Todavía resuenan estas palabras en los que tuvimos la gracia de escucharlas de sus labios allí:
Beato Juan Pablo II, ruega por nosotros.
Dios ha querido darnos el regalo de hacernos sus hijos. Nos ha regalado la Iglesia, comunidad que le hace presente en medio de este mundo: ESTA ES NUESTRA CASA. Blog de la Parroquia de San Juan Evangelista Sonseca (Toledo)
viernes, 31 de agosto de 2012
miércoles, 29 de agosto de 2012
martes, 28 de agosto de 2012
S. AGUSTÍN DE HIPONA
San Agustín es doctor de la Iglesia, y el más grande de los Padres de la Iglesia, escribió muchos libros de gran valor para la Iglesia y el mundo.
Nació el 13 de noviembre del año 354, en el norte de África. Su madre fue Santa Mónica. Su padre era un hombre pagano de carácter violento.
Santa Mónica había enseñado a su hijo a orar y lo había instruido en la fe. San Agustín cayó gravemente enfermo y pidió que le dieran el Bautismo, pero luego se curó y no se llegó a bautizar. A los estudios se entregó apasionadamente pero, poco a poco, se dejó arrastrar por una vida desordenada.
A los 17 años se unió a una mujer y con ella tuvo un hijo, al que llamaron Adeodato.
Estudió retórica y filosofía. Compartió la corriente del Maniqueísmo, la cual sostiene que el espíritu es el principio de todo bien y la materia, el principio de todo mal.
Diez años después, abandonó este pensamiento. En Milán, obtuvo la Cátedra de Retórica y fue muy bien recibido por San Ambrosio, el Obispo de la ciudad. Agustín, al comenzar a escuchar sus sermones, cambió la opinión que tenía acerca de la Iglesia, de la fe, y de la imagen de Dios.
Santa Mónica trataba de convertirle a través de la oración. Lo había seguido a Milán y quería que se casara con la madre de Adeodato, pero ella decidió regresar a África y dejar al niño con su padre.
Agustín estaba convencido de que la verdad estaba en la Iglesia, pero se resistía a convertirse.
Comprendía el valor de la castidad, pero se le hacía difícil practicarla, lo cual le dificultaba la total conversión al cristianismo. Él decía: “Lo haré pronto, poco a poco; dame más tiempo”. Pero ese “pronto” no llegaba nunca.
Un amigo de Agustín fue a visitarlo y le contó la vida de San Antonio, la cual le impresionó mucho. Él comprendía que era tiempo de avanzar por el camino correcto. Se decía “¿Hasta cuándo? ¿Hasta mañana? ¿Por qué no hoy?”. Mientras repetía esto, oyó la voz de un niño de la casa vecina que cantaba: “toma y lee, toma y lee”. En ese momento, le vino a la memoria que San Antonio se había convertido al escuchar la lectura de un pasaje del Evangelio. San Agustín interpretó las palabras del niño como una señal del Cielo. Dejó de llorar y se dirigió a donde estaba su amigo que tenía en sus manos el Evangelio. Decidieron convertirse y ambos fueron a contar a Santa Mónica lo sucedido, quien dio gracias a Dios. San Agustín tenía 33 años.
San Agustín se dedicó al estudio y a la oración. Hizo penitencia y se preparó para su Bautismo. Lo recibió junto con su amigo Alipio y con su hijo, Adeodato. Decía a Dios: “Demasiado tarde, demasiado tarde empecé a amarte”. Y, también: “Me llamaste a gritos y acabaste por vencer mi sordera”. Su hijo tenía quince años cuando recibió el Bautismo y murió un tiempo después. Él, por su parte, se hizo monje, buscando alcanzar el ideal de la perfección cristiana.
Deseoso de ser útil a la Iglesia, regresó a África. Ahí vivió casi tres años sirviendo a Dios con el ayuno, la oración y las buenas obras. Instruía a sus prójimos con sus discursos y escritos. En el año 391, fue ordenado sacerdote y comenzó a predicar. Cinco años más tarde, se le consagró Obispo de Hipona. Organizó la casa en la que vivía con una serie de reglas convirtiéndola en un monasterio en el que sólo se admitía en la Orden a los que aceptaban vivir bajo la Regla escrita por San Agustín. Esta Regla estaba basada en la sencillez de vida. Fundó también una rama femenina.
