jueves, 8 de diciembre de 2011

LA INMACULADA

No podemos dejar de mirar a María y de reconocer en ella un signo más del amor infinito que Dios nos tiene. Porque ella, al ser preservada del pecado original en orden a su maternidad divina, no sólo recibió un privilegio personal, sino que se nos muestra como un don para todos los hombres. Ha escrito Benedicto XVI: “Jesucristo es ciertamente la luz por antonomasia, el sol que brilla sobre todas las tinieblas de la historia. Pero para llegar hasta Él necesitamos también luces cercanas, personas que dan luz reflejando la luz de Cristo, ofreciendo así orientación para nuestra travesía. Y ¿quién mejor que María podría ser para nosotros estrella de esperanza?”.

Contemplar a la Inmaculada nos va a traer muchos bienes espirituales. En ella, de forma eminente, se manifiesta el poder de Dios. Y ese poder lo dispone para embellecer al hombre, para llevarnos a cada uno de nosotros a la plenitud de nuestro ser. San Pablo se refiere a ella hablando de ser “alabanza de su gloria”. A eso hemos sido destinados por Dios. Hay un plan, que ya vemos realizado en Santa María, pero que nos incluye a todos nosotros. Por eso dice el Apóstol: “Con Cristo hemos heredado también nosotros”. Es un hecho que mirando a la Virgen nuestras tristezas, las más profundas, esas que aprisionan nuestro corazón, se desvanecen.

Las lecturas de hoy no ocultan el drama de la existencia humana. En el origen de la humanidad hay un hecho por el cual el mal se ha aposentado en el hombre. El pecado original, a partir del cual los hombres nos inclinamos al mal y experimentamos la dificultad de obrar el bien, se manifiesta en nuestras vidas. Ese hecho nos aprisiona. Encerrados en él acabaríamos en la desesperanza, que es fuente de muchos males. Jesucristo ha destruido el poder del pecado. La primera beneficiaria de su redención ha sido su Madre. Pero su acción no termina ahí sino que se dirige a todos nosotros. Porque Dios no se hizo hombre para tener una Madre, sino que quiso tenerla, y la ama de manera especialísima, para salvar al hombre. Y en ese camino de amor, todo se va llenando de maravillas a su paso. A ello se refiere el salmo de hoy. Jesucristo vence haciendo nuevas todas las cosas y, por ello, debemos cantar un cántico nuevo.

Al contemplar a María Inmaculada, se nos ofrece también una enseñanza para nuestra vida. En el Evangelio leemos el relato de la anunciación. María es “llena de gracia”. Pero ese don no la separa de la historia sino que la dispone para intervenir con mayor protagonismo en ella. Cuando el ángel le comunica que va a concebir a Jesús, ella responde sin opacar en nada la gracia que ha recibido: “Aquí está la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra”. Esa transparencia la seguimos descubriendo ahora cuando la miramos, y es la razón de su belleza.

Santo Tomás de Aquino señaló: “Es más hermoso iluminar que brillar solamente; del mismo modo, es más hermoso transmitir a los demás lo que uno ha contemplado que contemplar solamente”. Al mirar a la Inmaculada y dejarnos iluminar por ella, se acentúa nuestro compromiso de vivir a fondo los dones que hemos recibido, pero no para apropiarnos de ellos sino para, al igual que María, manifestar la bondad y el amor de Dios.

Comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org

miércoles, 7 de diciembre de 2011

VIGILIA DE LA INMACULADA

A las 21:30 en la Parroquia, te esperamos para preparar la fiesta de nuestra bendita Madre en su Inmaculada Concepción.

La Inmaculada Concepción de la Virgen María es una fiesta particularmente española. Fue elegida como patrona por los reyes desde tiempos visigóticos y el Papa Clemente XIII aceptó ese patronazgo en todos los reinos hispánicos en 1760.

Como explica P.J. Ginés en La Razón, en los últimos años se está difundiendo en nuestro país la costumbre de celebrar la fiesta con una vigilia de oración abierta al público, a menudo impulsada por jóvenes, con una convocatoria amplia.

"El modelo para las actuales vigilias de la Inmaculada nació en 1947 por impulso del jesuita Tomás Morales, sacerdote convencido de la necesidad de potenciar el apostolado de los laicos y fundador de los Cruzados y Cruzadas de Santa María y de su rama joven, la Milicia de Santa María", explica Ginés.

En principio fueron vigilias reservadas a los hombres, como una forma de demostrar que la devoción a la Virgen no era patrimonio femenino. Pero desde 1996 se abrieron a toda la familia.

El impulso ha sido básicamente madrileño, pero "las vigilias se han ido difundiendo a muchas otras diócesis". La Razón cita el caso de Rafael Zornoza, que las vivió intensamente durante sus cinco años como obispo auxiliar de Getafe y ahora las está trasladando a Cádiz, de donde fue designado titular en agosto pasado.

