dedo en el agujero de los clavos y no meto la mano en su costado, no lo creo». A los ocho días, estaban otra vez dentro los discípulos y Tomás con ellos. Llegó Jesús, estando cerradas las puertas, se puso en medio y dijo: «Paz a vosotros». Luego dijo a Tomás: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Contestó Tomás: «¡Señor mío y Dios mío!» Jesús le dijo: «¿Por qué me has visto has creído? Bienaventurados los que crean sin haber visto».
Muchos otros signos, que no están escritos en este libro, hizo Jesús a la vista de los discípulos. Éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Mesías, el Hijo de Dios, y para que, creyendo, tengáis vida en su nombre.

Juan 20, 19-31
El evangelista san Juan nos sitúa en el día primero de la semana. Es el día de la vida nueva, en que comienza la nueva creación. Los discípulos se encuentran en una situación de temor, con las puertas atrancadas por miedo a los judíos. Están desamparados, inseguros por la ausencia del Maestro. Jesús se presenta en medio de ellos como fortaleza, como seguridad, como fuente de vida, y les desea la paz. Y en seguida les muestra las manos y el costado, los signos de su amor y de su victoria. Son los signos del amor hasta dar la vida, y de la victoria sobre la muerte. Las manos representan su fuerza, la seguridad para los discípulos, que el Padre ha puesto en sus manos. El costado traspasado por la lanza es el signo de su amor sin límites.

Los discípulos se llenan de alegría al ver a Jesús. Les había anunciado, en la Última Cena, que su tristeza se convertiría en alegría. La alegría es la consecuencia del encuentro con Cristo resucitado, la actitud propia de la nueva vida pascual. Ahora, repitiendo el saludo de paz, les encarga la misión: como el Padre le había enviado, Él envía a los apóstoles. Para eso los había elegido, para enviarlos y que dieran fruto abundante y duradero. Y dándoles el Espíritu Santo les capacita para el cumplimiento de esa misión. Ellos habrán de continuar la obra de Jesús. Por el Espíritu, serán testigos ante el mundo, habrán de manifestar el amor de Dios, y deberán cumplir esa misión con la actitud básica del Maestro: amor y servicio, entrega total hasta dar la vida.

Tomás, según nos relata san Juan, no estaba presente cuando se produce este encuentro, y se encierra en la terquedad incrédula de querer palpar las heridas del Resucitado. Es la típica actitud positivista, de querer comprobarlo todo físicamente, materialmente. Pero he aquí que ocho días después se vuelve a aparecer Jesús y se dirige directamente a él: «Trae tu dedo, aquí tienes mis manos; trae tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente». Tomás debió quedar totalmente confundido y avergonzado ante la presencia y las palabras del Maestro, y de su boca sólo brota una confesión de fe: «Señor mío y Dios mío». Jesús responde con una frase que trasciende los límites de aquella habitación sencilla en que se encontraban: «¿Porque has visto has creído?; dichosos los que crean sin haber visto». Ésta es la bienaventuranza de la fe, que María vivió de forma especialísima y que se proyecta sobre todos los que, a lo largo de la Historia, creerán sin haber visto. En este domingo de la Divina Misericordia, con María, Madre de amor y misericordia, pidamos al Señor que nos aumente la fe, que confiemos siempre en Él y que podamos cantar eternamente sus misericordias.
+ José Ángel Saiz Meneses
obispo de Tarrasa
Conoce algo más de la devoción a la DIVINA MISERICORDIA

sábado, 14 de abril de 2012

PREPARANDO LA FIESTA DE LA DIVINA MISERICORDIA

María Vallejo-Nágera: a los 32 años Dios le salió al encuentro y ella quedó totalmente enamorada de Jesús. Nos habla de su experiencia de fe y nos transmite con alegría, profundidad y certeza que Dios es esencialmente AMOR MISERICORDIOSO. El testimonio es largo, pero merece la pena que lo veas hasta el final. Te deja el corazón contento.

viernes, 13 de abril de 2012

FAMILIAS MISIONERAS



Ramiro Pereda, y su hija Guadalupe,
de tres años, una de sus cinco hijos;
misioneros en Valle de la Vega (Palencia).
Foto: Rosa Collado

Alfa y Omega Nº 781 / 12-IV-2012  Testimonio

En Semana Santa, la familia al completo, de misión

Tatuajes de Dios con efecto misión

«Al entrar en cualquier parroquia y ver a Cristo en la cruz, me digo: Salvando las distancias infinitas entre lo que Tú haces y lo que hago yo, si Tú cada Semana Santa te subes a la cruz, nosotros nos subimos al coche». Carlos del Castillo lleva once Semanas Santas yéndose de misión, desde que se puso en marcha Familia Misionera en España, un apostolado del Regnum Christi y la Legión de Cristo al servicio de la Iglesia para la nueva evangelización


