martes, 30 de junio de 2009

TESTIMONIO: ADOLFO SUAREZ ILLANA


Adolfo Suárez Illana, político: «Trato a Dios como a un amigo»*"-

La vida es algo que compartimos con todos los seres, incluidas las plantas. La libertad es lo que marca la diferencia. Ésa es la grandeza del hombre, que Dios ni coarta ni desdeña, sino que respeta. Mi padre me enseñó que «tan sólo» es un don divino que debe ser usado para obrar el bien y que se «puede y debe aventurar»"
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*La presencia de Dios es fundamental para el compromiso: "Ésa es una de las cosas que Retamar, mi colegio, me dio; hasta el punto de haberme acostumbrado a tratar a Dios como a un amigo, incluso cuando meto la pata, cosa, por cierto, frecuente. "

Habiendo sufrido la dura experiencia de la muerte de su madre, de su hermana y la enfermedad de su padre, no duda en bendecir a Dios y en agradecerle todo lo que tiene en especial, su fe. Desvela su devoción por la Virgen de los Desamparados y su costumbre de rezar, por ejemplo, cuando oye la sirena de una ambulancia. (Gonzalo Altozano / Semanario ALBA)


Su pasión política le viene de casa, de dónde si no. A los catorce años se afilió a las juventudes de UCD y, posteriormente, militaría en el CDS. Tras tratar de disputarle la presidencia de Castilla-La Mancha a José Bono, se retiró de la primera línea del PP. Lo cual es una lástima, porque en política no abundan hombres con su formación y su independencia,cualidades que incapacitan a cualquiera para la superviviencia en el aparato de los partidos. Nada de esto significa que Adolfo haya renunciado a su vocación, que ejerce escribiendo artículos y dando conferencias, recopilados en su web (adolfosuarezillana.com). Pero hoy no hablamos de política con él. O no sólo.-


La muerte de su madre, la de su hermana, la enfermedad de su padre... ¿Le preocupa que alguien pueda pensar de usted: «¡Pobre, pobrecito Adolfo!»?-

Sí, porque el cáncer o la demencia senil no asolan en exclusiva a los Suárez, sino a muchas familias. Es cierto que la mía tiene algo que, por desgracia, no todas tienen: la capacidad para atender a sus enfermos. Somos unos privilegiados.-

¿La enfermedad como fuente de unidad?-

Y de alegría. En estos años de dolor he vivido algunos de los momentos más felices de mi vida.-

Pero, ¿la felicidad no es la ausencia de dolor?-

No. Es error común del laicismo la adoración de la salud y de la vida como valores supremos. De necios es aferrarse a aquello que a buen seguro has de perder. Por eso hay que prepararse para encarar el trance de la muerte con dignidad.-

¿Qué hay por encima de la salud?-

La alegría.-

¿Y de la vida?-

La libertad.-

Vamos por partes: la alegría.-Durante la enfermedad de mi madre y de mi hermana aprendí que lo único que podemos garantizar los que estamos alrededor es que haya alegría; alegría fundamentada en la esperanza de que el problema se puede superar.-

¿Y si no se puede?-

Los cristianos tenemos la fe, que nos deja abiertas las puertas del cielo.-

La otra parte: la libertad.-

La vida es algo que compartimos con todos los seres, incluidas las plantas. La libertad es lo que marca la diferencia. Ésa es la grandeza del hombre, que Dios ni coarta ni desdeña, sino que respeta.-

Entonces ¿qué es la vida?-

Mi padre me enseñó que «tan sólo» es un don divino que debe ser usado para obrar el bien y que se «puede y debe aventurar», como bien le recuerda don Quijote a Sancho, cuando está en juego un verdadero valor: la libertad.-

Su padre la aventuró el 23-F. Y, más recientemente, lo hizo Jesús Neira. ¿Qué lleva a la gente a aplaudir heroicidades así?-

El hecho de que, con independencia de nuestras creencias, todos tenemos inscritos en el fondo de nuestra alma, de nuestro corazón, una serie de principios y preceptos que nos son comunes.-

Para heroicidades, la muerte de su madre.-

Tras dos años de enfermedad, Dios quiso llevársela el día de san Pascual Bailón, el santo más querido por ella, que era una bailona.

Mi madre y mi hermana murieron en paz. Le doy gracias al Señor por haber podido verlas marchar así.-

Otra fecha: la del día en que se hace esta entrevista.-

22 de junio, festividad de santo Tomás Moro, patrón de los políticos, al que pido que me ayude.-

¿Es su modelo de fe?-Cada santo señala una senda digna de ser seguida. A unos nos sirve un camino; a otros, otro. Santo Tomás Moro encarna a la perfección eso que ha dado en llamarse unidad de vida: el compromiso con la fe llevado hasta las últimas consecuencias.-

Para eso, dicen, ayuda tener presencia de Dios.-

Ésa es una de las cosas que Retamar, mi colegio, me dio; hasta el punto de haberme acostumbrado a tratar a Dios como a un amigo, incluso cuando meto la pata, cosa, por cierto, frecuente.-

En Retamar también le enseñaron que la Virgen concede gracias por dos motivos. -El primero, por tener razón; el segundo, por ser tan pesado que con tal de dejar de oírte... Yo, por si acaso, me he apuntado al segundo. Y la verdad: funciona, funciona. -

Le tiene devoción, ¿eh?-Mucha. Y bajo distintas advocaciones: Sonsoles, Covadonga... Cuando empecé a torear, me fueron llegando estampas. Ir colocándolas en mi «capilla» ya era una forma de rezar. Aquí he de decir que guardo especial devoción por la Virgen de los Desamparados.

-¿Por qué?-Por llamarse mi madre Amparo. El rosario que siempre llevo encima tiene la imagen de esa Virgen.-

¿Lo reza con frecuencia?-Todos los días. Otra cosa que hago, al levantarme, es ofrecer el día. A lo largo del mismo, digo un montón de jaculatorias. Por ejemplo, cuando oigo la sirena de una ambulancia o de un coche de la policía. Luego, por la noche, me gusta rezar con mis hijos, antes de acostarlos.-

No le da pudor hablar de Dios con ellos, como tampoco con los lectores.-

¿Pudor? ¡Pero si, de una forma u otra, Dios está presente en todos mis escritos!

lunes, 29 de junio de 2009

FESTIVIDAD DE S. PEDRO Y S. PABLO Y BENDICION ABACIAL DE JUAN JAVIER MARTIN


Nuestra Parroquia hoy celebra esta fiesta doblemente.
Ademas de conmemorar a los Santos Pedro y Pablo, hoy recibe la bendición Abacial en el Monasterio de Santa María la Real de Oseira, el P. Juan Javier Martín Hernández.
Todos le encomendamos, pidiendo al Señor que lo fortalezca y acompañe en esta nueva tarea que le encomienda.
Tan atrás como en el siglo cuarto se celebraba una fiesta en memoria de los Santos Pedro y Pablo en el mismo día, aunque el día no era el mismo en Oriente que en Roma. El Martirologio Sirio de fines del siglo cuarto, que es un extracto de un catálogo Griego de santos del Asia Menor, indica las siguientes fiestas en conexión con la Navidad (25 de diciembre): 26 dic. San Estéban; 27 dic. Santos Santiago y Juan; 28 dic. Santos Pedro y Pablo.
La fiesta principal de los Santos Pedro y Pablo se mantuvo en Roma el 29 de junio tan atrás como en el tercero o cuarto siglo. La lista de fiestas de mártires en el Cronógrafo de Filócalo coloca esta nota en la fecha - "III. Kal. Jul. Petri in Catacumbas et Pauli Ostiense Tusco et Basso Cose." (=el año 258) . El "Martyrologium Hieronyminanum" tiene, en el Berne MS., la siguiente nota para el 29 de junio: "Romae via Aurelia natale sanctorum Apostolorum Petri et Pauli, Petri in Vaticano, Pauli in via Ostiensi, utrumque in catacumbas, passi sub Nerone, Basso et Tusco consulibus" (ed. de Rossi--Duchesne, 84).
La fecha 258 en las notas revela que a parir de ese año se celebraba la memoria de los dos Apóstoles el 29 de junio en la Vía Apia ad Catacumbas (cerca de San Sebastiano fuori le mura), pues en esta fecha los restos de los Apóstoles fueron trasladado allí (ver arriba). Más tarde, quizá al construirse la iglesia sobre las tumbas en el Vaticano y en la Vía Ostiensis, los restos fueron restituidos a su anterior lugar de descanso: los de Pedro a la Basílica Vaticana y los de Pablo la iglesia en la Vía Ostiensis.
En el sitio Ad Catacumbas se construyó, tan atrás como en el siglo cuarto, una iglesia en honor de los dos Apóstoles. Desde el año 258 se guardó su fiesta principal el 29 de junio, fecha en la que desde tiempos antiguos se celebraba el Servicio Divino solemne en las tres iglesias arriba mencionadas (Duchesne, "Origines du culte chretien", 5ta ed., París, 1909, 271 sqq., 283 sqq.; Urbano, "Ein Martyrologium der christl. Gemeinde zu Rom an Anfang des 5. Jahrh.", Leipzig, 1901, 169 sqq.; Kellner, "Heortologie", 3ra ed., Freiburg, 1911, 210 sqq.). La leyenda procuró explicar que los Apóstoles ocupasen temporalmente el sepulcro Ad Catacumbas mediante la suposición que, enseguida de la muerte de ellos los Cristianos del Oriente deseaban robarse sus restos y llevarlos al Este. Toda esta historia es evidentemente producto de la leyenda popular.
Una tercera festividad de los Apóstoles tiene lugar el 1 de agosto: la fiesta de las Cadenas de San Pedro. Esta fiesta era originariamente la de dedicación de la iglesia del Apóstol, erigida en la Colina Esquilina en el siglo cuarto. Un sacerdote titular de la iglesia, Filipo, fue delegado papal al Concilio de Éfeso en el año 431. La iglesia fue reconstruida por Sixto II (432) a costa de la familia imperial Bizantina. La consagración solemne pudo haber sido el 1 de agosto, o este fue el día de la dedicación de la anterior iglesia. Quizá este día fue elegido para sustituir las fiestas paganas que se realizaban el 1 de agosto. En esta iglesia, aún en pié (S. Pietro en Vincoli), probablemente se preservaron desde el siglo cuarto las cadenas de San Pedro que eran muy grandemente veneradas, siendo considerados como reliquias apreciadas los pequeños trozos de su metal.
De tal modo, la iglesia desde muy antiguo recibió el nombre in Vinculis, convirtiéndose la fiesta del 1 de agosto en fiesta de las cadenas de San Pedro (Duchesne, op. cit., 286 sqq.; Kellner, loc. cit., 216 sqq.). El recuerdo de ambos Pedro y Pablo fue más tarde relacionado con dos lugares de la antigua Roma: la Vía Sacra, en las afueras del Foro, adonde se decía que fue arrojado al suelo el mago Simón ante la oración de Pedro y la cárcel Tullianum, o Carcer Mamertinus, adonde se supone que fueron mantenidos los Apóstoles hasta su ejecución.
También en ambos lugares se erigieron santuarios de los Apóstoles y el de la cárcel Mamertina aún permanece en casi su estado original desde la temprana época Romana. Estas conmemoraciones locales de los Apóstoles están basadas en leyendas y no hay celebraciones especiales en las dos iglesias. Sin embargo, no es imposible que Pedro y Pablo hayan sido confinados en la prisión principal de Roma en el fuerte del Capitolio, de la cual queda como un resto la actual Carcer Mamertinus.