"En Madrid el cardenal preside en la catedral, hay exposición del Santísimo y ofrenda floral con procesión a la Virgen de la Almudena, que también tiene el título de Inmaculada. Pero en otros sitios puede celebrarse rezando el Rosario o de otra manera", explica Nicolás Arroyo, presidente del comité organizador.

Clave del éxito es la movilización juvenil con reparto de carteles en las tiendas y escaparates, como una forma más de la Nueva Evangelización.
Fuente: Religión en Libertad.

martes, 6 de diciembre de 2011

XAVIER NOVELL

El obispo más jóven de España, D. Xavier Novell, obispo de Solsona, estuvo en Abril de este año en el programa de televisión de Buenafuente.
Evangelizar es esto:

domingo, 4 de diciembre de 2011

LA GRAN ESPERA

ADVIENTO: en pocas palabras y algunas imágenes.
¡¡Maranatha!!

sábado, 3 de diciembre de 2011

II DOMINGO DE ADVIENTO

Evangelio
Comienzo del Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios.
Como está escrito en el profeta Isaías: «Yo envío a mi mensajero delante de ti, el cual te preparará tu camino; una voz grita en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus senderos»; se presentó Juan en el desierto bautizando y predicando un bautismo de conversión para el perdón de los pecados. Acudía a él toda la región de Judea y toda la gente de Jerusalén. Él los bautizaba en el río Jordán y confesaban sus pecados.
Juan iba vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y proclamaba:
«Detrás de mí viene el que es más fuerte que yo, y no merezco agacharme para desatarle la correa de sus sandalias. Yo os he bautizado con agua, pero Él os bautizará con Espíritu Santo».
Marcos 1, 1-8
 
El segundo Domingo de Adviento nos presenta la figura de Juan Bautista, el precursor y heraldo del Mesías. Asceta y penitente, se entregó a su misión de suscitar la esperanza en el pueblo de Israel. Su predicación resuena directa y contundente llamando a la conversión para recibir el perdón de los pecados. Su figura es conmovedora y edificante por el realismo, por la humildad y por el amor hacia Aquel del cual no se considera digno ni de desatarle las sandalias. Prepara el camino, señala al Mesías y, después, desaparece discretamente.
Juan Bautista es un profeta de fuego. Voz que clama en el desierto con libertad y valentía. Una piel de camello y un cinturón son sus atuendos; un puñado de saltamontes y un poco de miel silvestre su alimento. Libre de ataduras, se aplica con todas sus fuerzas a la misión que ha recibido: preparar el camino al Señor. A los judíos fieles que esperaban la venida del Mesías les ayuda a centrarse en lo esencial, la conversión del corazón. A los que están apartados de Dios les persuade para que vuelvan al buen camino, a todos los exhorta a prepararse para el encuentro con el Señor que viene.
Comienza el Evangelio de Jesucristo, Hijo de Dios: este anuncio de salvación resuena, aquí y ahora, con toda la novedad para cada hombre y para cada mujer de nuestro tiempo. En el sujeto posmoderno se constata una gran fragmentación interior, una preocupante falta de vertebración. El sociólogo polaco Zygmunt Bauman ha acuñado la metáfora de la liquidez para describir la contemporaneidad. Hemos pasado de una modernidad sólida y estable a una líquida y voluble, en la que las estructuras sociales ya no perduran el tiempo necesario para solidificarse y no sirven de marcos de referencia para los actos humanos. Este nuevo marco implica la fragmentación de las vidas, la precariedad de los vínculos humanos en una sociedad individualista, marcada por las relaciones transitorias en las que no se mantienen ni los compromisos ni las lealtades.
Tiempos líquidos, sociedad líquida, amor líquido, que propician un hombre líquido, sin consistencia, sin estructura, sin compromiso. No podemos ignorar la crisis económica o las difíciles expectativas laborales para los jóvenes, ni la miseria y el hambre en otras latitudes del planeta; tampoco nos olvidamos de la crisis de identidad y de sentido en las sociedades ricas y opulentas, o las incertidumbres ante el futuro en países que están pasando por profundas transformaciones políticas y sociales. Pero, a pesar de los pesares, hay motivos de consuelo, hay razones para la esperanza. Por eso proclamamos con el profeta Isaías: Aquí está vuestro Dios. Mirad: Dios, el Señor, llega con fuerza.
 
+ Josep Ángel Saiz Meneses
obispo de Terrassa

viernes, 2 de diciembre de 2011

APRENDER A ESPERAR

El tiempo de Adviento nos quiere ejercitar en una virtud cristiana básica: la esperanza.
Cada año cobra actualidad el Adviento, porque siempre necesitamos la venida de Dios a nosotros. Y nos hace falta aprender a esperarle. Sería señal de debilidad o de muerte si nos encontráramos satisfechos con lo que ya tenemos.