Las misiones de Semana Santa las comenzaron unas 25 personas en 2001. Este año se han subido al coche 800: 112 familias, 200 jóvenes, 40 legionarios de Cristo y otras tantas consagradas. Su destino: 20 localidades en 11 provincias de España. Su misión: servir a 20 párrocos, compartir su fe y dar testimonio alegre de Quien abrió las puertas de la eternidad con la llave del amor más grande.
La experiencia de misiones es altamente contagiosa. Entusiasma. Y vivifica la fe de todos: de las familias, de los párrocos, de los habitantes de los pueblos. Don Jesús Vigo es párroco en Bustillo de la Vega (Palencia). Siempre cuenta que una de las cosas que más impacta a sus gentes es la manera que estas familias tienen de transmitir la fe a los hijos: «Les llama mucho la atención, porque ellos tienen dificultades para hacerlo. Se contagian así una fe que va más allá y más adentro de la tradición, y que les lanza a una aventura: la aventura de evangelizar», asegura.

El testimonio es algo curioso y sorprendente. Surge, brota, y contagia, pero no se programa. No se fabrica. No se controla ni se domina. No se pueden predecir sus efectos. Puede ser silencioso y no tener palabras. Despierta inquietudes. Es como el perfume que desprende el arte de vivir, la fe como algo que tiene que ver con el día a día, con cómo se desenvuelve uno, con cómo trata y acompaña a los demás, con cómo afronta las alegrías, las dudas, el desaliento, los obstáculos, los errores o los éxitos. Las misiones son así: «No se trata de convencer. No se trata de convertir ni de ser eficientes», asegura Germán, casado, con tres niños, y misionero desde hace seis años. «Se trata de vivir la fe, de compartirla y transmitirla: estar pendiente del otro, ayudarnos a hacer el bien, a vivir la caridad entre nosotros: el Señor dará los frutos cuando Él quiera», afirma contundente.

Tan sencillo y difícil como vivir y dejar a la vida mostrarse en público. «Estos matrimonios y familias nos ofrecen una forma de vivir en cristiano ilusionante, que capta, llama y es atrayente», dice don Roberto García, párroco en Cevico de la Torre (Palencia). «La nueva evangelización es anunciar a una persona que es Jesucristo», dice, «y Familia Misionera, que es Iglesia, ayuda a dar pistas para que se vea que ser cristiano va por ahí: anunciar a Cristo con el pleno convencimiento de quien está lleno de Él y de que tiene una palabra muy importante para nuestra vida».
El impulso de Benedicto XVI a la nueva evangelización, con el que toda iniciativa misionera está llamada a medirse en estos momentos, también ha renovado desde dentro las misiones de este año. «Además de lo que venimos haciendo habitualmente, que es ponernos a disposición del párroco para ayudarle durante estos días en las celebraciones, oficios, misionando en el tú a tú y siendo un testimonio vivo de fe -cuenta Jorge Barco, Director de Juventud y Familia Misionera en España-, este año hemos querido que la Misión sea mucho más eucarística: poner a Cristo en el centro, y que todos los misioneros tengan su encuentro eucarístico como parte de la misión hacia dentro -como conversión personal- y como parte de la misión que realizamos con los demás».

Experimentar y verificar ese encuentro con Cristo vivo y presente hace que los misioneros sean misionados: «En estos 11 años, he visto a muchas familias que el Jueves Santo se sentían descolocadas, que han sentido algo especial en la soledad de una parroquia de un pueblo perdido en los turnos de adoración», cuenta Carlos del Castillo. «Es importante que haya espacios para verificar que es a Cristo a Quien nos hemos encontrado en esas pequeñas cosas cotidianas; si no, estaríamos hablando y compartiendo a un Cristo vacío y teórico», explica Germán Menéndez, misionero con seis años de experiencia en su mochila.
Todas las familias que van por primera vez viven una experiencia diferente que les cambia la vida, y una forma de compartir la fe en comunidad que responde al corazón. «Cuando vuelves el domingo en coche no te quitas la camiseta ni la cruz que llevamos los misioneros», cuenta Carlos del Castillo. «Bajas a la gasolinera, te mira la gente quizás, y te sientes a gusto, como si se te hubieran pegado a la piel. Te dices: Voy muy bien acompañado. Al volver a trabajar, te conviertes en misionero de día a día, de tomar el café con tus compañeros, de decir con tranquilidad dónde vas de misiones... Las llevas por dentro sin necesidad de tenerlas físicamente. Como si se te hubieran tatuado».
Son los tatuajes de Dios. Un rastro de pasión con efecto misión.

