viernes, 10 de enero de 2014

"VIVO, PERO QUE MUY VIVO"

“Vivo, pero que muy vivo”: Así titula Arturo Espinosa Fernández, en el diario ABC, un artículo en el que muestra la historia de su nieto Ignacio: “Una malformación hacía posible que el niño naciera sin pared abdominal, o sea, con el hígado, el intestino y el estómago al aire”. 
“Hoy, diez años después, no es que esté vivo. Más bien está muy vivo, gracias a Dios y, cómo no, a los cirujanos y neonatólogos del Hospital La Paz que lograron sacarle adelante”, explica el orgulloso abuelo, que muestra cómo su nieto toca el violoncello: “¿Se imaginan la felicidad que supone para un abuelo escuchar cantar a su nieto Carmina Burana, de Carl Orff, en el Auditorio Nacional de Música, de Madrid? ¡Una gozada monumental!”.
Su artículo termina siendo demoledor: “Activistas de Femen: Ustedes no podrán disfrutar jamás en un caso semejante, puesto que habrían impedido el nacimiento de esta criatura”.

Me dijeron que el niño iba a morir
La historia de Ignacio San Juan impresiona. Su madre, Marta Espinosa, explicaba en Fin de Semana de COPE cómo vivió los primeros momentos: “Cuando yo me quedé embarazada por primera vez, en una de las ecografías encontraron una malformación, que era una cosa muy extraña y poco frecuente” y añade: “Me dijeron que el niño iba a morir y no había posibilidades de sacarlo adelante”.
Marta explica la malformación con la que nació su hijo. Una malformación grave y muy rara: “Los niños no cierran su abdomen. Todo lo que está dentro de su paquete abdominal (el hígado, el intestino, el estómago) queda fuera del abdomen. Primero me dijeron que era muy difícil que el embarazo llegara a término y después que era muy difícil que saliera adelante”.
Reconoce que Ignacio era carne de aborto, pero muestra su gratitud por “encontrarnos con gente que nos contó objetivamente cómo eran las cosas y sí nos dijeron que había posibilidades de curarlo”. 
Fueron años duros:”Nada más nacer tuvieron que colocarle una especie de malla que le introducía los órganos hacia dentro. A los diez días de nacer se lo cerraron y durante años estuvo con una sonda por la que le introducíamos la comida. A los cuatro años tuvo una obstrucción intestinal y le tuvimos que operar otra vez”, explica Marta Espinosa.

Este chico llegará a ser algo grande
Ahora Ignacio San Juan tiene 10 años, toca el violonchelo y le gusta nadar. El mismo mostraba en COPE sus recuerdos: “Me acuerdo que a los 4 años me pusieron una gastrostomía. Dentro me metían la comida y cuando me bañaba en el mar me la tenía que cambiar”. 
Su abuelo Arturo Espinosa lo tiene claro: “No es un portento físico, pero he de reconocer, que nadar, lo que se dice nadar, lo hace bastante mejor que yo. En el mar y en la piscina. Y lo digo con total satisfacción. Con mi moral por las nubes, vengo diciendo a mi familia y a mis amigos que este chico llegará a ser algo grande”.


Fuente: aleteia.org

jueves, 9 de enero de 2014

¿HAY UNA CAUSA?



