Dios ha querido darnos el regalo de hacernos sus hijos. Nos ha regalado la Iglesia, comunidad que le hace presente en medio de este mundo: ESTA ES NUESTRA CASA. Blog de la Parroquia de San Juan Evangelista Sonseca (Toledo)
jueves, 10 de julio de 2014
CHARLES PEGUY:.. Y CRISTO SALIÓ A SU ENCUENTRO
“Cristo no nos libera del sufrimiento, sino de sufrir inútilmente”. Quien dijo esto el próximo septiembre celebrará cien años de su muerte. Charles Peguy (Francia 1873-1914) fue un pensador polémico –lo sigue siendo en sus escritos- e independiente que vivió hasta el fondo uno de sus célebres frases relativas a que “La libertad es un sistema basado en la valentía”. Periodista y ensayista aguerrido se enroló primeramente en la ideología socialista para abrazar más tarde el cristianismo desde el que denunció todo tipo de degradaciones políticas, sociales y espirituales.
De familia humilde, mostró desde pequeño una voracidad intelectual que le llevaron a conseguir becas y ayudas para trasladarse a París y codearse con la intelectualidad del momento en el École Normale Supérieure, donde su sentido de la justicia le catapultó a alinearse con el socialismo de la época y a polemizar ávidamente, junto a Emili Zola y Anatole France, con las autoridades políticas y judiciales por el caso Dreyfus.
Al ser su militancia socialista producto de su inquietud personal por la justicia y la solidaridad más que por el atractivo de la ideología de Marx, abandonó el socialismo para implicarse con el cristianismo más humanitario. Plasmaría sus ideas, como las de buena parte de la intelectualidad más independiente, en las páginas de Cahiers de la Quinzaine, publicación de la que sería fundador en 1900.
“La revolución será moral, o no será”
Brillante en fondo y forma provocaba controversias sobre cuestiones nucleares en la Francia de su tiempo y no dudó en arremeter contra el socialismo oficial, tildándole de “anticlerical y demagógico”, con lo que se adelantaba a su tiempo al observar en él un fuerte componente estatista y contrario a la libertad que le llevó a manifestar que “la revolución será moral, o no será nada”. Del mismo modo que arremetía contra el socialismo establecido, clamó también contra "las tiranías intelectuales", que, impedían la implantación de una mística cristiana actualizada por la justicia.
Fue, en su conversión al cristianismo, donde halló el sentido para alumbrar buena parte de sus obras, como El misterio de la caridad deJuana de Arco, donde triunfa la religiosidad de esta heroína francesa que se convirtió en uno de los referentes nucleares del catolicismo en la obra de madurez de Peguy. En esta línea se encuentran también, El pórtico del misterio de la segunda virtud, 1911; El misterio de los Santos Inocentes, 1912;Santa Genoveva, 1912; Nuestra Señora, 1913; y Eva, 1913. Por estas obras poéticas, el talento creador de Charles Peguy es considerado como uno de los mejores exponentes de la tradición literaria católica francesa más importante de todos los tiempos.
En su faceta de prosista, esgrimió una vehemente brillantez expositiva que tendría su cima en Nuestra juventud, obra de 1910, en la que denunció la corrupción política y la degradación de quienes ostentan el poder o lo persiguen.
Uno de sus seguidores más reputados fue el filósofo Emmanuel Mounier, fundador de la revista Esprit (1932), que se convertiría en el principal órgano de expresión del catolicismo francés a mediados del siglo XX.
Charles Peguy asumió sus palabras de que “el secreto del hombre interesante es que él mismo se interesa por todos”, por lo que siempre se movió en el mismo escenario, acogiendo las historias de las personas que no contaban para nadie.
Vivir al raso
Inclasificable para quienes forcejean para ordenar a las personas en celdas, su consistencia es camino de virtudes básicas, ensambladas en justicia, paz, fraternidad, belleza y “una adhesión por la libertad y la propiedad, como problemas”, según aclara uno de sus estudiosos, Juan Carlos Vila.
Imprimió a su prosa y poesía un ritmo repetitivo, que resulta cansino a algunos, pues asemeja un martillo percutor, necesario y paciente como el de la lluvia, para deshacer el granito del corazón del ser humano que siempre olvida su condición más profunda: la de necesitado de los demás y, por encima de todos, del Creador.
