domingo, 11 de octubre de 2009

DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO



Se puede uno creer muy religioso, como el joven rico, y, sin embargo, no vivir correctamente el seguimiento de Cristo. Jugárselo todo por Jesús es siempre nuestra asignatura pendiente.Aquel joven se acerca a Jesús y lo llama Maestro bueno. Es la bondad de Jesús la que conquista su corazón. La autoridad de Jesús no tiene nada que ver con la de otros que enseñan, pero no lo hacen con el ejemplo de su vida. Jesús le manda que cumpla los Mandamientos. Es curioso, pero Jesús le remite a los Mandamientos que hablan de la relación con los demás, con el prójimo: «No matarás; no robarás; honra a tu padre y a tu madre...» ¿Por qué no le pregunta de su relación con Dios? Sencillamente, porque su problema no estaba en su relación con Dios. Su asignatura pendiente es la relación con los hermanos, con los demás. Es lo que le pasa a este muchacho que cumple los Mandamientos, pero su corazón no es absolutamente bueno, como el de Jesús.Jesús le miró con cariño. Valoró su gran esperanza. El Señor a nosotros, a los jóvenes, siempre, nos mira con cariño, cuando nos presentamos delante de Él. Jesús le dice que tiene que dar un salto, hacer una locura: venderlo todo, darlo a los pobres y seguirlo. Aquello le hizo entrar en crisis. Era demasiado. ¿Venderlo todo? ¡A quién se le puede ocurrir tal locura! Y se fue triste, porque la tristeza es la patria de los que no siguen a Jesús. Se quedó solo con su tristeza y no fue capaz de dar el salto para dejarlo todo, que en el fondo no es más que negarse a uno mismo, hacer trizas su proyecto y vivir en el Amor de la entrega total. Si pudiésemos volver a casa con el joven, ¿cuáles serían sus preguntas?; ¿sería feliz? Yo estoy seguro de que, a lo mejor, aumentó sus prácticas religiosas, pero no se planteó entregar su vida al Señor. Pensó seguir como siempre, pero no seguir amando como Jesús hasta el extremo. No tuvo la valentía de san Francisco de Asís, de fiarse de un Padre que nos cuida siempre y nos ama más, mucho más que al átomo y a la rosa. Los que tienen el corazón así, no han descubierto que la vida con Jesús es otra cosa; que no es cuestión de cantidad, sino de calidad; que se puede dar mucho, pero no tener el corazón abierto a los planes de Dios, y vivir en la tristeza común de tantos corazones, como el joven rico, que viven siempre en la insatisfacción en su relación con Dios, porque no vivieron en la generosidad de fiarse siempre del amor de Dios: ellos se lo perdieron, porque, en estos momentos, de este joven no sabemos ni su nombre, en cambio sí que sabemos el nombre de los que siguieron a Cristo: Pedro, Juan, Andrés, María Magdalena, Pablo...


+ Francisco Cerro Chaves


obispo de Coria-Cáceres


HOY LA IGLESIA SE VISTE DE FIESTA, porque nuevos santos serán proclamados desde la Cátedra de S. Pedro.

Añadimos a la reflexión habitual del Domingo, la carta que del Card. Arzobispo de Madrid ha escrito con ocasión de este acontecimiento de gracia para toda la Iglesia, y muy especialmente para la española.


España, tierra de santos
Bajo el título Los santos de España, y a propósito de la canonización de los Beatos Francisco Coll, dominico, y Rafael Arnáiz Barón, trapense, el cardenal arzobispo de Madrid escribe, en su Exhortación pastoral de esta semana:


A Juan Pablo II le gustaba dirigirse a España llamándola Tierra de María. Su palabra cálida, y tantas veces ardiente, nos conmovía y hasta nos enardecía. Sí, María había sido, era y es venerada por los españoles con una unanimidad de fe en su maternidad divina, de esperanza puesta en Ella como Madre de la Iglesia y de amor volcado en Ella, la Madre de Jesucristo y Madre nuestra, tan excepcional, que se explica bien esa caracterización mariana de España por parte del Papa, cuya vida estaba marcada también por su entrega singular a María como Totus Tuus: ¡Todo tuyo! Pero, igualmente, se podría llamar a España, con toda razón histórica, Tierra de santos. ¿Tendrá que ver un hecho histórico con el otro? ¿Cómo no va a producir frutos de santidad, en cualquier lugar donde esté implantada la Iglesia, la devoción a Aquella que es Madre del Santo de los Santos y, por ello, Virgen Santísima? En España, Tierra de María, desde los orígenes apostólicos de su bimilenaría historia cristiana, la Iglesia ha florecido con un número incontable de fieles, proclamados santos. No es aventurado afirmar que no hay un solo siglo en el devenir de la Iglesia, a través del itinerario hispánico de su historia, en el que no hayan sido reconocidos por el pueblo cristiano y por la autoridad de sus pastores, públicamente, como modelos de vida de fiel y heroico seguimiento de Cristo, hijos e hijas preclaros de España. Lo mismo ha ocurrido con llamativa frecuencia en su más reciente pasado, el siglo XX, y ocurre ahora al comienzo del siglo XXI. De nuestra memoria no se han borrado todavía los recuerdos de la emocionante canonización de los cinco santos españoles por Juan Pablo II en la Plaza de Colón, de Madrid, el 4 de mayo de 2003 (san Pedro Poveda, san José María Rubio, santa Ángela de la Cruz, santa Genoveva Torres y santa Maravillas de Jesús). El próximo domingo, nuestro Santo Padre Benedicto XVI volverá a declarar santos a dos españoles de nuestro tiempo: al Beato Francisco Coll, nacido en 1811 y fallecido en 1875, y al Beato Rafael Arnáiz Barón, cuya joven vida transcurre entre 1911 y 1938.
Dos nuevos santos
Fray Francisco Coll, dominico, fundador de las Dominicas de la Anunciata, fue un misionero popular, celoso de la recuperación cristiana, desde su tierra de origen -Cataluña-, de aquella España atribulada por las masivas exclaustraciones, consecuencia del forzado e implacable proceso de desamortización de los bienes de la Iglesia, acaecido ya avanzado el siglo XIX. Proceso político, no sólo muy grave en lo material, sino también funesto en lo espiritual, con demoledores efectos religiosos, sociales, culturales y morales. Al padre Francisco Coll, infatigable predicador, educador y director de almas, no se le ahorró la cruz de una ceguera incurable en los últimos años de su vida. El Hermano Rafael Arnáiz Barón fue un joven nacido en Burgos en el seno de una familia muy culta y profundamente cristiana, el 21 de abril de 1911. Murió el 26 de abril del año 1938, en la Trapa de San Isidro de Dueñas. ¡Una vida entre Pascua y Pascua de Resurrección! Todo un bello simbolismo para la comprensión espiritual de Rafael, un joven de aquella generación del primer tercio del siglo XX tentada fuertemente por propuestas de vida en las que la exultación del superhombre, contrario de Dios y contrario a Dios, domina a amplios segmentos de la sociedad, la cultura, la universidad y la política. Abrirse a la luz de Dios, a la experiencia honda y total de Cristo, es la aspiración que mueve la vida de aquel joven, que lo dejó todo -¡todo lo del mundo!- para responder al amor del que dio todo por nosotros en la Cruz. Rafael se quedó con sólo Dios y, por ello, pudo ofrecer su vida por la Iglesia y por los jóvenes de España. ¿Sus frutos?: los caminos de conversión y de santidad que quedaron abiertos y que no han cesado de ensancharse y prolongarse hasta hoy mismo.¡Dos nuevos santos de España! No son explicables ni en sus años de la tierra, ni ahora, en el tiempo de su reconocimiento público y solemne como santos para toda la Iglesia por el Romano Pontífice, sin la referencia viva a la Madre Iglesia, fecunda en el solar humano y espiritual de la España de ese tiempo -el moderno y el contemporáneo-, que también es el nuestro. La figura del Hermano Rafael, a quien Juan Pablo II propuso a los jóvenes del mundo, en la Eucaristía final de la JMJ del año 1989, en Santiago de Compostela, como modelo de extraordinaria y ejemplar actualidad para vivir la vida -¡la vida joven!- en el alba del tercer milenio como una vocación para la santidad, se nos presenta en su más profundo y renovado atractivo cuando nos preparamos para celebrar en Madrid, en agosto del año 2011, la JMJ con Benedicto XVI. El Hermano Rafael fue un fino y fiel devoto de María, la Madre del Señor. De él podemos aprender nosotros -sobre todo, los jóvenes de Madrid- cómo valorar y sentir lo que es una auténtica piedad mariana. ¡Cómo vivir nuestra devoción a la Virgen de La Almudena! A Ella nos encomendamos al comienzo de este mes que la Iglesia ha dedicado desde hace siglos al rezo diario del Santo Rosario. A Ella le encomendamos los frutos de la peregrinación de la Cruz de la JMJ, que acaba de comenzar.
+ Antonio Mª Rouco Varela

4 comentarios:

Javier Vicens y Hualde dijo...

Felicidades por este bonito, constante, ordenado e inspirado GLOB. Hoy ha entrado un ser humano en mi despacho justo cuando yo acababa de entrar aquí. Estaba sonando el Benedictus y me ha dicho: ¡Qué bien suena eso! Entonces nos hemos puesto a hablar de Internet,de la nueva megafonía del Santuario, de Sonseca, de Dios y, finalmente, de un niño que será bautizado en esta parroquia en un par de semanas, si Dios quiere. Cuando ha empezado a sonar el Pie Iesu no he podido contenerme y he soltado: "Yo nunca he estado en Sonseca pero este Pie Iesu suena bien ¿verdad?" Estaba sonando La Misión -creo- cuando el ser humano se ha despedido. En la puerta me ha dicho: "Tome, para la megafonía". Eran dos billetitos de cincuenta dólares. Y yo le he dado las gracias pero he pensado: Esta es nuestra casa suena bien.

Javier Vicens y Hualde dijo...

Oiga, perdone que vuelva a la carga: Veo que en la foto que usted ha puesto del joven rico el joven rico parece tan rico como joven. ¿también usted cree que era joven?

Anónimo dijo...

Sólo era joven cronológicamente, pero no era jóven por dentro. Para que el Evangelio se haga vida en uno, hay que ser más que jóven, NIÑO y este era mayor, muy, muy mayor.

Anónimo dijo...

Si era joven,si.A ver si consigo entrar en "mi casa",un abrazo M.A