Hemos traducido este video porque nos ha parecido un excelente recurso para el apostolado (gracias Alex Reyes y Lorena Tabares). El video muestra de manera sintética el argumento lógico de porqué el universo tiene una causa (“The cosmological argument”). Se basa en tres proposiciones, de las cuales, al comprobarse dos de ellas, validan la tercera. “Todo lo que empieza a existir tiene una causa”, “El universo comenzó a existir”. Por lo tanto, “el universo tiene una causa”. Es una muestra sencilla, desde un argumento cosmológico, lo razonable que es creer.
Elementos apostólicos
Por un lado, el video me hacía pensar en el ser humano. El hombre, por su naturaleza, busca la verdad. Pero pensaba, al mismo tiempo, que no se contenta con conquistar verdades parciales o científicas. Su búsqueda tiende hacia una verdad superior que pueda explicar el sentido de la vida; por eso es una búsqueda que solo encuentra solución en el absoluto. Siempre tiende a algo que está encima del objeto limitado inmediato de los estudios, a los interrogantes que abren el acceso al misterio. Por eso, tantos científicos en la historia no se han conformado con los estudios ya realizados, sino que han ido cada vez más allá. Eso justamente me habla de cómo la búsqueda del hombre es interminable, porque se va abriendo al Misterio de la Verdad, en el cual, su razón no puede agotarla, sino que se ve necesitado de ir más allá de sí misma, en apertura a un “Otro” que se le revele.
Además, estuve leyendo la “Fides et Ratio” de Juan Pablo II que habla de la relación imprescindible entre la razón y la fe. En esa encíclica, el Santo Padre describe algunas reglas o parámetros de la razón que me parecen relevantes para el diálogo después de ver el video. En primer lugar, el conocimiento del hombre es un camino sin descanso; en segundo lugar, no se puede recorrer este camino creyendo que es fruto solamente de una conquista personal; y, finalmente, la razón debe reconocer sus límites y debe estar abierta al absoluto. Si alguna de estas reglas no se cumplen, el hombre no se abre a lo trascendente dimitiendo de su propia humanidad que la busca y, por lo tanto, dimitiendo también de su razón y su capacidad de conocer la Verdad.
Y por último, el Santo Padre, en la misma encíclica, hacía referencia a cómo además de esta búsqueda de la verdad también existe una búsqueda de alguien en quién fiarse. El hombre vive de creencias. Cada uno, al creer, confía en los conocimientos adquiridos por otras personas. El hombre vive confiando. De hecho, confiar es uno de los “actos antropológicamente más significativos y expresivos”. Por ejemplo, ¿nosotros acaso dudamos de que nuestro padre es nuestro padre? o ¿dudamos si la gaseosa que compramos está envenenada o no? Vivimos confiando y no nos damos cuenta. En ese sentido, la búsqueda de la verdad y la de confiar y creer en la verdad que otro le manifiesta encuentran su realización en la fe cristiana. En efecto, “superando el estudio de la simple creencia, la fe cristiana coloca al hombre en ese orden de gracia que le permite participar en el Misterio de Cristo, en el cual se ofrece el conocimiento verdadero y coherente de Dios Uno y Trino.” En ese Misterio Revelado, es Dios mismo que se manifiesta como la Verdad y expresa credibilidad porque su Amor por nosotros es llevado al extremo en una Cruz. ¿Qué mayor credibilidad y verdad que esa? Que Dios mismo se hizo Hombre por amor al hombre y para mostrarnos cómo ser auténticos hombres.

miércoles, 8 de enero de 2014

FABRIZIO ESCRIBIÓ AL PAPA ANTES DE IRSE AL CIELO

Fabrizio nació en Nápoles el 8 de septiembre de 1982. Miles, casi tres mil personas, se reunieron en Ponticelli (NA), para darle el último saludo en la Basílica de Nuestra Señora de la Nieve, donde era vice-párroco. Un sufrimiento grande el del padre Fabrizio en los últimos meses, vivido siempre con gran fe y con una gran fuerza de ánimo. Siempre con una sonrisa, siempre con una palabra de consuelo para sus familiares y amigos que han estado con él hasta su último aliento. Aquí os ofrecemos la carta que envió al Papa.

A Su Santidad el Papa Francisco
      

Santo Padre,

En las oraciones diarias que dirijo a Dios, no dejo de rezar por usted y por el ministerio que el Señor mismo Le ha confiado, para que pueda darle siempre fuerza y alegría para continuar anunciando la bella noticia del Evangelio.

Me llamo Fabricio De Michino y soy un sacerdote joven de la diócesis de Nápoles. Tengo 31 años y hace cinco que soy sacerdote. Desarrollo mi servicio en el Seminario Arzobispal de Nápoles como educados del grupo de diáconos, y en una parroquia en Ponticelli, que se encuentra en la periferia de Nápoles. La parroquia, recordando el milagro sucedido en la colina Esquilino, recibe el nombre de la Señora de las Nieves y en 2014 celebrará el primer centenario de la Coronación de la estatua de madera del 1500, muy querida para todos sus habitantes.

