martes, 12 de abril de 2011

DIOS LLORA EN COSTA DE MARFIL

Cada día cientos de noticias se agolpan en los periódicos, en la radio, televisión, internet.
Entre ellas, hay muchas sobre guerras, conflictos, asesinatos. Lamentablemente consumimos noticias al tal ritmo que perdemos el norte: son personas, son hermanos los que sufren todos esos titulares que pasan a toda prisa, por las pantallas de televisión, personas y hermanos nuestros.
Nos llegan noticias de Costa de Marfil, donde hace unos días, mil cristianos fueron asesinados, algunos de ellos quemados vivos.
Tenemos en "Esta Casa" una vela encendida por todos los perseguidos. Oramos por ellos y por los perseguidores. Que el Señor inunde con su luz todos los corazones, para que podamos descubrir el pecado que hay dentro de nosotros y volver a El.

El padre Antonio César es un misionero salesiano que lleva más de 30 años trabajando en África. Primero estuvo en Togo y, ahora, está al frente de una misión en Abiyán, la capital de Costa de Marfil. Allí los salesianos gestionan un centro de jóvenes, dos casas de acogida para niños de la calle y una parroquia. En la misión, muchos niños y jóvenes han encontrado una oportunidad para sus vidas y han cultivado su fe. Pero llevan semanas temiendo por sus vidas, en medio de una guerra civil abierta. El pasado martes enviaba a este semanario su testimonio:



Vivimos una situación dramática de guerra, que comenzó ya en 2002, cuando el país se dividió en dos bandos, los nacionalistas -que ahora apoyan a Gbagbo-, y los seguidores de Ouattara, oriundos en su mayoría de Burkina Faso, que llegaron a Costa de Marfil, a trabajar en las plantaciones de cacao. Tras las recientes elecciones, que, según la opinión de la mayoría, las ha ganado Ouattara, la confrontación entre ambos bandos se ha recrudecido.


En Duekoué, en la zona oeste, asistieron, el sábado pasado, a un entierro de más de 800 personas ejecutadas en dos días, cuyos cuerpos yacían por la calle. Las tropas de Ouattara entraron e hicieron un baño de sangre. Nuestra parroquia de Duekoué alberga, desde hace cuatro meses, a más de 20.000 refugiados. Las víctimas, hombres en su mayoría, parece ser que constituían una milicia que combatía a favor del presidente saliente, Laurent Gbagbo. La historia se encargará de dar luz sobre esto.


Las tropas de Ouattara han tomado ciudades del sur del país, sin demasiada resistencia. En San Pedro, puerto importantísimo para el comercio del cacao, parece que entraron en la catedral, llena de fieles, y dispararon contra ellos. Ocho personas perdieron la vida.


Finalmente, llegó el turno a Abiyán, capital económica del país. Las tropas de Ouattara han intentado atacar las instalaciones de la televisión, el palacio presidencial, la residencia de Gbagbo y la base militar. Al principio, se creía que era cuestión de unas horas; la realidad ha sido diferente. Los combates están siendo duros y el ejército de Gbagbo opone una fuerte resistencia. Fuerzas francesas han venido en apoyo del bando de Ouattara, y mientras escribo estas líneas, están dando el asalto final.


La televisión ha sido recuperada y, desde ahí, están lanzando un llamamiento a la población para que acuda a salvar a Gbagbo, que se encuentra en su residencia, en el centro de la ciudad.


El viernes por la mañana, cuando se sabía que las fuerzas de Ouattara habían entrado en Abiyán, en nuestro barrio surgieron grupos de jóvenes que se lanzaron a la calle, muchos de ellos armados con palos, machetes y armas de fuego. Acababa de comenzar una campaña de devastación. Ahora se han calmado, pero se sigue viendo a jóvenes armados disparando al aire, lo que hace que haya balas perdidas que hieren y matan. Ayer, por ejemplo, al lado de nuestra parroquia, una mujer perdió la vida: iba por la calle con su niño a la espalda, la alcanzó una bala y la mató; al niño lo pudieron salvar.


Hay muchos arreglos de cuentas, violencia, pillaje, mujeres violadas, casas incendiadas. Miseria, llanto y hambre, junto con un profundo resentimiento, son las secuelas que estos días están dejando en toda la zona oeste.