Peguy es un hombre que vislumbra la deriva totalitaria de la Revolución rusa, en un suceso ocurrido en 1905, con el que se aterró previendo el día después del triunfo de los soviets. Esto confiere a su persona y pensamiento la legitimidad de los profetas bíblicos, extravagantes para los mortales aburguesados del tiempo en el que vivió y para los actuales, también, ya que la decisión de secundar a personajes de sus características equivale a abandonar la seguridad de la manada y tener la valentía para vivir al raso.
El hombre que había nacido en Orleáns, apodo con el que se conoce a la Doncella a la que cantó bellamente, marchará al frente en la primera Gran Guerra y, como a muchos otros, una bala segará su vida el 5 de septiembre de 1914 al salir al frente de su compañía desde una trinchera en el Marne. Allí concluirá su vida a sus 41 años, de quien ha sido uno de los más lúcidos y polémicos intelectuales del siglo XX y del actual, que nos aúpa al balcón de la sabiduría permanente y no coyuntural de nuestra sociedad superinformada cuando vaticinó que “Homero es nuevo esta mañana, y tal vez nada es tan antiguo como el periódico de hoy”.
www.aleteia.org
lunes, 7 de julio de 2014
"PREGÚNTAME SOBRE JESÚS"
El P. Pedro Nuñez cuenta esta providencial anécdota, que nos ayuda a actualizar nuestra fe en que verdaderamente Dios nunca nos abandona.
domingo, 6 de julio de 2014
DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO
Evangelio
En aquel tiempo, Jesús exclamó:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor.
Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar.
Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
Mateo 11, 25-30
Alégrate, hija de Sión; canta, hija de Jerusalén; mira a tu rey que viene a ti justo y victorioso; modesto y cabalgando en un asno.
Así, modesto, montado en un asno, entró Jesús en Jerusalén el Domingo de Ramos. Así fue aclamado por los pueri hebraeorum; por los discípulos -sencillos como niños- que alfombraban las calles con sus vestiduras y gritaban bendito el rey que viene en nombre del Señor. Estaban contentos porque veían lo que habían anunciado los profetas, lo que nunca antes habían visto: un rey manso y humilde de corazón.
Algunos fariseos le pidieron a Jesús que hiciera callar a sus discípulos y él les dio esa famosa respuesta: si estos callasen, gritarían las piedras. Era como decirles: vosotros sois muy listos pero no sois sencillos y mi Padre, que puede facilísimamente sacar alabanzas de los niños de pecho y hasta de las piedras, no se manifiesta a los soberbios. Era como decirles: puesto que sois sabios y entendidos, no seáis bobos; recordad a Zacarías y uníos a la fiesta.
Que todas tus criaturas te den gracias, Señor. Que te bendigan tus fieles; que proclamen la gloria de tu reinado, que hablen de tus hazañas.
En esto consiste la sabiduría verdadera: en dar gracias a Dios, en bendecir su Nombre y en proclamar su gloria. Como nos ha recordado el Papa Francisco, cuando esta sabiduría sencilla se pierde empezamos a vivir como si Dios no existiera y acabamos viviendo como si los demás tampoco existieran. Empezamos a vivir aislados en los propios intereses y ya no hay espacio para los demás, ya no entran los pobres, ya no se escucha la voz de Dios, ya no se goza la dulce alegría de su amor, ya no palpita el entusiasmo por hacer el bien.
Si vivís según la carne, vais a la muerte; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
¿Qué es vivir según la carne? Pues es lo que hacemos cuando nos sentamos a la mesa y comemos y bebemos como si Dios no existiera y como si los demás tampoco existieran. Es lo que hacemos cuando organizamos nuestra vida -desde el lunes hasta el domingo- como si Dios no existiera y como si los demás tampoco existieran. Vivir según la carne es vivir en la familia y en la sociedad exigiendo siempre nuestros derechos y olvidando nuestros deberes para con Dios y para con los demás. Esto conduce a la tristeza y a la muerte de la familia, de la sociedad y del hombre.
Vivir según el Espíritu es lo contrario: es vivir olvidados de nosotros mismos, dando gracias a Dios y sirviendo a los demás con alegría.
Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.
Uno puede decir: soy un niño, los niños somos sencillos. Otro: soy joven, los jóvenes somos sencillos. Otro: soy un trabajador que paga sus impuestos, o un pensionista, o un cura… soy sencillo. Pero esta es la típica forma rebuscada de responder a la palabra de Dios. La única forma sencilla de responder a la Palabra de Dios es dejarse guiar por ella.
Sí, todos somos muy sencillos, pero viene Jesús y nos dice:
Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.