Fue muy caritativo, ayudó mucho a los pobres. Llegó a fundir los vasos sagrados para rescatar a los cautivos. Decía que había que vestir a los necesitados de cada parroquia. Durante los 34 años que fue Obispo defendió con celo y eficacia la fe católica contra las herejías. Escribió más de 60 obras muy importantes para la Iglesia como “Confesiones” y “Sobre la Ciudad de Dios”.
Los últimos años de la vida de San Agustín se vieron turbados por la guerra. El norte de África atravesó momentos difíciles, ya que los vándalos la invadieron destruyéndolo todo a su paso.
A los tres meses, San Agustín cayó enfermo de fiebre y comprendió que ya era el final de su vida. En esta época escribió: “Quien ama a Cristo, no puede tener miedo de encontrarse con Él”.
Murió a los 76 años, 40 de los cuales vivió consagrado al servicio de Dios.
Con él se lega a la posteridad el pensamiento filosófico-teológico más influyente de la historia.
Murió el año 430.
¿Qué nos enseña su vida?
A pesar de ser pecadores, Dios nos quiere y busca nuestra conversión.
Aunque tengamos pecados muy graves, Dios nos perdona si nos arrepentimos de corazón.
El ejemplo y la oración de una madre dejan fruto en la vida de un hijo.
Ante su conflicto entre los intereses mundanos y los de Dios, prefirió finalmente los de Dios.
Vivir en comunidad, hacer oración y penitencia, nos acerca siempre a Dios.
A lograr una conversión profunda en nuestras vidas.
A morir en la paz de Dios, con la alegría de encontrarnos pronto con Él.
Nació el 13 de noviembre del año 354, en el norte de África. Su madre fue Santa Mónica. Su padre era un hombre pagano de carácter violento.
Santa Mónica había enseñado a su hijo a orar y lo había instruido en la fe. San Agustín cayó gravemente enfermo y pidió que le dieran el Bautismo, pero luego se curó y no se llegó a bautizar. A los estudios se entregó apasionadamente pero, poco a poco, se dejó arrastrar por una vida desordenada.
A los 17 años se unió a una mujer y con ella tuvo un hijo, al que llamaron Adeodato.
Estudió retórica y filosofía. Compartió la corriente del Maniqueísmo, la cual sostiene que el espíritu es el principio de todo bien y la materia, el principio de todo mal.
Diez años después, abandonó este pensamiento. En Milán, obtuvo la Cátedra de Retórica y fue muy bien recibido por San Ambrosio, el Obispo de la ciudad. Agustín, al comenzar a escuchar sus sermones, cambió la opinión que tenía acerca de la Iglesia, de la fe, y de la imagen de Dios.
Santa Mónica trataba de convertirle a través de la oración. Lo había seguido a Milán y quería que se casara con la madre de Adeodato, pero ella decidió regresar a África y dejar al niño con su padre.
Agustín estaba convencido de que la verdad estaba en la Iglesia, pero se resistía a convertirse.
Comprendía el valor de la castidad, pero se le hacía difícil practicarla, lo cual le dificultaba la total conversión al cristianismo. Él decía: “Lo haré pronto, poco a poco; dame más tiempo”. Pero ese “pronto” no llegaba nunca.
Un amigo de Agustín fue a visitarlo y le contó la vida de San Antonio, la cual le impresionó mucho. Él comprendía que era tiempo de avanzar por el camino correcto. Se decía “¿Hasta cuándo? ¿Hasta mañana? ¿Por qué no hoy?”. Mientras repetía esto, oyó la voz de un niño de la casa vecina que cantaba: “toma y lee, toma y lee”. En ese momento, le vino a la memoria que San Antonio se había convertido al escuchar la lectura de un pasaje del Evangelio. San Agustín interpretó las palabras del niño como una señal del Cielo. Dejó de llorar y se dirigió a donde estaba su amigo que tenía en sus manos el Evangelio. Decidieron convertirse y ambos fueron a contar a Santa Mónica lo sucedido, quien dio gracias a Dios. San Agustín tenía 33 años.