domingo, 28 de junio de 2009

XIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO


«Qué triste es ver a los jóvenes... tristes»; «hay muchísimos» / Autor: Raniero Cantalamessa, ofmcap.
XIII Domingo del tiempo ordinario (B)Sabiduría 1, 13-15-2,23-25; 2 Corintios 8,7.9. 13-15; Marcos 5, 21-43


Talitá kum, ¡muchacha, levántate!El pasaje del Evangelio de este domingo está hecho de escenas que se suceden rápidamente en lugares distintos. Está ante todo la escena a orillas del lago. Jesús está rodeado de un gran gentío cuando un hombre se arroja a sus pies y le dirige una súplica: «Mi hija está a punto de morir; ven, impón tus manos sobre ella, para que se salve y viva». Jesús deja a la mitad su discurso y se pone en marcha con el hombre hacia su casa.La segunda escena acontece en el camino. Una mujer que sufría hemorragias se acerca a escondidas a Jesús para tocar su manto, y se siente curada. Mientras Jesús hablaba con ella, de la casa de Jairo llegan a decirle: «Tu hija ha muerto. ¿A qué molestar ya al Maestro?». Jesús, que ha oído todo, dice al jefe de la sinagoga: «No temas; solamente ten fe».Y he aquí la escena crucial, en la casa de Jairo. Gran confusión, gente que llora y grita, como es comprensible ante el fallecimiento recién ocurrido de una adolescente. «Entra y les dice: “¿Por qué alborotáis y lloráis? La niña no ha muerto; está dormida”. [...] Él, después de echar fuera a todos, toma consigo al padre de la niña, a la madre y a los suyos, y entra donde estaba la niña. Y tomando la mano de la niña, le dice: “Talitá kum”, que quiere decir: “Muchacha, a ti te digo, levántate”. La muchacha se levantó al instante y se puso a andar; tenía doce años. [...]. Y les insistió mucho en que nadie lo supiera; y les dijo que le dieran a ella de comer».El pasaje del Evangelio sugiere una observación. Se vuelve a discutir continuamente sobre el grado de historicidad y fiabilidad de los Evangelios. Hemos asistido recientemente al intento de poner en el mismo nivel, como si tuvieran la misma autoridad, los cuatro evangelios canónicos y los evangelios apócrifos de los siglos II-III.Pero este intento es sencillamente absurdo y demuestra también buena dosis de mala fe. Los evangelios apócrifos, sobre todo los de origen gnóstico, fueron escritos varias generaciones después por personas que habían perdido todo contacto con los hechos y que, por lo demás, no se preocupaban lo más mínimo de hacer historia, sino sólo de poner en labios de Cristo las enseñanzas propias de la escuela de ellas. Los evangelios canónicos, al contrario, fueron escritos por testigos oculares de los hechos o por personas que habían estado en contacto con los testigos oculares. Marcos, de quien leemos este año el Evangelio, estuvo en estrecha relación con el Apóstol Pedro, de quien refiere muchos episodios que le tuvieron como protagonista.El pasaje de este domingo nos ofrece un ejemplo de este carácter histórico de los Evangelios. El nítido retrato de Jairo y su petición angustiosa de ayuda, el episodio de la mujer que se encuentran de camino a su casa, la actitud escéptica de los mensajeros hacia Jesús, la tenacidad de Cristo, el clima de la gente que llora a la niña muerta, el mandato de Jesús referido en la lengua original aramea, la conmovedora solicitud de Jesús de que se dé algo de comer a la niña resucitada. Todo hace pensar en un relato que remite a un testigo ocular del hecho.Ahora, una breve aplicación del Evangelio del domingo a la vida. No existe sólo la muerte del cuerpo, también está la muerte del corazón. La muerte del corazón existe cuando se vive en la angustia, en el desaliento o en una tristeza crónica. Las palabras de Jesús: Talitá kum, ¡muchacha, levántate!, no se dirigen por tanto sólo a chicos y chicas muertos, sino también a chicos y chicas que viven.Qué triste es ver a los jóvenes... tristes. Y hay muchísimos a nuestro alrededor. La tristeza, el pesimismo, el no deseo de vivir, son siempre cosas malas, pero cuando se ven o se las oye expresar a jóvenes oprimen el corazón todavía más.En este sentido Jesús sigue resucitando también hoy a chicas y chicos muertos. Lo hace con su palabra y también enviándoles a sus discípulos, quienes, en Su nombre y con Su mismo amor, repiten a los jóvenes de hoy aquel grito Suyo: Talitá kum: ¡muchacho, levántate! Vuelve a vivir.

sábado, 27 de junio de 2009

LA LIBRETA DE NUESTRA VIDA

Antes de dejaros con este cuento para meditar, recordar que los niños de 2º y 3º de primaria de nuestra Parroquia están de campamento en Casalgordo.
Están conociendo a S. Pablo con películas, juegos, charlitas y talleres.
Presentamos al Señor en oración a estos niños, a sus familias y a sus monitores.

¿Has contado el tiempo de tu felicidad? En la libreta de nuestra vida.Un día un hombre llegó a un lugar bello pero también misterioso que le llamó mucho la atención. El hombre entró a aquella colina y caminó lentamente entre los árboles y unas piedras blancas. Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor. Sobre una de las piedras, descubrió aquella inscripción: “Aquí yace Abdul Tareg, vivió cinco años, seis meses, dos semanas y tres días”. Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estuviera enterrado en ese lugar. Mirando a su alrededor, el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado tenía también una inscripción. Se acercó a leerla; decía: “Aquí yace Yamin Kalib”, vivió tres años, ocho meses y tres semanas. El hombre se sintió terriblemente abatido. Ese hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba. Una por una leyó las lápidas; todas tenían inscripciones similares: un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto. Pero lo que más le conectó con el espanto fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los seis años.


Embargado por un dolor terrible, se sentó y se puso a llorar. El cuidador del cementerio, que pasaba por ahí, se acercó. "¿Qué pasa con este pueblo? ¿Por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?”, le preguntó al cuidador.


El anciano respondió: "Puede usted serenarse. Lo que sucede es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré: Cuando un joven cumple quince años, sus padres le regalan una libreta. Y es tradición entre nosotros que a partir de ese momento, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y comience a anotar en ella: a la izquierda, qué fue lo disfrutado en los pequeños y grandes detalles... a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo interior, la felicidad, a pesar de las adversidades. Las tumbas que usted ve aquí, no son de niños, sino de adultos; y el tiempo de vida que dice la inscripción de la lápida, se refiere a la suma de los momentos que duró la verdadera felicidad de cada una de las personas que descansan en este lugar”. “Así pues –prosiguió el anciano dando una palmada en la espalda de su interlocutor-, cuando alguien muere, es nuestra costumbre abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su tumba, porque es, amigo caminante, el único y verdadero tiempo vivido”. En cada detalle, en los buenos y amargos momentos, el tiempo que vivimos llenos de gozo por sabernos amados por Dios, por descansar nuestra alma en la esperanza que nos ofrece, es el tiempo que dura nuestra felicidad, y es el tiempo que dura la verdadera plenitud de nuestra vida. Tu vida es como esa libreta en tus manos, ¡comienza a llenarla con lo mejor de ti y no dejes de hacerlo!

viernes, 26 de junio de 2009

LA ADORACION EXISTENCIAL DE UN JOVEN MÍSTICO


“Hemos venido a adorarle” (Mt 2, 2)
Rafael lo abandonó todo... su carrera, su futura profesión, su familia para adorar sólo a Dios. ¿Es necesaria tanta radicalidad? ¿Pide tanto el Creador de nosotros, débiles criaturas? ¿Tenemos que hacernos todos monjes para poder ser de verdad adoradores de Dios? ¿Fracasaremos nosotros y fracasará el mundo si no nos hacemos todos monjes y monjas? Claro que no. Dios sólo desea que le demos por entero nuestro corazón. Rafael tuvo claro que él sólo lo podía hacer como lo hizo: cambiando los lápices y el traje de seda por la azada y el hábito de áspera lana. A cada hombre y a cada mujer Dios le muestra un camino propio para que él o ella le entreguen por completo su existencia. Eso es adorar “en espíritu y en verdad”, como nos pide Jesús.
Es posible que Jesucristo le pida a más de uno de vosotros que lo abandone todo para dedicarse exclusivamente a él en la vida monástica o en el apostolado. A la mayoría Dios os llamará a haceros santos en el hogar y en el trabajo. Pero a todos, absolutamente a todos, nos pedirá adoración “en espíritu y en verdad”. Por eso, los grandes adoradores, como Rafael, nos sirven a todos de ejemplo y de estímulo. Recordaréis que, en la Jornada Mundial de la Juventud de 1989, en Santiago de Compostela, Juan Pablo II propuso a Rafael como modelo de seguimiento de Jesucristo para todos los jóvenes.
Pues bien, nos acercamos a Rafael el 5 de enero de 1935, víspera del día de Reyes, y lo encontramos en Oviedo, por la noche, escribiéndole a su tía María lo siguiente:
“Me voy a acostar y mañana, día de Reyes, iré a adorar al Niño y le ofreceré... lo de siempre...” (Obras Completas 600).
¿Qué es eso “de siempre” que Rafael le ofrece a Jesucristo, junto con los dones de los Reyes, como expresión de que le adora de verdad? Pues, sencillamente todo lo que es y lo que tiene. Es, más en concreto, su trabajo, sus deseos, su salud y su vida. Hacer ofrenda de todo a Dios por amor... trabajo, deseos, vida: eso es adorar de verdad. Veamos cómo lo hacía Rafael.
1. El trabajo, el estudio o cualquiera de nuestras actividades, sólo tienen verdadera capacidad de llenar nuestra existencia cuando son ofrecidas, es decir, cuando las hacemos más que por lo que valen en sí, por lo que ponemos en ellas de entrega de nosotros mismos. Entonces cualquier actividad puede ser valiosa, aunque no obtenga grandes resultados o aunque sea tenida por poco importante. Entonces el trabajo no nos esclavizará ni nos empujará a la envidia ni a la codicia. Lo vemos muy bien en lo que le pasó una fría mañana de invierno a Rafael en el monasterio:
“En mis manos han puesto una navaja, y delante de mí un cesto con una especie de zanahorias blancas muy grandes y que resultan ser nabos. Yo nunca los había visto al natural, tan grandes... y tan fríos... ¡Qué le vamos a hacer!, no hay más remedio que pelarlos. El tiempo pasa lento, y mi navaja también, entre la corteza y la carne de los nabos que estoy lindamente dejando pelados.
Los diablillos me siguen dando guerra. ¡¡Que haya yo dejado mi casa para venir aquí con este frío a mondar estos bichos tan feos!! Verdaderamente es algo ridículo esto de pelar nabos, con esa seriedad de magistrado de luto.
Un demonio pequeñito, y muy sutil, se me escurre muy adentro y de suaves maneras me recuerda mi casa, mis padres y hermanos, mi libertad, que he dejado para encerrarme aquí entre lentejas, patatas, berzas y nabos.
El día está triste... No miro a la ventana, pero lo adivino. Mis manos están coloradas, coloradas como los diablillos; mis pies ateridos... ¿Y el alma? Señor, quizás el alma sufriendo un poquillo... Mas no importa..., refugiémonos en el silencio.
Transcurría el tiempo, con mis pensamientos, los nabos y el frío, cuando de repente y veloz como el viento, una luz potente penetra en mi alma... Una luz divina, cosa de un momento... Alguien que me dice que ¡qué estoy haciendo! ¿Que qué estoy haciendo? ¡Virgen Santa!! ¡qué pregunta! Pelar nabos..., ¡pelar nabos!... ¿Para qué?... Y el corazón dando un brinco contesta medio alocado: pelo nabos por amor..., por amor a Jesucristo.
Ya nada puedo decir que claramente se pueda entender, pero sí diré que allá adentro, muy adentro del alma, una paz muy grande vino en lugar de la turbación que antes tenía. Sólo sé decir que el solo pensar que en el mundo se puede hacer de las más pequeñas acciones de la vida actos de amor de Dios; que el cerrar o abrir un ojo hecho en su nombre nos puede hacer ganar el cielo; que el pelar unos nabos por verdadero amor a Dios, le puede a Él dar tanta gloria y a nosotros tantos méritos, como la conquista de las Indias; el pensar que por sólo su misericordia tengo la enorme suerte de padecer algo por Él... es algo que llena de tal modo el alma de alegría, que si en aquellos momentos me hubiera dejado llevar de mis impulsos interiores, hubiera comenzado a tirar nabos a diestro y siniestro, tratando de hacer comunicar a las pobres raíces de la tierra la alegría del corazón... Hubiera hecho verdaderas filigranas malabares con los nabos, la navaja y el mandil.
Me reía a «moco tendido» (quizás por el frío) de los diablillos rojos, que asustados de mi cambio, se escondían entre los sacos de garbanzos y en un cesto de repollos que allí había.
(...)