Y como también nosotros, los cristianos, podemos ir perdiendo a lo largo del año la sensibilidad por lo divino, nos conviene que el Adviento nos despierte el apetito de los bienes que verdaderamente valen la pena. En esta sociedad en la que nos toca vivir, los que nos consideramos cristianos, debemos ser el CORAZÓN que la mueva por caminos de esperanza.

Las personas que nos rodean deben ver en nosotros unos valores evangélicos claros: justicia, servicio, generosidad..., evitando todos aquellos valores que pro­mulga la sociedad de consumo: tener más, ser el más poderoso,...

jueves, 1 de diciembre de 2011

COMENTARIO A LA LITURGIA DEL DÍA

Ayer comenzamos la novena a la Inmaculada en la parroquia. Es la primera vez que se hace, lo bueno de una parroquia recién creada es que casi todo es la primera vez. Para no complicar mucho las cosas simplemente es rezar el rosario antes de la Misa, predicación siempre que se pueda sobre nuestra Madre del cielo y canto de la salve al final. Al comenzar no había mucha gente y como quería que cada misterio del rosario lo rezase una persona fui pidiendo a los que estaban si les importaba dirigirlo. Todos fueron diciendo que sí, hasta que llegue a un señor -feligrés habitual-, y le pedí el favor de rezar el quinto misterio. “Estoy haciendo mi oración” me contestó. “Bueno, cuando llegue el quinto misterio reza con los demás y luego sigue”. No quiso, diciéndome que no se mezclan cosas. Así que busqué a otro. Cuando uno no entiende el rezar en comunidad, junto con otros, rezar y ayudar a rezar es posible que se gane un cielo muy grande, pero en el que esté él solo y eso debe ser aburridísimo. Soy el primero en animar a rezar, pero quien reza “su rosario”, “Su Misa”, “su oración”, “su novena” lo más seguro es que no sepa rezar o no ha entendido nada.

“No todo el que me dice “Señor, Señor” entrará en el reino de los cielos, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo.” Puede parecer duro, pero la voluntad de Dios no es que te salves -Dios ya te ha conseguido la salvación-, sino que hay que ir al mundo entero y proclamar el Evangelio. Aunque es muy importante, fundamental, la oración y la piedad personal no pueden mantenerse para mi solo. “Tenemos una ciudad fuerte, ha puesto para salvarla murallas y baluartes.” Nuestra ciudad fuerte es la Iglesia, si uno se encierra en su individualismo tal vez llegará a ser una estupenda persona, pero no llegará a ser santo.

El que busca exclusivamente “su santidad” y que no le molesten está construyendo sobre arena: Unos cuantos actos de piedad y se cree que con eso tiene garantizada la entrada en el cielo. ¡Qué engañado está!. A Dios no podemos darle nada, cuando rezamos recibimos y “lo que habéis recibido gratis, dadlo gratis”. Creo que ya he contado varias veces esta anécdota de Santa Teresita del Niño Jesús. Cuando la enfadaba interiormente que las demás hermanas del convento vinieran a preguntarla por su precaria salud, pues la despistaban de sus labores y sus rezos, se daba cuenta que faltaba a la caridad. Entonces se hizo un lema “Escojo que me molesten”. Así cuando alguna hermana venía a preguntarla no podía enfadarse, pues lo había elegido ella y el día que no venía ninguna estaba tan feliz. Yo, al menos, también escojo que me molesten; seguro que tu también.

Muchas veces lo he experimentado, no somos de piedra y hay momentos que por circunstancias exteriores o interiores parece que cae la lluvia, se salen los ríos, soplan los vientos y no se cae porque hay otros que en ese momento rezan por ti, dejan que los molestes y te reconducen a Cristo…, y la casa sigue en pie. Hace ya muchos años, a los pocos de ser sacerdote, vivía muchas contradicciones y humillaciones por parte de otros sacerdotes. Una noche no podía dormir, estaba bastante harto, y después de tres horas paseando por veinte metros cuadrados, a las dos y media de la madrugada, llamé a un sacerdote amigo y le dije: “Dame tres razones para seguir siendo sacerdote”. Me contestó: “¿Quieres que vaya?” (Vivía en la otra punta de Madrid). “No -le contesté-, no hace falta, ya me has dado las tres razones”. Me acosté, dormí y desde entonces nada me ha quitado el sueño. Dios se sirve de los demás y nosotros somos los demás de los demás (creo que eso es de Alberto Cortez”.

Pues seguimos en la novena de la Inmaculada. Ella es la primera de los demás que está siempre con nosotros, dispuesta a que la molestemos todas las veces que necesitemos. Cuando “nos molesten” ella nos acompaña, así que dejemos que nos molesten, cuanto más, mejor.
Del comentario a la liturgia del día en www.archimadrid.org