San Agustín se dedicó al estudio y a la oración. Hizo penitencia y se preparó para su Bautismo. Lo recibió junto con su amigo Alipio y con su hijo, Adeodato. Decía a Dios: “Demasiado tarde, demasiado tarde empecé a amarte”. Y, también: “Me llamaste a gritos y acabaste por vencer mi sordera”. Su hijo tenía quince años cuando recibió el Bautismo y murió un tiempo después. Él, por su parte, se hizo monje, buscando alcanzar el ideal de la perfección cristiana.
Deseoso de ser útil a la Iglesia, regresó a África. Ahí vivió casi tres años sirviendo a Dios con el ayuno, la oración y las buenas obras. Instruía a sus prójimos con sus discursos y escritos. En el año 391, fue ordenado sacerdote y comenzó a predicar. Cinco años más tarde, se le consagró Obispo de Hipona. Organizó la casa en la que vivía con una serie de reglas convirtiéndola en un monasterio en el que sólo se admitía en la Orden a los que aceptaban vivir bajo la Regla escrita por San Agustín. Esta Regla estaba basada en la sencillez de vida. Fundó también una rama femenina.
Fue muy caritativo, ayudó mucho a los pobres. Llegó a fundir los vasos sagrados para rescatar a los cautivos. Decía que había que vestir a los necesitados de cada parroquia. Durante los 34 años que fue Obispo defendió con celo y eficacia la fe católica contra las herejías. Escribió más de 60 obras muy importantes para la Iglesia como “Confesiones” y “Sobre la Ciudad de Dios”.
Los últimos años de la vida de San Agustín se vieron turbados por la guerra. El norte de África atravesó momentos difíciles, ya que los vándalos la invadieron destruyéndolo todo a su paso.
A los tres meses, San Agustín cayó enfermo de fiebre y comprendió que ya era el final de su vida. En esta época escribió: “Quien ama a Cristo, no puede tener miedo de encontrarse con Él”.
Murió a los 76 años, 40 de los cuales vivió consagrado al servicio de Dios.
Con él se lega a la posteridad el pensamiento filosófico-teológico más influyente de la historia.
Murió el año 430.
¿Qué nos enseña su vida?
lunes, 27 de agosto de 2012
¿SER BUENO O SER SANTO?
En el lenguaje común, se llama “bueno”al que no es malo. Al que no roba, no mata, no miente,
paga los impuestos, acata las normas de circulación, es educado, sonríe, trabaja con seriedad, es puntual, cede el asiento a los ancianos y embarazadas, tira la basura en las papeleras, respeta a los demás, sostiene argumentos éticos y morales, mima a los animales, da limosna a personas necesitadas,
es higiénico…
Según esos parámetros de bondad, EL MUNDO ESTÁ LLENO DE PERSONAS BUENAS que, además, tienen aspecto agradable. Sí, es cierto, muchos buenos son también guapos y exitosos y, por si eso no fuera suficiente, algunos además son creyentes y practicantes de la fe: van a misa, rezan, se casan por la Iglesia, bendicen la mesa y aplauden al Papa.
¡Una pasada!.
Con ese perfil, muchos de nosotros -yo hasta hace poco- podemos considerarnos “buenos”. ¡Qué bien, pertenecer al inmenso club de los “buenos”, claramente mejores que los “malos”!
Y la pregunta surge de nuevo:
¿PARA QUE INCOMODAR A UN BUENO HABLÁNDOLE DE DIOS? ¿Lo necesita?