Y uno empieza a sospechar que uno no es tan sencillo, ni tan manso, ni tan humilde de corazón. La cosa, entonces empieza a ir por buen camino. Y uno siente el deseo de acercarse a Jesús con un humildad para confesar sus pecados. La cosa se pone buena de verdad. Y uno empieza a dar pasitos -de la mano de Jesús- por el camino de la alabanza divina y del servicio al prójimo. Y entonces sí se ve uno como un niño que no tiene nada de que presumir y empieza a vivir según el Espíritu. ¡Qué descanso!
Amable Madre Santa María, cuando me oigas presumir de sencillez dime -con esos ojos preciosos que tienes- que no sea tonto y que aprenda de Jesús.
Javier Vicens Hualde
viernes, 27 de junio de 2014
SOLEMNIDAD DEL SAGRADO CORAZÓN
En esta fiesta tan querida para la Iglesia, encomendamos especialmente a los niños que ya están en Casalgordo participando en el primer campamento Parroquial de este verano.
Tomadlo como algo personal, pero nunca me han gustado las imágenes que muestran a Jesús con el Corazón fuera del pecho. El corazón está bien donde Dios lo puso: dentro de su caja torácica, guardado como un tesoro en su caja de caudales. A la vez, no me canso de contemplar la imagen recia del Crucificado con el Costado abierto, donde el Corazón se derrama sin abandonar su abrigo.
Esa llaga es la respuesta a un “Jesús, ¿Tú me quieres?” que llevo años preguntando de rodillas. “Si el Señor se enamoró de vosotros y os eligió, no fue por ser vosotros más numerosos que los demás, pues sois el pueblo más pequeño, sino que, por puro amor vuestro…” Como su Cuerpo en la Eucaristía, su Amor por mí está en esa llaga escondido y manifestado a la vez. Escondido, porque pocas veces lo siento. Si tuviera que fiarme de mis sentimientos, la soledad me aterraría… Pero hace tiempo que dejé de fiarme de ellos. También ese Jesús abierto está plagado de soledad. Al mismo tiempo, la llaga que a Jesús y a mí nos duele es la manifestación de Amor más sobrecogedora que jamás he recibido. Desde que la conocí, nunca he dudado del Amor que Cristo siente por mí.
Esa llaga me ha hecho sentirme muy pequeño. Mientras me estremezco al ver y oír los borbotones de Sangre, descubro la insignificancia del corazón de una criatura. Se me llenan los labios, se me empañan los ojos diciendo “Jesús, te quiero”, y mi “te quiero” es nada, apenas un átomo de amor que sale al encuentro del Cosmos, mientras el Cosmos, enamorado de mí, ha estallado y ya se lanza enloquecido por la ventana del Costado esperando que mis pobres manos lo recojan… ¡Insensato Jesús! ¿Quién soy yo? “En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios sino en que Él nos amó”.
Esa llaga me ha hecho descansar. Me fatigué buscando cariño, y todo me parecía poco. “Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados”… Me arrodillé ante el Crucifijo y lancé mi pregunta: “Jesús, ¿Tú me quieres?”. Reciamente, dolorosamente me respondió la llaga. Entonces me abracé a mi hambre y descansé. “…Y yo os aliviaré”. Cuando la Sangre tocó mi corazón cansado, comencé a comprender: “soy manso y humilde de corazón”. Aún estoy empezando, y apenas sé nada, pero he entendido que ese Corazón se recuesta en la Cruz como el esposo en el tálamo, y descansa en Amor mientras el Cuerpo muere. Y yo, que no sé explicarme, he sido invitado a reposar allí de mis fatigas abrigado por la espesura de una noche muy cerrada… Bastaba decir “sí”, y recostar la cabeza sobre la llaga. Esa llaga es la almohada que cubre la aspereza de la Cruz, y permite el milagro de quedar allí dormido mientras la mano de Jesús recorre tus cabellos para que no despiertes. Entonces dices “estoy bien”, y sabes que es cierto porque duermes, aunque la sábana que te cubre y el Lecho que te sostiene sean tristeza… Disparato. Y, como disparato, termino, resumo, y repito. Todo era tan sencillo como auparse hasta los labios de María y decir “Fiat”.
