domingo, 23 de noviembre de 2014

JESUCRISTO REY DEL UNIVERSO

Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Cuando venga en su gloria el Hijo del hombre y todos los ángeles con él, se sentará en el trono de su gloria y serán reunidas ante él todas las naciones. Él separará a unos de otros, como un pastor separa las ovejas de las cabras. Y pondrá las ovejas a su derecha y las cabras a su izquierda. Entonces dirá el rey a los de su derecha: Venid vosotros, benditos de mi Padre; heredad el reino preparado para vosotros desde la creación del mundo. Porque tuve hambre y me disteis de comer, tuve sed y me disteis de beber, fui forastero y me hospedasteis, estuve desnudo y me vestisteis, enfermo y me visitasteis, en la cárcel y vinisteis a verme.
Entonces los justos le contestarán: Señor, ¿cuándo te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos de beber?; ¿cuándo te vimos forastero y te hospedamos, o desnudo y te vestimos?; ¿cuándo te vimos enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte?
Y el rey les dirá: Os aseguro que, cada vez que lo hicisteis con uno de éstos, mis humildes hermanos, conmigo lo hicisteis.
Y entonces dirá a los de su izquierda: Apartaos de mí, malditos; id al fuego eterno preparado para el diablo y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis.
Entonces también éstos contestarán: Señor, ¿cuándo te vimos con hambre o con sed, forastero o desnudo, o enfermo o en la cárcel y no te asistimos?
Y él replicará: Os aseguro que, cada vez que no lo hicisteis con uno de éstos, los humildes, tampoco lo hicisteis conmigo.
Y éstos irán al castigo eterno, y los justos a la vida eterna».
Mateo 25, 31-46

Creo en la resurrección de la carne
y en la vida eterna.
Así acaba el Credo. Y el apóstol San Pablo escribía a los corintios:
Cristo resucitó de entre los muertos: el primero de todos. Si por un hombre vino la muerte, por un hombre ha venido la resurrección. Si por Adán murieron todos, por Cristo todos volverán a la vida.
Todos volverán a la vida, dice San Pablo. Pero ¿quienes son todos? Jesús ya ha resucitado. Santa María fue llevada al Cielo en cuerpo y alma. Todos los demás que han muerto y todos los que mueran hasta el final de los tiempos resucitarán.
Es muy importante que entendamos esto: vamos a vivir eternamente, para siempre. Esta vida se acaba y pensamos ¡qué pena! Pero viene Jesús y nos dice: ¡No tengáis pena! ¡No tengáis miedo! Yo he venido para que no se pierda ni el más pequeñito de vosotros. Ni un pajarito cae al suelo sin que lo sepa mi Padre Dios y vosotros -hasta el más pequeño de vosotros- vale más que un pajarito. 
Y también es muy importante que entendamos esto: en esta vida ser ricos o pobres, estar sanos o estar enfermos, ser hijos de un rey o de un mendigo no depende de nosotros. A todos nos gustaría ser millonarios y guapos y listos o jugar al tenis como Don Rafael Nadal, pero, por mucho que digamos “¡ojalá!” no va a cambiar nada. ¡Que pena! ¿Verdad? ¡Qué pena que unos hayan venido al mundo guapos, listos y ricos y que otros hayan venido feos, tontos y pobres! ¡Qué pena que no podamos decidir lo que queremos ser! Decimos esto y viene Jesús y nos dice: ¡No tengáis pena! ¡No tengáis miedo! Yo he venido para que no se pierda ni el más pequeñito de vosotros. ¿Has nacido pobre? Yo también nací pobre. ¿Se ríen de ti porque no sabes jugar al fútbol, o porque estás enfermo? También se rieron de mí cuando estaba en la Cruz. ¿Nunca has podido jugar al tenis o al golf? Yo tampoco pude. No tengas pena por eso. Yo he venido a decirte que, si en esta vida no puedes elegir lo que eres, puedes elegir lo que serás en la vida eterna. He venido a decirte que mi Padre Dios ha preparado un reino para los pobres de espíritu, para los sufridos, para los que lloran, para los que tienen hambre y sed de justicia.
Queridos amigos: esto es lo que nos ha dicho Jesús. Nos ha dicho que -por mucho que nos esforcemos- no podemos crecer un centímetro pero que podemos entrar en el Reino de los Cielos y reinar con Él. Nos ha dicho que busquemos el Reino de Dios y su justicia y que lo demás se nos dará por añadidura. Nos ha dicho que, aunque no hemos elegido lo que somos podemos elegir lo que seremos para toda la eternidad.
Yo, queridos amigos, elijo a Jesús como Rey que nos manda dar de comer al que tiene hambre y dar de beber al que tiene sed. No hace falta saber idiomas para eso. Elijo como Rey a Jesús que nos manda dar posada al peregrino y ropa al que va todo andrajoso. No hace falta ser millonario para eso. Elijo como Rey a Jesús que me ha enseñado cómo puedo vivir esta vida para entrar en el Reino de los Cielos.
Ninguno de nosotros ha elegido ser como es pero podemos elegir lo que seremos para siempre: esclavos del pecado o reyes con Cristo. Para siempre.
¡Viva Cristo Rey!
Javier Vicens Párroco de S. Miguel (S. Miguel de Salinas -Alicante)

jueves, 20 de noviembre de 2014

¿QUIERES CONOCER A JORGE?