Todo hace sospechar que no lo necesita para nada, tanto si lo conoce como si lo ignora. Se puede ser “bueno” sin Dios. Los malos, por su parte, son fácilmente identificables: porque mienten, roban, violan, matan, discuten, gritan, oprimen, propagan ideas inmorales, son maleducados, sucios, traicioneros, egoístas, vanidosos…. ¡y se les nota! Porque los malos suelen ser también feos. Su peinado, su mirada,
su modo de caminar, sus gestos, sus carcajadas… todo es feo.Uf… ¡qué suerte no ser “malo”,qué suerte ser de los “buenos” (y guapos)! “Ellos son malos, yo soy bueno”…Así piensa una “buena persona” que se compare con los malos, para tranquilizar su conciencia y caminar satisfecho por la vida,
encontrando motivos para dar lecciones a los demás, a esos que sí necesitan a Dios. No a cualquier otro argumento sólidoque les zarandee, para reorientar su vida y dejar de amargar la existencia al resto.
ASÍ PUEDES IR POR LA VIDA, DE BUENO, HASTA QUE UN DÍA CONOCES A ALGUIEN QUE ES SANTO... Y TODO CAMBIA.
Alguien cuya referencia y aspiración de bondad ESTÁ EN LA BONDAD INFINITA DE DIOS,que excede completamente del nivel chato y superficial que separa el club de los buenos del club de los malos, alguien que deja a la altura del ridículo una nota de aprobado en bondad, porque aspira a matrícula de honor. ALGUIEN QUE SE PROPONE AMAR SIN CONDICIONES, A TODOS, SIEMPRE. Como nos ama Dios, único de quien podemos decir con propiedad que es BUENO, LA BONDAD, EL BIEN.
Por eso Dios ama a todos Y SE PONE AL SERVICIO DE TODOS, sin distinguir entre buenos y malos.
Porque Él sí es bueno. Te pones junto a un santo… luego miras tu propia vida…y entonces descubres
que tú no eres “bueno”, sino solamente “decente” y, con cierta frecuencia, “malo”, realmente “malo”, horrible.
Alguien que guarda las formas, que saca sobresaliente en el examen teórico y en el escaparate público,
pero aprueba por los pelos el práctico y el examen en la intimidad. Descubres que ERES BUENO CON LÍMITES, con condiciones,
HASTA QUE LA COSA SE PONE FEA. Si te llevan a ese límite…SE ACABÓ TU BONDAD,
ya lo has experimentado. Conoces tu maldad, no es un concepto imaginado sino vivido.
En el roce con un santo encuentras que tu apariencia de “bondad” puede engañar a los demás, pero no a ti mismo ni a Dios. Sientes vergüenza por haberte considerado bueno. Y SIENTES ENVIDIA y deseo de ser como esa otra persona, santa, que contagia bondad como un perfume se expande por el aire, como una caricia en la piel. Al principio su bondad te parece inalcanzable, COMO SI NO FUERA CONTIGO,
como si dependiera de la genética.
“TUVO SUERTE..Y SALIÓ SANTO.” Aplaudes a los santos, pero no haces nada por serlo, porque ya es suficiente con lo que haces y PORQUE PIENSAS QUE TÚ NO PUEDES SER SANTO, que ya es tarde para que lo seas. Demasiada basura en tu curriculum vitae. Además, aspirar a la santidad te complica la vida, porque SE ESTÁ MUY A GUSTO NADANDO ENTRE DOS AGUAS.
Admiras a los santos, les aplaudes… pero sigues conformándote con ese nivel de autoexigencia
que te sitúa en el clubde los “buenos y decentes” que nunca pasarán de ahí.
El club de los que no son fríos ni calientes, el club de los tibios, que provocan el vómito de Dios, “amigo de publicanos y pecadores”, de cuya boca salieron palabras durísimas contra los que se consideraban
“buenos” y daban lecciones a los demás.