Amalia Casado

jueves, 12 de abril de 2012

NUEVA EVANGELIZACION EN LERMA

Un sábado cualquiera, un grupo indefinido de jóvenes se sienta ante uno definido de monjas de clausura. Ellos callan, escuchan y observan. Ellas cuentan cómo un día cambió su vida. No hablan tanto de su vocación, sino de haber conocido a Cristo en persona. Los chicos permanecen durante horas pegados a la silla. Al cabo de unas horas pasan a la capilla, en silencio. Ni catequesis ni charlas. Tan solo la Eucaristía expuesta en el altar. No saben cómo, pero se ha iniciado una nueva relación con Cristo. No con Cristo muerto, sino con Cristo resucitado.“Todo se inició casi sin querer. Acondicionamos fuera del monasterio un albergue para recibir visitas y un fin de semana, un grupo de amigos decidió pasarlo aquí. Les ofrecimos un rato de compartir con ellos y la experiencia fue inolvidable. Marcó un antes y un después en sus vidas, y también en la nuestra”. Lo explica sor Leticia, Maestra de Novicias del monasterio de san Blas, de las Dominicas de Lerma, y lo hace con el entusiasmo de quien está viendo con sus propios ojos cómo muchos jóvenes reconocen a Cristo en la experiencia monástica. “Desde entonces, han sido pocos los fines de semana que no hayan venido a pasar con nosotras lo que hemos llamado Jornadas Monásticas”.

Así es como han llamado al simple hecho de pasar con ellas un fin de semana, viviendo en el albergue externo al monasterio, pero compartiendo con ellas la práctica totalidad del día. La dinámica de las Jornadas es muy sencilla, como explica sor Leticia. “Testimonios y oración. Ni catequesis ni charlas. Eso vendrá después, o no, en la medida de lo que suceda, pero para encontrarse con Cristo no son necesarias. Se trata de una evangelización vivencial, no teológica ni teórica, en la que cada una de nosotras damos testimonio de cómo hay Alguien que puede cambiar tu vida, si le dejas, igual que cambió la nuestra”. De este modo, si alguien se siente presionado ha de saber que “los jóvenes que vienen no tienen que hacer nada más que venir. El resto lo ponemos nosotras, porque la idea es compartir, anunciar el Kerigma de nuestra vida, que Cristo está vivo y se le podemos presentar.

“La primera reacción para muchos es que dicen: anda, sin estas tías son normales- explica sor Leticia-, porque les contamos cómo fue nuestro encuentro con el Señor, y ven que también somos pecadoras y que en nuestra vida hubo muchos dolores y sufrimientos”.

La monja burgalesa tiene claro que para poner en práctica la Nueva Evangelización “hay que partir de la misericordia, de la salvación que nos ha sido dada, no de la que nos tenemos que ganar, porque eso es imposible. Hay que anunciar a Cristo, que viene a sanar a los que están mal, no a los que están bien. El problema por el que muchos jóvenes se alejan de la Iglesia es porque se reconocen incapaces de cumplir con la moral, y se cansan. Pero cuando la gente se entera de que ya han sido salvados y de que lo único que tiene que hacer es aceptar esa salvación, se da el encuentro personal con Cristo, que es lo que cambia una vida de arriba abajo. Para la hermana que fuera en tiempos campeona de España de esgrima, “una cosa es vivir con el pecado y otra vivir del pecado. Todos tenemos pecados y todos somos pecadores. Por eso existe la confesión, porque nadie es puro y perfecto. Otra cosa es que hagas del pecado tu vida, pero hay que tener claro que para vivir ese encuentro con el Señor hay que ser un pecador, hay que venir aquí con tu dolor y tu miseria, porque es ahí, donde nadie te ama, donde te vas a sentir amado por Dios, donde le vas a necesitar. Te vas a reconocer necesitado de ese Alguien que no te rechaza a pesar de todo, sino que te acoge, y sin que tú no tengas que hacer nada, solo aceptarlo. Ese es el amor de Dios que tantos desconocen, porque se les ha presentado mal a Dios, pero Cristo está deseando encontrarse con ellos, como se encontró conmigo sin ser yo perfecta, ni de lejos”.

Las Jornadas Monástica están abiertas tanto a grupos de chicas como de chicos, o mixtos, y por el Monasterio ha pasado gente de todo tipo, “desde curiosos por ver cómo viven las monjas o personas que buscan el sentido de su vida, hasta gente profundamente rebotada, porque la Iglesia está llena de bautizados que le dieron una patada a la Iglesia en algún momento de su vida. Ellos no conocieron a Cristo, sino la moral. El amor te llevará a la moral, a la vocación, a la religiosidad, pero la moral no es el camino hacia el amor. La moral sin amor es insoportable. Hace falta conocer a Cristo para entender y asumir esa doctrina. La Nueva Evangelización pasa por un encuentro personal con Cristo, con todos tus pecados y toda tu historia. A veces es una historia insoportable, pero es que no la tienes que soportar, porque Cristo ya ha vencido a tu pecado. Cuando le conoces, todo fluye, todo va bien, todo cambia”.

