viernes, 9 de mayo de 2014

HOY TENGO A DIOS

A veces, es necesario asomarse a la mirada de quienes acaban de descubrir a Cristo, para encontrarnos con toda la novedad y la grandeza de nuestra fe. Jorge, Guardia Civil de origen chino, recibió los sacramentos del Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía en la pasada Vigilia Pascual: «Cristo es el mayor amor que puedo recibir en la vida», dice

Jorge, en la catedral de la Almudena, la pasada Vigilia
Pascual, el cardenal Rouco le administra la Confirmación
Parece que todo en la vida de Xiaowei suena de lo más exótico: es chino de nacimiento, Guardia Civil de profesión, su novia es ortodoxa rumana y él acaba de ser bautizado en la Iglesia católica, durante la última Vigilia Pascual celebrada en la catedral de la Almudena, recibiendo el nombre de Jorge.
Xiaowei llegó a España junto a su familia, desde China, cuando sólo tenía cinco años, aterrizando en un barrio humilde de Madrid. Después de una temporada en Asturias y de pedir, en el año 2004, el ingreso en la Guardia Civil, su novia y él decidieron casarse. El problema es que él no estaba bautizado y que ella era cristiana ortodoxa rumana, pero nada es imposible para Dios cuando se le busca con todo el corazón.
Xiaowei, Jorge, cuenta que «siempre he tenido inquietudes acerca de la vida. Mis padres, en cambio, no son religiosos; simplemente, se han dedicado a trabajar duro, y han tenido siempre claro que no querían que yo estudiara la asignatura de Religión. Mis padres siempre han sido recelosos a la hora de plantearse la religión, hasta lo han visto a veces como que daba mala suerte. No les hacía gracia ninguna. Me acuerdo de que, de pequeño, siempre elegía Ética, pero me llamaba mucho la atención el que mis compañeros eligieran Religión. Pensaba: ¿Qué les dirán? ¿Qué harán? Luego les veía que iban a hacer la Primera Comunión, o participaban en la Semana Santa, y todo eso me cuestionaba. Incluso alguna vez he ojeado una Biblia, o he buscado por Internet acerca de la fe. Luego, fui creciendo y me han invitado a Comuniones y a bodas, he asistido a entierros, y en cierta manera he entrado en relación con el cristianismo. Siempre he visto cierta paz, cierta tranquilidad...»
En un momento dado, conoció a su novia, rumana de religión cristiana ortodoxa, y decidieron casarse. «Yo veía que ella se tomaba en serio su fe -cuenta Jorge-, que se esforzaba, y eso era un ejemplo para mí; la veía hacer sus tradiciones, sus ayunos... Entonces pensé que sería un poco egoísta si me casara con ella sólo por lo civil, así que intentamos una ceremonia religiosa, pero ha sido muy difícil. La gente puede pensar que esto es llegar, que te bauticen y al día siguiente te casas, pero no es así. ¡Y ahora me alegro de que no haya sido tan fácil!»
Ambos hablaron con varios sacerdotes, hasta que, un día, Jorge conoció a don José Antonio, el párroco de la iglesia de la Santa Cruz, en Madrid, ya que la parroquia sale de procesión de Semana Santa desde el patio del Ministerio de Asuntos Exteriores, donde él está destinado. «Es curioso -recuerda Jorge-, porque empecé a hablar con él con la intención de dar gusto a mi novia y así poder casarnos ante Dios, pero luego he ido notando que eso no era del todo cierto: vi que la necesidad era mía, que el que tenía sed era yo, y que el que buscaba respuestas era yo. Durante un año, hemos ido hablando, siempre proponiéndome, nunca exigiéndome, respetando mi tiempo... Incluso por medio de él asistimos a un Cursillo de Cristiandad, que nos ha venido fabuloso. Yo veía que necesitaba el Bautismo antes de casarme; no sólo que necesitaba los papeles y ya está».
Todo lo bueno que es Dios