JUAN MANUEL COTELO
paga los impuestos, acata las normas de circulación, es educado, sonríe, trabaja con seriedad, es puntual, cede el asiento a los ancianos y embarazadas, tira la basura en las papeleras, respeta a los demás, sostiene argumentos éticos y morales, mima a los animales, da limosna a personas necesitadas,
es higiénico…
Según esos parámetros de bondad, EL MUNDO ESTÁ LLENO DE PERSONAS BUENAS que, además, tienen aspecto agradable. Sí, es cierto, muchos buenos son también guapos y exitosos y, por si eso no fuera suficiente, algunos además son creyentes y practicantes de la fe: van a misa, rezan, se casan por la Iglesia, bendicen la mesa y aplauden al Papa.
¡Una pasada!.
Con ese perfil, muchos de nosotros -yo hasta hace poco- podemos considerarnos “buenos”. ¡Qué bien, pertenecer al inmenso club de los “buenos”, claramente mejores que los “malos”!
Y la pregunta surge de nuevo:
¿PARA QUE INCOMODAR A UN BUENO HABLÁNDOLE DE DIOS? ¿Lo necesita?
Todo hace sospechar que no lo necesita para nada, tanto si lo conoce como si lo ignora. Se puede ser “bueno” sin Dios. Los malos, por su parte, son fácilmente identificables: porque mienten, roban, violan, matan, discuten, gritan, oprimen, propagan ideas inmorales, son maleducados, sucios, traicioneros, egoístas, vanidosos…. ¡y se les nota! Porque los malos suelen ser también feos. Su peinado, su mirada,
su modo de caminar, sus gestos, sus carcajadas… todo es feo.Uf… ¡qué suerte no ser “malo”,qué suerte ser de los “buenos” (y guapos)! “Ellos son malos, yo soy bueno”…Así piensa una “buena persona” que se compare con los malos, para tranquilizar su conciencia y caminar satisfecho por la vida,
encontrando motivos para dar lecciones a los demás, a esos que sí necesitan a Dios. No a cualquier otro argumento sólidoque les zarandee, para reorientar su vida y dejar de amargar la existencia al resto.
ASÍ PUEDES IR POR LA VIDA, DE BUENO, HASTA QUE UN DÍA CONOCES A ALGUIEN QUE ES SANTO... Y TODO CAMBIA.
Alguien cuya referencia y aspiración de bondad ESTÁ EN LA BONDAD INFINITA DE DIOS,que excede completamente del nivel chato y superficial que separa el club de los buenos del club de los malos, alguien que deja a la altura del ridículo una nota de aprobado en bondad, porque aspira a matrícula de honor. ALGUIEN QUE SE PROPONE AMAR SIN CONDICIONES, A TODOS, SIEMPRE. Como nos ama Dios, único de quien podemos decir con propiedad que es BUENO, LA BONDAD, EL BIEN.
Por eso Dios ama a todos Y SE PONE AL SERVICIO DE TODOS, sin distinguir entre buenos y malos.
Porque Él sí es bueno. Te pones junto a un santo… luego miras tu propia vida…y entonces descubres
que tú no eres “bueno”, sino solamente “decente” y, con cierta frecuencia, “malo”, realmente “malo”, horrible.
Alguien que guarda las formas, que saca sobresaliente en el examen teórico y en el escaparate público,
pero aprueba por los pelos el práctico y el examen en la intimidad. Descubres que ERES BUENO CON LÍMITES, con condiciones,
HASTA QUE LA COSA SE PONE FEA. Si te llevan a ese límite…SE ACABÓ TU BONDAD,
ya lo has experimentado. Conoces tu maldad, no es un concepto imaginado sino vivido.
En el roce con un santo encuentras que tu apariencia de “bondad” puede engañar a los demás, pero no a ti mismo ni a Dios. Sientes vergüenza por haberte considerado bueno. Y SIENTES ENVIDIA y deseo de ser como esa otra persona, santa, que contagia bondad como un perfume se expande por el aire, como una caricia en la piel. Al principio su bondad te parece inalcanzable, COMO SI NO FUERA CONTIGO,
como si dependiera de la genética.
