Ayer en Roma, dos santos fueron elevados a la categoría de doctores de la Iglesia: S. Juan de Avila y Sta. Hildegarda de Bingen.
En el rezo del Angelus, posterior a la Eucaristía, el Papa nos exhortó a practicar el rezo del Rosario en este año de la fe.
Al finalizar la santa misa celebrada en la plaza de san Pedro por la proclamación como Doctores de la Iglesia, de san Juan de Avila y de santa Hildegarda de Bingen, así como la inauguración de la XIII Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, el santo padre Benedicto XVI se dirigió a los fieles antes del rezo del Ángelus.
Destacó de manera especial la fiesta de la Virgen del Rosario que celebra hoy la Iglesia Universal, invocando a todos los fieles a valorizar más el rezo del santo rosario durante el próximo Año de le fe, que será inaugurado por él mismo este jueves 11 de octubre.
“Con el rosario –dijo el papa--, nos dejamos guiar de María, modelo de fe, en la meditación de los misterios de Cristo, para que día a día, podemos asimilar el Evangelio, de tal forma que modele toda nuestra vida”.
Y recordó que hace diez años, el hoy beato Juan Pablo II firmó la Carta apostólica Rosarium Virginis Mariae, invocando a los fieles –en continuidad con su predecesor--, “a rezar el rosario personalmente, en familia y en comunidad, asistiendo a la escuela de María, que nos conduce a Cristo, centro vivo de nuestra fe”.
Ante una gran cantidad de fieles venidos de España y de América Latina, el santo padre dirigió un saludo en la lengua de san Juan de Ávila: “Saludo con afecto a los peregrinos de lengua española. Invito a todos a orar por los trabajos del Sínodo de los Obispos, que en los próximos días reflexionará sobre “La nueva evangelización para la transmisión de la fe cristiana”. Hoy he declarado Doctores de la Iglesia al sacerdote español san Juan de Ávila y a la religiosa alemana santa Hildegarda de Bingen. Que sus figuras y obras sigan siendo faros luminosos y seguros en el anuncio del Reino de Dios, y nos ayuden a todos a crecer cada día en la auténtica vida de fe. Que la Santísima Virgen María nos acompañe en estos propósitos”.
Dios ha querido darnos el regalo de hacernos sus hijos. Nos ha regalado la Iglesia, comunidad que le hace presente en medio de este mundo: ESTA ES NUESTRA CASA. Blog de la Parroquia de San Juan Evangelista Sonseca (Toledo)
lunes, 8 de octubre de 2012
sábado, 6 de octubre de 2012
DOMINGO XXVII DEL TIEMPO ORDINARIO
Evangelio
En aquel tiempo, acercándose unos fariseos a Jesús, le preguntaban para
ponerlo a prueba: «¿Le es lícito al hombre repudiar a su mujer?»
Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?» Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero, al principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por eso, abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.
Él les replicó: «¿Qué os ha mandado Moisés?» Contestaron: «Moisés permitió escribir el acta de divorcio y repudiarla». Jesús les dijo: «Por la dureza de vuestro corazón dejó escrito Moisés este precepto. Pero, al principio de la creación, Dios los creó hombre y mujer. Por eso, abandonará el hombre a su padre y a su madre, se unirá a su mujer y serán los dos una sola carne. De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
En casa, los discípulos volvieron a preguntarle sobre lo mismo. Él les dijo: «Si uno repudia a su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra la primera. Y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio».
Acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús se enfadó y les dijo: «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis, pues de los que son como ellos es el reino de Dios. En verdad os digo que quien no reciba el reino de Dios como un niño, no entrará en él». Y tomándolos en brazos los bendecía imponiéndoles las manos.
Marcos 10, 2-16
Recientemente, presidí una celebración del sacramento del Matrimonio. En la
homilía, recordé a los contrayentes que el amor no es una realidad estática que
con el tiempo se acaba, una especie de fuego que se va consumiendo
inexorablemente. El amor, les decía, es algo vivo, dinámico, en crecimiento
continuo, y si hoy os amáis tanto que unís vuestras vidas en santo matrimonio;
la lógica del amor es que, con el paso de los años, se haga cada vez más maduro
y entregado. La pasión puede apagarse con el tiempo; el amor, en cambio, es algo
mucho más profundo, que se acrecienta y purifica. Para ello es preciso
estrenarlo cada día, renovarlo incesantemente. Y eso sólo se puede llevar a cabo
construyendo la casa del matrimonio sobre la roca firme que es Cristo, que
renueva y purifica el amor.