Jorge, en su puesto
en el Ministerio de Asuntos Exteriores
Después de todo un año de catequesis, al final Jorge recibió los sacramentos de la Iniciación Cristiana durante la pasada Vigilia Pascual, y en la misma celebración su novia pidió la admisión en la Iglesia católica. Hoy afirma: «He estado todo un año esperando a comulgar, yendo a Misa y esperando a recibir la Comunión. La Vigilia pasada, cuando recibí el Cuerpo de Cristo, eso fue maravilloso. El domingo, volví a comulgar, y eso te da paz, te reafirma la voluntad, te da fortaleza, sobre todo a mí, que soy tan débil todavía... El cardenal Rouco decía que somos unos neófitos, ¡y yo soy neófito pero bien! Dios me da fuerzas para intentar llevar la vida cristiana con sencillez».
De esa sencillez nace también su vida de oración: «Rezo, sobre todo, el Rosario. Para mí, es muy completo. Como vivo lejos, lo voy rezando en el tren, gracias a una aplicación del móvil. Como me mareo si leo en el tren, pues entonces rezo el Rosario. Es una oración que me acompaña hasta el trabajo. Es tan completo, terminando con el Credo, que te deja bien preparado para todo el día».
Hoy en día, Jorge ve la vida con unos ojos distintos, y en ese nacer de nuevo muestra una mirada hacia Cristo de la que muchos, cristianos viejos, podemos aprender: «Alguno puede admirar a Cristo como una gran personalidad, con una moral muy fuerte, que a lo mejor hoy recibiría un Premio Nobel de la Paz. Pero hoy lo veo con más luz; no puedo no creer. Ver a tanta gente celebrar juntos la Pascua, por todo el mundo..., ¡no podemos estar todos equivocados! Yo creo que Jesús es la encarnación del amor, el mayor amor que puedo recibir en la vida. Y, si algún día soy padre, intentaré hacer ver a mis hijos lo bueno que es Dios, todo el bien que nos puede dar. Lo que empezó como algo que era para dar una satisfacción a mi novia, ahora continúa como el comienzo de mi vida cristiana. Hoy, tengo a Dios».
Juan Luis Vázquez Díaz-Mayordomo
en Alfa y Omega

jueves, 8 de mayo de 2014

CATEQUESIS DEL PAPA: EL DON DE CONSEJO

Queridos hermanos y hermanas, ¡buen día! Hemos escuchado la lectura de esa estrofa del Libro de los Salmos, que dice: 'El Señor me aconseja, el Señor me habla internamente'. Es éste otro de los dones del Espíritu Santo, es el don del consejo.
Sabemos cuánto sea importante en los momentos más delicados, poder contar con el consejo de las personas sabias que nos quieren mucho. Ahora, a través del don del consejo, es Dios mismo con su Espíritu que ilumina nuestro corazón, de manera que podamos entender el modo justo de hablar, de comportarnos y el camino que debemos seguir. Pero, ¿cómo actúa este don en nosotros? En el momento en que lo recibimos y hospedamos en nuestro corazón, el Espíritu Santo comienza enseguida a volver sensible su voz, a orientar nuestros pensamientos, nuestros sentimientos y nuestras intenciones, de acuerdo con el corazón de Dios. Y al mismo tiempo nos lleva siempre más a poner nuestra mirada interior en Jesús como el modelo de nuestro modo de actuar y relacionarse con Dios Padre y con los hermanos.