Ponticelli es un barrio degradado por su pobreza y alta criminalidad, pero cada día descubro verdaderamente la belleza de ver lo que el Señor realiza en estas personas que se fían de Dios y de la Virgen.

También yo, desde que estoy en esta parroquia he podido ampliar cada vez más mi amor confiado hacia la Madre Celeste, experimentando también en las dificultades, su cercanía y protección. Por desgracia, hace tres años que me encuentro peleando contra una enfermedad rara: un tumor justo en el interior del corazón y desde hace algún mes, con metástasis en el hígado y en el bazo. En estos años nada fáciles, sin embargo, nunca he perdido la alegría de ser anunciador del Evangelio. También en el cansancio percibo, verdaderamente, esta fuerza que no viene de mí sino de Dios que me permite desarrollar con sencillez mi ministerio. Hay una cita bíblica que me está acompañando y me infunde confianza en la fuerza del Señor, es la de Ezequiel: “Os daré un corazón nuevo, meteré dentro de vosotros un Espíritu nuevo, arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez 36, 26).

En este tiempo ha sido muy cercana la presencia de mi obispo, el card. Crescenzio Sepe, que me apoya contantemente, aunque a veces me dice que descanse para no cansarme demasiado.

Agradezco a Dios también por mis familiares y mis amigos sacerdotes que me ayudan y sostienen sobre todo cuando hago las distintas terapias, compartiendo conmigo los diversos momentos de inevitable sufrimiento. También mis médicos me apoyan muchísimo y hacen lo imposible para encontrar los tratamientos adecuados para mí.

Santo Padre,

Me estoy alargando demasiado, pero solo quiero decirle que ofrezco al Señor todo esto por el bien de la Iglesia y por Usted de un modo especial, para que el Señor le bendiga siempre y le acompañe en este ministerio de servicio y amor.

Le ruego que me añada a sus oraciones: lo que le pido todos los días al Señor es hacer su voluntad, siempre y en todas partes. A menudo, es verdad, no le pido a Dios mi curación, sino la fuerza y la alegría de continuar siendo un testimonio verdadero de su amor y un sacerdote según su corazón.

Seguro de sus paternales oraciones, le saludo devotamente.

Don Fabrizio De Michino
Publicado en www.aleteia.org

lunes, 6 de enero de 2014

EPIFANÍA DEL SEÑOR

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
- «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. »
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
- «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.”»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
- «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.


Pobres Reyes Magos. Después de toda la noche trabajando, recorriendo miles y miles de kilómetros de una casa a otra, seguro que con acidez de estómago después del plato setecientos de turrón y peladillas, y con algo de resaca tras tanta copita de anís para entrar en combatir el frío, llegan a casa y ¿qué se encuentran? ¿Quién les deja a ellos los regalos? Seguramente sólo tengan ganas de dormir, pero seguro que en sus pensamientos antes de dormir se acuerdan de la sonrisa de ese niño que, hace dos mil años, les dedicó desde un pesebre en la fría noche de Belén. Y el regalo de esa sonrisa sigue haciéndose eco, año tras año, en esta noche de Reyes y se multiplica en la sonrisa de millones de niños.

“Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.” Ensanchar el corazón. Ojalá fuese ese uno de los regalos que hoy encontremos en nuestra casa. Que ensanchemos nuestro corazón, que recuperemos la capacidad de asombrarnos ante la maravilla de Dios, y no tanto ante los vídeos de You Tube.
Herodes tenía que ensanchar el corazón, pues en su interior sólo cabía él mismo. Como tantos corazones de hoy empiezan por el yo y acaban por el yo, lo demás no tiene cabida. Son corazones estrechos, amargos, resecos.

“Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.” La gracia de Dios hace el corazón más grande, lo amplía, lo abre a horizontes que antes eran inimaginables. Por eso el que no procura vivir en gracia de Dios acaba viviendo para sí mismo, no digo que sea malo, sí digo que es corto. Si nosotros dejamos hoy en el portal, además del oro, el incienso y la mirra de nuestra entrega, nuestros pecados, procuramos hacer una buena confesión y dejamos que la gracia de Dios nos invada, descubriremos horizontes que hasta ahora ni imaginábamos. Ese será nuestro mayor regalo.
“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron.” El de corazón estrecho no suele tener demasiados problemas, no se plantea metas difíciles ni complicadas y lo que ve que le supera, lo rehuye. Tampoco tienes grandes alegrías y, por supuesto, estas son pasajeras. El de corazón ancho se lanza a empresas que parecen imposibles, no huye de las dificultades ni se achanta ante los problemas. Y, a pesar de las dificultades, va descubriendo alegrías en su camino pues su meta es la felicidad, el gozo, que no depende de su estado de ánimo, sino de encontrarse con la alegría hecha carne, que es Jesús.

Los magos de oriente tenían un corazón grande, y se fue ensanchando en su búsqueda. no sabían bien qué buscaban y Dios colmó completamente su dicha. María y José están siempre al lado de Dios Niño, ojalá también nosotros recibamos el regalo de renovar nuestra vida, ensanchar nuestro corazón, y llegar hasta esa meta. Y que esta noche tengamos presente la sonrisa del Niño.

Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org

jueves, 19 de diciembre de 2013

"NO TEMAS JOSÉ"

Evangelio (Mt 1,18-24): La generación de Jesucristo fue de esta manera: Su madre, María, estaba desposada con José y, antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo. Su marido José, como era justo y no quería ponerla en evidencia, resolvió repudiarla en secreto.

Así lo tenía planeado, cuando el Ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: «José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer porque lo engendrado en Ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese el oráculo del Señor por medio del profeta: «Ved que la virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”». Despertado José del sueño, hizo como el Ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a su mujer.

 
Comentario: Rev. D. Antoni CAROL i Hostench (Sant Cugat del Vallès, Barcelona, España)

José, hijo de David, no temas tomar contigo a María tu mujer
 
Hoy, la liturgia de la palabra nos invita a considerar el maravilloso ejemplo de san José. Él fue extraordinariamente sacrificado y delicado con su prometida María.
 
No hay duda de que ambos eran personas excelentes, enamorados entre ellos como ninguna otra pareja. Pero, a la vez, hay que reconocer que el Altísimo quiso que su amor esponsalicio pasara por circunstancias muy exigentes.
 
Ha escrito el Papa Juan Pablo II que «el cristianismo es la sorpresa de un Dios que se ha puesto de parte de su criatura». De hecho, ha sido Él quien ha tomado la “iniciativa”: para venir a este mundo no ha esperado a que hiciésemos méritos. Con todo, Él propone su iniciativa, no la impone: casi —diríamos— nos pide “permiso”. A Santa María se le propuso —¡no se le impuso!— la vocación de Madre de Dios: «Él, que había tenido el poder de crearlo todo a partir de la nada, se negó a rehacer lo que había sido profanado si no concurría María» (San Anselmo).
 
Pero Dios no solamente nos pide permiso, sino también contribución con sus planes, y contribución heroica. Y así fue en el caso de María y José. En concreto, el Niño Jesús necesitó unos padres. Más aún: necesitó el heroísmo de sus padres, que tuvieron que esforzarse mucho para defender la vida del “pequeño Redentor”.
 
Lo que es muy bonito es que María reveló muy pocos detalles de su alumbramiento: un hecho tan emblemático es relatado con sólo dos versículos (cf. Lc 2,6-7). En cambio, fue más explícita al hablar de la delicadeza que su esposo José tuvo con Ella. El hecho fue que «antes de empezar a estar juntos ellos, se encontró encinta por obra del Espíritu Santo» (Mt 1,19), y por no correr el riesgo de infamarla, José hubiera preferido desaparecer discretamente y renunciar a su amor (circunstancia que le desfavorecía socialmente). Así, antes de que hubiese sido promulgada la ley de la caridad, san José ya la practicó: María (y el trato justo con ella) fue su ley.

martes, 17 de diciembre de 2013

LA "ABURRIDA" GENEALOGÍA DE JESUS

Al iniciar las ferias mayores, esta semana intensa espiritual y litúrgicamente de preparación inmediata a la primera venida del Señor en nuestra carne, la Iglesia en el rito romano proclama la genealogía de Jesús. ¡Las caras de los fieles expresan un aburrimiento mortal de necesidad! ¡Tantos nombres raros uno tras otro! Y si hay homilía luego, pocas veces explica el sentido de lo escuchado sino una vaga exhortación navideña... a la solidaridad con la Campaña de alimentos (permítaseme la caricatura).

