miércoles, 15 de enero de 2014

EL CIRCO DE LAS MARIPOSAS

El Circo de la Mariposa es un corto protagonizado por Eduardo Verástegui y Nick Vujicic que ha sabido condensar en apenas 20 minutos una profunda historia de aceptación, reconciliación y esperanza. La trama gira en torno al Sr. Mendez, quien dirige el Circo de la Mariposa, y Will, un hombre sin extremidades, principal atracción de una feria donde abundan personas con alguna anormalidad física. Cuesta entender el atractivo que tiene para tanta gente el mal y la desgracia ajena que, lamentablemente, no es solo cuestión de ficción, sino que se observa de muchos modos en la sociedad de hoy.
 «Eres magnífico», exclama Mendez al conocer a Will, y este último entiende mal sus palabras y le escupe. No se ofende el director del circo, capaz de valorar a Will por ser quién es y no por sus capacidades o discapacidades. Su actitud será un primer cuestionamiento para Will, que resultará en éste último uniéndose al Circo de la Mariposa, sin comprender realmente lo que está detrás de esta peculiar agrupación de personas.
¡Qué diferencia hay entre el Circo de la Mariposa y las ferias a las que Will estaba acostumbrado! Nada de realmente inspirador había en estas últimas, habituadas a entretener con el morbo y la degradación ajena. Algo empezará a vislumbrar Will al tomar contacto con un mundo nuevo lleno de color y amistad, donde las habilidades están al servicio de la alegría, donde los talentos son desplegados para llevar una sonrisa y despertar el asombro.
 En este punto la obra nos muestra la futilidad de compararnos con los demás, que en tantas ocasiones no es sino fruto de una mirada absurdamente cerrada sobre uno mismo. Es, precisamente, lo que le sucede a Will, lleno de autocompasión al constatar las habilidades de los demás y dar por descontado que no posee ninguna. Mendez tendrá razón al señalarle que su principal problema es haber creído lo que los demás le han dicho. Lo encara, de modo directo, señalándole sin miramientos, pero con gran paciencia y caridad, las ideas irracionales que lo atan. No están los problemas en carecer de extremidades u otras supuestas dificultades, sino en aquellas invisibles cadenas interiores que atan con mayor fuerza que cualquier obstáculo externo.
 Will comprenderá que no es el único en tener problemas ni enfrentar dificultades. Ha sido, por el contrario, la experiencia de todos los integrantes del Circo de la Mariposa. Todos y cada uno han pasado por el capullo de la prueba y el dolor por la propia debilidad o insuficiencia para, transformados, alzar vuelo con belleza y armonía. «¡Mientras más grande el desafío —le explicará Mendez en una frase clave— más grande la gloria!».
 Le costará a Will entender la fuerza y la belleza que brotan del interior de un corazón reconciliado, capaz de convertir la monotonía en espontaneidad, la debilidad en fortaleza, la tristeza en alegría. La clave residirá en no sentir lástima de uno mismo, no pensar que la propia situación es la más miserable de todas —tentación tan frecuente—, ni mirar tanto el talento ajeno para ser ciegos a los propios dones.
El camino para Will no será fácil, y se muestra en ese proceso una hermosa dimensión de la amistad: amigo no es el que procura que nos sintamos cómodos, sino el que nos alienta a vencer nuestros obstáculos, el que nos reta para ser mejores e invita a crecer. Will entonces hallará no solo un horizonte hasta entonces insospechado de autenticidad y libertad, sino también uno de los dones más grandes y hermosos: la posibilidad de llevar alegría y esperanza a otros desdichados de la tierra. 

martes, 14 de enero de 2014

RUAH EL MUSICAL

Este fin de semana hemos asistido en Sonseca al estreno del musical Ruah. Con texto de Julia Garrido y bajo la dirección de Ana Iniesta, más de cincuenta jóvenes de Sonseca, Orgaz, Chueca, Urda, Toledo, etc, han dado testimonio de cómo sería la vida de Jesús entre los jóvenes de nuestro tiempo.
Llenos de entusiasmo han presentado esta obra, cuyas canciones han sido compuestas por Andrés Tejero.