El consejo es entonces el don con el cual el Espíritu Santo vuelve capaz a nuestra conciencia de tomar una decisión concreta en comunión con Dios, según la lógica de Jesús y de su evangelio. De este modo el Espíritu crece interiormente, positivamente, en la comunidad. Y nos ayuda a no caer en el yugo del egoísmo y en el modo de ver las cosas. Así el Espíritu nos ayuda a crecer y también a vivir en comunidad.
La condición esencial para conservar este don es la oración. Pero siempre volvemos a lo mismo: la oración. Y es tan importante la oración, rezar; rezar las oraciones que conocemos desde niños, pero también rezar con nuestras palabras, rezarle al Señor: ¡ayúdame! ¿Señor qué debo hacer ahora? Y con la oración hacemos espacio para que el Espíritu venga y nos ayude en ese momento y nos aconseje sobre lo que nosotros debemos hacer.
La oración, nunca olvidarse de la oración, nunca. Nadie se da cuenta cuando nosotros rezamos en el autobús o en la calle, rezamos en silencio con el corazón, aprovechemos estos momentos para rezar. Rezar para que el Espíritu nos de este don del consejo.
En la intimidad con Dios y en el don de su palabra, poco a poco dejamos de lado nuestra lógica personal, dictada la mayoría de las veces por nuestro encerrarnos, por nuestros prejuicios y nuestras ambiciones. Aprendamos en cambio a pedirle al Señor '¿Cuál es tu deseo?', pedirle consejo al Señor. Y esto lo hacemos con la oración.
Y de esta manera madura en nosotros una sintonía profunda, casi natural con el Espíritu y se experimenta cuanto sean verdaderas las palabras de Jesús reportadas en el evangelio de Mateo: 'No se preocupen de qué o que cosa dirán. porque les será dado en esa hora lo que deberán decir. Porque de hecho no serán ustedes a hablar, pero es el Espíritu del Padre vuestro que hablará en vosotros'. Es el Espíritu que nos aconseja, pero nosotros nosotros debemos darle espacio al Espíritu para que nos aconseje. Dar espacio es rezar, rezar para que el venga y nos ayude siempre.
Y como todos los otros dones del Espíritu, el consejo constituye también un tesoro para toda la comunidad cristiana. El Señor no nos habla solamente en la intimidad del corazón, nos habla sí, pero no solamente allí, pero nos habla también a través del consejo y testimonio de los hermanos. Es verdaderamente un don grande poder encontrar a hombres y mujeres de fe que especialmente en los momentos más complicados e importantes de nuestra vida nos ayuden a hacer luz en nuestro corazón y a reconocer la voluntad del Señor.
Me acuerdo una vez que estaba en el confesionario con una fila larga adelante, era en el santuario de Luján, la diócesis de ese obispo que está allí. Estaba en la cola un muchachón, todo moderno, con aros, tatuajes y todo lo demás. Vino para decirme lo que le pasaba, era un problema grande difícil, ¿y tú que harías?. Y él me dijo: “Le he contado todo esto a mi madre y ella me dijo, 've a lo de la Virgen y ella te dirá lo que tienes que hacer'. Estaba allí una mujer que tenía el don del consejo. No sabía como salir del problema del hijo, pero le indicó el camino justo. Ve a lo de la Virgen y ella te dirá. Este es el don del consejo, dejar que el Espíritu hable. Y esa mujer humilde y simple le dio a su hijo el consejo más verdadero, porque este muchacho me dijo: 'Hablé con la Virgen y Ella me dijo, tienes que hacer esto, esto y esto'. Y yo no tuve necesidad de hablar. Todo lo hicieron la mamá, la Virgen, y el joven. Este es el don del consejo. Y ustedes mamás, que tienen ese don, pidan este don para sus hijos, el don de aconsejar a los hijos. Es un don de Dios
Queridos amigos, el salmo que hemos oído nos invita a rezar con estas palabras: 'Bendigo al Señor que me ha dado consejo. También de noche mi ánimo me instruye, yo pongo siempre delante de mi al Señor que está a mi derecha, no podré vacilar'.
Que el Espíritu pueda siempre infundir en nuestro corazón esta certeza y colmarnos así de su consolación y de su paz. Pidan siempre el don del Consejo. Gracias.

miércoles, 7 de mayo de 2014

HASTA 70 VECES 7


Y nos lo recuerda este vídeo: May feelings 7... no te canses de pedir perdón y de perdonar.

martes, 6 de mayo de 2014

S. JUAN ANTE PORTAM LATINAM


Hoy es la fiesta del titular de nuestra Parroquia. Celebramos el martirio de S. Juan ante la puerta latina de Roma
Ni la historia ni la hagiografía han estado acertadas al transmitirnos la efigie física y moral del apóstol San Juan. Nos han legado de él una imagen tierna y cromática, un santo imberbe, casi feminoide, cuando, en realidad, fue un carácter vigoroso y fuerte.Aceptamos con facilidad que los demás apóstoles fuesen duros, podríamos decir que hasta broncos. La obra pedagógica de Jesús sólo penosamente logró limarlos, debiendo confiar al Espíritu la tarea de hacer de aquellos galileos ásperos unos instrumentos aptos para el apostolado. Pero con San Juan hacemos una excepción.