¿Por qué una genealogía?
 
Y además, ¿dos genealogías tan diversas entre sí, la de Mateo y la de Lucas?
  • Mateo asciende desde Abrahán a Jesús; Lucas baja desde Jesús hasta Adán;
  • Las generaciones no coinciden: Mateo pone 42 y Lucas 77, y ambas listas discrepan entre David y Cristo;
  • Mateo pone 14 generaciones en cada tramo, pero con 14 generaciones no se abarcar períodos de siglos enteros (por ejemplo, el primer período de unos 900 años);
  • se omiten reyes y personas, unos aparecen en Mateo, otros sólo en Lucas...

Habrá que situarse en la mentalidad semita: más que crear un árbol genealógico preciso, simplemente se subrayan períodos y algunos de los antecesores por su valor simbólico desde el punto de vista teológico del evangelista; es resaltar cómo en Jesucristo confluye toda una historia de salvación, y con esa misma intención se proclama en la liturgia (casi ante el asombro de propios y extraños que no entienden a qué viene ese evangelio tan raro).
Por tanto, lo que destaca en la genealogía de Jesucristo es un contenido teológico."¿Cuál sería ese contenido? El cardenal Danielou lo ha señalado con precisión: "Mostrar que el nacimiento de Jesús no es un acontecimiento fortuito, perdido dentro de la historia humana, sino la realización de un designio de Dios al que estaba ordenado todo el antiguo testamento". Dentro de este enfoque, Mateo -que se dirige a los judíos en su evangelio- trataría de probar que en Jesús se cumplen las promesas hechas a Abrahán y David. Lucas -que escribe directamente para paganos y convertidos- bajará desde Cristo hasta Adán, para demostrar que Jesús vino a salvar, no sólo a los hijos de Abrahán, sino a toda la posteridad de Adán" (Martín Descalzo). 

La genealogía de Lucas, además, permite otro matiz más: "Según el sentir de san Lucas, la descendencia davídica interesaba sobre todo a los judíos, pero como Jesús es el salvador del mundo y no solamente el Mesías de los judíos, ha querido subir más allá de David, quiso remontarse hasta el padre del género humano, hasta Adán, que fue de Dios, no como hijo, sino como su criatura. De esta suerte Jesús es un nuevo punto de partida de la humanidad: la redención es una fecha que responde a la de la creación" (P. Lagrange).

 

Grandes y santos nombres aparecen en la genealogía de Cristo, ¡y Éste los supera a todos ellos! "¡Qué elocuentes son estos nombres! A través de ellos surgen de las tinieblas del pasado más remoto las figuras de los tiempos primitivos. Adán, penetrado por la nostalgia de la felicidad perdida del paraíso; Matusalén, el muy anciano; Noé, rodeado del terrible fragor del diluvio; Abrahán, al que Dios hizo salir de su país y de su familia para que formase una alianza con él; Isaac, el hijo del milagro, que le fue devuelto desde el altar del sacrificio; Jacob, el nieto que luchó con el ángel de Dios... ¡Qué corte de gigantes escoltan la espalda de este recién nacido!" (R. Guardini).

 
Pero también, y con sumo realismo de lo que es esta humanidad pecadora que Él asume, otros personajes nada relevantes: Farés, hijo incestuoso de Judá; Salomón, fruto del adulterio de David; las mujeres que aparecen en la genealogía: tres de ellas extranjeras al pueblo elegido, tres eran pecadores, sólo destaca Rut, la moabita, con brillo peculiar de pureza...

Sabiendo todos estos datos, ¿qué quieren decir las genealogías?
 