Jorge es una de esas personas con las que no tienes que hablar mucho. De hecho es mejor no hacerlo. No conviene. Cuando uno habla durante un rato con Jorge, acaba dándose cuenta de que es mejor no decir nada y dejar que sea él quien lo diga todo. Lo más curioso es que Jorge tampoco habla prácticamente nada, y no lo necesita. Le basta con sonreír. Cuando Jorge sonríe entiendes que no necesitas nada más que eso, la sonrisa, para afrontar cualquier problema. Y, por si fuera poco, Jorge sonríe después de haber ganado la batalla contra el cáncer una vez. 
Le supo a poco. Como a todos los grandes. Y ahora se encuentra inmerso en su segunda batalla. Él dice que no sabe cuál será el final, pero yo creo que no hay que esperar ningún desenlace. Jorge no tiene que vencer en ninguna batalla más, porque ya lo ha ganado todo. Puedes verlo directamente en su cuenta de Twitter, no hace falta que te lo cuente: @SuitedelResort
Jorge Ribera
Este es Jorge, lozano cual croissant recién sacado del horno. Presumiendo, como tanto le gusta.

En tu cuenta de Twitter te planteas liderar el movimiento de los smile soldiers, pero aunque para ti parezca evidente, a mí me cuesta entenderlo, ¿por qué sonríes?
Pues la verdad es que hubo un amigo que estuvo una temporada insistiéndome en que sonriera, me lo decía a cada momento, incluso cuando ya lo estaba haciendo. Puede parecer una chorrada, pero me hizo pensar un montón, que la diferencia entre tratar con alguien sonriente y otro con cara de amargado es enorme, aquí en el hospital, por ejemplo, puede cambiar tu estado de ánimo dependiendo de la enfermera que te toque.
Lo de los Smile Soldiers se me ocurrió al empezar con esto, son dos cosas que me gustan (el rollo militar me gusta bastante). Además veo esto como una batalla contra la enfermedad, con lo que tenía su sentido. Sonrío porque lo contrario es peor, vale la pena tomarse las cosas que le pasan a uno de forma positiva, si no sonríes te amargas a ti mismo y a los demás.
Jorge, el soldado de la sonrisa
No solo le gusta lo militar, sino que da fe de ello con reportajes plagados de arte y payasadas, de las que solo él sabe hacer.

¿Qué está siendo lo más duro para ti?
Lo peor es ver que afecta a tus familiares y amigos, que les duele un montón, y claro es por eso también por lo que hay que estar lo más animado posible, para facilitar al resto llevar esto bien, sobre todo a mis padres y hermanos, no mola nada verles sufrir.
Por otro lado también cuesta mucho estar aislado, ahora gracias al Whatsapp y resto de R.R.S.S estás un poco más comunicado, pero un mes entero (como mínimo, ya veremos lo que se alarga) sin poder ver a tus amigos y darles un abrazo (o un guantazo), no sé, es bastante difícil. Lógicamente tampoco puedo ver ni a mi padre ni a mis hermanos, y aunque con ellos sí que hago algún Skype, sigue siendo muy chungo.

¿Crees que es necesaria la fe para encontrar sentido al dolor?
Jorge Ribera en el hospitalPues sinceramente creo que sí, sin la fe puedes verlo como una forma de superación o de mejora personal. Si crees, tienes la certeza de que ese dolor trasciende hacia algo o alguien, así que puedes aprovechar y ofrecerlo por la gente a la que quieres, esto me ayuda a ver que Dios realmente existe, veo cambios alucinantes en amigos y personas conocidas que de otra forma dudo mucho que pudieran ocurrir.

Y cuando salgas de aquí, ¿qué quieres hacer?
Disfrutar de la vida como nunca antes lo había hecho, pero para ello no hace falta hacer cosas extraordinarias o alucinantes, simplemente aprovechar lo que se tiene, a los amigos, estar en casa, la familia, el deporte, ir a clase, no sé, digamos que puedes disfrutar hasta de mear en el retrete, aquí tengo que hacerlo en un botellín de plástico para medir lo que orino…

Sé que te gusta la escalada, es un deporte en el que hay que forzar el cuerpo hasta su extremo, ¿dónde está el límite de la superación personal?
Uff. Pues la verdad es que justo con la escalada no he llegado a alcanzarlo, me gusta pero la he practicado muy poco, ya volveré a ella a mi salida. Sin embargo con las leucemias me he dado cuenta de que las personas podemos llegar a unos límites alucinantes, por supuesto si antes del ingreso llegan a decirme por lo que iba a pasar, probablemente hubiese muerto en ese mismo instante, pero no, el cuerpo es capaz de amoldarse a lo que sea, y yo creo que también Dios ayuda a  superarlo, claro.

