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Comunidad de Sta. M. del Atlas, días antes del martirio |
A modo de pinceladas: Lo que me queda y ayuda
Después de ver la Película siento bueno volver sobre la misma y destacar aquellos aspectos que me ayudan para la reflexión y para la vida personal y comunitaria.
EL TITULO: “DE DIOSES Y HOMBRES” me resulta muy sugerente. Sintetiza muy bien la trama en que discurre la película. De los protagonistas me llega su ser hombres de carne y hueso, que viven la experiencia de la debilidad humana, con su propio carácter, sus limitaciones, la lucha interior, dudas, miedos, la tentación de abandonar, de huir ante el peligro; así como el proceso de cambio interior que se va dando a partir de la oración, la ayuda mutua, el discernimiento personal y comunitario. De hombres y Dioses, no solo el Dios de los cristianos y el de los musulmanes sino también en cada monje, en los que vive ese doble aspecto de fortaleza y debilidad, ese sentirse frágiles y a la vez fuertes en su debilidad, arraigados en Jesucristo a quien han entregado su vida para los demás desde su consagración. Tal como aparece en la conversación entre el Superior y el más reticente a quedarse: “Tu vida, que temes perder, ya la has entregado, no te pertenece”.
1. Desde el punto de vista eclesial y/o de vida consagrada veo en esta comunidad un ejemplo de vida monástica viva, actual, renovada, encarnada:
• Comunidad de trapenses que, sin dejar de ser lo que son – contemplativos, de clausura – viven una misión de presencia comunitaria admirable en medio de una cultura totalmente diferente, la musulmana. Una inserción evangelizadora desde lo que son - subrayando más - en su estilo de vida y de acción - el aspecto contemplativo, de oración para la vida y la misión, que el de la clausura, como expresión de ruptura con el mundo. Viven encarnados en la realidad, metidos en el mundo como fermento, como levadura en la masa, como sal disuelta para dar sabor a lo que toca.
• El diálogo inter-religioso - tema de tanta actualidad , lo realizan en la vida misma, en lo cotidiano. Asisten, como uno más, a las celebraciones musulmanas que se les invita, escuchan, aconsejan, ayudan sin prejuicios religiosos; sobre la misma mesa de trabajo, la Biblia y el Corán, junto a otros libros de consulta y estudio.
2. Desde el punto de vista de vida personal y comunitaria son para mí ejemplo vivo y espejo donde mirarse:
• Relaciones humanas profundas, maduras, donde libremente pueden expresar no sólo lo que piensan sus diferentes posturas a la hora de ver las cosas, sino también la expresión de los sentimientos más hondos, negativos y positivos, que cada uno vive: duda, miedo, temor; y también apoyo, respeto, libertad, ayuda…
• Profunda comunión hecha de ayuda mutua y de respeto al momento vital de cada uno. Nada de lo que vive el otro les era indiferente sino que les afecta a todos. El amor verdadero “duele”.
• Saben disculpar las reacciones desproporcionadas, los malos modales, los encontronazos. Así lo expresa uno de ellos cuando su compañero se marcha de malas formas diciendo: “Vete a la ….” A lo que el otro responde: “Le entiendo; está cansado”
• El discernimiento que diariamente viven – tanto a nivel personal como comunitario- (se ve claramente el cambio interior que cada uno va haciendo desde la duda a permanecer o marcharse, pasando por la inseguridad, el rechazo, el miedo a la muerte, hasta llegar a la aceptación del posible martirio). ¡Qué bien se perciben las actitudes propias del proceso mismo en un discernimiento comunitario!:
*Escucharse uno a otro en silencio acogedor..
*Valorar lo que cada uno vive sin comentarios…
*Saber esperar el tiempo que sea necesario…
*Llevar el tema de discernimiento a la oración…
*Volver a reunirse las veces que necesiten para expresarse en libertad…
*Escucharse de nuevo antes de tomar ninguna decisión.
• Asumen la vida tal como va viniendo en el hoy de la propia existencia - personal y comunitaria - afrontando juntos el destino común: Entregar día a día su vida al Señor cerca y a favor de aquellos entre los que viven y con quienes conviven.
3.- A nivel de montaje…de efectos:
• El director -Xavier Beauvois – utiliza y resalta especialmente el “choque”, el contraste, el impacto que produce el pasar bruscamente del silencio de la oración, la calma, la belleza de la melodía en el canto de los monjes, el sosiego, la paz interior y del ambiente dentro del monasterio, de la capilla, del comedor, con el ruido estridente del exterior, gritos, violencia, los motores de los coches, los camiones, el helicóptero….Da pie para preguntarse: ¿Realmente quienes son los “fuertes”, quien es el que gana de verdad?. Llamada a entrar en la sabiduría del “perder” para “ganar” que nos indica Jesús con su enseñanza y con su vida.
• Destaca la fuerza de los gestos, de los sentimientos, más allá de las palabras (muchos diálogos sin apenas palabras), la fuerza de la mirada personal de cada uno a cada otro, la sonrisa, el gesto de asentimiento con la cabeza, que ayudan a despertar los sentimientos más hondos y facilita el poder compartirlos
• Especialmente elocuente sin palabras la escena de la última cena: Juntos bebiendo de la “copa” el vino, que saborean lentamente, como queriendo encajar, asumir, aceptar el ¿podéis beber el cáliz’. Mirada prolongada de cada uno hacia todos, lágrimas silenciosas, junto a la sonrisa que deja transparentar la paz que viven en medio del dolor; la serenidad, la aceptación, la comunión, la fortaleza, el ¡Estamos dispuestos! ¡Hágase tu voluntad!.
4.- El papel tan importante del prior, Christian
• Acompañamiento y seguimiento personal que tiene con todos y cada uno de ellos teniendo en cuenta el momento, su situación vital.
• Escenas en las que se le ve buscando el silencio, la soledad, la oración, el encuentro con Dios en la naturaleza…espejo de la grandeza de Dios.
• Preciosa y emotiva la escena en la que contempla la grandiosidad, altura de los árboles, la robustez de su tronco mientras lo toca. Su caminar abriéndose paso entre el rebaño de ovejas… Evoca al Buen Pastor.
• Sentado en la piedra contemplando la inmensidad del lago, la expresión de su rostro, su mirada hacia el infinito y hacia dentro, cerrando los ojos expresa la fuerza de sus sentimientos.
• ¡Todo un simbolismo del mensaje que nos quiere transmitir! En tiempos recios, en tiempo de dificultad y de discernimiento, tenemos que - como el árbol – permanecer bien enraizados en Cristo y experimentar su fuerza en nuestra debilidad, que nos permita afrontar la dureza de la vida, para poder ser, a la vez, Buen Pastor del rebaño confiado.
F.M. p.m.