“TUVO SUERTE..Y SALIÓ SANTO.” Aplaudes a los santos, pero no haces nada por serlo, porque ya es suficiente con lo que haces y PORQUE PIENSAS QUE TÚ NO PUEDES SER SANTO, que ya es tarde para que lo seas. Demasiada basura en tu curriculum vitae. Además, aspirar a la santidad te complica la vida, porque SE ESTÁ MUY A GUSTO NADANDO ENTRE DOS AGUAS.
Admiras a los santos, les aplaudes… pero sigues conformándote con ese nivel de autoexigencia
que te sitúa en el clubde los “buenos y decentes” que nunca pasarán de ahí.
El club de los que no son fríos ni calientes, el club de los tibios, que provocan el vómito de Dios, “amigo de publicanos y pecadores”, de cuya boca salieron palabras durísimas contra los que se consideraban
“buenos” y daban lecciones a los demás.
JUAN MANUEL COTELO
sábado, 25 de agosto de 2012
DOMINGO XXI DEL TIEMPO ORDINARIO
Liturgia de la Palabra: Jos 24, 1-2a. 15-17. 18b; Sal 33; Ef 5, 21-32; Jn 6, 60-69
La Palabra
“- Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir (…)
-«¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios”.
-«¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: -«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»
Cuando se ha tenido la posibilidad de gozar de unos días distendidos, en espacios donde se ha podido vivir de manera anónima y relajada, es el momento de averiguar hasta qué punto la identidad creyente ha determinado el comportamiento.
Sólo cuando se siente la libertad de actuar sin que se arriesgue el buen nombre, cabe descubrir si el comportamiento personal es coherente con la fe que se profesa.
No se trata sólo de actuar con honradez y honestidad, que ya es un signo de coherencia, sino de averiguar si se ha permanecido en el propio interior y ante la sociedad como creyentes en Dios, cristianos que testimonian que Jesucristo es el único Señor.
La propuesta de Josué a los israelitas sobre su opción de permanecer como pueblo de Dios cuando ya no necesitaban el maná, y la confesión de Pedro en los momentos en que se produjo una desbandada de los discípulos, escandalizados por las palabras de Jesús, reflejan muy bien la coyuntura que ofrece el tiempo de vacaciones para manifestar libremente la pertenencia cristiana y la firmeza de la fe.
En este tiempo es fácil distinguir lo que es transitorio de lo que es permanente, la relación que se agota de la que perdura, lo que dan de sí las cosas y ciertas ofertas de lo que da Dios, no para volverse escéptico, sino para permanecer afianzados en quien es el único Dios.
Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.”
La Palabra
“- Si no os parece bien servir al Señor, escoged hoy a quién queréis servir (…)
-«¡Lejos de nosotros abandonar al Señor para servir a dioses extranjeros! El Señor es nuestro Dios”.
-«¿También vosotros queréis marcharos?»
Simón Pedro le contestó: -«Señor, ¿a quién vamos a acudir? Tú tienes palabras de vida eterna; nosotros creemos y sabemos que tú eres el Santo consagrado por Dios.»
Meditación
Está próximo el mes de septiembre. Posiblemente, después de un tiempo de vacaciones,la Palabra de este domingo invita a un ejercicio de discernimiento.Cuando se ha tenido la posibilidad de gozar de unos días distendidos, en espacios donde se ha podido vivir de manera anónima y relajada, es el momento de averiguar hasta qué punto la identidad creyente ha determinado el comportamiento.
Sólo cuando se siente la libertad de actuar sin que se arriesgue el buen nombre, cabe descubrir si el comportamiento personal es coherente con la fe que se profesa.
No se trata sólo de actuar con honradez y honestidad, que ya es un signo de coherencia, sino de averiguar si se ha permanecido en el propio interior y ante la sociedad como creyentes en Dios, cristianos que testimonian que Jesucristo es el único Señor.
La propuesta de Josué a los israelitas sobre su opción de permanecer como pueblo de Dios cuando ya no necesitaban el maná, y la confesión de Pedro en los momentos en que se produjo una desbandada de los discípulos, escandalizados por las palabras de Jesús, reflejan muy bien la coyuntura que ofrece el tiempo de vacaciones para manifestar libremente la pertenencia cristiana y la firmeza de la fe.