Lo primero que me viene a la cabeza al pensar que alguien como tú tiene leucemia es ‘pobre Jorge, qué mierda… Tiene toda la vida por delante’. ¿Una enfermedad es injusta?
No creo que sea justa o injusta, simplemente la tienes, y la gente debería tener claro que le puede pasar a cualquiera, yo no soy un tipo raro que pudiese pensar que tenía más posibilidades que el resto. Sobre lo de “pobre Jorge“, para nada, en realidad si no consiguiera vencer a la enfermedad, me dolería por la gente que está cerca de mí, por su sufrimiento. Yo, aunque prefiero quedarme, lo aceptaría, pues tengo claro que de aquí al cielo.
Pero vamos, que tengo el convencimiento de que me voy a curar, y más con toda la gente que está rezando y apoyando, la enfermedad en ese caso tampoco es una mierda, a la salida te ayuda a apreciar más las cosas y a querer más a la gente, a comprenderla, y eso te da la posibilidad de ser más feliz aquí en la tierra, ¿ves?, no está tan mal.

¿Y tu familia? No quiero pensar en qué supone todo esto para tus padres.
Pues sí, la verdad, es algo muy duro, sobre todo esta vez. Al principio fue un poco más costoso, pues tras cuatro años desde el primer tratamiento, no pensábamos de ninguna forma que la enfermedad pudiese volver. Pero así fue, entre todos nos animamos cuando vemos que el otro está de bajón, supongo que ahora mismo el que peor lo pasa es mi padre, porque solo podía haber un acompañante y ha sido mi madre. Él solo puede verme a través de un cristal y durante no mucho tiempo, ya que tiene que trabajar. Mi madre ha podido pedir la baja. Imagina poder ver a tu hijo estando jodido y no poder entrar a abrazarle o darle un beso, así que en cuanto salgamos supongo que me saltarán los ojos del abrazo que vaya a darme. (Se ríe)

Hace pocas semanas una chica con cáncer cerebral incurable se suicidó en Oregón porque, textualmente, ‘no quería que el cáncer me venciese’. Me sorprende esa actitud en comparación con la tuya. Cuál es tu opinión acerca de la denominada ‘muerte digna’. ¿Es mejor luchar hasta el final?
Pues la verdad es que me parece incoherente, si no quería que el cáncer la venciese, lo mejor era no rendirse, ¿no? Una vez te rindes ya has perdido la batalla, sin embargo si la pierdes luchando, al menos has tenido la oportunidad, aunque remota, de ganarla. Y si la pierdes, al menos lo haces habiendo luchado, y no precisamente con demasiado sufrimiento. Los cuidados paliativos actualmente son una pasada y no tienes por qué sufrir mucho dolor. Me da pena que haya decidido eso.

Este es Jorge, es él, sin más, ni menos.

¿Has encontrado algo positivo en todo lo que estás viviendo? ¿Cómo te ha cambiado la vida?
Muchas cosas buenas, la verdad. Lo primero es que me di cuenta de la cantidad de gente que me quiere y que haría cualquier cosa por mí. Es súper reconfortante, luego por supuesto está lo que te he dicho antes, que estoy viendo a mucha gente cambiar para bien, y eso me ayuda muchísimo a seguir luchando. Creo que es por lo que hablamos del sentido del dolor y su trascendencia.
Me ha cambiado la vida ahora mismo porque me toca estar aislado y cuando no, de hospitales, pero en cuanto me recupere yo creo que va a seguir igual, disfrutando mucho más de la familia, amigos, etc. Pero igual.

¿Qué pensaste, a quién acudiste, cómo reaccionaste cuando te dijeron que tenías leucemia? ¿Ha variado tu forma de ver la enfermedad desde el principio hasta ahora?
Pues me lo dijeron con mis padres, en principio tenía que ingresar en ese mismo momento en el que me lo decían, pero al final me dejaron entrar por la noche, así que me fui con mis padres y hermanos a casa. Hicimos una buena comida y pasamos un rato juntos llorando y desahogándonos. Después me fui a a despedirme de mis amigos. Me despedí del Señor y fui a Misa, me confesé y recibí la Unción de Enfermos. Y listo, para mi nueva casa.
Sobre cómo me tomé la situación, yo creo que lo asimilé bastante bien, tenía la experiencia de la primera vez y sabía que esto se pasa, aunque no puedes evitar tener algo de miedo ante la incertidumbre de qué va a pasar. Al principio de la enfermedad lo ves como diciendo “joder, otra vez“, pero rápidamente -unos días- caes en la cuenta de que hay mogollón de gente rezando y apoyando, así que lo aceptas e incluso das gracias a Dios, aunque diciéndole que con dos ya suficiente ehh. (Se ríe)

¿Tortilla con o sin cebolla?
Con cebolla, sin duda.

