viernes, 4 de marzo de 2011

PIER GIORGIO FRASSATI

Cuando sus amigos le preguntaban por qué viajaba en tercera clase, Pier Giorgio Frassati respondía que porque no había cuarta.



Y no era por dinero; de hecho, le sobraba el dinero -su padre era el director de La Stampa y un influyente hombre de la sociedad turinesa, sino porque todo lo que tenía se lo daba a los pobres y enfermos de los barrios bajos. Los mismos que, el día de su funeral, colapsaron las calles de Turín y, poco después, pidieron su beatificación.

Llegó -la beatificación- 65 años después, el 20 de mayo de 1990. Durante la ceremonia el papa Juan Pablo II describió a Pier Giorgio Frassati como “el hombre de nuestro siglo, el hombre moderno, el hombre que amó mucho”.

Porque la vida de Frassati, aunque breve (murió a los 24 años), destiló amor por los cuatro costados.

Amor hacia una familia que no le puso las cosas fáciles, amor hacia los verdaderos amigos, amor hacia los pobres y los que sufren, amor por la vida y amor a Dios. Su historia empezó el 6 de abril de 1901. Frassati nació en una familia acomodada en la que se hablaba poco o nada de Dios: su madre era una pintora católica poco practicante y su padre un agnóstico, fundador del diario liberal La Stampa.

Después de recibir clases particulares en casa y de unos años en la escuela estatal, llegó a un colegio de jesuitas. Allí desarrolló una intensa vida espiritual -misa y comunión diarias- y allí se unió a la Congregación Mariana. A los 17 años, decidido a estudiar Ingeniería de Minas para “servir a Cristo entre los mineros”, ingresó en la sociedad San Vicente de Paúl.

Desde entonces dedicó la mayor parte de su tiempo libre a visitar enfermos y necesitados, cuidó a los huérfanos y a los heridos de la Primera Guerra Mundial y hasta acompañó a un sacerdote dominico que daba catequesis en los barrios obreros. Más que acompañar, lo que hacía Pier Giorgio era escoltar al padre y protegerlo de los frecuentes ataques de grupos comunistas, de los que alguna que otra vez tuvo que salir a golpes.

No fueron las únicas peleas del turinés. Ya en la Universidad, y molesto por el ambiente anticlerical, decide promover actividades espirituales y cuelga en el tablón de anuncios una invitación para ir a la adoración nocturna. Los comunistas se agrupan para arrancar la provocación de Pier Giorgio y este se planta delante del tablón para defender su derecho a expresarse libremente. El panel quedó completamente destrozado tras la pelea.

Y hubo más; cuando el fascismo llegó a su apogeo, Pier Giorgio no dudó en criticar la nueva ideología, consciente de su carácter anticatólico. Tan conocido fue su rechazo al régimen de Mussolini que un domingo, mientras comía con su madre, su casa fue asaltada por un grupo de fascistas que, bates en mano, pretendía destrozarlo todo. Frassati arrancó el bate a uno de los agresores y se enfrentó a ellos hasta que decidieron huir.

Una caja de medicinas

Comprometido socialmente, se unió a la Federación de Estudiantes Católicos y a Acción Católica y militó en el Partido Popular, desde donde recordó que la caridad no era suficiente, había que acometer una reforma social.

Mientras esperaba la reforma, Pier Giorgio recorría las calles turinesas empujando los carros llenos de bártulos de los desfavorecidos que buscaban casa o llevando medicinas, incluso en vacaciones. Cuando toda su familia se marchaba a la casa de verano de Pollone, Frassati se quedaba en Turín y decía: “Si todo el mundo abandona la ciudad, ¿quién se encargará de los pobres?”. Conocido como el hombre de las bienaventuranzas, Juan Pablo II dijo que su vida fue una constante dedicación al prójimo.

Lejos de ser un joven aburrido, Pier Giorgio aprovechaba su intensa vida social para evangelizar a sus amigos, una pandilla conocida como Los tipos sospechosos, y los animaba a ir con él a visitar a los pobres.

“Cada día comprendo más la gracia de ser católico. Vivir sin fe, sin un patrimonio que defender, no es vivir, sino ir tirando”, solía decir.

El tiempo que no pasaba estudiando o ayudando a los demás lo dedicaba a salir a la montaña, una de sus pasiones, o a asistir al teatro. Vitalista y guapo, su capacidad de liderazgo asombró a no pocos adultos que lo trataron, como el sacerdote Stanislaus Gillet, futuro guía de la orden dominica: “Parecía irradiar una fuerza de atracción. Todo en él brillaba de alegría”.

Con 24 años uno de los enfermos a los que atendía le contagió la poliomielitis y seis días después murió. El día de su muerte, el 4 de julio de 1925, fue el más triste para sus padres, pero también fue el día en el que, de verdad, supieron quién era su hijo.

Cuando se dirigían a celebrar el funeral, vieron las calles de Turín atestadas de gente, de pobres y marginados, que gritaban todo lo que Pier Giorgio había hecho por ellos. Ese día los pobres descubrieron que aquel que tanto les había ayudado era un joven rico. Ese día, también, los más poderosos de Turín supieron de la asombrosa caridad del joven Frassati.

Justo antes de morir, ya con una mano paralizada por la enfermedad, pidió que le acercaran una caja de medicinas y en ella escribió una dirección. Era la de la casa en la que vivía el enfermo al que había que llevar la inyección, que no podía quedarse sin ella, aunque Pier Giorgio ya no viviera para atenderlo.

4 comentarios:

Angelo dijo...

Hace tiempo tengo en mente postear sobre él. Conocí su vida durante mi estancia en Roma. Me he alegrado mucho de que lo hayas traido a tu blog.Un abrazo

Anónimo dijo...

Os aconsejo la lectura del libro “los días de su vida”: biografía de Pier Giorgio escrita por su hermana. Una maravilla!!! De esos santos “como a lo tonto”. Atrae la sencillez y la humildad heroica de este joven, unida a una alegría desbordante (a pesar, o gracias a, muchas dificultades, y la enfermedad que acabó con su vida) que no perdió en ningún momento (ni siquiera cuando recibía los continuos desprecios de su padre o de su madre), su capacidad de amistad (humana y divina), su modo de vivir una pobreza radical hasta en las más pequeñas cosas para poder ayudar de ese modo a los más pobres (y eso que era de una familia noble y muy adinerada…). Un joven “imán”, porque atrae irresistiblemente con su ejemplo… Realmente te enamora y te deja enamorado de Jesús…
Ojalá lo podías leer y disfrutéis con su lectura (y os aprovechéis de su enseñanza y ejemplo.

Otra cosita: que yo conozca al menos hay dos sitos web dedicados a él (en español):
http://www.pgfrassati.com.ar/
http://www.piergiorgiofrassati.org/
Que Dios os bendiga
P. Álvaro msp

Miriam dijo...

No lo conocía.
Me encanta aprender de la vida de estos amigos del Señor. Y darme cuenta de que hay tantos y tan diversos¡¡
Gracias

Javier Vicens y Hualde dijo...

No te acostarás sin conocer a un santo más. ¡Gracias!