jueves, 25 de junio de 2009

LA SORDERA DE DIOS



José Luis Martín Descalzo

El otro día recibí una carta que me produjo una gran tristeza, sobre todo porque dejaba ver lo mucho que aquella buena señora estaba sufriendo: hacía pocos meses que había muerto, casi repentinamente, su marido, y ella, no sólo no había logrado digerir esa muerte, sino que la estaba envolviendo en un odio creciente a Dios y a toda su formación religiosa.
Se sentía estafada. ¿No le aseguraban que Dios protegía y amaba a los buenos, a los que le amaban? ¿No le habían contado mil veces que la oración todo lo puede? ¿ Por qué Dios se había vuelto sordo ante sus gritos la primera vez en que realmente había clamado hacia Él? Y las promesas que algunos le daban ahora de que algún día le reencontraría, ¿no serían un cuento más para tranquilizarla? De otro modo, ¿por qué en su alma, lejos de crecer la pacificación, aumentaba de hora en hora la «certeza», decía ella, de que detrás no hay nada, de que todo es una gigantesca fábula, que la habían engañado como a una niña desde que nació? Me hubiera gustado poder charlar serenamente con esta señora. Averiguar, sobre todo, si estos desgarramientos venían del impacto de un golpe tremendo del que no se había repuesto y que le impedía hasta discurrir, o si eran fruto de un discurso sereno (y envenenado) de su alma. Pero toda esa posibilidad me la negaba al no firmar su carta y tampoco podía esperar, sensatamente, que en el corto espacio de un artículo yo contestara y tratara de curar cada una de «sus» heridas, distintas sin duda de las de otras personas que hubieran pasado por un problema parecido. Tal vez en esa conversación yo hubiera podido ser hasta un poquito duro con esa señora y decirle abiertamente que ese gran dolor podía ser «su gran clarificación», la hora en que descubriera que la educación que le dieron y el Evangelio que ella de hecho practicaba no eran, en realidad, un verdadero cristianismo sino una variante de religiosidad egoísta y piadosa.
Al parecer su Dios era algo hecho para hacerla feliz a ella y no ella alguien destinada a servir a Dios. Su Dios era «bueno» en la medida que le concedía lo que ella deseaba, pero dejaba de seda cuando señalaba un camino más empinado o estrecho. Tal vez hubiera podido aclararle que es cierto que la oración concede todo lo que se pide, siempre que se le pida a Dios que nos conceda lo que Él sabe que realmente necesitamos, y que la gran plegaria no es la que logra que Dios quiera lo yo quiero, sino que yo logre llegar a querer lo que quiere Dios. Amar a Dios porque nos resulta rentable es confundir a Dios con un buen negocio. La fe en Dios, su amor, la confianza en Él son cosas bastante diferentes de lo que mucha gente cristiana piensa. Los verdaderos santos, como los auténticos amantes, vivieron el amor de Dios, pero sin pasarse toda la vida preguntándose cómo se lo iba Él a agradecer. Sería interminable hablar de todo esto.
Pero yo quiero concluir citando unos fragmentos de una carta de santo Tomás Moro, escrita en la Torre de Londres, cuando esperaba que, por su fidelidad a Dios y a su conciencia, iban a cortarle dentro de muy pocos días la cabeza: «Aunque bien sé -dice a su hija- que mi miseria ha sido tan grande que merezco que Dios me deje resbalar, no puedo sino confiar en su bondad misericordiosa que, así como su gracia, me ha fortalecido hasta aquí y ha hecho que mi corazón se conforme con la pérdida de todos mis bienes y mis tierras, y la vida también, antes que jurar contra mi conciencia. Nunca desconfiaré de Él, Meg; aunque me sienta desmayar, sí, aunque sintiera mi miedo a punto de arrojarme por la borda, recordaré cómo san Pedro, con una violenta ráfaga de viento, empezó a hundirse a causa de su fe desmayadiza, y haré como él hizo: llamar a Cristo y pedirle ayuda. Y espero que entonces extienda su santa mano hacia mí y, en el mar tempestuoso, me sostenga para no ahogarme. Sí, y, si permite que aún vaya más lejos en el papel de Pedro y caiga del todo por el suelo y que jure y perjure también, aún así confiaré en que su bondad echará sobre mí una tierna mirada llena de compasión, como hizo con san Pedro, y me levante otra vez y confiese de nuevo la verdad de mi conciencia. Sé que sin culpa mía no dejará que me pierda. Me abandonaré, pues, con buena esperanza en Él por entero. Y, si permite que por mis faltas perezca, todavía entonces serviré como una alabanza de su justicia. Pero la verdad, Meg, confío en que su tierna compasión mantendrá mi pobre alma a salvo y hará que ensalce su misericordia [...] Nada puede ocurrir sino lo que Dios quiere. Y yo estoy muy seguro de que, sea lo que sea, por muy malo que parezca, será de verdad lo mejor.»
Ser cristiano es aceptar cosas como éstas, disparates como éstos. Saber que la hora de la oscuridad es la mejor hora para verle. Aceptar que un dolor, por espantoso que sea, puede ser el momento verdadero en que tenemos que demostrar si amamos a Dios o nos limitamos a utilizarle.
[ Tomado de "Dios y los náufragos", de J. R. Ayllón (ed. Belacqua 2002).

miércoles, 24 de junio de 2009

CATECISMO


Cristo Jesús, «mediador y plenitud de toda la Revelación»
Dios ha dicho todo en su Verbo
65 "De una manera fragmentaria y de muchos modos habló Dios en el pasado a nuestros Padres por medio de los Profetas; en estos últimos tiempos nos ha hablado por su Hijo" (Hb 1,1-2). Cristo, el Hijo de Dios hecho hombre, es la Palabra única, perfecta e insuperable del Padre. En El lo dice todo, no habrá otra palabra más que ésta. S. Juan de la Cruz, después de otros muchos, lo expresa de manera luminosa, comentando Hb 1,1-2:
Porque en darnos, como nos dio a su Hijo, que es una Palabra suya, que no tiene otra, todo nos lo habló junto y de una vez en esta sola Palabra, y no tiene más que hablar; porque lo que hablaba antes en partes a los profetas ya lo ha hablado en el todo, dándonos al Todo, que es su Hijo. Por lo cual, el que ahora quisiese preguntar a Dios, o querer alguna visión o revelación, no sólo haría una necedad, sino haría agravio a Dios, no poniendo los ojos totalmente en Cristo, sin querer otra alguna cosa o novedad (San Juan de la Cruz, Subida al monte Carmelo 2,22,3-5: Biblioteca Mística Carmelitana, v. 11 (Burgos 1929), p. 184.).


No habrá otra revelación
66 "La economía cristiana, como alianza nueva y definitiva, nunca cesará y no hay que esperar ya ninguna revelación pública antes de la gloriosa manifestación de nuestro Señor Jesucristo" (DV 4). Sin embargo, aunque la Revelación esté acabada, no está completamente explicitada; corresponderá a la fe cristiana comprender gradualmente todo su contenido en el transcurso de los siglos.


67 A lo largo de los siglos ha habido revelaciones llamadas "privadas", algunas de las cuales han sido reconocidas por la autoridad de la Iglesia. Estas, sin embargo, no pertenecen al depósito de la fe. Su función no es la de "mejorar" o "completar" la Revelación definitiva de Cristo, sino la de ayudar a vivirla más plenamente en una cierta época de la historia. Guiado por el Magisterio de la Iglesia, el sentir de los fieles (sensus fidelium) sabe discernir y acoger lo que en estas revelaciones constituye una llamada auténtica de Cristo o de sus santos a la Iglesia.
La fe cristiana no puede aceptar "revelaciones" que pretenden superar o corregir la Revelación de la que Cristo es la plenitud. Es el caso de ciertas Religiones no cristianas y también de ciertas sectas recientes que se fundan en semejantes "revelaciones".

lunes, 22 de junio de 2009

VISITA A NUESTRA PARROQUIA DE D. RAFAEL ESCUDERO

El pasado domingo, nos visitaba Monseñor Rafael Escudero López-Brea, obispo de Moyobamba (Perú).