Si te apellidases Obama y pudieses subir a un púlpito desde el que hablar a la humanidad, ¿qué mensaje te gustaría transmitir?
Que los valores cristianos, más allá de las creencias, son la (...), y que a mí me han ayudado mucho.
Que me da pena la sociedad actual, en la que los amigos lo son por conveniencia, el trabajo por necesidad e incluso la familia es un recurso más del que aprovecharse. El respeto a las personas se ha obviado y en general los valores se han echado por la borda. Ni los matrimonios duran, hay centenares de miles de abortos, la corrupción es algo del día a día y las amistades se forjan y se destruyen en cuestión de semanas – eso no es amistad, por supuesto-. Tal vez suene muy deprimente, pero es lo que veo, y me parece una pena, el problema es que la gente tiende a pensar que si el resto lo hace ¿por qué yo no? Pero ese no es el pensamiento correcto. El pensamiento que me gustaría transmitir es mucho más grande: se puede cambiar el mundo.

¿No te cansa que se acerquen a ti -quizá como lo estoy haciendo yo ahora- para preguntarte de dónde sacas esta vitalidad en un momento tan jodido? ¿Te sientes como utilizado por una sociedad para la que eres actualmente un punto de referencia?
No me cansa en absoluto, porque demuestra que hay mucha gente que está pendiente, al igual que no me canso de responder que la saco de Dios, no veo otra forma de poder afrontar esto. Tampoco me siento utilizado, aunque mucho menos un punto de referencia para nada ni nadie. (Se ríe) Lo único para lo que me pueden utilizar es para rezar por ellos, o alguien o  algo, así que si es eso lo que me piden, por mí genial, cuántos más mejor, hay que sacar el máximo provecho posible de esto.

Sé que muchos amigos se han preocupado especialmente por ti, y también sé que uno de ellos está viviendo tu situación con muchísima cercanía. ¿Qué es para ti la amistad?
La amistad para mí es lo que me enseñó un amigo al que quiero un huevo: dar sin esperar nada a cambio. Porque si esperas algo de vuelta ya no es amistad, tú te das por entero a alguien porque le quieres tal como es, (no a pesar de…) pero eso implica ayudarle a mejorar sus defectos, aunque cueste decirlos, ayudarle en los momentos que lo necesite, etc.
¿Cómo escoger entonces a tus amigos si no puedes hacerlo por lo que te dan? Yo creo que todos los que están alrededor nuestro tienen que ser amigos en ese sentido, en darte a ellos por completo, y luego lógicamente tendrás a aquellos más cercanos -o no- que son a los que quieres especialmente, ya sea por lo que habéis vivido juntos o porque es un referente para ti y estando cerca de él te conviertes en alguien mejor. Pero lo fundamental es darse al otro sin esperar nada a cambio, eso en el fondo es amor, y la gente cuando se siente querida de verdad, tiende a querer, con lo que al final siempre recibes, pero no es por eso por lo que lo haces.

Hay una niña, Lucía, que está sufriendo igual que tú. En Twitter hablas mucho de ella y con su padre. Entiendo que haya una empatía especial entre dos personas que sienten lo mismo, pero, ¿cómo te queda tiempo para acordarte de alguien más que de ti? (La cuenta de Twitter del padre de Lucía es @javierurdiales)
¿Ves? Antes te decía que yo no me sentía referente de nada, sin embargo esta niña sí que lo es. A sus 8 años sabe más de la vida que la mayoría de personas jóvenes de este país, y disfruta de ella como nadie. Ella siempre sonríe y es un ejemplo de fortaleza acojonante, no la conozco personalmente, pero la quiero un montón.
Respecto a lo de acordarme de otros, creo que lo que intento es olvidarme completamente de mí mismo, ya que si estás pensando en el resto no te fijas en lo que estás pasando y consigues dos cosas: tener a los demás en un estado agradable y estar fisicamente mucho mejor. No somos conscientes de lo que el estado de ánimo puede hacer en una enfermedad. #yorezoporLucía

Los jóvenes de nuestra generación tenemos un estigma que habrá que quitarse de encima en algún momento: la falta de aspiraciones. ¿Por qué merece la pena vivir y por qué merece la pena no conformarse con lo que uno tiene?
No sabría decirte por qué vale la pena vivir, probablemente por el mismo hecho de vivir, que ya es cojonudo.
Sobre las aspiraciones sí que es una pena, y los que las tienen, generalmente, las enfocan al dinero, fama y poder. Yo creo que uno tiene que poder ser feliz con lo que tiene, pero eso no implica no tener aspiraciones a más, aunque creo que las que de verdad importan son otras, ser mejor lo que seas: padre, hermano, amigo…
Estas son las cosas que realmente te hacen feliz, y seguramente con ellas, y si curras a saco, el dinero, la fama y el poder vengan más o menos por sí solas. La verdad es que yo no querría tener demasiado. Y vale la pena porque cuando uno es feliz -aunque siempre luchamos por serlo más- lo ve todo como una pasada, no sabría cómo explicarlo. Aquí, cuando estás encerrado en el hospital, te das cuenta de que absolutamente todo lo que tenía era la leche, no sé, poder dar un paseo, hacer fotos (me encanta la fotografía), quedar con los amigos. Y no hace falta irse a una súper fiesta para poder disfrutar de un buen momento con los amigos, a mí realmente me gusta más un plan que otros llamarían ‘cuelgue’, como irme con los amigos a un sitio con buenas vistas y pasar la tarde comiendo pipas, es más personal y hablas con la gente de cosas importantes. Les tomas en serio, sin necesidad de beber, aunque por supuesto también lo hago de vez en cuando.
Paisaje con avioneta
Le gusta la fotografía, y no se le da nada mal.

