sábado, 8 de diciembre de 2012

INMACULADA CONCEPCIÓN

El cielo, las estrellas, la tierra, los ríos, el día y la noche, y todo cuanto está sometido al poder o utilidad de los hombres, se felicitan de la gloria perdida, pues una nueva gracia inefable, resucitada en cierto modo por ti ¡oh Señora!, les ha sido concedida. Todas las cosas se encontraban como muertas, al haber perdido su innata dignidad de servir al dominio y al uso de aquellos que alaban a Dios, para lo que habían sido creadas; se encontraban aplastadas por la opresión y como descoloridas por el abuso que de ellas hacían los servidores de los ídolos, para los que no habían sido creadas. Pero ahora, como resucitadas, felicitan a María, al verse regidas por el dominio honradas por el uso de los que alaban al Señor.
Ante la nueva e inestimable gracia, las cosas toda saltaron de gozo, al sentir que, en adelante, no sólo estaban regidas por la presencia rectora e invisible de Dios su creador, sino que también, usando de ellas visiblemente, las santificaba. Tan grandes bienes eran obra de bendito fruto del seno bendito de la bendita María.
Por la plenitud de tu gracia, lo que estaba cautivo en el infierno se alegra por su liberación, y lo que estaba por encima del mundo se regocija por su restauración. En efecto, por el poder del Hijo glorioso de tu gloriosa virginidad, los justos que perecieron antes de la muerte vivificadora de Cristo se alegran de que haya sido destruida su cautividad, y los ángeles se felicitan al ver restaurada su ciudad medio derruida.
¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por criatura!
Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y mismo el Hijo de Dios y de María. Todo lo que nace criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.
Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración. Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste.
¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!
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San Anselmo, Sermón 52: PL 158, 955-956
 
Del Blog: redescubre la navidad

viernes, 7 de diciembre de 2012

BIENAVENTURANZAS DEL ADVIENTO

Esta noche a las 21:30 en la Parroquia, VIGILIA DE LA INMACULADA. Te esperamos.

BIENAVENTURANZAS DEL ADVIENTO

Felices quienes siguen confiando, a pesar de las muchas circunstancias adversas de la vida.

Felices quienes tratan de allan...
ar todos los senderos: odios, marginaciones, discordias, enfrentamientos, injusticias.

Felices quienes bajan de sus cielos particulares para ofrecer esperanza y anticipar el futuro, con una sonrisa en los labios y con mucha ternura en el corazón.

Felices quienes aguardan, contemplan, escuchan, están pendientes de recibir una señal, y cuando llega el momento decisivo, dicen: sí, quiero, adelante, sea, en marcha…

Felices quienes denuncian y anuncian con su propia vida y no sólo con meras palabras.

Felices quienes rellenan los baches, abren caminos, abajan las cimas, para que la existencia sea para todos más humana.

Felices quienes acarician la rosa, acercan la primavera, regalan su amistad y reparten ilusión a manos llenas con su ejemplo y sus obras.

Felices quienes cantan al levantarse, quienes proclaman que siempre hay un camino abierto a la esperanza, diciendo: “No tengáis miedo, estad alegres. Dios es como una madre, como un padre bueno que no castiga nunca, sino que nos acompaña y nos alienta, pues únicamente desea nuestra alegría y nuestra felicidad”.

Miguel Ángel Mesa

miércoles, 5 de diciembre de 2012

ADVIENTO: MOMENTO DE ESPERANZA

Angel Moreno, sacerdote en Buenafuente del Sistal nos habla sobre el Adviento y sobre la esperanza de los que escuchamos hoy en la Palabra: "El enjugará las lágrimas de todos los rostros".

martes, 4 de diciembre de 2012

LA GENTE SENCILLA

Bueno, en unas semanas ya podremos consagrar y utilizar el nuevo templo. Mientras tanto seguimos en el barracón y, según me disponía a escribir este comentario, han entrado unos feligreses jóvenes pidiendo encender una vela en la Iglesia por su abuela que falleció hace un año. Entonces he caído en la cuenta que en la parroquia (ni en esta ni en la nueva), tenemos lampadario. Le pondremos a la abuela la próxima vela del Santísimo. En ocasiones uno está preocupado de tantas cosas que se le olvida lo que pide la gente sencilla, los que pasan un rato a rezar o quieren tener un recuerdo por sus seres queridos. me imagino que en los próximos meses se nos irán ocurriendo cosas que faltan y en las que no habíamos pensado, y seguramente las más fáciles. Somos así, centramos la cabeza en lo complicado y nos olvidamos lo sencillo.

“Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y a los entendidos, y las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien”. Queremos hacer a Dios complicado y no nos damos cuenta que es el Dios de los sencillos. ¿Cómo te quiere Dios? No empieces a hacer elucubraciones complicadas o grandes discernimientos, simplemente déjate querer y lo descubrirás. ¿Quieres descubrir dónde está Dios? Acércate al sagrario más cercano, mírale, luego mira en tu interior y le encontrarás. ¿Quieres encontrar la alegría? Mira a los demás, especialmente a los más necesitados, como si fueran el mismo Cristo y sírveles como le servirías a Él. ¿Quieres rezar? Pues lánzate con un padrenuestro despacito.

Tengo que reconocer que me gustaría ser más listo, mas sesudo y hacer reflexiones profundas. Con complicadas disquisiciones uno suele quedar bien y puede estar tranquilamente en cualquier tertulia o participar en mesas redondas. Sin embargo tengo que reconocer que me han enseñado más de Dios los niños y las ancianitas que los teólogos. Cuando nos negamos a escuchar la voz de los sencillos (que no son los simples), nos solemos perder grandes luces del Espíritu Santo.

«¡Dichosos los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos y reyes desearon ver lo que veis vosotros, y no lo vieron; y oír lo que oís, y no lo oyeron.» El otro día me contaban de un sacerdote que daba un testimonio y contaba que se había dado cuenta que últimamente había pasado muchas horas escribiendo sobre Cristo para un libro…, y se había despistado de hablar con Él. ¿De qué valdría saber todos los datos de genealogía, número de carné de identidad y de filiación de la seguridad de tu madre si nunca la has dado un beso? Los mejores ratos de oración son -al menos para mi-, aquellos que surgen de pronto ya sea en el coche, al entrar en la Iglesia, dando un paseo o esperando en la antesala del médico y te sorprendes hablando con Dios. De pronto notas perfectamente lo que dice Isaías: “Sobre él se posará el espíritu del Señor: espíritu de prudencia y sabiduría, espíritu de consejo y valentía, espíritu de ciencia y temor del Señor. Le inspirará el temor del Señor”. Y no te queda ninguna duda de la presencia de Dios y la acción del Espíritu Santo.

Nuestra Madre la Virgen es la Virgen sencilla, que ella nos haga sencillos ante Dios y ante los demás.

Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org

lunes, 3 de diciembre de 2012

AÑO DE LA FE: TWEET CREDO

Que hoy nos hace reflexionar sobre la existencia del purgatorio.
Ya iniciado el Adviento, en nuestra Parroquia se nos invita a participar de la Exposición del Santísimo que hay cada día de 7 de la mañana a 8:30. Es un buen momento para preparar el corazón a la llegada del Señor.




sábado, 1 de diciembre de 2012

I DOMINGO DE ADVIENTO

Evangelio
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Habrá signos en el sol y la luna y las estrellas, y en la tierra angustia de las gentes, perplejas por el estruendo del mar y el oleaje, desfalleciendo los hombres por el miedo y la ansiedad ante lo que se le viene encima al mundo, pues las potencias del cielo serán sacudidas. Entonces verán al Hijo del hombre venir en una nube, con gran poder y gloria. Cuando empiece a suceder esto, levantaos, alzad la cabeza; se acerca vuestra liberación».
«Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida, y se os eche encima de repente aquel día; porque caerá como un lazo sobre todos los habitantes de la tierra. Estad, pues, despiertos, en todo tiempo, pidiendo que podáis escapar de todo lo que está por suceder y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
Lucas 21, 25-28. 34-36
El comienzo del año litúrgico es sorprendente. La liturgia de Adviento se estrena, en su primer Domingo, con las palabras de Jesucristo referidas al final del mundo y sus signos. ¿A quién se le ocurre empezar por el fin? La Iglesia, que es Madre y Maestra, lo hace, disponiéndonos a recibir, mediante la participación en los misterios sagrados de la liturgia, una sabiduría que no es de este mundo y desvela la lógica de la esperanza que no defrauda.
Para vivir el presente, es necesario hacer memoria de la enseñanza de Cristo respecto al futuro. En el Evangelio de este domingo, encontramos una promesa y una exhortación. Ambas sostienen la esperanza cristiana. Jesús ha prometido que vendrá en gloria y majestad, y con su venida el mundo alcanzará su fin. La venida del Señor en gloria (Parusía) es la finalidad y el término de la Historia y de la creación. Será un acontecimiento visible (verán venir), reconocible incluso por los que ahora no creen, y estará precedido de signos en el cielo y reacciones en la tierra. Algunos de esos signos ya se han dado y seguirán dándose, recordándonos que el encuentro con Cristo, que viene, debe ser preparado.
Surge así la exhortación: la venida de Cristo no nos debe sorprender distraídos. La actitud propia de quien tiene esperanza es la vigilancia. Tal es la invitación insistente de la liturgia en este tiempo: Salgamos animosos al encuentro de Cristo. Para preparar el encuentro definitivo con el Señor en nuestra propia muerte y al final de los tiempos, es imprescindible revivir la primera venida de Cristo encontrándonos con Él mientras caminamos en este mundo. Ahora, el encuentro se realiza desde la fe; cuando Cristo venga al final de los tiempos, la fe dejará paso a la visión.
Acompañar a Jesucristo en los misterios de su vida nos permite comprender que, en realidad, es Él quien se ha hecho nuestro compañero en el camino de la vida. Entre la primera venida de Cristo, realizada en la humildad de la carne, y su venida en gloria y majestad, fijando el fin de los tiempos, se escribe la propia biografía. A la primera venida nos remitimos para vivir la comunión con el Señor que nos prepara al encuentro definitivo con Él. Mientras Cristo llega, el Espíritu Santo sostiene la fe, anima la esperanza y enciede la caridad de los hijos de la Iglesia que, con una sola voz, proclaman: Ven, Señor Jesús.
Los acontecimientos que consideramos importantes en nuestra vida los preparamos anticipándolos e imaginándolos. No hay mayor acontecimiento en la vida humana que el encuentro definitivo con el Señor. Este acontecimiento no se puede improvisar. Contemplar el fin desde la fe es la clave para fortalecer la esperanza. Si no hay certeza respecto al fin, tampoco el deseo será confiado. Nosotros podemos esperar porque sabemos que, al final, hay Quien nos espera. Empezar por el fin: tal es la lógica de la esperanza.
+ José Rico Pavés
obispo auxiliar de Getafe
 