Mons. Rafael Escudero López-Brea nació el 14 de abril de 1962, en Quintanar de la Orden (Toledo, España).
Tras realizar sus primeros estudios en su pueblo natal, continuó su formación sacerdotal en el
Seminario Mayor de Toledo, donde obtuvo el título de Bachiller en Teología, por el Instituto Teológico de San Ildefonso.
Fue ordenado sacerdote el 9 de julio de 1989. Ha ejercido el ministerio sacerdotal como Vicario parroquial de Sonseca (1989-1991); Párroco de la Parroquia de San Bartolomé de las Abiertas y Campillo de la Jara (1991-1994); Viceconsiliario y, posteriormente, Consiliario de los “Cursillos de Cristiandad” de Toledo (1991 al 2004); Capellán del Colegio “San Prudencio”, de Talavera de la Reina (1994-1998); Párroco de Cebolla (1998-2003); colaborador de la Parroquia de Nuestra Señora del Pilar, en Talavera de la Reina (2003-2004); Administrador parroquial de la Parroquia de Montesclaros (2004).
En el año 2004 llegó a Perú, en el primer grupo de sacerdotes diocesanos de Toledo que atienden la Prelatura de Moyobamba, encomendada por la Santa Sede a la
Archidiócesis de Toledo.
Después de haberse desempeñado como Vicario General y Párroco de la Catedral de la Prelatura, fue nombrado Obispo Coadjutor de Moyobamba el 8 de julio de 2006 por el Papa Benedicto XVI.
Recibió la ordenación episcopal en Moyobamba el día 26 de agosto, de manos del Sr. Cardenal Arzobispo de Toledo, don Antonio Cañizares Llovera.
Desde el 21 de julio de 2007 es el Obispo Prelado de la Prelatura de Moyobamba, tras aceptar el Papa la renuncia por edad de su anterior titular, Mons. José Santos Iztueta Mendizábal (+sept. 2007).


D. Rafael bendijo dos nuevas imágenes de nuestro retablo: S. Simón y Santiago el menor. Recibió un donativo del Patronato de la Virgen de los Remedios, donativo que según sus palabras, será destinado a la formación de varios seminaristas del seminario de Moyobamba, y recordó con cariño, su paso por nuestra Parroquia en el año 1989-1990.

La prelatura de Moyobamba, tiene un blog y puedes verlo AQUÍ
En la imágen D. Rafael con nuestro Párroco, D. José Talavera, nuestros vicarios D. David Casas y D. David Sánchez, D. Primitivo y Daniel Rodríguez, uno de nuestros seminaristas.











TOMA DE POSESIÓN DE D. BRAULIO RODRÍGUEZ


HOMILÍA EN LA TOMA DE POSESIÓN DE LA SEDE PRIMADA
21 de junio de 2009
Leemos en el Libro Santo que, muerto Moisés, el Señor le dice a Josué: “¡Ánimo, sé valiente!, que tú repartirás a este pueblo la tierra que prometí con juramento a vuestros padres. Tú ten mucho ánimo y sé valiente para cumplir todo lo que mandó mi siervo Moisés, (…) No te asustes ni te acobardes, que contigo está el Señor” (Jos 1,6-7.9). Son palabras muy pertinentes, queridos hermanos, para esta celebración y que se ajustan a mis sentimientos en estos momentos de mi vida: la tarea me supera, soy consciente de mi inadecuación a ella. ¿Qué hacer? Lo habéis oído, hermanos: ser valiente, no acobardarme, pero sólo porque está el Señor en medio de su Pueblo. ¿Cómo, en caso contrario, aceptar esta misión que su Santidad Benedicto XVI ha querido encomendarme, y a quien agradezco de corazón su confianza? ¿Cómo adecuarme a lo que Jesucristo quiere de mí a través de quien es la Cabeza del Colegio Apostólico, pastor universal? ¿Cómo presentarme aquí, ante vosotros, hermanos cardenales, arzobispos y obispos, Sr. Nuncio? ¿Me atrevería a dirigiros estas palabras, porción del Pueblo Santo de Dios que formáis la Iglesia de Toledo, sacerdotes y fieles, religiosos y consagrados? ¿O ante ustedes, Sr. Alcalde con su Corporación, Sr. Presidente de la Junta de Comunidades de Castilla la Mancha, autoridades civiles, militares, académicas y judiciales, autonómicas o de la Nación, que han querido estar presentes en la Catedral Primada? La respuesta a estas preguntas es clara: lo puedo presentarme ante vosotros por Cristo, que dice san Pablo que en Él podemos responder “Amén”, pues en Él todo se ha convertido en un “sí” (cfr. 2 Cor 1,20).
¿Por qué hablar ante vosotros, que habéis venido de tantos sitios tan queridos por mí: de la Archidiócesis de Valladolid, a quienes saludo con el corazón agradecido, de Salamanca, de Osma-Soria, de Madrid, Getafe y Alcalá de Henares, de mi pueblo natal, Aldea del Fresno –mis saludos fraternos-, y sobre todo de las parroquias de Toledo: sacerdotes, consagrados y fieles laicos? Sólo existe, en realidad, una razón de mi presencia entre vosotros. Lo afirma el Apocalipsis, cuando dice que los muros de la nueva Jerusalén “se asientan sobre doce piedras, que llevan los nombres de los doce apóstoles del Cordero” (Ap 21,14). Únicamente porque mis hermanos obispos y yo hemos sucedido a los Apóstoles como Pastores de la Iglesia, podemos presentarnos ante vosotros, amados de Dios, y guiaros, santificaros y enseñaros, en comunión jerárquica con el sucesor de Pedro y con los otros miembros del Colegio Episcopal.
¡Qué misterio que podamos re-presentar a Jesucristo, Cabeza de este Cuerpo de la Iglesia! Yo me admiro y, aunque me sienta débil, la confianza se hace grande y no temo nada con el Señor. En Cristo, como Obispo, según la Sagrada Escritura y la Tradición de la Iglesia, puedo ser pastor, guardián solícito, padre, hermano, amigo, portador de consuelo, servidor, maestro, hombre fuerte, sacramento de bondad. Y eso quiero ser para vosotros, queridos hermanos e hijos de Toledo, porque esas palabras me remiten a Jesucristo y me indican que he de ser hombre de fe y de discernimiento, de esperanza y de empeño real, de mansedumbre y de comunión.
Puedes seguir leyendo AQUI
Extraído de Ecclesia digital
Si quieres ver la ceremonia íntegra de la toma de posesión de D. Braulio Rodríguez, puedes hacerlo AQUI

sábado, 20 de junio de 2009

PREPARANDO EL DÍA DEL SEÑOR: XII DOMINGO TIEMPO ORDINARIO


La confianza en Dios, auténtica fuerza en las tempestades / Autor: Raniero Cantalamessa, ofmcap.
XII Domingo del Tiempo OrdinarioJob 38, 8-11; 2 Corintios 5, 14-17; Marcos 4, 35-41

Se levantó una gran tempestad


El Evangelio de este Domingo es el de la tempestad calmada. Al atardecer, después de una jornada de intenso trabajo, Jesús sube a una barca y les dice a los apóstoles que vayan a la otra orilla. Agotado por el cansancio, se duerme en popa. Mientras tanto se levanta una gran tempestad que anega la barca. Asustados, los apóstoles, despiertan a Jesús, gritándole: «Maestro, ¿no te importa que perezcamos?». Tras levantarse, Jesús ordena al mar que se calme: «¡Calla, enmudece». El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza. Después, les dijo: « ¿Por qué estáis con tanto miedo? ¿Cómo no tenéis fe?».Vamos a tratar de comprender el mensaje que nos dirige hoy esta página del Evangelio. La travesía del mar de Galilea indica la travesía de la vida. El mar es mi familia, mi comunidad, mi corazón mismo. Pequeños mares, en los que se pueden desencadenar, como sabemos, tempestades grandes e imprevistas. ¿Quién no ha conocido algunas de estas tempestades, cuando todo se oscurece y la barquita de nuestra vida comienza a hacer agua por todas las partes, mientras Dios parece que está ausente o duerme? Un diagnóstico alarmante del médico, y nos encontramos de repente en plena tempestad. Un hijo que emprende un mal camino dando de qué hablar y ya tenemos a los padres en plena tempestad. Un revés financiero, la pérdida del trabajo, el amor de novio, del cónyuge, y nos encontramos en plena tempestad. ¿Qué hacer? ¿A qué podemos agarrarnos y hacia qué lado podemos tirar el ancla? Jesús no nos da la receta mágica para escapar de todas las tempestades. No nos ha prometido que evitaremos todas las dificultades; nos ha prometido, sin embargo, la fuerza para superarlas, si se lo pedimos.San Pablo nos habla de un problema serio que tuvo que afrontar en su vida y que llama «un aguijón en mi carne». «Tres veces» (es decir, infinitas veces), dice, rogó al Señor que le liberarse de él y ¿que le respondió? Leámoslo juntos: «Mi gracia te basta, que mi fuerza se muestra perfecta en la flaqueza». Desde aquel día, nos dice, comenzó incluso a gloriarse de sus debilidades, persecuciones y angustias, hasta el punto de poder decir: «cuando estoy débil, entonces es cuando soy fuerte» (2 Corintios 12, 7-10).

La confianza en Dios: este es el mensaje del Evangelio. En aquel día, lo que les salvó a los discípulos del naufragio fue el hecho de llevar a Jesús en la barca, antes de comenzar la travesía. Esta es también para nosotros la mejor garantía contra las tempestades de la vida. Llevar con nosotros a Jesús. El medio para llevar a Jesús en la barca de la propia vida y de la propia familia es la fe, la oración y la observancia de los mandamientos.Cuando se desencadena en el mar la tempestad, al menos en el pasado, los marinos solían echar aceite sobre las olas para calmarlas. Nosotros echamos sobre las olas del miedo y de la angustia la confianza en Dios. San Pedro exhortaba a los primeros cristianos a tener confianza en Dios en las persecuciones, diciendo: «confiadle todas vuestras preocupaciones, pues Él cuida de vosotros» (1 Pedro 5, 7).

La falta de fe que reprochó Jesús en esa ocasión a los discípulos se debe al hecho de poner en duda el que le «importe» su vida e incolumidad: «¿no te importa que perezcamos?».Dios nos cuida, le importa nuestra vida, ¡y de qué manera! Una anécdota citada con frecuencia habla de un hombre que tuvo un sueño. Veía dos pares de huellas que se habían quedado grabadas en la arena del desierto y comprendía que una par de huellas eran las de sus pies y el otro par las de los pies de Jesús, que caminaba a su lado. En un cierto momento, un par de huellas desaparece, y comprende que esto sucedió precisamente en un momento difícil de su vida. Entonces se lamenta con Cristo, que le dejó sólo en el momento de la prueba. «Pero, ¡yo estaba contigo!», responde Jesús. «Cómo es posible que estuvieras conmigo, si en la arena sólo se ven las huellas de dos pies?». «Eran las mías --responde Jesús--. En esos momentos, te había cargado a hombros».Recordémoslo cuando también nosotros sintamos la tentación de quejarnos con el Señor porque nos deja solos.