En este tiempo es fácil distinguir lo que es transitorio de lo que es permanente, la relación que se agota de la que perdura, lo que dan de sí las cosas y ciertas ofertas de lo que da Dios, no para volverse escéptico, sino para permanecer afianzados en quien es el único Dios.
Oración
“Gustad y ved qué bueno es el Señor.Bendigo al Señor en todo momento, su alabanza está siempre en mi boca; mi alma se gloría en el Señor: que los humildes lo escuchen y se alegren.”
viernes, 24 de agosto de 2012
CON ELLA SE PUEDE- LOURDES'12
LOURDES’12, CON ELLA SE PUEDE
43 Jóvenes de Yepes, Orgaz, Los Yébenes y Sonseca, participamos durante los días del 6 al 12 de agosto en una peregrinación al Santuario francés de Lourdes en busca de un encuentro personal con la Virgen.
Hace ya algunos meses, que se nos propuso la posibilidad de realizar una excursión a nivel de Arciprestazgo de Orgaz al entrañable paraje de Lourdes.
Lo que parecía algo difícil y lejano, gracias al trabajo sacrificado de los responsables de las diferentes localidades, fue tomando cuerpo, de este modo; la idea inicial se asentó en unas fechas concretas, y poco a poco fue definiendo su itinerario físico y espiritual. De este modo y tras ser acogida con mucha ilusión, nos fuimos apuntando todos y cada uno de nosotros, probablemente con motivaciones muy diferentes, y con objetivos muy distintos, pero con el denominador común de la ilusión depositada en ir acercándonos a la Virgen.
Llegó mayo, la Feria Chica y al igual que en otros lugares intentamos recaudar algo de dinero para ayudara sufragar los gastos del viaje mediante la rifa de dos maravillosos lotes de productos ibéricos; además, de las pulseras que ya veníamos vendiendo desde tiempo atrás, muchísimas gracias a todos los que contribuyeron.
Así y sin prácticamente darnos cuenta, llegó ese ansiado 6 de agosto en el que a una hora bastante temprana, llegaba el autobús a Sonseca donde ya venían los amigos de Los Yébenes y Orgaz, y desconociendo completamente a algunos de los que con nosotros viajaban partimos.
El primer día, pasamos por el Monasterio de Sta. María de Huerta donde participamos del rezo con los monjes además de tener la Eucaristía , por la tarde llegamos a lo que seria nuestro alojamiento durante las siguientes dos noches en Peralta de la Sal.
Al día siguiente y ya inmersos en el ritmo de la peregrinación, tuvimos uno de los momentos más impactantes de la peregrinación, conocimos la historia de los 51 mártires claretianos, que en Barbastro entregaron su vida durante la Guerra Civil por la defensa de sus creencias, bajamos a la cripta donde pudimos contemplar parte de sus restos, donde tomamos la su procalma “Por ti mi Reina la sangre dar” que hicimos propio aquellos dias; a por la tarde, fuimos hasta Fonz, donde visitamos su iglesia e hicimos una gymkhana.
El día 8, fue Torreciudad donde centramos la actividad matutina, allí experimentamos la gracia del perdón de los pecados y disfrutamos de la magnificencia del templo y la belleza del entorno donde se encuentra situado, por la tarde fue el esparcimiento y la distensión las notas dominantes, fue en las piscinas naturales del Ebro donde pudimos refrescarnos en las frescas aguas aragonesas.
Partíamos el día 9 hacia Javier, casa del santo que por su vocación partió a predicar a tierras asiáticas, y donde tuvimos el regalo de celebrar la misa en la iglesia del castillo, que presidió D. David Casas vicario parroquial que nos acompañó en nuestro viaje, junto a D. Amós y D. Emmanuel vicarios en Los Yébenes y Yepes respectivamente y que realizaron una tarea tan necesaria para nuestra formación en la fe, visitamos el castillo, y por la tarde el monasterio de Leire donde pudimos conocer de primera mano como viven los monjes y su testimonio del día a día.