¿Miedo? Sí..., pero No temáis


En la misión, la situación es dura: los fieles de la parroquia están pasando verdadera necesidad, ya que empiezan a escasear los alimentos y los recursos de la gente son muy limitados, puesto que no hay trabajo.


A veces, me preguntan si tengo miedo, o si pensamos irnos de aquí: miedo se siente un poco, pero el Señor, que nos ha metido en toda esta aventura, no nos va a dejar. Para un salesiano, la presencia de María Auxiliadora no es una teoría. No debo abandonar esta misión, es bueno estar con la gente, compartir su situación y darles, al menos, una palabra de ánimo. El No temáis de Jesús a los suyos es una palabra que refuerza la confianza y el abandono.


¿Por qué esta situación? No se puede buscar al culpable de turno para demonizarlo. Unos dice que es Francia. Es cierto que tiene sus intereses, que debería ser más imparcial y favorecer el desarrollo económico del país, de una manera menos interesada. ¿Por qué Gbagbo se empeña en seguir en el poder? Por otro lado, los del bando de Ouattara están cometiendo errores graves, sobre todo en las violencias y los pillajes de sus partidarios. ¿No podríamos sustituir la lógica de la violencia por la del perdón? Como misionero, una de las convicciones que intento vivir y predicar es la de la misericordia. La realidad más fuerte, que el Evangelio nos anuncia, es que todos (animistas, musulmanes, Ouattara, Gbagbo, tú y yo) somos una familia de hijos del mismo Padre. ¿Por qué empeñarse en condenar al otro? Hay que denunciar la injusticia donde se encuentre, y desenmascarar la mentira, y llamar a las cosas por su nombre; pero, para eso, no hay que avasallar, ni condenar, ni herir a las personas; basta el testimonio de la propia vida.


P. Antonio César, S.D.B. para Alfa y Omega

lunes, 11 de abril de 2011

LA PALABRA DE HOY COMENTADA

¡Qué horror! Cuanto más viejo, más pellejo, dice el refrán. Viejos lujuriosos y perversos aprovechándose de su poder para condenar a Susana, la cual prefirió la muerte antes de romper su castidad. No escaparé de vuestras manos; caeré en ellas antes que pecar contra Dios. Magnífica Susana. Magnífico Daniel que le libra de una muerte infamante. Pero no caerá en sus redes. Y aquel día se salvó una vida inocente. La casta mujer salvó la vida de una muerte denigrante. Mas no fue este el caso de Jesús, quien vivió perfecta castidad, dedicado por entero a cumplir la voluntad de su Padre, pero murió en la cruz con muerte ignominiosa.







Caminó por cañadas oscuras. Pero Dios su Padre estaba con él, y decía con el salmo: Nada temo. El Señor iba con él. Nunca lo dejó de su mano, aunque le permitirá subir a la cruz y morir en ella. La bondad y la misericordia del Señor le acompañarán, incluso cuando parecía que su Padre le empujaba al suplicio., puesto que no se preciaba en salvarle. Tras tanto rezar, tras tanto salmo, ¿le habría abandonado a su suerte, dejándole en manos de sus enemigos crueles, que lo buscaban con encono para matarle?






No es fácil entender la misericordia de Dios que pasa por la cruz y la sangre y el agua que saldrán del costado de Jesús, muerto, colgado en el madero. No es de extrañar que los apóstoles se quedaran confusos y espantados, sin poder comprender lo que estaba aconteciendo. Misterio de Dios. Podemos estar en manos de los que arrastran a Jesús a la cruz, o entre los que se van a tomar vinos, entristecidos hasta lo más profundo de sí, para comentar lo incomprensible. Pensábamos esto y esto y esto sobre lo que haría Jesús y nosotros con él, cuando todo ha caído en el fracaso más horripilante, la horrísona muerte en la cruz. ¿Cómo podremos entenderlo? Qué distinto, sin embargo, el ser y el actuar de María, la madre de Jesús, y el grupo de mujeres que le acompañaban. No sabían, tampoco entendía, todo lo que acontecía les sobrepasaba por completo, pero confiaban. Confiaban en Dios a quien ya ahora también ellas llamaban Padre. ¿Cómo podría abandonarlas?, ¿cómo podría desentenderse de quien estaba muriendo en la cruz? Ellas, sin saber cómo, repetían con el salmo lo incomprensible: nada temo.