Podría alguno pensar que estas palabras suenan a música celestial, pero que la realidad es distinta, y que las estadísticas que los medios de comunicación difunden con regularidad sobre separaciones y divorcios, más que concordar con esa visión, nos llevan a la conclusión de que se trata de una meta imposible. Precisamente el Evangelio de este domingo nos presenta a los fariseos formulando preguntas capciosas a Jesús, no con la intención de aclarar conceptos, sino con la finalidad de atraparlo en alguna opinión contraria a la Ley y poderlo comprometer. La pregunta es acerca de la licitud o ilicitud del divorcio. Jesús afirma rotundamente la indisolubilidad del matrimonio y se remite al proyecto original de Dios sobre la unión del hombre y la mujer. Aunque estaba previsto en la ley de Moisés repudiar a su mujer, se trataba de una concesión hecha por Moisés por la dureza del corazón, por la terquedad.
Pero esta práctica ha de considerarse como una excepción, como un paréntesis, mientras que la verdad del matrimonio se remonta al principio de la creación, cuando Dios -como está escrito en el libro del Génesis- los creó hombre y mujer. Por lo tanto, el ideal de Dios, la voluntad de Dios, el plan de Dios sobre el ser humano, hombre y mujer, es que «ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
El Beato Juan Pablo II señala bellamente que Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, lo mantiene en la existencia, lo capacita para amar y lo llama a vivir en plenitud el amor; más aún, decía que «la Revelación cristiana conoce dos modos específicos de realizar integralmente la vocación de la persona humana al amor: el Matrimonio y la Virginidad. Tanto el uno como la otra, en su forma propia, son una concretización de la verdad más profunda del hombre, de su ser imagen de Dios (véase Familiaris consortio, 11).
Podría alguno pensar que estas palabras suenan a música celestial, pero que la realidad es distinta, y que las estadísticas que los medios de comunicación difunden con regularidad sobre separaciones y divorcios, más que concordar con esa visión, nos llevan a la conclusión de que se trata de una meta imposible. Precisamente el Evangelio de este domingo nos presenta a los fariseos formulando preguntas capciosas a Jesús, no con la intención de aclarar conceptos, sino con la finalidad de atraparlo en alguna opinión contraria a la Ley y poderlo comprometer. La pregunta es acerca de la licitud o ilicitud del divorcio. Jesús afirma rotundamente la indisolubilidad del matrimonio y se remite al proyecto original de Dios sobre la unión del hombre y la mujer. Aunque estaba previsto en la ley de Moisés repudiar a su mujer, se trataba de una concesión hecha por Moisés por la dureza del corazón, por la terquedad.
Pero esta práctica ha de considerarse como una excepción, como un paréntesis, mientras que la verdad del matrimonio se remonta al principio de la creación, cuando Dios -como está escrito en el libro del Génesis- los creó hombre y mujer. Por lo tanto, el ideal de Dios, la voluntad de Dios, el plan de Dios sobre el ser humano, hombre y mujer, es que «ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre».
El Beato Juan Pablo II señala bellamente que Dios ha creado al hombre a su imagen y semejanza, lo mantiene en la existencia, lo capacita para amar y lo llama a vivir en plenitud el amor; más aún, decía que «la Revelación cristiana conoce dos modos específicos de realizar integralmente la vocación de la persona humana al amor: el Matrimonio y la Virginidad. Tanto el uno como la otra, en su forma propia, son una concretización de la verdad más profunda del hombre, de su ser imagen de Dios (véase Familiaris consortio, 11).
+ José Ángel Saiz Meneses
obispo de Tarrasa
obispo de Tarrasa
viernes, 5 de octubre de 2012
UN DOCTOR PARA LA NUEVA EVANGELIZACIÓN

San Juan de Ávila,
obra de Pier Huberst Subleyra
Benedicto XVI proclamará Doctor de la Iglesia a san Juan de
Ávila, el próximo 7 de octubre
En 1526, un hombre encontró el Amor de su vida. Como todo
amor verdadero, fue un amor contagioso. Ardió su corazón de tal manera que ya no
pudo sino salir a los caminos a contarle a todo el mundo su aventura. Casi
quinientos años después, este enamorado se doctora. Este domingo, el
Papa lo proclamará Doctor de la Iglesia universal. A las puertas del Año de
la fe y en el pórtico mismo del Sínodo sobre la nueva evangelización, san
Juan de Ávila entra en la Historia
Pero, ¿qué puede decirnos un hombre del siglo XVI a quienes vivimos en el
siglo XXI? ¿Qué sentido tiene que irrumpa en nuestro presente este
personaje? Si contáramos, a modo de tráiler cinematográfico, su vida en
fogonazos y pinceladas audiovisuales, tendríamos elementos más que suficientes
para convertir la historia en un éxito de taquilla, o pergeñar una serie de
máxima audiencia para la televisión. El Maestro Ávila es una figura tan
atrayente que los guionistas sucumbirían de inmediato a la trama. Engancha. No
necesita aditivos, ni edulcorantes. Basta el poderoso relato de su vida, la
verdad de los hechos: lo tenía todo y lo dejó todo (por Amor). Desprendido,
generoso, entusiasta, rezaba, celebraba los sacramentos, tocaba el corazón de
los hombres cuando hablaba, escribía con sencillez y profundidad y sentaba a
comer a su mesa a los más necesitados: predicaba y daba trigo. Un Maestro que
supo (y que sabe) suscitar el entusiasmo por el Evangelio y la búsqueda de la
vida santa, que entregó su vida a la oración, el estudio y la predicación, y que
estimuló e ilustró la fe cristiana de jóvenes y adultos, sabios e ignorantes,
pobres y ricos.