Gracias chicos por vuestra alegría, trabajo y testimonio de fe.
Podéis seguirles en Facebook y Twitter 

¡¡Enhorabuena!!



lunes, 13 de enero de 2014

EL MEJOR USO DE LA LIBERTAD


He traído aquí el relato de la conversión de García Morente, porque muchas personas pueden pasar en algún momento de su vida por una crisis en cierto modo semejante. Al hombre le cuesta reconocer la realidad de la condición humana, y aceptarse a sí mismo como un ser creado por Dios y sujeto a un orden natural.
        Quizá por eso es tan corriente que la clave de una conversión esté en ese reconocimiento humilde de la realidad de la condición humana. Y quizá también por eso, el rechazo de esa dependencia -según cuenta el relato del Génesis- fue el origen del primer pecado. La resistencia a la conversión es, muchas veces, como una crisis del hombre que quiere hacer de la independencia personal una categoría absoluta a la que sacrificar y sacrificarse por completo.
        Una crisis por la que pasó también otro gran pensador cuya conversión tuvo lugar en la misma época que García Morente pero a bastantes kilómetros de distancia. Así narraba el británico C. S. Lewis su resistencia de aquel momento en que cambió su vida: "Aquel día cedí, admití que Dios era Dios y, de rodillas, recé...; entonces no vi lo que ahora es más claro: la humildad divina que acepta a un converso incluso en tales circunstancias...; el hijo pródigo al que traen revolviéndose, luchando, resentido y mirando en todas direcciones buscando la oportunidad de escapar...".
        -Me parece natural que al hombre le cueste aceptarlo, puesto que siempre supone comprometerse y, en definitiva, una hipoteca de su libertad.
        Comprometerse no es hipotecar la libertad, sino emplearla. Como decía la poetisa rumana Doria Cornea, si rompes tus cadenas, te liberas; pero si cortas con tus raíces, mueres. Romper las cadenas, otorga libertad; pero romper con todo compromiso es cortar las raíces de la persona.
        Y aunque es cierto que las personas que aceptan el riesgo de su libertad personal y se comprometen con lo elegido, renuncian a todas las cosas que no eligen, también es cierto que se enriquecen con las consecuencias de lo que sí han elegido. Si el hombre rehúye de modo habitual el compromiso, aunque lo hiciera por amor a la libertad, lo que haría es condenar su vida a la indecisión y la esterilidad.
        Cuanto mejor se elige, y cuanto más se compromete la persona con lo bien escogido, tanto más se enriquece a sí misma y tanto más enriquece a los demás. La libertad interesa porque hay algo más allá de ella que la supera y marca su sentido: el bien. Si una elección supone un compromiso que refuerza algo que es propio de la naturaleza humana, será este el uso más acertado de nuestra libertad, un paso más hacia nuestra plenitud como hombres.

Alfonso Aguiló

viernes, 10 de enero de 2014

"VIVO, PERO QUE MUY VIVO"

“Vivo, pero que muy vivo”: Así titula Arturo Espinosa Fernández, en el diario ABC, un artículo en el que muestra la historia de su nieto Ignacio: “Una malformación hacía posible que el niño naciera sin pared abdominal, o sea, con el hígado, el intestino y el estómago al aire”. 
“Hoy, diez años después, no es que esté vivo. Más bien está muy vivo, gracias a Dios y, cómo no, a los cirujanos y neonatólogos del Hospital La Paz que lograron sacarle adelante”, explica el orgulloso abuelo, que muestra cómo su nieto toca el violoncello: “¿Se imaginan la felicidad que supone para un abuelo escuchar cantar a su nieto Carmina Burana, de Carl Orff, en el Auditorio Nacional de Música, de Madrid? ¡Una gozada monumental!”.
Su artículo termina siendo demoledor: “Activistas de Femen: Ustedes no podrán disfrutar jamás en un caso semejante, puesto que habrían impedido el nacimiento de esta criatura”.

