viernes, 9 de marzo de 2012

LITURGIA DEL DÍA

La parábola de los viñadores homicidas nos muestra el amor extremo de Dios. Leyéndola con calma descubrimos toda la historia de la humanidad y cómo Dios ha ido cuidando de nosotros movido únicamente por su amor. La viña, que es imagen del pueblo de Israel, también nos simboliza a todos nosotros en cuanto beneficiarios y administradores de los dones de Dios. Dios, que creó todo por amor, lo cuida todo con amor. Es el misterio de su providencia.

El texto del Evangelio muestra cómo ese amor de Dios no es correspondido por los hombres. Pero, como sucede siempre en el obrar de Dios, la realidad supera la ficción. Se nos dice en el Evangelio que el amo envía a su propio hijo esperando que a él sí lo escuchen. La lógica humana se rebela contra esa decisión. ¿Quién, en su sano juicio, enviaría a su hijo a negociar con unos viñadores que han maltratado y asesinado a sus predecesores? Nadie, excepto Dios. Porque Jesús vino a la misma ciudad, Jerusalén, que asesinaba a los profetas. Y no lo hizo en un acto de imprudencia ni de ignorancia, sino plenamente consciente de que iba a entregar su vida por los hombres. Jesús vino a ser crucificado para, y aquí la realidad deja atrás la imagen de la parábola, redimir a sus asesinos con su sangre: Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen, exclama desde la cruz. Como dijo san Juan María Vianney: “El Padre eterno, para desarmar su propia justicia, ha dado a su Hijo un Corazón demasiado bueno”.

Nos equivocaríamos si nos quedáramos en una lectura puramente histórica de los textos. Nosotros seguimos siendo los arrendatarios del campo que debemos dar fruto conforme al don que hemos recibido. Pero además, sabemos que Jesús es la vid verdadera y que si nos separamos de Él, nos volveremos infecundos.

Fácilmente olvidamos todo lo que Dios nos ha dado. ¿No es ese acaso el error de los viñadores homicidas de la parábola? Lo peor de su comportamiento es que dejan de reconocer al verdadero propietario. Entonces dejan de trabajar para otro y obran sólo para sí mismos. Es lo que dice san Agustín hablando de la ciudad de los hombres, construida sobre el amor a sí misma hasta el desprecio de Dios.

Hoy en día podemos contemplar muchos abusos que se producen en nombre de una falsa autonomía consistente en negar que todas las cosas, y también el obrar moral del hombre, tengan su último referente en Dios. Cuando eso se olvida, se abre la puerta a todo tipo de abusos, como los que observamos en el campo de la manipulación genética o en la falta de respeto hacia la vida humana, sobre todo a través del aborto y la eutanasia.

En este camino de la Cuaresma, la parábola de hoy nos anticipa lo que celebraremos durante la Semana Santa: el sacrificio de Cristo por la salvación de los hombres. También es para nosotros una oportunidad para que nuestro corazón se sienta llamado a corresponder con mayor generosidad a los dones de Dios. Para ello hemos de reconocer su amor, que se manifiesta también en que nos ha llamado a formar parte de su Iglesia

Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org

miércoles, 7 de marzo de 2012

DIOS CAMBIÓ SU CORAZÓN

Flame Ministries (www.flameministries.org) es una comunidad católica de evangelización y predicación itinerante, con sede en Perth (Australia), pero con actividad en muchos países de habla inglesa. En Estados Unidos conocieron a Danny Costello, un hombre condenado a cadena perpetua por asesinato, con un pasado durísimo, pero que hoy predica en la cárcel a Jesucristo y su poder transformador. Falem Ministries ha divulgado su historia.

"Ya no me importa si estoy dentro o fuera de la cárcel, siempre predicaré la verdad de Jesucristo, porque en mi interior ahora soy plenamente libre, Él me liberó y siempre le estaré agradecido", afirma Costello. Lo impresionante en esta historia es la acumulación de oscuridad y pobrezas en el pasado de Danny Costello.

Una madre que le odiaba
Todo empezó antes incluso de sus primeros recuerdos: su madre intentó matarle porque ella quería una niña. Él sobrevivió, pero ella le pegaría y despreciaría toda su infancia: "me escupía en la cara y me decía que no era mi madre y que por qué no me iba y me moría de una vez".

Empezó a fumar porros y beber alcohol con 8 años. Su madre no le dejaba ir a la escuela. Él se escapaba, se juntaba con pandillas, entraba y salía de casas de acogida donde no le importaba a nadie. "Si mi madre no me quiere, es que nadie me va a querer", pensaba. Era un crío pero ya robaba en gasolineras y entraba en casas para llevarse lo que encontrara. Mendigaba para pagarse vino barato, pasaba algún tiempo en centros de detención de menores y comía a veces de los cubos de basura.