Debemos prepararnos en lo que nos falta hasta la curz para sentir en lo profundo de nosotros los sentimientos de quienes contemplaban aquel espectáculo. Escoger cuál va a ser el lugar en el que nos coloquemos, qué figura de la pasión escogeremos para verla desde ese su lugar, y desde él comprender con el corazón lo que está sucediendo; lo que nos está sucediendo.






Imaginad por un momento cómo viviría los días siguientes la mujer que fue encontrada en flagrante delito y que, según la Ley, debía morir apedreada. Terrible injusticia solapada en esa condena: en el lugar paralelo no habría ningún castigo para el hombre sorprendido en situación de adulterio. Mas la punta del relato de Juan es otra: Mujer, ¿dónde están tus acusadores?, ¿ninguno te ha condenado? Ninguno. Tampoco yo te condeno. Anda, y en adelante no peques más. Ella había sido remecida por la misericordia e invitada a vivir en adelante fuera del pecado. Qué diferencia entre el comportamiento de Jesús y el de sus acusadores. Estos sí cogieron piedras, y lo crucificaron. Estábamos en pecado y le tiramos las piedras que lo clavarán en la cruz.
Comentario a la liturgia del día de http://www.archimadrid.org/





domingo, 10 de abril de 2011

QUE LA CARIDAD SEA SIN FINGIMIENTO

TERCERA PREDICACIÓN DE CUARESMA DEL P. CANTALAMESSA A LA CASA PONTIFICIA.


1. Amarás al prójimo como a ti mismo



Se ha observado un hecho. El río Jordán, en su curso, forma dos mares: el mar de Galilea y el mar Muerto, pero mientras que el mar de Galilea es un mar bullente de vida, entre las aguas con más pesca de la tierra, el mar Muerto es precisamente un mar “muerto”, no hay traza de vida en él ni a su alrededor, sólo salinas. Y sin embargo se trata de la misma agua del Jordán. La explicación, al menos en parte, es esta: el mar de Galilea recibe las aguas del Jordán, pero no las retiene para sí, las hace volver a fluir de manera que puedan irrigar todo el valle del Jordán.


El mar Muerto recibe las aguas y las retiene para sí, no tiene desaguaderos, de él no sale una gota de agua. Es un símbolo. Para recibir amor de Dios, debemos darlo a los hermanos, y cuanto más lo damos, más lo recibimos. Sobre esto queremos reflexionar en esta meditación.


Tras haber reflexionado en las primeras dos meditaciones sobre el amor de Dios como don, ha llegado el momento de meditar también sobre el deber de amar, y en particular en el deber de amar al prójimo. El vínculo entre los dos amores se expresa de forma programática por la palabra de Dios: “Si Dios nos amó tanto, también nosotros debemos amarnos los unos a los otros. ” (1 Jn 4,11).


“Amarás a tu prójimo como a ti mismo” era un mandamiento antiguo, escrito en la ley de Moisés (Lv 19,18) y Jesús mismo lo cita como tal (Lc 10, 27). ¿Cómo entonces Jesús lo llama “su” mandamiento y el mandamiento “nuevo”? La respuesta es que con él han cambiado el objeto, el sujeto y el motivo del amor al prójimo.