Su originalidad se halla, entre otros aspectos, en su constante referencia a
la Sagrada Escritura, en su consistente y actualizado saber teológico y en la
firmeza para los contenidos de la fe, al más puro estilo paulino: La verdad
no se ha de callar, y débese decir con mucha afirmación, diciendo que, aunque el
ángel del cielo otra cosa evangelizare, no debe ser creído. Lo que en su
día fue auténtico y sirvió fecundamente para una época concreta, se hace
patrimonio común que sobrepasa los tiempos y las fronteras. ¿No tiene acaso
novedad en nuestros días, sumidos en una crisis de hondas raíces morales, una
figura que proclama y vive de esta forma el Evangelio de Jesús, Dios
humanado?
Su originalidad se halla, entre otros aspectos, en su constante referencia a
la Sagrada Escritura, en su consistente y actualizado saber teológico y en la
firmeza para los contenidos de la fe, al más puro estilo paulino: La verdad
no se ha de callar, y débese decir con mucha afirmación, diciendo que, aunque el
ángel del cielo otra cosa evangelizare, no debe ser creído. Lo que en su
día fue auténtico y sirvió fecundamente para una época concreta, se hace
patrimonio común que sobrepasa los tiempos y las fronteras. ¿No tiene acaso
novedad en nuestros días, sumidos en una crisis de hondas raíces morales, una
figura que proclama y vive de esta forma el Evangelio de Jesús, Dios
humanado?
Lo mejor de nuestras raíces
Apóstol de Andalucía, Apóstol del sacerdocio y de la Eucaristía, como de
tantas formas y con tanto acierto le han definido, en un contexto no menos
complejo que el nuestro, contó también, de algún modo, con su atrio de los
gentiles, generando en él un original modo de diálogo y de exponer las
verdades de la fe, donde ensamblaba, en admirable sintonía, la solidez de la
doctrina cristiana con sus originales referencias al vivir cotidiano y, sobre
todo, con un riguroso testimonio de vida, certero aval de la verdad predicada.
No es de extrañar que, con su Doctorado, en esta fecha tan significativa, el
Papa lo haya querido colocar como referente cualificado para todo el pueblo de
Dios, para que le reconozcamos como Maestro y Doctor del Amor divino, como
Doctor para la nueva evangelización.
Patrono del clero secular español, maestro de santos, experimentado conocedor de los caminos del espíritu, fue amigo y consejero de muchos de los de su tiempo: Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Juan de la Cruz, Tomás de Villanueva, Juan de Dios, Juan de Ribera o Pedro de Alcántara, entre otros, conforman una selecta corona de amistades. Fue, además, un excelente pedagogo de la fe, al que la gente sencilla seguía para escuchar en su predicación, y centró su particular interés en la formación de los sacerdotes al estilo de Jesucristo, Buen Pastor.
El Doctorado es una ocasión privilegiada para, en palabras del Papa, volver los ojos a él, a lo mejor de nuestras raíces, recordando con gratitud que el renacimiento del catolicismo en la época moderna ocurrió, sobre todo, gracias a España y a figuras tan relevantes como la de san Juan de Ávila. Este gran acontecimiento es también, sin duda, una invitación a la santidad. Adentrándonos en el testimonio y en la enseñanza del santo Maestro, nos proyectamos hacia el futuro. No es una mirada nostálgica y débil hacia un pasado que nada tiene que decirnos ni que aportarnos en el presente. Al contrario, es una mirada cargada de futuro, fuerte, ancha como el horizonte vital de san Juan de Ávila. Por el hecho de acoger y valorar su modelo de santidad, nos abrimos precisamente a las nuevas gracias que el Señor repartirá generosamente en el proceso de la nueva evangelización a que el propio Maestro nos impulsa. Su Doctorado nos obliga a conocer mejor su vida, a leer sus obras, a recibir con apertura su herencia, a ponerla en práctica, y a dar testimonio de su figura y su doctrina como propuesta de renovación para un mundo que vive como si Dios no existiera.
Patrono del clero secular español, maestro de santos, experimentado conocedor de los caminos del espíritu, fue amigo y consejero de muchos de los de su tiempo: Teresa de Jesús, Ignacio de Loyola, Juan de la Cruz, Tomás de Villanueva, Juan de Dios, Juan de Ribera o Pedro de Alcántara, entre otros, conforman una selecta corona de amistades. Fue, además, un excelente pedagogo de la fe, al que la gente sencilla seguía para escuchar en su predicación, y centró su particular interés en la formación de los sacerdotes al estilo de Jesucristo, Buen Pastor.
