viernes, 7 de agosto de 2009

... Y ENTRÓ LA CUARTA



Cuatro hermanas de sangre, en la clausura de Lerma
ALBA
29/07/2009

Inma Ripoll leyó esta historia ya al otro lado de los muros del monasterio. Hablamos con ella la noche antes de su ingreso. Dejaba familia, viajes, amigos, vida social… porque “Jesucristo está vivo y enamora a mujeres muy mujeres”, decía llena de paz. Mujeres como ella y sus tres jóvenes hermanas,que dedican su vida a rezar por “sus hijos”, que somos todos nosotros.
Parece que llevan la clausura en los genes, pero no. Han recibido y respondido a la llamada más personal. La última ha sido Inma. Es la segunda de siete hermanos y la cuarta que cuelga los vaqueros por el hábito. A sus 26 años, tenía trabajo, coche, una familia muy unida, muchos amigos y una gran afición por los viajes. Estuvo en México, Francia, Italia, Israel, Alemania, Gran Bretaña, EEUU…, pero por fin ha dado con su mejor destino. Y no está a la sombra de ninguna palmera, sino a la del claustro de un frío convento de clarisas de Burgos.
Su último trabajo fue como profesora de infantil en el colegio Aldeafuente deMadrid, donde estaba muy contenta. Su formación religiosa la recibió del Camino Neocatecumenal, al que pertenece toda su familia. “Ése es el Camino queme ha llevado a Cristo”, dice ella.
Había tenido dos novietes, “uno más formal”. Le encantaba conducir y, sobre todo, “salir con los amigos, ir a casa de uno y de otro”.
Una inquietud en el alma
Los que la conocen saben que no ha sido un pronto. Llevaba 8 años planteándoselo. Pero le preguntan de todo: por qué tan radical, por qué tan pronto, por qué monja… La respuesta viene de lejos. En una peregrinación a Israel cuando tenía 17 años, hizo un gran descubrimiento
. “En la casa de la Virgen en Nazaret escuché, leyendo el Evangelio: ‘He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra’, y me di cuenta de que el día que yo pudiera decir eso, sería feliz. Después, en la jornada mundial de la Juventud con Juan Pablo II en Roma, vi que el Señor me pedía ser monja de clausura, perome agobió. Durante ocho años tuve ahí la vocecilla del Señor, pero la acallaba bastante bien. Estaba convencida de que me iba a casar. Pero cuando acababa con un chico, me venía otra vez a la cabeza. Tenía una lucha increíble. Decía: ‘Dios no va a querer algo que no me gusta’”.
Pero este verano, estando de misiones en Uruguay, recibió el último empujón. “Allí una persona dijo: ‘Qué bonito es ver el espectáculo de los cristianos desde arriba; quien crea que esto es fácil, que haga como dijo Jesucristo: “Ve, vende lo que tienes y sígueme”‘. Sentí que yo estaba diciendo: ‘Qué bonito las monjas, qué bonito los misioneros… Todo muy bonito, pero a mí que no me toquen’.Y vi que así no podía ser feliz. Que con novio, con trabajo, con todo, estaba insatisfecha, porque tenía una llamada muy concreta -cuenta-. A la vuelta, un sacerdote, cuando le conté mis dudas, me mandó al sagrario: ‘Vete a tomar el sol’. Con los 15 minutos de oración decía: ‘Es que me aburro como una ostra’. Pero a los dos días se me hacía poco y empecé a preguntarle: ‘¿Qué quieres de mí?’. Antes yo le decía: ‘Señor, lo que quieras, menos monja de clausura’. Y así no podía contestar, porque no le daba libertad. Pero cuando le dejé, habló superclaro”.
Vida en clausura
Ahora estará ya haciendo vida de clarisa: empezando a rezar a las siete, recibiendo formación, haciendo repostería y partiendo la noche a las 2:30 para rezar
.Tantas veces he estado a las mil de la mañana por ahí… Y ahora me levantaré cuando muchos están tomando copas, quizá sin ver sentido a su vida o pensando abortar, para rezar por ellos“. Cuando sea novicia le cortarán el pelo. “A la gente es de lo que más le impresiona, pero a mí en absoluto”, dice.