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sábado, 9 de abril de 2011

DOMINGO V DE CUARESMA

Evangelio


En aquel tiempo, había caído enfermo un cierto Lázaro, de Betania, aldea de María y Marta, su hermana. Le mandaron recado a Jesús: «Señor, al que tú amas está enfermo». Jesús dijo: «Esta enfermedad no es para la muerte, sino que servirá para la gloria de Dios». Y se quedó todavía dos días. Sólo entonces dijo: «Vamos otra vez a Judea». Cuando Jesús llegó, Lázaro llevaba ya cuatro días enterrado. Marta salió a su encuentro y le dijo: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano». Jesús le dijo: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí, no morirá para siempre. ¿Crees esto?» Ella le contestó: «Sí, Señor: yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo». Jesús se conmovió, y preguntó: «¿Dónde lo habéis enterrado?» Contestaron: «Señor, ven a verlo». Jesús se echó a llorar. Comentaban: «¡Cómo lo quería!» legó a la tumba, y dijo: «Quitad la losa». Marta le dijo: «Señor, ya huele mal, lleva cuatro días» Él respondió: «¿No te he dicho que, si crees, verás la gloria de Dios?» Quitaron la losa. Jesús, levantando los ojos a lo alto, dijo: «Padre, te doy gracias porque me has escuchado; yo sé que tú me escuchas siempre; pero lo digo por los que me rodea, para que crean que tú me has enviado». Dicho esto, gritó: «Lázaro, sal afuera». El muerto salió, pies y manos atados con vendas. Jesús les dijo: «Desatadlo y dejadlo andar». Y muchos creyeron en Él.

Juan 11, 1-45
 
El Evangelio del próximo domingo se desarrolla en dos escenarios: en el primero, Jesús conoce la noticia de la enfermedad de Lázaro, y se la toma con aparente tranquilidad. En realidad, Jesús sabe que tienen que cumplirse los tiempos de Dios, y pone en Él su confianza. Sólo en el momento oportuno, Jesús se dirige a Betania -segundo escenario- y, al llegar, se encuentra con el duelo de la muerte. Como es natural, lo comparte con aquella muy querida familia, y muestra ahora con su llanto cómo quería a su amigo Lázaro. Es en ese clima tan humano en el que se desencadena un diálogo de fe y tiene lugar un hecho en los que Jesús se mostrará muy divino. Y como en todos los encuentros en los que Jesús sana y salva, todo pasa por la fe. En esta ocasión su interlocutora, la que ha de abrirle su corazón creyente, es Marta, la activa, que aquí se manifiesta extraordinariamente contemplativa: «Sí, Señor: yo creo que Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios, el que tenía que venir al mundo».



Asistamos en silencio y oración a este diálogo entre Jesús y Marta; bien escuchado, despierta un anhelo profundo de vida eterna. Sobre todo, estemos muy atentos a las palabras divinas de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí aunque haya muerto vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre». Y no nos perdamos tampoco la breve frase de la hermana: «Señor, si hubieras estado aquí, no habría muerto mi hermano». Lleva en su corazón la fe en la resurrección, sabe que Jesús es el Señor de la vida. Y, por qué no, también escuchemos el comentario de algunos judíos: «Y uno que le ha abierto los ojos a un ciego, ¿no podía haber impedido que éste muriera?» No debería extrañarnos a los que tan a menudo nos preguntamos: ¿Por qué, Señor, por qué?, o: ¿Dónde estaba Dios en el terremoto o en el tsunami de Japón? A ellos y a nosotros la respuesta nos la dan los sentimientos de un Jesús conmovido. Jesús, y en Él su Padre Dios, es uno más en el dolor, comparte el dolor de las hermanas de Lázaro, está a nuestro lado en el sufrimiento. Lo que sí es evidente en este milagro es que, en los tiempos de Dios y de su justicia, el dolor y la muerte no tienen la última palabra. No tardará en aparecer el vencedor de la muerte, el Dios de la vida. Lo que viene después es un signo para que todos podamos ver la gloria de Dios. Pero Jesús, antes, hace oración de acción de gracias a su Padre que le ama y escucha, y también suplica que los testigos de la resurrección de Lázaro crean que Él es su Enviado. Y ese acontecimiento fue un signo para que muchos creyeran en Él como la resurrección y la vida. Los encuentros con Jesús, siempre, si son personales, terminan en confesión de fe y cambio de vida.

+ Amadeo Rodríguez Magro

viernes, 8 de abril de 2011

ESTHER SOBREVIVIÓ Y LO SUPERÓ TODO GRACIAS A SU FE EN JESÚS

Esther es una víctima de los atentados del 11M.
En el primer vídeo, nos cuenta cómo vivió todo y los daños físicos y psicológicos que sobrevinieron.
En el segundo vídeo, ahonda en las razones, en LA RAZÓN que le ha hecho superar todo ese terror: CRISTO.