El Doctorado es una ocasión privilegiada para, en palabras del Papa, volver los ojos a él, a lo mejor de nuestras raíces, recordando con gratitud que el renacimiento del catolicismo en la época moderna ocurrió, sobre todo, gracias a España y a figuras tan relevantes como la de san Juan de Ávila. Este gran acontecimiento es también, sin duda, una invitación a la santidad. Adentrándonos en el testimonio y en la enseñanza del santo Maestro, nos proyectamos hacia el futuro. No es una mirada nostálgica y débil hacia un pasado que nada tiene que decirnos ni que aportarnos en el presente. Al contrario, es una mirada cargada de futuro, fuerte, ancha como el horizonte vital de san Juan de Ávila. Por el hecho de acoger y valorar su modelo de santidad, nos abrimos precisamente a las nuevas gracias que el Señor repartirá generosamente en el proceso de la nueva evangelización a que el propio Maestro nos impulsa. Su Doctorado nos obliga a conocer mejor su vida, a leer sus obras, a recibir con apertura su herencia, a ponerla en práctica, y a dar testimonio de su figura y su doctrina como propuesta de renovación para un mundo que vive como si Dios no existiera.
Siempre un contemporáneo
San Juan de Ávila supo vivir y expresar el misterio cristiano de forma
eminente. Ahí tenemos lanzado el guante. Porque los tiempos pasan, cambian los
métodos y los medios, se renueva el ardor y, sin embargo, los verdaderos
creyentes como él son siempre contemporáneos. Decía Chesterton que «el gran
clásico es un hombre del que se puede hacer el elogio sin haberlo leído». Con
san Juan de Ávila se puede cumplir la máxima. Aprovechemos, sin embargo, el
Doctorado para elogiarlo con más y mejor fundamento: leyéndolo e imitándole,
porque además es compatible con imaginarlo, en fidelidad creativa,
protagonizando una novela histórica, o una serie de ficción; es complementario
con realizar un vídeo viral, sugerente, para aquellos que todavía no se han
adentrado en las obras exhaustivas y navegan en el oleaje bravío de las redes
sociales.
Conociéndole a fondo, podremos seguirle y hacer que otros le sigan en Twitter (@sjuandeavila_d); podremos colgar sus frases más célebres en el tablón parroquial y compartirlas en el muro de Facebook. Y podemos, sobre todo, recorrer de su mano el camino de la fe, con nuevo ardor, con nuevo impulso, con la mirada puesta en Cristo crucificado y las rodillas hincadas ante el sagrario, que ése es, según él mismo confesaba, el modo en que se ganan las almas para el Señor. Así es como se libra y se gana la pacífica batalla del Amor, porque «el que se arma con la fe viva está fuerte para resistir» y está preparado para que todos, todos sin exclusión alguna, sepan que nuestro Dios es Amor.
Conociéndole a fondo, podremos seguirle y hacer que otros le sigan en Twitter (@sjuandeavila_d); podremos colgar sus frases más célebres en el tablón parroquial y compartirlas en el muro de Facebook. Y podemos, sobre todo, recorrer de su mano el camino de la fe, con nuevo ardor, con nuevo impulso, con la mirada puesta en Cristo crucificado y las rodillas hincadas ante el sagrario, que ése es, según él mismo confesaba, el modo en que se ganan las almas para el Señor. Así es como se libra y se gana la pacífica batalla del Amor, porque «el que se arma con la fe viva está fuerte para resistir» y está preparado para que todos, todos sin exclusión alguna, sepan que nuestro Dios es Amor.
Isidro Catela Marcos
Director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española,
miembro de la Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia
Director de la Oficina de Información de la Conferencia Episcopal Española,
miembro de la Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia
Publicado en Alfa y Omega
jueves, 4 de octubre de 2012
JUEVES SACERDOTAL
Hoy es Jueves Sacerdotal y hay Exposición del Santísimo en nuestra Parroquia durante todo el día, hasta las 19:30 para orar por los sacerdotes y por las vocaciones.
Oh Jesús, Pontífice Eterno, Buen Pastor, Fuente de vida, que
por singular generosidad de vuestro dulcísimo Corazón nos habéis dado a nuestros
sacerdotes para que podamos cumplir plenamente los designios de santificación
que vuestra gracia inspira en nuestras almas; os suplicamos: venid y ayudadlos
con vuestra asistencia misericordiosa.
Sed para ellos, oh Jesús, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que vuestra Palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior. Que el ejemplo de vuestra vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas.