Tras el tiempo de testimonios las monjas pasan a la oración, ante los ojos atónitos de aquellos por los que rezan. “Pedimos al padre por ellos, les imponemos las manos, como nos dijo Santiago: orad los unos por los otros. Luego les sentamos durante más de una hora delante del Señor, en silencio, ante la Eucaristía. Ahí no hay charla que valga ni catequesis. Son solos Dios y ellos, y es ahí donde se debe dar la primera conversación, que eso es la oración”. Siendo consciente de lo difícil que puede resultar para muchos el tema de la oración, sor Leticia explica que “orar no es pedir, sino hablar. No se trata de que pidas por tu padre a Dios, sino de que le hables de tu padre a Dios, o de tu hermana, o de tu amigo, o de ti. Cuando pides algo concreto, estás ya condicionado para ver la obra de Dios en tu vida, porque has creado una expectativa. Cuando hablas con Dios, cuando le expones una problemática, y le dejas hacer, Él te va a sorprender, porque Dios siempre escucha y siempre responde, nunca calla”.

Sor Leticia cuenta cómo han visto a jóvenes con historias complicadas, difíciles, llorar como niños al darse cuenta de que “son amados, porque Dios nos ama hasta morir. Lo que pasa es que cuantas veces nos ha parecido que Dios está en las nubes y nosotros por aquí dando vueltas. No, Cristo se hizo hombre como ellos, solo hace falta que se encuentren, eso es lo que cambia el chip, lo que rompe con una trayectoria vital”.

Las Jornadas Monásticas no buscan el suscitar vocaciones como pudiera parecer, sino el que se de ese encuentro personal con Cristo. “Detrás del encuentro viene lo demás, que será lo que sea, pero siempre será algo nuevo y mejor, una vida plena, con sus dificultades pero feliz”.

El éxito de las Jornadas es providencial, puesto que ha sido solo el “boca a boca” de los que han participado lo que las ha promovido. Además, cuentan con el valor de que “no cuestan nada, no pedimos ni por el albergue ni por la comida. Si alguien quiere dar un donativo nos lo da, y el que no, pues no. Todo se sustenta en la Providencia y nunca nos falta nada. Lo que sí pedimos es que participen con nostras de nuestro testimonio y de la oración. Nada más”.

Para hacer las jornadas de Vida Monástica, se puede llamar al Monasterio de San Blas (Dominicas), en Lerma: 947170231
Publicado en ReL