Cobrar por sexo
Un día, en la cola para la sopa de los sin techo, conoció a un hombre homosexual que le convenció para que se acostase con él. De esa experiencia sacó una conclusión: nadie le quería, pero eso, el sexo, era algo que algunos deseaban de él, probablemente lo único que los demás querían de él. Pasó tres meses en prisión por robos en casas, y al volver a su barrio unos amigos le llevaron a un bar gay y le dijeron que en vez de robar "nos pagarán a cambio de sexo". "Estais locos, yo no soy un maricón", les dijo. "Tío, en este bloque lo hace todo el mundo".

Así, antes de los 15 años, Danny se estableció como prostituto homosexual, y consiguió dinero para volcarse en las drogas duras. Pensaba que ahora sí había gente que le quería, le pagaba, le compraba ropa. Pero no era feliz, no tenía un hogar y a veces dormía en las calles o en cementerios, "donde a la gente le daba miedo entrar y no me molestaban". Aún así, no dejó de ir con bandas, dañar gente, robar... y le volvieron a encerrar una temporada por prender fuego a una casa.

La oración que salvó su vida... un tiempo
En la víspera de Año Nuevo, en 1978, Danny y algunos más montaron una fiesta a la que acudió una chica. Después se enteró que fue ella la que llenó de droga su bebida, una sobredosis que le dejó paralizado, inerme, tres días en el suelo de aquella casa. "Aún no sé por qué lo hizo", explica. Finalmente, una señora que trabajaba en el piso de abajo lo encontró, llamó a su familia y al teléfono de emergencia. Danny afirma que según los doctores su corazón se había parado y le daban por muerto, pero su padre, que había acudido, lloraba y rezaba y para asombro de los médicos su corazón volvió a latir.

Después de un tiempo en coma y tres meses en un hospital mental (temían que intentase suicidarse), Danny volvió a la calle... y a tomar drogas. Su madre seguía rechazándole así que dejó su familia en 1979. No volvió a verla. Tenía 16 años. Enseguida lo encarcelaron otra vez y dos presos mayores lo violaron en prisión, ante la pasividad, asegura Danny, de la policía.

Fue en esa cárcel donde oyó por primera vez hablar del amor de Jesús, su única experiencia de calor en un sitio frío. Pero fue fugaz. Tenía que mostrarse duro, hacerse un cuchillo chapucero y llevarlo siempre consigo, intentar ser peor que todos los demás, para protegerse, "cuando en tu interior eres un niño pequeño que llora pidiendo amor y ayuda".

Cuatro años después fue puesto en libertad. Sin dinero ni ningún lugar donde ir, volvió al circuito de bares gay. Consiguió un trabajo regular allí, y un amante homosexual 13 años mayor que le mantenía. Pero él no se sentía gay: "yo quería una mujer y niños, y darles el amor que nunca tuve", afirma.

Su amante le expulsó un día que le vio besando a una chica. También le echaron del trabajo. Volvió a vender marihuana, anfetaminas, pastillas y su cuerpo por las calles.

Explosión de rabia asesina
Un día un homosexual le contrató, le llevó a su casa, se emborracharon y drogaron con cocaína. "Me miré al espejo. Yo era más alto que nunca. Estaba harto de vender mi cuerpo para sobrevivir. Y simplemente estallé. Pegué a aquel hombre sin cesar, hasta que le maté. Fue como si hubiese vendido mi alma al diablo".

Fue condenado a cadena perpetua. Y como no había nadie fuera que le ayudase o pasase dinero a la cárcel, siguió vendiendo su cuerpo en prisión, para sobrevivir. Veía morir de sida a otros presos y se preguntaba: "¿cuándo me tocará a mí?"

Y empezó a rezar: no pedía a Dios la libertad. Pedía entenderlo. Entender a Dios.

Hablar de amor a los presos
"Me trasladaron a la prisión de máximo seguridad de Everglades, y allí encontré un capellán que me mostró el amor de Dios que nadie me había enseñado nunca. Él y su esposa fueron como padres espirituales para mí". Se refiere al diácono Alex Lam y su esposa Colleen, de la parroquia católica de San Luis, en la diócesis de Miami. Junto con un grupo de carismáticos chinos de la parroquia mantienen un servicio de visitas y oración en la cárcel.

En aquella capellanía de prisiones se organizaban también comidas especiales: china, hispana... y él iba al principio sólo por la comida, y así lo decía. Pero luego se abrió a lo espiritual.

Poco después se organizó un Seminario de Vida en el Espíritu de tres días de duración en la cárcel, en el que distintos hombres y mujeres venían a predicar el kerigma, el amor de Dios, el arrepentimiento, la fuerza del Espíritu Santo y la vida nueva que Él da. "Era gente llena de amor, que no veía el muro que yo había puesto a mi alrededor. Su amor lleno de Dios me conquistó".