En su familia le han enseñado algo muy claro: ‘Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todas tus fuerzas’.
Por eso sé que esto no no es un salto al vacío, sino a la fe. Yo he visto que mis padres se han fiado -asegura-: cuando han tenido otro hijo, cuando se han quedado en paro… Y Dios no deja en la estacada. Soy la mujer más feliz del mundo, desde que le dije que sí”. Es consciente de que todo esto no viene de ella: “Quien me conoce sabe que nunca he tomado una decisión seria en mi vida, porque siempre me ha dado miedo equivocarme, hacer daño a la gente, lo que los demás pensaran de mí… ¡Si yo para comprarme un pantalón necesito ir con mi madre!”. Pero allí está ‘la indecisa’, con tres hermanas naturales y 120 sobrenaturales, tan ‘hermanas’ como las primeras: “Yo no voy ahí a hacer piña con mis hermanas, para eso me quedaría fuera, voy a ser esposa de Cristo”, dice. Y, lejos de olvidarse del mundo, asegura que va a ocuparse de él. “‘¿Cómo una chica normal puede entrar en un convento de clausura?’, nos preguntan. Porque Jesucristo está vivo, es hombre y enamora a mujeres muy mujeres‘. Pero si fuéramos para ser felices solas, sería absurdo. Hay quien dice: ‘Os encerráis, despreciáis el mundo, no os importa nada’. Pero nos consagramos por el mundo, por nuestros hijos, que sois vosotros, por los que rezamos día y noche“.
Asegura que Lerma es una casa de esperanza, una puerta abierta al que se quiera acercar:
“A cualquiera que toque el timbre se le escucha, se le habla, se le atiende. Quien quiera conocer a Jesucristo, ahí está y el que lo conozca, que venga a contarnos”.
“Para la familia es un ‘shock’”
Es la última noche que Inma pasa en casa. Aunque emocionada por la inminente despedida, su madre está serena:
“Dentro del dolor de la separación, estamos muy contentos. Hoy es un día complicado. Una tomó los hábitos hace año ymedio y desde junio hasta ahora han entrado las otras tres. Lamás pequeña, con 18 años. Con la primera lo pasamos mal. Una hermana me dijo que teníamos que aprender a ser padres de una monja de clausura. Yo no lo entendí -recuerda-. Pero poco a poco vamos viendo que el convento te sostiene, que tienes una fuerza que no viene de ti. Con la segunda empezamos a ver que es una bendición verlas tan felices, cómo hablan de que Jesucristo las ha enamorado como Dios y como hombre… Cuando Inma decidió entrar también, en la familia fue un shock. Si yo me meto en la cama y empiezo a pensar si las voy a ver, si tienen frío… me da como un ‘yuyu’, pero Dios nos permite vivir hoy y ver que es una bendición que no nos merecemos. Nosotros somos unos pobres hombres a los que nos ha tocado la lotería, hemos sido un instrumento, porque Dios elige a quien quiere”.
Cuenta que ella le encontró hace tiempo a través del Camino Neocatecumenal, cuando estaba apartada de la Iglesia.
“Mi marido y yo tuvimos siete hijos, no sin dificultades porque han sido casi todo cesáreas, hemos tenido un hijo con cáncer…Y ellas han tenido una experiencia de oración profunda, de rezar por su hermano y de ver cómo Dios, en algo que se supone que te destruye, te mantiene contenta. Ahora están bien…, pero eso les marcó mucho”.
“Todas las noches pregunto: ‘¿Por qué, por qué, por qué?, pero no tengo explicación -dice-. Y hay momentos en los que dices: ‘Señor, éstos no eran mis planes. Como padres, sería una estupidez decirte que no hay momentos en que lloramos, claro que lloramos, humanamente no es fácil, pero nos encontramos sostenidos por su oración’“.