miércoles, 11 de abril de 2012

CUATRO ACTORES DAN TESTIMONIO DE SU FE

martes, 10 de abril de 2012

MENSAJE DEL PAPA PARA PASCUA

Queridos hermanos y hermanas de Roma y del mundo entero:
«Surrexit Christus, spes mea» – «Resucitó Cristo, mi esperanza»
(Secuencia pascual).
Llegue a todos vosotros la voz exultante de la Iglesia, con las palabras que el antiguo himno pone en labios de María Magdalena, la primera en encontrar en la maña de Pascua a Jesús resucitado. Ella corrió hacia los otros discípulos y, con el corazón sobrecogido, les anunció: «He visto al Señor» (Jn 20,18). También nosotros, que hemos atravesado el desierto de la Cuaresma y los días dolorosos de la Pasión, hoy abrimos las puertas al grito de victoria: «¡Ha resucitado! ¡Ha resucitado verdaderamente!».
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Todo cristiano revive la experiencia de María Magdalena. Es un encuentro que cambia la vida: el encuentro con un hombre único, que nos hace sentir toda la bondad y la verdad de Dios, que nos libra del mal, no de un modo superficial, momentáneo, sino que nos libra de él radicalmente, nos cura completamente y nos devuelve nuestra dignidad. He aquí porqué la Magdalena llama a Jesús «mi esperanza»: porque ha sido Él quien la ha hecho renacer, le ha dado un futuro nuevo, una existencia buena, libre del mal. «Cristo, mi esperanza», significa que cada deseo mío de bien encuentra en Él una posibilidad real: con Él puedo esperar que mi vida sea buena y sea plena, eterna, porque es Dios mismo que se ha hecho cercano hasta entrar en nuestra humanidad.
Pero María Magdalena, como los otros discípulos, han tenido que ver a Jesús rechazado por los jefes del pueblo, capturado, flagelado, condenado a muerte y crucificado. Debe haber sido insoportable ver la Bondad en persona sometida a la maldad humana, la Verdad escarnecida por la mentira, la Misericordia injuriada por la venganza. Con la muerte de Jesús, parecía fracasar la esperanza de cuantos confiaron en Él. Pero aquella fe nunca dejó de faltar completamente: sobre todo en el corazón de la Virgen María, la madre de Jesús, la llama quedó encendida con viveza también en la oscuridad de la noche. En este mundo, la esperanza no puede dejar de hacer cuentas con la dureza del mal. No es solamente el muro de la muerte lo que la obstaculiza, sino más aún las puntas aguzadas de la envidia y el orgullo, de la mentira y de la violencia. Jesús ha pasado por esta trama mortal, para abrirnos el paso hacia el reino de la vida. Hubo un momento en el que Jesús aparecía derrotado: las tinieblas habían invadido la tierra, el silencio de Dios era total, la esperanza una palabra que ya parecía vana.
Y he aquí que, al alba del día después del sábado, se encuentra el sepulcro vacío. Después, Jesús se manifiesta a la Magdalena, a las otras mujeres, a los discípulos. La fe renace más viva y más fuerte que nunca, ya invencible, porque fundada en una experiencia decisiva: «Lucharon vida y muerte / en singular batalla, / y, muerto el que es Vida, triunfante se levanta». Las señales de la resurrección testimonian la victoria de la vida sobre la muerte, del amor sobre el odio, de la misericordia sobre la venganza: «Mi Señor glorioso, / la tumba abandonada, / los ángeles testigos, / sudarios y mortaja».
Queridos hermanos y hermanas: si Jesús ha resucitado, entonces – y sólo entonces – ha ocurrido algo realmente nuevo, que cambia la condición del hombre y del mundo. Entonces Él, Jesús, es alguien del que podemos fiarnos de modo absoluto, y no solamente confiar en su mensaje, sino precisamente en Él, porque el resucitado no pertenece al pasado, sino que está presente hoy, vivo. Cristo es esperanza y consuelo de modo particular para las comunidades cristianas que más pruebas padecen a causa de la fe, por discriminaciones y persecuciones. Y está presente como fuerza de esperanza a través de su Iglesia, cercano a cada situación humana de sufrimiento e injusticia.
Que Cristo resucitado otorgue esperanza a Oriente Próximo, para que todos los componentes étnicos, culturales y religiosos de esa Región colaboren en favor del bien común y el respeto de los derechos humanos. En particular, que en Siria cese el derramamiento de sangre y se emprenda sin demora la vía del respeto, del diálogo y de la reconciliación, como auspicia también la comunidad internacional. Y que los numerosos prófugos provenientes de ese país y necesitados de asistencia humanitaria, encuentren la acogida y solidaridad que alivien sus penosos sufrimientos. Que la victoria pascual aliente al pueblo iraquí a no escatimar ningún esfuerzo para avanzar en el camino de la estabilidad y del desarrollo. Y, en Tierra Santa, que israelíes y palestinos reemprendan el proceso de paz.
Que el Señor, vencedor del mal y de la muerte, sustente a las comunidades cristianas del Continente africano, las dé esperanza para afrontar las dificultades y las haga agentes de paz y artífices del desarrollo de las sociedades a las que pertenecen.
Que Jesús resucitado reconforte a las poblaciones del Cuerno de África y favorezca su reconciliación; que ayude a la Región de los Grandes Lagos, a Sudán y Sudán del Sur, concediendo a sus respectivos habitantes la fuerza del perdón. Y que a Malí, que atraviesa un momento político delicado, Cristo glorioso le dé paz y estabilidad. Que a Nigeria, teatro en los últimos tiempos de sangrientos atentados terroristas, la alegría pascual le infunda las energías necesarias para recomenzar a construir una sociedad pacífica y respetuosa de la libertad religiosa de todos sus ciudadanos.
Feliz Pascua a todos.

domingo, 8 de abril de 2012

¡¡HA RESUCITADO!!

"¿Por qué buscáis entre los muertos al que está VIVO?"
Feliz Pascua de Resurrección

sábado, 7 de abril de 2012

"ESTUVE MUERTO, PERO AHORA ESTOY VIVO"

Algunos padres de la Iglesia han encerrado en una imagen todo el misterio de la redención. Imaginemos, decían, que tenga lugar en el estadio una lucha épica. Un valiente ha enfrentado al cruel tirano que tenía esclavizada la ciudad, y con enorme esfuerzo y sufrimiento, lo ha vencido. Tú estabas en las graderías, no has luchado, ni te has esforzado ni te han herido. Pero si admiras al valiente, si te alegras con él por su victoria, si le tejes coronas, provocas y agitas a la asamblea por él, si te inclinas con alegría por el vencedor, le besas la cabeza y le das la mano, en definitiva, si tanto deliras por él, hasta considerar como tuya su victoria, te digo ciertamente que tú tendrás parte en el premio del vencedor.