¿Qué le dices a Dios con más frecuencia?
Que le quiero con locura, le doy gracias de todo lo que me ha dado y le pido que me ayude a ser mejor. También le suelo decir que ya con dos, tengo suficientes leucemias, que no me hacen falta más (Se ríe)

Aquí, entre tú y yo, reconóceme que te ha molado raparte la cabeza. 
¡Por supuesto! (Se ríe) Me ha encantado, de hecho tengo fotos del proceso haciendo cosas extrañas, seguramente las comparta en Twitter algún día, no sé. Lo que no mola tanto es cuando empieza a caerse y tú no le has dado permiso, aunque bueno, así ya tengo la excusa para ponerme sombreros, que sabes que me encantan.
Jorge (2)
Publicado en www.republica.es

martes, 18 de noviembre de 2014

ENTRÉGATE COMO TÚ ERES

En esta vida que Dios nos regala es muy importante hacer buen uso de nuestros talentos.

En la vida recibimos muchos dones, muchas capacidades, muchos talentos y carismas. Pero muchas veces no los explotamos, no invertimos, no los utilizamos para amar más y mejor, para ser más santos, para ser más de Dios. Los usamos egoístamente. Para nuestro bien, sin entregarlos.
 
Una gran tentación es no invertir nada por el temor que tenemos al fracaso. Por eso, para evitar el fracaso, no arriesgamos.
 
Comenta la sicóloga Patricia Ramírez: "Muchas personas y deportistas perfeccionistas terminan por postergar como medida de autoprotección: si no hago nada tampoco me equivoco. Lo importante es estar en movimiento, intentarlo, fallar y aprender. No dejes de dar un paso por el temor a no estar a la altura. Dejas de estar a la altura cuando lo dejas de intentar".
 
Puede ser la tendencia al perfeccionismo, que nos lleva a querer hacer todas las cosas de forma perfecta. Y si no es así, mejor no hacerlas. Dejamos de arriesgar, de entregar, de estudiar, de escribir, de postular a un trabajo, de arriesgar en el amor, de luchar por lo que deseamos.
 
Y todo para no confundirnos, para no cometer errores en la vida. Por eso no arriesgamos. Porque nos asusta el fracaso, el ver que no era lo nuestro lo que intentábamos. Es un miedo muy común, más común de lo que quisiéramos.
 
Así acabamos enterrando con sumo cuidado nuestro talento bajo la tierra. Lo guardamos celosos para que no se pierda. Para entregárselo luego íntegro y cuidado a Dios. Siempre hay otros que hacen algo mejor que nosotros. ¿Para qué esforzarnos?
 
Y así, al no usar nuestro talento, se pierde. Es como el agua estancada que no sirve para nada. Es el don que Dios regala y que, al no ser usado, Dios se lo entrega a otro. Es como esa luz escondida debajo del celemín que no ilumina ningún camino.
 
Es el tesoro que guardamos bajo tierra por miedo a ser robados y no invertimos y no ayudamos a nadie. La semilla que no muere bajo tierra se acaba echando a perder, se pudre sin ser aprovechada.
 
¿Cómo invertimos los talentos que Dios nos ha dado? ¿Qué dones tengo que aún no he puesto al servicio de la vida?
 
Todos tenemos muchos talentos. La vida nos lo va mostrando. A veces son otros los que nos conocen mejor y nos muestran dónde podemos invertir nuestros dones. Nos dicen que valemos mucho, que tenemos un don para algo en concreto.
 
Nos recuerdan que somos importantes para la misión que tenga Dios para nosotros. Nos dicen en qué aspecto de la vida tenemos un talento especial.
 
A veces nuestros talentos no son el camino que tenemos que seguir. O sí, pero sólo en parte. A veces es nuestra debilidad, nuestra herida, la forma que tiene Dios para mostrarnos por dónde tenemos que avanzar. Son las paradojas de Dios.
 
Nos parece evidente que donde está nuestra fuerza está nuestro camino. Si tenemos un don para curar, seguramente nuestra misión tendrá que ver con el mundo de los enfermos. Si tenemos un don para educar y sacar lo mejor de las personas, es muy probable que nuestra realización y cumplimiento de nuestra misión tenga que ver con la educación.
 
Pero hay ocasiones en las que nuestra debilidad, nuestra herida, ese momento en nuestra historia personal difícil de asumir y aceptar, se convierten en las huellas que tenemos que seguir para realizar nuestra misión. Son renglones torcidos de Dios. Y son el camino al que nos llama.
 
En la historia del Padre José Kentenich fue así. El Padre tenía muchos talentos, es verdad. Pero también tuvo sus heridas y en ellas Dios le mostró el camino de su vida. Su padre biológico nunca lo reconoció. Esa herida marcó su infancia y toda su vida.
Esa carencia se convirtió en fuente de vida en su alma. Dios quiso que fuera él, que no tuvo padre, un padre para muchos. Aquel que no tuvo una familia bien formada tuvo la misión de gestar una gran familia. Aquel joven sin hogar se convirtió en hogar para muchas almas sin raíces.
 