“Sí, he perdonado, sin ninguna duda. Me ayuda mucho haber perdonado, porque me ayuda a crecer como persona. Siento que ellos hayan hecho lo que han hecho, y hasta me da pena cómo puede degenerar tanto una persona; pero bueno, es el camino que ellos escogieron…”


“En esa situación sobrevives si tienes algo fuerte dentro de ti, y para mí eso que está dentro de mi -y que es muy fuerte- es Cristo; lo ha sido siempre. Cuando tienes esa convicción, ni siquiera tienes miedo a morirte” “


Nunca he perdido la felicidad: El secreto está en remar mar adentro”









jueves, 7 de abril de 2011

CARTAS A DIOS: "UN MENSAJE ALEGRE QUE TE QUITA LOS MIEDOS Y TE DEJA SER FELIZ

- Eric-Emmanuel Schmitt dice que escribió la adaptación de CARTAS A DIOS para ti. ¿Sabía usted eso?



- Sí. Eric-Emmanuel me sugirió que interpretara el personaje, incluso antes de que escribiera la adaptación. Dijo que yo era la opción más obvia, así que tuve una fe ciega en él. Desde que leí el libro, acepté sin saber exactamente lo que el personaje iba a ser, aparte del hecho de que Eric-Emmanuel quería hacer que el personaje pareciera más joven. La oportunidad de actuar con un papel como este es uno de los mejores regalos que te pueden hacer como actor.


- ¿Tuvo alguna duda cuando comenzó a leer el guión?


- No, yo no tenía ninguna duda. Hay tantas cosas mágicas que han sucedido desde el comienzo del rodaje de esta película. Es más, tuve esa impresión desde el primer momento. Oscar es sublime, como algo fuera de este mundo.


- ¿Cómo abordó el personaje de “la dama de rosa”? - Igual que un niño curioso frente a otro niño. La primera vez que mi personaje conoce a Oscar, le cuenta que ha pasado la mañana metido en un armario y mi personaje le pregunta "¿Y fue agradable?". Ningún adulto reaccionaría así. Es muy importante mantener la parte de la infancia que está dentro de nosotros - que pone las cosas en perspectiva y nos permite ir por la vida de una manera más alegre y feliz.


- Cuando tiene que interpretar a un personaje que se enfrenta a situaciones difíciles, ¿es fácil hacerlo bien y no ir demasiado lejos?


- Mientras que sientas emociones reales, y que estas sean sinceras, nada puede salir mal. Esto es un hecho con cualquier tipo de emoción, ya sea la risa o el llanto. Yo soy una actriz de comedia y muchos actores a veces tienen problemas para no ir demasiado lejos con las emociones o revolcarse en ellas. Es más, Eric-Emmanuel tiene una manera de enfrentarse a este tema muy dulce e iluminadora.

- ¿Cómo se desarrollo el rodaje?


- No me sentía como si tuviera mucho que ver. Todo estaba bastante claro. En general, cuando tienes un personaje el cual debe sentir emociones fuertes, tienes que trabajar duro para encontrarlas. Pasé mi tiempo tratando de controlarlas.

- Está comenzando a interpretar roles de personajes que están más abiertos emocionalmente, como la dama rosa.


- Es verdad. Y por cierto, tengo menos miedo y en estos días he aprendido a enfrentarme a mi hipersensibilidad y a gestionar mejor mis problemas. No hubiera podido hacer este papel a los veinte o a los treinta. Afortunadamente, es ahora cuando me están ofreciendo estos papeles que me permiten expresar ese lado. Es, sin duda, algo que emana de mí.


- Ya actuó con un niño en la película de Alain Berliner LA VIDA EN ROSA, ¿eso le ayudo?


- Sí, y también que confiaba mucho en Eric-Emmanuel. Sabía que iba a elegir a un niño extraordinario, fuera de lo común. ¡El pequeño Amir es tan inteligente!


- ¿Cuál fue su primer encuentro con Amir?