Concededles, oh Señor, desprendimiento de todo interés terreno y que sólo busquen vuestra mayor gloria. Concededles ser fieles a sus obligaciones con pura conciencia hasta el postrer aliento. Y cuando con la muerte del cuerpo entreguen en vuestras manos la tarea bien cumplida, dadles, Jesús, Vos que fuisteis su Maestro en la tierra, la recompensa eterna: la corona de justicia en el esplendor de los santos. Amén.
Sed para ellos, oh Jesús, fe viva en sus obras, esperanza inquebrantable en las pruebas, caridad ardiente en sus propósitos. Que vuestra Palabra, rayo de la eterna Sabiduría, sea, por la constante meditación, el alimento diario de su vida interior. Que el ejemplo de vuestra vida y Pasión se renueve en su conducta y en sus sufrimientos para enseñanza nuestra, y alivio y sostén en nuestras penas.
Concededles, oh Señor, desprendimiento de todo interés terreno y que sólo busquen vuestra mayor gloria. Concededles ser fieles a sus obligaciones con pura conciencia hasta el postrer aliento. Y cuando con la muerte del cuerpo entreguen en vuestras manos la tarea bien cumplida, dadles, Jesús, Vos que fuisteis su Maestro en la tierra, la recompensa eterna: la corona de justicia en el esplendor de los santos. Amén.
Preces por los sacerdotes
Padre nuestro, que estás en los cielos:
V. Para que sea santificado tu nombre:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que venga a nosotros tu reino:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que no nos falte el pan espiritual de tu Palabra ni el Divino Pan Eucarístico cada día:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que en tu nombre perdonen nuestros pecados:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos enseñen a perdonar las ofensas:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos auxilien en la lucha contra las tentaciones,
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos ayuden a librarnos del mal, sobre todo en la hora de la muerte:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que sea santificado tu nombre:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que venga a nosotros tu reino:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que tu voluntad sea hecha en la tierra como en el cielo:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que no nos falte el pan espiritual de tu Palabra ni el Divino Pan Eucarístico cada día:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que en tu nombre perdonen nuestros pecados:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos enseñen a perdonar las ofensas:
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos auxilien en la lucha contra las tentaciones,
R. Danos sacerdotes santos.
V. Para que nos ayuden a librarnos del mal, sobre todo en la hora de la muerte:
R. Danos sacerdotes santos.
miércoles, 3 de octubre de 2012
ENSANCHAR NUESTRA ORACIÓN
Pide al Señor que
lluevan sus gracias sobre la tierra
Debemos ensanchar
nuestra oración diaria, dejando que el Señor la colme de su creatividad, para
que por medio de ella, él pueda tocar la mayor cantidad posible de
vidas.
Así como Dios dejó que
el hombre pusiera nombre a todas las creaturas, también te da a ti la autoridad
para pedir bendición sobre toda creatura en esta tierra.
Por lo demás, así como
el agua bendita limpia y purifica, pidámosle al Señor que bendiga las nubes del
cielo para que la próxima lluvia purifique y limpie nuestra ciudad de todo mal,
y a todos los que en ella habitamos.
En nuestro pueblo y
ciudades existen lugares donde hay tanto dolor, tanto mal, tanto crimen, tanta
estafa, tanta corrupción.
Si todos los cristianos
nos unimos y pedimos a Dios que llueva su gracia desde lo Alto, él realizaría
algo impresionante.
Destilen, cielos, desde
lo alto y que las nubes derramen su justicia. ¡Que se abra la tierra y produzca
la salvación, y que también haga germinar la justicia! Yo, el Señor, he creado
todo esto. Isaías 45, 8.
P. Gustavo Jamut
P. Gustavo Jamut
martes, 2 de octubre de 2012
LOS PASOS DE LOS SANTOS
La velocidad de los santos es 3P:
Pequeños Pasos Posibles.
Quizá no podemos alimentar a todos los pobres de la tierra, pero podemos saludar con respeto y dignidad a quien está mendigando en la calle o a quien intenta limpiarnos el parabrisas o vendernos un paquete de pañuelos.
Quizá no podemos cambiar ese terrible carácter nuestro para siempre, pero podemos sonreír a ese cabrito de la oficina que nos la ha jugado porque -pobre- cree que el dinero es lo más importante.
Quizá no podemos resucitar a los muertos, pero podemos acompañar la tristeza de esas personas que ocupan en nuestra sociedad el lugar de los apestados, los que llevan en la frente el cartel de "fracasado".
Cada día podemos dar algún Pequeño Paso Posible.
Es la velocidad de los santos y, aunque parezca mentira, es bastante alta y nos lleva muy lejos.
Del blog: "Todo era bueno"
lunes, 1 de octubre de 2012
SANTA TERESITA DE LISIEUX
Hoy comienza el horario de invierno en nuestra Parroquia.
Horario de Misas de lunes a sábado: 8:30 de la mañana y 19:30. A las 11:00 en la Ermita de la Virgen.
Domingos: A las 9:00, 10:30, 12:00, 17:00 en la Ermita de la Virgen de la Salud y 19:00 en la Parroquia.