Y la conquista fue radical. Sintió que Dios le amaba, y que él pertenecía "al cien por cien" al Espíritu Santo. "Dejé de fumar, de drogarme, de acostarme con hombres. Devolví todo eso al demonio, porque Jesús así quería que lo hiciese".

Danny Costello ha podido predicar su transformación en varios prisiones, y ha visto como Dios liberaba a mucha gente que estaba atada por muchas heridas del pasado, hábitos nocivos y tendencias destructivas. En su experiencia, "Dios tiene poder para amar y sanar y liberar". Y, más allá de eso, "para hacernos uno a través del Espíritu Santo".

lunes, 5 de marzo de 2012

NUESTRA HISTORIA



El retablo de la Iglesia San Juan Evangelista de Sonseca, fue realizado por Luís de Velasco, a quien el mismo Cardenal Arzobispo de Toledo D. Gaspar de Quiroga le encargó realizar el dorado y pintado, según consta en la escritura pública realizada ante el escribano  de Sonseca

 1583. 18 de Diciembre.- En el Ayuntamiento  se juntaron las autoridades del Concejo, el  párroco D. Juan López del Prado y el mayordomo de la fabrica de la Iglesia, de una parte: y de otra el “… pintor de imagineria…” Luís de Velasco. Todos juntos acordaron la realización de la obra conforme a las siguientes cláusulas:

            En primero lugar Luis de Velasco se comprometía a dorar y pintar el retablo junto con artistas importantes de Toledo, como fueron Diego de Valdivielso, famoso platero que a partir de 1594 sobredoro toda la plata exterior de la custodia de Toledo, que Enrique de Arfe había dejado en blanco. Nicolás de Vergara “el mozo”, quien durante el arzobispado de Quiroga fue nombrado maestro mayor de la Catedral  y que trabajé entre otras obras decorativas en los proyectos y primeros trabajos del “Ochavo” catedralicio. Pedro Yerro, ensamblador; Baltasar de Morales, batidor de oro; Lorenzo Marchés, platero.

            En segundo lugar se comprometían “ después de dorado se ha de estofar sobre el oro de finos colores haciendo en las historias de vuelto y de medio relieve y talla brocados, telas de oro a punta de pincel y sacados coloridos donde convenga… y será solo en la calle de en medio y primera orden de dicho retablo” Además Luís de Velasco se comprometía a “desasentar y sentar “ el retablo, es decir debía ir bajando todas las piezas y una vez doradas y pintadas vueltas a colocar por su cuenta, salvo los andamios y madera que correrían  a cargo de la fabrica de la Iglesia.

            En tercer lugar, que todos los rostros, cuerpos, manos y pies de bultos, medio relieve y talla ira encarnado de pulimento, dando a cada cosa lo que conviene para imitar el natural.

            Era cuarta condición que los seis tableros de pintura fueren bien pintados  de finos colores, y con las historias “que los señores curas señalaren”

Otras condiciones mas eran: que el pueblo de Sonseca deberían dar al pintor una casa durante tres años que se comprometía a realizar la obra, contados desde el primer día de Enero de 1584. Los trabajos deberían ser tasados en 3000 ducados de once reales cada uno, los plazos en que se le pagarían, era a razón de 300 ducados  cada cuatro meses los tres primeros años, y lo restante en 1587.

Fue así como paso a paso fueron estableciendo todas las cláusulas, por las que todos los artífices mejores de Toledo en ese momento, se comprometieron a trabajar en nuestro retablo.

                                                           
Antonio Gallego Peces

                                                                       Texto extraído del libro “Historia de Sonseca en Anales” . F. Gil Gallego


sábado, 3 de marzo de 2012

DOMINGO II DE CUARESMA

Evangelio
En aquel tiempo, Jesús toma consigo a Pedro, a Santiago y a Juan, sube aparte con ellos solos a un monte alto, y se transfiguró delante de ellos. Sus vestidos se volvieron de un blanco deslumbrador, como no puede dejarlos ningún batanero del mundo. Se les aparecieron Elías y Moisés, conversando con Jesús. Entonces Pedro tomó la palabra y dijo a Jesús:
«Maestro, ¡qué bueno es que estemos aquí! Vamos a hacer tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías».
No sabía qué decir, pues estaban asustados. Se formó una nube que los cubrió y salió una voz de la nube:
«Éste es mi Hijo amado; escuchadlo».
De pronto, al mirar alrededor, no vieron a nadie más que a Jesús, solo con ellos.
Cuando bajaban del monte, les ordenó que no contasen a nadie lo que habían visto hasta que el Hijo del hombre resucitara de entre los muertos. Esto se les quedó grabado y discutían qué quería decir aquello de resucitar de entre los muertos.
Mc 9, 2-10
 
