domingo, 31 de mayo de 2009

DOMINGO DE PENTECOSTÉS


Las lecciones de Pentecostés en el mundo de la comunicación / Autor: Raniero Cantalamessa, ofmcap.
Hechos 2, 1-11; 1 Corintios 12, 3b-7.12-13; Juan 20, 19-23

¿Pentecostés o Babel?
El sentido de Pentecostés se contiene en la frase de los Hechos de los Apóstoles: «Quedaron todos llenos del Espíritu Santo». ¿Qué quiere decir que «quedaron llenos del Espíritu Santo» y qué experimentaron en aquel momento los apóstoles? Tuvieron una experiencia arrolladora del amor de Dios, se sintieron inundados de amor, como por un océano. Lo asegura San Pablo cuando dice que «el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos ha sido dado» (Rm 5, 5). Todos los que han tenido una experiencia fuerte del Espíritu Santo están de acuerdo en confirmar esto. El primer efecto que el Espíritu Santo produce cuando llega a una persona es hacer que se sienta amada por Dios por un amor tiernísimo, infinito.El fenómeno de las lenguas es la señal de que algo nuevo ha ocurrido en el mundo. Lo sorprendente es que este hablar en «lenguas nuevas y diversas», en vez de generar confusión, crea al contrario un admirable entendimiento y unidad. Con ello la Escritura ha querido mostrar el contraste entre Babel y Pentecostés. En Babel todos hablan la misma lengua y en cierto momento nadie entiende ya al otro, nace la confusión de las lenguas; en Pentecostés cada uno habla una lengua distinta y todos se entienden.¿Cómo es esto? Para descubrirlo basta con observar de qué hablan los constructores de Babel y de qué hablan los apóstoles en Pentecostés.

Los primeros se dicen entre sí: «Vamos a edificarnos una ciudad y una torre con la cúspide en el cielo, y hagámonos famosos, para no desperdigarnos por toda la faz de la tierra» (Gn 11, 4). Estos hombres están animados por una voluntad de poder, quieren «hacerse famosos», buscan su gloria. En Pentecostés los apóstoles proclaman en cambio «las grandes obras de Dios». No piensan en hacerse un nombre, sino en hacérselo a Dios; no buscan su afirmación personal, sino la de Dios. Por ello todos les comprenden.

Dios ha vuelto a estar en el centro; la voluntad de poder se ha sustituido con la voluntad de servicio, la ley del egoísmo con la del amor.En ello se contiene un mensaje de vital importancia para el mundo de hoy. Vivimos en la era de las comunicaciones de masa. Los llamados «medios de comunicación» son los grandes protagonistas del momento. Todo esto marca un progreso grandioso, pero implica también un riesgo. ¿De qué comunicación se trata de hecho? Una comunicación exclusivamente horizontal, superficial, frecuentemente manipulada y venal, o sea, usada para hacer dinero.

Lo opuesto, en resumen, a una información creativa, de manantial, que introduce en el ciclo contenidos cualitativamente nuevos y ayuda a cavar en profundidad en nosotros mismos y en los acontecimientos. La comunicación se convierte en un intercambio de pobreza, de ansias, de inseguridades y de gritos de ayuda desatendidos. Es hablar entre sordos. Cuanto más crece la comunicación, más se experimenta la incomunicación.Redescubrir el sentido del Pentecostés cristiano es lo único que puede salvar nuestra sociedad moderna de precipitarse cada vez más en un Babel de lenguas.