Mañana a las 20:30 reunión de catequistas de confirmación en los salones parroquiales.
Este próximo jueves, Jueves Sacerdotal, Exposición del Santísimo de 9:00 de la mañana a 19:30 en la Parroquia.
María Francisca Teresa (Santa Teresita del Niño Jesús o de Lisieux) nació el 2 de Enero de 1873 en Francia. Hija de un relojero y una costurera de Alençon. Tuvo una infancia feliz y ordinaria, llena de buenos ejemplos. Teresita era viva e impresionable, pero no particularmente devota.
En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre. Su padre vendió su relojería y se fue a vivir a Lisieux donde sus hijas estarían bajo el ciudado de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. Santa Teresita era la preferida de su padre. Sus hermanas eran María, Paulina y Celina. La que dirigía la casa era María y Paulina que era la mayor se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Les leía mucho en el invierno.
Cuando Teresita tenía 9 años, Paulina ingresó al convento de las carmelitas. Desde entonces, Teresita se sintió inclinada a seguirla por ese camino. Era una niña afable y sensible y la religión ocupaba una parte muy importante de su vida.
Cuando Teresita tenía catorce años, su hermana María se fue al convento de las carmelitas igual que Paulina. La Navidad de ese año, tuvo la expeirencia que ella llamó su “conversión”. Dice ella que apenas a una hora de nacido el Niño Jesús, inundó la oscuridad de su alma con ríos de luz. Decía que Dios se había hecho débil y pequeño por amor a ella para hacerla fuerte y valiente.
Al año siguiente, Teresita le pidió permiso a su padre para entrar al convento de las carmelitas y él dijo que sí. Las monjas del convento y el obispo de Bayeux opinaron que era muy joven y que debía esperar.
Algunos meses más tarde fueron a Roma en una peregrinación por el jubileo sacerdotal del Papa León XIII. Al arrodillarse frenta al Papa para recibir su bendición, rompió el silencio y le pidió si podía entrar en el convento a los quince años. El Papa quedó impresionado por su aspecto y modales y le dijo que si era la voluntad de Dios así sería
Teresita rezó mucho en todos los santuarios de la peregrinación y con el apoyo del Papa, logró entrar en el Carmelo en Abril de 1888. Al entrar al convento, la maestra de novicias dijo; “ Desde su entrada en la orden, su porte tenía una dignidad poco común de su edad, que sorprendió a todas las religiosas.” Profesó como religiosa el 8 de Septiembre de 1890. Su deseo era llegar a la cumbre del monte del amor.
Teresita cumplió con las reglas y deberes de los carmelitas. Oraba con un inmenso fervor por los sacerdotes y los misioneros. Debido a esto, fue nombrada después de su muerte, con el título de patrona de las misiones, aunque nunca habia salido de su convento.
Se sometió a todas las austeridades de la orden, menos al ayuno, ya que era delicada de salud y sus superiores se lo impidieron. Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno en el convento. Pero ella decía “Quería Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne; preferiría que me concediera ambos.” Y un día pudo exclamar “He llegado a un punto en el que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento es dulce.”
En 1893, a los veinte años, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias. Prácticamente ella era la maestra de novicias, aunque no tuviera el título. Con respecto a esta labor, decía ella que hacer el bien sin la ayuda de Dios era tan imposible como hacer que el sol brille a media noche.
Su padre enfermó perdiendo el uso de la razón a causa de dos ataques de parálisis. Celina, su hermana, se encargó de cuidarlo. Fueron unos año difíciles para las hijas. Al morir el padre, Celina ingresó al convento con sus hermanas.
En este mismo año, Teresita se enfermó de tuberculosis. Quería ir a una misión en Indochina pero su salud no se lo permitió. Sufrió mucho los últimos 18 meses de su vida. Fue un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. En junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del convento de la que no volvió a salir. A partir de agosto ya no podía recibir la Comunión debido a su enfermedad y murió el 30 de Septiembre de ese año. Fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925. Se le presenta como una monja carmelita con un crucifijo y rosas en los brazos. Ella decía que después de su muerte derramaría una lluvia de rosas.
El culto a esta santa comenzó a crecer con rapidez. Los milagros hechos gracias a su intercesión atrajeron a atención de los cristianos del mundo entero.
Escribió el libro “Historia de un alma” que es una autobiografía. Escribe frases preciosas como éstas en ese libro: “Para mí, orar consiste en elevar el corazón, en levantar los ojos al cielo, en manifestar mi graitud y mi amor lo mismo en el gozo que en la prueba.”; “Te ruego que poses tus divinos ojos sobre un gran número de almas pequeñas.” Teresita se contaba a sí misma entre las almas pequeñas, decía “Yo soy un alma minúscula, que sólo puede ofrecer pequeñeces a nuestro Señor.”
¿Qué nos enseña Santa Teresita?