Por fin llegó el día, 10 de agosto, fecha que para muchos de nosotros, pues era nuestro primer encuentro con Lourdes fue muy especial, cruzamos la frontera, y tras varias horas de carreteras y campiña francesa, al final llegábamos a la “Ciudad de los Jóvenes” que nos serviría de aojamiento durante nuestra breve pero intensa estancia en tierras galas.
Tras comer y conocer el lugar donde pernoctaríamos, al fin el momento tan ansiado, llegábamos al santuario de Lourdes, lo hacíamos entrando por la puerta lateral, y al fin tras cruzar la explanada, llegamos a postrarnos delante de la Madre en la gruta, momento en el que por la cabeza se nos pasaron todos aquellos que se nos habían encomendado a nuestra oración y todas aquellas personas cuyas intenciones llevábamos para presentárselas a la Virgen.
Fueron dos días intensos, participamos en las exposiciones, conocimos la vida de Sta. Bernardet, su casa y numerosos datos de su vida, en los rosarios de antorchas, tuvimos temas y reuniones por grupos, y el vía crucis que fue un momento muy importante para mi, fueron días de compartir y confraternizar con aquellos que eran desconocidos y que ahora son grandes amigos con los que podemos compartir experiencias.
Ante la importancia de cada uno de los momentos, y las experiencias que todos y cada uno, me han aportado es realmente difícil quedarme con uno, pero si tuviese que hacerlo seria sin duda con la noche del sábado, donde tras participar del rosario, y darnos cuenta de la universalidad de la iglesia, cruzamos el río y desde la otra orilla, y sentados justo enfrente de la gruta, tuvimos una vigilia de oración donde hasta el río con su silencio parecía unirse a nosotros.
Fue el momento de la peregrinación porque fue donde todos sentimos su aliento, y donde hicimos efectivo que CON ELLA SE PUEDE, lo que parece una mera frase hecha, y que solo era el lema de la peregrinación, tomó su sentido; pase lo que pase; venga lo que venga; contando con ella si que podemos sacarlo adelante.
Nos despedimos de la Virgen pasando por la gruta y rezando unos momentos, y el domingo ya regresábamos a casa, hecho que constatamos tras cruzar la frontera y mirar el termómetro pero antes de llegar a Sonseca nos quedaba la parada en Zaragoza, donde no podíamos dejar de visitar a la Virgen del Pilar, donde tuvimos la misa, y así entre risas y cánticos en el autobús concluyeron esos 6 días, no así la peregrinación, puesto que era entonces donde tendríamos que extrapolar a los demás el testimonio de lo experimentado.
Tras esta “breve” narración, y créanme podría escribir varias caras más, no me gustaría despedirme sin agradecer todo el esfuerzo llevado a cabo por parte de los responsables de cada pueblo, para llevar a cabo y sacar adelante esta peregrinación, así como el encomiable trabajo de los sacerdotes que han estado siempre muy pendientes de todos nosotros; por lo que no es nada descabellado felicitarlos de todo corazón por el éxito que ha supuesto en cada uno de nosotros, así como dar gracias a Dios por haber puesto en ese autobús a todos y cada uno de los que fuimos, sin duda 43 regalos que nos hizo, y que gracias a los cuales, desde ya hace unos días LOURDES´12, ocupa un sitio privilegiado en mi corazón; que Dios bendiga a todos y cada uno de ellos.
No se si este relato les habrá servido para hacerse a la idea de lo que ha supuesto para nosotros, pero sin duda ha sido algo grande.
Mario Gómez Gutiérrez (Parroquia de Sonseca)
jueves, 23 de agosto de 2012
INVOCA A MARÍA
![]() |
| Ntra. Sra de la Divina Providencia |
Si el recuerdo de tus muchos pecados quiere lanzarte al abismo de la desesperación, lánzale una mirada a la Estrella del cielo y rézale a la Madre de Dios. Siguiéndola, no te perderás en el camino.
Invocándola no te desesperarás. Y guiado por Ella llegarás seguramente al Puerto Celestial"
San Bernardo
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