Me dijeron que el niño iba a morir
La historia de Ignacio San Juan impresiona. Su madre, Marta Espinosa, explicaba en Fin de Semana de COPE cómo vivió los primeros momentos: “Cuando yo me quedé embarazada por primera vez, en una de las ecografías encontraron una malformación, que era una cosa muy extraña y poco frecuente” y añade: “Me dijeron que el niño iba a morir y no había posibilidades de sacarlo adelante”.
Marta explica la malformación con la que nació su hijo. Una malformación grave y muy rara: “Los niños no cierran su abdomen. Todo lo que está dentro de su paquete abdominal (el hígado, el intestino, el estómago) queda fuera del abdomen. Primero me dijeron que era muy difícil que el embarazo llegara a término y después que era muy difícil que saliera adelante”.
Reconoce que Ignacio era carne de aborto, pero muestra su gratitud por “encontrarnos con gente que nos contó objetivamente cómo eran las cosas y sí nos dijeron que había posibilidades de curarlo”. 
Fueron años duros:”Nada más nacer tuvieron que colocarle una especie de malla que le introducía los órganos hacia dentro. A los diez días de nacer se lo cerraron y durante años estuvo con una sonda por la que le introducíamos la comida. A los cuatro años tuvo una obstrucción intestinal y le tuvimos que operar otra vez”, explica Marta Espinosa.

Este chico llegará a ser algo grande
Ahora Ignacio San Juan tiene 10 años, toca el violonchelo y le gusta nadar. El mismo mostraba en COPE sus recuerdos: “Me acuerdo que a los 4 años me pusieron una gastrostomía. Dentro me metían la comida y cuando me bañaba en el mar me la tenía que cambiar”. 
Su abuelo Arturo Espinosa lo tiene claro: “No es un portento físico, pero he de reconocer, que nadar, lo que se dice nadar, lo hace bastante mejor que yo. En el mar y en la piscina. Y lo digo con total satisfacción. Con mi moral por las nubes, vengo diciendo a mi familia y a mis amigos que este chico llegará a ser algo grande”.


Fuente: aleteia.org

jueves, 9 de enero de 2014

¿HAY UNA CAUSA?



Hemos traducido este video porque nos ha parecido un excelente recurso para el apostolado (gracias Alex Reyes y Lorena Tabares). El video muestra de manera sintética el argumento lógico de porqué el universo tiene una causa (“The cosmological argument”). Se basa en tres proposiciones, de las cuales, al comprobarse dos de ellas, validan la tercera. “Todo lo que empieza a existir tiene una causa”, “El universo comenzó a existir”. Por lo tanto, “el universo tiene una causa”. Es una muestra sencilla, desde un argumento cosmológico, lo razonable que es creer.
Elementos apostólicos
Por un lado, el video me hacía pensar en el ser humano. El hombre, por su naturaleza, busca la verdad. Pero pensaba, al mismo tiempo, que no se contenta con conquistar verdades parciales o científicas. Su búsqueda tiende hacia una verdad superior que pueda explicar el sentido de la vida; por eso es una búsqueda que solo encuentra solución en el absoluto. Siempre tiende a algo que está encima del objeto limitado inmediato de los estudios, a los interrogantes que abren el acceso al misterio. Por eso, tantos científicos en la historia no se han conformado con los estudios ya realizados, sino que han ido cada vez más allá. Eso justamente me habla de cómo la búsqueda del hombre es interminable, porque se va abriendo al Misterio de la Verdad, en el cual, su razón no puede agotarla, sino que se ve necesitado de ir más allá de sí misma, en apertura a un “Otro” que se le revele.
Además, estuve leyendo la “Fides et Ratio” de Juan Pablo II que habla de la relación imprescindible entre la razón y la fe. En esa encíclica, el Santo Padre describe algunas reglas o parámetros de la razón que me parecen relevantes para el diálogo después de ver el video. En primer lugar, el conocimiento del hombre es un camino sin descanso; en segundo lugar, no se puede recorrer este camino creyendo que es fruto solamente de una conquista personal; y, finalmente, la razón debe reconocer sus límites y debe estar abierta al absoluto. Si alguna de estas reglas no se cumplen, el hombre no se abre a lo trascendente dimitiendo de su propia humanidad que la busca y, por lo tanto, dimitiendo también de su razón y su capacidad de conocer la Verdad.
Y por último, el Santo Padre, en la misma encíclica, hacía referencia a cómo además de esta búsqueda de la verdad también existe una búsqueda de alguien en quién fiarse. El hombre vive de creencias. Cada uno, al creer, confía en los conocimientos adquiridos por otras personas. El hombre vive confiando. De hecho, confiar es uno de los “actos antropológicamente más significativos y expresivos”. Por ejemplo, ¿nosotros acaso dudamos de que nuestro padre es nuestro padre? o ¿dudamos si la gaseosa que compramos está envenenada o no? Vivimos confiando y no nos damos cuenta. En ese sentido, la búsqueda de la verdad y la de confiar y creer en la verdad que otro le manifiesta encuentran su realización en la fe cristiana. En efecto, “superando el estudio de la simple creencia, la fe cristiana coloca al hombre en ese orden de gracia que le permite participar en el Misterio de Cristo, en el cual se ofrece el conocimiento verdadero y coherente de Dios Uno y Trino.” En ese Misterio Revelado, es Dios mismo que se manifiesta como la Verdad y expresa credibilidad porque su Amor por nosotros es llevado al extremo en una Cruz. ¿Qué mayor credibilidad y verdad que esa? Que Dios mismo se hizo Hombre por amor al hombre y para mostrarnos cómo ser auténticos hombres.