Así es en la vida muchas veces. Dios nos educa desde nuestra indigencia. Dios nos pide incluso lo que no tenemos y hace de nuestra limitación un camino de salvación.
 
Siempre me gusta recordar la historia de Francisco. Él no era un hombre formado y elocuente. Su palabra no movía los corazones. Y Dios lo utilizó para atraer con su fuego a muchos. Aquel que no había experimentado la pobreza en su familia encontró que su camino de vida era vivir pobre y seguir a Jesús pobre.
 
Nuestra debilidad, que tantas veces rechazamos, nos salva. La debilidad es lo contrario a un talento. Es una carencia, es ausencia de un bien. Pero allí se encuentra parte de nuestra plenitud, el camino que Dios nos muestra para no dejar infecunda nuestra vida.
 
El Señor de la parábola hoy examina la fidelidad en el uso de los talentos. Con frecuencia nos cuesta aceptar la injusticia en el reparto de los talentos. Unos tienen más, otros menos.
 
Al mismo tiempo nos cuesta entender que premie con lo mismo al que le devuelve cinco que al que le devuelve sólo dos. No entendemos que castigue al que sólo ha recibido uno y que con tanto cuidado lo guarda.
 
Jesús habla de algo más profundo que no comprendemos. Medimos con muestra mirada, no con la suya. Esta parábola no habla de números. Jesús los usa para sorprendernos, para sacarnos de nuestra medida pequeña y enseñarnos la suya. Para ensanchar nuestro corazón y nuestra vida.
 
Habla de la confianza. Dios deja encargados a los empleados de sus bienes. Confía en ellos. No los vigila. Entrega todo lo suyo, sin reservarse nada, sin protegerse. Y vuelve a su tierra, a sus hijos, a sus empleados. Jesús cuenta mal, no sabe de números. No cuenta lo que da ni lo que recibe.
 
Un pequeño acto de amor vale una vida entera. Una vida de pecado se olvida en un segundo de perdón. No lleva cuentas. Ni de lo que da ni de lo que damos. Tampoco cuenta lo que no damos. Su amor es sin medida.
 
Nos sorprende y nos rompe esquemas que Dios diga exactamente lo mismo al que tenía cinco y le devolvió diez que al que tenía dos y le devolvió cuatro: «Pasa al banquete de tu Señor». También pagaba el mismo sueldo al trabajador de la primera y de la última hora.
 
No da por merecimiento. Da por amor. Dios sólo mira el corazón. Y lo llena todo. Siempre desborda. Su alegría por cada uno de sus hijos fieles es igual. Dios nos mira con infinito amor a cada uno. Le parecemos maravillosos. 
 
Los talentos que nos ha dado son los mejores para nuestro camino. Los ha elegido al crearnos. El que se despoja es el que multiplica sus talentos. Parece contradictorio.
 
El que arriesga lo suyo, comparte lo suyo, regala lo que es, es el que recibe en abundancia. El que esconde y guarda, el que no da lo que tiene, quizás porque no lo valora, porque mira el talento de los otros pero no reconoce el suyo, cierra su talento.
 
Quizás el que tenía uno y lo guardó, miró toda su vida los talentos de los demás, deseándolos, sin saber que el suyo merecía la pena. Quizás ese talento suyo era más valioso que los otros, pero su envidia, su afán de compararse, su queja por lo que no tenía, no le permitió verlo y desenterrarlo.
 
Dios nos da mucho pero necesita nuestra colaboración. Jesús hoy nos habla en esta parábola de la confianza de Dios que nos da sus bienes ya en esta tierra.
 
Habla de los dones que ha puesto en nosotros al crearnos, cualidades, capacidades, personas, y de cómo necesita que dediquemos nuestra vida a entregarlos, a reconocerlos, sin envidiar los de los otros, gastándonos.
 
Dios sólo nos pide que seamos fieles. No nos pide tener éxito ni ser fecundos. Él se encargará de hacer germinar la semilla.
 
P. Carlos Padilla

domingo, 16 de noviembre de 2014

DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO

Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos esta parábola: «Un hombre que se iba al extranjero llamó a sus empleados y los dejó encargados de sus bienes: a uno le dejó cinco talentos de plata, a otro dos, a otro uno; a cada cual según su capacidad. Luego se marchó. El que recibió cinco talentos fue en seguida a negociar con ellos y ganó otros cinco. El que recibió dos hizo lo mismo y ganó otros dos. En cambio, el que recibió uno hizo un hoyo en la tierra y escondió el dinero de su señor. Al cabo de mucho tiempo, volvió el señor de aquellos empleados y se puso a ajustar las cuentas con ellos. Se acercó el que había recibido cinco talentos, le presentó otros cinco, diciendo: Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Se acercó luego el que había recibido dos y dijo: Señor, dos talentos me dejaste; mira, he ganado otros dos. Su señor le dijo: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu señor. Finalmente, se acercó el que había recibido un talento y dijo: Señor, sabía que eres exigente, que siegas donde no siembras y recoges donde no esparces; tuve miedo y fui a esconder tu talento bajo tierra. Aquí tienes lo tuyo. El señor le respondió: Eres un empleado negligente y holgazán. ¿Con que sabías que siego donde no siembro y recojo donde no esparzo? Pues debías haber puesto mi dinero en el Banco para que, al volver, yo pudiera recoger lo mío con los intereses. Quitadle el talento y dádselo al que tiene diez. Porque al que tiene se le dará y le sobrará; pero al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Y a ese empleado inútil echadlo fuera, a las tinieblas; allí será el llanto y el rechinar de dientes».
Mateo 25, 14-30