Pero aún hay más: supongamos que el vencedor no tenga ninguna necesidad del premio que ganó, pero quiera más que nada, ver honrado a su sostenedor y considerar el premio por el que luchó, como la coronación del amigo. ¿En tal caso aquel hombre no obtendrá quizás la corona, incluso si no ha luchado ni ha sido herido? ¡Por supuesto que sí!
Así, dicen estos padres, sucede entre Cristo y nosotros. "Él, en la cruz, ha vencido a su antiguo enemigo". "Nuestras espadas --exclama san Juan Crisóstomo--, no están ensangrentadas, no estábamos en la lucha, no tenemos heridas, la batalla ni siquiera la hemos visto, y he aquí que obtenemos la victoria. Suya fue la lucha, nuestra la corona. Y visto que hemos ganado también nosotros, debemos imitar lo que hacen los soldados en estos casos: con voces de alegría exaltamos la victoria, entonamos himnos de alabanza al Señor".
No se podría explicar de una manera mejor el significado de la liturgia que estamos celebrando.
¿Pero lo que estamos haciendo es también eso una imagen, la representación de una realidad del pasado, o es la misma realidad? ¡Las dos cosas! "Nosotros, --decía san Agustín al pueblo--, sabemos y creemos con fe certera que Cristo murió una sóla vez por nosotros [...]. Sabéis perfectamente que todo esto sucedió una sola vez y sin embargo la solemnidad lo renueva periódicamente [...]. Verdad histórica y solemnidad litúrgica no están en conflicto entre sí, como si la segunda fuera falsa y sólo la primera correspondiera con la verdad. De aquello que la historia afirma que ha sucedido, en realidad, una sola vez, la solemnidad a menudo lo renueva en los corazones de los fieles".
La liturgia "renueva" el evento: ¡Cuántas discusiones, durante cinco siglos, sobre el significado de esta palabra, especialmente cuando se aplica al sacrificio de la cruz y a la misa! Pablo VI utilizó un verbo que podría allanar el camino para un entendimiento ecuménico sobre este tema: el verbo "representar", entendido en el sentido fuerte de re-presentar, es decir, hacer nuevamente presente y operante el hecho.
Hay una diferencia sustancial entre la representación de la muerte de Cristo y aquella, por ejemplo, de la muerte de Julio César en la tragedia homónima de Shakespeare. Nadie atiende, siendo vivo, al aniversario de su muerte; Cristo sí, porque Él ha resucitado. Sólo él puede decir, como lo hace en el Apocalipsis: "Estuve muerto, pero ahora estoy vivo por los siglos de los siglos". (Ap. 1,18). Debemos estar atentos en este día, al visitar los llamados "Repositorios" o al participar en las procesiones del Cristo muerto, no merezcamos el reproche que Cristo resucitado dirige a las pías mujeres en la mañana de Pascua: "¿Por qué buscan entre los muertos al que está vivo?" (Lc. 24,5).
Es una afirmación osada, pero verdadera la de ciertos autores ortodoxos. "La anamnesi, o sea el memorial litúrgico vuelve al evento más verdadero de lo que sucedió históricamente la primera vez". En otras palabras es más verdadero y real para nosotros que lo revivimos "según el Espíritu" de lo que era para quienes lo vivían "según la carne", antes que el Espíritu Santo le revelara a la iglesia el significado pleno.
Nosotros no estamos celebrando solamente un aniversario, sino un misterio. Y nuevamente san Agustín explica la diferencia entre las dos cosas. La celebración "como en un aniversario", no pide otra cosa -dice- si no la de "indicar con una solemnidad religiosa el día del año en el que se fija el recuerdo de este hecho"; en la celebración como un misterio ("en sacramento"), "no solamente se conmemora un hecho sino que se hace de tal manera que se entienda su significado y sea acogido santamente".
Esto cambia todo. No se trata solamente de asistir a una representación, sino de "acoger" el significado, de pasar de espectadores a actores. Nos toca a nosotros por lo tanto elegir qué parte queremos representar en el drama, quién queremos ser: si Pedro, Judas, Pilato, la muchedumbre, el Cirineo, Juan, María... Ninguno puede quedarse neutral; no tomar posición es pretender una bien precisa: la de Pilatos que se lava las manos, o la de la muchedumbre que desde lejos "estaba mirando" (Lc 23,35). Si volviendo a casa esta noche alguien nos pregunta: "¿De dónde vienes, dónde has estado?" respondamos al menos en nuestro corazón: "¡En el Calvario!".
Todo esto no se realiza automáticamente, solamente por el hecho de haber participado de esta liturgia. Se trata, decía san Agustín, de "acoger" el significado del misterio. Esto se realiza con la fe. No hay música si no existe un oído que escuche, por más que la música de la orquesta toque fuerte; no hay gracia allá donde no hay una fe que la acoja.
En una homilía pascual del siglo IV, el obispo pronunciaba estas palabras extraordinariamente modernas y se diría existencialistas: "Para cada hombre, el principio de la vida es aquel, a partir del cual Cristo fue inmolado por él. Pero Cristo se ha inmolado por él en cuanto él reconoce la gracia y se vuelve consciente de la vida que le ha dado aquella inmolación".
Esto sucedió sacramentalmente en el bautismo, pero tiene que suceder conscientemente y siempre de nuevo en la vida. Antes de morir debemos tener el coraje y hacer un acto de audacia, casi un golpe de mano: apropiarse de la victoria de Cristo. !Una apropiación indebida! Una cosa lamentablemente común en la sociedad en la que vivimos, pero que con Jesús ésta no solamente no nos está prohibida, sino que se nos recomienda. "Indebida" que significa que no nos es debida, que no la hemos merecido nosotros, pero que nos es dada gratuitamente por la fe.