- Hicimos una pequeña prueba. La escena del coro en la que me presenta a los demás niños, y ahí ya estaba perfecta. Cuando se le pidió que hiciera algo diferente, lo hizo de inmediato. Lo entendió todo. Yo sólo tenía que responder, reaccionar, y dimos en el clavo. Es muy fácil trabajar con a él: ¡no actúa, es el personaje! Tengo una historia de amor real con Amir. Hay algo muy fuerte entre nosotros, aunque no nos veamos mucho ahora. Esta película fue una experiencia muy intensa para mí, no sólo como actriz. Es la aventura humana que compartimos, que permanece conmigo cuando veo CARTAS A DIOS.



- ¿Qué clase de director es Eric-Emmanuel Schmitt? - Es muy seguro, muy tranquilo y muy dulce. También es muy preciso: sabe exactamente lo que quiere, pero al mismo tiempo sabe escuchar y tomar nota del resto de ideas. Hablé de esto con el escenógrafo, Jean-Jacques Gernolle, quién me dijo: "Es increíble la cantidad de espacio que nos dio después de todo" es su historia, la conoce por dentro, él escribió este libro, soñaba con rodarla y, sin embargo no tenía miedo, no nos transmitió ningún tipo de estrés, no había tensión. Cuando en ocasiones, el diálogo no funcionaba, Eric-Emmanuel nos explicaba admirando nuestro trabajo cómo podíamos hacerlo para que sonara mejor, de una manera que pocos directores son capaces de hacer.

- Cuéntenos cómo es trabajar con Max Von Sydow.


- Fue un encuentro fantástico, y un gran honor trabajar con él. Su relación con los demás es realmente excepcional y generosa. Y además nos lo hemos pasado muy bien. Cuando estábamos filmando, Max me decía: "Es fabuloso, Michèle, saber que estamos haciendo una película extraordinaria. Y siempre debemos recordar esto, porque es muy raro. “Cuando Max Von Sydow te dice esto, con la carrera estelar que ha tenido, ¡te crecer las alas! Nunca me dijo directamente lo que pensaba de mi personaje o de las escenas que rodamos juntos, pero le dijo a Eric-Emmanuel, que estaba muy contento, y eso me animó muchísimo. Incluso aunque no tenga dudas a cerca de lo bien o lo mal que lo he hecho, me siento llena de humildad hacia mi trabajo. En el plató, lo doy todo, pero a veces sé que me equivoco en ciertas cosas y no siempre estoy feliz con mi trabajo. Cuando me animan, obviamente, me hace sentir bien, y más aún cuando se trata de Max Von Sydow.

- ¿Cómo vuelves a poner los pies en la tierra después de actuar con un niño moribundo?


- No lo haces. Los diálogos son extremadamente tiernos, lo iluminan todo incluido cualquier temor que puedas tener. Lo que Rose le dice a ese niño es también una manera de tranquilizarse a sí misma. Esa es la sabiduría de no caer en lo patético, en la idea que se tiene de la muerte y la enfermedad. Es una película muy tranquilizadora.


- ¿Qué hay de Mylène Demongeot? ¿Es una madre tranquilizadora?


- ¡Mylène es magnífica! Ha sido un placer verla en el set. Al verla actuar a su personaje, entiendes por qué la vida es complicada para la dama de rosa. Y al mismo tiempo, hizo que su personaje fuera divertido, como un niño. Es la más infantil de todos nosotros.

- ¿Se divirtió actuando como un luchador?


¡Sí, por supuesto! Era como una tira cómica. El ex-director del Circo del Sol ha trabajado en las escenas con maravillosos resultados.


- Pero ¿no era, después de todo, la parte más difícil debido a las limitaciones técnicas?


- Eso es cierto. Estábamos encerrados dentro de un estudio en Canadá, pasamos mucho tiempo, ¡fuera del estudio se alcanzaban los -30 ° C! Pero por otro lado, fue muy divertido llevar los trajes, y trabajar con esos extraordinarios acróbatas. Me he encontrado muy a gusto.


- ¿Cuál fue su reacción al ver la película?


- Encontrarte con un personaje como este es algo único en la vida de un actor. CARTAS A DIOS es una película que lleva un mensaje tranquilizador, alegre, que te quita los miedos y te deja ser feliz. Y si hay una cosa que me hace feliz en la vida es la difusión de un mensaje así.
 