Nos enseña un camino para llegar a Dios: la sencillez de alma. Hacer por amor a Dios nuestras labores de todos los días. Tener detalles de amor con los que nos rodean. Esta es la “grandeza” de Santa Teresita. Decía: “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra.”El secreto es reconocer nuestra pequeñez ante Dios, nuestro Padre. Tener una actitud de niño al amar a Dios, es decir, amarlo con simplicidad, con confianza absoltua, con humildad sirvendo a los demás. Esto es a lo que ella llama su “caminito”. Es el camino de la infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta a Dios.
Nos enseña a servir a los demás con amor y perfección viendo en ellos a Jesús. Toda su vida fue de servicio a los demás. Ser mejores cada día con los demás en los detalles de todos los días.
Nos enseña a tener paciencia ante las dificultades de la vida. Su enfermedad requi-rió de mucha paciencia y aceptación. Sólo estando cerca de Dios el sufrimiento se hace dulce.
Nos enseña a tener sentido del humor ante lo inevitable. Dicen que durante la meditación en el convento, una de las hermanas agitaba su rosario y esto irritaba a Santa Teresita. Decidió entonces en lugar de tratar de no oir nada, escuchar este ruido como si fuera una música preciosa. En nuestras vidas hay situaciones o acciones de los demás que nos molestan y que no podemos evitar. Debemos aprender a reirnos de éstas, a disfrutarlas por que nos dan la oportunidad de ofrecer algo a Dios.
Nos enseña que podemos vivir nuestro cielo en la tierra haciendo el bien a los que nos rodean. Actuar con bondad siempre, buscando lo mejor para los demás. Esta es una manera de alcanzar el cielo.
Nos enseña a ser sencillos como niños para llegar a Dios. Orar con confianza, con simplicidad. Sentirnos pequeños ante Dios nuestro Padre.
Oración
Virgen María y Santa Teresita, ayúdenme a tener más amor a Dios para servir mejor a los que me rodean.
Si quieres saber más de la vida de Santa Teresa del Niño Jesús en corazones.org encontrarás un sitio hermoso para seguir consultando
Horario de Misas de lunes a sábado: 8:30 de la mañana y 19:30. A las 11:00 en la Ermita de la Virgen.
Domingos: A las 9:00, 10:30, 12:00, 17:00 en la Ermita de la Virgen de la Salud y 19:00 en la Parroquia.
Mañana a las 20:30 reunión de catequistas de confirmación en los salones parroquiales.
Este próximo jueves, Jueves Sacerdotal, Exposición del Santísimo de 9:00 de la mañana a 19:30 en la Parroquia.
María Francisca Teresa (Santa Teresita del Niño Jesús o de Lisieux) nació el 2 de Enero de 1873 en Francia. Hija de un relojero y una costurera de Alençon. Tuvo una infancia feliz y ordinaria, llena de buenos ejemplos. Teresita era viva e impresionable, pero no particularmente devota.
En 1877, cuando Teresita tenía cuatro años, murió su madre. Su padre vendió su relojería y se fue a vivir a Lisieux donde sus hijas estarían bajo el ciudado de su tía, la Sra. Guerin, que era una mujer excelente. Santa Teresita era la preferida de su padre. Sus hermanas eran María, Paulina y Celina. La que dirigía la casa era María y Paulina que era la mayor se encargaba de la educación religiosa de sus hermanas. Les leía mucho en el invierno.
Cuando Teresita tenía 9 años, Paulina ingresó al convento de las carmelitas. Desde entonces, Teresita se sintió inclinada a seguirla por ese camino. Era una niña afable y sensible y la religión ocupaba una parte muy importante de su vida.
Cuando Teresita tenía catorce años, su hermana María se fue al convento de las carmelitas igual que Paulina. La Navidad de ese año, tuvo la expeirencia que ella llamó su “conversión”. Dice ella que apenas a una hora de nacido el Niño Jesús, inundó la oscuridad de su alma con ríos de luz. Decía que Dios se había hecho débil y pequeño por amor a ella para hacerla fuerte y valiente.
Al año siguiente, Teresita le pidió permiso a su padre para entrar al convento de las carmelitas y él dijo que sí. Las monjas del convento y el obispo de Bayeux opinaron que era muy joven y que debía esperar.
Algunos meses más tarde fueron a Roma en una peregrinación por el jubileo sacerdotal del Papa León XIII. Al arrodillarse frenta al Papa para recibir su bendición, rompió el silencio y le pidió si podía entrar en el convento a los quince años. El Papa quedó impresionado por su aspecto y modales y le dijo que si era la voluntad de Dios así sería
Teresita rezó mucho en todos los santuarios de la peregrinación y con el apoyo del Papa, logró entrar en el Carmelo en Abril de 1888. Al entrar al convento, la maestra de novicias dijo; “ Desde su entrada en la orden, su porte tenía una dignidad poco común de su edad, que sorprendió a todas las religiosas.” Profesó como religiosa el 8 de Septiembre de 1890. Su deseo era llegar a la cumbre del monte del amor.