Más bien vayamos a lo seguro, escuchemos a un doctor de la iglesia. "Yo -escribe san Bernardo- lo que no puedo obtener por mi mismo, me lo apropio (literalmente, !lo usurpo!) con confianza del costado traspasado del Señor, porque está lleno de misericordia. Mi mérito por lo tanto es la misericordia de Dios. No soy pobre de méritos mientras Él sea rico de misericordia. Pues si la misericordia del Señor es mucha (Sal 119, 156), yo tendré abundancia de méritos. ¿Y que es de mi justicia? Oh Señor, me acordaré solamente de tu justicia. De hecho esa es también la mía, porque tú eres para mí justicia de parte de Dios". (cf. 1 Cor 1, 30).
¿Acaso este modo de concebir la santidad volvió a san Bernardo menos celoso de las buenas obras, menos empeñado en adquirir la virtud? Quizás descuidaba la mortificación de su cuerpo y de reducirlo a esclavitud (cf. 1 Cor 9,27), el apóstol Pablo quien antes que todos y más que todos había hecho de esta apropiación de la justicia de Cristo la finalidad de su vida y de su predicación (cf. Fil 3, 7-9).
En Roma, como en todas las ciudades grandes existen los que no tienen un techo. Tienen un nombre en todos los idiomas: homeless, clochards, barboni, mendigos: personas humanas que lo único que tienen son unos pocos trapos que visten y algún objeto que llevan en bolsas de plástico.
Imaginemos que un día se difunde esta voz: en via Condotti (¡todos saben lo que significa en Roma la via Condotti!), está la dueña de una boutique de lujo que, por alguna razón desconocida, por interés o generosidad, invita a todos los mendigos de la estación Termini a ir a su negocio, a dejar sus trapos sucios, a ducharse y después a elegir el vestido que deseen entre los que están expuestos y llevárselos, así, gratuitamente.
Todos dicen en su corazón: "¡Esta es una fábula, no sucederá nunca!". Es verdad, pero lo que no sucede nunca entre los hombres es lo que puede suceder cada día entre los hombres y Dios, porque, ¡delante de Él, aquellos mendigos somos nosotros! Esto es lo que sucede con una buena confesión: te despojas de tus trapos sucios, los pecados; recibes el baño de la misericordia y te levantas "cubierto por ropas de fiesta, envuelto en manto de victoria" (Is. 61, 10).
El publicano de la parábola que fue al templo a rezar dijo simplemente, pero desde lo profundo de su corazón: "¡Oh Dios, ten piedad de mí, que soy pecador!", y "volvió a su casa justificado". (Lc. 18,14), reconciliado, hecho nuevo, inocente. Igual, si tenemos su fe y su arrepentimiento, podrán decirlo de nosotros volviendo a casa después de esta liturgia.
Entre los personajes de la pasión con los cuales podemos identificarnos me doy cuenta que he omitido uno, que más que todos espera a quien quiera seguir su ejemplo: el buen ladrón. El buen ladrón confiesa completamente su pecado; le dice a su compañero que insulta a Jesús: "¿Es que no temes a Dios, tú que sufres la misma condena? Y nosotros con razón porque nos lo hemos merecido por nuestros hechos; en cambio este, nada malo ha hecho" (Lc. 23, 40s.). El buen ladrón se muestra como un excelente teólogo. Solamente Dios, de hecho, sufre absolutamente como inocente; cada persona que sufre debe decir: "Yo sufro justamente", porque aunque si no es el responsable de la acción que le viene imputada, no está enteramente libre de culpa. Solamente el dolor de los niños inocentes se asemeja al de Dios y por esto es así misterioso y sagrado.
Cuántos delitos atroces se quedaron, en los últimos tiempos, sin un culpable, ¡Cuánto casos no resueltos! El buen ladrón lanza un llamado a los responsables: hagan como yo, salgan al descubierto, confiesen su culpa; experimentareis también vosotros la alegría que yo he sentido cuando escuché la palabra de Jesús: "¡Hoy estarás conmigo en el paraíso!" (Lc 23,43).
Cuántos reos confesos pueden confirmar que fue así también con ellos: que pasaron del infierno al paraíso el día que tuvieron el coraje de arrepentirse y confesar su culpa. También yo he conocido a alguno. El paraíso prometido es la paz de conciencia, la posibilidad de mirarse en el espejo y mirar a los propios hijos sin necesidad de tener que despreciarse.
No lleváis a la tumba vuestro secreto; os procuraría una condena más temible que aquella humana. Nuestro pueblo no es despiadado con quien se ha equivocado, si reconoce el mal realizado, sinceramente, no solamente por conveniencia. Por el contrario, está listo a apiadarse y acompañar al arrepentido en su camino de redención (que en todo caso se vuelve más breve). "Dios perdona muchas cosas, por una obra buena", dice Lucia en "Los Novios" de Alessandro Manzoni, al hombre que la había raptada. Aún más, tenemos que decir, Él perdona muchas cosas debido a un acto de arrepentimiento. Lo ha prometido solemnemente: "Aunque fuesen sus pecados rojos como la grana, como nieve blanquearán; y así rojeasen como el carmesí, como lana quedarán" (Is. 1, 18).
Volvamos ahora a hacer lo que hemos escuchado al inicio, que es nuestra tarea en este día: con voces de júbilo exaltemos la victoria de la cruz, entonemos himnos de alabanza al Señor. "O Redemptor, sume carmen temet concinentium". Y tú, Redentor nuestro, acoge el canto que elevamos hasta ti.