jueves, 6 de agosto de 2009

ASÍ SE CONVIRTIÓ LA HIJA DE STALIN


De tal palo tal astilla… Normalmente. Que no siempre. Adagio precisamente fallido en la historia que sigue. Designamos “palo” a Joseph Stalin, jefe máximo de la gran potencia soviética. Uno de los mayores genocidas de la historia humana. Moderno Nerón, feroz perseguidor de la presencia y recuerdo de Dios en la tierra.
La “astilla” derivada ha sido Svetlana, la benjamina de la familia, conocida escritora, mundialmente famosa desde que escapó de Rusia, refugiándose en Occidente, en 1967. En la treintena explotó.
El ejemplo de los cristianos
“Los primeros 36 años que he vivido en el estado ateo de Rusia no han sido del todo una vida sin Dios. Sin embargo, habíamos sido educados por padres ateos, por una escuela secularizada, por toda nuestra sociedad profundamente materialista. De Dios no se hablaba. Mi abuela paterna, Ekaterina Djugashvili, era una campesina casi iletrada, precozmente viuda, pero que nutría su confianza en Dios y en la Iglesia. Muy piadosa y trabajadora. Mi abuela materna, Olga Allilouieva, nos hablaba gustosamente de Dios: de ella hemos escuchado por vez primera palabras como alma y Dios. Para ella, Dios y el alma eran los fundamentos mismos de la vida”. (…)
“Cuando mi hijo tenía 18 años enfermó. No quería ir al hospital, a pesar de la insistencia del doctor. Por primera vez en mi vida, a los 36 años, pedí a Dios que lo curara. No conocía ninguna oración, ni siquiera el padrenuestro. Pero Dios, que es bueno, no podía dejar de escucharme. Me escuchó. Después de la curación, un sentimiento intenso de la presencia de Dios me invadió. Con sorpresa de mi parte, pedí a algunos amigos bautizados que me acompañaran al templo. Dios no sólo me ayudó a encontrarlo, sino deseaba darme mayores gracias”. (…) “Bautizada el 20 de mayo de 1962 en la fe ortodoxa, tuve el gozo de conocer a Cristo, aunque ignorase casi toda la doctrina cristiana”. (…)
“Encontré por vez primera en mi vida católicos romanos, en Suiza, cinco años después de mi bautismo en la Iglesia ortodoxa rusa. Después me trasladé a América y me casé; parecía que llegaba para mí la posibilidad de una vida normal. Pero pronto sobrevino de nuevo la turbación y la amargura; todo terminó con la separación conyugal. Durante estos años, mi vida religiosa era confusa, como todo el resto”. (…)
“Un día recibí una carta de un sacerdote católico italiano de Pennsylvania, el P. Garbolino. (…) Nuestra correspondencia de amistad duró más de 20 años y me enseñó muchas cosas”. (…)“En 1976 encontré en California una pareja de católicos, Rose y Michael Ginciracusa. (…) Su piedad discreta y su solicitud hacia mí y mi hija me conmovieron profundamente. En 1982 partimos para Inglaterra”. (…)
El abrazo a la fe de Roma
“La lectura de libros notables y el contacto con los católicos contribuyeron a acercarme cada vez más a la Iglesia Católica. Y así, en un frío día de diciembre, en la fiesta de Santa Lucía, en pleno Adviento, un tiempo litúrgico que siempre he amado, la decisión, esperada por largo tiempo, de entrar en la Iglesia Católica, me brotó naturalísima. (…) Los años desde mi conversión han sido plenos de felicidad. (…) La Eucaristía se ha hecho para mí viva y necesaria. El Sacramento de la Reconciliación con Dios a quien ofendemos, abandonamos y traicionamos cada día, el sentido de culpa y de tristeza que entonces nos invade: todo esto hace que sea necesario recibirlo con frecuencia”. (…)
“Por muchos años he creído que la decisión crucial que había tomado de permanecer en el extranjero en 1967 fue una importante etapa en mi vida. Yo iniciaba una vida nueva, me liberaba y progresaba en mi carrera de escritora itinerante. El Padre celestial me ha corregido dulcemente. Fui nuevamente sumergida en una maternidad tardía que debía hacerme presente mi puesto en la vida: un humilde puesto de mujer y de madre. Así, en verdad, fui llevada en los brazos de la Virgen María a quien no tenía la costumbre de invocar, teniendo la idea de que esta devoción era cosa de campesinos iletrados, como mi abuela Georgiana, que no tenía otra persona a quien dirigirse. Me desengañé cuando me encontré sola y sin sustento. ¿Quién otro podía ser mi abogado sino la Madre de Jesús? Imprevistamente, Ella se me hizo cercana”.