viernes, 30 de noviembre de 2012

SÓLO POR HOY


 


El querido Papa Beato Juan XXIII se hizo famoso por la serenidad, naturalidad y alegría con que sabía pasar la vida, conforme a su lema "Obediencia y paz". Una paz que no perdía nunca porque sabía que estaba haciendo la voluntad de Dios.

Pero no todo era fruto de un temperamento tranquilo, sino consecuencia de una gran virtud con la cual dominaba todos los acontecimientos del día.

Y esto lo consiguió con un plan de vida que se trazó en su "Decálogo de la serenidad", bajo el lema de "Sólo por hoy". ¿Qué quiso decir con este
Sólo por hoy?... Vale la pena escuchar sus mismas palabras:

* "Sólo por hoy trataré de vivir exclusivamente el día, sin querer resolver el problema de mi vida todo de una vez.

"Sólo por hoy tendré el máximo cuidado de mi aspecto: cortés en mis maneras; no criticaré a nadie y no pretenderé mejorar a nadie, sino a mí mismo.

"Sólo por hoy seré feliz en la certeza de que he sido creado para la felicidad, no sólo en el otro mundo, sino en éste también.

"Sólo por hoy me adaptaré a las circunstancias, sin pretender que las circunstancias se adapten todas a mis deseos.

"Sólo por hoy dedicaré diez minutos de mi tiempo a una buena lectura, recordando que, igual que el alimento es necesario para la vida del cuerpo, así la buena lectura es necesaria para la vida del alma.

"Sólo por hoy haré una buena acción y no lo diré a nadie.

"Sólo por hoy haré por lo menos una obra que no deseo hacer; y si me sintiera ofendido en mis sentimientos, procuraré que nadie se entere.

"Sólo por hoy me haré un programa detallado. Quizá no lo cumpliré cabalmente, pero lo redactaré. Y me guardaré de dos calamidades: la prisa y la indecisión.

"Sólo por hoy creeré firmemente —aunque las circunstancias demuestren lo contrario— que la buena providencia de Dios se ocupa de mí como si nadie más existiera en el mundo.

"Sólo por hoy no tendré temores. De manera particular no tendré miedo de gozar de lo que es bello y de creer en la bondad".

¿Qué? Una vez leído o escuchado esto, ¿le damos o no le damos la razón al bueno del Papa Juan?... Él acababa su escrito, diciendo:

- Puedo hacer el bien durante doce horas. Lo que me descorazonaría es si pensase que lo tengo que hacer durante toda mi vida.

Y otra cosa. ¿Pensamos que el Papa Juan fue original del todo al trazarse este plan de vida? Pues..., no.

Porque todo esto ya nos lo había dicho Jesús en el Evangelio con una norma muy prudente:
-A cada día le basta su propia preocupación (Mateo 6.34)