Predicación del Viernes  Santo en S. Pedro del Vaticano, del P. Raniero Cantalamessa

SABADO SANTO



Durante el Sábado santo la Iglesia permanece junto al sepulcro del Señor, meditando su pasión y su muerte, su descenso a los infiernos y esperando en oración y ayuno su resurrección (Circ 73).
Es el día del silencio: la comunidad cristiana vela junto al sepulcro. Callan las campanas y los instrumentos. Se ensaya el aleluya, pero en voz baja. Es día para profundizar. Para contemplar. El altar está despojado. El sagrario, abierto y vacío.
La Cruz sigue entronizada desde ayer. Central, iluminada, con un paño rojo, con un laurel de victoria. Dios ha muerto. Ha querido vencer con su propio dolor el mal de la humanidad.
Es el día de la ausencia. El Esposo nos ha sido arrebatado. Día de dolor, de reposo, de esperanza, de soledad. El mismo Cristo está callado. Él, que es el Verbo, la Palabra, está callado. Después de su último grito de la cruz "¿por qué me has abandonado"?- ahora él calla en el sepulcro.Descansa: "consummatum est", "todo se ha cumplido".
Pero este silencio se puede llamar plenitud de la palabra. El anonadamiento, es elocuente. "Fulget crucis mysterium": "resplandece el misterio de la Cruz."
El Sábado es el día en que experimentamos el vacío. Si la fe, ungida de esperanza, no viera el horizonte último de esta realidad, caeríamos en el desaliento: "nosotros esperábamos... ", decían los discípulos de Emaús.
Es un día de meditación y silencio. Algo parecido a la escena que nos describe el libro de Job, cuando los amigos que fueron a visitarlo, al ver su estado, se quedaron mudos, atónitos ante su inmenso dolor: "se sentaron en el suelo junto a él, durante siete días y siete noches. Y ninguno le dijo una palabra, porque veían que el dolor era muy grande" (Job. 2, 13).
Eso sí, no es un día vacío en el que "no pasa nada". Ni un duplicado del Viernes. La gran lección es ésta: Cristo está en el sepulcro, ha bajado al lugar de los muertos, a lo más profundo a donde puede bajar una persona. Y junto a Él, como su Madre María, está la Iglesia, la esposa. Callada, como él.
El Sábado está en el corazón mismo del Triduo Pascual. Entre la muerte del Viernes y la resurrección del Domingo nos detenemos en el sepulcro. Un día puente, pero con personalidad. Son tres aspectos - no tanto momentos cronológicos - de un mismo y único misterio, el misterio de la Pascua de Jesús: muerto, sepultado, resucitado:
"...se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo...se rebajó hasta someterse incluso a la muerte, es decir conociese el estado de muerte, el estado de separación entre su alma y su cuerpo, durante el tiempo comprendido entre el momento en que Él expiró en la cruz y el momento en que resucitó. Este estado de Cristo muerto es el misterio del sepulcro y del descenso a los infiernos. Es el misterio del Sábado Santo en el que Cristo depositado en la tumba manifiesta el gran reposo sabático de Dios después de realizar la salvación de los hombres, que establece en la paz al universo entero".