Teresita cumplió con las reglas y deberes de los carmelitas. Oraba con un inmenso fervor por los sacerdotes y los misioneros. Debido a esto, fue nombrada después de su muerte, con el título de patrona de las misiones, aunque nunca habia salido de su convento.
Se sometió a todas las austeridades de la orden, menos al ayuno, ya que era delicada de salud y sus superiores se lo impidieron. Entre las penitencias corporales, la más dura para ella era el frío del invierno en el convento. Pero ella decía “Quería Jesús concederme el martirio del corazón o el martirio de la carne; preferiría que me concediera ambos.” Y un día pudo exclamar “He llegado a un punto en el que me es imposible sufrir, porque todo sufrimiento es dulce.”
En 1893, a los veinte años, la hermana Teresa fue nombrada asistente de la maestra de novicias. Prácticamente ella era la maestra de novicias, aunque no tuviera el título. Con respecto a esta labor, decía ella que hacer el bien sin la ayuda de Dios era tan imposible como hacer que el sol brille a media noche.
Su padre enfermó perdiendo el uso de la razón a causa de dos ataques de parálisis. Celina, su hermana, se encargó de cuidarlo. Fueron unos año difíciles para las hijas. Al morir el padre, Celina ingresó al convento con sus hermanas.
En este mismo año, Teresita se enfermó de tuberculosis. Quería ir a una misión en Indochina pero su salud no se lo permitió. Sufrió mucho los últimos 18 meses de su vida. Fue un período de sufrimiento corporal y de pruebas espirituales. En junio de 1897 fue trasladada a la enfermería del convento de la que no volvió a salir. A partir de agosto ya no podía recibir la Comunión debido a su enfermedad y murió el 30 de Septiembre de ese año. Fue beatificada en 1923 y canonizada en 1925. Se le presenta como una monja carmelita con un crucifijo y rosas en los brazos. Ella decía que después de su muerte derramaría una lluvia de rosas.
El culto a esta santa comenzó a crecer con rapidez. Los milagros hechos gracias a su intercesión atrajeron a atención de los cristianos del mundo entero.
Escribió el libro “Historia de un alma” que es una autobiografía. Escribe frases preciosas como éstas en ese libro: “Para mí, orar consiste en elevar el corazón, en levantar los ojos al cielo, en manifestar mi graitud y mi amor lo mismo en el gozo que en la prueba.”; “Te ruego que poses tus divinos ojos sobre un gran número de almas pequeñas.” Teresita se contaba a sí misma entre las almas pequeñas, decía “Yo soy un alma minúscula, que sólo puede ofrecer pequeñeces a nuestro Señor.”
¿Qué nos enseña Santa Teresita?
Nos enseña un camino para llegar a Dios: la sencillez de alma. Hacer por amor a Dios nuestras labores de todos los días. Tener detalles de amor con los que nos rodean. Esta es la “grandeza” de Santa Teresita. Decía: “Quiero pasar mi cielo haciendo el bien en la tierra.”El secreto es reconocer nuestra pequeñez ante Dios, nuestro Padre. Tener una actitud de niño al amar a Dios, es decir, amarlo con simplicidad, con confianza absoltua, con humildad sirvendo a los demás. Esto es a lo que ella llama su “caminito”. Es el camino de la infancia espiritual, un camino de confianza y entrega absoluta a Dios.
Nos enseña a servir a los demás con amor y perfección viendo en ellos a Jesús. Toda su vida fue de servicio a los demás. Ser mejores cada día con los demás en los detalles de todos los días.
Nos enseña a tener paciencia ante las dificultades de la vida. Su enfermedad requi-rió de mucha paciencia y aceptación. Sólo estando cerca de Dios el sufrimiento se hace dulce.
Nos enseña a tener sentido del humor ante lo inevitable. Dicen que durante la meditación en el convento, una de las hermanas agitaba su rosario y esto irritaba a Santa Teresita. Decidió entonces en lugar de tratar de no oir nada, escuchar este ruido como si fuera una música preciosa. En nuestras vidas hay situaciones o acciones de los demás que nos molestan y que no podemos evitar. Debemos aprender a reirnos de éstas, a disfrutarlas por que nos dan la oportunidad de ofrecer algo a Dios.
Nos enseña que podemos vivir nuestro cielo en la tierra haciendo el bien a los que nos rodean. Actuar con bondad siempre, buscando lo mejor para los demás. Esta es una manera de alcanzar el cielo.
Nos enseña a ser sencillos como niños para llegar a Dios. Orar con confianza, con simplicidad. Sentirnos pequeños ante Dios nuestro Padre.
Oración
Virgen María y Santa Teresita, ayúdenme a tener más amor a Dios para servir mejor a los que me rodean.
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