Indefectiblemente le damos el calificativo del "discípulo amado", el que tuvo la dicha suprema de recostar su cabeza sobre el pecho del Señor en la última cena, y ya no pensamos en más, creyendo haber agotado su biografía y su psicología. De esta forma nos quedamos a la mitad del camino, no atisbando más que uno de los aspectos de su personalidad polifacética.


A Juan hay que asociarle con su hermano Santiago. juntos forman ambos un excelente binomio, son los "hijos del Zebedeo", los pescadores ribereños del Tiberíades, hechos a las faenas rudas de la pesca, a las tormentas del lago y a la exaltación religiosa.Los hijos del Zebedeo tenían la conciencia de su propio valor. Su categoría social les colocaba en una situación desahogada, como patronos de una embarcación, con un negocio próspero, que consentía tener criados y todo. Trabajaban, sí, pero también mandaban, y además tenían ambiciones.


El Maestro conoció primero a Juan, que era discípulo del Bautista y esperaba confiadamente la "redención de Israel". Con mucha fe, con mucho ardor, pero con ideas un tanto confusas. Porque la predicación del Bautista, rígido y austero como un esenio, cubierto con una piel de camello y alimentándose de langostas y miel silvestre, arrebataba el entusiasmo de los aldeanos que rodeaban el Jordán. Ellos captaban con avidez sus palabras, mas lo único que percibían con claridad era que "el reino de Dios estaba próximo".

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lunes, 5 de mayo de 2014

LA SANTIDAD SEGÚN S. JUAN PABLO II

Interesante escucharlo cuando acaba de ser elevado a los altares. Qué es la santidad y como sucede en nosotros según S. Juan Pablo II



domingo, 4 de mayo de 2014

DOMINGO III DE PASCUA

Evangelio
Dos discípulos de Jesús iban andando aquel mismo día, el primero de la semana, a una aldea llamada Emaús, distante unas dos leguas de Jerusalén; iban comentando todo lo sucedido. Mientras conversaban y discutían, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos. Pero sus ojos no eran capaces de reconocerlo. Él les dijo: «¿Qué conversación es ésa que traéis mientras vais de camino?» Ellos se detuvieron preocupados. Y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le replicó: «¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no sabes lo que ha pasado allí estos días?» Él les preguntó: «¿Qué?» Ellos le contestaron: «Lo de Jesús el Nazareno, que fue profeta poderoso en obras y palabras ante Dios y todo el pueblo; cómo lo entregaron los sumos sacerdotes y nuestros jefes para que lo condenaran a muerte, y lo crucificaron. Nosotros esperábamos que él fuera el futuro liberador de Israel. Y ya ves, hace dos días que sucedió esto. Es verdad que algunas mujeres de nuestro grupo nos han sobresaltado, pues fueron muy de mañana al sepulcro, y no encontraron su cuerpo, e incluso vinieron diciendo que habían visto una aparición de ángeles, que les habían dicho que estaba vivo. Algunos de los nuestros fueron al sepulcro y lo encontraron como habían dicho; pero a él no lo vieron». Entonces Jesús les dijo: «¡Qué necios y torpes sois para creer lo que anunciaron los profetas! ¿No era necesario que el Mesías padeciera esto para entrar en su gloria?» Y comenzando por Moisés y siguiendo por los profetas, les explicó lo que se refería a Él en toda la Escritura. Ya cerca de la aldea donde iban, Él hizo ademán de seguir adelante, pero ellos le apremiaron, diciendo: «Quédate con nosotros porque atardece y el día va de caída». Y entró para quedarse con ellos. Sentado a la mesa con ellos, tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio. A ellos se les abrieron los ojos y lo reconocieron. Pero Él desapareció. Comentaron: «¿No ardía nuestro corazón mientras nos hablaba y nos explicaba las Escrituras?» Y levantándose al momento, se volvieron a Jerusalén, donde encontraron reunidos a los Once, que decían: «Era verdad, ha resucitado el Señor y se ha aparecido a Simón». Y ellos contaron lo que les había pasado por el camino y cómo lo reconocieron al partir el pan.
Lucas 24, 13-35