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jueves, 26 de junio de 2014
DIOS SIGUE HACIENDO MILAGROS
¡Ay, cuanto cuesta a veces creerle a la oración! En medio de nuestro tiempo tan horizontal, tan materialista, tan eficientista, tan controlador. Pero cuando ocurren los milagros…. aaa, entonces todo cambia. Uno se emociona. Es como despertar de un sueño. ÉL existe. Él es más grande, más cierto, más real que todo lo que veo, toco, mido… Más que los pronósticos médicos, más que los cálculos humanos, más que las posibilidades de la razón… La razón no es todo, no puede abarcarlo todo. Todo. La razón no tiene la última palabra sobre todo. Estamos en contacto constante con el Infinito, y necesitamos sacudirnos para notarlo, para no darlo todo por descontado, para no olvidar. Dios se manifiesta siempre, la mayoría de veces en modo sutil (requiere un esfuerzo encontrar su sintonía), pero otras tantas de modo estrepitoso. Esto es el milagro: una manifestación portentosa, estrepitosa del Misterio. Y nos conmueve, como nos conmueve el video de hoy. Ante esto muchos se escandalizan. Ante lo incomprensible buscan racionalizar el milagro, dando explicaciones horizontales. Otros en cambio nos renovamos profundamente confirmando nuestra fe ¿Y cómo no hacerlo? Sí, y cuanto… Porque cuando se miran los hechos con los ojos de la fe, ¡cuánto cambia la vida! Es la misma Antonia a enseñárnoslo con su ejemplo, cuando dice todo lo que le pasó no fue sino un milagro, obra de la gracia, concedida a través de la oración (intercesión) de tantos. Esto nos recuerda hoy.
Sin embargo, el despertar pu
ede durar poco. Y otra vez las ideas de nuestro tiempo prevalecen: “No vale la pena”, “Dios no te escucha” “Es pura coincidencia” “Existen otras razones” “Todo el mundo sabe que es imposible” etc. Te olvidas. Dicen que uno de los males que más promueve el demonio es el olvido. Olvidas lo que has apenas visto. Olvidas que Dios es real, que esta presente y obra en tu vida. Olvidas la grandeza de Dios y la fuerza que tiene la oración. Y desconfías. Dejas de rezar, dejas de buscarlo. ¿No era acaso eso lo que le pasaba a cada rato a Israel, y después también a los discípulos? Olvidar, desconfiar, y… sí, y de que manera… Pero el Señor siguió haciendo milagros, para ayudarlos, porque sabía que eran débiles (como nosotros), para fortalecer su fe. Por eso el Señor nos regala hoy tantos milagros, como este.
ede durar poco. Y otra vez las ideas de nuestro tiempo prevalecen: “No vale la pena”, “Dios no te escucha” “Es pura coincidencia” “Existen otras razones” “Todo el mundo sabe que es imposible” etc. Te olvidas. Dicen que uno de los males que más promueve el demonio es el olvido. Olvidas lo que has apenas visto. Olvidas que Dios es real, que esta presente y obra en tu vida. Olvidas la grandeza de Dios y la fuerza que tiene la oración. Y desconfías. Dejas de rezar, dejas de buscarlo. ¿No era acaso eso lo que le pasaba a cada rato a Israel, y después también a los discípulos? Olvidar, desconfiar, y… sí, y de que manera… Pero el Señor siguió haciendo milagros, para ayudarlos, porque sabía que eran débiles (como nosotros), para fortalecer su fe. Por eso el Señor nos regala hoy tantos milagros, como este.
Vale la pena difundir este testimonio. Porque es un milagro que nos abre al misterio, y que desenmascara la falsa pretensión de nuestro tiempo, que busca reducir todo a lo meramente natural… como si lo sobrenatural fuese algo ficticio, o al máximo algo añadido, externo, para algunos. Cuando en realidad es todo lo contrario. Estamos en contacto constante con lo sobrenatural, con la gracia, con Dios. Hacen parte de nuestro cotidiano. Somos abiertos a Dios, somos capaces de Dios… somos seres constitutivamente en tensión hacia el infinito. Por eso es que podemos hablarle, y Él nos escucha. Sí, sin duda alguna Dios escucha nuestra oración. Cuando se llora desde los más profundo, con sinceridad, como se le habla a un amigo íntimo, Dios escucha. Y si se hace en grupo mejor. Mientras más gente mejor. Ya lo dijo Él mismo «donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos» (Mt. 18,20). La oración en comunión genera un diálogo aun más vital, más profundo. Porque somos Iglesia, un solo cuerpo. Esto también se ve reflejado en las redes sociales.