miércoles, 5 de agosto de 2009

HE ABORTADO CINCO VECES EN MI VIDA. HOY SOY UNA RUINA


«El 98 por ciento de las mujeres que ha abortado está trastornada por ello, ya sea para toda la vida o por poco tiempo». Esto lo asegura la estadounidense Nancy-Jo Mann quien, en 1984, diez años después de abortar, fundó la Asociación de Mujeres Explotadas por el Aborto (WEBA). Abortó a los cinco meses y medio porque su marido la había abandonado, tenía dos hijos más y no disponía de recursos. «Experimenté cómo mi hija se retorcía dentro del vientre mientras la ahogaban y extrangulaban para matarla», asegura. Después dio a luz a una niña muerta que tuvo en sus manos hasta que las enfermeras «la cogieron y la echaron a una palangana».
Su testimonio es uno más de los que aparecen en el libro «Myriam... ¿por qué lloras?» de la editorial «Noticias Cristianas», que impulsa Jaime Solá. Un libro en el que muchas mujeres relatan sus experiencias tras el aborto. Magda es otra de las mujeres que se quedó embarazada debido a una violación y decidió abortar después de muchas vacilaciones. «Siempre dudé de mi decisión porque la consideraba como un asesinato», afirma. «Mi primer pensamiento después de abortar fue ¡Qué he hecho!, y quise suicidarme».
Aborto en la juventud
En los últimos años han aumentado los casos de jóvenes que se quedan embarazadas y recurren al aborto. Uno de ellos es el de Mónica, una joven de 18 años que decidió abortar en Suiza cuando estaba embarazada de un mes. Aún estaba estudiando y su madre pensó que era la solución más cómoda. «Después de la intervención, el problema había desaparecido». Diez años más tarde, Mónica se casó y quiso tener un hijo, pero no podía quedarse embarazada y tuvo que acudir a la misma clínica en la que le habían practicado el aborto. Finalmente consiguió ser madre y, después de esa experiencia, Mónica se dio cuenta de que podría haber tomado otra decisión diferente al aborto.
Muchas de ellas se sintieron perdonadas cuando se volvieron hacia Dios. Así lo cuenta María Ana, que vio practicar por primera vez un aborto justo en el momento en que tenía que decidir si ella misma iba a abortar. Estaba embarazada de diez semanas: «Se podía apreciar el sexo y ya tenía uñas». Después de abortar sus preocupaciones económicas habían «desaparecido». Cuando María Ana se casó empezó a arrepentirse de su decisión y pensó que sólo Dios podría ayudarla: «¡Cuánta paciencia y amor tiene Dios con nosotros, y qué preciosa es cada vida!». Más tarde, María Ana tuvo que pedir perdón a sus hijos «por haberles robado a sus dos hermanas». Otra de las mujeres que acudió a Dios tras abortar tenía 21 años: «Perdí mi trabajo, fui incapaz de tener ninguna relación y comenzó mi dependencia de los calmantes y el alcohol». Después de cinco años pudo «aceptar el perdón de Jesucristo».
El silenciamiento del aborto
En todos los testimonios del libro hay un elemento común: ninguna sabía cómo se practicaba un aborto ni conocía sus consecuencias. Las mujeres que han abortado también acusan a los médicos y a las instituciones de silenciar la verdad sobre el aborto «y sus consecuencias para la madre», en parte por el lenguaje técnico de la medicina y también por la terminología que «oculta y embellece el suceso verdadero». Aunque algunas mujeres abortaron varias veces, acabaron deseando tener un hijo: «He abortado cinco veces... Con el sexto embarazo ya no pude hacerlo. Hoy a los treinta y tres años soy una ruina».

