domingo, 6 de junio de 2010

CORPUS CHRISTI


El Evangelio que nos regala la Iglesia para esta solemnidad del Corpus Christi es estupendo para poder caer en la cuenta de que los planes de Dios no son los de los hombres. Os ruego que hagáis una lectura serena y os detengáis en la reacción de los discípulos, y en la de Jesús; a los discípulos, cuando llega el atardecer, se les acabaron las ideas y buscaron una solución fácil, bastante cómoda, y es que, como no se puede hacer nada, puesto que estamos en descampado, que la gente se vaya a sus casas, que se apañen como puedan... ¡Cuánto se parece aquella situación a nuestros días! Por otra parte, está Jesús que les ofrece a los discípulos una solución comprometedora, les implica en la vida de su prójimo diciéndoles: «Dadles vosotros de comer». Entonces es cuando ellos descubren que hay posibilidades, aunque sean pocas, pero las hay: «No tenemos mas que cinco panes y dos peces».

La pedagogía del Señor es determinante, la misma que utiliza con nosotros hoy.Si ese primer momento, cuando abre el corazón de los discípulos a los que le rodeaban, fue bello por todo lo que supone ayudar al hermano, el segundo momento de Jesús es fantástico, porque Jesús da de comer a ese gentío de una manera extraordinaria, aunque no acaba ahí el sentido. En la narración, el evangelista san Lucas desvela el sentido profundo del relato y cómo se resalta el contexto eucarístico. El evangelista está muy concienciado de esta dimensión y nos lleva a observar que los comensales compartieron con sencillez y alegría aquella mesa común. Se trata de una característica esencial para la Iglesia naciente, esencial en la experiencia del evangelista, porque lo destaca también en los Hechos de los Apóstoles al describir cómo los que habían acogido la fe, «partían el pan por las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón». La Eucaristía impulsa a la comunidad de los discípulos hacia ese horizonte fraterno que estamos llamados a vivir como don y tarea permanente.

Potenciando el sentido teológico, podemos decir que la Eucaristía infunde en los convidados la caridad de Cristo que vino a buscar lo que estaba perdido, a reunir a los hijos de Dios dispersos y a dar un puesto de honor a los más vulnerables e indefensos. La fe, lejos de dividir, aúna a todos en Cristo, pues en Él ha de ser todo reconciliado, según el designio divino. En la escena de la fracción del pan, Cristo sigue lavándonos los pies y alimentándonos con su Cuerpo, para que encontremos alegría en el servicio al hermano; es el lugar de la más plena integración fraterna. A esta esperanza estamos convocados: saber que es posible la civilización del amor...


+ José Manuel Lorca Planes

obispo de Cartagena y A.A. de Teruel y Albarracín

2 comentarios:

Javier Vicens y Hualde dijo...

¡Felicidades por el Corpus y por todo!

Germán dijo...

Queridos hermanos:
Ante tanto derroche de amor, pues Dios no se reserva nada para sí, nos lo entrega todo, postrémonos en adoración al paso por las calles de nuestro pueblo del Santísimo Sacramento.
El es el PAN DE VIDA. Llenémonos de admiración y de fervor ante este MISTERIO de la Misericordia. Misericordia gratuita, regalada, dada.
Solo EL AMOR puede dar AMOR.
Disfrutemos y emocionémonos viendo cómo Jesús Eucaristía sale a nuestro encuentro, a buscarnos personalmente, a tocar, a sanar, a colmar de felicidad y alegría cada corazón por muy roto o descosido que esté.
Yo quiero tocar su manto o colocarme a lo alto de una higuera para verlo pasar o tal vez estando sentado recaudando impuestos. Quiero arremolinarme como los niños a su lado para escucharle hablar, me da igual cómo, solo quiero estar junto a Él. Pero lo quiero hacer junto a los míos, junto a mi familia, junto a mis hermanos.
Qué grande y qué maravilloso es nuestro Rey, nuestro Señor.
Alabado sea Jesucristo!!