Dos o tres, o mil. Todos juntos rezando, trabajando, haciendo apostolado. Esto es lo que han conseguido hacer nuestros amigos de Mayfeelings en su página para rezar por los demás. Y por supuesto, ahí esta Jesús, en medio de ellos, en medio de nosotros. El video de hoy es una demostración fehaciente de lo que venimos dicendo. Las redes sociales que nos ayudan a conectarnos, como un gran cuerpo. Y ahí están los frutos. Dos, tres o mil, quién sabe cuantos han rezado por Antonia. Eran muchos de hecho… gracias a ellos el Señor ha estado en medio de nosotros, y lo hemos visto obrar cosas grandes, y estamos alegres. Volvamos, pues, a ensanchar el espíritu. Démonos un tiempo para rezar más, pongámonos también de nuestra parte, porque como nos recuerda Antonia, por un lado esta la gracia, sí, el milagro, pero también se requiere de nuestra cooperación (cuando nos pidan 10 pasos, demos 11, no es acaso, lo mismo que decía el Señor en el Evangelio). Volvamos a rezar, entremos en contacto… recemos juntos, para agradecer por tantos dones recibidos, como este, por Antonia, y para seguir pidiendo, porque son muchos los que todavía necesitan de nuestra oración.
Textos para meditar
1. “Signos” de la omnipotencia divina y del poder salvífico del Hijo del hombre, los milagros de Cristo –narrados en los Evangelios– son también la revelación del amor de Dios hacia el hombre, particularmente hacia el hombre que sufre, que tiene necesidad, que implora la curación, el perdón, la piedad. Son, pues, “signos” del amor misericordioso proclamado en el Antiguo y Nuevo Testamento (cfr. Encíclica Dives in misericordia). Especialmente, la lectura del Evangelio nos hace comprender y casi “sentir” que los milagros de Jesús tienen su fuente en el corazón amoroso y misericordioso de Dios que vive y vibra en su mismo corazón humano. Jesús los realiza para superar toda clase de mal existente en el mundo: el mal físico, el mal moral, es decir, el pecado, y, finalmente, a aquél que es “padre del pecado” en la historia del hombre: a Satanás.
Los milagros, por tanto, son “para el hombre”. Son obras de Jesús que, en armonía con la finalidad redentora de su misión, restablecen el bien allí donde se anida el mal, causa de desorden y desconcierto. Quienes los reciben, quienes los presencian se dan cuenta de este hecho, de tal modo que, según San Marcos, “…sobremanera se admiraban, diciendo: «’Todo lo ha hecho bien; a los sordos hace oír y a los mudos hablar»!” (Mc 7, 37: 2).
7. Si se acepta la narración evangélica de los milagros de Jesús —y no hay motivos para no aceptarla, salvo el prejuicio contra lo sobrenatural—, no se puede poner en duda una lógica única, que une todos estos “signos” y los hace emanar de la economía salvífica de Dios: estas señales sirven para la revelación de su amor hacia nosotros, de ese amor misericordioso que con el bien vence al mal, cómo demuestra la misma presencia y acción de Jesucristo en el mundo. En cuanto que están insertos en esta economía, los “milagros y señales” son objeto de nuestra fe en el plan de salvación de Dios y en el misterio de la redención realizada por Cristo.
(Audiencia general de SS Juan Pablo II el 9 de diciembre, de 1987)
Publicado en www.catholic-link.com
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martes, 24 de junio de 2014
NACIMIENTO DE SAN JUAN BAUTISTA
“Él pidió una tablilla y escribió: «Juan es su nombre.»”… Hoy día, en muchas familias, la elección del nombre de los recién llegados se está convirtiendo en un ejercicio de imaginación muy poco imaginativo. En los últimos siete años, he conocido niños con nombres tediosamente originales: tamaras, vanessas, yónatans, tais, albas, amarantas, y una niña que se llamaba Libertad a quien no quisieron desatar, con el Bautismo, de los grilletes del Demonio. La primera criatura que bauticé se llamó Yaiza.
Tras mucho indagar, supe que el nombre pertenecía a una marca de compresas. Ahora se llevan, en España, los nombres medievales: Alonso, Rodrigo, Gonzalo, Diego, Álvaro… Por lo menos, esta moda tiene santos detrás. ¿Me creeréis si os digo que, en los últimos siete años, no he bautizado a ninguna Carmen, Pilar, José o Juan? Sin embargo, hasta hace unas décadas, a los niños se les imponían nombres de santos. En algunos casos, se dejaba elegir la suerte del nombre al santo del natalicio, pero esta práctica la han lamentado muchos, nacidos el día de San Tiburcio o Santa Mamerta… Con todo, lo más frecuente era, especialmente en el caso del primogénito, recurrir a los santos familiares: yo llevo el nombre de mi padre, como está mandado, y me alegro. Es la forma que tiene la familia de tomar posesión de sus retoños.