¿Por qué la Iglesia lee como evangelio de la feria mayor de hoy una genealogía entera?
"Los evangelistas al subrayar esos datos están haciendo teología, están poniendo el dedo en una tremenda verdad que algunos piadosos querrían ocultar pero que es exaltante para todo hombre de fe: Cristo entró en la raza humana tal y como la raza humana es, puso un pórtico de pureza total en el penúltimo escalón -su madre Inmaculada- pero aceptó, en todo el resto de su progenie, la realidad humana total que él venía a salvar. Dios, que escribe con líneas torcidas, entró por caminos torcidos, por los caminos que -¡ay!- son los de la humanidad" (Martín Descalzo).

Por tanto:
  • entra en la humanidad tal como ésta es,
  • no se "disfraza" de hombre, ni juega a ser hombre, ni es más Dios que hombre, sino que es real y perfectamente hombre en su Encarnación,
  • la humanidad de Cristo es real, "total", asumiendo en su carne la humanidad entera, concentrando en su carne santísima el pecado de la humanidad caída (por eso san Pablo dirá que "se hizo pecado", ¡no que se hizo "pecador"!).
La verdad de su encarnación es expresada mediante la genealogía que hoy se lee en el rito romano.
 
¿Superaremos hoy la cara de aburrimiento al escuchar tantos nombres?
¿Descubriremos su santísima humanidad recapitulando todo al encarnarse?