miércoles, 8 de enero de 2014

FABRIZIO ESCRIBIÓ AL PAPA ANTES DE IRSE AL CIELO

Fabrizio nació en Nápoles el 8 de septiembre de 1982. Miles, casi tres mil personas, se reunieron en Ponticelli (NA), para darle el último saludo en la Basílica de Nuestra Señora de la Nieve, donde era vice-párroco. Un sufrimiento grande el del padre Fabrizio en los últimos meses, vivido siempre con gran fe y con una gran fuerza de ánimo. Siempre con una sonrisa, siempre con una palabra de consuelo para sus familiares y amigos que han estado con él hasta su último aliento. Aquí os ofrecemos la carta que envió al Papa.

A Su Santidad el Papa Francisco
      

Santo Padre,

En las oraciones diarias que dirijo a Dios, no dejo de rezar por usted y por el ministerio que el Señor mismo Le ha confiado, para que pueda darle siempre fuerza y alegría para continuar anunciando la bella noticia del Evangelio.

Me llamo Fabricio De Michino y soy un sacerdote joven de la diócesis de Nápoles. Tengo 31 años y hace cinco que soy sacerdote. Desarrollo mi servicio en el Seminario Arzobispal de Nápoles como educados del grupo de diáconos, y en una parroquia en Ponticelli, que se encuentra en la periferia de Nápoles. La parroquia, recordando el milagro sucedido en la colina Esquilino, recibe el nombre de la Señora de las Nieves y en 2014 celebrará el primer centenario de la Coronación de la estatua de madera del 1500, muy querida para todos sus habitantes.

Ponticelli es un barrio degradado por su pobreza y alta criminalidad, pero cada día descubro verdaderamente la belleza de ver lo que el Señor realiza en estas personas que se fían de Dios y de la Virgen.

También yo, desde que estoy en esta parroquia he podido ampliar cada vez más mi amor confiado hacia la Madre Celeste, experimentando también en las dificultades, su cercanía y protección. Por desgracia, hace tres años que me encuentro peleando contra una enfermedad rara: un tumor justo en el interior del corazón y desde hace algún mes, con metástasis en el hígado y en el bazo. En estos años nada fáciles, sin embargo, nunca he perdido la alegría de ser anunciador del Evangelio. También en el cansancio percibo, verdaderamente, esta fuerza que no viene de mí sino de Dios que me permite desarrollar con sencillez mi ministerio. Hay una cita bíblica que me está acompañando y me infunde confianza en la fuerza del Señor, es la de Ezequiel: “Os daré un corazón nuevo, meteré dentro de vosotros un Espíritu nuevo, arrancaré de vosotros el corazón de piedra y os daré un corazón de carne” (Ez 36, 26).

En este tiempo ha sido muy cercana la presencia de mi obispo, el card. Crescenzio Sepe, que me apoya contantemente, aunque a veces me dice que descanse para no cansarme demasiado.

Agradezco a Dios también por mis familiares y mis amigos sacerdotes que me ayudan y sostienen sobre todo cuando hago las distintas terapias, compartiendo conmigo los diversos momentos de inevitable sufrimiento. También mis médicos me apoyan muchísimo y hacen lo imposible para encontrar los tratamientos adecuados para mí.

Santo Padre,

Me estoy alargando demasiado, pero solo quiero decirle que ofrezco al Señor todo esto por el bien de la Iglesia y por Usted de un modo especial, para que el Señor le bendiga siempre y le acompañe en este ministerio de servicio y amor.