martes, 4 de agosto de 2009

SAN JUAN MARÍA VIANNEY


Sacerdote diocesano, miembro de la Tercera Orden Franciscana, que tuvo que superar incontables dificultades para llegar a ordenarse de presbítero. Su celo por las almas, sus catequesis y su ministerio en el confesonario transformaron el publecillo de Ars, que a su vez se convirtió en centro de frecuentes peregrinaciones de multitudes que buscaban al Santo Cura. Es patrono de los párrocos.
Oficialmente, en libros litúrgicos, aparece su verdadero nombre: San Juan Bautista María Vianney. Pero en todo el universo es conocido con el título de Cura de Ars. Poco importa la opinión de algún canonista exigente que dirá, a nuestro juicio con razón, que el Santo no llegó a ser jurídicamente verdadero párroco de Ars, ni aun en la última fase de su vida, cuando Ars ganó en consideración canónica. Poco importa que el uso francés hubiera debido exigir que se le llamara el canónigo Vianney, ya que tenía este título concedido por el obispo de Belley. Pasando por encima de estas consideraciones, el hecho real es que consagró prácticamente toda su vida sacerdotal a la santificación de las almas del minúsculo pueblo de Ars y que de esta manera unió, ya para siempre, su nombre y la fama de su santidad al del pueblecillo.
Ars tiene hoy 370 habitantes, poco más o menos los que tenía en tiempos del Santo Cura. Al correr por sus calles parece que no han pasado los años. Únicamente la basílica, que el Santo soñó como consagrada a Santa Filomena, pero en la que hoy reposan sus restos en preciosa urna, dice al visitante que por el pueblo pasó un cura verdaderamente extraordinario.
Apresurémonos a decir que el marco externo de su vida no pudo ser más sencillo. Nacido en Dardilly, en las cercanías de Lyón, el 8 de mayo de 1786, tras una infancia normal y corriente en un pueblecillo, únicamente alterada por las consecuencias de los avatares políticos de aquel entonces, inicia sus estudios sacerdotales, que se vio obligado a interrumpir por el único episodio humanamente novelesco que encontramos en su vida: su deserción del servicio militar. Terminado este período, vuelve al seminario, logra tras muchas dificultades ordenarse sacerdote y, después de un breve período de coadjutor en Ecully, es nombrado, por fin, para atender al pueblecillo de Ars. Allí, durante los cuarenta y dos años que van de 1818 a 1859, se entrega ardorosamente al cuidado de las almas. Puede decirse que ya no se mueve para nada del pueblecillo hasta la hora de la muerte.
Y sin moverse de allí logró adquirir una resonante celebridad. Recientemente se ha editado, con motivo del centenario de su muerte, una obra en la que se recogen testimonios curiosísimos de esta impresionante celebridad: pliego de cordel, con su imagen y la explicación de sus actividades; muestras de las estampas que se editaron en vida del Santo en cantidad asombrosa; folletos explicando la manera de hacer el viaje a Ars, etc.
El contraste entre lo uno y lo otro, la sencillez externa de la vida y la prodigiosa fama del protagonista nos muestran la inmensa profundidad que esa sencilla vida encierra.
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lunes, 3 de agosto de 2009