QUERIDOS POR UNA MADRE (INMACULADO CORAZÓN DE MARÍA)



Dios Nuestro Señor nos quiere persuadir, con estas palabras de Jesucristo que hoy consideramos, que nadie profesa un amor mayor por nosotros que Él mismo: Dios, Creador de cuanto existe y Padre nuestro, ha querido amarnos a cada uno con un amor singular. En consecuencia, podemos andar tranquilos en la vida, por grandes que nos puedan parecer nuestros problemas. ¡Cómo debe ser de serena y apacible nuestra existencia! Posiblemente ante la admiración de muchos que, extrañados de nuestro tono habitualmente contento y optimista, no lleguen a entender que podamos vivir felices, con nuestras deficiencias y dificultades, patentes en ocasiones, como si fuéramos los más afortunados de la tierra.
"¿Como si fuéramos los más afortunados?", piensan tal vez algunos con cierto desden, y nos tienen por ingenuos. Pero es la verdad. Y todo hombre, de modo particular todo cristiano, se puede sentir "el más afortunado del mundo". Basta, para ello, que reconsidere la realidad tan básica en la que se sostiene su condición de cristiano: ¡que somos hijos de Dios!
Hijos de Dios. —Portadores de la única llama capaz de iluminar los caminos terrenos de las almas, del único fulgor, en el que nunca podrán darse oscuridades, penumbras ni sombras. —El Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que esa luz ilumine... De nosotros depende que muchos no permanezcan en tinieblas, sino que anden por senderos que llevan hasta la vida eterna.
Así se expresa san Josemaría, con ese optimismo envidiable que repartió por todo el mundo. "Hijos de Dios": convencidos de poseer, en nuestra filiación divina, la mayor riqueza imaginable. Pero no como quien tiene algo valioso, que será siempre, queramos o no, externo a quien lo posee. El hijo de Dios es grandioso, inmensamente afortunado, aunque no tenga nada. Tiene justos motivos para sentirse feliz, incluso en las peores condiciones humanas, porque él mismo, en su condición personal más íntima, ha sido constituido en hijo del Señor de cielos y tierra, destinado a la eternidad: a una vida de indescriptible amor. Una vida que ya saborea, que ya pregusta en los días de este mundo, con sólo vivir ahora como hijo de Dios. Y esta experiencia es lo que le confirma cada día que es verdaderamente afortunado.
Celebramos hoy en la Iglesia el Inmaculado Corazón de María. Vendría a ser –se puede pensar– el origen del amor perfecto. La fuente inagotable del amor más generoso y más dichoso en el amor. María siempre quiere bien y del todo. Todo lo entrega en favor de su amor.Y su amor es Dios y los hombres, por voluntad de Dios. Y es, por su parentesco con la Trinidad, Omnipotencia Suplicante: Virgen Poderosa, la proclama la liturgia de la Iglesia. ¿Lo consideramos a menudo? Para llenarnos de deseos de imitarla, amando a Dios con toda la fuerza del corazón nuestro, amando a los demás; para sentirnos amados por ese corazón humano de mujer, de Madre, que es un modo, que se nos hace especialmente próximo, de gozar del amor de Dios.
La Iglesia la proclama, de modo insistente, Reina. Como queriendo señalar que es la Señora de la creación: Reina de cielos y tierra. Con todo el señorío, por voluntad de Dios, sobre las cosas y circunstancias de la existencia. Y ahí estamos cada uno: pequeños, niños con nuestra Madre del Cielo, que nos cuida, nos protege y nos enseña, del mejor, modo a caminar hasta la eternidad en Dios. No se le escapa ningún detalle del mundo ni ninguna circunstancia de sus hijos a nuestra Reina y Madre de misericordia. ¿No nos llena de paz y de contento que nuestra Madre del Cielo sea Señora de nuestra vida? En toda situación, con su dominio, podemos caminar hacia Dios, podemos amarle en todo momento y circunstancia de la vida. No hay, con Ella, momentos malos, que todos sirven para amar a Dios y ser felices. Pues no se olvida, siendo verdadera Madre, de nuestro contento, como las madres de la tierra que son felices con la alegría de sus hijos.
¿Vivimos junto a Santa María? El hijo de Dios, consciente de su valor y condición, no puede olvidar que nuestro Padre del Cielo ha querido, como manifestación particular de ternura con sus hijos, que tengamos el cariño eficaz de la misma madre de su Hijo. Nuestra santidad no puede ser sin María, como hijos pequeños que debemos ser. La santidad, que en ocasiones se nos puede presentar como una empresa gigantesca e inabarcable, se hace con Ella algo posible y fácil:
Di: Madre mía —tuya, porque eres suyo por muchos títulos—, que tu amor me ate a la Cruz de tu Hijo: que no me falte la Fe, ni la valentía, ni la audacia, para cumplir la voluntad de nuestro Jesús.
Así lo ve san Josemaría: María el recurso infalible que nos hace santos, seriamente decididos a cumplir lo que espera el Señor en su servicio. Pidamos para todos los fieles de nuestra Iglesia un confiado amor a la Santísima Virgen. Ella, como Madre, siempre se excede otorgándonos mucho más de lo que pedimos. ¡Hagamos la prueba del amor a María! De modo particular si nos sentimos más atribulados, como le hemos en Camino:
¡Madre! —Llámala fuerte, fuerte. —Te escucha, te ve en peligro quizá, y te brinda, tu Madre Santa María, con la gracia de su Hijo, el consuelo de su regazo, la ternura de sus caricias: y te encontrarás reconfortado para la nueva lucha.

viernes, 19 de junio de 2009

SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN


En su Majestad, la Omnipotencia divina es el símbolo de toda fuerza. Ante el poder de Dios tiemblan hombres y ángeles; su sola mención hace estremecerse a los montes, y su manifestación postra, rodilla en tierra, cuanto hay en los cielos, en la tierra, y en los abismos. No se puede ver a Dios sin morir -dice la Escritura-, porque la mera cercanía de su poder es fuego abrasador.En su flaqueza, el corazón humano es el símbolo de toda debilidad. Mirad una espiga, la más pequeña, y observad cómo basta una suave brisa para doblarla. Pues más frágil aún es el corazón del hombre: basta una mirada, una palabra, un pensamiento, para romperlo en pedazos. El corazón humano tiembla ante cualquier sonido, y se deshace en risas o en lágrimas al contacto con la más leve emoción. Si te ganas el corazón de un hombre, lo tienes a él por entero.
Supón ahora la maravilla de un desposorio entre la fuerza y la debilidad; supón que se unieran, para siempre, la Omnipotencia Divina y un Corazón humano: supón a todo un Dios arrodillado, a un Dios que llora, a un Dios que ríe, a un Dios que sufre hasta acabar con el corazón hecho añicos, y que goza hasta las lágrimas con sus seres queridos. Supón que tú pudieras ganarte el Corazón de Dios, supón que ya te lo hubieras ganado y yo viniera hoy a darte una noticia: Jesús de Nazareth, perfecto Dios y perfecto Hombre, te ama, sufre por ti, ríe contigo, llora por ti y te mira con cariño.
Aristóteles llegó hasta donde pudo, a la hora de razonar sobre Dios: describió sus atributos con una precisión y una belleza sublimes. Pero, cuando hubo alcanzado con su razón la última de las perfecciones divinas, concluyó: ese Dios perfecto, que ha creado al Hombre, sin embargo no se interesa por él. No lo necesita para nada.
“Si uno de vosotros tiene cien ovejas y se le pierde una, ¿no deja las noventa y nueve en el campo y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos para decirles: ” ¡ Felicitadme!, he encontrado la oveja que se me había perdido.” No es el Dios de Aristóteles. O, mejor aún, sí lo es, pero algo le ha sucedido: el Dios de Aristóteles se ha vuelto loco de Amor, se ha encarnado en el seno de una Virgen purísima, y voluntariamente se ha sometido a los latidos de un Corazón de hombre: ahora Dios llora y ríe por ti y por mí. Tu Rey es tu Pastor; quien pudiera gobernarte desde el Cielo ha decidido hacerlo desde la Cruz, entregando su Vida por ti…¡Dios se ha enamorado de ti! Mira a los ojos de María, y dime si el siguiente movimiento no será que tú y yo nos enamoremos ahora de Dios.

Comentario a la liturgia del día http://www.archimadrid.org/

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Cuando me enseñaron esta jaculatoria yo debía tener unos dieciocho años. La escribí en un papelito con un Bic de tinta roja y metí el papelito en una novela que estaba leyendo: El Gatopardo. De vez en cuando dibujaba angelitos y garabatos, un poco distraídamente, en el dorso del papelito. Hace tiempo que le perdí la pista al recordatorio; la novela he vuelto a leerla un par de veces desde entonces. La jaculatoria nunca la he olvidado y me gusta repetirla y meditarla especialmente en Junio o cuando veo una imagen del Sagrado Corazón de Jesús.Ese Corazón es Sagrado porque pertenece por entero a Dios. No es un corazón dividido. Esta simple consideración me ayuda a vigilar porque una vez oí decir a un poeta que el corazón del hombre tiene más cámaras que una casa de citas -bueno, él no decía "citas", lo decía mejor-. Me hizo gracia porque me recordó el palacio de Lampedusa. Pero también me puso en guardia. Entonces entendí –o creí entender- lo que significa ese empeño que es la guarda del corazón.El Corazón de Cristo es Sagrado porque en él se encuentran la humanidad y la divinidad y se abrazan perfectamente. Fue el mismo Jesús quien dijo que no es lo que entra de fuera lo que hace impuro al hombre sino lo que sale de dentro. Del corazón del hombre puede salir, como diría Pascal, miseria y grandeza. Del Corazón Sacratísimo de Jesús ha salido todo lo que de grande y digno y bueno puede dar un corazón humano.

También eso me ha llevado a preguntarme dónde está mi corazón y a repetir más a menudo que otros años: Sagrado Corazón de Jesús: en Vos confío.