Le ruego que me añada a sus oraciones: lo que le pido todos los días al Señor es hacer su voluntad, siempre y en todas partes. A menudo, es verdad, no le pido a Dios mi curación, sino la fuerza y la alegría de continuar siendo un testimonio verdadero de su amor y un sacerdote según su corazón.

Seguro de sus paternales oraciones, le saludo devotamente.

Don Fabrizio De Michino
Publicado en www.aleteia.org

lunes, 6 de enero de 2014

EPIFANÍA DEL SEÑOR

Lectura del santo evangelio según san Mateo 2, 1-12
Jesús nació en Belén de Judea en tiempos del rey Herodes.
Entonces, unos magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando:
- «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo. »
Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos sacerdotes y a los escribas del país, y les preguntó dónde tenia que nacer el Mesías.
Ellos le contestaron:
- «En Belén de Judea, porque así lo ha escrito el profeta:
“Y tú, Belén, tierra de Judea, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judea, pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel.”»
Entonces Herodes llamó en secreto a los magos para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles:
- «ld y averiguad cuidadosamente qué hay del niño y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo.»
Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño.
Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra.
Y habiendo recibido en sueños un oráculo, para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.
Palabra del Señor.


Pobres Reyes Magos. Después de toda la noche trabajando, recorriendo miles y miles de kilómetros de una casa a otra, seguro que con acidez de estómago después del plato setecientos de turrón y peladillas, y con algo de resaca tras tanta copita de anís para entrar en combatir el frío, llegan a casa y ¿qué se encuentran? ¿Quién les deja a ellos los regalos? Seguramente sólo tengan ganas de dormir, pero seguro que en sus pensamientos antes de dormir se acuerdan de la sonrisa de ese niño que, hace dos mil años, les dedicó desde un pesebre en la fría noche de Belén. Y el regalo de esa sonrisa sigue haciéndose eco, año tras año, en esta noche de Reyes y se multiplica en la sonrisa de millones de niños.

“Entonces lo verás, radiante de alegría; tu corazón se asombrará, se ensanchará, cuando vuelquen sobre ti los tesoros del mar y te traigan las riquezas de los pueblos.” Ensanchar el corazón. Ojalá fuese ese uno de los regalos que hoy encontremos en nuestra casa. Que ensanchemos nuestro corazón, que recuperemos la capacidad de asombrarnos ante la maravilla de Dios, y no tanto ante los vídeos de You Tube.
Herodes tenía que ensanchar el corazón, pues en su interior sólo cabía él mismo. Como tantos corazones de hoy empiezan por el yo y acaban por el yo, lo demás no tiene cabida. Son corazones estrechos, amargos, resecos.

“Hermanos: Habéis oído hablar de la distribución de la gracia de Dios que se me ha dado en favor vuestro.” La gracia de Dios hace el corazón más grande, lo amplía, lo abre a horizontes que antes eran inimaginables. Por eso el que no procura vivir en gracia de Dios acaba viviendo para sí mismo, no digo que sea malo, sí digo que es corto. Si nosotros dejamos hoy en el portal, además del oro, el incienso y la mirra de nuestra entrega, nuestros pecados, procuramos hacer una buena confesión y dejamos que la gracia de Dios nos invada, descubriremos horizontes que hasta ahora ni imaginábamos. Ese será nuestro mayor regalo.
“Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron.” El de corazón estrecho no suele tener demasiados problemas, no se plantea metas difíciles ni complicadas y lo que ve que le supera, lo rehuye. Tampoco tienes grandes alegrías y, por supuesto, estas son pasajeras. El de corazón ancho se lanza a empresas que parecen imposibles, no huye de las dificultades ni se achanta ante los problemas. Y, a pesar de las dificultades, va descubriendo alegrías en su camino pues su meta es la felicidad, el gozo, que no depende de su estado de ánimo, sino de encontrarse con la alegría hecha carne, que es Jesús.

Los magos de oriente tenían un corazón grande, y se fue ensanchando en su búsqueda. no sabían bien qué buscaban y Dios colmó completamente su dicha. María y José están siempre al lado de Dios Niño, ojalá también nosotros recibamos el regalo de renovar nuestra vida, ensanchar nuestro corazón, y llegar hasta esa meta. Y que esta noche tengamos presente la sonrisa del Niño.

Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org