Publicado en Religión en Libertad
 

miércoles, 6 de abril de 2011

ISMAEL, MODELO PARA LOS JÓVENES EN ESTA JMJ

Ismael (segundo por la derecha) en Tomelloso
El 18 de septiembre de 1937, con tan sólo 20 años y una vida sencilla en un pueblo manchego, Ismael Molinero fue llamado a las filas del ejército republicano, donde murió un año después, tras ser apresado por el bando nacional. La semana pasada, el cardenal arzobispo de Madrid, don Antonio María Rouco, en el acto de presentación, en el CEU, del libro In silentio... -escrito por el vicepostulador de su Causa, Blas Camacho-, lo propuso como modelo a seguir para los jóvenes del siglo XXI y, concretamente, para todos los que acudan a la cita de Madrid, en agosto, con el Papa.



Ismael había sido educado en la fe desde pequeño, pero fue en 1933 cuando conoció la Acción Católica y creció su vida de oración y entrega a la Iglesia, a través del trabajo con los jóvenes y los ancianos desamparados del Hospital de Tomelloso, localidad manchega donde nació y vivió hasta que fue reclutado.


El joven sufrió en el frente el ambiente ateo y contrario a la religión que se estilaba en el lado en el que le tocó combatir, y que ya había experimentado en propia carne, en su pueblo: antes de marchar, fue testigo de las atrocidades cometidas durante la guerra civil, como la quema de imágenes de su parroquia, o los asesinatos del obispo que le confirmó y del consiliario de Acción Católica y director espiritual suyo, entre otros. Ante aquel panorama desolador, Ismael sufría en silencio y se aferraba con fuerza a la medalla de la Virgen Milagrosa que le acompañó desde que partió de su hogar, y al rosario, hecho de cuerda con nudos, del que no se separó hasta el momento de su muerte.


Su sufrimiento como soldado terminó tras ser hecho prisionero en la batalla del Alfambra. Fue trasladado al campo de concentración de San Juan de Mozarrifar, cerca de Zaragoza. Allí vivió en silencio total, hasta que lo rompió -ya enfermo de tuberculosis y próximo a su muerte- para confesarse con el capellán, don Ignacio Bruna, a quien reveló la inmensa felicidad que sentía por saber que iba a alcanzar el cielo y su deseo de ser sacerdote si, finalmente, no moría. Pero falleció cuatro días después de cumplir los 21 años, en el Hospital Clínico de Zaragoza, atendido por una enfermera de Acción Católica, cuyo testimonio confirma la santidad de Ismael. Sus restos mortales descansan en el cementerio de Tomelloso, lugar que, el pasado 29 de noviembre, visitó la Cruz y el Icono de la JMJ.


Un chico sencillo y alegre

Ismael tuvo una vida sencilla y se caracterizó, desde su infancia, por ser un chico alegre y jovial. Nacido en una familia humilde, de padre herrero y madre ama de casa, fue el quinto de once hermanos, de los que sobrevivieron ocho. Cuantos lo trataron recuerdan que era el líder de la pandilla y destacaba por lo bien que tocaba la guitarra y la bandurria, además de cantar, bailar y gozar de un gran buen humor.


El cardenal arzobispo de Madrid señaló, en la citada presentación del libro In silentio, que Ismael es un modelo para los jóvenes, «tentados por el poder, por una visión materialista de la vida; con carencias profundas a la hora de situarse en el camino del presente y futuro de sus vidas e insatisfacción espiritual. Les falta horizonte y también camino».


El ex diputado de UCD, Blas Camacho, autor del libro, propuso a los jóvenes que se van a congregar en Madrid en agosto «que conozcan su vida; Ismael era un chico normal y corriente, simpático, que tenía muchos amigos y que, sin apartarse para nada del mundo, fue un ejemplo de entrega a los demás y de sacrificio de su propia vida». Era un chaval que, sin recursos y sin cultura, trabajó con alegría y entregó su vida. De momento, 6.000 folios elaborados durante cinco años están en Roma, esperando la posible beatificación.

Cristina Sánchez para Alfa y Omega