La liturgia de estos días nos va introduciendo, paulatinamente, en la necesidad de la vigilancia, de la espera activa, ante el regreso del Señor al final de los tiempos. En este domingo, el evangelio de San Mateo nos presenta la parábola de los talentos. Es importante observar los personajes que aparecen y el papel que a cada uno le asigna Jesús. El primero que entra en escena es aquel que se ausenta dejando un encargo a sus empleados: representa a Cristo mismo. Él está en disposición de dejarles unos dones, unos talentos. Éstos son las cualidades naturales que poseen aquellos hombres, pero al ser Cristo quien se los entrega, simbolizan también aquellos dones que el mismo Señor Jesús nos ha dejado para hacerlos fructificar: «Esto nos dice -explica el Papa Francisco- que la espera del retorno del Señor es el tiempo de la acción -nosotros estamos en el tiempo de la acción-, el tiempo de hacer rendir los dones de Dios no para nosotros mismos, sino para Él, para la Iglesia, para los demás; el tiempo en el cual buscar siempre hacer que crezca el bien en el mundo» (Audiencia general: 24-4-2013).
Desde esta perspectiva, podemos valorar bien la reacción del señor cuando regresa a pasar cuentas con ellos, en especial con el que no fue capaz de aportar nada nuevo. El oyente se siente tentado a considerar justo el razonamiento del siervo e injusta, por el contrario, la pretensión del amo. Es la misma reacción que surge frente a otras parábolas; por ejemplo, en la parábola en que se habla del amo que da la misma paga a los obreros que han trabajado sólo una hora (véase Mt 20, 12), o en la parábola del hijo pródigo, cuando no se hace fiesta por el hijo que quedó en casa (véase Lc 15, 29-30).
Jesús quiebra una vez más nuestra lógica y se sitúa en la perspectiva del amor, que no sabe de cálculos, pero tampoco de miedo. Dios nos cambia el paso: por eso perdona a los pecadores, festeja la vuelta del hijo pródigo y paga a los últimos obreros como a los primeros. Y de ahí viene su exigencia a los empleados. El siervo, es decir, cada uno de nosotros, no debe poner límite a su servicio, porque el amor no tiene límites. Ni debe temer correr riesgos, porque el amor no sabe de temores. Hemos de negociar con los talentos recibidos de Dios, personalmente y como Iglesia. No importa si se han recibido muchos o pocos talentos, lo importante es que ninguno de ellos permanezca ocioso, sino que se ponga enteramente al servicio de Dios, de la Iglesia y de mis hermanos los hombres. Nadie es tan pobre que no tenga algo que dar a los demás. «Y en particular hoy -dice también el Papa-, en este período de crisis, es importante no cerrarse en uno mismo, enterrando el propio talento, las propias riquezas espirituales, intelectuales, materiales, todo lo que el Señor nos ha dado, sino abrirse, ser solidarios, estar atentos al otro». En este sentido, rico no es el que más tiene, sino el que más da, el que ofrece lo que tiene como don para los demás. Sí; lo que Cristo nos ha dado se multiplica dándolo.
Por eso, el cristiano no puede acobardarse ante el mundo y ante la vida, porque su ejercicio es el amor; porque su vida ha pasado, de las tinieblas, a la luz; él es hijo de la luz y vive en el amor y el amor es donación, el amor es valentía, el amor es entrega sincera de sí sin límites.
+ Carlos Escribano Subías
obispo de Teruel y Albarracín

sábado, 15 de noviembre de 2014

EL EBOLA SIGUE MATANDO

De nuevo hoy un segundo grupo de confirmandos, pasa el día de convivencia con sus catequistas y con D. David Casas. Rezamos por ellos que si Dios quiere, recibirán el sacramento de la Confirmación el próximo día 29 en nuestra Parroquia.
El misionero salesiano padre Jorge Crisafulli ha pasado por Madrid para recordar a los españoles que hay 4.000 niños huérfanos de ébola en Sierra Leona, Liberia y Guinea. Unos mueren en la calle, otros son arrojados a los vertederos, y algunos más continúan en la puerta del hospital esperando a que su madre muerta vuelva a recogerlos. Son los hijos del ébola que los salesianos se encargan de recoger