Desde el principio fue así: al invitar Yahweh a Adán a poner nombre a los animales, le otorgaba la posesión de las bestias. El propio Dios se negó a revelar su nombre, y los israelitas rehúsan pronunciarlo, porque nadie puede tener dominio sobre Él. Entre nosotros, prescribe la liturgia que el sacerdote debe inclinar la cabeza cuando menciona los nombres de “Jesús” o “María”. Al cambiar el nombre de Simón por el de Pedro, Jesús arrebató un miembro a la familia del apóstol y lo tomó como heredad suya.
Muchas religiosas y religiosos cambian su nombre al entrar en religión: con ello dejan de pertenecer al mundo y pasan a pertenecer a Dios. Rezo yo para que Yaiza se haga monjita y se llame Teresa María de San José, a ver si así se la arrebatamos a los fabricantes de compresas.
Si Zacarías e Isabel renunciaron a elegir un nombre para su hijo, es porque aquel niño era todo de Dios, y Dios ya lo había llamado “Juan”… Otro tanto sucederá con Jesús. Pero fue necesario, para que la llamada de Dios sobre el profeta se llevase a término, que aquellos padres santos renunciasen a poseer a su hijo y se convirtiesen en siervos del plan divino. Sin esa renuncia, Juan no hubiera sido San Juan, sino otro Zacarías del que no tendríamos noticia… He pedido a la Virgen por tantos matrimonios jóvenes que hoy día se obsesionan con la “planificación familiar”. A Ella, y a San Juan, les he suplicado que les muestren el camino hacia quien mejor planifica las familias: Dios… Los hijos que Dios quiera, cuantos Dios quiera, cuando Dios quiera… Y que, al sentir la vida palpitar en sus vientres, caigan de rodillas preguntando a Dios qué quiere de ese niño. Finalmente, y a la hora de elegir el nombre… ¡Por favor, buen gusto!
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domingo, 22 de junio de 2014
CORPUS CHRISTI
Él te afligió haciéndote pasar hambre y después te alimentó con el maná, que tú no conocías ni conocieron tus padres, para enseñarte que no solo vive el hombre de pan, sino de todo cuanto sale de la boca de Dios.
Aquí hay que considerar tres cosas:
Primera: El hambre que habla de nuestra pobreza.
Segunda: El alimento que nosotros conocemos y que sacia el hambre.
Tercera: El alimento que Dios nos da como remedio para nuestra pobreza.
El hambre es signo de la pobreza del hombre. Los reyes también necesitan comer ¡pobriños! Y el mismo Dios, cuando se hizo hombre, andaba necesitado -el pobre- de comida. Tuve hambre y me disteis de comer.
El alimento que nosotros conocemos sacia el hambre, pero no remedia nuestra pobreza y, a menudo, la acrecienta. Porque el que tiene hambre de pan se conforma con un mendrugo pero los que estamos hartos de pan nos sentimos muy desdichados al comprobar que hemos engordado, que tenemos colesterol y que no somos felices.
El alimento que Dios nos da es el único remedio para nuestra pobreza. Se llama Eucaristía. Nosotros no podemos hacerlo y, por mucho que avance la ciencia, nunca sabremos cómo hacerlo porque viene del Cielo.
Nosotros presentamos el pan y el vino -frutos de la tierra y del trabajo del hombre- como signos de nuestra pobreza y Dios -sin que sepamos cómo- nos los devuelve transubstanciados en alimento de vida eterna.
Si venimos a comulgar hartos de pan y satisfechos de nosotros mismos, la Eucaristía no remediará nuestra pobreza. En cambio, si venimos a comulgar humildemente, como mendigos, podremos salir a la calle y volver a casa llevando con nosotros la riqueza de Dios. La Eucaristía enriquece al que la recibe con humildad. Ese puede enriquecer al mundo porque lleva consigo la riqueza de Dios.
Dicen los sabios que la costumbre de sacar en procesión la Eucaristía es del siglo XIII. Sin duda será como dicen los sabios. Pero la idea es de Dios que se hizo Hombre -pobre y esclavo por más señas- para poder pasear con nosotros y remediar así nuestra pobreza. A Dios le encanta pasear por el mundo con los pobres. Siempre estará con ellos.
Javier Vicens en su blog "Zaqueo"
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