Por Javier Vicens Hualde

jueves, 18 de junio de 2009

MAÑANA SE INICIA EL AÑO SACERDOTAL


El Año Sacerdotal debe servir para redescubrir belleza e identidad del sacerdocio

La Congregación para el Clero presentó una carta dirigida a los obispos del mundo en la que recuerda que el Año Sacerdotal, decretado por el Papa Benedicto XVI para celebrarse entre el 19 de junio de 2009 y el 19 de junio es 2010, es una ocasión para "redescubrir la belleza y la importancia del sacerdocio y de los ordenados" así como para la promoción de las vocaciones.
En el texto firmado por el Prefecto de esta Congregación y el Secretario,
Cardenal Claudio Hummes y Mons. Mauro Piacenza, respectivamente, se invita a celebrar el Año Sacerdotal, en el 150 aniversario de la muerte del Patrono de los Párrocos, San Juan María Vianney, en todas las diócesis, promoviendo celebraciones análogas a las del Santo Padre en Roma, en toda las catedrales, santuarios e iglesias significativas de todas las diócesis con los sacerdotes y fieles.
La carta señala también que este Año jubilar es una ocasión para sensibilizar a "todo el pueblo santo de Dios: los consagrados y las consagradas, las familias cristianas, los sufrientes; y sobre todo los jóvenes que son tan sensibles a los grandes ideales, vividos con auténtico arrojo y constante fidelidad".
El obispo de Huesca-Jaca, Monseñor Sanz ha escrito una carta con motivo de la celebración de este año sacerdotal y extraemos estos párrafos.
"El santo cura de Ars es el patrono de los sacerdotes. En su año jubilar tenemos un motivo para renovar nuestra ilusión ministerial. Que no tenga cabida la soledad que aísla, ni la amargura que nos hace pobres hombres sin alegría, ni la relajación que mundaniza nuestra mente y seca el corazón. Es verdad que me he encontrado curas que habiendo descuidado su vida, su espiritualidad, su comunión con la Iglesia, su sincero afecto por el Señor y su entrega generosa a las personas que se les confió, llevan una vida triste y una triste vida, llena de un vacío que no sirve ni para ellos mismos.
Pero me he encontrado, y muchísimo más, con curas llenos de ilusión, con ganas de seguir trabajando por Dios y por los demás, cuidando todo lo que implica una vida sacerdotal por dentro y por fuera; curas que rezan, que estudian, que se dan de veras a quienes como ministros del Señor están sirviendo; que aman a la Iglesia a la que nunca pretenden dar lecciones; que están dispuestos y disponibles para lo que Dios precise y la diócesis esté necesitando de ellos. Curas muy jóvenes o tal vez con muchos años, sanos o enfermos, que dan ese testimonio sencillo y precioso de seguir en la brecha, con buen humor y mucho amor, sin poner ningún precio a su tiempo".

miércoles, 17 de junio de 2009

DIOS ESTÁ CON NOSOTROS


La mayor parte de las noticias que vemos, escuchamos y leemos a diario son negativas, cuando no deprimentes: guerras, actos terroristas, catástrofes naturales o humanitarias, malos tratos, robos, asesinatos, crisis económica y un larguísimo etcétera que todos nos sabemos de memoria y que incluso parece que crean cierto morbo entre algunos.
Frente a eso ¡qué pocas veces escuchamos buenas noticias!, ¡qué pocas veces nos cuentan del sacrificio abnegado de muchos hombres y mujeres que en el mundo sobreviven a golpe de una heroicidad anónima!
El P. Werenfried van Stratten, fundador de Ayuda a la Iglesia Necesitada, decía siempre: “El hombre es mucho mejor de lo que parece” y precisamente lo es porque tiene impreso en su interior la semilla de eternidad que Dios ha plantado en cada uno de nosotros.
Desde estas líneas me propongo mostrarles el lado bueno de la botella, contándoles a partir de ahora anécdotas de la vida diaria, hechos y pensamientos cotidianos, pero siempre con un componente común: intentar extraer algo positivo de cada historia.
De pequeño, en una playa de Tarragona, me marcó una anécdota aparentemente intranscendente. En una de esas tardes de agosto en las que los niños pululan aburridos por todas partes, a alguien con generosidad y dos dedos de frente en la cabeza, se le ocurrió la genial idea de organizar unas competiciones en la playa para nosotros. A mis hermanos y a mí nos faltó tiempo para apuntarnos y, en menos que canta un gallo, estaba yo sobre la línea de salida para correr como un galgo sobre la arena de la playa. La carrera sería de unos 20 metros dando la vuelta a una banderita hasta regresar al punto de origen. Allí salí disparado y cuál no sería mi sorpresa cuando a las pocas zancadas me caí de bruces sobre la arena. Una alevosa raíz de un pino, semienterrada en la arena, cortó de golpe mi galopada. Evidentemente todos los otros competidores me pasaron, pero lejos de arredrarme, me levanté y corrí hasta la meta, llegando con diferencia el último. Mi sorpresa fue el comprobar que los adultos allí presentes me aplaudieron más que al que ganó la carrera y los “bravos” que me decían fueron muchos y, sobre todo, desconcertantes para mí. Algo me debieron explicar mis padres del significado de todo aquello, pero no fue hasta años después cuando, reflexionando sobre la anécdota, entendí que lo que a mí me premiaron fue el no rendirme, el no quedarme tirado, el no haber abandonado la carrera enfadado, sino que fui capaz de levantarme y llegar hasta el final sin importarme hacerlo en última posición.
Muchas veces me he acordado en mi vida de este episodio de infancia y aseguro que me ha ayudado en momentos difíciles de mi vida. A menudo las cosas no nos vendrán fáciles, tendremos que apretar los dientes y tirar para adelante, aunque la carga se haga imposible. Es entonces cuando Dios nos mandará señales de que no estamos solos. Una vez será una sonrisa anónima, otra vez será una mano desconocida, quizás arrugada, pero que te sostendrá con una gran fuerza, y muchas, muchas veces, nos dirá: mira al que viene detrás de ti, ese sí que necesita tu ayuda. Entonces, cuando te olvides de tu carga para socorrer al otro, tu peso se hará liviano y serás mucho más feliz ayudando que mirándote el ombligo.
Y ahora les pido que sonrían de corazón, no porque no suframos ni porque tapemos nuestros ojos al sufrimiento ajeno, sino citando a San Pablo: “Si Dios está con nosotros ¿quién contra nosotros?” ¿Ven como la botella está medio llena?


Javier Méndez Ros (publicado por Alba digital)

martes, 16 de junio de 2009

DEL ATEISMO FÉRREO A LA EXISTENCIA DE DIOS


Considerado hasta 2004 el filósofo ateo más férreo e influyente del mundo, Antony Flew acepta ahora la existencia de Dios. En su libro Hay un Dios: Como el ateo más notorio del mundo cambia de parecer, Flew explica el porqué de ese cambio: recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida y el ADN revelan la existencia de una “inteligencia creadora”, asegura.
Durante más de cinco décadas, este filósofo inglés fue uno de los más vehementes ateos del mundo. Escribió libros y, con audiencias multitudinarias, debatió con conocidos pensadores creyentes, entre otros con el célebre apologista cristiano C. S. Lewis.
Sin embargo, en el que celebró en la Universidad de Nueva York en 2004, los asistentes quedaron sorprendidos cuando Flew anunció que para entonces ya aceptaba la existencia de Dios y que se sentía especialmente impresionado por el testimonio del cristianismo.
En su libro, cuyo título original es There is a God. How the world’s most notorious atheist changes his mind (Nueva York: Harper One, 2007), Flew no sólo desarrolla sus propios argumentos sobre la existencia de Dios, sino que argumenta frente a los puntos de vista de importantes científicos y filósofos acerca de la cuestión de Dios.
Su investigación le llevó a examinar, entre otros, los trabajos críticos David Hume al principio de causalidad y los argumentos de importantes científicos como Richard Dawkins, Paul Davies y Stephen Hawking. Otro de los pensamientos sobre Dios que tomó como referencia fue el de Albert Einstein, ya que, lejos de lo que afirman ateos como Dawkins, Einstein fue claramente creyente.
“Inteligencia creadora” - ¿Qué llevó a Flew a cambiar tan radicalmente su concepto de Dios? Él explica que la razón principal nace de las recientes investigaciones científicas sobre el origen de la vida; unas investigaciones que muestran la existencia de una “inteligencia creadora”.
Tal como expuso en el simposio celebrado en 2004, su cambio de postura fue debido “casi enteramente a las investigaciones sobre el ADN”: “Lo que creo que el ADN ha demostrado, debido a la increíble complejidad de los mecanismos que son necesarios para generar vida, es que tiene que haber participado una inteligencia superior en el funcionamiento unitario de elementos extraordinariamente diferentes entre sí”, asegura.
“Es la enorme complejidad del gran número de elementos que participan en este proceso y la enorme sutileza de los modos que hacen posible que trabajen juntos. Esa gran complejidad de los mecanismos que se dan en el origen de la vida es lo que me llevó a pensar en la participación de una inteligencia”, añade Flew.
En cuanto a la teoría de Richard Dawkins de que el llamado ‘gen egoísta’ es el responsable de la vida humana, Flew la califica de “ejercicio supremo de mixtificación popular”. “Los genes, por supuesto, ni pueden ser egoístas ni no egoístas, de igual modo que cualquier otra entidad no consciente no puede ni entrar en competencia con otra ni hacer elecciones”.
“Ahora creo que el universo fue fundado por una Inteligencia infinita y que las intrincadas leyes del universo ponen de manifiesto lo que los científicos han llamado la Mente de Dios. Creo que la vida y la reproducción se originaron en una fuente divina”, dice.
“Tres dimensiones que apuntan a Dios” - “¿Por qué sostengo esto, después de haber defendido el ateísmo durante más de medio siglo? La sencilla respuesta es que esa es la imagen del mundo, tal como yo la veo, que emerge de la ciencia moderna. La ciencia destaca tres dimensiones de la naturaleza que apuntan a Dios”. “La primera es el hecho de que la naturaleza obedece leyes. La segunda, la existencia de la vida, organizada de manera inteligente y dotada de propósito, que se originó a partir de la materia. La tercera es la mera existencia de la naturaleza. Pero en este recorrido no me ha guiado solamente la ciencia. También me ayudó el estudio renovado de los argumentos filosóficos clásicos”, señala.
“Mi salida del ateísmo no fue provocada por ningún fenómeno nuevo ni por un argumento particular. En realidad, en las dos últimas décadas, todo el marco de mi pensamiento se ha trastocado. Esto fue consecuencia de mi permanente valoración de las pruebas de la naturaleza. Cuando finalmente reconocí la existencia de Dios no fue por un cambio de paradigma, porque mi paradigma permanece”, concluye.
“Este es mi libro” - A raíz de la publicación del libro, llovieron las críticas por parte de sus colegas por el cambio realizado, entre ellas la de Mark Oppenheimer en un artículo titu lado El cambio de un ateo.
Oppenheimer caracteriza a Flew como un viejo hombre senil que es manipulado y explotado por los cristianos evangélicos para sus propios propósitos. Además, le acusa de haber firmado un libro que nunca escribió. Sin embargo, Flew, de 86 años de edad, responde de forma concluyente: “Mi nombre está en el libro y representa exactamente mis opiniones. No permitiré que se publique un libro con mi nombre con el cual no estoy cien por ciento de acuerdo”.
“Necesité que alguien lo escribiera porque tengo 84 años –dijo entonces-. Ese fue el papel de Roy Varghese. La idea que alguien me manipuló porque soy viejo es exactamente incorrecta. Puedo ser viejo, pero es difícil que alguien me manipule. Este es mi libro y representa mi pensamiento”, sentenció.
Fuente:NoticiaCristiana.com