Del blog: Corazón Eucarístico de Jesús

viernes, 13 de diciembre de 2013

LA "PERESTROIKA" DEL PAPA FRANCISCO

El primer documento «cien por cien» del Santo Padre plantea un cambio de rumbo en la Iglesia y la humanidad. Soltar lastre, quiere soltar lastres estructurales y mentales para hacer una Iglesia alegre y preocupada por los pobres. Sin que nadie lo notase, el rumbo de la Iglesia cambió decisivamente unos días antes del Cónclave con el breve discurso de un cardenal que nadie mencionaba como favorito. El mundo lo descubrió el 13 de marzo, cuando vio asomarse al balcón al primer Papa americano de la historia, después de que la conferencia episcopal italiana hubiese felicitado por su elección… ¡al cardenal Scola! Era la primera de muchas sorpresas.
En aquel discurso a puerta cerrada a los cardenales electores, Jorge Bergoglio les advirtió que «cuando la Iglesia no sale de sí misma para evangelizar, deviene autorreferencial y entonces se enferma». Era el diagnóstico correcto. Las notas de su intervención ocupan poco más de una cara de un folio manuscrito, que entregó a su compañero Jaime Ortega, cardenal de La Habana. El último punto es el perfil que propone para el sucesor de Benedicto XVI. Vale la pena leerlo entero:
«Pensando en el próximo Papa: un hombre que, desde la contemplación de Jesucristo y desde la adoración de Jesucristo ayude a la Iglesia a salir de sí hacia las periferias existenciales, que la ayude a ser madre fecunda que vive “la dulce y confortadora alegría de evangelizar” (Pablo VI)». Esta es la revolución del Papa Francisco. La que puso en marcha con sus gestos y su ejemplo. La que ahora presenta como texto «programático» en su poderosa exhortación apostólica de 220 páginas «La Alegría del Evangelio».
La envergadura del primer documento «cien por cien» del Papa Francisco es una sorpresa mayúscula: «Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación».
El «sueño» de Francisco
El mayor «sueño» del siglo XX había sido el de Martin Luther King, presentado en Washington hace 50 años con su famoso discurso «I Have a Dream» cuando la gran mayoría de los negros de EE.UU. eran pobres y sufrían discriminación racial. Nadie podía imaginar que 45 años más tarde Barack Obama llegaría a la Casa Blanca. El «sueño» de Francisco es mucho más ambicioso: quiere un cambio nada menos que en el rumbo de la Iglesia y la humanidad. Y propone, a quien quiera escucharle, el modo de ponerlo en marcha.
Como siempre ha liderado con el ejemplo, Francisco escribe: «Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. Me corresponde, como obispo de Roma, estar abierto a las sugerencias que se orienten a un ejercicio de mi ministerio…». «Nada similar había salido de la boca de un Papa en la época moderna», comentó asombrado Luigi Accattoli, el decano de los vaticanistas, en el «Corriere della Sera». Accattoli, autor de numerosos libros, considera el documento del Papa «un mensaje de fraternidad en Cristo como nunca ha propuesto tan radicalmente la Iglesia de Roma desde los tiempos de Constantino».
El veterano vaticanista prevé que la resistencia romana, «que nunca faltó a Juan XXII y a Juan Pablo II, probablemente duplicará su energía después de esta proclama formulada por un hombre que parece decidido a todo». Ningún pontífice se había atrevido a crear comisiones investigadoras de todas las finanzas del Vaticano, o a meter dentro de los muros a dos auditoras multinacionales como Promontory y Ernst & Young. Para colmo, quiere terminar la reforma de la Curia dentro de un año, cuando la de Pablo VI llevó cinco y la de Juan Pablo II, diez… Todo esto mo-
lesta a unos cuantos. Pero al Papa que renunció a los coches blindados no le faltará valor para afrontar contragolpes de la burocracia vaticana o de los poderes financieros mundiales.
La revista Forbes, que le declaró la cuarta persona más influyente del mundo, ha abierto fuego de represalia por su atrevimiento a criticar «la adoración del antiguo becerro de oro» y el «fetichismo del dinero». Pero, sobre todo, por culpar del desequilibrio económico a «ideologías que defienden la autonomía absoluta de los mercados y la especulación financiera».
Es posible que algunos se sientan aludidos cuando lean que «hay cristianos cuya opción parece ser la de una Cuaresma sin Pascua», o cuando el Papa insiste en que «un evangelizador no debería tener permanentemente cara de funeral». En cambio, las personas de buena voluntad disfrutarán con un documento de lenguaje sencillo y claro que desborda optimismo desde su primer párrafo.
El documento afronta docenas de temas importantes, desde el papel de la mujer hasta el modo de preparar homilías que no aburran a los fieles o la indiferencia culpable ante los pobres y los explotados. Francisco escribe con valentía y libertad. Quienes lean tranquilamente «La Alegría del Evangelio» se darán cuenta de que es revolucionaria porque propone un regreso a lo estrictamente esencial, tirando por la borda lo que se ha vuelto inútil.
En 1870 hubo también muchos lamentos por la pérdida de los Estados Pontificios. Pero, en realidad, los patriotas italianos liberaron a la Iglesia de un tremendo lastre político, económico, militar y territorial. Desde entonces, los Papas se concentran en su tarea religiosa, y todos han sido ejemplares. Francisco quiere soltar ahora lastres estructurales y mentales. Quiere una Iglesia más espiritual, más preocupada por los pobres, más alegre y más libre.
«No tengamos miedo a revisar normas muy arraigadas»
En el Papa un ejercicio reconoce de que sano algunas realismo, costumbres de la Iglesia «muy arraigadas a lo largo de la historia» han perdido la capacidad de transmitir su mensaje. Y por eso aconseja: «No tengamos miedo a revisarlas».
«Del mismo modo», continúa, «hay normas o preceptos eclesiales que pueden haber sido muy eficaces en otras épocas pero que ya no tienen la misma fuerza educativa como cauces de vida. Santo Tomás de Aquino destacaba que los preceptos dados por Cristo y los Apóstoles al Pueblo de Dios “son poquísimos”. Citando a San Agustín, Tomás advertía que los preceptos añadidos por la Iglesia posteriormente deben exigirse con pesada moderación la vida de “para los fieles” no hacer y no convertir esclavitud nuestra cuando religión “la misericor- en una dia de Dios quiso que fuese libre”».
Francisco lamenta que «a veces nos comportamos como controladores de la gracia y no como facilitadores. Pero la Iglesia no es una aduana, es la casa paterna donde hay lugar para cada uno con su vida a cuestas».
Naturalmente, todo cambio y toda salida a campo abierto implica riesgos, pero Francisco prefiere «una Iglesia accidentada, herida y manchada por salir a la calle, antes que una Iglesia enferma por el encierro y la comodidad de aferrarse a las propias seguridades».
Salir de la rutina mental va a ser muy costoso para algunos. Pero la Iglesia que propone Francisco no sólo es hermosa. Puede ser irresistible.

Juan Vicente Boo