En efecto, el Espíritu Santo introduce en la comunicación humana la forma y la ley de la comunicación divina, que es la piedad y el amor. ¿Por qué Dios se comunica con los hombres, se entretiene y habla con ellos, a lo largo de toda la historia de la salvación? Sólo por amor, porque el bien es por su naturaleza «comunicativo». En la medida en que es acogido, el Espíritu Santo sana las aguas contaminadas de la comunicación humana, hace de ella un instrumento de enriquecimiento, de posibilidad de compartir y de solidaridad.Cada iniciativa nuestra civil o religiosa, privada o pública, se encuentra ante una elección: puede ser Babel o Pentecostés: es Babel si está dictada por egoísmo y voluntad de atropello; es Pentecostés si está dictada por amor y respeto de la libertad de los demás.
DON DE INTELIGENCIA
DON DE SABIDURÍA
DON DE INTELIGENCIA. " Iban dos de ellos a un pueblo llamado Emaús...Y sucedió que mientras ellos conversaban y discutían, el mismo Jesús se acercó y siguió con ellos; pero sus ojos estaban retenidos para que no le reconocieran...Y sucedió que cuando se puso a la mesa con ellos tomó el pan, pronunció la bendición...
Entonces se les abrieron los ojos y le reconocieron...
Se dijeron uno a otro ¿ no estaba ardiendo nuestro corazón cuando nos hablaba...?"
(Lucas 24, 13-31)
Hemos visto que el don de ciencia es ver las cosas como las ve Dios; pues bien, el don de Inteligencia es aún mejor, pues consiste en una luz que concede el Espíritu, no ya para ver las cosas, sino para ver al mismo Dios, para reconocer su rostro bendito. Para reconocerle cuando actúa, cuando revela, cuando obra. Cuantas veces Dios es el divino desconocido, el que pasa a nuestro lado obrando en nuestra vida sin que le reconozcamos. Camina a nuestro lado y no sabemos nada de Él.
Sin este don, Jesús será para nosotros alguien maravilloso, al que conocimos, pero no el que nos acompaña en el camino, no el que vive y nos habla aquí y ahora. Como los discípulos de Emaús iremos entristecidos pensando "era maravilloso, éramos sus discípulos, aprendimos mucho de él, pero...no está, lo crucificaron y murió"- ¿No reconoceremos ese sentimiento que nos asalta cuando parece que no encontramos a Jesús en ninguna parte?. Eso significa que no hemos visto su resurrección aunque nos hayan hablado de ella- como a los discípulos de Emaús les habían hablado. Muchos cristianos pasan así por la vida: " nos han dicho que resucitó, quizá sea cierto, pero no lo hemos visto".
Y sin embargo, un día comienza a arder el corazón, es el síntoma de que secretamente alguien, el Espíritu Santo, nos está explicando las escrituras, nos está mostrando a Jesús. Somos tardos de corazón para entender, pero un corazón que empieza a arder por Cristo es que está en el camino de encontrarle, vivo y resucitado.
Y llega un momento en que nos sucede lo que a Pedro en el lago cuando no pescaban nada en toda la noche y vieron a un desconocido:
" El discípulo a quien Jesús amaba dice entonces a Pedro: "es el Señor". Cuando Simón Pedro oyó "es el Señor", se puso el vestido y se lanzó al mar" ( Juan 21, 7)
El corazón de Pedro arde y se lanza sin miedo al agua . Ha reconocido al Señor. Lo mismo nos ocurre a nosotros cuando un día leyendo las escrituras un pasaje nos habla personalmente y hasta cambia nuestra vida. Arde el corazón y reconocemos: ¡Es el Señor!. Hemos pasado por pruebas y por momentos dolorosos, y un día vemos claro que todo tenía sentido, que Jesús nos ha llevado de la mano, y reconocemos: ¡Es el Señor!. O un día miramos al hermano, o al pobre y con un estremecimiento del corazón reconocemos ¡Es el Señor!.
Sin el don de Inteligencia la escritura no es más que un libro, la vida no es más que un azar, el hermano no es más que un extraño, la eucaristía no es más que pan. Con el don de inteligencia se abren nuestros ojos y asombrados y gozosos decimos , quien está en todo esto "¡Es el Señor!".
" Dice de tí mi corazón: "Busca su rostro."
Sí, Yahveh, tu rostro busco: no me ocultes tu rostro"
(Salmo 27, 8)
DON DE SABIDURIA DIA 8º
" Gustad y ved, qué bueno es el Señor
dichoso el hombre que en él se cobija "
(Salmo, 34, 9)
Se sabe que la palabra "Sabiduría" viene de "sapere", que significa "saborear", es decir comprobar a qué sabe algo, qué gusto tiene. Nos pueden explicar todo lo que quieran sobre cómo sabe un melocotón, podemos leer una enciclopedia sobre frutos...en realidad no sabremos nada sobre eso hasta que mordamos uno y lo saboreemos; solo entonces sabremos cómo sabe.
Algo parecido ocurre con Dios. Se puede conocer teología hasta hartarse y no "saber" casi nada sobre Dios, sobre Dios vivo. Es el Espíritu Santo quien revela quien es Dios, cómo es Dios, a qué sabe Dios.
El don de Sabiduría más que un don, es el compendio de todos ellos; es el don de los que han conocido y saboreado a Dios.
Podemos repasar todos los dones y ver cómo todos son un "gusto " de Dios: Es sabio quien se aferra a Dios sin soltarle porque ha gustado que en Él está la vida; es sabio quien vive como hijo de Dios porque ha gustado que Dios es Padre; es sabio quien ve la creación con los ojos de Dios porque esa visión tiene el gusto de la verdad; es sabio quien sabe encontrar su fuerza en Dios porque ha gustado que él es la unica roca; es sabio quien piensa como Dios y sigue sus caminos porque gusta la vida en esas sendas; es sabio quien sabe ver a Dios donde está: en la vida, en la escritura, en la eucaristía, en los hermanos...y todo esto es sabiduría de humildes, sabiduría de pequeños; conocimiento que no se adquiere en los laboratorios y que los sabios según el mundo ignoran.
" yo te bendigo Padre, porque has ocultado estas cosas a los sabios e inteligentes y se las has revelado a los pequeños "
(Lucas 10,21)
En suma, ninguna palabra humana puede comprender enteramente al Dios Altísimo; pero lo que es Dios, nos lo ha revelado Él mismo: El corazón de Dios es el Amor. Amor que nos sobrepasa infinitamente por arriba, por abajo y por doquier. Si gustas el amor y el perdón de Dios ya no te juzgarás ni juzgarás a nadie, si gustas la misericordia de Dios ya no desearás otra cosa. Que el Espíritu Santo nos conceda el verdadero conocimiento de Dios para que seamos uno con él.
" que Cristo habite por la fe en vuestros corazones, para que arraigados y cimentados en el amor, podais comprender con todos los santos cual es la anchura y la longitud, la altura y la profundidad, y conocer el amor de Cristo, que excede a todo conocimiento, para que os vayais llenando hasta la total plenitud de Dios. "
(Efesios 3, 17-19)

2 comentarios:

Javier Vicens y Hualde dijo...

¡Feliz Pentecostés! Es un deseo de Las Virtudes para Sonseca.

Anónimo dijo...

Y desde Valladolid,si es que puedo hacerlo,antes de que termine ESTE DIA,un abrazo muy fuerte.M.A