CATECISMO


LA SAGRADA ESCRITURA
I Cristo, palabra única de la Sagrada Escritura

101 En la condescendencia de su bondad, Dios, para revelarse a los hombres, les habla en palabras humanas: "La palabra de Dios, expresada en lenguas humanas, se hace semejante al lenguaje humano, como la Palabra del eterno Padre asumiendo nuestra débil condición humana, se hizo semejante a los hombres " (DV 13).
102 A través de todas las palabras de la Sagrada Escritura, Dios dice sólo una palabra, su Verbo único, en quien él se dice en plenitud (cf. Hb 1,1-3):
Recordad que es una misma Palabra de Dios la que se extiende en todas las escrituras, que es un mismo Verbo que resuena en la boca de todos los escritores sagrados, el que, siendo al comienzo Dios junto a Dios, no necesita sílabas porque no está sometido al tiempo (S. Agustín, Psal. 103,4,1).
103 Por esta razón, la Iglesia ha venerado siempre las divinas Escrituras como venera también el Cuerpo del Señor. No cesa de presentar a los fieles el Pan de vida que se distribuye en la mesa de la Palabra de Dios y del Cuerpo de Cristo (cf. DV 21).
104 En la Sagrada Escritura, la Iglesia encuentra sin cesar su alimento y su fuerza (cf. DV 24), porque, en ella, no recibe solamente una palabra humana, sino lo que es realmente: la Palabra de Dios (cf. 1 Ts 2,13). "En los libros sagrados, el Padre que está en el cielo sale amorosamente al encuentro de sus hijos para conversar con ellos" (DV 21).

domingo, 2 de agosto de 2009

XVIII DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO



Para el desierto de la vida
Siempre me ha impresionado este discurso en la sinagoga de Cafarnaún. En mis viajes a Tierra Santa, siempre me conmueve este lugar teológico. Es como si Jesús se volviese loco, pero de amor, y de pronto estallase su Corazón, para revelarnos su secreto mejor guardado. Luego, en la Cruz, abrirá su Corazón para que no tengamos ninguna duda de que lo dicho aquí, en la sinagoga de Cafarnaún, junto al mar de Tiberíades, como una ola de amor, será después realidad ofrecida a través de su Corazón abierto, la fuente de la vida y del amor que es la Eucaristía.Jesús remarca en este discurso, a través de san Juan, en primer lugar, que no fue Moisés el que nos dio el maná, sino que es mi Padre el que os da el verdadero Pan del cielo. En el fondo, Jesús pone la cosa en su sitio. Es el Padre el que nos ha dado a su Hijo: Tanto amó Dios al mundo, que le entregó a su propio Hijo. En el fondo, ¿la Eucaristía no es la entrega de Jesús, Hijo del Padre, que se ha puesto, sin condiciones y por amor, en manos de los hombres y mujeres, sus hermanos? Es verdad que Jesús es el verdadero Pan de vida, el auténtico maná que, en el desierto de la vida, nos ha dado el Padre como sustento siempre vivo. Detrás de la entrega eucarística de Jesús, está la entrega del Padre. Es curioso que el Evangelio utiliza el verbo entregar para el Padre y para Jesús: «Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo»; y, en la Última Cena, Jesús dice: «Tomad y comed, éste es mi cuerpo que se entrega». Por tanto, la entrega por amor, que es la clave de la Eucaristía, tiene detrás el amor del Padre, que nos ha dado el verdadero y auténtico maná que es Jesús y que sacia nuestra sed y hambre de amor. Lo segundo que destaca san Juan es que la Eucaristía es para que tengamos vida y la tengamos en abundancia. A veces pienso que nuestras parroquias, nuestras comunidades, nuestra gente, no tienen vida porque se han alejado vivencialmente de la Eucaristía. Volver a la misa cada domingo, adorar a Jesús en la Eucaristía, comulgar a Quien tiene abierto el Corazón, es vivir: Quien come de este Pan vivirá para siempre. «Sin Eucaristía no podemos vivir», decían los primeros cristianos. Recuerdo que, en Roma, en un Congreso sobre las vocaciones, los Superiores Generales constataron que seguirán existiendo vocaciones y respondiendo los jóvenes allí donde se viva la Eucaristía, celebrada, comulgada, adorada. Donde se siga exponiendo el Santísimo, celebrando la Eucaristía, como centro y cumbre de la vida cristiana, seguirá existiendo vida. ¿No nos suena esto a lo que dice Jesús en Cafarnaún: Para que tengan vida? ¿No será que languidecemos de vida porque hemos olvidado el discurso del Pan de vida? Volver a vivir la Eucaristía es volver a estrenar una vida vivida a tope. + Francisco Cerro Chavesobispo de Coria-Cáceres

sábado, 1 de agosto de 2009

OLGA BEJARANO (HISTORIAS DE HÉROES)



Olga murió el pasado 8 de Diciembre.