Una niña de Sierra Leona, a las puertas
de un centro de salud, en Lukomasama
Promise tiene 16 años. Hace unos meses, su madre empezó a quejarse de un fuerte dolor de cabeza. Tenía fiebre muy alta. Hasta varios días después, no decidió ir a un hospital. Pero el centro estaba demasiado lejos. La madre de Promise falleció por el camino. No había pasado un mes, cuando su padre comenzó a quejarse de un fuerte dolor de cabeza. Tenía fiebre muy alta. Fue en ese momento cuando la joven liberiana supo que lo que aquejaba a su familia no era malaria.
Había escuchado hablar del ébola por la radio. Así que, cuando ayudó a su padre a meterse en la cama, o a cambiarse de ropa, o tras darle de comer..., se lavaba rápidamente las manos. Pidió a sus tres hermanos pequeños que jugasen fuera de casa y que entrasen a la choza, de un solo cuarto, lo menos posible. Pero era David contra Goliat. Y esta vez, el más pequeño perdió la batalla. El padre de Promise falleció y su hermanita recién nacida también. Emmanuel, uno de los hermanos, de 11 años, cayó enfermo y fue trasladado a un centro de aislamiento.
No fue suficiente con estas pérdidas. La adolescente, que se quedó en la casa con sus otros dos hermanos, tiene ahora que luchar contra el estigma de sus vecinos, que han aislado a los huérfanos. Ni siquiera se acercan sus abuelos, que lanzan algo de comida desde fuera de la choza, como si alimentasen a fieras de zoológico. En el mercado, se niegan a atenderlos. Y las mujeres del poblado dan auténticos rodeos para no pasar cerca de la casa.
Como ellos, hay alrededor de 4.000 niños en Liberia, Sierra Leona y Guinea Conakry. Se los puede encontrar vagando por las calles. Algunos mueren de inanición. A otros, se les ve en las puertas de los hospitales, esperando a su madre, que entró días antes. Pero su mamá nunca baja. Incluso hay niños que son arrojados a los vertederos, como se veía el viernes en una foto en el Liberian observer, en la que un recién nacido aparecía muerto entre mantas en medio de la basura. Esta inhumanidad es un daño colateral de la crisis del ébola, porque en muchos centros de salud se niegan a tratar a mujeres embarazadas por miedo a entrar en contacto con la sangre. Lo que provoca que mueran. Madres e hijos.
Acogida salesiana

El padre Jorge Crisafulli
Es urgente poner fin a esta epidemia, que ha pasado, de ser una crisis sanitaria, a ser una crisis humanitaria. Por eso, el padre Jorge Crisafulli, misionero salesiano argentino y responsable de los países de habla inglesa de África Occidental, está de paso por España y Europa. Para contar que los que permanecen en Sierra Leona o Liberia no tienen miedo, pero sí mucha necesidad de ayuda: «Estamos muy preocupados. No hay signos de que la enfermedad se detenga, sino que sigue aumentando. Sólo en Sierra Leona, hay 80 nuevas infecciones al día», afirma el misionero, que señala que «estos países no están preparados para afrontar la situación. Ya no hay camas en los hospitales, así que la gente está muriendo en sus casas. Las familias, durante la noche, arrojan los cadáveres -altamente infecciosos- a la calle. Algo muy peligroso, ya que hasta dos o tres días después no pasan los dispositivos del Gobierno a recogerlos».
El Gobierno sierraleonés pidió a la congregación, conocida por su trabajo con los niños y jóvenes, que se encargase de estos pequeños desahuciados. «Como el Gobierno ha decretado el cierre de los colegios, uno de nuestros centros lo hemos habilitado para resguardar a estos pequeños. Hemos puesto camas, un salón comedor, y la capilla», señala. En estos momentos, cuidan de 68. Y otros 50 están en una casa cercana, aislados. «Todos los niños que se acercan pasan primero por 21 días de cuarentena. Y quienes tratan con ellos son personas que han superado el virus», explica el padre Crisafulli. Por cierto, que son ellos mismos, los niños, los que llaman a la misión: «Muchos vienen a través del Ministerio del Bienestar Social, pero otros contactan con nosotros por una línea telefónica que tenemos habilitada ex profeso. Nos dicen que están solos y hambrientos».
Esa tristeza que cargan, va desapareciendo poquito a poco, cuando llegan al centro salesiano. «Aquí rezamos juntos, jugamos, aprendemos Matemáticas y Ciencias... y, sobre todo, llegan a un ambiente donde no se sienten juzgados, sino queridos, acogidos y amados. Esto es lo único que transforma la vida de estos chicos», añade Crisafulli. El ébola, si Dios quiere, tendrá fin. Pero los niños huérfanos no desaparecen. «Intentaremos reunificarlos con familiares, o con familias sustitutas..., pero, si esto continúa creciendo, va a ser un problema grande. El ébola nos está ganando la batalla», reconoce. Aun así, recalca, «no perdemos la esperanza». De hecho, están llegando a la zona médicos desde España, China, Cuba, Alemania y Estados Unidos. Y «la ayuda internacional va llegando, aunque a mi juicio, un poco tarde», concluye.
Cristina Sánchez Aguilar Alfa y Omega