La Transfiguración constituye un momento decisivo en la vida de Jesús. Tiene lugar unos días después del primer anuncio de su pasión y muerte, que había provocado una crisis entre los apóstoles, sumiéndolos en el desconcierto, y después de la instrucción posterior en la que les declara que, si quieren ser discípulos suyos, tendrán que seguir el mismo camino de abnegación y sufrimiento, cargando con la propia cruz. En esta situación, Jesús lleva a los tres discípulos más íntimos a lo alto de la montaña. En el encuentro de Cristo con el Padre se produce la Transfiguración, la manifestación de la gloria divina a través de su humanidad, como una luz que anticipa la gloria de su resurrección. La finalidad es, en primer lugar, preparar a los discípulos para que pudiesen afrontar los acontecimientos de la Pasión y muerte; también confirmarles la divinidad del Señor, y, por último, fortalecer su ánimo para el camino de seguimiento del Maestro, evocando la gloria que seguirá a la cruz y anticipando el Misterio Pascual.
Contemplamos este Misterio y cómo, en Jesús transfigurado, brilla la luz divina que resplandecerá especialmente en la Resurrección. La Transfiguración nos invita a contemplar el misterio de la luz de Dios presente a lo largo de la historia de la salvación que culmina en Cristo. El Padre hace una invitación a los tres apóstoles presentes: «Éste es mi Hijo amado; escuchadlo». Escuchar a Jesús significa escuchar su palabra y ponerla en práctica; significa dejar que su luz ilumine enteramente la vida; significa recibir de Él la fuerza para ser sus testigos ante los hombres.
Para vencer las crisis y desconciertos, para superar el escándalo de la cruz, para ser discípulos fieles del Señor, para dar testimonio de Él ante los hombres, son del todo imprescindibles lo que podríamos denominar momentos de Tabor. Momentos intensos de encuentro con Cristo, de experiencia profunda de fe, de luz. Esos momentos de luz ayudarán a superar las oscuridades y sequedades en el camino de la fe y a ser auténticos testigos de Cristo, que no hablan de memoria o de oídas, sino desde la experiencia viva y personal.
La Cuaresma es un tiempo propicio para vivir la unión con Cristo a través de la oración, siendo auténticos oyentes de la Palabra, centrando toda la existencia en la Eucaristía, ofreciendo a nuestros coetáneos un testimonio que transmita la alegría y la belleza de la vida cristiana, y que se convierta en una referencia en el camino que les ayude a encontrarse con Dios.
 
+ José Ángel Saiz Meneses
obispo de Tarrasa

viernes, 2 de marzo de 2012

VIA CRUCIS CON JUAN PABLO II

Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo, tome su cruz y sígame» (Mt 16,24).

Viernes Santo por la tarde.


Desde hace veinte siglos, la Iglesia se reúne esta tarde para recordar y revivir los acontecimientos de la última etapa del camino terreno del Hijo de Dios. Hoy, como cada año, la Iglesia que está en Roma se congrega en el Coliseo para seguir las huellas de Jesús que, «cargando con su cruz, salió hacia el lugar llamado Calvario, que en hebreo se flama Gólgota» (Jn 19, 17).


Estamos aquí, conscientes de que el Via crucis del Hijo de Dios no fue simplemente el camino hacia el lugar del suplicio. Creemos que cada paso del Condenado, cada gesto o palabra suya, así como lo que han visto y hecho todos aquellos que han tomado parte este, drama, nos hablan continuamente.


En su pasión y en su muerte, Cristo nos revela también la verdad sobre Dios y sobre el hombre.


En este año jubilar queremos reflexionar con particular intensidad sobre el contenido de aquellos acontecimientos, para que nos hablen con renovado vigor a la mente y al corazón, y sean así origen de la gracia de una auténtica participación.



Participar significa tener parte.


¿Qué quiere decir tener parte en la cruz de Cristo?

Quiere decir experimentar en el Espíritu Santo el amor que esconde tras de sí la cruz de Cristo.

Quiere decir reconocer, a la luz de este amor, la propia cruz.

Quiere decir cargarla sobre la propia espalda y, movidos cada vez más por este amor, caminar...

Caminar a través de la vida, imitando a Aquel que «soportó la cruz sin miedo a la ignominia y está sentado a la diestra del trono de Dios» (Hb 12, 2).


PRIMERA ESTACIÓN

jueves, 1 de marzo de 2012

JUEVES SACERDOTAL

EXPOSICIÓN DEL SANTÍSIMO DESDE LAS 9:00 DE LA MAÑANA, HASTA LAS 19:00 CON EL REZO DE VÍSPERAS.
ORAMOS POR LOS SACERDOTES Y POR LAS VOCACIONES AL SACERDOCIO.