Comparaba su relación con Dios con un enamoramiento y vivía sólo para El.
Olga Bejano, 20 años pentapléjica, muere «con los deberes hechos»
Murió en Logroño Olga Bejano, escritora pentapléjica que durante dos décadas luchó por la dignidad de los enfermos y escribió sobre su vida cotidiana y espiritual. Su funeral es hoy a las once de la mañana en la Iglesia de Santiago de Logroño.
Olga nació en 1963, la segunda de cuatro hermanos, en una familia de fe fuerte forjada en Cursillos de Cristiandad. A los 23 años, una parada cardíaca la dejó cinco días en coma, del que salió paralizada y casi ciega. Le pronosticaron seis meses de vida, pero ella luchó durante 21 años. No podía moverse, ni hablar. Estaba conectada a un respirador artificial y se alimentaba por sonda. Sólo podía ver unos segundos si alguien le levantaba el párpado derecho. «Oír, sentir y pensar es lo único que puedo hacer solita», explicó. Sufrió 200 neumonías y decenas de intervenciones quirúrgicas. Con su pierna empujaba la mano paralizada para dibujar garabatos o señalar letras en un abecedario, que sus enfermeras anotaban.
Escribió cuatro libros, todos en la editorial LibrosLibres. En «Voz de Papel» y «Alma de Color Salmón» reflejó su enfermedad, su fortaleza, su sentido del humor. «Los Garabatos de Dios», publicado en 2008, recogió su vivencia espiritual y religiosa. Allí explica que escribe porque «el Cielo» se lo pidió en sueños. Su cuarto libro está aún por publicar.
Se oponía a la eutanasia y pedía más apoyo a los enfermos: «en vez de hablar de muerte digna, se debieran ofrecer ayudas para facilitar la vida digna». Además de «cariñoterapia», añadía,se requiere «trabajo y dinero y es fácil, cómodo y barato legalizar la eutanasia». Necesitaba cuatro enfermeras especializadas que se turnasen, algo imposible de pagar con su pensión de 180 euros. Por lo general sólo tenía una o dos, pagadas por la familia. Los cuatro primeros meses de 2008, con el caos de la Ley de Dependencia, se quedó sin enfermeras.
Su padre, amigo y confidente, murió en 2004. Su madre se volcaba en ella como podía. «Lleva veinte años sin dormir siete horas seguidas; cada tres horas ha de aspirar mis secreciones, porque no puedo tragar saliva», explicaba Olga.
Devolvió el pasado abril la Medalla de Oro de la Rioja al presidente autonómico, Pedro Sanz, como gesto de protesta ante las «palabras bonitas» y «promesas que no se cumplen», porque las ayudas autonómicas y de dependencia no llegaban a ella ni a los otros enfermos. «Calculo que he ahorrado más de seis millones de euros a la Comunidad», denunciaba en una carta abierta a la Prensa.
La enfermedad y la oración modelaban su alma, decía ella, como el a nadar contracorriente hace fuerte y sabroso al salmón. Tenía confianza «en Dios, en la Virgen María, en el Espíritu Santo y en mi Ángel de la Guarda». Comparaba su relación con Dios con un enamoramiento: «me levanto pensando en Él, durante el día pienso en Él y al acostarme, cuando más relajada estoy, en la oscuridad y el silencio es cuando Él se siente mejor para hacerse oír». Creía que su esfuerzo era útil: «soñé que el Señor me decía que iba a sufrir mucho, pero que mi sufrimiento iba a ser muy fértil. El tiempo le está dando la razón». Cuando estuvo en coma, tan cerca de morir, sintió que «no existe nada similar para poder hacer una comparación a la luz y el bienestar que allí se sienten». Tenía planes para su muerte: «cuando me vuelva a ver de nuevo en el túnel de luz, le diré a mi guía: Aquí de nuevo estoy, pero esta vez traigo hechos los deberes».