A quienes quieren suplir con poesía su falta de fe, el modo en que Jesús resucitado enmascaraba su Rostro les ha servido como “invitación a la metáfora”: “Jesús ha resucitado” -dicen- “en el pobre, en el peregrino, en el hermano…”. Si el pasaje de los discípulos de Emaús no tiene más secreto que el de una enseñanza “metafórica”… Entonces, y con permiso de los “poetas”, Jesús no ha resucitado y los apóstoles sublimaron el recuerdo de un cadáver. Pero si, como dice nuestra fe, Cristo ha salido glorioso del sepulcro… Entonces el hecho de que pueda enmascarar su Rostro no me extraña en absoluto. 

El que un cuerpo transido de eternidad obedezca a los dictados del espíritu se me antoja tan normal como el que el sol salga todos los días. Lo anormal es la desobediencia de nuestros cuerpos mortales. El envejecimiento, la imposibilidad de estar en varios sitios a la vez y la tiranía de la Física son, a todas luces, una enfermedad derivada del pecado original. El que la Gloria conlleve su sanación me parece divinamente lógico.

Más bien deberíamos preguntarnos el por qué de ese “enmascaramiento”. Así parece anunciar Jesús que el encuentro “cara a cara” con Él no es para esta vida. Por eso, antes de mostrar fugazmente su Rostro a aquellos discípulos, les desvela los dos lugares donde lo encontrarán todas las generaciones. Esos dos “lugares santos” son la Palabra y la Eucaristía. Allí Jesús siempre está. “¿No ardía nuestro corazón mientras nos explicaba las Escrituras?”… Yo me enamoré de Jesús por su Palabra. Un día descubrí cómo no sólo el Evangelio, sino los salmos, los profetas, los libros históricos hablaban de Cristo: “les explicó lo que se refería a él en toda la Escritura”… No hay en la Biblia sino una Palabra, enmascarada de mil formas: “Cristo”. Algunos hay que llevan a la oración libros y libros, todos ellos piadosos y repletos de consejos, pero a la Escritura apenas si le dedican cinco minutos. ¿Cómo van a sentir el fuego que abrasó a los de Emaús? Sin embargo, cuando un alma se detiene y se entretiene, sin prisas, contemplando cada versículo, y dejando resonar su eco en las paredes del espíritu…

 Entonces, un día, el corazón se vuelve presa de las llamas.
“Tomó el pan, pronunció la bendición, lo partió y se lo dio”… El mismo Jesús que oculta su Rostro a nuestros sentidos, desvela su Cuerpo ante nuestras almas en la Eucaristía… “Latens Deitas”, “Dios escondido”, lo llamó Tomás de Aquino. “Amigo «Latens»”, me acostumbré a llamarlo yo. Se lo digo mientras levanto la Hostia: “¡Ay, que te tengo entre los dedos y no te toco! ¡Ay, que te tengo frente a mis ojos y no te veo!”. La Eucaristía me duele… Pero nunca estoy tan cerca de Jesús como cuando comulgo. Me encuentro, entonces, inclinado a las puertas del Cielo, con medio cuerpo dentro… Y sin poder pasar.
Palabra y Eucaristía están en la Virgen. “Hágase en mí según tu Palabra”… Y se tornó su Vientre horno donde se coció, durante nueve meses, un Pan.

jueves, 1 de mayo de 2014

MAYO: ¿POR QUÉ NO REZAR EL ROSARIO?

Comenzamos Mayo celebrando a S. José Obrero en este mes, dedicado especialmente a la devoción a María.
¿Por qué no dedicar cada día un pequeño tiempo a meditar en los misterios de la vida de Jesús, al amparo de su Bendita Madre? Reza el Rosario: es el látigo de Satanás.