lunes, 15 de junio de 2009

CATECISMO

II Las etapas de la revelación
Desde el origen, Dios se da a conocer
54 "Dios, creándolo todo y conservándolo por su Verbo, da a los hombres testimonio perenne de sí en las cosas creadas, y, queriendo abrir el camino de la salvación sobrenatural, se manifestó, además, personalmente a nuestros primeros padres ya desde el principio" (DV 3). Los invitó a una comunión íntima con él revistiéndolos de una gracia y de una justicia resplandecientes.
55 Esta revelación no fue interrumpida por el pecado de nuestros primeros padres. Dios, en efecto, "después de su caída alentó en ellos la esperanza de la salvación con la promesa de la redención, y tuvo incesante cuidado del género humano, para dar la vida eterna a todos los que buscan la salvación con la perseverancia en las buenas obras" (DV 3).
Cuando por desobediencia perdió tu amistad, no lo abandonaste al poder de la muerte...Reiteraste, además, tu alianza a los hombres (MR, Plegaria eucarística IV,118).
La alianza con Noé
56 Una vez rota la unidad del género humano por el pecado, Dios decide desde el comienzo salvar a la humanidad a través de una serie de etapas. La Alianza con Noé después del diluvio (cf. Gn 9,9) expresa el principio de la Economía divina con las "naciones", es decir con los hombres agrupados "según sus países, cada uno según su lengua, y según sus clanes" (Gn 10,5; cf. 10,20-31).
57 Este orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de las naciones (cf. Hch 17,26-27), está destinado a limitar el orgullo de una humanidad caída que, unánime en su perversidad (cf. Sb 10,5), quisiera hacer por sí misma su unidad a la manera de Babel (cf. Gn 11,4-6). Pero, a causa del pecado (cf. Rom 1,18-25), el politeísmo así como la idolatría de la nación y de su jefe son una amenaza constante de vuelta al paganismo para esta economía aún no definitiva.
58 La alianza con Noé permanece en vigor mientras dura el tiempo de las naciones (cf. Lc 21,24), hasta la proclamación universal del evangelio. La Biblia venera algunas grandes figuras de las "naciones", como "Abel el justo", el rey-sacerdote Melquisedec (cf. Gn 14,18), figura de Cristo (cf. Hb 7,3), o los justos "Noé, Daniel y Job" (Ez 14,14). De esta manera, la Escritura expresa qué altura de santidad pueden alcanzar los que viven según la alianza de Noé en la espera de que Cristo "reúna en uno a todos los hijos de Dios dispersos" (Jn 11,52).
Dios elige a Abraham
59 Para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abraham llamándolo "fuera de su tierra, de su patria y de su casa" (Gn 12,1), para hacer de él "Abraham", es decir, "el padre de una multitud de naciones" (Gn 17,5): "En ti serán benditas todas las naciones de la tierra" (Gn 12,3 LXX; cf. Ga 3,8).
60 El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa hecha a los patriarcas, el pueblo de la elección (cf. Rom 11,28), llamado a preparar la reunión un día de todos los hijos de Dios en la unidad de loa Iglesia (cf. Jn 11,52; 10,16); ese pueblo será la raíz en la que serán injertados los paganos hechos creyentes (cf. Rom 11,17-18.24).
61 Los patriarcas, los profetas y otros personajes del Antiguo Testamento han sido y serán siempre venerados como santos en todas las tradiciones litúrgicas de la Iglesia.
Dios forma a su pueblo Israel
62 Después de la etapa de los patriarcas, Dios constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y le sirviera como al único Dios vivo y verdadero, Padre providente y juez justo, y para que esperase al Salvador prometido (cf. DV 3).
63 Israel es el pueblo sacerdotal de Dios (cf. Ex 19,6), el que "lleva el Nombre del Señor" (Dt 28,10). Es el pueblo de aquellos "a quienes Dios habló primero" (MR, Viernes Santo 13: oración universal VI), el pueblo de los "hermanos mayores" en la fe de Abraham.
64 Por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres (cf. Is 2,2-4), y que será grabada en los corazones (cf. Jr 31,31-34; Hb 10,16). Los profetas anuncian una redención radical del pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades (cf. Ez 36), una salvación que incluirá a todas las naciones (cf. Is 49,5-6; 53,11). Serán sobre todo los pobres y los humildes del Señor (cf. So 2,3) quienes mantendrán esta esperanza. Las mujeres santas como Sara, Rebeca, Raquel, Miriam, Débora, Ana, Judit y Ester conservaron viva la esperanza de la salvación de Israel. De ellas la figura más pura es María (cf. Lc 1,38).

domingo, 14 de junio de 2009

CORPUS CHRISTI


Si la fiesta de Corpus Christi «no existiera, habría que inventarla» / Autor: Raniero Cantalamessa, ofmcap.Solemnidad del Santísimo Cuerpo y Sangre de CristoÉxodo 24, 3-8; Hebreos 9, 11-15; Marcos 14, 12-16. 22-26


¡En medio de vosotros hay uno a quien no conocéis!Creo que lo más necesario que hay que hacer en la fiesta del Corpus Domini no es explicar tal o cual aspecto de la Eucaristía, sino reavivar cada año estupor y maravilla ante el misterio. La fiesta nació en Bélgica, a principios del siglo XIII; los monasterios benedictinos fueron los primeros en adoptarla; Urbano IV la extendió a toda la Iglesia en 1264, parece también que por influencia del milagro eucarístico de Bolsena, hoy venerado en Orvieto (en la fotografia de la derecha el relicario).iesta? ¿Es que la Iglesia no recuerda la institución de la Eucaristía el Jueves Santo? ¿Acaso no la celebra cada domingo y, más aún, todos los días del año? De hecho, el Corpus Domini es la primera fiesta cuyo objeto no es un evento de la vida de Cristo, sino una verdad de fe: la presencia real de Él en la Eucaristía. Responde a una necesidad: la de proclamara solemnemente tal fe; se necesita para evitar un peligro: el de acostumbrarse a tal presencia y dejar de hacerle caso, mereciendo así el reproche que Juan Bautista dirigía a sus contemporáneos: «¡En medio de vosotros hay uno a quien no conocéis!».Esto explica la extraordinaria solemnidad y visibilidad que esta fiesta adquirió en la Iglesia católica. Por mucho tiempo la del Corpus Domini fue la única procesión en toda la cristiandad, y también la más solemne.Hoy las procesiones han cedido el paso a manifestaciones y sentadas (en general de protesta); pero aunque haya caído la forma exterior, permanece intacto el sentido profundo de la fiesta y el motivo que la inspiró: mantener despierto el estupor ante el mayor y más bello de los misterios de la fe. La liturgia de la fiesta refleja fielmente esta característica. Todos sus textos (lecturas, antífonas, cantos, oraciones) están penetrados de un sentido de maravilla. Muchos de ellos terminan con una exclamación: «¡Oh sagrado convite en el que se recibe a Cristo!» (O sacrum convivium), «¡Oh víctima de salvación!» (O salutaris hostia).Si la fiesta del Corpus Domini no existiera, habría que inventarla. Si hay un peligro que corren actualmente los creyentes respecto a la Eucaristía es el de banalizarla. En un tiempo no se la recibía con tanta frecuencia, y se tenían que anteponer ayuno y confesión. Hoy prácticamente todos se acercan a Ella... Entendámonos: es un progreso, es normal que la participación en la Misa implique también la comunión; para eso existe. Pero todo ello comporta un riesgo mortal. San Pablo dice: «Quien coma el pan o beba la copa del Señor indignamente, será reo del Cuerpo y de la Sangre del Señor. Examínese, pues, cada cual a sí mismo y después coma el pan y beba de la copa. Pues quien come y bebe sin discernir el Cuerpo, come y bebe su propio castigo».Considero que es una gracia saludable para un cristiano pasar a través de un período de tiempo en el que tema acercarse a la comunión, tiemble ante el pensamiento de lo que está apunto de ocurrir y no deje de repetir, como Juan Bautista: «¿Y Tú vienes a mí?» (Mateo, 3,14). Nosotros no podemos recibir a Dios sino como «Dios», esto es, conservándole toda su santidad y su majestad. ¡No podemos domesticar a Dios!La predicación de la Iglesia no debería tener miedo --ahora que la comunión se ha convertido en algo tan habitual y tan «fácil»-- de utilizar de vez en cuando el lenguaje de la epístola a los Hebreos y decir a los fieles: «Vosotros en cambio os habéis acercado a Dios juez universal..., a Jesús, Mediador de la nueva Alianza, y a la aspersión purificadora de una nueva sangre que habla mejor que la de Abel» (Hebreos 12, 22-24). En los primeros tiempos de la Iglesia, en el momento de la comunión, resonaba un grito en la asamblea: «¡Quien es santo que se acerque, quien no lo es que se arrepienta!».Uno que no se acostumbró a la Eucaristía y habla de Ella siempre con conmovido estupor era San Francisco de Asís. «Que tema la humanidad, que tiemble el universo entero, y el cielo exulte, cuando en el altar, en las manos del sacerdote, está el Cristo Hijo de Dios vivo... ¡Oh admirable elevación y designación asombrosa! ¡Oh humildad sublime! ¡Oh sublimidad humilde, que el Señor del universo, Dios e Hijo de Dios, tanto se humille como para esconderse bajo poca apariencia de pan!».Pero no debe ser tanto la grandeza y la majestad de Dios la causa de nuestro estupor ante el misterio eucarístico, cuanto más bien su condescendencia y su amor. La Eucaristía es sobre todo esto: memorial del amor del que no existe mayor: dar la vida por los propios amigos.

sábado, 13 de junio de 2009

TAN PEQUEÑO Y TAN HUMILDE PARA ENTRAR EN MI


"De este modo llegamos a reflexionar sobre la institución de la Eucaristía en la última Cena. Sucedió en el contexto de una cena ritual con la que se conmemoraba el acontecimiento fundamental del pueblo de Israel: la liberación de la esclavitud de Egipto. Esta cena ritual, relacionada con la inmolación de los corderos (Ex 12,1- 28.43-51), era conmemoración del pasado, pero, al mismo tiempo, también memoria profética, es decir, anuncio de una liberación futura. En efecto, el pueblo había experimentado que aquella liberación no había sido definitiva, puesto que su historia estaba todavía demasiado marcada por la esclavitud y el pecado.

El memorial de la antigua liberación se abría así a la súplica y a la esperanza de una salvación más profunda, radical, universal y definitiva. Éste es el contexto en el cual Jesús introduce la novedad de su don. En la oración de alabanza, la Berakah, da gracias al Padre no sólo por los grandes acontecimientos de la historia pasada, sino también por la propia « exaltación ». Al instituir el sacramento de la Eucaristía, Jesús anticipa e implica el Sacrificio de la cruz y la victoria de la resurrección. Al mismo tiempo, se revela como el verdadero cordero inmolado, previsto en el designio del Padre desde la fundación del mundo, como se lee en la primera Carta de San Pedro (cf. 1,18-20).

Situando en este contexto su don, Jesús manifiesta el sentido salvador de su muerte y resurrección, misterio que se convierte en el factor renovador de la historia y de todo el cosmos. En efecto, la institución de la Eucaristía muestra cómo aquella muerte, de por sí violenta y absurda, se ha transformado en Jesús en un supremo acto de amor y de liberación definitiva del mal para la humanidad.
Figura transit in veritatem
11. De este modo Jesús inserta su novum radical dentro de la antigua cena sacrificial judía. Para nosotros los cristianos, ya no es necesario repetir aquella cena. Como dicen con precisión los Padres, figura transit in veritatem: lo que anunciaba realidades futuras, ahora ha dado paso a la verdad misma. El antiguo rito ya se ha cumplido y ha sido superado definitivamente por el don de amor del Hijo de Dios encarnado. El alimento de la verdad, Cristo inmolado por nosotros, dat... figuris terminum.
[20] Con el mandato « Haced esto en conmemoración mía » (cf. Lc 22,19; 1 Co 11,25), nos pide corresponder a su don y representarlo sacramentalmente.

Por tanto, el Señor expresa con estas palabras, por decirlo así, la esperanza de que su Iglesia, nacida de su sacrificio, acoja este don, desarrollando bajo la guía del Espíritu Santo la forma litúrgica del Sacramento. En efecto, el memorial de su total entrega no consiste en la simple repetición de la última Cena, sino propiamente en la Eucaristía, es decir, en la novedad radical del culto cristiano. Jesús nos ha encomendado así la tarea de participar en su « hora ».

« La Eucaristía nos adentra en el acto oblativo de Jesús. No recibimos solamente de modo pasivo el Logos, sino que nos implicamos en la dinámica de su entrega ».
[21]) Él « nos atrae hacia sí ».[22] La conversión sustancial del pan y del vino en su cuerpo y en su sangre introduce en la creación el principio de un cambio radical, como una forma de « fisión nuclear », por usar una imagen bien conocida hoy por nosotros, que se produce en lo más íntimo del ser; un cambio destinado a suscitar un proceso de transformación de la realidad, cuyo término último será la transfiguración del mundo entero, el momento en que Dios será todo para todos (cf. 1 Co 15,28).
"


Benedicto XVI. Exhortación apostólica Sacrametum Caritatis


viernes, 12 de junio de 2009

RAFAEL Y SU VOCACIÓN


No cabe duda: Rafael está muy contento en Madrid haciendo su vida de estudiante y conociendo mundo. Es el mundo de la España de los años treinta, de la efervescencia de la II República y, ¡cómo no! del “progreso” (¿os suena?). También él parece que llegó a “adorar” un poco las nuevas posibilidades que le ofrecía la vida moderna. En aquellos tiempos, tenía con frecuencia ¡un coche! a su disposición y fijáos con que sencillez escribirá años más tarde confesando su pequeña “idolatría”:
“Yo también alguna vez allá en el mundo, corría por las carreteras de España, ilusionado de poner el marcador del automóvil a 120 kilómetros por hora... ¡Qué estupidez! Cuando me di cuenta de que el horizonte se me acababa, sufrí la decepción del que goza la libertad de la tierra..., pues la tierra es pequeña y, además, se acaba con rapidez” ("Libertad", 15 de diciembre de 1936, de Mi Cuaderno, en: Obras Completas 802).
En fin, que cuando llega la hora de pedir el ingreso en el monasterio, Rafael está tan contento de la vida, que le podrá escribir al Abad diciéndole que él no se hace monje porque la vida le ofrezca poco; le confiesa más bien con sinceridad y desparpajo que lo tiene todo:
“...no me mueve para hacer este cambio de vida, ni tristezas, ni sufrimientos, ni desilusiones y desengaños del mundo... Lo que éste me puede dar, lo tengo todo. Dios en su infinita bondad, me ha regalado en la vida, mucho más de lo que merezco... Por tanto, mi reverendo Padre, si me recibe en la comunidad con sus hijos, tenga la seguridad de que recibe solamente un corazón muy alegre y con mucho amor a Dios” (Carta a Don Félix Alonso García, Ávila, 19 de noviembre de 1933, en Obras Completas 81).
2. Total: que Rafael conoce la vida y está contento con ella. Sin embargo, hay algo que le inquieta profundamente en aquella sociedad tan satisfecha de sí misma, en la que a él le tocó vivir, y tan parecida a la nuestra de hoy. Aquel hombre joven, de alma de artista, dotado para el dibujo, para la pintura, para la música, para la pluma, para el volante, etc. sentía una llamada desde el fondo de todo eso y más allá de todo ello hacia un Amor indescriptible que le arrastra irresistiblemente hacia sí. Rafael echaba de menos un mundo más capaz de abrirse a Dios y menos cerrado en sí mismo y en sus conquistas. No se explica cómo es posible que los hombres vivan tan absortos con las cosas que ellos hacen y tan olvidados de aquel Amor que no pasa, del que provienen el ser y la vida. En definitiva, un corazón joven que no se conforma con las cosas de este mundo, por más hermosas e interesantes que sean. Lo eran, de hecho, para Rafael, pero no eran bastante.
Rafael era, por tanto, sensible al gran problema de nuestro tiempo, que es el olvido de Dios que la gente sufre con tanta frecuencia a causa de una visión de la vida centrada simplemente en lo que el ser humano puede conseguir o cree que puede conseguir. La tragedia de la vida moderna, que impide a los hombres “ver a Dios” y los hace esclavos del llamado “progreso”, la expresó un día Rafael con una especie de parábola que dice así:
“Yo me imagino a toda la humanidad en un gran valle..., inmenso y lleno de sol. Todos los hombres están en él; van y vienen, se mueven y gritan... Dios está en lo alto de una montaña desde donde se domina el valle, que es más inmenso que el mar... Los hombres y mujeres que están en él ven la cima del monte donde está Dios, pero a Él no le ven...
De la inmensa muchedumbre, que es toda la humanidad, llega hasta la cumbre del monte donde está Dios un clamor como un trueno... Son las conversaciones de los hombres, su música mezclada a gritos de combate, ayes de dolor y de alegría, retumbar de tambores, pitidos de fábricas, motores eléctricos, gritos de las plazas y de los circos, millones y millones de discusiones, conversaciones, conferencias, cines y teatros; todo ese griterío capaz de enloquecer a quien no fuese Dios, llega hasta la cumbre del monte..., pero allí se para; Dios no lo oye. Todo ese ruido lo desdeña, le ofende y no lo oye... Entonces ¿qué escucha? ¿Por qué Dios no barre de un soplo toda esa muchedumbre de gente, que no hace más que un ruido insoportable?... Parece que a Dios algo le detiene... Algo escucha complacido. ¿Es un murmullo? No... apenas se oye... Entonces, ¿qué es?...
Nos ponemos a mirar detenidamente a los hombres del valle y vemos que algunos no gritan, no discuten, no corren ni pegan martillazos... ¿Qué hacen? Parece que no hacen nada... Están en silencio y de rodillas... Los demás los miran y se extrañan; les estorban algunas veces en su camino, y o se burlan de ellos o los quitan de enmedio... Pero ellos siguen en silencio y siguen de rodillas... Entonces vamos a ellos y les preguntamos, ¿qué hacéis? ¿Por qué no [os] unís a nosotros, en el progreso, en la civilización?... Y entonces ellos nos dicen: Calla, hermano, no metas ruido, que estoy hablando a Dios...” ("Apología del trapense", septiembre de 1934, en: Obras Completas 271).
El “progreso” sin Dios es “ruido” que aturde, no a Dios, sino a los hombres. En cambio, algunos que parece que no hacen nada, por estar de rodillas y en silencio ante Él, son precisamente quienes se hacen clarividentes y tienen la clave del futuro de la Humanidad. Por aquellos mismos días, Rafael hacía en Oviedo una experiencia que él cuenta así:
“Cuando salí de la iglesia, era de noche. No quise dirigir mis pasos al centro de la ciudad, y me encaminé a los barrios extremos... En ellos se ve lo de siempre: pobreza material y moral... Las casas, sucias y negras, dejaban ver de vez en cuando el interior mal alumbrado de las habitaciones, olor a polvo y humedad; mujeres desgreñadas chillando a los chiquillos que juegan en el arroyo... Las calles mal alumbradas y sucias; los comercios se reducen a casas donde se vende nada más que lo indispensable..., pan y alpargatas. De vez en cuando, una taberna de la que se desprende un olor a tabaco, a vino y a comida barata. Todo esto debajo de un cielo encapotado y sin estrellas...
Esto es el pueblo, el pueblo pobre, donde el hambre es una cosa corriente, y a donde los habitantes del centro de la ciudad, no quieren venir, porque la miseria les molesta. Allí hay comercios de lujo, las casas tienen un portero y ascensor; hay anuncios luminosos en los teatros, y los coches brillantes y limpios se pueden deslizar por el asfalto sin llenarse de barro y sin tropezar con chiquillos que juegan en el arroyo.
Y, sin embargo, tanto los pobres como los ricos son hijos de Dios, todos tienen las mismas miserias y los mismos pecados..., pero algún día, cuando Dios juzgue, ¡qué sorpresas nos vamos a llevar!! La desesperación del que tiene hambre se puede justificar, pero el egoísmo del que tiene dinero, y los pobres le molestan, eso no tiene perdón.
Si a Dios le olvidan los de arriba, ¿por qué nos extrañamos que se rebelen los que están abajo?... No hay que ir al pobre a predicarle paciencia y resignación, sino que hay que ir al rico y decirle, que si no es justo y no da lo que tiene, la ira de Dios caerá sobre él.
Al ir caminando por estos barrios, muchos pensamientos me asaltaban de indignación y de vergüenza. Cuanto más se le destierre a Dios de la sociedad, habrá más miseria, y si en un pueblo que se llama cristiano, las criaturas se odian por razón de castas, de intereses, y se separan en barrios ricos y pobres, ¿qué pasará el día que el nombre de Dios sea maldecido por unos y por otros?... Si al pobre le quitan la idea de Dios, ya no le queda nada; su desesperación es justificable, su odio a los ricos es natural, su deseo de revolución y anarquía es lógico; y si al rico la idea de Dios le estorba, y no hace caso de los preceptos del evangelio y las enseñanzas de Jesús..., entonces que no se queje, y si su egoísmo le impide acercarse al pobre, no se extrañe que éste pretenda arrebatarle a la fuerza lo que tiene.
Al ver la sociedad tal como está hoy día, ¿quién es el cristiano que no le duele el alma, el verla en tal estado?... Cuando pienso que todos los conflictos sociales, todas las diferencias se allanarían si mirásemos un poco hacia ese Dios que tan abandonado estaba en la iglesia que yo acababa de visitar... Cuando pienso, al ver el espectáculo que presentan los hombres, que los odios y las envidias, los egoísmos y las mentiras, desaparecerían si mirásemos a Dios... Cuando veo tan fácil la solución para que los hombres sean felices, pero éstos, ciegos o locos no lo quieren ver..., entonces no puedo menos de exclamar: Señor..., Señor, mira a tu pueblo que sufre... Los hombres no son malos, Señor..., pero si Tú les abandonas, ¿quién podrá, Señor, subsistir?... ¿Qué podemos hacer nosotros solos? Nada; absolutamente nada... Si Tú apartases tu mirada del mundo por un solo instante, el mundo se hundiría en el «caos»... Perdónanos, Señor.” ("Apología del trapense", en Obras Completas 267-269).
Pocos días después de que Rafael hubiera escrito estas reflexiones, Oviedo fue arrasada por la revolución de octubre de 1934, preludio de la Guerra Civil española y, también, de la Segunda Guerra Mundial. Adorar el “progreso”, sea del tipo que fuere: material o cultural, de un signo político o de otro, es ponerse en el camino del fracaso y de la catástrofe. Rafael se percató bien de ello. Y se hizo el propósito firme de no adorar más que al Creador de todos.


Catequesis para jóvenes Mons. Martínez Camino.

J.M.J Colonia